martes, 29 de julio de 2014

Oh, mi estrella fugaz.


Hace un tiempo inventé un método para inventar. He de decir que, a mí me da buen resultado, tengo siete patentes a la espera de que se me financien. A este método lo llamé el paradigma de la bicicleta, no porque fuera un paradigma sino porque ahora la palabreja se ha puesto de moda y todos los modernos te escuchan si la oyen de tu boca.

En realidad es una tautología, pero si la llego a llamar la tautología de la bicicleta me hubiesen tomado por un idiota o por un raro. Ahora, si la llamo el paradigma de la bicicleta, al oír bicicleta también me toman por idiota pero como he dicho paradigma, ah!, se quedan a ver qué pasa.

No voy a desgranar en qué consiste el método. Te tendrás que comprar el libro (o bajártelo de internet pirateado) pero creo que una vez sea publicado la humanidad avanzará científicamente en un año lo mismo que en los treinta anteriores.

Puedes llamarme modesto.

O arrollidarte ante mí.

Como prefieras.

Es coña. No puedes elegir.

El caso es que después de escribir y registrar mi método voy y me encuentro con una conferencia (en youtube o vimeo) de Bill Gates en la que dice lo mismo que yo.

El muy cabrón me había robado la idea treinta años antes. ¿Qué significa eso? Pues claro! El muy hijo de puta, en el futuro inventará una máquina del tiempo para adjudicarse mi descubrimiento!

Así que, sin perder los nervios y adoptando esa templanza (¡me cago en su padre!) y espiritualidad (y en dios) que me caracterizan he decidido inventar una máquina del tiempo con el propósito de que Bill Gates no pueda inventar una máquina del tiempo. ¿A qué es una idea buenísima?

Ves como el método funciona...

Me voy a dormir que hoy me he pasado bebiendo gin tonics.

Fin del comunicado, único lector(a) que me queda.

PS: Lo de escribir arrollidarte en lugar de arrodillarte lo he hecho a propósito ¿por qué? Para ver si te dabas cuenta la primera vez.

PS2: Ahora sí. Fin del anexo al comunicado y por tanto fin del comunicado.

sábado, 26 de julio de 2014

A veces sueño con olas


A veces sueño con olas y tú ya no estás en ninguna de ellas.
Pero no me salen las palabras y supongo que eso es bueno, porque antes, cuando no podía pararlas, tú decías que no estaba haciendo lo correcto, que las palabras no me sacarían del lío en el que estaba metido. 
Y tenías razón. Desde que te te hago caso siempre tienes razón.

Y me pregunto si una cosa lleva a la otra.

Pero sigo soñando con olas y me sigue gustando. Creo que, de algún modo, lo que verdaderamente soy, eso que no es mi cuerpo ni las cosas que me rodean, sigue creyendo que el océano es aún posible.


jueves, 10 de julio de 2014

Quizá el tiempo


Habrá un universo, es decir: se nos caerán encima miríadas de millones de puntos de luz asomándose al filo de nuestros labios; y encerrados en una habitación hecha de paredes de verano, tú y yo nos esconderemos en la penumbra como si estuviéramos sentados en un planetario, a salvo del frío helor de la nada.

Porque no sé si hace falta que lo diga, pero yo lo que quiero es desbocarme en tu boca y que en lugar de fuegos artificiales ardan galaxias en el cielo, y que tiembles, y que me mires como me mirabas hace años, cuando aún no sentíamos el fuego y el hierro de estar el uno junto al otro.

Porque aunque ninguno de los dos lo recuerde, lo nuestro viene de lejos, de cuando el mundo era sólo un océano de tiempo al que nadie se había asomado aún y no se atrevía todavía a pensar que las cosas tuvieran que ser nombradas para que realmente existieran, y ni tan siquiera se adivinaba allá a lo lejos la llegada de un dios del futuro al que calmar con sacrificios de miles de presentes.

Y ¿sabes? a mí me da que todo esto ya lo vivimos antes, pero que la primera vez es esta de ahora, como si el tiempo se repitiera sin importarle demasiado si lo hace sobre páginas ya escritas, y que la primera vez de algo puede no haber ocurrido aunque estemos viviendo sus consecuencias, como si el tiempo no fuera lineal ni ordenado sino caótico y caprichoso.

Y es por eso que me suena que tú y yo vamos a tener un futuro que regresa desde un pasado que no existe aún. Y necesito creer que es así porque es la única forma que tengo de dar crédito a la certeza de que la fiera que me habita quiera perderse en la frondosa selva que adivino cuando te miro cuerpo a cuerpo el alma.

Y cuando aúllas a la luna con gritos de agua de lluvia.

O cuando busco refugio cuando la noche llega y tú no estás.

O cuando tú no estás y eso desencadena la noche.

viernes, 4 de julio de 2014

La indiferencia


Hoy hace un año que empecé de nuevo otra vez, la misma fiera afilando las uñas en la misma piedra, mostrando los colmillos al mismo punto indeterminado del mismo cielo. Digo yo que la perseverancia debería tener premio y que a mí, en eso, no me va a ganar nadie; creo que si me muriera seguiría haciendo lo mismo aunque fuese desde el infierno o desde las nubes, aún no tengo muy claro dónde me va a llevar todo esto. El caso es que vivo en un eterno retorno porque yo sigo volviendo, cometiendo menos errores, o más pero distintos. Pero sigo.

Me pregunto por qué en otras áreas de mi vida no hago lo mismo. Me voy y no vuelvo, o no acabo nunca de seguir queriendo regresar al mismo lugar. A veces la respuesta que me sale es que porque no lo deseo lo suficiente. O por que no necesito saber algo que ya sé y he comprobado una y mil veces que funciona de la misma forma y a mí, nunca me gustaron las cosas que se saben de antemano, ni se dicen demasiado directas, ni son demasiado frecuentes.

Hace días que tengo una sensación extraña, sé que me voy a encontrar con la princesa de la luna. Y eso es volver a algo a lo que no deseo volver, porque intuyo que es el azar el que interviene y es que estos días voy a coincidir en lugares en los que no soy habitual, pero sí lo es ella. Tampoco es tanto azar, ahora que lo pienso.

Supongo que temo ese momento porque no sé cómo reaccionará ni cómo reaccionaré yo a su reacción. Porque puede ser cordial, indiferente u hostil. O las tres cosas al mismo tiempo.

En fin, no adelantemos acontecimientos.

El post venía a cuento de que hace un año empecé un nuevo proyecto y no me ha ido mal del todo. Ya he desarrollado tres patentes y estoy en marcha con otras tres, al final me di cuenta que la creatividad es algo que uno tiene porque es capaz de incorporar sueños a la realidad, mezclarla en una masa que no siempre acaba dando un buen resultado final. Y era un poco lo que he ido haciendo en este blog durante mucho tiempo.

Echo de menos escribir todos los días, pero yo escribía básicamente porque estaba muy triste, por desamor y porque no encontraba un sólo momento de cordura dentro de una gran desesperanza. Porque uno hace las cosas básicamente por amor, por darlo o por recibirlo, por sentirlo o por sentir la paz que lo inunda todo cuando se vive en la vorágine que supone.

Y a mí, el desamor me desbordó durante unos cuantos años, porque no entendía algunas cosas que estaban cambiando en la forma de sentir el mundo. Pero me he ido adaptando, o por lo menos he aprendido a fingir que lo hago. Y no me va demasiado mal.

Supongo también que son cosas de la edad

jueves, 19 de junio de 2014

La alargada sombra de Kitty Wu


Nunca imaginé que te quedarías a vivir, ni que tu voz fuera lo más bonito que me pasara en todo el día, ni que un día me diera cuenta (siempre me doy cuenta, así, de repente) de que yo no merecía a alguien como tú y que lo echara todo a perder, queriendo.

Siempre lo mando todo a la mierda. Mi vida es huir para no tomar responsabilidades. Pero no se puede escapar siempre, no se puede dejar de pensar en todas las cosas buenas que uno deja a un lado para defenderse de algo que, de tan invisible, puede que no exista.

No sé cuándo ocurrió la primera vez. Creo que si un día llego a descubrir de dónde sale todo este miedo se disolverá y quedaré libre de ese encantamiento, porque el miedo, no te quepa duda, es un hechizo. 

De todo lo que he ido perdiendo por el camino, quizá perderte a ti fue lo que me hizo más daño. Y fue a partir de ese momento cuando me empecé a preguntar el porqué me castigo de esta forma. He de reconocer día tardó mucho en llegar. Demasiado. Pero afortunadamente llegó, preguntarse esas cosas no son la mejor idea para seguir adelante pero para hacerlo hay que encontrar respuestas con las que hacerse nuevas preguntas.

Lo que distingue a un hombre de un niño es asumir la responsabilidad que le corresponde por edad, pero paradójicamente, uno debe asumir la responsabilidad de ser adulto cuando aún es un niño. Después no sé si hay marcha atrás. Yo creo que sí, apuesto a que sí. Pero no lo sé seguro.

Tu sombra es alargada, quizá porque un adulto sólo es capaz de querer de verdad si quiere como un niño, y yo te quería así, por primera vez en mi vida lo hacía y me vi viviendo contigo, alucinado con tu voz hecha cotidiana.

Sospecho que no pude con la presión de hacerte menos infeliz de lo que yo había sido hasta ese momento. 

Luego me hundí. 

Y llegué a esta isla desierta, con los restos del naufragio




El día en que despertamos... diez años tarde.


Soy futbolero. Mucho. Me gusta el fútbol, el que juega mi sobrina los fines de semana y el que veo por televisión. Y por supuesto, me gusta ver el mundial.

Me gusta el juego colectivo, la combinación inteligente, las paradas imposibles, el esfuerzo y la entrega, me gusta que al final todo quede en un juego, que al final se den la mano aunque yo me liaría a puñetazos y a pisotones... a los que fingen. Por ejemplo, yo pondría una regla en la que si alguien finge una agresión y expulsan al agresor inocente, que éste, una vez demostrado por vídeo, pudiera agredir al cuentista en las formas que éste interpretó de forma taimada.

Yo soy de justicia vengativa, y no lo encuentro mal ni analizándolo fríamente.

No voy a agradecer a los jugadores de la selección española los seis años de triunfos ni voy a ponerlos a los pies de los caballos por la derrota de hoy. Mientras el país se va a la mierda ellos ganarán más dinero por estos días que lo que muchos ganarán en algunos años, mientras se dice por ahí que el país remonta el vuelo, ellos protagonizan anuncios, se van de vacaciones a lugares que ni tú ni yo imaginaríamos.

Y sí, tendrán estrés y estarán agotados, y se plantearán dejar el olimpo de los dioses porque hasta eso cansa. Y parecerán muñecos rotos en manos de la trituradora de personas que es esa máquina de dinero que es el fútbol.

Quizá ahora veamos a Fausto volviendo de Brasil en el avión, pero no lamentará haber vendido su alma, porque la vida es corta y lo que importa es el dinero. Y eso hará más soportable el entorno y los "finales de ciclo" y esas cosas cuyo rumor no llegará a sus lugares de descanso.

Lo mismo que los directivos de grandes corporaciones, que no salen en los periódicos si la empresa en la que desempeñan su trabajo, probablemente gracias a un título en una escuela de negocios, da igual si supieron desempeñar bien su trabajo, si la empresa baja su cotización en el ibex 35, a ellos les espera otro fin de ciclo, un nuevo puesto en otra participada con un desempeño más surrealista aún que el del anterior trabajo. Y nadie pensará "pobre Fausto" tampoco cuando vuelva de las Sheychelles este verano.

A mí me gusta como jugó Chile hoy, como jugó México ayer, cómo jugó Italia el otro día, e incluso me emocioné cuando marcó Bosnia ante Argentina, aunque jugaron no muy bien.

Y es que el fútbol entiende de fuerza, de determinación, de inteligencia, de ganas, y de humildad... y a los jugadores de España se les repitió hasta la saciedad de que lo suyo era talento y, probablemente fuera así, pero sólo si le pones ganas... ganar va a venir de ganas ¿verdad?

Yo creo que la selección empezó a perder cuando Puyol se fue porque dejó de ver a sus compañeros como deportistas y empezó a verlos como estrellitas desperdigados por unos cuantos equipos europeos, casados con mujeres de mundo en lugar de buenas chicas, con tanto lujo que entrenar era, de verdad un fastidio . Él vio que era el fin de una época, como también lo vio Guardiola cuando se fue del Barcelona. El fútbol es otra gran empresa más que cotiza en una Bolsa donde poco ya poco importa la materia prima, pero donde lo más importante es que esa materia prima sea de calidad, que combustione bien, que tenga un repuesto rápido.

Y eso es un poco lo que pasa con la humanidad, con el planeta, con el agua, con los recursos... si tratamos a lo esencial como cosas acabarán por no ser eso que creemos que son.

El fin de la selección española es el síntoma de que Europa, el que se llama a sí mismo primer mundo, una Europa clasista y pagada de sí misma, no se entera de nada y cree que gastando en  marketing y en merchandising "de calidad" todo se arregla. Pero no se arregla porque todo eso acaba con todo lo bueno que toca.

Afortunadamente el fútbol sigue siendo un deporte y siguen existiendo deportistas, futuros Faustos para engrasar la máquina de triturar y hacer dinero.

Y yo seguiré viendo partidos del mundial y me gustará ver el juego de algunos equipos, porque tienen aún ese espíritu de lucha, de no darse por vencidos, de llegar hasta el final con dignidad, talento y valentía. Y espero disfrutar con el juego como disfruto los sábados por la mañana, cuando cojo el coche y me llevo a mis sobrinos por toda la provincia para verlos jugar.

La roja se acabó porque nada es eterno, afortunadamente.  Surgirán otros equipos que serán referentes y que volverán engreídos a sus jugadores con el paso del tiempo. Y seguirán los directivos dándose comilonas de grandes empresarios, quemando el dinero de igual forma que queman chicos que quieren ganar títulos.

Y la rueda seguirá. Y todo será lo de siempre. Mientras tanto, que no se nos olvide que los que nos van a encontrar remedios contra enfermedades, los que nos van a ayudar cuando caigamos, los que tratarán de comprendernos a nosotros y ayudar a entenderse a nuestros niños, los que vigilarán por nuestra seguridad, los que crearán puestos de trabajo, los que crearán fundaciones y los que arriesgarán todo por salvar a otro; éstos, los héroes que nunca tendrán el reconocimiento que merecen, a éstos hace mucho tiempo que los enviaron para casa... o a otro lugar, porque se la quitaron.

martes, 17 de junio de 2014

Por si el tiempo


Por si el tiempo desnuda mi alma del cuerpo y mi vida deja de ser esa cosa que nunca supe cómo acabé compartiendo contigo, por si el tiempo se deja las puertas abiertas y salen volando las hojas de todo lo que te estuve escribiendo, a veces sin saberlo, sin haberte conocido aún, aunque intuyéndolo. Por si el tiempo me deja a medias de esos cien años que quería vivir si eran contigo, te dejo este post para que si por casualidad lo lees te acuerdes y me busques allí donde sea que vayamos cuando el tiempo cumple sus promesas, ya que ninguno de los dos cumplimos las nuestras.

Pero si el tiempo me deposita como arena de mar en una playa, perteneciendo a algo más grande que yo, si al final de todo no finaliza casi nada y somos luciérnagas de un sólo verano, pero eterno; si el mundo desaparece y sólo queda de él, el sonido, flotando por el universo, del barullo de las ciudades o el silencio de nuestras pisadas en los bosque en los que tú y yo quisimos ser siempre poco menos que salvajes, entonces espero que todo esto haya sido un punto y aparte, la prueba de que el eterno retorno conlleva este (otro) momentáneo alejamiento, que nuestras vidas seguirán órbitas elípticas alrededor de un sol al que no podemos mirar directamente porque nos dejaría ciegos.

jueves, 12 de junio de 2014

Día mundial contra el trabajo infantil:


Me pregunto cómo cambiar las cosas. Y qué puedo hacer por cambiarlas. Muchos días me acuerdo de Yesiah, mi ahijado en la fundación Vicente Ferrer. Estoy convencido que su vida no cambió demasiado tras conocerme y que sus expectativas eran muy altas. Me cogía fuerte la mano y me pedía con la mirada que me lo llevara de allí.

Si algo me traje tanto de la India como de Brasil es que la sociedad no merece la pena si no protege a los más vulnerables, que una sociedad sólo prospera cuando mejora la calidad de vida de los que más crudo lo tienen, que el planeta lo van a salvar ellos sin nada, mientras que nosotros, con todos los medios, apenas movemos un dedo.

El mundo cambia sin que nosotros lo cambiemos. La tasa de pobreza en el mundo va disminuyendo en porcentaje pero el número de pobres se ha estancado, porque cada vez somos más.

Sigo pensando que de la pobreza se sale en el momento que puedes cultivar tus propios alimentos, y sigo pensando que lo primordial es el agua. Por eso, a pesar de llevar casi cuatro años empecinado en llevar el proyecto del agua a todas partes sin conseguirlo, mantengo la esperanza y pierdo horas de sueño y gasto dinero que no tengo y me pongo en manos de futuros inversores que, no sé si entenderán lo que me mueve.

A ojos de casi todo el mundo soy un fracasado.

Pero tengo un sueño, una visión del mundo que quiero para las generaciones futuras. Y hace tiempo que no lucho por mí, sino para que cada día esté más cerca de lograrlo.

Pero no sé transmitirlo. De veras que no lo sé.

Y eso me desespera.



Hay que salvar a los niños, ellos no pueden defenderse. Cualquier abuso cometido contra un niño es mil veces más horrible que contra un adulto.

Todo esto siguen siendo palabras, las palabras no llevan a ninguna parte. Siempre pienso que cuando las cosas mejoren haré esto o aquello, pero ni mejoran ni hago nada. No sé si la vida tiene mucho sentido si permitimos injusticias, si los que no tenemos responsabilidades familiares seguimos viviendo con ellas, contando los minutos hasta que empiece el mundial de fútbol, olvidando lo escrito en unos minutos.


miércoles, 4 de junio de 2014

Donantes de médula unificados del mundo, siempre hay motivos

Buscaba una canción para completar un texto, uno de esos que ¿sabes? siempre escribo cuando echo de menos echarte de menos. Me había quedado bastante bien, al menos eso creía, y entonces encontré la canción adecuada, pero el vídeo oficial no me gustaba del todo y busqué otro que tuviera más alma.

Y encontré esto.

Y de repente dejé de darle importancia a escribir una y mil veces el mismo post, desde el mismo lugar del corazón del que no quiero salir, o no sé, o no quiero.


lunes, 2 de junio de 2014

Cuando el lugar en el mundo era un lugar demasiado oscuro, pero la oscuridad era de un negro tan vivo que parecía luz


Al principio creía que todo iba a ser más fácil de lo que después acabó siendo. No sabría decir muy bien el porqué, por que si lo hubiera pensado lo suficiente me habría dado cuenta de que hay personas que cuando se van no sólo dejan de estar presentes sino que su desaparición provoca un agujero negro al que se ve arrastrado todo lo que es uno; primero poco a poco y casi sin hacer ruido, agrandándose hasta engullir lo que se supone que es sólido e imperturbable; todo se va sin que haya la más mínima posibilidad de salvar lo que se tiene más a mano.

Si pudiera volver a tener un lugar en el universo en el lugar en el que hoy hay ese agujero negro, si en él estuviera ella (la ella de moriría por ella) estoy seguro de que volvería allí sin dudarlo un instante.

Pero el tiempo ha pasado y no pude volver a ser el que fui, no sólo porque ella se fuera o porque me fuera yo (quizá fui yo el que me fui esperando que ella me dijera que no me fuera), no pude volver a ser ese porque todo se fue por ese agujero negro, desaparecieron cosas que ya nunca volverán a ser.

Supongo que uno puede volver a ese estado anterior cuando es capaz de desear lo mejor a quien ya no te importa. Pero no es mi caso y no creo que lo sea nunca de nuevo. Tal vez lo que me pase es que no sé perdonar, pero es que si fui yo el que se fue esperando a que ella dijera que me quedara, entonces al que no puedo perdonar es a mí mismo.

Y podría escribir mil blogs para expiar ese crimen contra mí mismo y podría empeñar mi vida en llevar agua a quien más la necesita. Y podría conocer a mil mujeres mil veces mejor que ella y podría dejarme caer en un dulce y despreocupado carpe diem tan sensual como esta primavera casi sin abejas que se agota sin haber dejado suficiente lluvia en los zapatos, pero a estas alturas empiezo a sospechar que todo va a ser un esfuerzo vano sin fecha de cancelación.

Y si he de ser sincero, no tengo miedo a que el agujero se me lleve todo, sino que me quede yo solo habiendo desperdiciado la oportunidad de aprender a vivir sin ella, de haber aprendido a vivir conmigo mismo.

miércoles, 28 de mayo de 2014

Que viene los frikis



El universo ha iniciado un giro sobre sí mismo, sobre un eje que antes no existía. El universo es caos y seguirá siendo caos, pero eso ya lo sabíamos. Sólo intentamos dotarle de un orden para poder comprender que lo inevitable era, al menos, previsible. Sólo eso; poco más que eso.

Aceptarlo es, para algunos, como morir. Debe haber un orden de las cosas, debe haber una pauta, una norma, lo inesperado es malo, ahora que parecía que todo iba mal pero por lo menos estaba dentro de un orden, las cosas van y cambian... como si el universo no fuera cambio constante.

Asisto perplejo al revuelo que ha surgido de los resultados de las elecciones al parlamento europeo. "Algo se mueve para mal", dicen algunos, "lo mejor es lo de antes", porque el miedo no es al otro, el miedo es a que a uno le quiten sus privilegios de clase, porque las clases son como ser de un equipo de fútbol: se es consciente de que eres o perteneces a un grupo y ya no se cambia jamás, le serás fiel toda tu vida por mucho que te defraude.

Pero en este país, como en muchos otros, eso llegó demasiado lejos. Y una clase trató de aniquilar a otra mediante la violencia primero y la represión después. Y aunque hayan pasado muchos años y algunos hayan tratado de olvidar y otros de que se olvide, eso quedará ahí, en nuestro inconsciente colectivo, en la historia familiar, en los silencios y en los murmullos. Morirán todos los que participaron en la guerra civil pero seguirán quedando las mismas clases, la misma lucha y el mismo desprecio de unos hacia otros.

Y clases hay muchas. Y subclases. El mundo se divide en tantas que necesitamos simplificarlas hasta concentrarlas. Pero el universo era caos: miríadas de variables en constante movimiento que tratamos de canalizar para prever su evolución y tratar de cambiar su curso, detenerlo si es posible.

No es posible cambiar sin cambiar de paradigma. Creer que las cosas mejorarán sin cambiar nada o que podremos resistir en nuestro estado indefinidamente sin que nada cambie forma parte de la misma locura colectiva.

A mí, personalmente, me ha gustado que los indignados empiecen a combatir con las mismas armas y utilizando los mismos medios que el resto de partidos. Me parece que apostar por cambiar el sistema desde dentro del sistema utilizando la televisión, la publicidad en las redes sociales, crear estrategias de captación de votos, es un ejercicio de coherencia: si vas a entrar en el juego, utiliza los mecanismos que el sistema admite como aceptables, sin utilizar la violencia, votando.

No conozco su ideario ni su programa, no sé si son respetuosos o unos incívicos, no los he seguido, ni tan siquiera sabía que se presentaban a las elecciones. Pero incluso el caos está sujeto a las leyes de la termodinámica, y si hay una reacción es porque ha habido una fuerza ejercida de igual magnitud. Por tanto era de esperar.

Me gusta saber que los más jóvenes entran en política, que se independizan de la herencia de la guerra civil y defienden una nueva forma de justicia social, si es que es puede haber distintas. Ya iba siendo hora de que algo canalizara esa energía, que los jóvenes empezaran a plantear qué clase de futuro quieren y se pusieran manos a la obra para tratar de cambiar el régimen sin tener que recurrir a la violencia.

Creo que era Woody Allen que decía algo así como "Cómo voy a hacer algo para mejorar mi futuro ¿es que acaso mi futuro ha hecho alguna cosa por mí?"

Prefiero pensar que se ha abierto una nueva vía para mejorar mi futuro, porque mi presente es bastante desolador. El movimiento era lo lógico, el caos inevitable, las leyes de la termodinámica siguen funcionando, afortunadamente... pero que a nadie se le escape que el auge de los partidos en el otro extremo forma parte del mismo sistema. Y éstos no descartan la violencia.




miércoles, 21 de mayo de 2014

El instinto es algo así como una alarma de incendios cuando tú estás a mi lado, nunca sé si en realidad es un simulacro o la señal para que uno de los dos salga corriendo hacia la puerta de la habitación porque se nos está prendiendo el alma y sólo nos quedan las manos para apagar el fuego del otro. Pero ya sabes: siempre hay un mañana, siempre me repito que hay un mañana en el que esta vez sí tú y yo dejemos de temer a las llamas, en el que dejemos de evitar vivir aunque sea en el infierno.


No creas que no lo he pensado estos días, quizá porque el mundo se me ha hecho más y más pequeño desde que no te pienso en presente y a cada día que pasa, me voy dando cuenta de que dejo cosas para mañana sin saber si ese mañana merecerá la pena. Y sospecho que no lo merecerá porque a mí me gustan las mañanas junto a ti, oír el agua de la ducha desde la cocina  y saber que tú estás debajo del agua, dejándola correr por tu cuerpo, y las prisas de salir corriendo al trabajo, y el ascensor con su ruido seco de cerrarse las puertas, y el beso apresurado y el verte desaparecer escaleras abajo del metro, y esa forma que me queda luego, de llenar el resto del día con el trabajo (que antes se me hacía insoportable) hasta que vuelves, porque si alguna vez te encontrara y pudiera decirte algo mirándote a los ojos es que vivir contigo, ese pasado presente, me vaciaba el cuerpo y la cabeza de todas las manías de hombre que se mira al espejo y no se reconoce porque el tiempo pasó muy deprisa y le faltan en el álbum de fotografías de su vida, más o menos quince años, te diría que el amor es una cura homeopática que uno se toma todos los días a pequeñas dosis. Y te daría las gracias. Por curarme.

Y sí, ya sé que ha pasado el tiempo, que al final cada uno hizo su vida más o menos, que la llenamos de otros presentes compartidos con otros tú y yo que nunca llegarán a ser lo que tú y yo fuimos, porque nada puede repetirse y porque se me hace difícil olvidar lo inolvidable que era estar contigo, sentir el ser humano que eras, la mujer y el felino, con su capacidad de amar y comprender, con su tristeza inabarcable y su alegría desbordante, con todo eso que significa, ni más ni menos, ser alguien que vive la vida a conciencia, como si le hubiera tocado la lotería sólo por el hecho de estar vivo.

Pero nos perdimos. Y estos días me pregunto qué pensarás que perdiste tú cuando dejamos de ser nosotros, y supongo que me lo pregunto porque yo empiezo a sospechar que dejaras de ser mi presente fue como emigrar a otro país dejando atrás mi lugar en el mundo.