viernes, 22 de abril de 2011

Lo hubiésemos tenido todo de frente, hubiera aplaudido el público, nos hubieran llovido los contratos, hubiésemos sido felices.


Cafetería de la esquina de Aribau con Travessera de Gràcia. ¿Cinco de la tarde del jueves? Llego y ocupo una mesa en una esquina. Llevo la libreta donde últimamente van a parar todas las historias que no quiero que hablen de lo que pienso. Nos quedamos en frente el uno del otro. Ella habla de fútbol junto a cuatro amigas, no quiere mirarme, no le intereso, pero la coincidencia de las mesas hace que cuando levantamos la vista uno de los dos se encuentra al otro en su campo de visión. A veces nos cruzamos sin querer cruzarnos, le imagino un novio economista.

Se parece a alguien que conozco, a alguien que me recuerda a un olor y un color muy especiales, al olor de la crema Nivea en bote redondo, azul y aplastado, con las letras blancas, me pregunto si todavía la fabrican.

Al poco tiempo me doy cuenta que estoy sentado a escasamente cien metros donde casi me partí el alma hace dos años, cuando apareció la chica de la bicicleta antes de que la chica de la bicicleta ni siquiera existiese. La vida es cruel y paradójica, y yo, que casi me doy de bruces con los cantos afilados de los sitios, me pregunto qué tendrá precisamente esa calle y el porqué de ese influjo sobre mí, cuando yo vivo a mundo de distancia. Y en esto que estoy reflexionando y ella se levanta y se va. Estoy al lado de la puerta, nos miramos esa décima de segundo de comprobación absoluta y cada uno hace como que el otro no existe aunque en ese instante no hay nada más en la cafetería que ella y yo. Se va. No volveré a verla nunca más.

Escribo en la libreta, unas horas antes quedo con un chico extraordinario, y hablamos de ONG´s y Ayuda al desarrollo para países africanos. Veo en sus ojos que le apasiona de lo que habla. El mundo necesita gente así. Le hablo del proyecto del agua, de la transferencia de tecnología y él me habla de una escuelas en África, yo le hablo de la India y de la Fundación del Padre Vicente Ferrer, no llegamos a ninguna conclusión, bueno, yo sí, que llevo demasiado tiempo encerrado entre estas cuatro paredes y el agua... dios, no sólo necesito proyectos para subsistir... necesito proyectos de agua para que mi alma reviva como una planta en sequía, así me siento: seco. Me pregunto dónde estará el click que lo active todo. Y tengo miedo a que me pase lo del año pasado, que la necesidad me empuje a lo más hondo y tenga que resurgir de nuevo.

Esta vez no. Pienso en la chica de la cafetería y escribo algo de la novela. Desgraciadamente nada es lo que parece, escribo algo que nunca verá la luz y me dejo llevar por palabras que sólo sirven para llenar una libreta. Me pregunto si las casualidades existen, si entre los millones de blogs ella tendrá el suyo y si coincidiremos en ese caso, en el espacio y el tiempo como lo hicieron nuestras posiciones en las mesas.

Dos horas más tarde me cruzo con dos de sus amigas en el cruce de Diagonal con Rambla Catalunya, ellas esperan en el semáforo. Paso justo por la acera de enfrente... y pienso en que el mundo es pequeño y en su novio, probablemente, economista.

6 comentarios:

calma dijo...

Conozco esa cafetería, desayunaba casi cada día ahí, los diez años que estuve en el Catastro, tal vez alguna vez cruzamos las miradas.
Besos

Heidi dijo...

Feliz Día post Diada.
Veo ( con tranquilidad) que se arregló tu cortocircuito....
Ufffff.
Guay!
Cuídate.
Ciao.
P.D: Si la OMS lo recomienda, no seré yo la que los contradiga...
;-P

Espera a la primavera, B... dijo...

Quién sabe... nunca se sabe con quién ni dónde, ni cuándo...

Besos

PS: Probable

Espera a la primavera, B... dijo...

Se me cortocircuita con demasiada frecuencia la máquina de las palabras... anoche sin ir más lejos.

Amber dijo...

Puede que sí vea la luz, es sólo cuestión de proponértelo y trabajar (en tu novela/s en producción) con ahínco. Nunca digas "De este agua no beberé", porque ése agua puede que esté más cerca de ser bebida de lo que tú crees.

Nunca subestimes tus capacidades ni menosprecies tu inteligencia, que es mucha.

Besos y feliz Día de la Mona (aunque sea, teóricamente, mañana),

Niña Amber

Espera a la primavera, B... dijo...

Gracias por tus buenos deseos, Amber.

Mis talentos y capacidades son mucho más limitados de lo que imaginas. Eso lo dices porque no me conoces...

Si me conocieras...