viernes, 18 de enero de 2008

Trabajo atrasado

Estuve toda la semana fuera. No diré dónde. Sólo diré que fue un trabajo más complicado de lo que esperaba y que he regresado a tiempo de contaros más cosas. Las heridas que llevo en las manos... en fin, digamos que el trabajo se resistió más de la cuenta o que mis manos ya no son las de antes. ¿A quién quiero engañar? Yo ya no soy el de antes.
Las cuatro. Demasiado tarde. Mañana tengo que ir a cobrar el encargo. A las doce en la plaza Rius i Taulet, debajo del reloj. Le he pedido a un colega que venga conmigo para que me guarde las espaldas. No me gustan los espacios abiertos para ciertas reuniones. Demasiados ángulos que vigilar, demasiadas caras que averiguar qué traman. No, definitivamente no pienso ir solo. Hubo un tiempo que me gustaban los centros de las plazas, creía que tenían un poder especial, algo telúrico, algo universal. De eso hace tiempo, antes de que ella diera una patada a la puerta y se colara en mi vida. Ya casi no lo recuerdo. Es tarde, el bicho descansa, los ojos se me cierran pero tenía que entrar y escribir esto, es lo menos que podía hacer.

1 comentario:

Sine die.. dijo...

Yo creo que en las calles del corazón hay plazas inmensas que cobijan el mismísimo centro del universo...

Se te echaba de menos...