miércoles, 8 de septiembre de 2010

El vicio de luchar


Hoy me he vuelto a romper. Cada vez me rompo con más facilidad y con menos motivos. Debe ser que se acerca la estación de las lluvias o que simplemente estoy llegando al límite de mi aguante. Si esto no cambia en poco tiempo me romperé cada día y luego varias veces al día. Así que tengo que pensar en hacer algo que revierta esta dinámica. A veces pienso que caigo porque así tengo la oportunidad de luchar por levantarme, que en el fondo he trasladado toda mi fuerza en sostenerme, como esos boxeadores que, a sabiendas que han perdido, se tambalean escorados a un lado hasta que el árbitro detiene el combate y lo manda a su esquina.


Supongo que espero que me salve la campana de un momento a otro y que en mi esquina alguien me suministrará algo milagroso que me dará la oportunidad para salir otra vez ahí a seguir luchando con posibilidades de ganar. Pero no tiene sentido, ya no. Esto ya se ha terminado. Es mejor que lo asuma y piense no en otro asalto sino en una vida alejada de cualquier combate.



Creo que mi error ha sido creer que podía con todo.


Todo es mucho.


Todo es demasiado.


He creído que era cuestión de lucha pero no contaba conque podía quemarme (burn out). Necesito un reset, un cambio de motor, necesito una tregua.


Mañana vienen a ver el piso. Lo venderé a un precio que no esperaba venderlo, pero lo haré y empezaré de cero.


Supongo que es mejor así. Echaré de menos mi casa. Esta ha sido mi casa. No sé, en fin, no sé si merece la pena sufrir tanto por cuatro paredes, por cuatro cuerdas de un ring.


11 comentarios:

E. dijo...

Puede que ponerse los guantes y subirse al cuadrilátero cree adicción, es posible, pero no sé, mejor luchar, aunque sea por vicio, que dejarse vencer sin más.

Espera a la primavera, B... dijo...

Creo que debe exisistir un equilibrio entre la inteligencia y la lucha. Uno debe saber cuándo y dónde debe luchar. No me imagino al padre de la boma atómica con una piedra en la mano golpeando la carcasa de la bomba y gritando "por mis cojones que esto explota" (que ahora que lo pienso es lo mejor que podía habernos pasado).

Puede que hasta Edison, que intentó más de mil veces la invención de la bombilla debió tomarse unos días para inventar otras cosas mientras no le salía lo de la bombilla.

En serio. Hay que saber calibrar las fuerzas.

Amber dijo...

¡Jo! Me entristece leer esta entrada y mucho. Y si encima pienso que si tú te rompes, ¿qué seré yo entonces? Si tú eres como el fino cristal veneciano, yo soy como el bohemio, todavía más frágil. Además de tener que pasar por obstáculos varios, un muy fuerte desengaño sentimental y malos tragos diversos tengo que superar una dificilísima prueba, tan difícil como la vida misma.

Piensa que no hay imposibles, sino que nosotros los ponemos/los creamos. Piensa que todo lo bueno en esta vida es posible, pero eso sí, hay que lucharlo mucho, como justamente hicieron Edison o el mismo Einstein. Genios que jamás se rindieron y no pararon hasta dar con la solución al problema, fuera éste el que fuera.

También mira el lado bueno, a pesar de lo que te supone (cosa que es muy lógica y normal) el tener que vender tu casa la estás vendiendo en tiempos de crisis, en tiempos sumamente difíciles para la gran mayoría, pero la estás vendiendo. Y el venderla en sí ya es un triunfo, que además te permitirá hacer otras cosas maravillosas y podrás move on, para dejar atrás el burnt-out ése que sientes/experimentas.

Te mando un abrazo conSentido, amigo,

Amber

Espera a la primavera, B... dijo...

Nuestra debilidad es el motor del cambio hacia la fortaleza. Que te sientas mal es el precio para sentirte bien. Uno no sabe cómo levantarse si no se ha caído antes.
Por lo menos tenemos la posibilidad de dar valor y estar agradecidos por muchas cosas. Y esa visión de las cosas nos acompañará el resto de nuestra vida como un faro de lo que realmente importa: vivir al máximo el tiempo que nos es dado..

Te quiero mucho, L. Te mando todo el cariño que tengo.

Genética Inexacta dijo...

Estaba pensando en lo del dedo amputado y... creo que esta vez me pasé de siniestra, asi que mejor te pongo otro ejemplo.
El ermitaño!! Cambia de casita de vez en cuando ¿y sabes para qué? Para poder crecer.
Algunas veces cuando deja aquella concha que le acompañó durante tiempo, esta está llena de alguitas, otros animales que viven sobre ella, y demás cosas consideradas "tesoros" para el ermitaño. Podría darle pena dejarla, y seguro que le da, pero a veces hay que perder algunas cosas que tienen valor sentimental o sea el valor que sea, para poder crecer.
Ánimo niño de letras, ya eres grande, pero sé que todavía llegarás mucho más lejos.

Besitos salados

Anónimo dijo...

Me siento muy identificada contigo. Un día te levantas y crees que puedes comerte el mundo, otros días (la mayoría de los días) sientes que es el mundo quien te come a ti. Y esta dinámica se alarga y se alarga hasta parecer interminable... Y lo malo es que quema, quema por dentro (recemos por no acabar convertidos en cenizas). Si algún día descubres cómo superarlo, o al menos, cómo llevarlo de la mejor forma posible, por favor, házmelo saber.

Un abrazo.

Yoli.

Aluap dijo...

Eres inmenso.

En tus sentimientos. En tus esperanzas. En tus andaduras. En tus recuerdos. En tus días.

Y he captado mucha de ésa inmensidad en el último comentario que le has dejado a Lea (Lea del Revés)...

Sólo me queda aplaudirte.

¡In-men-so! :D

Espera a la primavera, B... dijo...

Sí, lo del cangrejo ermitaño es mejor, jajaja.

Un beso, me alegra saber que ta va bien.

Espera a la primavera, B... dijo...

Yoli, supongo que hay que salir ahí fuera e intentar cambiar las circunstancias.

Espera a la primavera, B... dijo...

Paula, las palabras pueden herir o consolar. Si lees posts míos anteriores también he herido a una persona.

Nadie elige sus circunstancias pero nosotros sí podemos tender una mano solidaria. El ser humano es, básicamente, solidario.

Y es mejor pensar así.

Anónimo dijo...

Como me he identificado !!!
cuando ya no hay fuerzas es muy valido darnos por vencidos, debemos de pasar por el proceso del duelo porque cuando estamos preparados renacemos de las cenizas., pero cada quien en su propio tiempo no importa que tengamos que tocar fondo para volver a empezar.

Ruth