lunes, 19 de diciembre de 2016

Carta a lo desconocido



Sé que un día me despertaré y todo habrá cambiado. Un día todo por lo que he ido haciendo lo que he ido haciendo esto cristalizará en algo diferente. Tan nuevo como viejo, tan humano y tan deshumanizado, tan cercano y tan ciencia ficción al mismo tiempo. Una línea marcada en el tiempo que se junta con el horizonte a la que nunca crees que vas a llegar.

Y llegas.

Hay lugares a los que uno sabe que va a volver. Lo sabe porque hay algo así como un destino que nos arrastra. 

Me gustaría creer que las cosas van a salir bien, que sólo es el principio de algo que tiene verdaderas ganas de quedarse.

Y puede que el tiempo no acompañe. Y puede que toda la información acumulada sólo sea la punta de un iceberg que se deshiela. Reconozco que no lo controlo.

Mañana no será un gran día, pero será el inicio de saber dónde estamos.

Es hora de actuar.



sábado, 10 de diciembre de 2016

Cuando te vea


Al principio creí que esta vez las cosas iba a ser más fáciles, que el tiempo no caducaría, que volveríamos a ser lo que solíamos ser, pero luego me di cuenta que eso no iba a suceder, que las historias están para vivirlas y mientras las vives, para respetarlas. 

Supongo que no había otra forma más desastrosa de acabar con todo. No había nada más difícil de negociar que la soledad de los días que iban a llegar. Quizá por eso nunca te llamé ni supe qué decir cuando me escribías aquellos mensajes. Todo lo que soy es lo que demostré esos días.

Ahora las cosas van mejor, me va bien el frío y me va bien que soñar de vez en cuando contigo, en lo que podía haber sido y en todo aquello que nunca nos dijimos porque yo me fui antes de que llegaras.

A veces pienso en ti, en cómo hubiera sido como padre, en cómo nos hubiéramos acurrucado juntos para ver la tele en el sofá, en tus primeras veces de todo y en el pequeño profesor que seguramente tienes metido entre ceja y ceja. 

El año pasado, cuando estuve en San Francisco, pasé por delante de una galería de arte donde se exponían unas pinturas de Margaret Keane y te imaginé así, como ese cuadro (luego supe que era la Margaret Keane Gallery) y creo que algo se movió dentro de mí. Algo que sabía que tarde o temprano nos encontraríamos.

Luego lo dejé ir.

Y hoy estoy aquí, tratando de no mezclar las cosas, tratando de no mezclar las personas, haciendo caso omiso a la cordura.

Dejando de creer que todo tiene un significado.

Buscando una salida digna a todo esto.

sábado, 3 de diciembre de 2016

Cuando la vida te pone contra las cuerdas


El destino. Siempre el destino. Nos quedaban quince días. Después: la nada. El vacío. Las esperanzas perdidas. Lo empezado hace mucho años frente a un abismo, pisando un freno que no funcionaba.

Entonces... entonces me llamó mi casi nuevo hermano y me dijo que encargara mesa para ir a celebrar que nos aceptaban en un proyecto europeo, que teníamos la mejor puntuación posible, y nos pusimos a llorar los dos.

Lo importante siempre es creer.

Creer que todo va a ir a mejor.

Que el tiempo siempre pone a cada uno en el lugar que le corresponde.

Que la diferencia es el trabajo bien hecho y sobre todo: la dedicación, Hacer las cosas bien, pensando en el bien común es fundamental para que las cosas salgan adelante.

Se acercan tiempo interesantes.

Esta noche he dormido peor de lo que esperaba. Supongo que la tensión de los últimos meses no se va en unas horas.

Ahora a seguir en la brecha.






martes, 22 de noviembre de 2016

El extraño caso de la niña sin sangre


Hubiese podido dejarlo todo como estaba, haber dejado pasar una vez más lo que siempre dejo pasar. Siempre. Hubiese podido apagar el móvil y girarme dentro de las sábanas y tratar de dormir a pierna suelta. Pero a veces el bicho habla a gritos, se despereza cuando yo sólo quiero dormir... y lo peor de todo, sabe que en ese momento es cuando yo tengo menos que ganar, o lo que es lo mismo: que es hora de perderlo todo.

A veces pienso que todo es un juego de azar, que lo que te une a otra persona es una partida de póker en la que lo importante siempre es saber quién va de farol. Y yo soy un mal jugador porque no sé mentir, todo el mundo sabe que yo no sólo tengo mala suerte cuando se reparten las cartas, sino que voy a intentar ganar una mano tarde o temprano.

Me gustaría creer que con ella era distinto. Que hubo una mínima posibilidad de que esta vez sí pudiera corregir toda esa tendencia a acabar arruinándolo todo. Pero hay algo que no puedo dejar de pensar, o mejor dicho, hay algo que no puedo dejar de recordarme cada vez que pienso en ella. Nunca tuve una oportunidad. Quizá durante los primeros nanosegundos en que nuestras miradas se encontraron por primera vez.

Pero ya está.

El resto sólo fue plegar las velas e ir a la deriva.

Y toda deriva acaba en las rocas

Y toda roca en un nuevo comienzo.


martes, 1 de noviembre de 2016

Una llamada se hace corta para uno, demasiado larga e incómoda para el otro.



Me dice que las cosas van mejor, que al final se adapta uno a todo, que se acostumbró a tener las esperanzas justas, ni más ni menos; las suficientes como para no desilusionarse cada día. Que la vida tiene su inercia, que hay que conformarse con conformarse, que aún se acuerda de mí cuando empieza a hacer calor, cada año un poco menos.

Que yo era un encantador de serpientes prometiendo siempre el cielo.

Que el cielo siempre estuvo lejos.

Que sólo pudo seguirme un tiempo, que no creyó en mí. 

Demasiado años, demasiados mañana tal vez y demasiados hoy no.

El teléfono es frío como estas primeras noches de noviembre, oscurece su voz, esa voz que aún sabe a su boca, a la calidez de las palmas de unas manos contra una piel que se eriza, una lucha cuerpo a cuerpo, la batalla ganada de una guerra perdida.

Y todo el tiempo del mundo y yo tan cerca del cielo, tan cerca del mismo infierno, tan demasiado y tan demasiado poco; no hay lugar para los sueños sigue diciendo. Me acostumbré a mis hijos, a verlos crecer como quien ve crecer los campos de trigo, como quien ve llegar las barcas con las redes recogidas, ve caer la noche y la chimenea haciendo un hogar de cualquier habitación.

Verlos dormir sin temor.

Quizá vivir sea eso. Una tranquila sucesión de rutinas que te tranquilizan el alma, que te hacer ser alguien sin mayúsculas, alguien que sólo espera que el golpe del azar sea esta vez en positivo aunque con pocas posibilidades de que así sea.

Ver pasar las estaciones.

Ver hacerse hombres y mujeres a los niños.

Tener una vejez tranquila.

Morir en una cama.

No haber deseado nunca ser otra persona distinta de la que se ha sido.

jueves, 6 de octubre de 2016

La suspendida voz de B.W. en aquellas frías noches de invierno.



Me gustaría volver a encontrar a voz con la empecé este blog. No sé si entonces era una buena o mal alternativa a la mía, pero en cualquier caso era algo distinto a lo que había sentido dentro de mí. Era algo tan poderoso que casi me sustituye. Y en ese momento necesitaba que algo o alguien ocupara mi lugar sin hacer preguntas, sólo para coger el volante y llevarme de copiloto hacia donde fuera. Algo o alguien que me dejara durmiendo en el asiento de al lado y condujera toda la noche. Eso era todo lo que necesitaba

A veces las cosas surgen sin saber de dónde vienen, llegan cuando más lo necesitas, a veces también ese cuando es algo destinado a ser un cómo o un porqué, viene a sujetar cosas (aunque sea a medias) que uno no sabe cómo sostenerlas. Y ese día te conviertes en otro, en uno que sí puede, en alguien que tiene la suficiente fuerza como para aguantar lo que venga.

Algo así siento estos días. Creo que se acerca un tiempo en el que tengo que volver a ser eso.

Golpear antes de ser golpeado.

La vida es una sucia bastarda a la que hay que enseñarle los dientes. No importa cómo. No importa dónde, sólo importa que no saldremos vivos al enfrentarnos a ella. Sólo es cuestión de tiempo que las cosas se pongan feas y tengas que volver a ser ese hombre que has estado destinado a ser y al que le importa una mierda si lo hará bien o mal. Sólo se trata de aguantar de pie sin que se note que ya estás muerto.

Porque no te quepa la menor duda: ninguno de nosotros puede asegurar que mañana no será cierto.

miércoles, 28 de septiembre de 2016

Incendios controlados


Podría decir que la echo de menos y, en parte, esa pequeña parte a la que uno se aferra cuando nada queda a lo que agarrarse, pero bueno, al final uno tiene que elegir entre estar y marcharse.

Posiblemente dejar ir es lo que más duele cuando uno se apega a algo, aunque sea a la idea de que en el futuro las cosas cambiarán para llegar a un estado anterior, es decir, que el cambio no ha surtido efecto y volvemos al punto inicial.

Sólo que las cosas cambian para siempre.

Y uno ha de dejar ir para llenar su vida de otras vidas y otros momentos que también tendrán fecha de caducidad.

Supongo que es por eso que la vida es cambio aunque el día a día nos dé una visión de algo estático sujetas por rutinas, como un clip sujeta folios sueltos o las anillas de los clasificadores agrupan trimestres...

Pero entre usted y yo no hubo nada, no al menos nada que pueda archivarse más allá de unos momentos desesperados en los que casi nos volvimos otros.

Cambiamos. Y mientras cambiábamos nos volvimos parte del pasado de cada uno, cada vez más invisibles el uno para el otro, más algo y menos alguien.

Espero que el tiempo acabe por borrarnos los reproches, espero que la vida le vaya bien, de veras, no como eso que se suele decir, sino como todo eso que le deseas a quien quieres o, como es el caso, a quien un día quisiste.

Agradezco todo lo vivido cuando nos veíamos, supongo que aprendí más de lo que creo, fui más yo y menos otro, espero que cuando llegue el día en que me despida de este escenario, si es verdad eso de que pasa por delante de uno toda su vida, la época en la que está usted la recordaré como una de las mejores de mi vida.



Al final



Imagino que al final todo tenía que ver con esto. Con dar por bueno o no lo vivido, firmar en la línea de puntos y girar de nuevo la rueda de las existencias.

Haber aprovechado la oportunidad tratando de cambiar el mundo aunque sea sólo un poco.

Haber contribuido algo a la felicidad de otros, haber conocido el amor y la pérdida, querer ser alguien más y dar lo que fuera no ser uno de tantos.

Dar y recibir.

Ser quien estabas destinado a ser y que parezca que haya sido una elección.

Nunca es una elección.

viernes, 9 de septiembre de 2016

Cuando por fin lleguemos a nuestro destino



A veces creo que el pasado es consecuencia del futuro. Es decir, como si en el futuro tomáramos la decisión de ser quienes somos y aceptáramos pasar por todo lo que hemos de pasar hasta alcanzarlo. Como si el futuro y el pasado estuvieran pasando al mismo tiempo y tomáramos decisiones que modifican uno y otro continuamente.

Y al descubrir que eso es así nos encontráramos con momentos de transición, huecos en los que caben... quién sabe qué cabe. Que el sentido de la vida estuviera precisamente en esos momentos, ahí, en esos minutos sin objetivo que no pertenecen a ninguna magnitud, sólo al ser con que habitamos esta pobre conjunción de dimensiones.

Como si el tiempo pudiera estar en el pasado, en el futuro, en los dos a la vez... y en ninguno.

Todo evitable y todo posible.

Eternos si nos reencarnamos

Una fogata que se consume si sólo hay esto.

domingo, 7 de agosto de 2016

Mil kilómetros para decir adiós.


Ayer estuve todo casi todo el día conduciendo. Salí a las seis de la mañana de casa y entré en el hotel a las nueve de la noche. Me equivoqué en un cruce y atravesé la sierra de Gredos por un carretera serpenteante y con precipicios a ambos lados. Creo que la llaman la calzada romana. Me gusta más coger curvas que recorrer kilómetros en línea recta. Supongo que es mi carácter, no sé, debo preferir lo complicado. Hay algo de riesgo en los trayectos desconocidos y abruptos que me atrae.

Me recordó a mi viaje por la costa desde Los Angeles a San Francisco. Me gusta conducir solo y a mi aire, parando poco, sin que nadie me moleste. Dicen que los hombres, al igual que los chimpancés, a medida que nos hacemos viejos tensamos cada vez más las relaciones con los demás.

Supongo que por eso pienso que soy un alma vieja: porque no me gusta mucho la gente en general, sólo unas pocas personas. No soporto lo cercano, lo inmediato, lo insustancial me desespera.

El caso es que ayer tuve mucho tiempo para pensar. Me pasé todo el camino triste sin un motivo que lo explicara. Llevaba días esperando una respuesta a una pregunta que nunca debí formular. Sé que esa respuesta ya no llegará a tiempo, porque ya me despedí; a decir verdad, me pasé despidiéndome casi mil kilómetros.

Imagino que uno se despide no de la otra persona, sino de lo que esa persona significa en su vida. Creo que en el fondo, uno sólo toma conciencia de que, en realidad, se cierra una etapa de años y que es mejor no insistir más. No deberíamos insistir más allá de lo necesario. Uno nunca sabe dónde termina la dignidad y empieza la mendicidad emocional.

Creo que lo que peor llevo es no significar nada, no dejar huella, morir para esa otra persona sólo para resucitar cuando le haga falta y volver a caer.

No sé si existe el síndrome de Quasimodo, el personaje de la novela de Víctor Hugo, Nuestra Señora de París, pero el caso es que me siento así, y supongo que, en el fondo, algo de razón hay. Y como el título de este blog, Quasimodo decide morir cuando muere su amor imposible Esmeralda.

Es decir, muere por ella.

No sé qué decir, una vez llegado aquí, creo que ya no hay nada más que contar.

Ésta era la herida.

Siempre lo ha sido.

En realidad, todo lo que he escrito se resume en esto.

Por eso escribo, por eso tengo la necesidad de escribir...

la necesidad de ser otro.

Creo que esa también es la razón por la que rehuyo el contacto humano, salvo contadas ocasiones.

El porqué siento esa animadversión por el género humano y al mismo tiempo siento la necesidad de ser aceptado como parte de él.

Nunca perdono, pero siempre estoy dispuesto a echar una mano.

Hasta mi casa tiene su propia torre de Nôtre Dame.

Quiero decir que, bueno, esto era todo.

No sé si acabaré publicando esto...



y claro, éste es el vídeo.

Aprendiendo a vivir con ello.

La última versión



Y no más giros de la rueda.



Sé que el tiempo abrirá de nuevo la herida, que volveré a intentarlo una y otra vez, que te encontraré y te perderé de nuevo.

Que pasaremos apenas unas horas juntos.

Que somos almas viejas.

Que mientras tanto vivimos vidas con más o menos sentido.

Que a veces se me hace demasiado largo todo eso de olvidar lo que en su mayor parte es (y debe ser) olvido.

En esta vida aprendí que siempre hay que aprender de nuevo.

Partir aunque no se sepa a dónde.

Abrirse a todas las posibilidades.



Que toda herida acaba por cicatrizar.

Que morir no es la muerte

y que la muerte no es morirse.

No me acostumbro a decirte adiós aunque lo haga todo los días.

Ni aunque sepa que, de una forma u otra, salvo muy contadas excepciones, me lees y piensas que soy un alma vieja.

al que tu alma ya conoce.

Ya sea en la otra orilla del océano, o sentados cada uno en su borde de la cama.

viernes, 5 de agosto de 2016

Siempre quiero verte



Hacía tiempo que no escribía dos posts el mismo día. He de suponer que agosto es lo que es y no puedo darle menos importancia de la que tiene; hoy es día cuatro y que como a quien le duele un hueso roto cuando va a llover, a mí me duele algo mal curado que tiene que ver con otro agosto... con tantos agostos que ni ya recuerdo cuántos.

Y ya sabes, las cosas siempre tienen un lado claro, un final feliz, un premio merecido, una segunda oportunidad...

Un llover sin llover sobre mojado.

miércoles, 3 de agosto de 2016

La indefensión aprendida



Supongo que empecé el blog por todo eso de que quería ser escritor y bueno, hice los cursos de la Escola d´Escriptors del Ateneu Barcelonès y empecé una novela... y mientras tanto la vida transcurrió a su aire y lo fui relatando con más o menos acierto aquí. Porque en estos ocho años y medio me han sucedido muchas cosas y muchas personas.

Cuando empecé el blog, no tenía ni idea de que iba a hacer tres patentes, que confiarían en mi tanta gente, que mis socios serían quienes son: no los conocía. Creo que tenía claro que quería hacer algo grande en el mundo del agua. No sé, supongo que siempre se espera ser algo o alguien distinto al que estás destinado a ser, o al que los demás quieren que seas. 

Todos los días son para mí un punto de partida. No sé cómo decirlo, mi vida se ha convertido en algo muy distinto a lo que era, y aunque soy la misma persona creo que soy una versión más mejorada de mí mismo en lo que a trabajo se refiere.

Sin embargo hay cosas que no cambian. El mes de agosto sigue siendo un mes malo, he elaborado muchas teorías al respecto, puede que sea el calor, o el no poder desconectar del todo, el poder hacer vacaciones quince días y no saber qué hacer con ellas. En agosto me vuelvo aquella otra persona que fui o solía ser. Me convierto en un ser triste, alguien que prefiere la soledad y al mismo tiempo la detesta.

Este mes de agosto empieza igual y con algo más de presión añadida porque nos han escogido para gestionar el aterrizaje de una multinacional farmacéutica en Catalunya y todo lo quieren para ya mismo. Así que es posible que no tenga vacaciones... luego montamos stand en Smart Cities en la Fira de Barcelona en noviembre, los equipos definitivos para salir al mercado en septiembre... 

Me gustaría creer que todo esto tiene un sentido.

Pero sé que no lo tiene.

Me gustaría pensar que detrás del tinglado que estoy montando habrá un retorno de alguna forma.

Como cuando quieres a alguien y esperas ser correspondido.


Supongo que aprendí, literalmente, a vivir sin querer ni que te quieran, y a llevarlo bien durante casi todo el año. 

Pero siempre llega agosto 

para pillarme desprevenido 

trayendo consigo eso que nunca supe entender y que algunos llaman indefensión aprendida.

Y a lo que yo llamo la espera.

La gran espera

Ese océano de tiempo en el que se mece el destino, que sin saber cómo, nos une a ti y a mí a través de una invisible eternidad de lugares y de nombres. 


lunes, 1 de agosto de 2016

Querido verano



No era negociable, y tú y yo lo sabíamos. Siempre fuiste una niña jugando a ser adulta y yo un adulto queriendo volver a ser lo que dejé de ser.

Todo final es, necesariamente un principio, y si te paras a pensarlo, vivimos siempre en uno u otro.

A veces al mismo tiempo, pero en lugares equivocados.


martes, 26 de julio de 2016

Las distancias del tiempo



Hemos perdido la esperanza, los hombres de la tripulación envejecen debido a que no funcionan los sistemas de regeneración celular, el deterioro es similar al que sufríamos antes de los viajes en el espacio-tiempo. De repente hemos vuelto a ser mortales a corto plazo.

Tras el accidente todos fuimos conscientes de que ya nada volvería a ser lo mismo. Una vida finita es algo extraño para quien está acostumbrado a una más o menos segura eternidad, ahora la vida se reducirá a unos pocos años en constante deterioro, la proximidad de la muerte es inevitable.

 Los hombres de la tripulación se hacen preguntas, si algo habíamos conseguido con la inmortalidad era precisamente eso, aislar lo trascendente de lo cotidiano. Sólo meras máquinas biológicas encargadas de que todo funcione correctamente. Viajar y conocer, expandirnos como especie, conquistar como método de supervivencia... no cabía nada más. La reflexión sobre el porqué no estaba a nuestro alcance.

Sólo el cómo y el cuando.

A veces un dónde.

Y claro, de vez en cuando un con quién.

 Nos habíamos convertido en un sistema de humanos-máquinas y estaba bien así. Una sola conciencia y muchos cuerpos, muchos sensores conectados a una máquina directriz que no distinguía lo biológico de los técnico, que funcionaba de acuerdo a unas directrices claras, que sabía que debía hacer y lo hacía.

Eso fue antes de...

Aunque creo que, para serte sincero, tengo la sensación de que todo había comenzado antes del accidente. No sabría decirte por qué pienso eso. Es como si el accidente hubiera sido consecuencia del deterioro y no al revés. De hecho, si los sensores no mienten, hubo una "distracción" del sistema antes del impacto. Y eso, a priori, es imposible.

Porque el sistema soy yo.

Y en cierta forma, también tú.

No sé si llegarás nunca a escuchar este mensaje, y si entenderás eso del tú y del yo, que seamos cosas distintas. Bueno, supongo que intuías que pasaba algo. Creo que todo pasó en mi órbita, cuando decidí salir a buscar esa maldita sonda perdida, cuando desobedecí los protocolos que indican en darla por perdida, en construir otra idéntica y sustituirla en las misiones programadas.

Empiezo a sospechar que el inicio de todo lo extraordinario empieza, precisamente, por desafiar el principio de obediencia.

Un debería que sustituye a un debo.

Una pérdida momentánea en seguimiento del orden de las tareas pendientes.

Supongo que eso es lo que está ocurriendo en este momento.

No sé si lo entenderás.

Es más, no sé si lo que eres será capaz de entender que es a ella y sólo a ella a quien va dirigido este mensaje.

Deseo que sea así, pero no sé de dónde nace ese deseo.

domingo, 24 de julio de 2016

Y que el tiempo se encargue de todo lo demás



Teníamos todo el tiempo del mundo, eso sí: tenso como una cuerda de funambulista, la última vez muy cerca de la primera vez; y en medio de ellas un presente de citas proscritas, de camas de hoteles escondidos, de puertas entreabiertas y miradas a un lado y a otro antes de salir por ellas.

Y teníamos también la certeza de que la huida no siempre era hacia adelante, que tarde o temprano, un descuido nos haría un agujero de bala en la realidad de cada día, que nos descubriría un detalle minúsculo, mínimo, insignificante, y que todo saltaría por los aires. Y lo peor de todo: que le sucedería sólo a uno de los dos y puede que tal vez de forma voluntaria, es decir, que uno de los dos, el más convencido de que aquello merecía la pena, dejaría una pista irremediable hacia el destino.

Lo que no sabíamos era que el otro era un cobarde y callaría y diría "espera" y "no llames a casa" día tras día hasta que dejara de coger el teléfono y de tanto insistir, una vez levantara el auricular lo hiciera para terminar con todo.

Lo peor es que no lo siento. Me gustaría tener remordimientos, pero el que deja nunca los tiene, el que deja atrás algo sólo es capaz de ver su miedo. ¿Importa el otro? Claro que importa, pero cada vez menos, cada vez es más enemigo que el amor de nuestra vida y por quien lo hubiéramos dejado todo lo conseguido.

Sé que el otro te ha perdonado, qué humillación pensé, que lo estáis intentando otra vez, y sé que funcionará durante un tiempo porque hay silencios que siempre gritarán lo que los reproches callan.

Y supongo que era lo más lógico que pasara, pero desde que sé que has vuelto a tu casa tengo ganas de volver a verte en hoteles escondidos y en citas a oscuras, y saber que vendrás y te desnudarás y follaremos sin más, y que saldremos uno detrás del otro con el suficiente intervalo como para levantar sospechas, a recoger a los niños del colegio, o a esa última reunión de la tarde.

Que sólo es cuestión de insistir.

viernes, 22 de julio de 2016

A la luz de los hechos



Todos somos el amor de la vida de alguien, y por mucho que nos pese, ni correspondemos y somos correspondidos como quisiéramos.

Somos aquello que no deseamos ser.

Somos aquello que deseamos que desearan.

Siempre en el momento y la persona equivocados.






miércoles, 20 de julio de 2016

Y no contar estrellas



No sé qué fue primero: si la melancolía me llevó a escuchar canciones tristes o si escuchar canciones tristes me condujo a ella. Supongo que, en el fondo, a día de hoy no importa.

Lo que sí sé que trajo es sentir algo tan inmenso que me deja sin palabras.

Como tumbarme en la terraza por la noche y no contar estrellas.





Sentirme pequeño y al mismo tiempo sentir que soy algo vivo.

Diría que el ser que vive en mí y que forma parte de ese Todo gigantesco, el observador que se observa a sí mismo y se pregunta (o no) qué es eso de sentir, obtiene una respuesta que se asemeja mucho a la que surge cuando también se pregunta qué es la belleza.

Una respuesta muda.

Ese silencio.

Esperar sin esperanza a que cruce el cielo una estrella fugaz.

Un bólido.

O tu recuerdo.

Acordarme de ti es casi lo mismo.

Un vacío.

Silencio a gritos, pero silencio.

Un océano de belleza.

Estar ante algo tan inmenso que me deja sin el finito recurso del habla.

Se parece tanto a la melancolía...

Lo único tuyo que, en realidad, me pertenece.

Como la cola de un cometa pertenece a algo que sigue existiendo,

pero tan lejos

que tendré que esperar a otra vida para que vuelvas a pasar por el mismo lugar y en el que yo sea.

Voy empezando a aceptarlo.

Tumbado boca arriba

midiendo edades cósmicas en minutos y segundos

la esperanza de que, fugaz, existas.



miércoles, 22 de junio de 2016

La locura de creer algo, lo que sea.



No crea todo lo que le dicen; mucho menos lo que se dice usted a sí misma. Todos tenemos un enemigo dentro que sabe por dónde vamos a ser más vulnerables y vamos a rendirnos a evidencias que no son tales.

Yo sé que usted está ya muy lejos, sé cuando huye por los silencios que provoca su salir corriendo escaleras abajo hacia la calle. No me lo tenga en cuenta si le digo que usted, para mí, siempre fue silencio, cosas no dichas, un intento infructuoso sobre algo a lo que nunca pude (o supe) ponerle nombre.

Supongo que me acerco siempre cuando usted ya está lejos.

Porque recuerdo que yo, un invierno, fui ese lugar lejano al que escapar, esas calles a bocajarro, ese no dormir apenas. La euforia que usted cree que esconde lo triste, y que en mi modesta opinión de ignorante, es del todo innecesaria.

Pero usted sabe más.

Y más siempre fue suficiente.

Esta vez creo que es la definitiva, porque usted no espera que sea yo el que se vaya lejos. Y yo me voy.

Y no es eso lo que quería escribir. Lo que quería decir es que ya he dejado de perseguir estelas de naves a las que nunca podré alcanzar a la velocidad que nado.

Y bueno, creo que no le importará.

De hecho, hace tiempo que sospecho que, en realidad, sólo soy el número once de una lista...

Y ¿sabe? yo no quiero eso.



Así que le deseo lo mejor, que es eso que se dice cuando queremos dar a entender que alguien ya no nos importa.

Me ha costado casi un blog decirlo.

Aunque usted me importe más de lo que ninguno de los dos querrá admitir nunca.

Pero ya sabe, siempre acabo diciéndoselo.

Es lo que tienen los niños y los borrachos, que siempre se creen sus propias esperanzas y de que la realidad, en realidad, esté construida con retales de deseos que acaban por cumplirse.

Y no es que le diga no a usted, es que le digo sí a todo lo demás.

Y bueno. Supongo que eso es todo.




jueves, 16 de junio de 2016

Ni todas las estrellas ni ninguna cara oculta de luna


A veces todo se me hace cuesta arriba y cuesta abajo al mismo tiempo.



Un verano, cuando empezó todo...


miércoles, 15 de junio de 2016

La inercia



Llevaba días sin escribir. Creo que mi vida se puede describir precisamente por intervalos en los que no soy capaz de ponerme delante del ordenador con la suficiente calma como para decir algo. Casi nunca escribo lo que pienso, o lo que siento, interpreto a un personaje que se parece a mí y que tiene sentimientos más nobles de los que yo tendría si pudiera o supera plasmarlos en un puñado de letras.

No sé, supongo que me iría mejor si pudiera hacerlo. Pero no sé. Así que escribo como si fuera otro, alguien que no sabe lo que quiere pero que, a diferencia de mí, trata de averiguarlo para salvarse él y todo lo que le envuelve. Me gustaría ser él una vez haya encontrado ese equilibrio que busca, pero sé que no lo seré nunca. Es por eso que a veces me paso semanas sin poder entrar en el blog. Cada día que pasa es un día más de búsqueda de otra solución que no sea la de comprender qué pasa.

Últimamente he empezado a levantarme más temprano. Planifico el día, hago algo así como un examen de conciencia antes de ponerme en marcha. Planifico mails, llamadas telefónicas y  visitas. En eso se ha ido convirtiendo mi vida...

... sin embargo hoy he tenido la necesidad de escribir algo. Tal vez porque intuya que a veces me lees y me echas de menos.

Me hubiera gustado que me echaras de menos.

Pero supongo que las cosas son mejor así...

El otro día, cuando estuve con la profesora de voz me sorprendí explicándole que todo parte de ti.

De aquel día en el que alguien, y no tú, me dijo que estabas en otra historia.

Todavía, cuando lo pienso, sigo sintiendo un millón de abejas atrapadas en mi cuerpo.

Y han pasado muchos años.

Sigo sin saber qué o quién me salvará de esto. De este sinsentido.

De esto que ya no tiene nombre.

De este vivir sin ser consciente de que, debajo de la máscara, estoy viviendo por inercia.

lunes, 9 de mayo de 2016

Casablanca



Ayer me miraba de forma distinta. No sé. Creí ver esa luz al final de túnel, desde donde se regresa del lugar al que vamos cuando olvidamos ser nosotros mismos y nos dejamos llevar hasta el límite de lo que deseamos ser.

Ayer me miraba como miran los que persiguen que nunca se les quiera porque quererlos supone tener que devolver "eso" (sea lo que sea) que no se puede (o no se sabrá nunca) corresponder.

Me cogió de la mano y me dijo que no me fuera aún.

Lo dijo como quien no quiere que ese momento acabe nunca y eso fuera verdad. Al menos yo la creí.

Luego se fue, como todos los días (pocos) en los que nos encontramos a medio camino entre su alambrada y la mía. Empezó a llover en mi trayecto a casa, una lluvia intermitente y demasiado cálida para un mes de mayo. Pensé en que ella volvería en tren, en el brillo de las vías mojadas, en que no haría frío y en que todos los momentos se pierden para siempre si nadie los recuerda, ... en que las cosas hubieran podido ser de otra manera sin que supiera qué o cómo hubiera podido cambiarlas.

Tuve la sensación de que se me haría triste volver a todo eso de conocer gente nueva, hacer nuevos amigos, trazar una nueva línea del destino alejado de ella.

Más tarde pensé que se me estaba escapando la vida en cada uno de esos silencios suspendidos en los que siempre acaban cada una de mis frases; en que no me quedaba mucho ya, y en que lo peor de todo no era la falta de tiempo sino la resignación a que todo cruce de caminos acabara siempre en caminos divergentes, en adioses más o menos definitivos.

A que todo fuese siempre lo mismo, a que pocas cosas cambiaran aunque quisiera que cambiaran, a que el azar siempre tuviera la última palabra.

A que seamos hojas al viento bailando al son de una interminable ráfaga de esperanza.





miércoles, 4 de mayo de 2016

La chica de más allá de las nubes



Ana, que tenía los ojos grises como las piedras redondas del lecho de un río; y las manos hechas para acariciar todo lo que tocaba su voz; hablaba poco, eso es cierto, por timidez o porque no sabía qué decir que pudiera interesarle a alguien. Una una vez la vi beber del mar, tengo un vivo recuerdo de ese momento. Es más, creo que dentro de mí, eso la define. No sé el porqué.

Intuyo que tuvo una vez a un niño dentro, a veces la sorprendo moviendo los labios, sé aún le habla todos los días, y que por eso se acostumbró a regar el jardín de una casa, la suya, con muchas ventanas, dicen que las rosas le salían bien porque cuidar se le daba bien, hasta que la guerra en otro país, muy lejos, le hizo un crack a la altura del esternón y se puso a hablarle a niños de carne y hueso, con un chaleco azul con letras muy grandes que no decían nada. Yo ya estaba enamorado de ella antes de conocerla. No sabría decir cómo, pero lo estaba, a veces le decía que éramos las reencarnaciones de dos hermanos gemelos y creo que lo hacía porque me gustaba estar al lado de ella y porque notaba que ella necesitaba estar junto a mí, sin motivo, como todo lo demás que ella sintiese, en silencio, con ganas de abrir la puerta y sacar a pasear lo que tenía dentro.

Y entonces hablaba.

Supongo que era la única vez que dejaba de hablarle a ese niño, yo no lo sabía entonces, pero a veces necesitamos hablar hacia afuera para dejar de hablarnos hacia adentro.

Ana vive a mi lado, duerme junto a mi, pero no conmigo. Éramos, somos, algo así como impermeables el uno para el otro. Dos extraños que añoran a seres invisibles, que buscan el amor en un pasado que sólo existió como posibilidad. Aun así nos llevamos bien. Nos comunicamos incluso cuando no nos decimos nada. Es como si la sola presencia del otro fuera suficiente voz.


viernes, 29 de abril de 2016

Demasido poco



Supongo que las cosas son así: un camino infinito con infinitas bifurcaciones y sólo dos pies y un ser para recorrerlos.

Elegir, elegir, elegir.

Abro demasiados libros que nunca acabo

Empiezo demasiados proyectos al mismo tiempo.

Toco a demasiadas puertas sin atreverme a entrar, sólo por ver quién sale a abrirlas.

El mundo tiene demasiados kilómetros cuadrados, demasiados países, demasiada gente como para recorrerlo todo, para vivirlo todo...

... espero que cuando llegue el día de mi muerte pueda arrepentirme de pocas cosas...

... haber vivido una vida más o menos rica.

Volver al lugar de donde sea que vengamos con historias que contar al calor de una fogata cósmica.



miércoles, 27 de abril de 2016

Gnouma



Buscábamos la manera de salir del laberinto, ella iba delante de mi, no sé por qué siempre cierro los grupos, quizá porque soy muy de mirar hacia atrás y en seguida me percato de si alguien me persigue. Un laberinto es todo lo contrario: no es alguien que te sigue, siempre es alguien que te acecha. Es una trampa, y como tal, no tiene salida, sólo es una ruleta a la que juegas sin muchos visos de tener suerte.

Llegados a este punto debería decir que yo nunca tengo suerte.

Aunque lo parezca.

Hace tiempo que he aprendido a dominar el futuro como el que doma a un caballo. No sé si decir que me he iniciado en un arte antiguo que moldea lo que está por llegar... 

... quizá por eso sé que los laberintos escapan a toda lógica.

Las espirales tienen su propia gravedad y saben engullir lo que cae en su radio de acción.

Pero el caso es que estábamos allí, supongo que yo iba detrás para protegerla en caso de que nos alcanzaran. 

Y supongo también que encontramos la salida por casualidad y que pudimos ser felices para siempre gracias a esa propensión a saber crear nuestro propio futuro.

Pero a veces me pregunto si, en realidad, no estamos aquí para aprender a sortear obstáculos y que conocer cómo ir por atajos no es una trampa... una ayuda extra para un examen del que no conocemos las respuestas.

El mapa de un tesoro que pierde valor a medida que vamos acercándonos a él.


martes, 26 de abril de 2016

El arte de no perdonar


He oído por ahí que te perdiste, que tienes más que ganar que perder apuestes a lo que apuestes, que el dinero fácil se va fácil, que lo difícil es devolverlo... siempre con intereses.

Creo haberte visto el otro día. Has cambiado tanto que apenas pude reconocerte. Sé que empezaste en otro trabajo, por fin parece que sientas de nuevo la cabeza.

Que tuviste un hijo

Una niña

Que ya no bebes tanto, o que disimulas mejor cuando lo haces.

Que al final estás con alguien.

Alguien que te quiere lo suficiente como para que no te sientas a solas cada vez que recobras el sentido de la realidad.

Esas pocas veces.

Y bueno, ¿sabes? estuve a punto de sentir algo así como compasión, pensé "ya está, no merece la pena seguir así"

Pero luego me acordé del colegio y de lo mucho que me jodiste, y de las palabras que salían por tu boca, y todos los años, y lo pequeño e invisible que tuve que volverme.

Y del miedo.

Y de la vergüenza.

Entonces me di cuenta que no podía perdonar, que no sabía hacerlo, y que no quería. Que el tiempo erosionó el recuerdo, sólo eso: le limó las aristas... que en el fondo, quien no perdona es aquel niño a ese otro niño; que tú y yo no tenemos nada que ver.

Yo ya comprendí.

Pero no olvidé.

Y soy yo quien no puedo perdonarme sentir aún ese odio.

lunes, 18 de abril de 2016

Y sin embargo hay días



Y pasó el tiempo...

... y yo no quise,

o no pude,

o no supe,

haberlo hecho de otra forma.

Pero así a los dos nos fue mejor.




Y supongo que bien está lo que bien acaba...

... aunque no termine de acabar nunca.

jueves, 14 de abril de 2016

Distintos gatos con incierto número de vidas



Existen rincones en mi alma donde aún todo es posible, en los que el bicho aún no ha pisado, en donde todavía puedo ser esa buena persona en la que se iba a convertir el niño que un día fui. Existe aún un hombre al que se le puede mirar a los ojos y ver en el fondo de ellos respirar a un ser humano.

Pero debes permanecer en silencio.

Debes no despertar al bicho.

Si lo haces todo vuelve a comenzar, el agua vuelve a enturbiarse y necesitarás mucho tiempo hasta regresar a ese instante en el que puedas ver en qué podría haberme convertido.

En que podríamos habernos convertido.

Ni tú ni yo.

Nunca al mismo tiempo.

El bicho y la esfinge devorándose en una riña ensordecedora.

Me gustaría creer que alguna vez estuvimos casi a punto de lograrlo; ser los buenos padres de unos buenos hijos que jamás debieran rebuscar en su alma, como perros famélicos entre la basura, rincones donde todo fuese posible .

Buscando la calma.

Bajándose del torbellino.

Cada día más cerca del final. Cada día más cerca de tener que salir huyendo por miedo a querer al monstruo equivocado.

miércoles, 6 de abril de 2016

Cambiaría el nombre del blog.


En lugar de "moriría por ella" lo titularía "moriría por sentir voces dentro de mi cabeza que suenen a Billy Mcgregor".

Mi profesor de novela me decía que lo único que es efectivo a la hora de escribir es ser capaces de conmover al lector y que, para eso, antes de nada hay que haber vivido, ser alguien que sepa transmitir esa pasión por la vida y no ser capaz de no contársela a todo el mundo, creer que la humanidad no puede pasar un sólo día más sin conocer lo que quieres comunicar. Ni cómo.

Supongo que es lo que pasa cuando lees a Billy, que de alguna forma algo dentro de mí se conmueve profundamente. Me gustaría que el narrador que narra dentro de mi cabeza todo aquello que me pasa mientras vivo, tuviese esa cadencia.

Me ha pasado con pocos autores.

John Fante, Paul Auster, Benedetti, García Márquez... narradores cámara con soliloquios de voz más allá de la reflexión...

La calma que teme a la tempesatad.

Esas cosas...








martes, 5 de abril de 2016

El último día en el que dije adiós



Imagino que el tiempo se cargará de razones e imagino también que la razón se encargará de que pase el tiempo, pero siempre tendré la sensación de que todo pasó demasiado lento, de que a veces el mundo gira a velocidades aleatorias que nunca controlaré, que los días de lluvia son despedidas que se asumen por goteo y pierden la consistencia del ahora porque empujamos más adelante las esperanzas; que hoy no, que hoy no toca, que hoy es agua, y sofá y manta, y algo caliente y ser uno mismo.

Llevo unos meses sin ser yo, me he convertido en alguien que no sé quién es. Me gustaría poder abrir la cáscara y ver qué hay en el interior del personaje que he acabado por asumir. No sé si esto perdurará o se irá diluyendo a medida que el proyecto del agua se haga más y más grande. Me pregunto si aún me iré convirtiendo en otra persona más, además de la que soy en realidad o en ese otro que ahora soy y no sé quién es.

De lo que sí estoy seguro es que volar es algo que me da miedo. Iba a decir "que me perturba", pero sería suavizarlo. Tengo miedo, no un miedo irrefrenable, sino uno de baja intensidad y que trata de decirme que me esconda para cuando se pongan las cosas realmente mal.

Supongo que esa es la película de mi vida: esperar el gran golpe que definitivamente acabe con mis esperanzas.

Pero hoy llueve, los días de lluvia no deberían ser aptos para escribir en el blog.

Cada vez más rodeado de gente.

Cada vez más cómodo en mi pequeño mundo.

Y el tiempo se ralentiza y digo adiós con la mano como desde un barco de vela un día sin viento...



Tengo miedo del mundo que viene. La expulsión de refugiados me deja descolocado, la guerra, los niños...

... empiezo a estar muy harto.

lunes, 28 de marzo de 2016

Y ya es primavera...



Podría haber sido todo distinto. Podría haber evitado volver al mismo lugar una y otra vez y todo hubiera sido mejor, más amable. No sabría explicar el porqué siempre acabo llegando a sitios donde ya sabía de antemano que acabaría todo más o menos mal.

Me pregunto si mi aprendizaje en esta vida es, precisamente, el dejar marchar en el momento adecuado; cortar amarres que no sujetan ya nada. Tal vez ese es el destino que tenía reservado desde el día en que nací, aunque puede que, en realidad, todo eso no sea más que una excusa y sólo vaya de un lado para otro añadiéndome al primero que pasa.

Sin embargo creo firmemente en que nuestro subconsciente lo sabe todo y nuestra vida es una batalla constante contra él, queriendo llegar a un pacto entre lo que somos y lo que queremos ser, entre lo que sabemos e ignoramos y entre lo que creemos ignorar pero internamente sabemos.

La novela que empecé a escribir en este blog es una muestra de ello. Del pasado que uno no quiere dejar ir hacia el futuro al que teme que no sea más que una repetición del pasado.

Toda historia es iniciática. Como todo viaje. El inicio de una nueva ruta hacia lo desconocido con lo aprendido como único compañero de viaje y con la esperanza como único combustible.

Me gustaría creer que tarde o temprano me reencontraré con algunos de los personajes que no sé cómo vinieron a mi cabeza y tomaron la historia como suya. Me pregunto si el asesino quiso ser desde el principio el asesino y si ella quiso ser el personaje de ella.

El resto, supongo que nacieron y crecieron a medida que iba escribiendo, un poco como cada uno de nosotros, que nos vamos convirtiendo en nosotros a medida que vivimos.

A medida que resolvemos incógnitas.

Y nos planteamos otras.

domingo, 27 de marzo de 2016

Y pasaron diez años... Once



Pasaron diez años desde que vi esta película (más o menos) y no recuerdo con quién la vi. Puede que la viera dos veces...

Dentro de diez años no sé si recordaré nada de lo que estoy haciendo ahora.

No sé ni siquiera si seguiré vivo.

En los últimos días voy dejando atrás partes del pasado. Si me hubieran dicho hace tan sólo un año que estaría haciendo esto hubiera pensado que estaban locos. Miro hacia adelante

A veces me pregunto qué hubiera sido de mí sin internet, lo que me ha cambiado el destino.

No sé si es una sensación mía o diez años dan para mucho.



Quedaron atrás. Los que importan son los que vienen a partir de ahora.


jueves, 24 de marzo de 2016

El reflexivo interrogatorio del hada de la voz


... y dejar ir. Sin más, sin esfuerzos. Dejar que las cosas vayan ocupando su lugar, su razón de ser y su oportunidad conquistando, a la vez esa parcela de tiempo dentro de nosotros que les pertenece.

Llevo unos días de reflexión. Diría que de redescubrimiento. Días de volver a ser el que solía y ser y plantearme quién de los dos (mi yo de ayer o el yo de hoy) es mejor que el otro y en qué.

Imagino que a estas alturas todos sabemos que vivo en el pasado y que toda vista hacia atrás tiende a fijar las cosas buenas y diluir las malas. No sé si importa todo eso ahora, el caso es que hace mucho tiempo que me resultaba cómodo volver al blog y soltar lastre, entrar y ser el triste que, en el fondo, nunca he sido.

Supongo que a todos nos gustan los personajes y sus conflictos. No quiero decir que no los haya tenido o los tenga, pero vamos a ser sinceros, son los de alguien que vive en un mundo protegido, con injusticias más o menos controladas, de desamores y amores comunes, de día a día en un país de que nunca se ha movilizado a nada.

Alguien que vive en su zona de confort, aunque su zona de confort le lleve a una felicidad insatisfecha (o a una infelicidad complaciente).

No sé si alguna vez pude o no cambiar eso. El caso es que ahora me he puesto manos a la obra y parece que voy por, más o menos, buen camino.

Me dicen que he de elegir un camino u otro, que no se pueden escoger dos al mismo tiempo, y eso es, básicamente, lo que he ido intentando hacer desde hace muchos años.

Ciencias y letras. Vivir de día y vivir de noche, ni demasiado bueno ni demasiado malo, ni demasiado ocioso ni demasiado ocupado. Escribir sin escribir, crear sin ser demasiado creativo.

Muchas cosas al mismo tiempo.

Todas desgastando la vida como si fuera a vivirla eternamente, o queriéndo vivir varias al mismo tiempo no vaya a ser que se acabe antes de tiempo.

Tal vez sea esa la razón de todo este cansancio, de no llegar a donde me gustaría llegar.

De repetir lo conocido sin atreverme a desprenderme de él de una vez por todas.

Sospecho que será la primavera...

...o que llegado a cierta edad me planteo el resto de mi vida.

o que empiezo a intuir que dentro de poco será demasiado tarde para cambiar de verdad algo,

o que estoy alcanzando algo parecido a una conciencia de mí mismo...

... el caso es que empiezo a creer que estoy entrando en esa fase de la vida en la que debo conquistar mi derecho a ser quien deseaba ser, intuitivamente, desde niño. Y eso, en realidad, siempre lo he tenido muy claro.

Y aunque en parte lo he ido consiguiendo, me queda ahora la tarea de disfrutar de ello.

Eso si no pasa nada que lo frustre.

Porque no recuerdo quién decía que la vida es eso que te ocurre mientras tú estás haciendo otros planes.




jueves, 10 de marzo de 2016

Por si la niebla nos deja ver



A veces necesito la calma de entrar aquí, no sé si como a un santuario de ideas o como a una corriente que me lleva. Imagino que las dos cosas.

O ninguna.

No sé el porqué pero cada cierto tiempo busco la cueva y me voy a ese lugar donde parar y respirar, donde sentir que todo va a ir bien, que tarde o temprano se abrirá la caja de Pandora y estará allí la esperanza aguardando.

Me gustaría creer que ese día cada vez está más cerca.

Que al final del camino estarás ahí

Que todo esto valió la pena.

Y que en esta vida me reencontré contigo después de tantas otras vidas...

... después de tanto oleaje.

miércoles, 24 de febrero de 2016

Una de eternidad



De alma vieja a alma vieja: A veces me pregunto si se nos fue el tiempo o lo aprovechamos mejor que nadie.

No sé si es bueno o malo.

Pero es.



Sigue siendo.

viernes, 19 de febrero de 2016

En la posición de salida














A veces me pregunto por qué empecé todo esto. Sigo sin encontrar la respuesta. Tal vez porque no la tenga, o puede que porque conocerla sea el objetivo al final del camino.

El caso es que si me paro a pensar en todo lo que he hecho estos últimos años desde que empecé el proyecto del agua no soy capaz de comprender la fe ciega, la huida hacia adelante, el no mirar más allá de los propios pies porque el vértigo era cada vez más fuerte y las soluciones cada vez difíciles.

Pero hoy estoy aquí, en la posición de salida, habiendo recorrido un camino indispensable, arriesgando demasiado... otra vez.

No recuerdo quién dijo que si un día te encuentras reunido con otras personas que escuchan lo que estás diciendo, y todos son más listos que tú en esa habitación, es que vas por buen camino.

Yo he llegado a eso.

Cada vez tengo más cerca aquel sueño del agua.

Hace tiempo que escribía esto mismo desde una habitación de mi casa, con la puerta cerrada y a oscuras para ahorrar luz y calefacción, estaba a punto de que me embargaran todo, priorizaba la conexión wifi porque era mi ventana al mundo, el ordenador porque era donde diseñaba los equipos, donde buscaba lo que era un inversor y qué debía ofrecerle para que me quisiera escuchar.

Hace unos meses estuve en Los Ángeles, presentando el proyecto en la incubdora de UCLA y de allí fui a Silicon Valley...

Mi gran sueño.

Este lunes inauguramos las nuevas oficinas.

Todos a mi alrededor son más listos que yo y debo ir acostumbrándome.

Sigo teniendo la sensación de que estoy en una posición de salida aunque distinta a la de hace años.

Sigo sintiendo el vértigo.

Sigo añorando cosas que para otros son su día a día.

Y sigo, sobre todo, preguntándome si todo esto ha valido la pena.

Y de momento sigo pensando que sí.

Que cambiaría muy pocas cosas de las que he dejado atrás.

Quizá escribir en el blog más a menudo. O las novelas que nunca acabé ni acabaré.

Ser aquel hombre que ella dejó de querer.

Poco más.

Me hubiera gustado llegar a este punto de partida más entero.

Pero bueno, ahora poco importa.

Es tiempo de empezar...

... de nuevo.





viernes, 29 de enero de 2016

Nunca


Porque estos días he aprendido que es mejor así.

Que las cosas son siempre mejor cuando llevan asociada una banda sonora;

que a pesar de los años soy capaz de sentir algo por alguien

y que ese alguien no (otra vez),

que soy adicto a tener "sueños sencillos con mujeres complicadas",

que esta tristeza sólo es porque me he dado cuenta de que se me fue la vida en las cosas menos importantes.

Porque estos días he aprendido que es mejor así.

Y no ha pasado nada.

Que el pasado no sirve para nada excepto para aprender de él.

Y que la nostalgia es una palabra hueca en la que no cabe casi nada de lo que somos ahora.

Que podemos cambiar el futuro sólo saliendo a la calle sin miedo,

que me he perdido otra vez.

y que eso sólo significa que tarde o temprano me acabaré encontrando.

Que ninguna de las veces que supe dónde estaba duré demasiado tiempo allí.

Porque soy un nómada con vocación de perseguir aquello que puede llevarse el viento.

Que la palabra "yo" me queda demasiado grande.

Que cada vez me siento más estúpido escribiendo sobre mí.

Que cada vez me siento más en ese punto en el que sólo queda cambiar.