miércoles, 31 de diciembre de 2008

Video: John Lennon - Imagine

Estaba entre si colgar uno de Extremoduro o éste. Ha ganado Extremoduro pero he decidido llevarme la contraria a mí mismo.
Para este año que ya llega te deseo que uses el tiempo que se te ha dado. Usa la vida. La vida sólo tiene un uso: querer y que te quieran*. Lo demás no importa. Y ahora que estoy metido a filósofo de cantina aprovecho para irme a dormir pronto (me he visto un vídeo de los lunis en el youtube y me he bebido un vaso de leche de soja) que mañana será otro día: no me van los inventarios y balances, cuenta de resultados, extractos resumen, el frío recuento de lo que ha sido mi vida estos últimos doce meses. Si no puedo soportar la navidad, fin de año me pone triste.
Pásalo bien, gasta las próximas horas como si fuesen las últimas.

PS: Y perdona si no te contesto ningún sms. No me molesta recibirlos pero hoy no tengo fuerzas, en serio.

* querer y que te quieran en lugar de amar y que te amen. Buscar el gran amor es un error, una quimera, es como salir a buscar el dorado. Quiere mucho y en pequeñas dosis, gasta las yemas de tus dedos con el roce de otra piel.

lunes, 29 de diciembre de 2008

video: El canto del loco - Peter Pan

Para campanilla... con mucho arcoiris

sueño


Las tres y media de la madrugada. Mañana trabajo y el trabajo está lejos. No puedo dormir.
Este maldito insomnio acabará conmigo, me reventará las entrañas del alma, me dejará hecho un ser inerte sobre las vías del sol y las nubes. No sé por qué me empeño en mantener los ojos abiertos, si al menos sirviera para aprovechar más los días... A veces me quedo despierto sin hacer nada, sólo busco, busco algo extraordinario, espero a que ocurra el gran milagro, como un alcohólico que sueña con la botella que contenga el líquido perfecto que por fín le anestesiará de veras todas las penas. No estoy demasiado lúcido que digamos. Escribo como si caminara sobre cristales rotos y pienso que hoy ha sido otro día desperdiciado, otro día de buscador de oro que se dice que mañana es el último día, que lo deja, que quizá el oro está en otro sitio, lejos, muy lejos pero que seguirá buscando mañana por si acaso y quizá al otro y así, día a día, se prometerá que ese mañana será el último mañana. No sé.
Preferiría otro día, otra mañana (mañana) y me gustaría dejar de hacer cosas, me gustaría empezar a tener algo claro, un empleo estable, un porvenir de rutinas, una nocturnidad sosegada, un horario inflexible de ocho a cuatro, de lunes a viernes, de aquí hasta que lo resista. Y es que llevo mal eso de los horarios, llevo mal esto de las horas de sueño.

Voy a tratar de dormir.

Vídeo: Amy Mcdonald - This is the life

viernes, 26 de diciembre de 2008

Video: Metallica . The Unforgiven

TO S. and V. for the unforgettable thigs we made and we must to do

Tienes que ser fuerte


Cuando llego al edificio de Carmen tiene su "negocio" son las seis de la tarde. Al entrar por la puerta y subir por las escaleras me cruzo con una de las chicas, me mira y me sonríe. Tiene la piel tan blanca como María, tan blanca que a la luz del sol se le transparentarían las venas azules de los párpados. En la penumbra de la escalera sólo lo intuyo. Me sonríe con estudiada picardía, baja la cabeza y me mira de reojo con sus ojos pintados de colores oscuros, indefinibles en tan corto espacio de tiempo. Imagino sus muslos, no sé por qué, delgados y prietos como dos columnas del mismo mármol blanco que el resto de su cuerpo. Y entonces caigo en la cuenta de que todas las chicas que he visto en el local tienen un color parecido de piel, que todas se parecen a María. Tengo claro que María es el modelo y el resto son copias, que María es la matriz y las otras chicas manipulan la luz que acaba reflejando en su cuerpo. Y empiezo a intuir que todo forma parte de un plan determinado, que alguien ha descubierto y está explotando algo completamente nuevo, algo tan sutil que no me había percatado hasta entonces. No lo sabré si alguien no me lo cuenta, el motivo de esa nívea blancura de la piel de las chicas de Carmen responden a una pregunta que yo no sé ni si tan sólo existe. Quizá María sepa algo, quizá María tenga algo parecido a una respuesta.
La puerta del piso de Carmen está cerrada. Me la juego y decido no llamar, la abro con la tarjeta de crédito sabiendo que Sansón puede estar esperándome detrás con algo que, en sus manos, sería peor que la muerte. Pero tengo suerte. Sansón no está. Al no ver su coche en el parking supuse (esta vez bien) que habría salido a hacer algún recado a o con Carmen. Voy a la habitación de Sansón y le cojo la ropa que llevaba la noche anterior en las bolsas. Aún no las ha sacado de ellas. Salgo al pasillo y escucho por si hubiera alguien más. No hay nadie más en la casa, o si lo hay permanece en silencio y está esperándome en alguna parte. Voy hacia el cuarto de María. Abro la puerta y allí está ella, sedada, como un náufrago en un mar de pesadillas, a flote, esperando a que le llegue el último aliento o a que le saquen de allí y la pongan a salvo. Me siento a su lado, en la cama. "María, despierta, es importante" le digo. María entreabre los ojos y me mira ¿me reconocerá? Sonríe, y quiero creer que eso es la señal de que sí. "María, escúchame bien. Tengo que irme. Cogeré el dinero y me iré". "Llévame contigo" me dice. "No puedo, mi niña" le miento. María se echa a llorar, es un llanto desesperado y sin fuerzas, son lágrimas de impotencia, son lágrimas que sé reconocer en seguida porque me recuerdan a todas las que se me han escapado alguna vez. "María, tengo que contarte algo" y me acerco a su cara y se lo digo al oído. Tiene que ser fuerte, tiene que aguantarlo todo, no debe derrumbarse. Ella me escucha y me mira con rabia porque la dejo allí mientras yo me voy con el dinero. "Sí, mi niña, pero aquí no acaba todo". Y ella me mira desde el fondo de sus ojos oceánicos y noto como crece en ella una determinación, veo que ha decidido algo, no sé el qué. Y yo le pregunto y ella responde, sabe todas las respuestas tan bien como yo mis preguntas. Le acaricio la mejilla y le seco sus lágrimas. "Llévame contigo" suplica. "Volveré a por ti, te lo prometo" le digo mientras pienso en la promesa que le hice a Cris cuando le dije que haría que se reuniese con su madre y que nunca cumpliré. "Te lo prometo, María. Pero prométeme que aguantarás". Ella asiente con la cabeza como una niña buena, como si el gato se le hubiese comido la lengua. Me mira fijamente. Ya no llora. Hay algo en ella que me hace quererla, que me obliga a abrazarla y decirle que no dejaré que le pasa nada. Le doy un beso. Dios mío, es como besar a una mujer que da su primer beso. Me estremezco. Me levanto, cojo las bolsas y salgo de la habitación. "Sobre todo, aguanta. No lo olvides. Aguanta". Cierro la puerta tras de mí y salgo del piso, bajo las escaleras y meto las bolsas en el maletero de mi coche. Me subo y lo pongo en marcha mientras saco el papel con la dirección a la que debería ir Sansón. María me ha dicho cómo llegar hasta allí. Salgo del parking y me dirijo hacia la casa de la dirección. La tarde va cayendo mientras mentalmente sigo las indicaciones de María. "Sé fuerte mi niña" me repito una y otra vez. "Aguanta".

lunes, 22 de diciembre de 2008

vídeo: Hoobastank - The reason

Ya sé que me repito pero es que cuando algo me gusta me da por ahí

sábado, 20 de diciembre de 2008

Entrelazados hacemos más fuerza


Esta mañana recibo el siguiente sms "... avui tinc un dia melancolic, dels que recordas que l´unic que busques es estimar i que t´estimin" y me he quedado en blanco. Porque ayer estuve hablanco con Nuria y yo le decía exactamente lo mismo con las mismas palabras. Y es que de nada sirve el mundo si no nos abrimos a la ternura, si no nos damos cuenta de la dualidad abrazo-distancia, como cuando éramos niños y queríamos explorar el parque pero nos girábamos para comprobar que mamá seguía allí, vigilándonos (que no estábamos solos y teníamos la certeza de que estábamos a salvo y ese estar a salvo era otro ser humano).
Hoy es un día cualquiera y al mismo tiempo es el día más importante de tu vida. Y te propongo un experimento: Abraza a alguien querido y luego haz lo que tenías pensado hacer y pregúntate si cuando te alejas lo haces con mayor seguridad en tí mismo.
Empiezo a sospechar que eso que llamamos seguridad en uno mismo tiene que ver con la capacidad de saber querer y sabernos queridos. Empiezo a sospechar que sólo un niño interior sabiéndose a salvo de la soledad puede salir al parque del mundo y explorar, hacer, ser.

Abrazos. Suelo sentir vergüenza de abrazar. A partir de ahora no pienso cortarme...

lunes, 15 de diciembre de 2008

Video: Ismael Serrano - Sin ti a mi lado

Vídeo: The frames - Everytime

Hoy


La una. No puedo dormir. Llevo varios días perdido entre las gotas de lluvia y me deslizo como ellas por los desagües o acabo por ser charco sobre el asfalto. Supongo que perderse es el primer paso para acabar encontrándose. No sé.
La una, no puedo dormir y ha dejado de llover. Tengo frío en los pies pero eso es normal, la calefacción dejó de funcionar hace ya tres horas. Podría ponerme calcetines pero pienso que ponerme calcetines a la una de la mañana es derrochar un par de calcetines. Así que pasaré frío. No es una buena elección, lo sé. Lo mejor sería no pasar frío, lo mejor sería vivir (sentir) el presente pero a veces tengo la sensación de que un prqueño sacrificio evita algo (sin saber qué es ese algo) mañana. Siempre he tenido esa sensación y la he aplicado a a los más simples detalles. Por ejemplo esto de los calcetines.
Quería escribir algo de la novela pero hoy no estoy dentro de mi cuerpo. Hoy (como ya he dicho) estoy en otra parte, como suspendido en el aire, como una nube un día de poco viento, hoy no soy yo del todo. Me falta algo. Algo sencillo y esencial al mismo tiempo. He mirado debajo de la cama por si se me había caído, en un descuido, cualquier cosa que sea mía. He ido a la cocina y he mirado en la nevera por que soy un poco despistado (una vez puse el despertador en el cajón de la fruta y mi psicoanalista me dijo que probablemente quisiera congelar el tiempo, detenerlo). El tío se quedó tan ancho, yo, desde ese día no puedo dejar de sonreír cuando cojo una pieza de fruta o saco las naranjas para hacerme el zumo del desayuno. Luego he entrado en google y he puesto "por favor, que alguien me diga qué estoy buscando" pero no he encontrado nada interesante, sólo la constatación de que hay mucha gente que busca y no encuentra. No sé. Creo que voy a volver a la cama. No creo que encuentre nada pero por lo menos dejaré de buscar.

Vídeo: Sixpence none the richer - There she goes

lunes, 8 de diciembre de 2008

Nadie sabe qué es lo mejor


"¿Sabes? Sólo veías lo que querías ver. Sólo veías que yo me iba de casa y dejaba a Cris sin una madre. Sabía que dejándolo contigo lo dejaba en buenas manos, que tú le darías todo lo que él necesitaba. Pero yo me iba por no estar allí, por que no podía enfrentarme al fracaso constante de hacerlo todo mal. Tú siempre lo hacías mejor, siempre me decías que ya lo hacías todo tú. Tú le hacías la comida, tú lo bañabas, tú le leías un cuento. ¿Y yo? Yo no servía para nada. Me sentía como una inútil en mi propia casa y con mi propio hijo. Luego llegaban los reproches, tenías demasiadas cuentas pendientes con el mundo y las querías solucionar conmigo, o mejor dicho, contra mí. Sí, volví a la vida que conocía, al mundo en el que nadie me juzgaba, donde no era una inútil y me invitaban y me decían lo guapa que era, lo mucho que me brillan los ojos cuando hay luna llena. Sí, entérate, me ahogaba a tu lado y al mismo tiempo sabía que eras lo único bueno que tenía Cris, así que os dejé a los dos. No sé, supongo que hice mal, que lo que debería haber hecho es coger a Cris y alejarme de tí. Pero no pude, veía a Cris tan feliz a tu lado..." dijo mirándome con tristeza. "No puedo permitirme llorar. El truco consiste en saber cómo cortar el llanto antes de que empiece. Es fácil. Consiste en cerrar la boca y apretar bien los dientes. Consiste en poderse olvidar de casi todo. Tú también deberías aprender a olvidar pero eso va a ser difícil: los recuerdos es lo único que tienes, sin ellos no eres nada, ni siquiera tendría un motivo para luchar contra el mundo, no sabrías que hacer sin todas esas cuentas que saldar. Házte un favor, olvida o perdona".

Sabía que tenía razón. Sabía que ella me conocía bien y que todo aquello que me había dicho era cierto. Me di cuenta de lo mezquino que había sido y el bicho empezó a reírse de mí "Tan bueno que te creías y eres igual que todo el mundo: un egoísta. Fuiste tú quien le destruyó la vida a Cris y a su madre. Maldito imbécil, sólo sirves para estropearlo todo". El bicho empezó a recuperar su tono empezó a gritar por la habitación. Empecé a sentirme mal, tenía demasiado calor y la cabeza empezaba a darme vueltas.
"Será mejor que te vayas. Vete antes de que Martin cambie de opinión. Me ha dado sólo unos minutos e imagino que debe de estar impaciente. Vete, te lo suplico. Aunque no lo creas te quise más que a ningún hombre solo que tú nunca te dejaste querer. Se me hace difícil saber que no voy a volver a verte nunca más. No te guardo ningún rencor, en serio, a tu modo querías lo mejor para mí. Solo que para eso yo tenía que dejar de ser quien era y convertirme en alguien que cupiera dentro de tu cabeza. Y lo hubiera hecho pero ni siquiera tú sabías qué era lo que querías".
Traté de acercarme pero en cuanto ella vio mis intenciones se levantó de la silla y retrocedió hacia la puerta por donde suponía había salido el hombre de la silla de ruedas.
"No te acerques. Si me abrazas empezaré a llorar y ya no podré parar de hacerlo nunca más. Vete". dijo sin mirarme a los ojos.
"Está bien, me iré. Tengo el mismo número de teléfono. Si alguna vez me necesitas, llámame" le dije.
No dijo nada. No me miró mientra yo volvía al pasillo, quizá porque negando mi presencia podría aceptar mi ausencia. Desandé el pasillo y salí fuera de la casa. O hacía demasiado calor dentro o fuera había bajado la temperatura. El viento agitaba las hojas de los árboles con violencia. Bajé las escaleras y me adentré en el bosque hacia donde había dejado el coche. Cuando abría la puerta cayó la primera gota.
Ya dentro del coche pensé qué hubiera pasado si la hubiera cogido en volandas y me la hubiera llevado. Si no era eso, en realidad lo que ella quería. Arranqué el coche y volví al camino de tierra y conduje hasta el cruce con la carretera. Empezaba a llover con fuerza. Me pregunté si sería, de verdad la última vez que la vería y ante esa posibilidad se me inundó la garganta de lágrimas. El secreto consistía en apretar los dientes, recordé.
Relajé la mandíbula y las lágrimas siguieron su camino. Ya sé que un hombre no llora pero ¿quién sabe qué es ser un hombre cuando lo que crees que debes ser ahoga a los que están a tu alrededor, cuando ser una roca en lugar de ayudarte a aguantarlo todo sólo sirve para hundirte más y más hacia el fondo del mar? El bicho rabioso aceleró, la carretera mojada, los neumáticos con barro, vivir el peligro de las curvas a más velocidad de los que debería... la rabia suicida, la misma que hablan los puños, la misma que aleja de mi a quienes más quiero. "Maldita sea, mejor estar muerto" gritaba el bicho. Llovía mucho. Metí la mano en el abrigo buscando un cigarrillo y mis manos tropezaron con un papel. Era el que había utilizado para tomar nota de la dirección a la que debía ir Sansón. Fue tocar aquel trozo de papel y tener claro qué es lo que iba a hacer con aquello. Reduje la velocidad y tomé rumbo a casa de Carmen. Con un poco de suerte María estaría despierta.

domingo, 7 de diciembre de 2008

Más reproches


"Una vida mejor ¿qué es una vida mejor? ¿Levantarse por la mañana y no temer lo que vaya a pasar durante el resto del día? ¿Saber que vas a estar a salvo de que tu vida se vaya a la mierda en cualquier momento? ¿Qué es una vida mejor? ¿Te imaginas lo que debió pasar Cris cuando lo apartaron de nosotros dos que éramos las únicas personas en quien confiaba? ¿Te imaginas lo solo que debió sentirse? ¿Dónde estabas tú?" le grité.
"Una vida mejor... Cris era lo suficientemente mayor como para darse cuenta de todo, lo suficientemente mayor como para preguntarme qué le iba a pasar y si volvería con nosotros. Hubiésemos salido adelante si hubieras hecho algo para recuperarlo. Cris hubiera tenido su oportunidad"dije.
"¿Su oportunidad? Querrás decir tu oportunidad" dijo mirandome con rabia. "Tu oportunidad de retenerme a tu lado, tu oportunidad de desmostrarme una y mil veces que no podía vivir sin tí porque tú te ocupabas de él. No te dabas cuenta, pero cada vez fui saliendo más y más porque no podía soportar aquella tensión en casa. Tú tan bueno, siempre pendiente de lo que necesitara Cris y yo la inútil, la que no servía para nada, ni siquiera para cuidar bien de su hijo. Mi hijo. Llegó un momento en el que era lo único que tú y yo teníamos en común y lo hisciste tan tuyo que poco a poco dejó de ser mío. Sé que lo querías más que a nada en el mundo pero también sé que en Cris querías impartir justicia: darle lo que tú no tuviste, querías que el mundo te resarciera y le diera al chico la oportunidad que crees que te faltó a tí. Pero eso no funciona. Nunca funcionan ese tipo de cosas" dijo casi en un susurro, su voz se había ido apagando a medida que hablaba. Luego, abatida empezó a jugar con sus manos y bajó la mirada hacia ellas. "Yo me volví loca. Ya sabes que no soy un ejemplo de cordura pero cuando se llevaron a Cris me volví absolutamente loca y supongo que quise negar que todo aquello estuviese pasando. No sé. Supongo que ahora no importa, y sobre todo que no te importa a tí. Cris te quería mucho" dijo casi llorando.
"Me ha enviado él. Quería saber dónde estabas para reunirse contigo" le dije.
"No es lugar para él. Además, mi marido no sabe nada y si lo supiera creería que le he engañado y me perdería toda la confianza. No, Cris no debe saber dónde estoy. Prométemelo"dijo en tono de súplica. "No te preocupes, no le diré nada. No por tí, por supuesto" le dije.
"No esperaba menos de tí" dijo.

Video: Dove

Video: Parodia

Este es el anuncio que me ha hecho dejar definitivamente la bebida... aunque claro, toni ¿cuándo fue la última vez que ligaste en un bar? (sonido de grillos) Anda, pues igual no hay peligro alguno, mira que dejar el alcohol por algo tan improbable...

viernes, 5 de diciembre de 2008

Razones


Era ella. La oscuridad. Era ella y me decía que había llegado al final de mi viaje. Ahora le diría que Cris la buscaba, que el chico quería volver a su lado y que estaba dispuesto a hacer cualquier cosa, que nos escaparíamos los tres muy lejos, a donde nadie pudiera encontrarnos. Sin embargo, aquella mirada suya quería darme a entender que por fin había encontrado lo que había estado buscando y que no permitiría que nadie llegara para arrebatárselo. Y yo había venido a eso, precisamente, a decirle a todo ese nuevo mundo suyo que confiar en ella era peligroso, que confiar en ella era saber que un intruso se colaría en el corazón de aquella sociedad tenebrosa sólo para buscarla. Y si alguien era capaz de hacer eso, si alguien había averiguado su paradero (era demasiada casualidad haberla encontrado como para que alguien creyera que había sido sólo fruto del azar) es que cabía la posibilidad de que vinieran más y más en su busca y eso no era lo más adecuado para un club social como ese. De eso hablaba la voz masculina que oí desde el pasillo, la voz alterada por ver allanada su casa, su mundo. A eso sólo le quedaba una respuesta posible de ella: "Tranquilo, me desharé de él, dejará de ser un problema, lo prometo". Y allí estaba yo, con la conciencia de que todo el tiempo que habíamos pasado juntos, que aquél sucedáneo de amor que habíamos vivido no era nada. Sólo contaba el presente y en ese presente no existíamos ni Cris ni yo. Éramos un estorbo, una piedra que sacar del zapato para seguir caminando.
"Aquí he encontrado lo que buscaba. Paz, tranquilidad, sosiego, llámalo como quieras. Aquí me siento bien. Estoy con un hombre que me quiere y me da todo lo que deseo. A cambio pide muy poco, me pide que sepa fingir que yo también le quiero. Y en cierta forma no tengo que hacerlo, es un buen hombre, alguien que entiende mi libertad y que no me está juzgando constantemente, y con el que en estos meses he sabido compenetrarme, yo se lo explico todo, a él le gusta que se lo cuente todo. No sabes hasta qué punto unen los secretos" dijo mientras se relajaba sobre el respaldo de la silla y me lanzaba una de aquellas miradas que se sabían cómplices. "No sé cómo me has encontrado pero te pido que te vayas. Esta vez mi marido no dirá nada a Garr. Le he pedido que no lo haga, le he dicho que te irás y no volverás nunca más. Si regresas te matarán y yo no podré hacer nada porque estaré en evidencia. Esto es algo muy grande y nadie que entre en contacto con ello debe ponerlo en peligro". Al decir la palabra marido, dirigí mis ojos a sus manos. Un anillo de casada. Ese maldito anillo que nunca tuve la menor oportunidad de que llevara por mí porque yo sólo era el estúpido que aguantaba todo lo que ella quería hacerme y una mujer no se casa con alguien entregado como yo, sólo lo utiliza como un objeto cotidiano, como una escoba, como un peine, como la exprimidora del zumo de naranja de las mañanas. "Es el hombre de la silla de ruedas ¿verdad?" le pregunté. Hizo un gesto de aprobación. "Veo que has hecho los deberes. Sabes demasiado, será mejor que aproveches la oportunidad que te da para que te vayas". "¿Y que pasa con Cris?" le pregunté. Fue un golpe bajo, un golpe que encajó mal y que hizo mella en su puesta en escena de mujer segura de sí misma. "¿Cris?" dijo "Cris estará bien con su vida normal, en su vida sin sobresaltos y sin secretos". "¿Seguro que lo haces por él y no por ti?" le dije al tiempo que descubría la puerta por la que había salido el hombre de la silla de ruedas. "Cris murió el día en que se lo llevaron los servicios sociales, el día en el que me lo arrancaron. Y ese día Cris nació de nuevo y nació a una vida mucho mejor de la que le habría podido dar yo jamás". "Y por eso abandonaste" le dije. Ella se quedó en silencio. "Tú y yo nunca podremos tener una conversación normal" dijo al cabo de un buen rato "tenemos demasiada mierda que echarnos encima el uno del otro, sobre todo tú. Y eso que no lo sabes todo. Me odias. Crees que no podías pasar sin mí porque me querías pero en realidad no podías pasar sin mí porque me odiabas. ¿Sabes? Si hubieramos vuelto tú y yo hubiéramos tenido una vida triste, una vida de silencios, de cosas que no se dicen hasta que uno de los dos revienta un día. Llevabas demasiado tiempo guardando reproches, y todo por lo de Cris. Siempre me ibas a recordar, aunque fuese sólo con tu presencia (el cómo ya te encargarías) lo mala madre que fui, lo mucho que os jodí la vida a Cris y a ti. No tengo ganas de arrastrar esa culpa todo el tiempo ¿crees que no lloro cuando me acuerdo de él? A veces me duele tanto que sangro agua por los ojos, a veces tengo tantos remordimientos que me arrancaría la cabeza para dejar de pensar pero me consuela saber que Cris tiene un techo bajo el que cobijarse y del que no deshauciarán por no pagar el alquiler, me consuela que tendrá su cuarto, sus amigos, sus estudios, un futuro, que no tendrá que cuidar a una madre medio loca que no tiene conciencia de lo que está bien y de lo que está mal, que podrá dedicarse sólo a cuidarse de sí mismo y de sus cosas cotidianas. No sólo tú quieres a Cris. Y quererlo no significa ocuparse de él, significa darle una vida más cómoda, una vida mejor".

Su aliento de helado de niebla


El pasillo estaba en penumbra. Las halógenas que la noche anterior lo iluminaban estaban apagadas y sólo las luces de emergencia, tristes y somnolientas daban forma a las paredes y a las puertas cerradas de a cada lado. Me pregunté qué casa particular tiene luces de emergencia y supuse entonces que quizá aquella casa era, en realidad, la sede de algún negocio, de algún club público además del club privado al que me había asomado sólo hacía unas horas. Noté la misma sensación que entonces, alguien me observaba, había cámaras tan ocultas que yo no podía intuirlas. Alguien desde algún lugar de la casa veía mi imagen avanzando por el pasillo y ese alguien debía estar esperando a que yo llegara a algún punto en el que me fuera imposible volver a atrás. A mitad del pasillo vi una puerta abierta de la que salía una luz intensa. Alguien hablaba en su interior. Una voz masculina. Una voz masculina y enfadada que le hablaba a alguien que escuchaba atentamente. Luego, el sonido de una puerta al cerrarse me indicó que uno de los dos (el hombre enfadado o el ser misterioso que escuchaba) había abandonado la habitación por otra puerta. Sabía que probablemente era una trampa y me sentía como esa clase de insectos que van irremediablemente hacia la luz que les ha de fulminar o como el gato al que le puede la curiosidad y la fe en su rapidez para salir disparado al menor signo de peligro. El caso es que llegué al quicio de la puerta y me detuve sin que pudiera ver nada de lo que había dentro de la habitación y sin que la persona o las personas que quedaran dentro pudieran verme a mí. "Te estaba esperando" dijo su voz. Podría decir que me había cogido de sorpresa y probablemente alguien, en algún lugar, me creería. Pero si he de decir la verdad lo que me inquietó no fue oír aquella voz sino el frío que desprendía. Aquel frío se me metió en los huesos, aquel frío ya no me abandonaría hasta que volviera al lado de María y sus palabras me tranquilizaran, me devolviera, de nuevo, el calor de mi alma. "Pasa, hace tiempo que sabemos que estás en la casa. Imagino que has venido a verme así que será mejor que lo hagas. No hay peligro. No me he comido todavía a nadie" dijo en el mismo tono de voz.
Avancé un paso y miré dentro de la habitación. Allí estaba, esperándome, con una mirada tan de hielo como sus palabras. Sonrió (levantó ligeramente la comisura derecha de la boca) y me indicó con la mano que entrara y cerrara la puerta. Entré pero sin cerrar la puerta. "Estabas muy elegante con el smoking esta noche. No te quité el ojo de encima. Tú no me viste, lo sé. Estuve muy cerca tuyo, tan cerca que si hubieras querido hubieras podido poseerme pero te fuiste. Siempre tan correcto, siempre tan aburrido" dijo sentándose en una silla al otro lado de una mesa. "Tan aburrido" repitió. Y entonces el bicho empezó a decirme algo al oído, algo que era como una advertencia y la formulación de un deseo al mismo tiempo: "Eres un imbécil, sólo sirves para que te hablen así. Sólo sirves para que ella te desprecie así.

Vídeo: Fito y los Fitipaldis - La negra flor (Radio Futura)

video: Bonnie Tyler: Here she comes

El encanto de las películas antiguas... y mi amada Metropolis. La vi por primera vez un domingo ocioso, entonces yo tenía trece o catorce años. Entonces todavía hacían dos películas por sesión y ésta era la de "relleno". Una obra maestra de todos los tiempos como acompañante de cualquiera de puñetazos. Era lo que tenían los cines de pueblo, que el ilustrado de turno te metía cultura con el cebo de las pelis de Bud Spencer. Supongo que cuando algo es extraordinario es imposible quedarse indiferente y mi pequeño cerebro lector adolescente ya empezaba a ser sensible al arte de contar historias. Quizá entonces ya decidí que quería contar a otros, que quería inventar mundos, y tal vez, en ese mismo instante me propuse sin saberlo aprender a relatar. Si miro hacia atrás y dejo atrás los cursos que he hecho y me paro a ver sólo qué motivaciones tuve en cada momento me doy cuenta que toda mi formación la encaré al día en que me pusiera a escribir mis relatos. La ingeniería, la empresa, esas cosas, sólo fueron para cubrir expediente, para parecer pertenecer a la sociedad.
Las próximas entradas serán de la novela.

Video: Amy Winehouse - Love is a losing game

martes, 2 de diciembre de 2008

la luna

Y es que a veces me duele tanto que sangro agua por los ojos.

Ayer


Anoche la luna era una línea blanca, media circunferencia de luz. Tuve suerte de mirar hacia arriba, tuve suerte de que me guste tanto mirar pasar las nubes en los días de viento y hojarasca. Hoy tengo la suerte de que, entre muchas otras cosas, anoche me llevara la luna en un bolsillo del abrigo.
Hoy es diferente. Hoy la luna es más luna.

Nada de nada

Y sigo sin entender esta tendencia mía de escribir tan sin sentido, de ver juntas palabras que he escrito y que no significan nada, que no son ni mías, que son como abrir un grifo y ver salir el agua sin que sirva ni para lavarse uno las manos. Y sé que no es asunto tuyo pero si por casualidad intuyes que hay una respuesta, que detrás de todo esto hay un sentido, envíame un mensaje dentro de una botella y encomiéndala al viento.

una genuflexión


Me dicen que este blog es triste, que sabe salado, que esconde nubes y puestas de sol por los rincones. Y puede que tengan razón quienes dicen eso, sí, el blog es tan triste como esta tarde de martes que amenaza con precipitarse con rapidez hacia el crepúsculo. A veces me pregunto hasta dónde llegaré, como si este blog fuera un mar y yo lo navegara en un bote a vela y de una sola plaza. Me pregunto si habrá una costa a la que llegar y descansar tranquilo.
Este blog nació de dos acontecimientos: el primero lo dice el título: Moriría por ella, y nace de la desaparición de mi vida de uno de esos pequeños grandes amores a los que luego suelo encadenar un rosario de recuerdos porque, ya lo habréis notado, soy un tipo propenso a la nostalgia; la nostalgia me gusta, me envuelve como una manta, me da calor, me protege del frío día a día, de los hombres-muñecos de nieve, de las estatuas de hielo. Ella llevaba un libro bajo el brazo: la vieja sirena (de José Luís Sampedro). ¿Sabéis? A veces uno se puede enamorar de un personaje de novela. Yo lo hice.
El otro acontecimiento fue ver la película Sin City y su forma de contar la historia. Me acordé de las noches de bares sucios de hace algunos años, cuando aún tenía edad de bordear el peligro sin demasiada conciencia de él. Aquella voz trajo mi otra voz, sacó al bicho de su letargo y el bicho pensó que quizá era el momento de escribir algo juntos. Luego el bicho se durmió en el sofá del tiempo y la historia se fue diluyendo, empecé a tenerle miedo y poco a poco se traspuso entre los papeles que siempre andan por encima de las mesas sobre las que malviven mis objetos cotidianos. El personaje dejó de ser el que era y se convirtió en una sombra; una sombra de la que huyo y que hace que últimamente, pase las noches fuera de casa. Coincidencia, nada rutinario. Cenas, salidas, borracheras inhumanas, esperas, cansancio, dolor de vista, dolor de vida... echando de menos que mis manos exploren una piel desconocida bajo una ropa fastidiosa, ese espacio donde mi alma encuentra su vocación y su condena, ese lugar al que regreso una y otra vez a mi pesar en busca de calor como un heroinómano busca la calma para su sufrimiento en el fondo de una jeringuilla y donde convive con la muerte. A mi vida le hace falta algo que la rasgue y mientras lo espero, se me escurre el tiempo entre los dedos. Soy optimista, espero activamente, saludo al destino con la mano cuando pasa por delante de mí. Soy uno de esos idiotas que creen en la estúpida ley de la atracción y en sus jodidas consecuencias. Bendita ignorancia la mía, las cinco de la tarde, se hace de noche, tengo que hacer planos, mañana voy a Zaragoza.

Vídeo: Carlos Valera - Una palabra

viernes, 28 de noviembre de 2008

Hoy, cuando la nieve se ha ido, se ha quedado todo como blanco


Haces de eternidad se filtran esta mañana por esta ventana y me traen recuerdos pasados y futuros. Los ha traído la nieve que espolvorea las calles de azúcar glasé, los ha traído tu voz amiga, la marca de agua (hoy hielo) que dejan los sueños de la noche en el día que se vive.

lunes, 24 de noviembre de 2008

vídeo: Joan Osborne - one of us

Un hombre


He nacido en una estirpe de hombres que han poblado los caminos aún antes de que éstos existieran; ellos los crearon con sus huellas y nacieron sus hijos a un lado y a otro como la hierba, de mujeres que conocen los secretos de la tierra, que son hijas de la luna nueva, que han traído al mundo, antes que a mí, a otros como yo que también fueron y serán de los caminos. ¿Qué es el mundo sino parir, crecer, partir?
He nacido en una fuerza mayor que la que pueden hacer todos los brazos de todos los hombres que se llamaron como yo, he crecido en ese gran secreto del que nadie habla (como si al nombrarlo se rompiera el hechizo que lo envuelve y hubiera la posibilidad de que se desvaneciese en la niebla), he crecido con el don de leer las nubes, saber qué ocurrirá cuando llegue el día y la hora que yo señale. He crecido en la sabiduría del silencio, de la contemplanción, de la soledad. Podría estar asustado pero las gentes de los caminos no tenemos miedo, estamos acostumbrados a que el polvo sea lo único seguro que llevamos toda la vida encima.
Se acerca un gran frío. Lo presiento. Me duelen los huesos y el alma. Eso es lo que significa que llegue el gran invierno. Ahora mi vida pertenece a los elementos, a ellos entrego el don. Hoy es uno de esos días grises que llaman a las almas a sentarse alrededor del fuego.
Estoy a punto de encontrarme con ella. Ella lo sabe y espera, en la orilla del camino a que yo pase y la convoque a sentarse junto a mí a prender la llama del mundo, a soñar con las palmas de las manos la piel desnuda del tiempo.

sábado, 22 de noviembre de 2008

noche de alcohol y dudas


Cansado de buscarte en los bares por la noche, cansado de llegar a casa apoyado en las paredes, haciendo malabares con los quicios de las puertas, cansado de ver salir el sol en companía de sombras que se parecen a tí tras los cristales, me voy con la música a otra parte, con mis palabras a otra letra distinta y perversa que no nombre tu nombre, que no sepa ni que existes, que no te conozca ni de oídas, que sólo sepa de olvidos y distancias, que sólo sepa soñar a medias, que sólo sepa bajar persianas. Que sea como la h (muda y filantrópica)... lo único que le pido a una mujer es que no haga faltas de ortografía mientras me habla.

viernes, 21 de noviembre de 2008

Si Sherezade viviera


Su voz me activa y me calma. Su voz es como esa soledad compartida que tenemos los seres sospechosamente sociables en exceso, es como el susurro de las olas del mar en la noche, es como la verdadera historia de lo que ocurre en el mundo contado como si fuera un cuento. Y ya es demasiado tarde. Y me he tomado la pastilla de la felicidad de mentirijillas. Y he salido de mi cuerpo y he paseado por el techo. Quizá es hora de ir a la cama...

miércoles, 19 de noviembre de 2008

compartir una copa de vino

Demasiado oscuro para ser casi las cinco de la tarde. Hago un paréntesis en la rutina del trabajo aunque llevo ya más de media hora descentrado. Demasiadas cosas por hacer y demasiada poca paciencia. Subiría al piso de arriba, saldría a la terraza y miraría pasar las nubes pero me apetece más seguir aquí sentado, quizá vaya a la cocina a hacerme una taza de café o a buscar una manzana. No sé, creo que iré a por esa taza de café. Ahora vuelvo.

(diez minutos después)
Capuccino. Me he hecho un capuccino. Me he sentado en una muy mala postura, he estirado las piernas y las he puesto encima de la mesita del comedor. Creo que estos momentos de ralajación sólo me sirven para darme cuenta del sinsentido que es este sucedáneo de vida que llevo. Sí, esto que vivo es una copia barata de lo que yo imaginaba que iba a ser mi vida cuando creciera. Pero tengo un capuccino calentándome las manos, ese es mi presente (bueno, ahora no, ahora escribo) y eso es lo que quiero disfrutar y disfruto. Eso y compartirlo contigo. Me gusta compartir momentos: vivo para ello, compartir una copa de vino, una charla amistosa bajo la ténue luz de una amistad... echo de menos eso, echo de menos el calor humano, la mirada del otro, la sonrisa boba, el saber que existe una frontera con un paso abierto entre tu mundo y el mío. Me gustan las tardes ociosas en compañía. Me gustaria que mi vida estuviera repleta de viejos amigos, de recién descubiertos amigos, de amigos de todas las razas y países. ¿Existirá un trabajo así? ¿de hablar y explicarse cosas? Una vez se me ocurrió una historia de esas para novela futura. Un día alguien pone un anuncio: Se escucha. No psicólogo profesional. Quedamos y me cuentas. No doy soluciones, no doy consejos. Sólo escucho. Y empieza a recibir llamadas y va quedando con distintos personajes que cuentan sus vidas, que se inventan pasados, que se enfadan sin motivos, que no se atreven a contar lo que realmente quieren contar. Desconocidos que quieren seguir siéndolo a toda costa a pesar de que buscan a alguien a quien mostrarse. Supongo que lo debí sacar de una noticia de hace algunos años. No sé.

vídeo: Extremoduro - Standby (imágenes de La Flaqueza del Bolchevique)

el corazón helado


Nos vimos en la cafetería de la cara oculta de la luna. Llegó tarde (como siempre) y me dedicó su repertorio de disculpas basadas en dos palabras repetidas hasta el infinito, "lo siento", y en mirarme como si lo hiciera desde más abajo de mí (difícil, porque yo estaba sentado) mordiéndose el labio inferior de la boca y sabiendo que su cara bonita era, en realidad, su mejor excusa, sabiéndose con el derecho que tienen todos aquellos seres exepcionalmente bellos de llegar tarde a donde les plazca, levantarse de la mesa a media cena y largarse porque se les es negado un capricho, o romper los corazones de los menos afortunados en la lotería del mundo. Rompen los pulmones, el diafragma, el estómago (existe una teoría por la cual el amor se asienta en el estómago) mientras sienten que es imposible no hacerlo, que es como pisar caracoles después de la lluvia en un camino oscuro, oyen crujir sus esqueletos y sienten lástima pero no tienen la culpa de que se hayan puesto en su camino. Así era mi corazón en esos momentos: un gasterópodo oyendo pasos sobre la grava. Me levanté y la abracé, le miré fijamente con esa seguridad que sé fingir tan bien en noches sin luna como ésta y le dí un beso de medio minuto con los ojos cerrados. No sé si el beso fue tan largo porque el beso era así o por si tenía miedo de abrirlos y volver a la realidad de verla frente a mí. Y es que cuando se sale con alguien mucho más agraciado uno tiene la doble sensación de no merecerlo y al mismo tiempo siente la duda de si acaso no será una de esas raras excepciones en las que el amor no entiende de edades, razas o clases sociales. Entonces, para asegurarse, se emprende el repaso mental de todas aquellas parejas cuya diferencia de belleza parece no tener importancia. Y siempre se encuentra a una de esas sin tener en cuenta que representan un porcentaje ínfimo y cuya probabilidad de existencia es equiparable a sentarse encima de la maldita aguja del pajar.
Ella se sentó delante de mí, me miraba entre cómplice y divertida, jugaba a estudiarme sin hacerlo, no necesitaba saber qué podía pensar o hacer yo, ella sabía que llevaba las riendas de lo nuestro (le gustaba decir "lo nuestro") las llevaba ella y que yo no la seguiría hasta donde hiciera falta y que haría todo lo posible por conservar ese "lo nuestro".
Empezó a mirar por la ventana de la cafetería, abandonándome a mi pobre existencia del otro lado de la mesa, como si estuviera sola. "¿Sabes?" me dijo mirando a la Tierra "no creí que diría nunca esto. Cuando te conocí no pensé que diría algo así. Lo cierto es que estoy enamorada de tí, te quiero como hace mucho tiempo que no quería a nadie. Eres la primera persona con la que siento que me gustaría estar el resto de mi vida". Se volvió y me miró a los ojos, sus preciosos ojos abisales. "Tus manos y mi piel hablan el mismo icioma, tus palabras suenan como recuerdos de algo ya vivido en mi infancia. Tienes el don de saber qué es lo que siento y cómo lo siento. Contigo me siento como si volviera a casa, me siento a salvo, siento que por fin no tengo la necesidad de huír a ninguna otra parte. El otro día te dije en broma que te estaba haciendo un favor al estar contigo. Sé que te hice daño. No quise decirlo y quisiera que me perdonaras. A veces tengo la necesidad de estropear todo lo bueno que me pasa. Pero ahora no voy a hacerlo. Quiero estar contigo". Aquellas palabras eran una bomba de relojería. Estaba preparado para cualquier cosa menos para ellas. Empecé a sentirme incómodo, ella había trascendido la barrera de la belleza pero ¿y yo? por qué estaba yo con ella si no era por esa adoración ciega que sentimos los seres mezquinos como yo ante lo extraordinario. "Quizá confundas quién soy con lo que escribo. Yo no soy lo que escribo, apenas me reconozco en mis textos..." Me interrumpió "No estoy confundida. Eres lo que escribes y tú no te das cuenta. Si te vieras con mis ojos... si te vieras con mis ojos sabrías de qué estoy hablando, pero a veces, te empeñas en quedarte en ese papel de fracasado que debe resultar muy cómodo. A veces te cuesta aceptar que te quieran y te inventas excusas para cerrar las puertas a quienes te quieren. Quizá por eso me da miedo lo que siento por tí. Me pregunto si el calor que das a mi vida podrá convivir con el frío que te empeñas en mantener en la tuya. No sé, estoy diciendo tonterías. No me hagas caso. Hoy la Tierra está bonita. Bonita es la palabra. Bonita es una palabra bonita".
Quise decirle que yo también la quería, que era lo único bueno que me había pasado en la vida; pero no pude. Estuvimos en silencio un buen rato. La camarera vino a preguntarnos que queríamos. Me pregunté si alguna vez volvería a tener la posibilidad de un amor así y supe que no, que no era por los demás, era que yo no sabía el lenguaje del amor. Lo supe ya desde que era niño. Había niños pobres que iban al colegio con ropas heredadas de hermanos mayores, que aprovechaban libros, que se avergonzaban de sus estuches viejos, de sus zapatos rotos. Yo siempre sentí envidia de los niños que sabían queridos. Siempre envidié a los que sus madres trataban con cariño, palabras amables, besos. Los veía y me preguntaba si las palabras secas de mi madre, su desesperación por mis cosas de niño, eran una forma de no quererme. Supongo que se aprende el lenguaje del afecto o te vuelves un analfabeto emocional toda tu vida. Sé que no es excusa, que uno siempre tiene la oportunidad de vivir según su corazón, pero a veces sé que no es cierto, que a veces, no es cuestión de sentir o no sentir sino de saber cómo expresarlo y cómo no.
La camarera trajo lo que le habíamos pedido. Ella miraba a través de la ventana. Y entonces no sé de dónde vino aquella extraña determinación. Me levanté y me senté a su lado. La abracé con fuerza y ella salió de su letargo. Le miré a los ojos y pensé que todo el mundo necesita saber que en algún lugar del mundo hay alguien que piensa en tí, que todo el mundo necesita que le digan que todo va a salir bien. "Tú también me haces sentir como en casa, sea lo que sea que ocurra entre nosotros dos, no podría estar sin ello, no podría estar sin tí" le dije. Nos besamos . Un cometa cruzó el cielo lanzando destellos anaranjados al friccionar con la atmósfera de la Tierra. Bebimos y pagamos. Nos fuimos al coche. Era la primera vez que no sentía haber actuado, la primera vez que no sentía que todo aquello era cursi.

vídeo: los secretos - Pero a tu lado

martes, 18 de noviembre de 2008

Donde el mar te lleve


A donde el mar te lleve con sus olas lleva contigo tu nombre de tulipán, guardado en la boca, lleva de la mano a tu enemigo para que sepas dónde está en cada momento, llévate el secreto que me escondes y que tiene que ver con ese otro que te llama los martes por la tarde, que te envía mensajes al teléfono y borras una vez los has leído. Llévate todos estos años envueltos en un papel que no deje pasar la luz, que yo no los añore, que sólo de vez en cuando los eche en falta porque al mirar atrás encuentre unos años vacíos de los que me pregunte una y otra vez qué hice todo ese tiempo y no halle tu rastro de purpurina. Si te lleva el mar, a donde sea que te lleve, no vuelvas.

Pero si regresas y el mar pronuncia tu nombre de nuevo, llévame contigo, llévame aunque sólo sea para saber dónde estoy a cada instante.


La foto: Juro que se sentó así de forma natural, que intenté hacerle una foto a él y a su madre y que aburridos de que no se estuviera quieto ella se levantó y le dijo que nos íbamos, que si no venía se quedaría allí, como se suele asustar a los niños para que obedezcan. Él se quedó unos instantes quieto, luego serenamente se sentó en esta posición, de espaldas a nosotros. Lo echo mucho de menos, a mi niño, a mi tritón.

domingo, 16 de noviembre de 2008

A la conquista del corazón



Hace tiempo que no escribo nada de la novela. No escribo porque el bicho se ha ido durmiendo hasta dejarme en paz y eso me ha dejado en un estado de letargo. Echo de menos al bicho, pelear contra él me llenaba de vida. Resulta curioso pero cuanto más me golpeaba contra él, más sentido tenía todo. Ahora que se ha ido no puedo escribir. Ahora que se ha ido me falta la voz que le hacía frente, la voz que le mantenía a raya.
Al mismo tiempo que se fue el bicho se fueron yendo, también, las personas que me fueron acompañando todos estos años. Unos emigraron, otros encontraron a esa persona especial que hace que los amigos dejen de tener ese sabor cotidiano, he dejado de creer en que el hombre es un ser valiente por naturaleza porque me han empujado al vacío mientras se quedaban temblando detrás de las piedras diciéndose a sí mismos que no me empujaron, que salté yo solo. Creo que todavía conservan la esperanza de que sepa volar, vuelva a donde están ellos y les diga que no importa que quisieran hacerme daño. Cada vez soporto menos a los cobardes. No soporto a los que se esconden. Puedo tolerar a quien es malvado pero nunca a quien me dice estar a mi lado y luego, cuando llega el lobo del norte, se esconde y me deja solo.
Solo. Prefiero morir a esconderme. Morir, moriré un día u otro, pero ante todo espero poder mirar atrás y no arrepentirme de nada, no porque haya habido instantes en que creyera que debía hacer otra cosa, sino porque haya llegado a la conclusión de que lo hice lo mejor que pude con los conocimientos que tuve en cada momento. Con los conocimientos y con el corazón; de que no defraudé a quienes me importaron, de que no me defraudé a mí mismo a cambio de sentirme amado. He amado y me he sentido amado durante escasos momentos en mi vida, islas en un mar agitado a las que siempre llegué para quedarme y sólo fueron de paso. Envidio a esos ancianos que llevan juntos desde la adolescencia y todavía ves que se quieren. Me pregunto si alguna vez tuve la oportunidad de encontrar algo así. Aun en esas, ahora no me cambiararía por ellos, está bien tener tus propios héroes pero es mejor no querer ser ellos. Si lo haces, olvidas quién eres y qué has hecho hasta que has llegado aquí. No me cambio por nadie. No me siento especialmente orgulloso de en lo que me he convertido pero es lo que soy, no cuento con mucho más.
Sé que no soy ni la sombra del hombre que fui hace apenas unos años, que he perdido mucho en cada adiós que he tenido que soportar. En cada despedida he visto irse sueños antiguos y queridos, he visto temblar de miedo y huir, he visto que no soy tan fuerte como creía. Curiosamente, creo que ver que no soy tan fuerte me hace más fuerte pero de otra forma.
Ahora voy a abrirme camino, siento que ha llegado la hora de salir ahí afuera y plantarle cara al gran lobo del norte. Me llevo mis libros y mi corazón que despierta, de nuevo, a la vida.

Bicho, despierta! ¿Has oído? Ha llegado la mañana del gran día. Ha llegado el gran Horizonte. Caminaremos a través de la fría niebla. Vamos, despierta. Despierta conmigo, nos vamos a la conquista del mundo.

sábado, 15 de noviembre de 2008

sábado


Sé que no soy el mismo. Tu silencio me lo susurra al oído en los huecos con los que cada día se topa mi sombra con tu ausencia. Sé que no soy el mismo, que no soy el que solía sentarse en la luna con los pies colgando a mirar por tu ventana abierta. No soy el mismo.
Dices que empiece de nuevo, que suelte el lastre del pasado como si eso fuera tan fácil, como si el pasado no condicionara el futuro, como si sólo pudiera contar con la esperanza. Sinceramente, no siento miedo. Hace mucho tiempo que el miedo se ha quedado en algo trivial. Le puedo mirar a los ojos y reírme de él. El miedo es un cordero que parece un lobo. No. No tengo miedo. Mañana será otro día, el cielo y el infierno son dos salidas de la misma autopista que no lleva a ninguna parte. Y sé que no te importa. Y sé que ya ha pasado todo. Y sé que prefiero que te vayas muy lejos (donde no puedas volver a llamarme por mi nombre) y sé que empiezo a saber demasiado, que conocerme tanto es peor que no conocerme en absoluto y equivocarme una y mil veces.
Mañana será otro día. Domingo, para ser más exactos.

martes, 11 de noviembre de 2008

Vídeo: Ismael Serrano - Sin tí a mi lado.



Siento volverla a colgar, pero es que esta canción me acompaña desde hace unos días. Cómo se hace de largo el día cuando tienes que atravesarlo solo, cuando llegas a casa y echas de menos esperar o que te esperen, cuando se nota una gran ausencia, como si el piso vacío fuera un reflejo de lo que tiene, a veces, uno dentro. Que nadie se alarme, la soledad es, en realidad, una gran amiga que planea contigo salir a buscar otra soledad con la compartir el mundo.
Me encanta esta canción porque aunque es triste, evoca algo vivido, algo tan fuerte, tan intenso que sabes que lo vas a echar de menos para siempre. Algo que querrás reproducir de una forma u otra allá donde vayas, como un emigrante lo hace con la esencia de la tierra a la que pertenece y la lleva prendida en el corazón y en el recuerdo.
Y supongo que pasa que, a veces, es difícil empezar de nuevo porque nunca lo hacemos con la inocencia de la vez anterior.

Vivimos entre la esperanza y el miedo. Entre la esperanza de volver a vivir y a sentir con esa intensidad y el miedo a no volverlo a encontrar jamás, o a perderlo si lo hallamos. Vivimos entre la esperanza y el fracaso.

Y sé que en su pensamiento yo soy un extranjero, una bruma de horas pasadas y sentimientos confusos. Me verá y me dará dos besos y, mientras, mis manos desnudas irán soñanando con su piel debajo de la ropa. Me mirará a los ojos y sonreirá como sólo ella lo sabe hacer y entonces yo estaré perdido, me volveré un niño que vive entre la esperanza y el miedo de qué pasará después del beso. Y sé que tendré miedo de la misma forma que sé que por las mañanas me levanta de la cama esa esperanza.

vídeo: Coldplay - Don´t panic

jueves, 6 de noviembre de 2008

vídeo: Amaral - Esta madrugada

No sé que tienen las noches que me le quitan sentido a mi vida. No sé que tiene la madrugada que me deja el alma cubierta de una escarcha de ausencias. Y veo pasar las horas y cada vez van quedando menos en los cajones de mi mesita de noche. Te tengo ahí, lo sé, pero tenerte no es suficiente.

Vídeo: Bruce Springsteen: Secret Garden

Siempre debería haber un lugar en el que pudiéramos sentirnos a salvo, donde nuestro alma pudiera acurrucarse a nuestro lado por la noche. Siempre.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Vídeo: Chris Isaak - Lie to me

El único vídeo que me deja colgar youtube de esta canción

domingo, 2 de noviembre de 2008

si llegas al final...

Venga, que ya he empezado a repartir besos... ¿es que no dormís, queridos vampiros?

vídeo: Ismael Serrano - Sin ti a mi lado

Sólo encontré esta versión con los "guapos" del señor de los anillos.

sábado, 1 de noviembre de 2008

El poder de las palabras inaudibles


El jueves fui a la presentación de un libro "El millor lloc del món és aquí mateix" de Cave Santos y Francesc Miralles (La profecía 2013, El laberinto de la felicidad) con Laura Takahashi. La presentación fue una auténtica delicia, con música de Hotel Gurú en directo y lectura de pasajes del libro por parte de Inés Mcpherson. A Inés la conocí en Alcázar de San Juan, un fin de semana literario hace más de tres años, ella también iba a la escola d´escriptura del ateneu y luego coincidimos en el curso de novela uno, pero ella se fue a la tercera clase. Inés, a quien le perdí la pista, tiene una dicción especial para contar cuentos. Contó un cuento precioso, sobre un loro que una niña tenía en su habitación y de repente empezaba a decirle por las mañanas a la niña "t´estimo" (te quiero). La niña no sabía dónde había aprendido eso su lorito porque ella no se lo había enseñado. Un día, se lo fue a decir a su padre. "Papá, mira lo que me dice el lorito". El padre se puso rojo. Entonces la niña, inmediatamente comprendió que su amigo con plumas había aprendido aquellas palabras de escuchárselas decir a su padre, que entraba en su cuarto por la noche antes de irse a dormir, cuando ella ya llevaba tiempo dormida y dándole un beso se lo decía. Me emocioné. Todo el mundo necesita saber que en algún lugar del mundo existe alguien que le quiere. Nos alimentamos de amor, del que damos y del que recibimos.

Ayer, Esther me dijo que a nadie le gusta escuchar las penas de los demás, que es mejor quedárselas dentro de uno y hacer como que no pasa nada. Así te aceptarán, así la gente no se irá de tu lado. Sí, es algo práctico, el "todo va bien" es un slogan que vende. Pero ¿sabes? no estoy de acuerdo. Soy un puto ser humano, que quiere, que siente, que tiene sueños, que tiene días buenos y días malos, que sale a la calle a comerse el mundo unas veces y otras sale con ganas de ser invisible. Alguien que, como tú, también necesita escuchar de una voz amiga, aunque sea mentira, que todo va a salir bien.
Lo que Esther me quería vender era totalmente falso porque ella tenía alguien incondicional a su lado, alguien que le hacía entender que estaban juntos para lo que hiciera falta. Lo que me quería decir con aquellas palabras era que habíamos pasado a ese segundo estadio al que pasan los amigos íntimos cuando el otro tiene pareja. No lo digo como un reproche, sólo es una reflexión, yo lo he hecho y me ha ocurrido otras veces, me volverá a pasar y lo volveré a hacer. Es una ley inmutable, como la gravedad o las tres leyes de la termodinámica. Y es lógico.

Hoy no es el primer día del resto de mi vida ni ninguna memez de esas. Hoy es sólo un día más, hace un frío que pela, llovió toda la noche, el día ha sido tristón y anochece muy pronto. Apetece estar en casa. Estoy leyendo El millor lloc del món és aquí mateix y me meto en la cama y me tomo una pastilla relajante muscular para el dolor de espalda.
Las once de la noche. Qué frío en los pies. Me voy a la cama.

Sólo una cosa antes de acabar esta entrada. Pase lo que pase, no me vendas que todo te va bien cuando te vaya mal y comparte tu alegría conmigo cuando te vaya realmente bien y asume que va a ser recíproco. Si no va a ser así, pasa de largo, sigue buscando, no sé qué estarás pensando en encontrar pero no es a mí, estás buscando otra cosa. Y en ese caso te deseo suerte.

PD: Esta entrada no va dirgida a nadie en concreto. Me veo en la obligación de decirlo porque creo que algunas entradas son interpretadas como mensajes cifrados o alguien cree reconocerse en ellas. No entran muchas personas en el blog, es cierto. El blog es un diario en voz alta y de vez, en cuando, un tablón de anuncios con retazos de la primera escritura de la novela. Es lo que es.

PD2: Si has llegado hasta aquí te mereces un besazo. Y te aseguro que pongo en él mucho de lo que soy y de lo que tengo.

martes, 21 de octubre de 2008

Aliento


Siempre he sabido cuando estaba metiendo la pata. Sabía que cuando la conocí debía no dejarla entrar en mi vida. Lo sabía. Entonces había una chica a la que yo le gustaba y lo peor de todo: ella me gustaba a mí. Siempre he sabido que quería estar con aquella otra chica, que mi vida hubiera ido por otro camino más amable si en lugar de volver a caer en las manos de ella hubiera caído en los brazos de aquella otra chica. Supongo que le debí partir el corazón cuando le dije que había vuelto con la madre de Cris y dejé de verla durante algún tiempo. Luego nos hicimos falsos amigos, falsos amantes en los períodos en los que ella desaparecía de mi vida. Han pasado los años, fuimos buscando a otra gente en lugares cada vez peores. Me pregunto cómo habrían sido nuestras vidas si no me hubiera cruzado en la calle con la madre de Cris y no le hubiera dicho que me gustaría volver a verla y si ella no me hubiese dicho que vale, que por qué no aquella tarde mismo. Me pregunto si aquella sensación de traición con la que me presenté a la cita no será la misma que me acompaña siempre desde entonces y si, en realidad, tuve alguna posibilidad de escapar del hechizo con el que me tenía atado, si alguna vez tuve un momento de lucidez en el que me parara, mirara a los ojos de la chica que esperaba a que la llamase y supiera ver qué era lo mejor para mí. En cualquier caso no lo hice, no me detuve, el vértigo me arrastró y me quedé allí para siempre. No sé si verdaderamente se tiene alguna vez una mínima posibilidad de saber cuál destino es el mejor. Me gustaría decir que no me arrepiento. Me gustaría pero no puedo decirlo. Siempre tengo en la mente la cercanía de sus labios, me envuelve el aire de su aliento.

lunes, 20 de octubre de 2008

Disipar la confusión


Hoy he vuelto a ver "Entre copas". Sí, esa película me encanta. Me gusta el personaje de Miles porque me identifico tanto con él... La película tiene un final positivo, da esperanza. La esperanza no es lo único que tenemos pero si dejamos de tenerla no tenemos nada. Para mí la esperanza es... no sé qué es para mí la esperanza. La esperanza y el deseo se confunden dentro de mi cabeza como una maraña de lana a la que hay que coger y tirar de una punta y desenredar e ir haciendo un ovillo. Supongo que no tengo paciencia para hacer una cosa y después otra, que me gustaría que todo se solucionase de una vez. Imagino que quienes me conocen saben de esta confusión mía y algunos la sufren porque la confusión es el estado mental y la indecisión su traducción al mundo físico.
Bien, creo que ha llegado el momento de abandonar esta confusión. Creo que ha llegado el día de cerrar un capítulo y apostar por otro. Si no tengo claro qué es lo que deseo nunca haré nada para conseguirlo, iré probando cosas, iré picando aquí y allí pero nunca elegiré un camino.
Hasta ahora quería tomar una decisión pero no tenía claro cuál. Tengo treinta y siete años, voy a dejar de aparentar que lo tengo claro y voy a empezar a desenmarañar la lana.
Estáis invitados pero se ruega no añadir más confusión. Se trataría de hacer lo contrario.

sábado, 18 de octubre de 2008

Las ardillas


Miré hacia arriba y María, vestida de blanco, caminaba como si flotase rodeada de diamantes sobre un cielo limpio de nubes y con un sol de primavera. La hierba había crecido y estaba húmeda de escarcha aunque acabamos concluyendo que alguna ninfa había puesto el aspersor sin que lo hubiéramos oído. Por el camino que lleva a casa pasaron una manada de elefantes blancos que nos saludaron con sus trompas, iban contentos, tenían entradas para el circo, me dijeron. Cris y yo les saludamos con la mano y los vimos alejarse por la vereda. Luego nos fuimos a recoger castañas mágicas al bosque. El suelo estaba lleno de ellas. ¿Las castañas no se cogen en otoño? preguntó Cris. Las mágicas no, le dije. Y él se quedó conforme con la explicación porque a todo lo que no es habitual siempre le da sentido un razonamiento simple.
Cuando volvimos a casa los elefantes volvían. Venían acompañados de Pioncho, Mickey, Pluto, Pocoyó, Donald. Se habían acordado de Cris y le traían piruletas, algodón de azúcar, caramelos. Cris les preparó su té imaginario y comieron pastas de barro y galletas de piedra. Se levantaron y se fueron ¿dónde? a su casa a dormir, claro. Luego preparamos la cena, leímos un cuento ¿dónde está mamá? preguntó. Se fue lejos, le dije ¿volverá pronto? volvió a preguntar, no lo sé, le mentí. Por la mañana nos despertaron las ardillas que jugaban encima de la cama. ¡Fuera, ardillas!... una se ha metido dentro de las sábanas y hacía cosquillas a Cris en los pies. Nos reímos un rato. Nos lavamos la cara y nos peinamos, fuimos a la cocina y desayunamos leche con galletas. Cris, desde la ventana de la cocina miraba cómo María bajaba del coche y se dirigía hacia nosotros. Me gusta María, me dijo. María entró en la cocina por la puerta del jardín. Cris se bajó de la silla y la esperó como si salir corriendo hacia ella con alegría fuese, en realidad, una traición a su madre. María abrió los brazos y con una amplia sonrisa gritó ¡Cris! y se avalanzó sobre él. Y entonces Cris le contó lo de los elefantes blancos y lo de Pinocho, Mickey, Pluto... y lo de las ardillas, lo de que mamá volverá pronto y de que la habíamos visto ayer caminando como si flotara rodeada de diamantes.

Vídeo: Celtas cortos - la senda del tiempo

miércoles, 15 de octubre de 2008

martes, 14 de octubre de 2008

Por fin


Ha llegado el gran día.

vídeo: El canto del loco - Peter Pan

Parece que Campanilla se fue volando. La echaré de menos. Me quedan su rastro de purpurina y sus pies descalzos. Serás feliz allá donde te hayas ido. Vuelve de vez en cuando, te estaré esperando
Yo te seguiré con mi catalejos.
Buen viaje.

Firmado: El capitán Garfio

lunes, 13 de octubre de 2008

Ojos que no ven, corazón que no siente


Ha perdido. Yo lo sé y ella lo sabe. En sus ojos aún permanece el húmedo destello de estos últimos días. Debí de haberme dado cuenta. "Está más guapa, se arregla más" me dije. "Quizá haya encontrado a alguien para quien estarlo pero yo no lo puedo saber". Y lamentaba tener sólo los diez minutos del bar para observarla cada mañana e ignorar el resto de su día a día y así poder saber a qué era debido ese cambio. Tenía que seguirla de alguna forma y averiguarlo y eso fue lo que hice. Aparentemente nada había cambiado; seguía su rutina, hacía lo mismo, al menos no yo observaba nada nuevo desde la lejanía. La seguí cuando salió el sábado con su amiga rubia. Las dos solas: cena, copa y luego a casa. Debí imaginar que tarde o temprano la curiosidad acabaría por traicionarme, me acerqué demasiado y ella me vió. Hice lo que mejor se me da hacer: desaparecer, convertirme en una sombra. Ella me había visto y a pesar de que había simulado pasar casualmente por allí me vio mirarla. Fue entonces cuando lo supe. Sus ojos brillaban por mí, por el desconocido de la cafetería de todas las mañanas. Dios mío, no se puede tener peor suerte, no sólo me había descubierto sino que, además, era una parte importante en sus pensamientos. Ahora tendría que entrar en su casa y saber si llevaba alguna clase de diario en el que me describiese. No sabía nada de mí pero podría haberme dibujado. A la policía le gustan esas cosas. Sin huellas, sin móvil, sin rastros, se empeñarían en saber quién eran las últimas personas en su vida. Y saldría yo. Es decir, saldría la descripción del principal sospechoso.
El lunes no falté a la cita en la cafetería. Cuando entró la miré descaradamente. Ella, que parecía venir muy segura de sí misma, chocó contra aquella inesperada maniobra. Bajó la vista, su espalda se curvó encima del taburete y tuvo miedo de mirarme. Mi mirada más estudiadamente franca, mi mejor sonrisa, me levanto y me acerco lentamente. Cojo el periódico que está justo a su lado "¿lo vas a leer?" "No, puedes cogerlo" me dice sin mirarme y tratando de que su voz no tiemble. Pero tiembla imperceptiblemente. "No puedo dejar de pensar en tí" susurro. Abre bien los ojos, se gira hacia mí y me mira sin pestañear. Una mirada desafiante, firme "quién te has creído que eres para decirme eso y sobre todo, qué clase de mujer crees que soy. No señor mío, no soy una mujer fácil y mucho menos para chulitos que dicen cualquier cosa para... menuda estupidez, menudo imbécil"gritan de indignación sus ojos negros. Pero no dice nada. Hace una mueca de desprecio bien aprendida y practicada durante muchos años. Ahora sé por qué estás sola. Y es una lástima, porque estás aún más guapa cuando te enfadas. Me vuelvo a la mesa con el periódico y trato de aparentar que no ha pasado nada. Se va sin haberme vuelto a mirar. Ni siquiera se gira al cruzar la calle para ver si viene un coche. Tiene suerte y no pasa ninguno. Yo me quedo un rato aguantando la insistente mirada del camarero, que no ha oído nada pero que lo intuye todo. Pago y me voy.

domingo, 12 de octubre de 2008

vídeo: Extremoduro - Buscando una luna

El destino es una tela de araña


Un correo electrónico irrastreable, una cantidad por adelantado desde una cuenta abierta y cerrada el mismo día y ordenada por alguien que no existe. Siempre es lo mismo desde hace dos años. Un nombre y una dirección. Una fotografía y un escueto historial para explicar lo que es difícil de justificar. Esta vez la fotografía es de una mujer de unos cuarenta años. Bien llevados: morena, esbelta, bien vestida. Trabaja como asesora en una multiconsultoría para grandes empresas. Vive sola. Eso me facilitará el trabajo. La última vez estuve a punto de dejar estos encargos. Me dije que era la última víctima, me dije que debía enviar el correo en el que doy a entender que no cuenten más conmigo pero no lo hice y ahora tengo otro. Al principio lo hacía por dinero. Ahora hace tiempo que ya no. No sé por qué lo hago, como tantas otras cosas. Pero debo acabar con ella y lo haré. Recibir la mitad del dinero por adelantado conlleva cumplir mi parte del trato, de no hacerlo me eliminarían. Les costaría pero acabarían haciéndolo, esas eran las normas y yo las acepté cuando me lo propusieron. Esta vez será la última, lo prometo, no voy a dejar que la sangre de tanta gente caiga sobre las espaldas del chico. El dinero no es para mí, es para él. Para cuando crezca, para cuando lo necesite, incluso si al final acaba en las manos de ella. Porque en cuanto sepa que el muchacho tiene dinero irá a buscarlo y apelará al amor de un hijo por su madre. Ella sabe hacer esas cosas, sabe cómo hacer que confíes en sus palabras.
Busco la dirección y voy a reconocer el terreno. Me visto para no llamar la atención aunque mi embergadura no me dé demasiadas opciones para ello. Traje gris y camiseta negra, gafas de sol, gomina. Antes de salir de casa voy a echar un trago, es la costumbre. Lo era; he dejado de beber. La última copa, venga, me digo. Pero aguanto, he tomado la determinación de que ha llegado el tiempo en el que hago cosas por última vez.
Espero cerca de su casa, compro un libro en la librería de la esquina, uno de esos de autoayuda. Llega a casa a las nueve y media, he estado esperando un buen rato. Llega con una bolsa de deportes en la mano. Vendrá del gimnasio. Será un bonito cadáver. Me vuelvo al piso evitando la tentación de entrar en los bares. No eres consciente de la gran cantidad de bares que hay hasta que has decidido que no entrarás en ninguno. Deposito el libro en una papelera. Era cierto lo de que me ayudaría. A mí me ha servido para pasar desapercibido toda la tarde.
Durante los quince días siguientes me dedico a vigilar sus movimientos. Es una mujer de costumbres fijas. Lleva una vida ordenada, no tiene amigos si exceptuamos a una chica rubia con la que salió a cenar un sábado y un compañero de trabajo se empeña en acompañarla sin que ella demuestre ningún interés por él. Le gusta la soledad, le gusta hacer las cosas por sí misma. Mejor, cuanto menos gente alrededor menos imprevistos cuando llegue el momento de pasar a la acción. Pero pasa algo que no tenía previsto. Se me ocurrie entrar en la cafetería donde suele ir a media mañana a tomarse un café. Sola. Sus compañeros van a otro bar más ruidoso y más cerca de la oficina. Ella prefiere algo menos bullicioso. Mi problema es que he hecho lo que nunca debería de haber hecho: tratar de imaginar qué es lo que piensa y por qué esa obsesión por alejarse de todo el mundo. Quizá para que nadie sospeche que, en realidad no es quien dice ser. En cualquier caso no lo logra, sus compañeros hacen apuestas sobre quién sabe más de ella. Todos tienen una teoría y todos sienten cada vez más curiosidad. Cuanto por más desapercibido quieres pasar más interrogantes creas a tu alrededor. Y yo he empezado a preguntarme qué es lo que pasará por esa cabeza y sé que no debería haber empezado a preguntérmelo. El destino es una tela de araña donde la araña es uno mismo. Y en un instante el hilo de la araña se tiende entre un inesperado movimiento de sus ojos que encuentran a los míos mirándola. Maldita sea. Disimulo pero vuelvo a mirarla por si acaso ella me ha reconocido de verme merodear cerca de su casa. El cerebro humano es capaz de almacenar una cantidad extraordinaria de datos sin importancia que puede relacionar en milésimas de segundo con otros también sin aparente relevancia para dar con una coincidencia fatal. Jugamos al juego de mirarnos sin que se note que lo hacemos. Se acabó verla cerca de su casa, espiarla a la salida del trabajo o del gimnasio. Ahora todo se reducirá a esta cafetería. Mierda, mierda, mierda. Me levanto, me acerco a la barra, lejos de ella. Pago. Y me voy.

video: Evanescence - My inmortal

Me falta mucho y no queda tiempo

Cuando escribí la entrada anterior había bebido en exceso. Anoche sentí lo cruel que pueden ser las palabras. No me acostumbro. Es imposible que me acostumbre a las palabras. Siempre me acaban golpeando porque soy incapaz de mantener alta la guardia. Soy un maldito optimista, un imbécil que cree que es más fuerte que nadie. Pero las palabras... no, para eso no estoy preparado casi nunca. Y tras el golpe me quedo desorientado, como esas ballenas que acaban embarrancando en las playas, aquejadas de algún mal de cetáceo, alejadas quizá de su grupo, y que mueren solas o rodeadas de liliputienses bañistas que la tocan con un palo o tratan de remojar su piel con el agua de un cubo (muy poco océano para tanta ballena). No sé, quizá exagere cuando digo que estoy muerto y sería mejor decir que, en realidad, sólo estoy perdido y esto no es vida. En cualquier caso, así lo siento. No soporto decepción tras decepción, golpe tras golpe. No puedo seguir así mucho más tiempo. Creo que ha llegado el momento de asumir que caminar con las manos en los bolsillos implica no poder sacar las manos a tiempo para parar los golpes. Prefiero seguir confiando a no fiarme de nadie. Así son las cosas. Mañana será otro día. Más vale tarde que nunca. Dime con quién andas y te diré quién coño eres.

sábado, 11 de octubre de 2008

ojalá no os hubiera conocido nunca.

Sabías que mi vida no valía nada. Lo sabías y no me habías dicho nada. Sólo me asentías con la cabeza. "Aún tienes arreglo" pero no lo tenía. Te estuve llamando toda la semana. No escuché tu voz ni una sola vez. Hubiese prefereido la muerte pero la muerte es demasiado sencilla, demasiado noble. Hubiese preferido lo que me ha sido concedido esta noche: la muerte. Estoy muerto. Vosotros no lo sabéis pero estoy muerto. Y me alegro de estarlo.

viernes, 10 de octubre de 2008

el camino de vuelta


Salimos de la fiesta por la puerta por la que Sansón y yo habíamos entrado horas antes y bajamos las escaleras que antes habíamos subido. El rocío había dejado los peldaños resbaladizos como si la escarcha la hubieran planeado un ejército de caracoles. Sansón bajó primero, yo le seguí a dos o tres escalones de distancia. No quería estar demasiado tiempo con aquel hombre y pensé que tendría que inventarme algo para no dormir otra vez en el piso de Carmen. Pensar no era una tarea fácil. Llevaba muchas horas despierto y sentía todo el cuerpo torpe y pesado. La noche anterior a ésta la había pasado junto a la cama de María y el bicho había estado dando la lata. Ahora, el bicho estaba aletargado en algún lugar del recuerdo de la noche que había acabado de vivir. El bicho se había asustado y se había divertido. Para él había sido como una noche en el parque de atracciones de la locura. Había tenido su sesión de éxtasis y vértigo y estaba en un estado de agotamiento nervioso, como un niño que ha jugado todo el día desde la mañana hasta la noche al juego que más le gusta.
Llegamos al suelo y nos fuímos hacia donde habíamos dejado el coche. Era el último que quedaba. Todos los demás debían de haberse marchado a medida que los invitados iban recogiendo sus ropas después de la orgiástico fin de fiesta. Sansón encendió un cigarrillo, sacó la llave del coche y abrió las puertas con un solo movimiento de su dedo. Subimos al coche y abandonamos la explanada por el camino del bosque. Había amanecido ya casi por completo y pude ver con claridad aquello que la noche anterior era una espesura negra y cerrada. Era un bosque de pinaza y encinas, un bosque sucio lleno de arbustos y ramas secas que nadie se ocupaba de limpiar. Al poco de circular por el camino de tierra llegamos a la salida hacia una carretera asfaltada. De allí hasta casa de Carmen, tardamos veinte minutos. Con los ojos semi cerrados fui memorizando los cruces que ya la noche anterior había intuído a la luz de los faros del coche de Sansón. No dejaba de pensar en esa sensación que había tenido durante toda la noche de que alguien estaba observando mis movimientos. Intuía que la figura que hablaba con L.B. en la oscuridad me había estado siguiendo los pasos durante todo el tiempo. Sin embargo, después de que desapareciera por aquella puerta, no la había vuelto a ver en la gran sala. "Te estás volviendo paranóico" me dije. "Tantos años vigilando para que no te descubrieran te han convertido en un maldito paranóico. Allí había gente tan importante que tú para ellos apenas eres una brizna de hierba, una marioneta que aprieta el gatillo por ellos. Eres lo que menos les importa, la punta de la espada que atraviesa la carne, no saben quien eres, nadie sabe quién ejecuta su plan, así que nadie tenía motivos para seguirte los pasos". Me resultaba sorprendente que, aparentemente, hubieran ocurrido toda una serie de casualidades: que ella viniera a esta ciudad, que yo encontrase a María y la librase en aquel bar del hijo de J..., que ella me llevara hasta Carmen y que Garr me agradeciese mis cuidados a María y mi venganza a los que le habían hecho daño, que me invitara a la fiesta y que me contara todo aquello , simplemente porque le caía bien. Caerle bien a Garr hacía que me sientiera mal, que me sientiera sucio. Me condenaba a preguntarme si yo era de una pasta parecida a él. Me respondía que no, que alguien como él necesitaba, de vez en cuando, de un confidente íntimo, algo así como un amigo al que se le pueden contar cosas muy personales. Garr carecía de ello y supongo que aquella noche, por algún motivo que nunca conoceré, se sintió lo suficientemente humano (y a mí lo suficientemente cercano) como para confiarme toda aquella información. Compartir un secreto hace más llevadero el peso que supone. Pero también resulta peligroso. Y yo empezaba a sospechar que aquella deferencia que había tenido conmigo podía explotarme en las manos en cualquier momento. Mientras, debía jugar bien. Tenía buenas cartas, las mejores, y lo mejor de todo es que nadie sospechaba de mí. Nadie sabía que, sin saberlo, habían puesto la punta de la espada sobre su propio cuello.
Paramos delante de la casa de Carmen. El sol había salido completamente y estaba lo bastante aturdido como para bajar la guardia. Sansón se bajó del coche y me hizo un ademán de seguirle. Entramos en el edificio y subimos hasta el piso que habitaban Carmen y Sansón, y donde descansaba María. Entramos y mi cuerpo experimentó esa relajación instantánea de cuando llegas al hogar después de mucho tiempo fuera. No era lo más conveniente, aquello me decía que estaba seguro cuando, en realidad, no era cierto. El cansancio es el enemigo número uno la precaución y yo debía de estar muy cansado porque me senté en un sillón de la entrada y dejé de pensar, dejé de preguntarme y dejé de atar cabos. Lo único que me quedó flotando era aquella sensación de que alguien me estaba observando en la fiesta. Un estado soporífero me invadió nada más tocar con la espalda el respaldo del sillón. Suspiré. Era lo más creca que había estado en horas de estar a salvo.