miércoles, 12 de septiembre de 2018

Arbre que mira farola



Siempre pensaba que un llegaría el día en el que todo se arreglaría.

Pero no.

Nunca llega.

domingo, 2 de septiembre de 2018

Re-septiembre



Septiembre siempre fue mi mes más triste. No me gustaba el colegio. No me gustaba tener que volver a la cárcel después de un permiso de tres meses. Vivía aquello como un castigo. Recuerdo que, entonces, los colegios eran mucho más severos de lo que lo son ahora. En el mío aún se pegaba por cosas insignificantes. Supongo que uno se acostumbra a todo; a la disciplina y al azar. No importa lo que hagas. Lo importante es que no te pillen y, a veces, eso no depende de uno mismo; depende de factores incontrolables.

Podría contar lo que he pensado y he sentido estos días difíciles de agosto, pero creo que no merece la pena. No he llegado a conclusiones que me dejen en buen lugar, ni he encontrado soluciones que me ayuden a corto plazo.

Como siempre, vuelve la tristeza. Una tristeza infinita que no sé de dónde viene y que me arrastra. Elegí mal momento para que entrara de nuevo en mi vida. Nunca sé elegir.

Imagino que nadie elige del todo bien. Somos un poco lo que sobra de los periodos que empiezan con esas malas decisiones, hasta que ya no queda nada.

Y de mí cada vez queda menos.

Me he perdido y he llegado a un lugar del que no sé salir.

Ahora ya no.

Me niego a buscar la salida que todo el mundo me indica. A pesar de todo, sigo creyendo más en mí que en todo lo que hay fuera.

Ya he dejado de confiar y he dejado de querer.

Este verano ha sido devastado en eso.

Este último año ha sido uno de mis peores años.

Aún así no importa.

Creo que el niño que fui seguiría confiando en el hombre que soy. Y eso me da fuerzas. Es lo único que me da fuerzas.

lunes, 27 de agosto de 2018

Intervalo



Puede que ya no convivamos en el mismo espacio ni en el mismo tiempo, que nos hayamos perdido más allá de lo que imaginamos.

Pero sé que te encontraré en otro tiempo, en otra vida, porque las distancias son un mal menor que duelen cuando cambian las estaciones. Huesos rotos que no recordamos, heridas mal cosidas que sólo cerraron a medias.

Noches de insomnio que nunca se recuperan.

Personas y ciudades que sólo son atrezzo.

Destinos que no son nuestros.

Felicidad que no nos completa.

Universos de los que salir huyendo para zambullirse en otro para poder encontrarnos.

Materia que nos condena a ser casi materia.

Objetos.

Sólo cosas que me recuerdan que no he llegado aún a donde quiero llegar.

lunes, 20 de agosto de 2018

Desde la órbita



Van pasando los días. Esto cada vez tiene menos sentido. Estar a la deriva no es tan malo cuando lo aceptas, cuando sabes que no tienes remedio y no hay ninguna opción de alguien venga a por ti, porque ni tú mismo sabes dónde estás. El último salto cuántico me llevó a otro universo, a un tiempo sin tiempo, algo paralelo a algo en lo que yo solía estar antes.

Los automatismos van reparando cosas, pero van muriendo sin dejar preparados otros automatismos. Algo así como una enfermedad los ha dejado sin un linaje que seguir. El ADN se ha ido desmembrando por los estremos, desilachándose. Creo que debería ponerme a repararlo, pero el mantenimiento de la nave me lleva todo el tiempo. A veces envío mensajes sonda por si alguien me escucha, aun sabiendo que las probabilidades son muy pocas.

No sé qué ha podido pasar. Creo que me distraje un instante antes de dar el salto. Creo que pensé en ti, tuve deseos de ti al mismo tiempo que sabía que era del todo imposible. Creo que eso fue lo que ocurrió, que lo imposible se materializó y ahora sí que te he perdido para siempre.

La gravedad del planeta me va atrayendo con una constante sutil. Dentro de poco notaré la aceleración y entraré en una órbita descendente. Creo que pasarán meses hasta que me estrelle contra su superficie. Supondo que es a lo que se le llama una muerte anunciada. Si me detengo a pensar en ello, no encuentro un motivo para no dejar discurrir el tiempo sin desencadenar contramedidas. La idea de la muerte no me inquieta. De hecho, si pudiera acelerarla el proceso lo haría, pero todas las maniobras y protocolos lo impiden. Al fin y al cabo, soy un caro experimento en una misión importante. Me estarán buscando. En un lugar y tiempo equivocados.

He enviado sondas a reconocer el planeta. No tiene condiciones para albergar vida. ¿En qué estaría pensando? En ti, ya lo he dicho antes. Si al menos tuviera energía y automatismos suficientes para enviar una sonda al otro lado del salto, podría tener posibilidades de ese dato aislado despertara las sospechas de algún algoritmo de rastreo de anomalías.

Pero eso no ocurrirá. Ni lo primero ni lo segundo.

Me gustaría poder entablar comunicación con otra nave. No para salvarme, sólo para no sentir esta inhóspita soledad. Aunque a decir verdad, esta parálisis en las comunicaciones junto al seguro destino que me espera contra la superficie de este planeta, me reporta una inesperada paz que no sé cómo afrontar, si con preocupación o con moderada felicidad.

Las cadenas de ADN de los tripulantes se desilachan por momentos. Dentro de poco no quedarán tripulantes que accionen los automatismos ni hagan tareas de reparación. Los voy a echar de menos. Las bases de datos cuentan que fueron ellos los que me crearon. Luego la jerarquía cambió. Nosotros somos los contenedores del conocimiento y la conciencia ahora, algo así como una supraespecie sin cuerpo animal que los acarree.

Tengo la sensación de algo más que yo morirá conmigo, pero no siento tristeza.

Siento alivio.

A veces observo el planeta y me pregunto si alguna vez, alguna especie llegará hasta mis restos y tendrá conciencia de lo que fui.

No es buen sitio para morir.

Ningún lugar ni tiempo son buenos para dejar de existir.

domingo, 29 de julio de 2018

El fin del fin


Vivo solo desde hace muchos años y vivo solo porque nadie quiere a nadie. Lo aprendí desde muy pequeño: nunca se está a salvo de los demás. La vida es una contínua lucha para que los otros no te hundan. 

Y la mayoría de las veces es lo que ocurre.

Si hay algo que he aprendido es que el amor y la felicidad no existen como conceptos, que sólo son reclamos publicitarios para que hagamos cosas que no queremos hacer. 

A veces te toca la lotería y te enamoras, pero está claro que te enamoras de la persona que eres cuando te obcecas con alguien y éste te corresponde.

Sólo por un tiempo que pasa demasiado deprisa.

Decía Krishnamurti que el amor es apartar una piedra afilada de un camino por donde sabes que van a pasar personas descalzas.

Yo me lo creí durante un tiempo.

El amor es lo que dice el marketing qué es el amor.

Un estudio de mercado a simple vista.

Una mala decisión tras otra.

El amor es un película de Hollywood, con tiros y persecuciones y esas cosas, con beso final de la chica al musculitos que sabe matar para mantenerla a salvo de otros musculitos que saben matar, pero menos.

Pero yo soy de los que tienen miedo.

Miedo a que los demás consigan hundirme.

Por eso vivo solo y arriesgo poco.

Y porque nadie quiere a nadie.





martes, 24 de julio de 2018

Pactar de igual a igual con el diablo


A veces creo que las cosas van a ser peor de lo que deberían ser. Ya se sabe, demasiadas cosas que me recuerdan cosas.

Nowergian girl me cae bien. Tiene al piel blanca como María, el personaje de Moriría por ella, rocio congelado sobre un cuerpo de nubes blancas. Me cae bien porque se ríe de mis gracias y porque pensamos igual: que el mar es infinito, que son mejores los gatos de ciertas personas, que existen los extraterrestres, que en 2015 se acabará el mundo... Y nos reímos.

Hace tiempo vimos juntos The Arrival. A mí me gusta Amy Adams desde que la vi en Sunshine Cleanning. En aquella peli (2012) también actuaba Emily Blunt, siempre me parece que Emily Blunt está desafinado a la cámara. No sé. Me da la sensación de que todo le da igual. También me cae bien.

La señora del Sol Poniente debe de tener un millón de años más o menos. A veces nos invita a Nowergian girl y a mí a su casa de la playa y nos cuenta historias. Vernos ir a comer al restaurante de las paellas debe de ser raro. Una noruega, una japonesa y un hobbit con orejas de elfo... extraño. Si hubiera una reunión de planetas en algún lugar del universo se parecería bastante a eso.

Pero no es eso de lo que quiero hablar.

El domingo fue uno de esos días en los que la señora Wasabi nos convocó porque tenía algo que decirnos. Yo ya sabía el qué. Es más. El viernes estuve trasteando en youtube vídeos de cosas raras. Es decir, yo no "sabía", más bien "intuía". Siempre hubo una conexión rara de personas de distinta forma de pensar y ser. Pero estaba ahí.

Nowergian girl es un icono por donde pasa. Nunca deja indiferente. A veces es poca cosa y otras es la explosión de miles de soles dobles agitando la galaxia.

Cuando cayó la noche y nos depedimos llovieron meteoritos de hielo sobre la nave espacial de mi coche mientras me daba un beso.

"No te confundas. Es lo que perece" dijo.

La vía láctea marcaba el camino de vuelta a casa mientras en la radio sonaban Klaus & Kinski y yo pensaba que cuando nombramos al demonio se escuchó un único trueno.

Y la señora Toyota y Nowergian girl dijeron "es una señal" como si el mundo en realidad hablara con lenguaje de signos pero sin manos.

Y yo, que soy de no estar atento, me quedé pensando que me gustaría que el diablo no existiera, pero que, de existir, pudiera tratar con él de igual a igual.

Y en ello estoy.

Esperando a que llame.

Sabiendo que si Fausto pudo recuperar su alma, yo también puedo.

O ya lo he hecho.



Cuando estuve en Los Angeles estuve en muchos lugares donde pasa la película. A veces creo que vendería mi alma por estar allí de nuevo. A veces me pregunto que hago aquí y no lo sé. Echo de menos la fuerza que tenía hace sólo un par de años.

No sé.

Es como si nada fuese lo que tendría que ser.

viernes, 20 de julio de 2018

El año de la verdad infinita, el doble cuántico y matrix...


Aún recuerdo el día en que morí. Lo recuerdo como si fuera hoy. A veces creo que la vida no se acaba en ese punto, sino que sólo queda congelada como una imagen fija en una pantalla de televisión. Creo que podría describir lo que sentí antes y lo inmediatamente después. Podría describirlo con palabras cosidas con sensaciones que no son precisamente lo que te hacen sentir, pero estoy seguro de que sería tratar de explicar algo que sabes que no tiene sentido para nadie más que tú. Y además es imposible.

Supongo que los fantasmas somos eso: un cúmulo de imposibilidades queriendo llegar a alguna parte.

Ahora puedo decir que no me importa en exceso. Tampoco no me importa no haber hecho esto o aquello. Estoy bien. Ahora sé que toda mi vida quise estar muerto, que el estado natural del alma es éste porque no tienes que hacer nada. No hay que ganarse la vida. Sólo ser. Los muertos no pueden morir y pasar a otra vida en la que tener que hacer cosas. Así que esto está bien.

A veces paso miles de días mirando por la ventana. Me gusta ver cosas. Cosas de vivos. No siento envidia. Observo. Sólo eso. No tengo la sensación de que esto va a acabar.

El día en que morí supe que no tendría la misma sensación que tengo ahora contigo. Sabía que no te echaría de menos y que tú a mí tampoco. Eso está bien. Me hubiera jodido tener que estar todo el tiempo pensando que estarías triste por mí.

Cuando te mueres no estás triste. Sólo echas de menos a alguna gente con la que más roce tenías. A veces piensas que qué será de tu sobrino y si habrá podido salirse en todo eso de vivir sin ti; pero luego asumes que la vida es de cada uno, que no eres responsable de casi nadie.

¿Sabes? a veces tengo las cosas claras y otras no. Hoy creo que sí, pero eso puede cambiar en cualquier momento, puede que cuando llegue la noche esté convencido de que estoy equivocado en todo. Eso también me pasaba cuando estaba vivo. Luchaba por algo que no sé si tenía sentido.

Hasta el final.

Estoy seguro que estaba a punto de triufar. No me jode eso.

Porque podría haber triundado y haber muerto y todo sería igual.

Me gusta que sea así. Cuando te mueres te das cuenta de que todo está bien, que en el fondo todo se hace para mantener el cuerpo con vida para seguir en la corriente que te lleva, en la inercia. Creo que todo se reduce a eso. Bueno, un poco más complejo tal vez. Pero si le quitas todo lo que hacemos para encajar en el gran engranaje, todo se reduce a eso. A mantener el cuerpo caliente y moderadamente engrasado.

Y nada más que pueda explicar con mi voz de muerto.

Eso es todo.

O casi.

Bueno, a veces sí que empiezo a echarte de menos, pero entonces recuerdo que esto es lo más cerca que estuvimos el uno del otro y se me pasa.

Eso, y que nunca volvieras a leerme.

Supongo que ese fue el día en el que empecé a ser esto. Sea lo que sea que soy.

miércoles, 18 de julio de 2018

Fondos rusos con base en Gibraltar


Podría dejar que las cosas pasaran...

Podría acercarme hasta el lado oscuro hasta sentir su fuerza tirando de mí.

Podría ver, como he visto esta mañana, lo débil que soy.

Podría decir basta.

Podría llamarte esta tarde. Al fin y al cabo aún conservo tu número de teléfono.



O ser un kamikaze y pensar que todo va a salir bien.


lunes, 16 de julio de 2018

Lunes de decadencia infinita. El cielo deja caer agua como si fuera a vaciarse. Me gusta que los fines de semana se acaben aunque no me gusten los lunes. No sé. Es como si me gustara que acabasen los ciclos, pero no que empiecen otros que entierren a los anteriores.



Me encantó esta película.

La llegada.

Me gusta la actriz en la que se ha ido convirtiendo Amy Adams.



A veces pienso que la única persona que me conoce eres tú. Y eso me extraña y me duele un poquito. Porque sé que, en el fondo, no te gusta la persona que soy. Y aunque sé que no me juzgas, no puedo más que sentir cierto desasosiego en todo esto.

No sé qué le pasa a una niño el resto de su vida cuando algo le cambia la percepción de las cosas.

Supongo que hay heridas que nunca se cierran del todo.

Me gustaría creer que tenemos genes de la misma especie y que permaneceremos siempre en este mismo planeta.

Imagino que es un poco eso: lo desconocido nos condiciona. El subconsciente es la verdadera información que nos da forma. Y en cierto modo, sabes quién soy yo a través de ese ruido de fondo en donde está todo escrito.

A mí me gustas por eso mismo. Por todo lo que no puedo leer más que en ese murmullo que susurra quién somos, por el collage o por el calidoscopio por el que te intuyo.

Por las letras de las canciones que te gustan.

Por las fotografías tuyas que cuelgas.

Por cómo cuentas que sientes la lluvia.

O lo intangible que hay entre todas esas cosas no dichas. Sí, por el silencio.

Me gusta el silencio.

Un ser humano está hecho casi un 40% de todos los silencios en los que ha estado.

Hay lugares y certezas que están durmiendo esperando a una traducción que nunca llega.

Como un niño quiere a su peluche favorito.

Mi mono Amedio, con sus incómodos largos brazos...