martes, 29 de julio de 2008

Regla número dos: Ten cerca siempre amigos que te recuerden, de vez en cuando, aquello con lo que soñabas ser

Te prometo que un día aprenderé a ser invisible y caminaré desnudo por las calles, que aprenderé a soñar despierto, y a no renunciar a quimeras por lo que pueda pensar o decir la gente. Te prometo que un día seré libre y que no me quedará ningún lugar en el que esconderme de mí mismo, que no tendré la necesidad de suplantarme por ese otro que quisiera ser. Te prometo que haré todo lo posible para que un día de éstos me sorprenda la verdad al levantarme por la mañana y ya nunca jamás pueda renunciar a ella desde ese instante en adelante. Y abandonaré las obligaciones y los tratos (y saldré a la calle con las manos en los bolsillos a vagabundear las aceras) y seré ese descarado que mira a los ojos a los otros transeúntes.


E iré a decirte todas esas cosas que se quedaron en el filo de mis labios, en la frontera nunca cruzada entre las yemas de mis dedos y el escalofrío de tu piel.





3 comentarios:

* Sine die * dijo...

Y la regla número 1?

(..o la parte contratante de la segunda parte será considerada como la parte contratante de la segunda parte?..eh?..eh?..eh?....(ah! qué grande Groucho!;))


:)

Espera a la primavera, B... dijo...

Regla número uno (entrada del 28 de febrero de 2008): Haz el bien aunque para ello tengas que hacer el mal (y viceversa)

Si es que es lo que tiene ser un amoral, que se inventa uno reglas que no cumple y que suenan huecas y como a cartón-piedra.

Sra. Rica: No querrá casarse conmigo con el interés?
Groucho: Eso nunca, señora mía. Yo me casaría por el capital.

¡Qué grande!

* Sine die * dijo...

Uy que susto! por un momento creí que sería algo hormonal....jeje :p

:)