domingo, 5 de abril de 2009

El olvido y otros muebles


Hace días que al cerrar los ojos no puedo recordarla. Se ha desvanecido tal y como había ella había previsto, tal y como lo había planeado. Yo me resistí, claro, y llené las paredes del piso con fotos suyas. Las fotos se fueron cayendo como si un otoño tardío se hubiera apoderado de mi vida, cubriendo el suelo de recuerdos en descomposición. Hasta olvidé que este blog nació para tratar de que perdurase para siempre en el nombre y en la piel de alguien inventado. Ahora ya no queda casi nada, algunas facturas pendientes, algunos resguardos de tarjetas que pasamos en hoteles alguna noche. Se me fueron traspapelando los apuntes del cuento que nunca le escribí y que siempre supe que nunca escribiría para ella. Ella. Ya no moriría por ella.

Si me preguntasen qué es peor, si haberla perdido para siempre o que no la hubiera conocido nunca, no sabría qué contestar. Quizá las dos cosas sean lo peor al mismo tiempo. Quizá si no hubiera entrado por sorpresa en mi vida, me hubiesen ido mejor las cosas, quién sabe. ¿Qué es mejor? Ni siquiera el tiempo lo dirá, se quedará mudo y se encogerá de hombros. No quiero continuar por ahí, sé que me perderé y encontraré su imagen tras una esquina. Y entonces todo volverá a empezar de nuevo y me olvidaré de olvidarla. Mejor dejo a las sirenas sumergirse en las profundidades, será mejor que deje de albergar cualquier esperanza.

Sé que ya no moriría por ella porque no se puede morir dos veces.

2 comentarios:

* SINE DIE * dijo...

Ufff toni, créeme, se puede...

hécuba dijo...

Dicen que los gatos tienen siete vidas y que todo se pega menos la hermosura, así que quién sabe. Quizás los que tienen gatos puedan morir hasta siete veces.