martes, 21 de octubre de 2008

Aliento


Siempre he sabido cuando estaba metiendo la pata. Sabía que cuando la conocí debía no dejarla entrar en mi vida. Lo sabía. Entonces había una chica a la que yo le gustaba y lo peor de todo: ella me gustaba a mí. Siempre he sabido que quería estar con aquella otra chica, que mi vida hubiera ido por otro camino más amable si en lugar de volver a caer en las manos de ella hubiera caído en los brazos de aquella otra chica. Supongo que le debí partir el corazón cuando le dije que había vuelto con la madre de Cris y dejé de verla durante algún tiempo. Luego nos hicimos falsos amigos, falsos amantes en los períodos en los que ella desaparecía de mi vida. Han pasado los años, fuimos buscando a otra gente en lugares cada vez peores. Me pregunto cómo habrían sido nuestras vidas si no me hubiera cruzado en la calle con la madre de Cris y no le hubiera dicho que me gustaría volver a verla y si ella no me hubiese dicho que vale, que por qué no aquella tarde mismo. Me pregunto si aquella sensación de traición con la que me presenté a la cita no será la misma que me acompaña siempre desde entonces y si, en realidad, tuve alguna posibilidad de escapar del hechizo con el que me tenía atado, si alguna vez tuve un momento de lucidez en el que me parara, mirara a los ojos de la chica que esperaba a que la llamase y supiera ver qué era lo mejor para mí. En cualquier caso no lo hice, no me detuve, el vértigo me arrastró y me quedé allí para siempre. No sé si verdaderamente se tiene alguna vez una mínima posibilidad de saber cuál destino es el mejor. Me gustaría decir que no me arrepiento. Me gustaría pero no puedo decirlo. Siempre tengo en la mente la cercanía de sus labios, me envuelve el aire de su aliento.

1 comentario:

* SINE DIE* dijo...

Siempre me sabe...tan a poco...(sigue, sigue, sigue...)