miércoles, 6 de octubre de 2010

Mañana de miércoles


Me llama, hace días que no sé nada de ella, hace días que me dijo que no teníamos que volver a vernos, que ella ahora estaba bien y que yo era una parte de su pasado. Sin embargo no me soprende la llamada. Siempre es igual.

Me dice que quiere verme, que tenemos que hablar, que es la última vez que nos vemos y que quiere acabar de una vez por todas. Le contesto que hace unos días que ya tuvimos esa conversación y ya lo dejamos claro, que nos acostamos por última vez en el hotel que ella siempre elige porque no le gusta que alguien pueda verla entrar y salir conmigo del que está al lado de su trabajo.

_ No quiero quedar otra vez. Tú luego te vas a casa y estás con tu nuevo novio mientras yo me vuelvo a la mía. No es justo. No al menos para mí_ le digo.

_ Esta vez no nos vamos a ir a la cama, toni, tenemos que acabar de una vez por todas. Esta vez te lo digo en serio y nada me hará cambiar de parecer_ me dice con su últimamente habitual frialdad.

_ Siempre me dices lo mismo y siempre acabamos igual. No quiero ser tu amante como premio de consolación. Yo quería vivir contigo, tener un hijo contigo, esto que estás haciendo no me hace ningún bien. Yo estoy ahí esperando a que tú te decidas a dejarlo pero veo que cada día estás más apegada a él. Él te da lo que no puedo darte yo y yo te doy lo que él no puede darte. Pero lo eliges a él. Antes se me hacía insoportable. Ahora estoy empezando a odiarte por esa hora que tú y yo pasamos juntos y por esas veintitrés que no quieres saber nada de mí, por esos siete días durante los que para tí casi ni existo.

_ Ha pasado mucho tiempo ya, y yo sé que te he hecho daño, si lo dejara a él para volver contigo no sería como antes, lo perdería sin motivo. Acabas de decir que empiezas a odiarme. Él está por mí, incluso si se enterara que tú y yo nos vamos a la cama de vez en cuando seguiría queriendo que estuviéramos juntos, como tú sigues queriendo verme a pesar de que estoy con él.

Sé que al otro lado del teléfono ella se siente segura de sí misma, puede que hasta sonría y busque su reflejo en la pantalla del ordenador apagado para sentirse orgullosa de que esa otra la mire con el mismo desdén que ella siente por dentro.
Ha aprendido a llamarme desde el trabajo para no dejar rastro, he dejado de llamarla a su casa o al móvil para no ponerla en un compromiso.
Esa misma tarde ella le contará una de sus versiones estudiadas al milímetro, una de esas versiones que a mí, experto como soy en errores de guión, nunca pudo hacerme tragar. Yo empiezo a odiarla por su prepotencia, ella me odia desde que entendió que yo sabía que me mentía.

_ Veámonos por última vez, ¿me tienes miedo? _ me dice, esta vez sí estoy seguro que sonriendo con sarcasmo.

_ No te tengo miedo. Hace tiempo que dejé de tener miedo de tus palabras y tus desplantes. A decir verdad hace muchos días que me he dado cuenta de que no me voy a la cama con la persona a la que quise. Hace días que empiezo a entender demasiadas cosas, por ejemplo que no tengas amigos, que en toda tu vida no hayas conservado una sola amistad verdadera. Ahora entiendo porque nadie quiere saber nada más de ti una vez se van de tu lado.

_ No creo que me merezca esto que dices. No soy tan fría como todo el mundo dice que soy. Soy práctica, no te lo niego. Si tu fueras práctico como yo no serías el desgraciado muerto de hambre en el que te has convertido. Si fueras práctico aún estaría contigo _me dice con una voz que me parece metálica.

_ Nadie más sabe que tú y yo nos vemos ¿verdad? Imagino que has ido impartiendo un discurso que convenza a todos de que es imposible que tú y yo nos estemos viendo. Ni siquiera A. lo sabe, estoy seguro. ¿Entonces? Ahora empiezo a entenderlo todo.

_ Nadie se lo creería, toni. Yo estoy con él todo el tiempo. Tú vives amargado entre las líneas de un blog. Eres un amargado y encima me guardas el secreto. Yo sé que me proteges porque me quieres. Nunca me harías daño. Tú nunca harías daño a nadie. Mientras yo esté de puente con él tú estarás en tu casa añorándome y cuando vuelva y te llame volverás a venir a verme.

_ Entonces no hace falta que nos veamos esta semana. Ya nos veremos la otra, o la de más allá_ le digo arrastrando las palabras_ ¿sabes? Hasta ahora creía que no podría encontrar a alguien como tú, ahora espero no encontrarme a nadie como tú.

_ Eres un imbécil. Todas las mujeres con las que te cruces lo detectarán nada más conocerte.

_ Si soy un imbécil ¿por qué me llamas? ¿por qué ese empeño de vernos y las risas y las confidencias y los besos y las caricias y las ganas de follar?

Se queda en silencio, se muerde el labio inferior, es un gesto que soy capaz de imaginar porque es tan suyo como su forma de caminar o la estridencia de su voz.

_ Eres un imbécil porque si hubiera sido de otra forma ahora seguiríamos juntos.

_ ¿Si hubira sido cómo?

_ Si hubieras sido como yo te decía que fueras.

_ ...

_ Si me hubieras hecho caso ahora estaríamos juntos.

_ ¿Sabes? Era un precio que estaba dispuesto a pagar. Y me hubiera equivocado al hacerlo.

_ Está bien, como tú digas, esta tarde nos vemos donde siempre y lo hablamos.

_ No lo entiendes, no iré.

_ Tú te lo pierdes.

_ Estoy tan acostumbrado a perder que lo reconozco inmediatamente cuando lo hago y ¿sabes? esto no es precisamente perder. Sé que dentro de unos días ya no me echarás de menos. Es más, hay días que cuando estamos juntos sé que tienes una nueva vida en la que no me echas de menos. Y eso ya ni me duele. A decir verdad, me gusta que sea así. Si hay algo que no podría soportar es volver contigo.

Le dejo con la palabra en la boca, ella siempre tiene que decir la última palabra. Espero más o menos un minuto con el auricular encima de la mesa y luego cuelgo.

Me llama diez veces seguidas.

No pienso en todo ello en un buen rato. Luego me la imagino con él de un lado para otro, con él y con su amiga A. y el novio de su amiga A. y me perece que todo es muy sórdido, lo que ha pasado, los cadáveres que siempre acaba sembrando a su paso. Luego llamo a mis clientes, añado un plano al presupuesto que están a punto de aceptarme, redacto dos ofertas, pienso qué hacer este puente.

Me vuelve a llamar y vuelvo a no cogerle el teléfono. Me envía un sms que no leo. Me tomo cinco minutos y abro el blog y escribo esto.

Tú, a cientos de kilómetros de distancia te has vuelto invisible. Y yo pienso que debía tener esta conversación para darme cuenta de que, probablemente, las cosas hubieran sido de otra forma si yo hubiera sido de otra forma. De alguna manera sé que todo fue muy distinto a como yo creí que fue.

Supongo que las cosas se han aclarado hoy definitivamente. Y me siento bien.

Muy bien.

Como si me hubiera quitado un gran peso de encima.

5 comentarios:

Teresa, la de la ventana dijo...

Lo has hecho. No retrocedas.

caperucitaferoz dijo...

uff,,,,intenso muy intenso.No creo que en temas de semtimientos haya que cambiar nada ni a nadie,, se siente y punto y si ella no sabe verlo será que espera algo que tú no le puedes dar.
Creo que has hecho lo correcto, es mejor poner distancia a estar metido en un laberinto sin salida.
Ánimo y un saludo.

Anónimo dijo...

Pues como comienzo de día no está nada mal!!

Ahora relájate, tómate una buena taza de café, saboréala y contempla el nuevo mundo que se abre ante ti.

Soy feliz por ti, mucho.

aperador dijo...

Sí, te has quitado un peso de encima. Ahora eres libre de decidir si quieres verla o no, ahora has visto la realidad tal y como es y no te ha gustado nada. Así que ahora tú eliges.

Tonetxo dijo...

Si todos fuésemos distintos, las cosas serían de otra manera. Evidentemente. Pero somos como somos y las chispas surgen cuando lo hacen. Y no hay más. No te castigues. No mereces esos reproches. No entres en su juego porque lo que está haciendo es divertirse y disfrutar cómo y con quién le da la gana.
Beso.