domingo, 31 de octubre de 2010

Elogio de la pasión


Si algo le pido a la vida es que me conceda la capacidad de apasionarme, de estar deseando que amanezca para que empiece mi tarea. Si algo le pido a la vida es encontrarle sentido a mi trabajo, que no me venza el desaliento, que me dé la oportunidad de buscar y crear las circunstancias.

La semana pasada estuve en la bodega donde se fabrican las cervezas Maüser. No sé si conté que tras visitarlos en la fira del cava de Sant Sadurní, y casualmente, entraron en mi blog y Albert me escribió. Todavía no sé a ciencia cierta qué me hizo acercarme a su stand, en cualquier caso, lo hice y bueno, supongo que el azar tendrá sus razones.

Pasión. Cuando Albert me habló del proyecto que les llevó a crear una bodega de vinos muy diferentes (uno envejecido en ánfora y otro, un vino blanco de uva negra) lo hizo con el brillo en los ojos del que está haciendo lo que le gusta, me juego lo que queráis a que está deseando levantarse por las mañanas para ir a la bodega. Él y su socia Silvia me lo transmitieron con sus palabras pero sobre todo con la mirada.

La pasión debe ser algo de locos. Pero creo que lo que es de locos es no sentir pasión por lo que se hace. Todos tenemos algo por lo que sentirnos así.

La pasión requiere de una fe inquebrantable en lo que uno cree y estar dispuesto a pasar momentos de duda, es darse cuenta de que a veces las cosas tardan su tiempo. Todo llega.

Llegará.

Dirección de su página web: www.esteveiferron.com (id al blog clickando en el símbolo de blogger)

sábado, 30 de octubre de 2010

Me lo paso tan bien a tu lado...


Supongo que no tengo nada qué decir, que no quiero exprimir más el pasado, que no me arrepiento de nada de lo que he hecho, de nada de cómo soy ni de cómo me he comportado, que si tuviera delante de mí al niño que fui sólo le pediría perdón por esta mala elección, por no dar con la gente correcta, por enamorarme de quien no debía. No me arrepiento de nada más.

Soy quien quiero ser.

Soy quien quise siempre ser.

Nadie puede reprocharme que no lo diera todo, en todo caso que me olvidara de mí mismo, que me quedara a medias en el trayecto de lograr lo que todo el mundo dice que debería lograr sólo con el talento.

Hace tiempo le dije a alguien que perdía ella mucho más que yo. Puede parecer soberbia. Pero no lo es. Creo que empiezo a saber qué clase de hombre soy y no me cambio por nadie del mundo. Sé quien soy por dentro, qué es lo que me mueve... y todo lo que veo es noble. Lo haré mejor o peor pero... ¿sabes? Se lo debo al niño y adolescente que fui, que supo leer el mundo y no quiso aceptar que tenía que ser como los demás. Sí, soy distinto, busqué (y sigo buscando) el camino para dar cabida a la creatividad, apuesto por tratar de hacer reír a mis amigos...

No lo dudes. Busca a quien te haga reír. La mediocridad necestia poner cara de malas pulgas para disimular, el que se ríe de sí mismo no necesita esconder que es lo que es.

Lo extraordinario en el ser humano es la risa, el humor; la inteligencia se demuestra con la risa.

La risa de dará alas. Y aunque siempre habrá alguien que te las quiera cortar, siempre tendrás la posibilidad de salir volando antes.

Y perdonad si alguna vez los tres (el niño, el adolescente y el hombre que soy) estamos tristes. Ninguno, afortunadamente, somos indiferentes a la decepción.


domingo, 24 de octubre de 2010

Las olas del tiempo


Esta vez no. Esta vez no voy a caer. No voy a caer para tener que levantarme dentro de dos o tres meses. No. Esta vez no. Esta vez no.


A veces siento que voy a desmoronarme, que me voy a deshacer como un castillo de arena, pero entonces recuerdo que no todo fue culpa mía o que lo fue todo tanto que no merece la pena pensar en que pude arreglarlo. A veces me doy la vuelta y regreso a los días en los que tuve la sensación de que fui feliz pero la felicidad es una cronista de pena, siempre fue ella la protagonista, el pasado siempre fue mejor y el presente sólo un instante, un instante que la calumnia sin fundamento.


Mi presente es éste. Domingo por la tarde, estudiando para el examen del viernes, solo. Demasiado tiempo solo, demasiado tiempo sabiendo que la compañía de los demás es un bien demasiado preciado. Oscurece pronto, se hace de noche y la noche me trae recuerdos, cada día menos, cada día más difusos. En otro tiempo me desharía y me diluiría en las olas del tiempo pero ahora ya no. Ahora voy empezando a asimilar todos los golpes que los últimos meses. Me pregunto cómo pude aguantar, cómo pude seguir cuerdo y al mismo tiempo buscar una salida. Una salida que a día de hoy me permite seguir sobreviviendo.


A veces pienso que soy débil y otras veces pienso que soy increíblemente fuerte: que soy débil porque a veces me puede el miedo, la desesperación, me bloqueo... y fuerte porque siempre acabo encontrando una salida, un plan, una fuente de recursos, y casi siempre solo, demasiado solo.


La gente va y viene. La gente vamos y venimos. Nadie se queda. No importa, supongo que así es la vida.


viernes, 22 de octubre de 2010

Viernes hueco


No sabría qué decir.

Hoy el día es hueco. No sé cómo explicarlo de otro modo. No está vacío. No es lo mismo vacío que hueco. Un vaso está vacío pero no hueco. Hueco está lo que parece sólido pero no tiene nada dentro, en apariencia es algo totalmente cerrado. Pues eso.

Esta mañana he ido a visitar a un cliente, hasta me he reído un poco, pero la verdad es que creo que estoy animado a base de cafeína. Mmm... cafeína: buena. El caso es que saber que hoy no hablaré con Ana (ayer no lo sabía, lo fuí sabiendo a medida que el teléfono no acababa de mostrar su nombre en la pantalla) me distrae. Que me distraiga en horario de trabajo no es demasiado habitual, esta semana quizá lo he hecho más porque ni mi jefe ni mi compañero están. Trabajar solo muchos días seguidos es un poco una mierda. No sé cómo he podido aguantar casi dos años así y sobrevivir.

En dos meses más o menos tendré acabada la primera novela. Puede que para abril o mayo tenga ya la segunda. La verdad es que me cuesta creer que esté dando un impulso tan grande a algo que me costaba tanto. Es cierto que pierdo horas de sueño y que no tengo tanta vida social como quisiera pero creo que es mejor así. Es algo que hasta ahora tenía pendiente y ahora lo que quiero es ponerme de verdad, sumergirme en la historia, estoy escribiendo mucho más de lo que había hecho antes, incluso en el blog puedo abrirme un poco más.

Imagino que todo forma parte de un proceso. Creo que el hecho de ponerme en marcha de nuevo después del verano tan frustrante que pasé, después de darme cuenta que me relegaban a un papel testimonial en la empresa que yo había ideado y ayudado a fundar y después de tener que decidir decir adiós a E, y que ambas cosas pasaran al unísono, me hundió hasta extremos que ni yo mismo sospecho.

No sé si alguien se da cuenta de lo duro que resulta decidir decir adiós a alguien a quien quieres mucho. Si te dicen adiós te jode porque eres tú el dejado, el despreciado pero ser el dejado y encima tener que ser tú quien además tenga que tomar la decisión de cortar toda comunicación es muy jodido. Me sentí muy culpable por hacerlo porque es como decir "no quiero saber más de ti" pero no podía soportar más mentiras y silencios.

Saber de E. a través de terceras personas no me ayudó demasiado. Pero ahora creo que por fin he encontrado ese oasis en el que me siento a salvo y lo empiezo a ver como algo un poco más lejano y mi vida transcurre entre el trabajo, las novelas, cursos, proyectos y largas caminatas.

Saber que en su presente probablemente me habrá olvidado del todo, que en su pensamiento quizá ocuparé 0,001% cuando hable con algún conocido que tenemos en común, me duele, pero me duele sobre todo que yo fuese parte de su infelicidad y que cambiara esa realidad por otra y me lo hicera saber de una forma tan, cómo diría... presencial.

Ahora voy a seguir trabajando, quería pasar cinco minutos y casi me he ido a los diez.

jueves, 21 de octubre de 2010

Inevitable


Me he cortado el pelo muy corto. Me paso la mano por la cabeza y noto los cabellos duros y en punta, cercenados como el bambú a ras de suelo, como el papel de lija con el que alisé las paredes de su casa.

Ana y Albert han vuelto. Lo sabía ya esta tarde cuando sonó el teléfono. Ninguno de los dos nos habíamos llamado durante el día, un día que se me hizo silencioso y lento, pesado y sediento, largo, muy largo, un día de más de cien horas.

Cuando llamó yo ya sabía qué me diría y ella sabía que yo lo sabía, que su silencio era el amigo enemigo chivato con el que uno nunca cuenta durante los días locuaces. Me lo dijo con tristeza, como si se le hubiese muerto el gato después de una larga agonía, como si estuviese haciéndome algo malo, como si hubiésemos hecho un pacto de sangre y no pudiera cumplirlo.

Le dije que estaba bien dar oportunidades a quienes se arriesgan a pedirlas, que si lo hace es porque cree que esta vez va a salir bien, que Albert esta vez olvidará sus celos hacia ella y dejará de enviarse mensajitos con desconocidas. La gente cambia, le digo. La gente madura.

Sé que no la veré en una buena temporada, que ella no me llamará y yo la llamaré exactamente cada quince días, el lunes a las siete de la tarde, nuestros lunes al sol telefónicos, los lunes deshechos como un muñeco de plástico en el microondas.

Podría haberme puesto triste. Pero esta vez decidí que no, esta vez pensé que vería la parte positiva, que había pasado unos días bonitos, riéndome a carcajadas, llenándome los bolsillos de optimismo como un niño invisible en una tienda de chucherías. Y pudiendo pensar que qué mierda pensé que qué días tan grandes he pasado, en lugar de pensar que la echaré de menos me obligué a pensar que esos días no me los podrá quitar ya nadie.

Porque el pasado no puede cambiarse ni para bien ni para mal. Y en mi sala de montaje yo elijo las escenas, y elaboro guiones y corto fotogramas... y me miento, sobre todo me miento porque si de algo sé es de mentiras.






miércoles, 20 de octubre de 2010

Comida con I.

Este mediodía he comido con I. Me llamó a eso de la una y me dijo que estaba cerca de donde yo trabajo. Fuimos a un restaurante que ella conoce. "Te invito yo" me dijo a sabiendas que iba a poner reparos en ir precisamente a ese antro de lujo y modernidad.

Hace cuatro años que no nos vemos. "Estás más delgado" me dice nada más verme. "Yo te recuerdo igual" le digo pensándolo de verdad. Está igual que siempre, cuando pienso que esta mujer de mirada serena quiso que yo fuera el único hombre de su vida no puedo hacer otra cosa que estremecerme, supongo que fui un estúpido o tal vez pensé que ella estaba confundida, que yo no era el hombre que ella pensaba que era. Pero si lo pienso fríamente creo que I. ha sido la única persona en el mundo que me aceptaba como era. No quise hacerle daño. No, no quise. Lo juro. No pensaba que me quisiera, sólo creí que le gustaba como escribía, que en realidad se había enamorado de mis palabras.

"Antes de nada.Toma, tu novela. Acábala. Es original, tú sabes que es original y que es buena" me dice dejando ciento sesenta folios encima de la mesa. "Tu gran error es creer que cualqueira puede escribir algo así, y puede que sea cierto pero resulta que lo has escrito tú y no hay nada que se le parezca. Admite de una vez que los demás tenemos razón y eres tú el que está equivocado". Me gusta su tono de voz. "Enfadarte siempre te sentó bien, I. Me gustaría que te enfadaras así conmigo más a menudo" le digo con sorna. "Enfarse contigo es como enfadarse con un cachorro que se ha meado en la alfombra. No sirve de nada, al final piensas que al fin y al cabo es una misma quien lo ha metido en casa" me dice.

Hablamos, recordamos, le pregunto por su vida. No quiere hablar de ella. Le hablo de A. y sonríe. Le gusta A. y a A. le gusta I. Siempre fue así, como una hermandad de gente sin ganas de que los entendieran, con ganas de hablar con franqueza, como si al no tener una idea clara de lo que queríamos huyéramos de los que tenían las cosas claras y encontráramos refugio en los de nuestra misma especie.

De pronto dice "Tú nunca creíste que tu me gustaras. Pensabas que eras un capricho ¿verdad?". No sé qué contestarle, ahora, con la perspectiva del tiempo diría que sé que no fui un capricho, pero entonces quizá sí lo pensé aunque sintiera que no.

"¿Sabes qué me gustó de tí? Nadie se me había sentado al lado, toni, nadie se había dado cuenta antes de lo sola que me sentía ni me había entendido. Estaba acostumbrada a que los hombres trtaran de comprarme, a conquistarme, desde los trece años. Y apareces tú y me cuentas lo mismo que yo siento, y no quieres nada de mí y yo... mi piel se erizaba nada más la tocabas, eras dulce conmigo, nunca he sentido nada tan sagrado como la primera vez que tú y yo nos metimos en mi cama. Y sé que nunca sentiré nada igual. Por eso no pude perdonarte que te fueras. Eras la esperanza de que el mundo fuera algo distinto a lo que estaba acostumbrada. Me daba igual que fueras un técnico del tres al cuarto" "Mujer, tampoco hay que..." interrumpí yo. "Sí, escribes bien pero como ingeniero eres como para no darte un proyecto, hijo".

"¿Sabes toni? Durante mucho tiempo pensé que me habías condenado a haber conocido aquello y perderlo para siempre. Y no era justo. No pude odiarte, sólo añorarte. Y eso es una mierda. Añorar es una tortura".

"Lo siento de veras, quizá no te entendí lo suficiente" dije mirándole a los ojos. "Sí lo hiciste, pero pasa como cuando escribes, lo que para tí es algo natural para otros es extraordinario". Empiezo a cansarme un poco de que la gente me diga que escribo bien. "Te digo que lo siento, probablemente ahora sí me daría cuenta, no sé, las cosas al final tomaron su rumbo, tú te casaste con C..." "Me importa una mierda C." me interrumpe "nunca quise a C., y siempre he tenido la sensación de que tú me condenaste a él, que en el fondo me dijiste véte con él". "Sabes que no es cierto" le reprocho. "¿Estás seguro? Él podía darme todo lo que tú no podías" me dijo enfadada. "Conmigo hubieras sido pobre, con C. tenías todo lo que se puede desear..." "No te enteras, lo que tenía contigo era lo que deseaba desde siempre" me dice "¿cómo se puede ser tant tonto?".

Comimos entre reproches pero en los postres volvimos a recordar cosas buenas. I. me dijo que había cambiado y yo tuve que darle la razón. "Desde que E empezó a dejarme y los bancos a atraparme, reconozco que me he vuelto una sombra de lo que fui. Decepcionada supongo" le sugiero. "No, sólo te falta respirar, disfrutar como antes. Te hace falta amar la vida y no soportarla. Quedaremos más veces" sentencia. "No sé si es buena idea" le digo "No creo que a C. le haga gracia". "C. y yo hace tiempo que no tenemos nada que decirnos, eso no te lo voy a reprochar a ti. Bueno, sí, en realidad nunca tuvimos nada que decirnos".

"Entonces no sé si es buena idea por ti ¿Qué quieres exactamente?" le pregunto. "No lo sé, toni. Sólo sé que necesito verte y que tú necesitas salir de ésta".

Llamada 2


Toda la mañana de culo en la oficina. Estoy solo y el mundo se ha empeñado en arrancarme de mis casillas de cuajo. Respondo correos, intento concertar citas, resulta frustrante el número de las que consigo: cero. Es una lástima, pienso, que esté haciendo este trabajo cuando puedo desarrollar otro más acorde con lo que soy y quiero. Pero éste me paga las facturas de momento, me concede el beneficio de sobrevivir más días. Expectativas frente a realidades. Sigo haciendo llamadas... pero no consigo reunir el suficiente valor para llamarla a A.

Quizá sea lo mejor, quizá sea lo más acertado, pero no puedo dilatar ese momento hasta el infinito. La llamo. La llamo y ella coge el teléfono.

¿Cómo te fue? le pregunto. Ella dice que no lo sabe. Que por una parte vio a Al más amable, mucho más decidido a intentarlo, pero por otra parte ella ya no era la misma que era cuando lo dejaron. "Pasaron muchas cosas y ¿sabes? va a ser lo de siempre. Volverá a verse con otras y con el tiempo me exigirá que le demuestre dónde he estado. Ahora está así porque él es así pero luego se volverá de la otra forma". "¿Estás segura?" le pregunto mordiéndome los labios.

"No. No estoy segura. Quizá sea verdad que haya cambiado pero no sé, ayer supe que no quiero a Al, lo supe en cuanto repitió dos o tres frases. Está vacío, toni. No es como nosotros. Es una fachada, un personaje que se ha construido y que habita porque le da la seguridad que no tiene en él mismo. ¿Sabes? yo no quiero un autómata, quiero un ser humano que dude, se pregunte, que sea capaz de querer a alguien más que a sí mismo, que no ponga por delante normas sociales por delante de sus deseos. Que me quiera, joder, que se preocupe por mí, que me coja la mano, que me venga a buscar al trabajo de vez en cuando, que tenga sentido del humor, que me haga reír, que me ayude y se deje ayudar, que persiga un sueño y que incluya en él los míos".

Creo que para esto no estaba preparado. No sé qué decir. Podría decir que si está ciega o qué le pasa pero sé que no es el momento, le digo que lo siento, que la quiero mucho y que sé que será feliz, que hace bien en no conformarse con la vida que tendría junto a Al. Le digo que llegará el día en el que ni se acordará de Al. Le pregunto que si quiere que quedemos después del trabajo.

"No" me dice "he quedado con Al".

Mierda.

"Voy a decirle que es mejor que lo dejemos tal y como está" dice con convicción.

"¿Es necesario quedar con él para decírselo?" pregunto nada inocente.

"Creo que lo mejor es mirarle a la cara y saber que no siento ya nada por él" dice mientras a ninguno de los dos se nos escapa que le está dando una última oportunidad para convencerla.

"Está bien" digo.

"Y tú, ¿cómo estás?" pregunta.

"Confuso. ¿No te ha pasado nunca que nada te sale como pensabas? Pues eso".

Llamada


Me llama A, no puedo extenderme porque estoy ocupado en ese momento, le digo que la llamo luego, que no puedo hablar (es la verdad). Le pregunto que si todo bien (ella me dice que luego hablamos).

Estoy preparado para cualquier caso, tener diferentes soluciones te prepara para cada una de ellas. A mí se me daba bien el ajedrez de pequeño pero era despistado. Con doce años quedé quinto de no sé qué torneo de mi ciudad. Ahora recuerdo que fui profesor de ajedrez cuando tenía 22 años en un colegio. No se me daba mal, ahora que lo pienso.

También pienso que doy por sentado que estoy preparado. Y eso es una premisa un tanto arriesgada.

Expectativas


Me dice V que juegue al ajedrez, que me irá bien aprender a anticiparme, a dominar una táctica, a soñar con los pies en el suelo, a dar no dar por supuesto que conseguiré lo que quiero. Me dice que conseguir algo o no conseguirlo es, muchas veces, la línea con las que nuestras expectativas separan el éxito del fracaso.

Me dice que a expectativas realistas, más posibilidades de éxito, que a expectativas más fantasiosas o que no dependan de mí, más posibilidades de no tenerlo. Me dice que las palabras éxito o fracaso, ganador o perdedor son como losas que inscriben epitafios, que la vida es, muchas veces, encogerse de hombros y volver a intentarlo, que el mundo no se acaba cuando creemos perder algo valioso o no conseguirlo. Yo sonrío y me pregunto "¿estaré acostumbrado a vivir de sueños?" Luego me doy la vuelta y miro hacia mi vida y veo donde estoy y entiendo que fue una combinación de sueños y realidades, soy ingeniero, he tenido mi propio negocio, he aprendido a buscarme la vida, eso es realidad, tengo el sueño de ser escritor, eso es una expectativa. Pero estudié novela cinco años en el ateneu barcelonés, eso es realidad, pero no sé si mi forma de escribir tendrá éxito, eso es expetativa y de las que hacen temblar. Éxito o fracaso. Realidad o expectativas.

Me planteo algo más mundano. Me llamó A y me dijo que ayer quedó para cenar con Al (ya tiene guasa, cuatro meses sin tener noticias de él y va y aparece justo ahora). Yo le deseé suerte, sólo quiero lo mejor para A, sea lo que sea. La suerte es un eufemismo en este caso, cuando se trata de Al, pero no juzgo a A, yo mismo no tengo claro si volviera a aparecer E, qué sentiría por ella y en qué lugar del ránking estaría (sospecho que demasiado arriba para admitirlo en voz alta). Luego pensé en eso de las expectativas. ¿Cuáles son mis expectativas con respecto a A?

Expectativas: Me gusta A, me gusta lo que generamos cuando estamos juntos. Me gustaría que eso perdurase en el tiempo.

Hechos: No ha pasado nada sexual entre nosotros, sí que ha habido contacto, yo no me he atrevido a ir más allá, ella ha jugado a ir más allá pero como un juego. Segundo hecho: Ha ido a cenar con su ex, éste la ha llamado y ella ha dicho que sí a la primera (no se ha sentido bien haciéndolo o eso me ha dicho).

Cosas que pueden ocurrir.

1- Que hoy no me llame. Nos hemos llamado todos los días tres y cuatro veces los últimos diez días. Si no me llama hoy será porque no quiere preguntas. A buen entendedor pocas palabras bastan.

2_ Que me llame y me diga que se enrrolló con Al y que no sabe qué hacer ahora, que no sabe lo que él quiere. Lo interesante sería preguntarse qué quiere ella, pero no creo ni que se le pase por la cabeza.

3_ Que me llame y me diga que ha vuelto con Al, que éste le ha pedido que vuelva y ella le ha dado una... quinta oportunidad. Que me diga que gracias por estar ahí y por todo.

4_ Que me llame y me diga que entre ella y Al no puede haber nada más, que ya no siente nada por él, que han sido demasiadas cosas y ayer se dio cuenta.

5_ Que me llame y me diga que no quiere saber nada de hombres, que todos somos iguales y buscamos un folleteo rápido y con lo que tenemos más a mano.

6_ Que me llame tres o cuatro veces hoy, da igual para lo que sea.

Hay más posibilidades pero es que me canso de buscarlas.

Expectativas y distintos escenarios. ¿Estoy preparado para ellos? ¿Cuáles de estas posibilidades me gustaría? Una. Una entre seis. ¿Estoy preparado por si se da alguna de las otras? Supongo que sí y supongo que no. Que no me llamara me decepcionaría más si cabe. ¿Fracaso? ¿Éxito? No, simplemente la vida. No puedes controlar lo que te llega y lo que se va.

Escribiré otro post si me llama.

lunes, 18 de octubre de 2010

Gracias por el consejo


Me llama por teléfono. Estamos una hora y media. No podía cenar conmigo, mañana empieza temprano y acabaríamos a las tantas. Siempre se nos pasa el tiempo volando cuando estamos juntos. Hablamos y hablamos, de Al, sobre todo de él. Al ya es pasado, Al ya no tiene una segunda oportunidad, ya nada volverá a ser como antes, Al, Al, Al... y yo voy quitando los "nunca" y los "siempre" de sus frases y me queda un discurso vacío, de puerta del castillo abierta, de murallas hechas de arena.

Sobre mí vuelan pájaros de hierro que lanzan huevos de plomo, y de los que nacen polluelos de fuego. Mi corazón se resigna y se dice que las cosas que no han de ser no han de ser nunca, un "nunca" que sí se queda a vivir conmigo. Me pregunta por E, le contesto que tengo una corazonada y que me va a doler. Ella me pregunta y yo le contesto. "Tienes mucha imaginación, toni". Me río forzadamente, me río como se ríen los niños que no saben reírse ante un payaso.

Suena el teléfono móvil en su lado del hilo telefónico. "Es mi madre, te dejo". Y probablemente lo sea pero entonces recuerdo los "hoy es tarde, te llamo mañana", los "ahora no puedo" y entonces me vengo abajo, caigo sobre una piscina llena de mayonesa como si fueres un yunque oxidado.

Mantengo la calma, hago los ejercicios de los pensamientos distorsionados, respiro y me pregunto si Ch tendrá razón y sólo me gustan las mujeres que me entran por la vista, y entonces me pregunto si no habrá en algún lugar una cámara que me haya gravado a mi corazón desde el instante de mi nacimiento y si al rebobinar la cinta habrá un hilo conductor de esta soledad intermitente.

Al rato llama A. "No era mi madre, toni. Era Al". Yo no digo nada al principio. Luego pregunto que qué tal. A dice que ha recapacitado y yo digo que recapacitar es de sabios. A está triste. "Deberías estar contenta" le digo.

A da vueltas otra vez sobre Al y a mí esas vueltas me marean, me minan. Colgamos. No tengo ánimo para escribir. Y por primera vez en una semana más o menos me rindo, me rindo sin condiciones y a cualquier enemigo. Me rindo porque siento demasiadas cosas, porque el yunque soy yo y me estoy ahogando.

yo quería ese destino


A veces una frase en un contexto, dicha por la persona equivocada... me dice que algo pasa, que algo ocurre. ¿Soy un paranóico o tengo la capacidad de sentir cosas, de percibir? ¿Si he estado mucho tiempo junto a alguien puedo adivinar que le pasa aunque haga meses que no nos veamos? ¿Es percepción, es intuición o es una deducción lógica para alguien que combina la inteligencia y la sensibilidad?

Llevo días con una cosa metida en la cabeza. Y me pasa con una fuerza pasmosa. Como si fuera la realidad.

No debería afectarme ya pero...

Joder, tengo la sensación de que me han robado mi destino.

lunes por la mañana


A me llama esta mañana al trabajo, me dice que se lo ha pasado bien este fin de semana, que incluso le acabó gustando la película que fuimos a ver "Pa Negre" a pesar de ser muy dura. Yo le respondo que yo también me lo he pasado bien, que la cena del sábado fue como un punto de inflexión para mí, que gracias por estar ahí, por esos consejos y los ánimos.

A me dice que es su trabajo, que lo sabe hacer y que ella es así, que le gustaría que yo acabara la novela y me convirtiera en escritor, que es lo que en realidad soy, que le encanta leerme porque es como estar dentro de mi corazón y aunque eso a veces corta como cristales rotos otras veces es como vivir dentro de una gran esperanza, de una gran alegría.

No sé qué puede ver en mí, estos últimos meses me he sentido devastado por una gran tristeza y sin embargo ella sigue ahí, quizá al final sí existan personas que no defraudan, quizá al final, no todo el mundo salga corriendo sin mirar atrás. Reconozco que me cuesta confiar, como esas plantas marinas que las tocas y se recogen en un abrir y cerrar de ojos y no vuelven a salir hasta que el peligro ha desaparecido y mientras lo hacen, al menor movimiento, se vuelven a cerrar. Sin embargo, creo que A me conoce, lo que no sé es si realmente yo la conozco a ella.

Ella no pregunta cuándo volveremos a vernos, yo creo que ninguno de los dos se atreve. Lo pregunto yo y ella me dice que si voy a Barcelona podríamos cenar juntos. Yo le digo que vale, pero en verdad, no tengo que ir a Barcelona. Por una parte tengo la sensación de que me hago demasiadas ilusiones, por otro lado tengo ganas de dilatar el tiempo hasta el máximo. Además, me había propuesto escribir esta noche. Pero mi respuesta es "vale" y sin querer pienso en E, en lo mucho que nos entendíamos y en cómo un buen día se acabó del todo. Desde que pensé en E llevo toda la mañana temblando, quizá el test de 16 rasgos de la personalidad tenga razón y sea en extremo inestable, como la hoja de un árbol cuando llega el otoño, como equilibrista ciego, sordo, mudo ante su primer (y probablement único) espectáculo.

Pero no me voy a dejar vencer por el destino. El pasado es una herida abierta detrás de una puerta abierta, no sé qué cerrará primero, si la herida o la puerta, en todo caso, A me tranquiliza y sé que yo le divierto con mis ocurrencias, ayer se rió hasta no poder más cuando le conté que durante una época de mi vida era incapaz de bajar escaleras sin agarrarme a la barandilla, no era el hecho en sí, supongo, era la forma de contarlo.

A media mañana me pregunté si A había llegado a ese estado de madurez en el que dejamos de ser vanidosos y nos quedamos con aquello que de verdad nos hace sentir bien. O si, por el contrario, sigue aún pendiente de que los demás la admiren y la miren. Ayer, en la cola del cine o cuando paseamos por las calles del barrio no pude dejar de notar cómo la miraban algunos hombres y sé que sólo somos amigos pero, en cierta forma, me pregunté si podría soportar otra vez aquella sensación tan vívida que tuve hace unos meses y que a veces, como una serpiente que me muerde las tripas. Entonces me digo a mí mismo que tenga cuidado.

Hace un rato la he llamado. Me ha dicho que entraba en una reunión y me llamaba ella cuando saliera. Tengo que pensar una excusa porque no tengo un motivo concreto para haberla llamado.

Quizá sólo nos estemos curando el uno al otro con el bálsamo de la amistad. Las mujeres suelen tener un concepto de la amistad con un hombre distinto al de los hombres con respecto a las mujeres. En eso, soy un hombre atípico. Quizá porque me crié entre cinco mujeres y veía a mi padre muy de tanto en tanto y siempre enfadado. Creo que me estoy haciendo demasiadas ilusiones, al fin y al cabo, hace más de veinte años que nos conocemos. Ella ha conocido a todas mis novias y yo a todos sus novios.

A veces pienso que soy un idiota, que me imagino demasiadas cosas.

domingo, 17 de octubre de 2010

A, E, T, Al


A veces uno se pregunta por qué las cosas suelen ser tan complicadas (o por qué las complicamos nosotros), cuando ni el tiempo ni la distancia (ni las certezas) son el olvido. Anoche A y yo hablamos de nuestras relaciones, hablamos yo de E y ella de Al y llegamos a conclusiones parecidas.

Ella me dijo que yo estaba tan seguro de que aquella mujer era la mujer de mi vida que obvié que ella estaba buscando a alguien que encajara en su idea de hombre. "Si lo hubieras detectado quizá hubieras tenido una oportunidad de comprender a qué jugábais, pero tampoco pudiste hacer nada cuando ella decidió que no eras ese hombre. Buscó otro entre los que la cortejaban que sí encajara". Me dijo que probablemente E me quiso y añadió algo que me cortó como una cuchilla de afeitar "es imposible conocerte y no quererte, toni. De hecho, tienes que hacer un gran esfuerzo para mantener a los demás a distancia. Lo has hecho tantas veces que ahora lo haces por defecto, te mantienes a distancia. Por eso te dolió tanto cuando E se fue, porque la habías dejado acercarse, le habías concedido la carta verde de residencia y ella no quiso quedarse. Ahora cierras fronteras. Vale, me parece bien, uno debe curar sus heridas si es posible lejos de la mirada curiosa de la gente. Pero no te quedes ahí".

"¿Tú me quieres?" le pregunté. "Claro, bobo" me contestó con una serenidad pasmosa. "Te quiero mucho, contigo me lo paso mejor que con nadie, eres el hombre más inteligente y divertido que conozco, siempre hemos ido desajustados. Yo salía con alguien cuando tú estabas solo y al revés. Siempre hemos buscado a alguien que no fuera el otro".

Hablamos de Al, de su casa en el campo, de sus salidas, de su seducción y de su estar ahí hasta que la consiguió. "¿Sabes? Guardo todos sus mensajes en el móvil, por fechas. Siguiendo el hilo de esos mensajes puedo determinar que día empezó a ir a por mí, el período de cortejo, cuando nos acostamos por primera vez, los quince días posteriores de luna de miel y a partir, de ahí, los "perdona, tenía el teléfono en silencio", los "te llamo luego", los "es demasiado tarde, te llamo mañana", todos acompañados por besos y buenos deseos. "Hubo un punto de inflexión que yo no quise ver, un pasar de objetivo a casi molestia, a estorbo. Aquello fue minando mi autoestima poco a poco y paradójicamente, a estar mucho más por él. Luego empezaron los dónde has estado y las justificaciones, los tú también tenías el teléfono en silencio cuando sabía de sobra que estaba en la consulta y que lo había hecho siempre... Justificaba su comportamiento como respuesta normal al mío. Y me sentía culpable, toni".

Hablamos de la autoestima, de el porqué la depositamos en un banco (que es el otro) y esperamos a que crezca en lugar de invertirla en el mejor activo que tenemos: nosotros mismos, nuestras habilidades.

"Por ejemplo, tú, toni. Tienes un talento especial. No lo vamos a discutir. Te lo dice todo el que te ha leído. ¿Qué haces? Montas una empresa y te arruinas. Por la crisis global y tal, vale. Pero no haces lo que te daría felicidad y seguro que te ayudaría a vivir mejor. ¡Porque tú eres feliz y estás bien contando historias! ¿Cuántas páginas has escrito hoy? ninguna. ¿Cuántas escribirás mañana? Tienes que solucionar eso, toni, tienes que escribir esa novela. Puede que no te la lea nadie, pero acabar una hará que tengas la percepción de que puedes escribir novelas y la segunda será mejor. Y la tercera, y serás feliz escribiendo. Tú no eres feliz con el éxito, tú eres feliz en el proceso. Ahí es donde está la felicidad".

"Pero escribir me aislará aún más" le digo "¿No estás bastante aislado sin escribir? Sales poco, te relacionas poco y me juego el cuello a que no siempre quedas con quien desearías" dice con una sonrisa pícara.

"¿Y qué tengo que hacer?" pregunto. "Vencer el miedo. Es un miedo pequeñito, toni. Es el miedo al fracaso cuando ya tienes la sensación de que has fracasado por lo de la empresa" me dice. "Te gusta escribir, toni y a mí me emocionan textos tuyos, y me hacen reír, y me hacen llorar. Aunque sólo fuera por todos los que te hemos dicho que nos gusta, ¡deberías escribir para nosotros! ¿Cuántos somos? ¿veinte? ¿treinta? Joder, escribe para nosotros".

sábado, 16 de octubre de 2010

Mi amiga A


Quedo para desayunar con A, como siempre llega antes de tiempo a la cafetería, se levanta para darme dos besos y de paso para darme a entender que sigue siendo un poco más alta que yo. "Estás más delgado" me dice. "Desde la última vez que nos vimos... ocho kilos" le digo. "Estás guapo, toni, no te adelgaces más".

Nos sentamos frente a frente. A es, probablemente, la persona con quien mejor me llevo. Nunca hemos sabido el porqué. Estudió psicología por vocación y se doctoró porque seguía queriendo ver a su director de tesis presa de un amor platónico que acabó como el rosario de la aurora. Es la mujer que más me ha atraído jamás y no es por su físico, sino porque con ella me siento a salvo y ella siente lo mismo. Cuando nos vemos creamos una burbuja a nuestro alrededor que hasta la camarera debe pinchar para servirnos el desayuno.

Le digo que me hace mucha ilusión verla. Que hacía casi un año que no nos veíamos. Ella me confiesa que ha estado saliendo con alguien demasiado celoso que, al final, acabó yéndose con otra. "Tiene gracia" me dice "me sentí culpable todo el tiempo que estuve con él y me pasaba el día midiendo con quién hablaba y buscando pruebas de haber estado en los sitios que decía que había estado para que él no se enfadara. Me sentí como una imbécil. Y ahora no me digas lo que todo el mundo, que de qué me sirvió ser doctora en psicología". "Te sirvió lo que a mí estudiar ingeniería cuando se me estropea el coche, para saber a qué grúa hay que llamar" le digo.

Se ríe. Se ríe bonito, se le empequeñecen los ojos, le brillan detrás de las gafas. Me cuenta su historia, le digo que el amor es ciego y que nosotros pertenecemos a la extirpe de los culpables hasta que se demuestre lo contrario, que nos enganchan por ahí. Le cuento lo mío, sin dramatismos, con A no sirven los giros dramáticos, a ella no le tengo que demostrar nada, sabe como soy y sabe qué normas me rigen y a qué juego. "Me gustaba cuando me hablabas de ella, al principio. Creí que esta vez sí que habías encontrado a esa persona". Le diría que yo también pero los hechos son los que configuran el paisaje, y ahora, tanto tiempo después, me queda una vaga tristeza en la que aún se esconde un "pudo haber sido".

Le digo a A que le estoy siendo infiel. Que he empezado a ir a una psicóloga. Le digo que he hecho el test de 16 rasgos de personalidad. Sonríe y me pregunta que si estoy muy loco, le extiendo una copia, la mira y se vuelve a reír. "Es como una radiografía, te muestra más por dentro que si te hubieran hecho una placa". Observa los dos picos (10 sobre 10), "Inteligencia abstracta y creatividad. En todo este barrio no creo que haya nadie con esa combinación. Puede que alguien se acerque 9/10 y 10/10 pero muy difícil. Pero eso no indica nada, todos los que te conocemos sabemos que eres muy inteligente e increíblemente creativo pero ¿ves?" y señala el único valle (1/10) del test "eres tremendamente emocional. Es como si a un Ferrari de competición le pusieras ruedas de bicicleta en lugar de las que le corresponden. Si no mejoras eso, no llegarás a desarrollar tu potencial".

"¿Por qué me pasa eso?" le pregunto. "¿Por qué acabo yo con mentirosos compulsivos siendo psicóloga? Pues porque está el factor carácter, la rebeldía, la herida... no te voy a hablar como psicóloga, te voy a hablar como amiga. A veces, toni, algo que nos hace tremendamente buenos en algo se convierte en algo así como una maldición. Yo soy muy empática, sonrío, me abro a la gente y siempre acabo atrayendo a hombres que son iguales a mí, simpáticos, detallistas, agradables... pero un hombre empático suele ser un ligón (por lo de la labia y todos eso) y piensa que una mujer empática es igual. Y no lo es, toni. O por lo menos no tiene por qué serlo" dice. "Eres la mujer más divertida que conozco y a la vez más seria. Confiaría en tí a muerte pero me moriría sólo al pensar que podría perder tu alegría. En parte los entiendo". le digo.

"¿En serio?" pregunta. "En serio. Tú y yo nos hemos reído hasta caernos al suelo, nos hemos aguantado los enfados y hemos tenido que reconciliarnos porque era demasiada la tristeza de no vernos, a parte nos lo hemos contado todo, yo por lo menos, y nunca me he sentido juzgado y yo nunca te he juzgado a ti. No nos hemos hecho daño conscientemente y estoy seguro que preferiríamos hacérnoslo a nosotros mismos que al otro" le digo. "Un poco pelota tú ¿no?" pregunta con fingida seriedad. "Es que me he dejado la cartera en casa y vas a tener que pagar el desayuno. Me voy a pedir dos bocadillos más; para luego" le digo.

"Pues eso, tú tienes una mala combinación, toni. Lo que te hace escribir de esa forma es lo que te hace vivir con esa sensibilidad a flor de piel, es lo que te inestabiliza. Seguramente tus parejas se han sentido atraídas por tí por tu creatividad, por tu sentido del humor, por que haces partícipe a tu pareja de tu inteligencia, pero se han alejado al darse cuenta de que eso no lo aprovechabas. Ya te dije que en todo este barrio hay muy pocas probabilidades de encotrar a alguien así. Tú vas por delante de casi todo el mundo pero te pierdes sin saber muy bien en qué. Para tí el mundo es de los mediocres. Hace años que llevas diciendo que escribes la novela. Yo he leído como cinco principios distintos, incluso una estaba más allá de la mitad. Son muy buenas, escribes muy bien. Pero están ahí, tienes treinta y nueve años y no has acabado ninguna. Y eso pasa con todo" me dice casi con enfado.

"¿Y qué hago?" pregunto "Yo me tomaría en serio la terapia de tu psicóloga. Creo que el primer punto es tener objetivos. Para una mente creativa como la tuya, todas esos ejercicios son de lo más tonto, pero te ayudarán a subir ese índice de estabilidad en tu vida. Probablemente pienses que has entrado en un período de estúpida monotonía pero curiosamente eso te ayudará a tener más tiempo y más energía para crear y disfrutar. También debes asumir que con la inteligencia no basta, debe haber un orden que la encauce".

"Pero entonces yo dejaré de ser yo y seré un tio aburrido" le digo. "Vas a subir tu índice de estabilidad, de ese (1/10) a (5/10) ó (7/10) pero a no ser que quieras no bajarás ese nivel de creatividad. Escribirás la novela porque sabes escribirla y porque tendrás esa estabilidad". "Pero no seré divertido. ¿No hay un método para acabar la novela sin dejar de ser yo?" pregunto. "Pero mira que eres burro. ¡Que no vas a cambiar tu forma de ser! te digo". En ese momento todos los del bar se callan y se giran para mirarnos. Nos reímos.

"¿Haces algo esta noche?" me pregunta. "Estabilizarme" le respondo. "Te invito a cenar en mi casa y vemos una peli" me dice. "Ya está, alguna de algún genio que acaba consiguiendo lo que queire" le digo. "Toni, no eres un genio, tu coeficiente de inteligencia es normal, teniendo en cuenta como te va la vida es posible que hasta seas un poco retrasado" me dice sonriendo. "Entonces, ¿el test este?" pregunto.

"No mide tu C.I. No eres superdotado" me dice.

"Eso es lo que tú te crees" susurro pero con el tono justo para que me oiga.

Me mira y deja de sonreír. Se pone seria en extremo. "Tú vas a acabar esa novela aunque tenga que atarte a una silla" me dice.

"Me conformo con que te vistas de látex y me amenaces con un látigo y a veces lo hagas restallar" le digo.

"Sí, pero tú atado a la silla".

martes, 12 de octubre de 2010

El Destino


Este mediodía me llama mi compañero de trabajo. Me dice que el dueño de la empresa para la que trabajo hace tres meses y medio ha tenido un accidente de tráfico y ha muerto. No sé qué decir, pienso en sus hijos, con los que trabajo codo con codo, pienso en ellos y en lo mucho que admiraban a su padre. Lo peor que te puede pasar es que alguien a quien quieres y admiras se vaya de un día para otro, sin despedirse. No sé, creo que a veces la vida es una mierda, creo que la vida merece la pena por las personas que se quedan a tu lado. Quizá por eso me pegue tanto a quienes quiero y me duela tanto perderlas.


No sé qué decir, de veras, la vida es una paradoja. El domingo fui a ver Carancho, una película argentina cuyo eje central eran los accidentes de tráfico. Dura, imágenes duras. Así que hoy me recluyo y pienso en la suerte que he tenido (cinco accidentes de tráfico y siempre ileso, sólo en uno conducía yo).


No sé si lo he contado aquí. Una vez me salí de la carretera y estuve cinco horas en un barranco. Nadie podía verme desde la carretera. Al final salí por mis medios y llegué hasta la vía, lo primero que pensé cuando el coche se detuvo fue en las personas a las que hubiera dejado tristes, desde entonces no corro, no hago tonterías, desde entonces algunos de mis copilotos se ponene nerviosos porque ellos correrían más. Me da igual. Nunca más he tenido ningún percance, tengo claro que las personas que están conmigo tienen un plus de ir a salvo.


Descanse en paz, Segismundo Díaz, trabajó duro y se hizo querer por su familia, creó puestos de trabajo, puso su granito de arena para hacer que este país fuera un lugar mejor, le dió una oportunidad de ser alguien a sus hijos. Las pocas veces que hablé con él durante los doce años que lo conocí me pareció un hombre sin miedo. Hace poco estuvimos hablando los dos solos, en el despacho, le pregunté sobre sus porqué y sus cómos (me gusta conocer a con quienes me trato) y él, un hombre normalmente cerrado, se me abrió y, aunque no estuve de acuerdo con sus métodos, me pareció que tuvo el coraje de mirar siempre hacia adelante.


Es importante tener un sueño y trabajar por él incluso cuando se ve lejano. Es importante levantarse por las mañana sabiendo que es lo que quieres.


Mañana iré de entierro y no sé si el jueves iré de viaje a La Rioja en coche. Me da un poco de miedo, no sé por qué. Me he pasado muchos años haciendo viajes largos, hace meses que no me apetece, aunque a este hombre le ha pasado justo al lado de casa.


El destino es inexcrutable. El destino es una huída hacia adelenta llena de obstáculos.


lunes, 11 de octubre de 2010

Somos arcos


Nuestros hijos no son nuestros hijos,
son los hijos y las hijas de la vida que se llama a sí misma.
Vienen a través de nosotros, pero no de nosotros.
Y aunque viven con nosotros, no nos pertenecen.
Podemos darles nuestro amor,
pero no nuestros pensamientos,
pues tienen sus propios pensamientos.
Podemos acoger sus cuerpos, pero no sus almas,
porque sus almas viven en la mansión del mañana,
que ni aún en sueños podemos visitar.
Podemos esforzarnos en ser como ellos,
pero no intentar hacerlos como nosotros,
porque la vida no da marcha atrás,
ni se detiene en el ayer.
Somos los arcos que disparan a nuestros hijos,
como flechas vivas.

KHALIL GIBRAN

domingo, 10 de octubre de 2010

Voy a la feria del Cava y me regalan dos cervezas



Esta mañana me levanto y cojo el coche y me voy a Sant Sadurní d´Anoia. Llueve (y cuando aparco, milagrosamente cerca del centro, llueve de cojones). Llevo paraguas y lo despliego con elegancia, una mujer mayor me mira y me sonríe cuando paso a su lado.

En la entrada venden tickets para que te pongas ciego a probar cava, vino, lo que sea. Me encaro a la chica (no debe tener aún ni los dieciocho) de los tickets y le pregunto que si tiene una lista de expositores, que yo, en realidad he venido por trabajo.

Es domingo, me dice ella. No creo que la hayan contratado por sus habilidades sociales sino por esos ojos increíblemente verdes y su cara bonita. Me repatea la gente que consigue cosas sólo por ser algo más guapos que el resto. La seduzco como yo sólo sé hacer, tengo cara de buen tipo, sonrío de medio lado, la involucro en una convesación intrascendente, ella me mira como si en lugar de alma tuviera un palo de escoba, no sonríe hasta que le digo que yo sólo he venido desde tan lejos para conocerla, que a mí el cava no me acaba de gustar, además conduzco y no quiero pasar controles de alcoholemia. Me dice que su hermano es mosso de esquadra, es ahí cuando sonríe, que hija de p... Me indica dónde encontrar información de verdad porque ella sólo vende tickets. Vamos, que me larga con viento fresco.

Paseo entre la lluvia y los stands de bodegas, encuentro la información a través de otro punto de venta de tickets donde una mujer de mi edad y embarazada se apiada de mí y de mi patético deambular entre azafatas mendigando un poco de atención. Me da la información mientras se acaricia la barriga y de paso el móvil que lleva colgado del cuello. La seduzco con mi cara de buen tipo y mi sonrisa de medio lado. Se me queda mirando como quien está viendo un extraterrestre y me dice "vamos, lo que me faltaba". Me larga con viento fresco (y húmedo porque cada vez llueve más).

Me doy una vuelta y otra y otra. Al salir, un stand paupérrimo me llama la atención. Cerveza de elaboración propia. Me acerco y un chico de mi estatura y algo más joven me atiende con timidez, no tiene bolsas ni cambio. Concluyo que a éste tampoco le hacen caso las azafatas. Me regala las cervezas cuando el extiendo un billete de 50,00 €, aunque puede que en realidad haya dicho "un momento, voy a por cambio" antes de desaparecer.

Tengo que volver por aquí, me digo. Al salir de la feria la chica de los ojos verdes me mira pasar y me da a entender que se acuerda de mí, esboza un sonrisa. Yo también le sonrío y levanto las dos cervezas que llevo en la mano. Se ríe, le dice algo a su compañera y su compañera me mira divertida.

Llego al coche y me subo. Pongo en marcha el motor y salgo en dirección a mi casa. Me digo que cuando llegue, haré una foto como prueba del delito. Cervezas Maüser, tengo que volver a este pueblo, me vuelvo a repetir.

Sigue lloviendo, el camino a casa se me hace corto.

viernes, 8 de octubre de 2010

Cuatro años, cuatro meses, y diez días.


_ Hola toni _contesta nada más descolgar el teléfono. Me alegra saber que todavía me tiene en su agenda. Me alegra haberla llamado aunque sólo sea para saber que no me ha borrado de su memoria.

_ Hola O´... _ siempre la llamaba por su segundo apellido con un grito, ella se reía y a mí me gustaba oírla reír. _ Veo que aún me conservas en tu agenda.

_ Hace mucho tiempo que espero esta llamada. He de reconocer que casi había perdido la esperanza. Te he echado mucho de menos. Al principio no, quería crear una nueva vida desde cero y lo hice. No sé si es justo decírtelo ahora. Ha pasado mucho tiempo. Pensaba que me llamarías aunque fuera sólo para saber cómo me iba. Han pasado cuatro años_ me dice desde el otro lado de un océano de tiempo.

_ Creí que no querías saber nada de nadie. N y E tampoco han sabido nada de ti.

_ N y E no son tú. Cada uno está en su sitio. Tú deberías saberlo, y deberías saberlo porque nadie me conoce como tú_ noto como si estas últimas palabras sonaran a desilusión.

No sé qué decirle. Podría decirle que siempre necesitó tener amigas-enemigas, que hubiera bastado una llamada y todo se hubiera solucionado, que no es posible huír de todo y de todos.

_ Te conocía, I, te conocí más de lo que me hubiera gustado conocerte. La cagué, te hice daño a sabiendas de que te lo estaba haciendo. Eso es algo que no me perdono_ le digo.

_ ¿Lo dices por lo de aquella noche?_ siempre se refiere a su intento de suicidio como aquella noche _ Fue un problema de medicación. La que me dieron no era la adecuada, la retiraron del mercado unos meses después. Tú no tuviste nada que ver, toni, yo estaba mal y quería llamar la atención, quería que alguien me cogiera y me sacara en volandas de aquella tristeza. Y te involucré a ti, quería que estuvieras allí conmigo para siempre, que me cuidaras. Luego te odié, es cierto. Te odié porque odiaba todo mi pasado. Te odié porque no me querías lo suficiente.

_ ¿Cuánto era suficiente, I?

_ No sé, toni, suficiente como para quedarte.

_ Tú no quisiste que me quedara. Acuérdate. _ algo frío y pesado se me cuelga del pecho al decirlo.

_ Sí, tienes razón, y mi familia no quiso que me vieras, te echaron la culpa y tú creíste que lo era. No me preguntaste. ¿Sabes? Yo te quería mucho más de lo que creías. Tú nunca te diste cuenta porque te veías delante de alguien a quien considerabas mucho más que tú. En cambio no veías lo bien que congeniábamos, lo mucho que nos reíamos, que yo buscaba a alguien como tú, que no intentara comprarme con joyas o viajes, yo buscaba a alguien que me contagiara su risa, que me hiciera sentir a salvo, que quisiera entenderme y conocerme y no poseerme.

Me veo cuatro años atrás y la veo a ella... y la veo riéndose y pegándose a mí. Me incomodaba que fuera mucho más alta que yo, tiene razón: siempre pensé que ella estaba por encima de mí, que yo sólo iba a ser un juguete momentáneo, un amigo que debe recuperar su papel de amigo cuando llegara el hombre de su vida.

_ Yo... I, no sé que decirte. Tenía miedo de defraudarte, tenía tanto miedo de perderte que me fui yo antes de que eso ocurriera. Supongo que eso es lo que pasó.

_ Supongo que yo también tuve parte de culpa. Te contaba demasiadas cosas. No debí contarte lo que me dijo C, no debí decirte que me había preguntado qué hacía una mujer como yo con un hombre como tú. Te lo conté con la mejor intención, para que tú te sintieras orgulloso de estar conmigo pero te lo tomaste al revés.

_ Y me hice esa pregunta y no supe obtener una respuesta.

Ella se queda en silencio.

_ Ahora vivo con C desde hace dos años_ me dice.

Creí que nada me afectaría después de tanto tiempo pero eso que me acaba de decir me golpea en el estómago y noto que algo dentro de mí se dobla, pone una rodilla en el suelo, se tambalea y cae.

_ Él no te merece, ambos lo sabemos.

_ ¿Quién me merece, toni?

No puedo contestar a esa pregunta. Podría decirle que nadie en el mundo la merece, que nada ni nadie es suficiente para ella. Podría decirle que la quería tanto que sólo quería lo mejor para ella y yo sentía que no estaba entre ese lo mejor.

_ ¿Le quieres? _le pregunto arrisgándome a un golpe mortal.

_ Sí, le quiero. He aprendido a querer quererle cada día un poquito más. Me da algo que tú no te atreviste a darme. Puede que él no me quiera como a mí me gustaría que lo hiciera pero me quiere a su manera, aunque me exhiba delante de gente que no me importa, aunque muchos de los que él considera amigos me acosen y me digan que qué hago con alguien como él. Paradójico ¿no?

_ Me hubiera gustado que tú y yo hubiéramos podido ser, por lo menos, amigos._ le digo.

_ Tú y yo siempre seremos algo más que amigos, toni. Contigo he hecho cosas y he sentido cosas que sé que nunca se repetirán. Por eso me duele tanto que no te dieras cuenta, que desaparecieras.

Si alguna vez he tenido la sensación física de un "pudo haber sido" es esto que siento ahora.

_ Siento haber traicionado aquello. Me siento como un traidor, de veras. Tienes razón, era como si hubiésemos encontrado la parte que le faltaba al otro.

_ ¿Sabes? He imaginado esta conversación centenares de veces, miles de veces. Y en todas te echaba en cara tu cobardía. Y en parte lo he hecho. Lo que no me esperaba es sentir esta alegría de saber de ti. No te lo digo para torturarte. Lo digo porque creo que debes saberlo.

_ ¿Eso quiere decir que aún me quieres?

_ Eso quiere decir que aún te quiero y que tendrás que vivir sabiéndolo.

_ Menos mal que no lo decías para torturarme.

_ Mejor lo hablamos en otro momento, C está a punto de llegar. Creo que he oído la puerta del garaje.

_ Sí, mejor lo hablamos en otro momento.

_ El miércoles bajo a Barcelona.

Nos vence el silencio durante un instante.

_ En la puerta del Ateneu a las ocho_ dice en un susurro.


Todo lo que el amor no es


Suena el teléfono, hace días que el número desde el que me llama no manchaba la pantalla de mi móvil. Durante un instante estoy a punto de descolgarle, de engancharme de nuevo a sus medias verdades, a su forma de hacerme creer que, en realidad, ella me quería y que fui yo quien lo jodió todo. Pero no lo hago, no descuelgo el teléfono ninguna de las seis veces que llama desde su trabajo ni las otras cuatro que lo hace desde un número desconocido.

Anoche N. me dijo que estaba más guapo. Pero es una lástima que tus ojos sigan apagados, me dijo después. Así es ella, a veces te dice algo bueno pero enseguida tiene que matizarlo con algo malo, como si un cumplido no pudiera serlo del todo, como si a quien se tiene delante no se le tuviera que dar más de lo estrictamente necesario. Cenamos juntos, D. tenía una cena con amigos y ella se quedaba en casa. Nos vimos para comer, quedamos en que llamaría a E. e iríamos a cenar juntos a su casa. Como E. no podía venir pensé que mejor cenar fuera.

En un momento de la cena hablamos de I., de su intento de suicidio, de que me llamara a mí para que yo la salvara, de que fue una suerte de que, en el último instante, antes de cerrar los ojos me llamara y yo cogiese el teléfon a pesar de la hora. Yo no pude pensar en ese día. Siempre que pienso en I. la recuerdo desnuda, en la cama, recuerdo sus pechos perfectos, su cuerpo siempre ardiendo como una hoguera. Cuando me acuerdo de I. me digo a mí mismo que tenía haberme dado cuenta de que aquella medicación no le sentaba bien, que cada día estaba más triste y yo... yo sólo quería que estuviera bien y supongo que no debí pasarle la mano por debajo de la camiseta aquella primera vez, cuando ella me dijo que yo le gustaba. Yo ya me había dado cuenta pero pensé que era una irlandesa demasiado atractiva para mí, no me podía creer que entre todos sus pretendientes fuese yo de quien quería que le desabrochara el sujetador al tiempo que nos mordíamos los labios el uno al otro envueltos en una desesperación dulce, una donde las manos hablan por sí solas, donde se cierran los ojos para poder ver mejor.

Ha pasado el tiempo, no sé por qué ayer N. y yo hablamos de I. Creo que fue porque I. era amiga de N. y de E. y dejaron de serlo. Supongo que N. pensó que yo tendría una explicación pero yo no tenía una coherente, a decir verdad, no quería tenerla, sólo me acordé de su piel siempre al borde de un acceso de fiebre y sus pechos perfectos, de la pasión con la que nos partíamos el alma dentro de su cama, de aquellas ganas de verme que decía sentir cuando me llamaba por teléfono.

No llegamos a querernos, o eso creo, quizá, como mucho, pensamos en que éramos dos animales parecidos, que nos entendíamos bien, pero ambos tuvimos claro que aquello nuestro acababa cuando se acababa decimoquinto asalto y nuestros sexos reclamaban calma.

Recuerdo que después nos vimos varias veces y estuvimos a punto de volver a las andadas, entonces yo ya conocía a la princesa de la luna y todo quedó en un amago. La princesa de la luna nunca entendió que yo quisiera estar con ella antes que con I. o al menos eso me dijo. Hay cosas que no se pueden entender si no se está dentro de la otra persona. Yo siempre tuve claro que lo difícil es coincidir con alguien con quien realmente te entiendas. Eso es el tesoro. Cuando conoces a alguien y todo fluye, cuando sientes que puedes confiar en el otro, cuando tienes la sensación de que no te van a hacer daño.

Dice N. que yo sólo veo el lado bueno de las personas y que cuando me doy cuenta de que todos tenemos nuestra sombra, me decepciono. Que yo siempre sé qué es lo que pasa pero me empeño en seguir viendo sólo lo bueno hasta que es demasiado tarde. Le pregunto a N. cuál es su sombra. Y ella me sonríe y me dice que su mala leche.

Yo le digo que eso ya se lo conozco.

Y ella me vuelve a sonreír, esta vez en silencio, y me mira fijo a los ojos y se acaba la manzanilla.

miércoles, 6 de octubre de 2010

Ni sé por qué lo cuelgo

Miércoles por la tarde


_ Me gustaría que estuvieras aquí conmigo, pasearíamos por las calles viejas, venceríamos al tiempo y sus secuaces. Hoy lo estuve pensando, si hay alguien con quien me gustaría compartir estos días es contigo. No me preguntes el porqué. No quiero que me preguntes nada. Debe de ser que está cambiando el tiempo _ me dice al otro lado del teléfono.

_ No sé si soy buena compañía. Me gustaría serlo pero a mí el tiempo me afecta de forma distinta. A mí el tiempo me acentúa la nostalgia y yo, nostálgico, no valgo nada _ le digo.

_ He leído tu entrada de esta mañana, en el hotel, me ha entristecido pensar que aún estás así. No quiero decirte nada, tú ya sabes qué hacer. Me gustaría saber qué puedo hacer yo pero creo que será mejor que me mantenga al margen _ me dice.

_ No estoy de ninguna forma, ya sabes que yo escribo para sentir que aún sigo vivo, me gustaría que leyeras cómo está quedando la novela. No tiene nada que ver el blog con la novela. Si me leyeras no me reconocerías. Te alegrarías por mí.

_ No te imaginas las ganas que tengo de que la termines _ me dice _ no sé por qué pero creo que hay mucho de mí en ella.

_ Mucho más de lo que crees, no sé que hubiera sido de mí si no llego a conocerte _ le digo.

_ Me gustaría que dejaras de escribir esos posts tan amargos. Por mucho que digas que sólo son ejercicios, sé que no te hacen bien.

_ Si tú me lo pides dejaré de escribir estos posts.

_ Te lo pido. Escribe posts eróticos, esos sí me gustan.

_ ¿Cuánto te gustan?

_ Hacen que me pierda en la selva de tus ojos verdes, hacen que me vengan ganas de que me quites la ropa y me abraces muy fuerte.

_ A partir de ahora sólo escribiré posts eróticos.

_ Vas a acabar conmigo.

Mañana de miércoles


Me llama, hace días que no sé nada de ella, hace días que me dijo que no teníamos que volver a vernos, que ella ahora estaba bien y que yo era una parte de su pasado. Sin embargo no me soprende la llamada. Siempre es igual.

Me dice que quiere verme, que tenemos que hablar, que es la última vez que nos vemos y que quiere acabar de una vez por todas. Le contesto que hace unos días que ya tuvimos esa conversación y ya lo dejamos claro, que nos acostamos por última vez en el hotel que ella siempre elige porque no le gusta que alguien pueda verla entrar y salir conmigo del que está al lado de su trabajo.

_ No quiero quedar otra vez. Tú luego te vas a casa y estás con tu nuevo novio mientras yo me vuelvo a la mía. No es justo. No al menos para mí_ le digo.

_ Esta vez no nos vamos a ir a la cama, toni, tenemos que acabar de una vez por todas. Esta vez te lo digo en serio y nada me hará cambiar de parecer_ me dice con su últimamente habitual frialdad.

_ Siempre me dices lo mismo y siempre acabamos igual. No quiero ser tu amante como premio de consolación. Yo quería vivir contigo, tener un hijo contigo, esto que estás haciendo no me hace ningún bien. Yo estoy ahí esperando a que tú te decidas a dejarlo pero veo que cada día estás más apegada a él. Él te da lo que no puedo darte yo y yo te doy lo que él no puede darte. Pero lo eliges a él. Antes se me hacía insoportable. Ahora estoy empezando a odiarte por esa hora que tú y yo pasamos juntos y por esas veintitrés que no quieres saber nada de mí, por esos siete días durante los que para tí casi ni existo.

_ Ha pasado mucho tiempo ya, y yo sé que te he hecho daño, si lo dejara a él para volver contigo no sería como antes, lo perdería sin motivo. Acabas de decir que empiezas a odiarme. Él está por mí, incluso si se enterara que tú y yo nos vamos a la cama de vez en cuando seguiría queriendo que estuviéramos juntos, como tú sigues queriendo verme a pesar de que estoy con él.

Sé que al otro lado del teléfono ella se siente segura de sí misma, puede que hasta sonría y busque su reflejo en la pantalla del ordenador apagado para sentirse orgullosa de que esa otra la mire con el mismo desdén que ella siente por dentro.
Ha aprendido a llamarme desde el trabajo para no dejar rastro, he dejado de llamarla a su casa o al móvil para no ponerla en un compromiso.
Esa misma tarde ella le contará una de sus versiones estudiadas al milímetro, una de esas versiones que a mí, experto como soy en errores de guión, nunca pudo hacerme tragar. Yo empiezo a odiarla por su prepotencia, ella me odia desde que entendió que yo sabía que me mentía.

_ Veámonos por última vez, ¿me tienes miedo? _ me dice, esta vez sí estoy seguro que sonriendo con sarcasmo.

_ No te tengo miedo. Hace tiempo que dejé de tener miedo de tus palabras y tus desplantes. A decir verdad hace muchos días que me he dado cuenta de que no me voy a la cama con la persona a la que quise. Hace días que empiezo a entender demasiadas cosas, por ejemplo que no tengas amigos, que en toda tu vida no hayas conservado una sola amistad verdadera. Ahora entiendo porque nadie quiere saber nada más de ti una vez se van de tu lado.

_ No creo que me merezca esto que dices. No soy tan fría como todo el mundo dice que soy. Soy práctica, no te lo niego. Si tu fueras práctico como yo no serías el desgraciado muerto de hambre en el que te has convertido. Si fueras práctico aún estaría contigo _me dice con una voz que me parece metálica.

_ Nadie más sabe que tú y yo nos vemos ¿verdad? Imagino que has ido impartiendo un discurso que convenza a todos de que es imposible que tú y yo nos estemos viendo. Ni siquiera A. lo sabe, estoy seguro. ¿Entonces? Ahora empiezo a entenderlo todo.

_ Nadie se lo creería, toni. Yo estoy con él todo el tiempo. Tú vives amargado entre las líneas de un blog. Eres un amargado y encima me guardas el secreto. Yo sé que me proteges porque me quieres. Nunca me harías daño. Tú nunca harías daño a nadie. Mientras yo esté de puente con él tú estarás en tu casa añorándome y cuando vuelva y te llame volverás a venir a verme.

_ Entonces no hace falta que nos veamos esta semana. Ya nos veremos la otra, o la de más allá_ le digo arrastrando las palabras_ ¿sabes? Hasta ahora creía que no podría encontrar a alguien como tú, ahora espero no encontrarme a nadie como tú.

_ Eres un imbécil. Todas las mujeres con las que te cruces lo detectarán nada más conocerte.

_ Si soy un imbécil ¿por qué me llamas? ¿por qué ese empeño de vernos y las risas y las confidencias y los besos y las caricias y las ganas de follar?

Se queda en silencio, se muerde el labio inferior, es un gesto que soy capaz de imaginar porque es tan suyo como su forma de caminar o la estridencia de su voz.

_ Eres un imbécil porque si hubiera sido de otra forma ahora seguiríamos juntos.

_ ¿Si hubira sido cómo?

_ Si hubieras sido como yo te decía que fueras.

_ ...

_ Si me hubieras hecho caso ahora estaríamos juntos.

_ ¿Sabes? Era un precio que estaba dispuesto a pagar. Y me hubiera equivocado al hacerlo.

_ Está bien, como tú digas, esta tarde nos vemos donde siempre y lo hablamos.

_ No lo entiendes, no iré.

_ Tú te lo pierdes.

_ Estoy tan acostumbrado a perder que lo reconozco inmediatamente cuando lo hago y ¿sabes? esto no es precisamente perder. Sé que dentro de unos días ya no me echarás de menos. Es más, hay días que cuando estamos juntos sé que tienes una nueva vida en la que no me echas de menos. Y eso ya ni me duele. A decir verdad, me gusta que sea así. Si hay algo que no podría soportar es volver contigo.

Le dejo con la palabra en la boca, ella siempre tiene que decir la última palabra. Espero más o menos un minuto con el auricular encima de la mesa y luego cuelgo.

Me llama diez veces seguidas.

No pienso en todo ello en un buen rato. Luego me la imagino con él de un lado para otro, con él y con su amiga A. y el novio de su amiga A. y me perece que todo es muy sórdido, lo que ha pasado, los cadáveres que siempre acaba sembrando a su paso. Luego llamo a mis clientes, añado un plano al presupuesto que están a punto de aceptarme, redacto dos ofertas, pienso qué hacer este puente.

Me vuelve a llamar y vuelvo a no cogerle el teléfono. Me envía un sms que no leo. Me tomo cinco minutos y abro el blog y escribo esto.

Tú, a cientos de kilómetros de distancia te has vuelto invisible. Y yo pienso que debía tener esta conversación para darme cuenta de que, probablemente, las cosas hubieran sido de otra forma si yo hubiera sido de otra forma. De alguna manera sé que todo fue muy distinto a como yo creí que fue.

Supongo que las cosas se han aclarado hoy definitivamente. Y me siento bien.

Muy bien.

Como si me hubiera quitado un gran peso de encima.

domingo, 3 de octubre de 2010

Conclusiones


En primer lugar quisiera disculparme por no contestar a los comentarios. En cierta forma me he ido, ya sé que sigo escribiendo posts pero siento que yo no estoy aquí. Es difícil de explicar. No sé si sabría o podría ponerlo en palabras. Últimamente me cuesta demarramarme en letras. No pido comprensión, no puedo pedir algo que yo soy incapaz de hacer.

Este fin de semana me he dedicado a ordenar y limpiar, arreglar cosas pendientes, leer... y me he leído el primer año y medio del blog y he pensado dos cosas:

- 1. Estaba muy jodido cuando Esther se fue; me costó casi dos años volver a abrirme, básicamente pensaba que yo debía tener algo malo que no podía entender. El primer año y medio del blog es un querer volver a confiar, es querer sacar una conclusión positiva. Volví a abrirme y conocí a la chica de la bicicleta, recuerdo que yo empezaba a estar bien, fue por entonces que me dio por la sidra, por escribir cosas divertidas, me releo y pienso que estaba en un buen momento de mi vida a pesar de todo.

- 2. Durante el primer año y medio me sentía derrotado. Pero a partir de mayo del año pasado empecé a cambiar, a ser más optimista, empecé a tener esperanzas, empecé a dejar de preguntarme por lo malo, no sé creo que me curé de la herida o, por lo menos, estaba casi curado.

Después de leer desde febrero del 2008 a septiembre de 2009 he sacado una conclusión. No cambiaría nada de lo que pasó durante aquellos meses. Todo lo que ocurrió me sirvió para salir hacia adelante, para reafirmarme en mis principios, para sacar fuerzas de flaqueza, para decidir por fin que iba a luchar.

Puede que haya gente que piense que escribir un diario en un blog es una tontería. Son las mismas personas que si escribieran uno ellos y tú les dijeras que es una tontería se enfadarían contigo y se sentirían tan ofendidas que puede que te retiraran el saludo. A mí me ha servido de mucho, ahora, al releerme veo que detrás de ese desencanto que es que te desprecien hay una lucha por averiguar qué es eso que te hace tan poca cosa a los ojos de otra persona. En este blog lo busqué y no lo hallé. Y al no hallarlo pensé que tal vez eso tan malo no existía.

Sospecho que este último año me ha vuelto a pasar lo mismo. No he contado casi nada en este blog por respeto. Puede que haya ejercido mi derecho a la pataleta en algunas entradas pero no he desvelado los detalles.

Creo que debería empezar a plantearme si no será que debo dejar de dar por cierto todo aquello que me dicen. He de empezar a dudar de si lo que me dicen es verdad o no, y sobre todo, debo empezar a pensar en protegerme a mí primero. Eso va en contra de mi forma de ser pero visto lo visto, es mejor que lo haga. Será que porque yo no sé mentir, no concibo que alguien me mienta y se aproveche de ello.

Luego está lo del trabajo. Me siento tan estafado... fui yo quien les propuso el negocio! y ahora me tratan como el culo, me ponen unas condiciones inaceptables y espérate que todavía no ha acabado aquí, espero todavía más movimientos oscuros por su parte.

Supongo que eso me pasa por creer que los demás se rigen por los mismos valores morales que yo, por la misma ética.

Es como lo que piensas respecto a la calle. Puedes pensar que la calle no es de nadie o puedes pensar que la calle es de todos. Si piensas que la calle no es de nadie no te preocupas de mantenerla limpia, de mantener un orden, total, la calle no es tuya, no es de nadie... Si piensas que la calle es de todos te preocupas porque también es tuya.

Yo me fijo mucho en eso, creo que debe haber un orden y un orden en igualdad de condiciones para todos, los mismos derechos y las mismas obligaciones. No soporto que alguien con un título X se crea que es mejor que otro que no ha estudiado en X, o que no pertenece al club exclusivo de Y. No soporto las organizaciones elitistas que sólo conspiran en en favor de sí mismo en lugar de utilizar ese poder para crear una sociedad mejor. No. No creo en las fracturas sociales, no creo en el "sólo me siento seguro perteneciendo al grupo X, que se mueran los demás".

Estos días he tenido la suerte de conocer a L. y uf! de compartir muchas palabras, me ha subido la autoestima saber que existen personas que piensan igual que yo, que sienten y actúan como yo lo siento y como yo actúo. Creo que cuanto más te abres al mundo más claro tienes que si no hay una ética, un respeto, no se llegará a ningún buen puerto.

Y puede que si hubiera actuado de otra forma hoy no pasaría los apuros económicos que estoy pasando. Y puede que no me hubieran engañado porque hubiera pensado mal de antemano. Pero es que... si tengo la oportunidad de ayudar a alguien no puedo no hacerlo. No podría mirar a la cara al niño que fui y justificar el no hacer nada. Quiero vivir en una sociedad mejor y para ello debo poner mi granito de arena. Y mi granito de arena no es vender equipos de agua a las bodegas, mi granito de arena es llevar agua a quienes lo necesitan.

Y sigo escribiendo mi novela y sigo mirando dentro de mí para arreglar cosas... y sigo esperando contestarte los comentarios... y sigo esperando... a la primavera, Bandini.

video: Sanjosex - Temps o rellotge