martes, 6 de octubre de 2020

Inercias

 


Suena como el chasquido que hace una rama al romperse cuando la pisas en el bosque. Y como esa rama, tampoco va a volver al estado anterior a que se encontrara con la suela de tu bota. 

No sé cuántas veces llevo ni por cuántos sitios se ha roto la mía.

Con los años he aprendido que nunca aprendo, que aún no sé el porqué de esa pequeña llama que dentro de mí sigue ardiendo por mucho que la quiera apagar. 

No debería ilusionarme por nada, me digo. No debería creer que algo, alguna vez, saldrá bien.

A veces pienso que soy como esos edificios que sólo se sostienen porque lo soportan los que están a los lados. 

Siempre fue así, es decir, yo ya era así de niño.

Creo que me he involucrado demasiado en eso de seguir vivo y hacer cosas y ya no hay marcha atrás. 

Cada vez es más difícil no poner un evento límite.

Y aunque sé que puedo más, no quiero poder más.

Pero cuando menos te lo esperas, surge algo que te da un empujoncito más con la que proseguir la inercia.

Y olvidas y todo vuelve a empezar sin que te des cuenta. Y vives un día tras otro haciendo planes y sin que la llama se apague.

Hasta que otro día vuelves a sentir un chasquido.

Y todo vuelve a empezar, y todo termina y tú sigues ahí, preguntándote lo mismo que te has preguntado siempre, volviendo a fingir que la pena merece la pena. 

Si tienes suerte, algo te distrae (de nuevo) hasta llegar al siguiente lugar del bosque donde te está esperando otra rama muerta para decirte que todo esto no es más que la consecuencia de querer andar por el bosque.

Como si hubiera un porqué.

Pero no lo hay.

Sólo alguien que te mira y, mientras piensas que vivirías para siempre en esa mirada, te dice que ya no más.

y chas!

Gracias por el regalo


viernes, 25 de septiembre de 2020

Tierra



Nunca hubiera imaginado que acabaría aquí ni que todo lo por lo que había estado peleando iba a convertirse en realidad. Cuando empecé en esto de las tecnologías limpias no había muchas empresas como la que pretendía crear. Ahora todos se apuntan a la nueva era. Y me alegro tanto...

Estábamos dañándonos a nosotros mismos casi sin darnos cuenta. Tengo la amarga sensación de haber empezado demasiado pronto y haberme jugado demasiadas cosas y por tanto, haberme perdido la vida y habérsela hecho perder a las personas a las que tenía cerca.

Imagino que es el precio de llegar a esta parte de la madurez con algo así como una misión cumplida y, aunque el mundo cada día sea más difícil de cambiar, haberlo cambiado aunque sea sólo un poco. 

Y poder contarlo como si fuera una historia.

Porque al final se trata de eso: dejar un bonito relato aunque esté escrito a medianoche y a miles de kilómetros de donde has nacido y ha transcurrido todo.

El equivalente a contar historias alrededor de una fogata hace miles de años. Cuando todo estaba por hacer y nadie imaginaba lo que podríamos construir (y destruir).

Imagino que las cosas empiezan así.

Y se terminan también así.



jueves, 24 de septiembre de 2020

Nada


 

Tengo que escribir un dos informes que pueden cambiarme la vida en pocos días, pero no soy capaz de hacerlo. Algo impide que pueda saber por dónde empezar. No será porque no me pongo horas delante del ordenador, pero siguen en blanco.

No imaginaba que la muerte de Ulises me afectara así. Pensé que me pondría triste y que lo echaría de menos, pero creo que es algo así como la gota que colma el vaso, que lo llena hasta mucho más allá de desbordarlo. 

Penélope sigue buscándolo por la casa. Husmea es suelo persiguiendo un rastro... Debe de haber miles de huellas que Ulises que llevan a otras miles de partes de la casa. No sé cuánto tiempo va a poder aguantar sola. Si yo estoy así, con todo el mundo a mi alcance, ¿qué no sentirá ella, que era todo su universo, su guía, su amante? No quiero ni pensarlo.

Come bien, se pasa las horas sentada en una silla, pero en cuanto llego y le pongo la comida, la devora en minutos. Luego viene hacia mí y ronronea. Se deja acariciar. Estuve siete años hasta que pude acariciarla y diez hasta que se sintiera a gusto con mi mano en contacto con su lomo, pero ahora que no está Ulises soy lo único que tiene y me paso el día trabajando. Me gustaría poder jugar con ella más, pero cuando estoy un rato en casa, vuelve a la silla. Y entonces pienso que la vida es una mierda, que estas cosas no deberían pasar nunca, que nadie merece estar tan solo, y que tarde o temprano morirá sola, como imagino que algún día yo también moriré solo, que a pesar que el destino es una incógnita, si hay algo cierto, es que nadie nos acompañará en nuestro último viaje.

Estoy convencido de que cuando morimos vamos a otra parte y nos volvemos de otra forma mucho menos egoísta, que el problema es vivir como si no fuéramos a morir nunca. Si supiera que voy a morir en unos días no escribiría esos informes, no sé lo que haría, pero eso no. Supongo que es lo que me pasa: que sé que no voy a morir mañana, pero sé que existe una posibilidad en que lo haga.

Me dolería morir sin haber escrito una novela, pero imagino que me pasa como con esos informes, que no soy capaz de hacerlo poco a poco, que hace tiempo que debería haberme roto y no lo he hecho, con la esperanza de que un día algo me recomponga y pueda continuar hacia adelante.

Como uno de esos personajes de Auster, el de El Palacio de la Luna, pero no es lo mismo. Mis frases favoritas empiezan por "algún día.." o "me hubiera gustado que..." 

Este 2020 se está llevando todo lo que quería. 

No de la forma trágica que lo hace con otras personas.

Hoy he vuelto a pensar en ti casi todo el día. Hacía tiempo que no lo hacía. Estuve a punto de enviarte un whatsapp, pero pensé que tu vida iba por otro camino y que no quería ser una molestia, o lo que es peor, darme cuenta de que lo soy sin que tú me lo digas.

Al fin y al cabo, ¿quién soy yo para interrumpir la vida reconstruida de nadie? 

¿Quién soy yo para creerme más importante que lo que has decidido hacer y has hecho?


A veces me pregunto si Carmen Laforet escucharía este tipo de canciones y si volvería a escribir Nada al hacerlo. Y si a mi edad esto esta bien. Si debería escuchar canciones de más calidad

lunes, 21 de septiembre de 2020

Penny López



Iba a llamarse Lola, pero como llegó un año después que Ulises, acabó por llamarse Penélope, aunque a mi madre le diera por llamarla PeneLópez, y por tanto fuera la primera gata que sin quererlo tuvo un apellido, aunque no le correspondiera.

Vivió toda su vida junto a Ulises para desmentir a Homero, aunque cuando éste decidía darse una vuelta por los tejados, ella, que era más menudita y no podía saltar tan alto, se tuviera que quedar esperando a que volviera.

Ulises era su vida, no podía estar ni diez minutos sin saber dónde estaba. A veces se tumbaba cerca de él (pero fuera de su alcance) y se pasaba horas mirándolo. Hasta que se levantaba y ella lo hacía también para seguirlo.

A Ulises, que era un gato callejero y propenso a las peleas con otros animales del barrio, Penélope no le hacía demasiada gracia. Dormían juntos en invierno, pero cuando llegaba la primavera siempre se iban cada uno a un lado de la casa... hasta que a Penélope le daba por jugar e iba a buscarlo para pelearse, aunque siempre perdiera y fuera el otro el que diera el juego por terminado con soplido o un capón.

Nunca se mordieron o se hicieron un arañazo. Todo se acababa por rendición. Creo que si los animales pueden admirarse el uno al otro, ella, la López admiraba al Odiseo. 

Lo vió enfermarse e ir perdiendo facultades. Imagino que a veces estuvo a punto de salir a buscar ayuda, pero como no sabía lo que le pasaba, desechó la idea por no saber qué decirle al veterinario. Lo dejó en mis manos, lo que no sé si acabó creyendo que fue una mala idea.

 Nunca creí que el que Ulises se fuera al cielo de los gatos afectara tanto a su compañera de toda la vida. Se quedó sentada en una silla todo el día. No se atrevía a pasar a la parte de la casa donde había muerto su alma gemela. 

A veces la sorprendí en la terraza, llamándolo como cuando se iba por los tejados en busca de aventuras. 

No sé qué hacer con ella. Es una gata anciana atada a una soledad que no tiene la posibilidad de transformarse en otra cosa. Cuando llegue el invierno buscará un calor que no podrá tener y dormirá soñando con que Ulises vuelve un día de éstos y todo será como antes.

A veces me pregunto si al ponerles esos nombres no les di también un destino. O si por el contrario, ellos ya se llamaban así antes de yo conocerlos y no influyó que unos meses antes leyera la Odisea.

En cualquier caso, dados los acontecimientos de estos últimos meses, sospecho que va a ser un invierno duro para todos.

 


Me pregunto si piensa en él, y si le habla como si estuviera. O si reza por las noches, o si sólo espera que esté allí cuando ella se vaya al cielo de los gatos.

viernes, 18 de septiembre de 2020

Más allá del cielo de los gatos.

 


Estoy seguro que cuando abrí la puerta de casa Ulises vino a recibirme corriendo con el rabo erguido para decirme "mira, me he curado del todo. Ya puedo saltar y correr como antes", y supongo que se extrañó de que yo no lo dejara todo en el suelo y me agachara a acariciarlo, que siguiera como si él no estuviera allí.

E imagino también que me siguió intentando rozarme las piernas, con cuidado de que no le pisara, hasta la habitación donde tenía su minúscula guarida y vio cómo me agachaba, mientras pensaba "¿qué hace éste? ¿No ve que no estoy ahí, que estoy aquí?"

Y escuchó que le llamaba "Ulises", y que le acariciaba la cabeza a ese fantasma inerte que sí estaba allí. 

No soy capaz de imaginar qué pensó Ulises al verme recoger su cuerpo y depositarlo en la cama, ni si sabía que significaba aquello; ni si se puso triste o sintió que aquello era el inicio de otro algo que no podía comprender aún.

Lo que sí sé es que cuando me vio llorar se acercó y se frotó contra mí con todas sus fuerzas y quizá sintió haberse muerto. "No puede hacer nada para quedarme a tu lado. Sucedió sin darme cuenta y no lo supe hasta ahora". 

Y si pudo leer lo que yo pensaba, en que no creí hacer lo suficiente, entonces entendió que le estuviese llevando al veterinario tantas veces durante las últimas semanas, o que le obligara a comer y a beber con aquella odiosa jeringuilla, y que me despidiera de él como si fuera la última cada vez que salía de casa.

No sé si pudo entenderlo todo; que todos estos años, cuando pude hacer algo y no lo hice: vender la casa, irme a vivir a otro lugar con otras personas, irme al extranjero, fue siempre para quedarme junto a él. Y que me compensó lo que recibí a cambio. 

A pesar de este último año.

No sé si tuvo tiempo de entender eso antes de emprender el viaje hacia el cielo de los gatos. Me gustaría creer que sí. Y que al pasar por la puerta del cielo de los hombres reconoció a mi padre y fue corriendo hacia él como cuando venía a mi casa. Y que jugaron. Y que decidieron adoptarse el uno al otro y quedarse juntos para siempre.




Porque si he sentido amor, si me he sentido querido de verdad, si al encarnarme en este cuerpo y decidir que ésta iba a ser mi vida tuve claro algo es que lo hice sabiendo que iba a experimentar esa camaradería de la que ya sólo me queda la esperanza de ir a buscar, espero que un lejano día, más allá del cielo de los gatos. 


martes, 15 de septiembre de 2020

Siete vidas




A veces las cosas son difíciles sólo para poder reponer a ellas. 

Hace años, alguien me dijo que al final siempre se gana, o tienes una gran alegría o una gran lección que te servirá el resto de tu vida. 

Y una mierda.

Cansado de grandes lecciones, porque soy de los que no aprendo. Los idealistas deberían saber que tras una gran lección siempre habrá otra oportunidad para cagarla, probablemente de la misma forma, o parecida. Porque para algunos el mundo está hecho de ilusiones, de proyectos y de futuros diferentes. 

El mundo está hecho de esas ideas, de esas ganas de mejorar las cosas.

Luego vienen los financieros. Los que hacen dinero con los proyectos de los demás. La humanidad es la historia de esa puta simbiosis.

Bueno, claro, todo es mucho más complejo, pero esto no es un post de antropología. Es lo que es. Y casi siempre es nada.

Escribirte pensando que me lees. Y últimamente imaginar.

Y soñar a veces.

Porque a veces tengo la sensación de que ya gasté las siete vidas que me llevaban hasta ti.

Y ahora, tengo que vivir con lo que me queda.



 

miércoles, 9 de septiembre de 2020

Todo estará bien




El fin de algo siempre es el inicio de otro algo.

Somos lugares comunes, la intersección de un millón de universos tan infinitos como el concepto de eternidad.

Todo va a empezar de nuevo.

Me gustaría creer que este blog no forma parte de "lo viejo" y que, por tanto, será de las cosas que permanezcan, pero al mismo tiempo intuyo que todo lo que lo envuelve se irá diluyendo.

Hay una luz al final del túnel que te lleva a un nuevo paisaje.

Yo seguiré sin saber escribir y tú serás un pájaro que sale, de algún modo, de una jaula.

Y estará bien así.

Todo está bien como está





viernes, 4 de septiembre de 2020

Que nos vaya bien




Todos lo saben. Quien me conoce sabe que será difícil que acabe mis días de una muerte natural. No tengo una especial predilección por estar vivo y supongo que resulta bastante evidente.

Una conversación banal acaba en un silencio extraño, de esos que debería llenar una pregunta que no se hace porque resultaría demasiado incómoda y por que quizá se intuya la respuesta.

Soy de los que creen en que hay vida más allá de la muerte. Cuando mi padre murió, creí que su espíritu abandonaba el cuerpo y podía escuchar mis pensamientos. Le dije que se fuera tranquilo, que yo cuidaría de mi madre y de mi sobrino. No sé si me escuchó ni si eso le dejó tranquilo, lo que sí sé es que a mí, el poderme despedir de él de esa forma simbólica sí me ayudó a dejar en stand by su marcha.

No me acostumbro a acostumbrarme a que no esté. 

Ver que casi todo sigue casi igual es como vivir una decepción tras otra sin saber de qué tratan ninguna de ellas.

Me queda la esperanza de que esto sólo es un paréntesis, que la verdadera vida es la otra, que aunque no sea eterna me da igual, porque estaremos todos en ella.






 

Laberinto

 


Ya lo sé. 

A veces no hay que tener claro qué se quiere hacer para empezar a hacerlo.

Toda la vida preparándome para algo que, en realidad, no estoy haciendo.

Mientras, hago otras cosas que pensaba que eran las correctas.

Y ahora estoy aquí.

Evitando el cambio.

Como si tuviera que cambiar  antes de iniciar el camino hacia lo que quería ser.

¿Acaso todas las señales de estos años no han sido suficiente?

Entiendo que hay algo que me invita al vacío y que ese vacío me asusta.

Después de muchos años quizá sea el momento de asumir quién o qué soy.

Empieza hoy.


lunes, 31 de agosto de 2020

Todo lo que hay



 Me gusta imaginar qué hubiera pasado si...

Sigo tratando de entender qué estoy haciendo y hacia dónde estoy yendo, pero no lo consigo.

Hace años que sé que no voy a sobrevivir a todo esto, pero es lo que hay.

Vivir hasta que ya no viva más.

Antes tenía la ilusión por hacer cosas, entendía que era mi vida, pero ahora no es así.

Supongo que nunca es demasiado tarde.





domingo, 30 de agosto de 2020

Algunas cosas buenas




Oniria sabe cosas que no debería saber. A veces me pregunto si conoce este blog y lo lee. Eso sólo tendría una explicación: que me hubiera hackeado el teléfono o que pudiera acceder a mis claves a voluntad. 

No sería difícil para ella. Conoce a la flor y nata de las empresas tecnológicas de esta parte del mundo. No me importaría demasiado. Ella sabe que guardo mis patentes en un ordenador sin conexión a internet y creo entender que lo respeta.

Hoy estuve buscando un lugar donde quedarme largas temporadas en Estados Unidos. También busqué una compañía de vuelos privados para ir de Boston a Los Angeles o de Nueva York a San Francisco. No me entusiasma la idea, pero insiste en que debería ir físicamente a los sitios. Como ella.

Me cuesta pensar en alguien más. Siempre he estado solo y no concibo la idea de compartir tiempo y objetivos con otra persona, aunque esa persona me haga tanto bien.

Soy de los que se alejan en cuanto la correa aprieta demasiado.

No me gusta tener que justificar lo que hago. Se me da mal dar explicaciones; incluso cuando digo la verdad parece que miento. Es una consecuencia más del síndrome del impostor.

No acabo de creer que lo que tengo o hago lo merezca de verdad.

Hoy he llevado a Ulises al hospital. Le han mandado hasta cuatro medicinas diferentes. No soy capaz de entender el trato que tienen algunas personas con su mascotas. No me ha gustado que quisieran cobrarme por dos días el salario mínimo interprofesional. Me parece algo nauseabundo. Es por eso que esta sociedad se está yendo a la mierda.

Por mucho ser vivo que sea, no debería ser mercancía, bueno, en realidad la mercancía son los sentimientos que nos despiertan. El consuelo a nuestra soledad.

Es absurdo.

He pedido el alta voluntaria. No tiene nada.

Sólo es viejo y se ha deshidratado por el calor que ha hecho.

Oniria me llamó para ver qué tal había ido. Tiene un perro en San Francisco, bueno, es de sus hijas. Creo que no le ha gustado que me llevase a Ulises antes de tiempo.

Esta tarde me la he pasado con él. Como a él le gusta. Penélope también ha estado a su lado. Llevan una eternidad juntos y en el fondo es la última etapa de su vida, esa en la que ya no se pelean tanto, ni juegan. Sólo duermen el uno al lado del otro.

No me parece mala idea.


 

viernes, 28 de agosto de 2020

I´ll be fine




Supongo que necesito escucharte decir que todo irá bien.

Que tú estarás bien.

Si hay algo que se me da bien es ser dejado, no hacer sentir mal a quien lo hace. No ha sido fácil. Creo que practiqué mucho en el pasado.

Claro que con ella fue distinto. La crueldad siempre es innecesaria, la elegancia: opcional.

Me he acostumbrado a que las cosas sean lo mejores posible. Recoger las cosas y conducir un buen trecho me relaja.

Supongo que soy algo así como un profesional del volver a casa, y a fuerza de hacerlo, dejé de salir de ella. 

Dicen que tengo miedo al compromiso, y no es cierto. 

A lo que tengo miedo es a tener que volver a tener que tener esa conversación conmigo mismo en la que acabo diciéndome que todo irá bien.

Que algún día estaré bien.


 I´ll be fine - Cèlia Pallí