lunes, 13 de junio de 2011

Derrámame


Sé que hoy es uno de esos días intermitentes, uno de esos días que parpaedean como un semáforo averiado. Lo sé desde que abrí los ojos esta mañana, lo supe sin saber cómo, debe ser la incercia que me lleva, reconozco el tiempo y el espacio y sé cuándo está hecho de tierras movedizas y hoy lo está. Por eso sé que va a ser un día difícil de clasificar incluso cuando haya pasado el tiempo y sólo sea un grano de arroz en mi memoria.

Hace días que no sé qué escribir, que escribo arrastrando las palabras por el suelo, días en que ya no encuentro personajes, ni lugares, ni nada que me motive. Voy de un sitio para otro, dando vueltas, disuelvo las horas en trabajos mal pagados, sueño sueños envasados al vacío, y me siento como, desde siempre, un intocable.

Esta entrada también se perderá entre todas las entradas, probablemente le pasará lo que a mí y no tendrá ningún comentario. Peor que los días grises son los días huecos como aquellas bolas del mundo que llevaban una bombilla dentro, un mundo que ya no es el mismo que hace veinte años.

Hoy me pesa el aire en los pulmones (no sé el porqué), me pesa el mi-me-conmigo que es un blog, me peso yo más que nunca, me parece insoportable llevarme a cuestas, personaje o persona, con la máscara blanqueada, la luz de la luciérnaga encendida por las noches, esta sensación de sentirme traicionado a cada momento.

El contestador ya no contesta, los amigos se van yendo, la distancia es una cuesta abajo, una de esas canciones que ya van por el cuarto minuto, sigo escribiendo sin encontrar sentido a lo que digo, sabiendo que cuando me leas pensarás que es más de lo mismo y tendrás razón, no cambia casi nada, sólo la queja perpétua en los dedos sobre el teclado negro, la pizarra velleda delante de mí con esquemas extraños y diagramas imposibles, irrealizables a corto plazo, y veo fotos de paisajes con agua y diseño a ratos libres ingenios que limpian el agua, me cuesta empezar cuando llevo días solo, cuando siento que se me estanca el alma entre estas cuatro paredes.

Respiro algo mejor. Es hablar del proyecto y nacerme un manantial en el pecho, un torrente impaciente, una linterna de luz, una saber que hacia donde voy está mi vida.

Se me ha roto un hueso del pecho, ha sonado clack! y todo se ha vuelto a colocar en su sitio. A veces necesito saber el motivo de mi tristeza para saber que mi alegría está en ese proyecto de agua, en la vida de las personas que podré cambiar.

Es algo que está en nuestras manos.

8 comentarios:

Alba dijo...

No estés triste :(
Aférrate a eso que te hace feliz, y olvida lo demás. Olvidar es la cuestión, creo. Difícil, pero no imposible.

¡Ánimos!

Alex B dijo...

Deja que brote ese manantial de tu pecho.
Y cuando no sepas lo que escribir, cuenta más de ese proyecto. ( yo soy nueva en tu blog y no me lo sé pero me gustaría saber más)

Un abrazo

Bobby Coke dijo...

El sonido de tu hueso me ha despertado. Has roto el silencio de un modo que no pasa desapercibido. A mí me gusta, cuando me siento seco de palabras, ayudarme con una botella de vino y mirarme los dedos de los pies. Cuanto más triste estoy más inspirado me siento.

Espera a la primavera, B... dijo...

Gracias por los ánimos, Alba, por seguir leyendo.

Un abrazo

Toni

Espera a la primavera, B... dijo...

Alex, a veces se me hace todo tan cuesta arriba... lo veo tan lejos y tan difícil todo...

Espera a la primavera, B... dijo...

Las palabras que nacen del vino son del vino, Bobby.

El hueso hico clack! físicamente, ignoro cuál, me alegra que resonara tan y tan lejos.

Gracias por comentarme.

Heidi dijo...

;-P
Cuídate.
Anímate.
Ciao.

Espera a la primavera, B... dijo...

No son horas, Heidi ¿Qué pensará Shakespeare?