martes, 25 de noviembre de 2014

Aunque no todo esté perdido


Aunque no todo esté perdido y al mismo tiempo no nos quede esperanza, aunque la huella se haga herida y tenga la certeza de la muerte. Aunque soñemos junto a otros que no nos recuerden a lo que sólo tú y yo podemos llamar recuerdo, aunque leas y leer ya no te duela, aunque escribas y ninguna sílaba contenga ni siquiera (ni un átomo) la cadencia de la voz que con tu boca, mi boca pronunciaba una por una, todas las palabras que alguna vez alguien dijo en voz alta; aunque la luna ya no sea de hierro ni tu cuerpo ni el mío el eclipse con el que se oscurecía el mundo, aunque la verdad de pura vieja se haya convertido en otra mentira más, siempre nos quedará un "por si acaso" desafinado y mágico al que regresar en noches como ésta.

De la mano de Ismael


lunes, 24 de noviembre de 2014

Y aunque sé que el tiempo no cura las heridas, ni las palabras sirven como bálsamo; ni que un nuevo amor hará olvidar otro antiguo, a mí escribir me sirvió para aguantar la respiración y casi olvidar lo que era vivir con miedo a perderte.


Ha pasado mucho tiempo, pero no tanto como para que pueda verla, sin esfuerzo, cuando cierro los ojos. Es más, todavía me despierto a veces notando su ausencia como un hueco, un agujero concreto y sin fondo por el que se pierde la luz que entra a través de la ventana del dormitorio.

Hace tiempo un amigo me preguntó si podía decir en una sola palabra aquello que ella se me había llevado y yo le contesté casi sin pensar que con ella se fue la alegría. Y esa respuesta me dejó perplejo porque hasta ese instante en que surgió la pregunta no me había dado cuenta de ello.

Supongo que las cosas son así y basta, que no hay que indagar más allá de lo que a uno le provoca un daño irremediable. A veces pienso que esa clase de dolor me gusta, que lo busco hasta que se me hace insoportable, como si sólo al soltarlo desde tan abajo pudiera aliviarme, como esos locos que bajan a las profundidades del mar a pulmón libre y casi mueren en el intento y salen a la superficie renacidos, vencedores de un reto suicida.

Supongo que hay personas que son como el océano, que estar junto a ellas es como sumergirse hasta que no se puede respirar, pero al mismo tiempo lo atraen a uno hasta que no importa la muerte, y supongo también que ella era una de esas sirenas a las que uno perseguiría hasta que le estallasen los pulmones y moriría con el alma feliz de haber intentado lo imposible. Me imagino que se llevó la alegría hacia las profundidades, a un lugar donde no se puede ir a buscarla sin la certeza de que es mejor no regresar. Al menos es lo que siento en la boca del estómago desde hace años.

Pero como ya he dicho, ha pasado mucho tiempo y ya sólo me despierto a veces con esa sensación de existencia incompleta, al fin y al cabo, la vida continuó y después de unos meses empecé a volver a vivir con la apariencia de quien que recupera sus hábitos y sus deseos. Y volví a ser el hombre que quería ser y construí ese mundo que siempre quise construir.

El destino me ha jugado malas pasadas, no te creas, me ha herido y me ha echado sal en las heridas; he fracasado en cumplir el sueño de mi vida y he resurgido de esa pesadilla con bríos nuevos, no siento cansancio más que cuando me vence la rutina, voy a por todas todo el tiempo, porque sé que al destino hay que mirarle a la cara y desafiarlo, y sin embargo, cuando cambia el tiempo, la única fractura que me duele es haber sobrevivido a ella.

Y aunque para mí siempre sea febrero, y el tiempo me trate como me trató ella, y siempre diga que fue ella y ambos sabemos que fui yo, hay días en los que no puedo menos que sentir que sigo por inercia, creyendo que esto sólo es un paréntesis tras el que todo volverá al mismo punto de inicio, quizá con otra sirena de cola pez que no se le parezca.

jueves, 20 de noviembre de 2014

Si el bicho se levantara una mañana y supiera que sigo escribiendo vendría a buscarme y todo empezaría de nuevo, todo se volvería otra vez negro brillante



Me dice que tiene que marcharse, que se ha hecho demasiado tarde, que no tiene un lugar a dónde ir, que se ha pasado la vida huyendo sin saber a dónde y ahora... ahora lo sabe y también que no llegará a tiempo. La miro sin que se me note ese terror que no se sabe que se tiene dentro hasta que las cosas cambian por un instante de conciencia ajena. Uno intuye que todos los demonios que debe conjurar en su interior se llaman de la misma forma, saben igual de amargos y producen el mismo temblor en las piernas.

Me dice que se va, que todo fue una equivocación, que lo nuestro sólo fue un lugar en el que fondear y no donde quedarse a envejecer, que yo ya sabía que ella era libre y que eso, precisamente, era por lo que yo la quería, porque soy igual que ella aunque aún no lo sepa o no quiera decirlo en voz alta.

Le pido que no se vaya hasta mañana, que la oscuridad está llena de alimañas, que para mí tampoco es como lo había imaginado, que la vida es lo que tenemos por delante y el alma es eso que nos quema y nos empuja a vivirla, y lo entiendo tan bien porque puedo ver las llamas en cuanto cierro los ojos, porque las veo desde que era un niño, que a mí el ardor de la sangre me llevó a buscar hasta que la encontrarla a ella. El mismo animal herido, la misma fiera lamiéndose hasta cicatrizar el roce de los días.

Podría fingir que no me importa, que su voz no es una lluvia de cristales sobre la piedra de la que estoy hecho, que ya no moriría por ella, que no podría soportar de ahora en adelante toda la niebla que levantará su ausencia, pero entonces mentiría si es que el silencio supo mentir alguna vez al mirar a los ojos.

 Me pregunto si lejos el uno del otro encontraremos algo de paz, si un buen día nos despertaremos siendo sólo un hombre y una mujer que siente algo más que la fiebre abrasadora e incurable, cada uno en una vida distinta, con extraños a nuestro lado, con los hijos que no tuvimos juntos, despertándonos al lado de algo parecido a esa felicidad a la que siempre nos supimos inmunes.

Pero se va, cierra la puerta y se va hacia esa certeza que no se encuentra en ninguna parte. Y a mí me cuesta encontrar la calma, no porque el bicho quiera volver a ser el dueño, sino porque los años fueron domando al domador y lo hicieron más listo.

Y ahora sabe más... por viejo... que por hombre.

jueves, 13 de noviembre de 2014

El último día de mi cordura

No me acuerdo cómo la conocí, pero sí cuándo la vi por primera vez. Salía por la puerta grande de un edificio de oficinas, vestida de El Corte Inglés y oro, con un escote sin costuras que le sentaba tan bien que me sugirió el título de un blog y mi epitafio. Le nacían auroras boreales en el pelo que levantaban huracanes de miradas, ardían las retinas a su paso, era una de esas pesadillas que uno no quiere que acaben nunca porque se sabe mero espectador y eso le hace sentir a salvo. Algún demonio había convertido el deseo en realidad y la realidad de nuevo en una quimera y a mí, supongo me pareció un espejismo pasajero que vino tan rápido que creí que se iría de la misma forma... Ese fue el principio de mi inmensa suerte y de mi oceánica agonía. Fue el día más feliz de mi vida.

Y en el que el destino fue más cabrón conmigo.

Yo tenía treinta y muchos, y una casa, y una mujer, y una amante tan, pero tan bonita... a la que mentía diciéndole que lo dejaría todo para irme con ella a vivir muy lejos; pero ese día, ese en el que la vi por primera vez bajando unas escaleras, me rompí la cordura por tres sitios que aún me duelen cuando cambia el tiempo; ¡y como he desperdiciado mi vida desde entonces! no cuento el tiempo a partir de ese instante porque voy detrás de él (del mísero e implacable tiempo) como si me llevara atado con una correa, dócil y resignado hasta que la muerte me cruce la cara y me grite por fín¡despierta!.

Y no es que me pese haberme convertido en esto sin alma que soy ahora, es más, siempre lo he dicho a quien me ha querido escuchar, la locura dio sentido a mi vida, o lo que es lo mismo, me empujó al abismo y mientras caía soñé que volaba.

Sabía que iba a morir a causa de ella, que me llevaría a un estado de enfermedad obsesiva y mortal por sobredosis, que su presencia acabaría siendo mejor que su ausencia, que su cuerpo era una droga, el síntoma, la excusa, y yo el que se cuece a fuego lento, el delirar por las noches, las treguas del fin de semana, las coartadas cada vez más inverosímiles, los celos de todos los que podría conocer a cada instante y el suplicar conociera a otro que se la llevara lejos de mi vida...

... y todo lo que escribí para ella...

Sé que voy a morir de ti,
que tú eres el virus
y yo la fiebre.

que voy a quererte hasta hacerme voz
hasta que te enamores de nuevo
aunque sea de otro hombre que no sea yo,
porque sé que no voy a ser yo.

Voy a odiarte mucho de menos.


Voy a soñar que todo fue un sueño



Llevo días sin saber qué decir, es como si el silencio hubiera acabado ganando la guerra a las palabras. Eso sí, de la misma forma que se fueron apagando las voces, es decir, lenta y sigilosamente, regresaron los sueños. Al fin y al cabo la vida es deseo y el deseo es más fuerte que nada, más fuerte que tú y que yo.

No puedo negar que me hubiera gustado despedirme. Haberte abrazado con fuerza y haberte dado un beso que nos sirviera de argumento para echarnos de menos el uno al otro, pero no soy mucho de demostrar afectos, quizá lo haya heredado de toda la estirpe de hombres y mujeres de cuerpo de piedra y mirada de hierro del que voy a ser un último vestigio. 

Y le peor de todo, es que es mejor así. Me gustaría odiarte de menos, pero no puedo. Hace tiempo que comprendí que para olvidar es necesario tener antes un recuerdo y desde entonces intento recordar lo menos posible, aún a costa de alejar de mí todo lo bueno.

Mentiría si dijera que no te quise. Mucho más de lo que crees.

Pero no arriesgué porque tú también estás hecha de ese metal casi negro que sólo brilla en la oscuridad.

Quizá dentro de unos años seamos un número en una lista de los que pasaron fugaces por nuestra vida... supongo que se me pasará ese dolor en cuanto vuelvan las cosas a su sitio.

Tal vez eso sea lo más terrible. Que las cosas vuelvan a ser lo que eran, que nada cambie de verdad, que esto sea, en realidad, una tregua, una felicidad momentánea en medio de esta guerra que siempre acaba por ganar la tristeza.



sábado, 25 de octubre de 2014

Un responde a preguntas no formuladas porque tiene siempre a punto una respuesta que le haga tener la fantasía de que hay verdades absolutas a las que aferrarse y no caer.



Esta noche he soñado contigo tan en vivo que llegué a creer que podía desengancharte del álbum de cromos y quedarme contigo. Y en un momento del sueño vas y me dices que si aún no me he dado cuenta de que nunca me diste un no por respuesta.

Y esta mañana al despertarme he intentado recordar cuál fue la pregunta. Y ahora sé que no la hubo porque siempre supuse que era todo demasiado difícil como para meter la magia en una frase que pudiera cambiarlo las cosas sin cambiar nada.

Y me he ido dando cuenta que por lo general, en la vida real, esa que no cabe en estas letras, suelo preguntar poco, tarde y mal.

Porque he aprendido a dejarme abrazar por la nostalgia en lugar de abrazarme a ti.

Y con el tiempo he ido olvidando lo que es querer de verdad.



De cometas y asteroides

El otro día me topé con una frase que resume eso que tuvimos, pero con mucho más acierto y corazón de lo que yo nunca podré sacar de dentro de mi cuerpo.

"Lo nuestro fue tan fugaz que una estrella nos vio y pidió un deseo".

No me dio tiempo a cartografiar el mapa de tu cuerpo, ni a dejarte alguna frase que te recordara a mí cuando ya no estuviese. A decir verdad, a veces hasta dudo que hayamos existido tú y yo en el mismo tiempo y en la misma habitación, porque puede que tal vez eso que recuerdo sólo sea un deja vú que creó el deseo de haber compartido sábanas contigo

Pero si es cierto que pasó, y pudiera empezar de nuevo, volvería a cometer los mismos errores uno por uno, meticulosamente hasta encontrarte de nuevo... y a partir de ese instante lo haría todo igual también, hasta dejaría que te marcharas igual de rápido.

Creo que me he vuelto adicto a la luz que desprenden los cuerpos celestes cuando se deshacen contra lo invisible.



jueves, 23 de octubre de 2014

Islandia



Sé que me voy a pasar la vida huyendo sin moverme de esta mesa, recorriendo con las yemas de los dedos campos y campos de teclas, que el horizonte va a ser siempre esta pantalla que nunca reflejará tus ojos cuando me leas. Te voy a echar de menos cuando viva.

Ambos sabemos que nos hubiera cambiado la vida si hubiera descolgado el teléfono a tiempo. No sé si para bien o para mal: lo desconocido no tiene fronteras.

Quizá en otra vida.

Ésta mejor nos la saltamos.

lunes, 20 de octubre de 2014

Entre el cielo y el suelo


A veces uno se empeña en lograr aquello que le destruiría si lo consiguiera y deja de lado aquello que le reconstruiría si se dejara.

Quizá el problema es que nos vemos capacitados para emprender cualquier cosa y afrontar todo lo que nos llegue.

Y puede que pueda ser así durante un tiempo, pero no siempre, o al menos, no siempre solo.

Yo nunca diré eso de que al menos lo intenté... porque lo seguiré intentando hasta que dejen de sobrarme las fuerzas, e incluso cuando que queden las justas, o a pesar de no tenerlas.




lunes, 13 de octubre de 2014

El porqué del riesgo


Debes tener miedo. El miedo es lo único seguro que vas a tener, el único que no te va a abandonar cuando estés desesperado, el único que estará ahí siempre que las cosas se pongan feas, estará ahí para protegerte, para ponerte alerta, para que no vayas más allá. Sin miedo estarías muerto y ya sabes, debes tenerle miedo, sobre todo, a la muerte.

El miedo te condicionará, dejarás de hacer cosas necesarias para sentir que eres tú mismo y te acostumbrarás a ello. Enseñarás a los demás a tener miedo para protegerles, para que huyan y se escondan, para que acepten aquello que es tan grande que ni tú ni ellos podréis comprender, y como no podéis comprenderlo deberéis creer a aquellos que dicen hacerlo.

Con el tiempo aprenderás a resignarte, a pagar y callar, a votar y aceptar, a tener pequeñas frustraciones que tapen la gran frustración. Y las mentiras. Aprenderás a creerlas y aprenderás a mentirte, y sobre todo, evitarás emocionarte hasta olvidar que todo, sobre todo mentirte, lo haces por miedo, un miedo que nunca has sentido de verdad porque porque sólo se puede sentir miedo a morir si estás vivo.

Y ya no lo estás.

Porque si tienes miedo a vivir por miedo a morir es que ya estás muerto.

Pero ya que estás muerto ¿a qué tenerle miedo?

"Si no construyes tus sueños alguien te contratará para que construyas los suyos" y lo hará porque eres débil, y eres débil porque no eres quien estás destinado a ser. Ser débil no es no tener fuerzas, es abandonarse, es resignarse, es aceptar que lo que dicen los demás es lo correcto y tú estás equivocado acerca de ti mismo. Sólo tú vas a vivir tu vida, sólo tú decides lo que quieres ser y lo que no quieres ser.

Y claro, está el miedo. Y claro, estás tú tan débil. Y están ellos, que saben lo que es mejor para ti.

Pero entonces, un día, alguien te hace una pregunta y te obliga a mirarte en el espejo. Y te das cuenta de que el miedo es algo opcional.



Puede que hayas arriesgado demasiado y hayas pagado las consecuencias. O puede que lo que hayas hecho hasta ahora se quedara en un amago de riesgo de verdad, que lo que tomabas como audacia no sea más que un simulacro de lo que deberías haber apostado.

O quizá vivas en el miedo y desees, por encima de todas las cosas, encontrar un lugar en el que refugiarte de él y que sigas mintiéndote cuando te dices que ya no te mientes.

Y puede que le miedo no sea opcional, que el miedo sea tan humano como tú mismo, que esté ahí para proteger a la especie, a tu familia, a tus hijos...

... pero sabes que no estábamos hablando de ese miedo.

Lo sabes y sin embargo te aferraste a él.

Porque aprendiste que debes tener miedo, que cuando estés en peligro o confuso siempre podrás recurrir a cualquier forma de miedo.

Y ellos los saben.

En eso consiste ser esclavo.

viernes, 26 de septiembre de 2014

Un día

Un día te das cuenta de que hay personas, lugares y momentos que nunca van a volver, que los vas a ir añorando hasta que un día desaparezcan sin que te des cuenta, porque el olvido consiste precisamente en eso: en que no eches en falta algo. Y supongo que es lo mejor para poder ir hacia adelante. Dicen que algunos recuerdos se quedan impregnados en el cuerpo, que si bien el cerebro no lo tiene presente, otras partes de la anatomía crean pequeños nudos musculares, hábitos, tics, en los que se queda una parte de aquello que los provocó.

A mí me gustaría acordarme de más cosas aunque me crujieran las articulaciones por las mañanas de tanta contractura. Pero eso lo digo aquí sin pensarlo realmente, porque hace tiempo que la inercia me ha acostumbrado a tirar hacia adelante y me he ido acostumbrando a convivir con ciertos recuerdos en este blog, reescribirlos, soñarlos de nuevo hasta que el sol me rescate por las mañanas. Pero sólo aquí.

O casi.



Con el tiempo uno aprende que el pasado puede llegar a ser como la casa de un enfermo con el síndrome de Diógenes, lleno de cosas inútiles. Creo que en este blog he ido dejando, como en un trastero, muchas cosas que tenían una intensidad que, todas juntas me hacían vulnerable. A veces, amigos míos, los de verdad, los que llevan conmigo toda la vida o poco tiempo pero parece que lleven toda esa vida ahí, me dicen que no saben cómo he podido aguantar todo lo que me ha ido pasando estos últimos años.

No sé si existe una sola respuesta como tampoco creo que todo pueda contenerse en una sola pregunta. Tampoco creo que haya sido para tanto. Nada traumático, nada que desarrollando un mínimo de capacidades personales (que todos tenemos) y voluntad, no hayan podido hacer.

Hoy el diablo ha llamado (o llamará). Joder, está sonando el teléfono mientras escribo esto, lo juro (falsa alarma). No creo que el diablo sea tan fiero, su naturaleza es destruir, pero no creo que ya pueda cambiar, ni tan siquiera si recordara su pasado podría cambiar.

Uno debe saber protegerse de él en sus múltiples caras, eso es todo. Incluso cuando te engañan una primera vez, siempre has podido evitarlo si no fuera por esa vena optimista que te lleva a creer que todos se rigen por tus mismas reglas y que en cualquier caso respetarán las tuyas. Pero ni de lejos.



Me gusta All i want, es como si todo el blog se resumiera en esta canción y en estos dos vídeos.

No sé si te lo había dicho, gracias por estar ahí tanto tiempo en silencio.