sábado, 30 de octubre de 2010

Me lo paso tan bien a tu lado...


Supongo que no tengo nada qué decir, que no quiero exprimir más el pasado, que no me arrepiento de nada de lo que he hecho, de nada de cómo soy ni de cómo me he comportado, que si tuviera delante de mí al niño que fui sólo le pediría perdón por esta mala elección, por no dar con la gente correcta, por enamorarme de quien no debía. No me arrepiento de nada más.

Soy quien quiero ser.

Soy quien quise siempre ser.

Nadie puede reprocharme que no lo diera todo, en todo caso que me olvidara de mí mismo, que me quedara a medias en el trayecto de lograr lo que todo el mundo dice que debería lograr sólo con el talento.

Hace tiempo le dije a alguien que perdía ella mucho más que yo. Puede parecer soberbia. Pero no lo es. Creo que empiezo a saber qué clase de hombre soy y no me cambio por nadie del mundo. Sé quien soy por dentro, qué es lo que me mueve... y todo lo que veo es noble. Lo haré mejor o peor pero... ¿sabes? Se lo debo al niño y adolescente que fui, que supo leer el mundo y no quiso aceptar que tenía que ser como los demás. Sí, soy distinto, busqué (y sigo buscando) el camino para dar cabida a la creatividad, apuesto por tratar de hacer reír a mis amigos...

No lo dudes. Busca a quien te haga reír. La mediocridad necestia poner cara de malas pulgas para disimular, el que se ríe de sí mismo no necesita esconder que es lo que es.

Lo extraordinario en el ser humano es la risa, el humor; la inteligencia se demuestra con la risa.

La risa de dará alas. Y aunque siempre habrá alguien que te las quiera cortar, siempre tendrás la posibilidad de salir volando antes.

Y perdonad si alguna vez los tres (el niño, el adolescente y el hombre que soy) estamos tristes. Ninguno, afortunadamente, somos indiferentes a la decepción.


6 comentarios:

Amber dijo...

¡Preciosa y atinada reflexión! Mis más sinceras felicitaciones.

Me encanta vislumbrar, a través de tus magníficas letras derramadas, estas grandes dosis de optimismo, unas tremendas ganas de comerte la vida y sonreír, reír mucho, cantarle al viento y oler las nubes, ver al hombrecito que pisa la luna y que a la vez va regando de oro azul el continente africano.

¿La foto? Encantadora y tierna, llena de luz y alegría, como el niño que llevas dentro y fiel a tus principios de hombre hecho y derecho.

Un abrazo conSentido de la meiga mariñeira,

Amber

hécuba dijo...

No deberías arrepentirte de nada. Todos cometemos errores de un tipo u otro y lo que tenemos que hacer es aprender de ellos. De nada sirve lamentarse por el pasado.
Tú eres una persona que vale muchísimo y el que no sepa verlo es que no tiene ni idea.
La tristeza está ahí. No se puede escapar de ella, solo hay que saber llevarla bien. Un beso. Enorme.

40añera dijo...

Te debo visitas y besos.
Nunca se debe uno arrepentir del lo hecho, nos podemos equivocar pero de esas equivocaciones se aprende
Un beso

Espera a la primavera, B... dijo...

Amber, descubrir el hombrecillo que riega Africa ha sido para mí uno de los grandes acontecimientos del año. La magnitud de lo que a uno le sucede, de lo que aprende, viene dado por lo que a uno le toca el corazón.

Y a mí, me tocan algunas pequeñas cosas con violencia de impacto de meteorito.

Desde ese día, y durante el resto de mi vida, veré algo cotidiano con ojos muy distintos. Y eso, es algo extraordinario.

Un gran abrazo

Espera a la primavera, B... dijo...

Me arrepiento de lo que pensé y no dije, de dejar que las cosas se alargaran más de lo necesario, me arrepiento de dar a entender que yo era algo que no era y no aclararlo cuando entendí que el otro se lo creía. Me arrepiento de todas las veces que no he sido honesto con los demás y conmigo mismo.
Me arrepiendo de cosas esenciales, de verdades a medias, pero luego pienso que soy humano, que todo lo hice para no estar solo, para tratar de sortear a la tristeza.

Se puede salir de la tristeza, Hé, se puede salir de la tristeza permanente, porque la otra, la de estar triste con motivo, esa, afortunadamente nos dará la señal de que perdemos algo valioso y a esa nunca hay que huírle.

Espero que estés bien. Me gusta saber que estás bien.

Un beso.

Espera a la primavera, B... dijo...

Aprendemos a retirar la mano de la llama y acabamos huyendo hasta de la luz de una bombilla. Todo aprendizaje debe tener su justa medida; preguntarse y buscar la respuesta es esencial.

Bienvenida de nuevo, 40