miércoles, 20 de abril de 2011

Las palabras no dichas de un lenguaje que no existe


_ No te imaginas lo difícil que es vivir con alguien con el corazón de porexpan _ dice ella dándose la vuelta, dejándole a él el muro de su espalda.

_ No, no lo imagino_. Se queda mudo, frío, insensible como la punta de su dedo meñique después del accidente.

_ ¿Sabes?_ dice ella sin mirarle. _A veces no me creo lo que veo. Cuando te pones así, distante, algo se me desgarra dentro, algo me desespera y me dan ganas de salir corriendo, lejos de ti, lejos de esta casa. Para siempre. Ni siquiera creo que te esté diciendo esto. Creo que si lo hago es porque ya no me importa nada de lo que pase.

Él se deja la dignidad en alguna parte, lejos de allí, en la pared del cuarto de baño, en el marco de la puerta, en el quicio de sus labios.

_ Lo sé todo, Elena. Te seguí hace un mes. Sé que te ves con ese hombre y también sé que, de la forma en que lo miras, le quieres. Lo sé porque esa era la mirada que tenías conmigo. Al principio pensé que era yo quien te había perdido y me sentí despreciable. Me sentí culpable por todas las cosas que no te he podido dar, por las horas interminables de trabajo, por los días pesados como losas, por toda esa mierda de la enfermedad de tu padre, por los abrazos no dados, por esa espera a que el otro diera siempre el primer paso, a ese miedo a querernos, a esa alegría intermitente que nunca cuajaba. Pero luego lo pensé fríamente y me dí cuenta de que yo sólo era una parte. La mitad de un todo que no funcionaba porque dejamos de vivir para ser felices y nos conformamos con la rutina.

_ ¡Tú te conformaste con la rutina y me arrastrate contigo!_ grita ella. No sabe hasta qué punto sus palabras se clavan en la carne de Víctor. _Tú con tus domingos al cine, con tu aburrimiento de sillón y días perdidos, con tus horas sin tiempo, con tus planes que se quedaban siempre en eso. No, Víctor. No me metas en esa rutina que no me pertenece.

_ ¿Qué hacías tú mientras tanto?_ le pregunta. Se calla, deja de mirar al suelo, se va hacia la pared y se apoya en ella.

Ella hace un repaso de todas las cosas que nunca hizo por no compartirlas con él. Se da cuenta de que nunca lo quiso, de que a alguien así es imposible quererlo porque es como querer a un póster, a una percha, a un mueble. Algo se rompe dentro de ella y deja pasar la luz, como si después de cavar un largo túnel, al final, después de un último golpe de pico se abriera una brecha en la negrura. Y piensa que eso que siente es lo más parecido a la felicidad de la que tanto hablaba. Y piensa en Roberto y en su voz grave y en sus ganas de salir con ella, de sus caricias, de sus palabras después de la pasión de los cuerpos, de su mirada de niño, de su "nunca te dejaré sola". Y después de mucho tiempo respira como si el aire fuese más limpio y fresco, y le dan ganas de salir a la calle y llamar a Roberto y cogerle la mano y pasear a la vista de todo el mundo cogida de él.

Víctor la mira a los ojos. Sabe que hay algo que no conoce en la cabecita de la mujer con la que ha vivido los últimos trece años. Se alegra de no haber tenido hijos con ella, piensa que no hubieran recibido ni el cariño ni la alegría que él también echa en falta. Y se acuerda de cómo él era antes de conocerla y las risas con los amigos y se acuerda, por supuesto, de Ingrid y de lo mucho que la quería, de que le rompió el corazón sin que el resultado mereciese la pena. Quizá Ingrid era menos espectacular que Elena ¿qué cojones se tiene en la cabeza a los veinte? pero era infinitamente más humana, se podía hablar con ella sin miedo a la venganza ni al vacío. Hay personas que sabes que te van a querer porque no pueden no querer, hay personas con las que te vas a sentir siempre como en casa.

_ Recogeré mis cosas_ dice Elena_. El contrato de alquiler está a tu nombre, no creo que puedas pagarlo, así que tendrás que buscar otra cosa más para una persona sola. Dáme una semana,quince días. Así ambos tendremos tiempo.

_ ¿Tiempo? No existe el tiempo, Elena. Lo perdimos hace muchos años, en algún lugar debimos habernos dado cuenta de que ninguno de los dos vivía su sueño sino que soportaba el del otro. ¿Qué quedó cuando se acabó la pasión? Tú y yo somos unos desconocidos. Pero es que lo hemos sido siempre.

Elena sonríe. Ha aprendido a burlarse de él sin tener que decir ni una sola palabra. Hace tiempo dijo lo que tenía que decir y desde entonces esa sonrisa significa la repetición mental de todo aquello. Le dijo que era un sentimental trasnochado, como si tener sentimientos fuese una debilidad incompatible con su estatus. Después de decir aquello sonrió sardónicamente. Y esa sonrisa, desde entonces, significa algo así como "pobre imbécil".

Lo que no espera es que esta vez, en lugar de provocar el desaliento de Víctor, éste le devuelva la sonrisa igual de burlona. Una sonrisa que envuelve algo que ella intuye que piensa de ella. Eso que ella cree ver en las risas compartidas en las fiestas con amigos y a las que ella nunca accede, a esas complicidades que no puede compartir porque no conoce ese lenguaje con que hablan, donde se ríe porque se ríen los demás, donde se encuentra como un sordo acudiendo a la ópera y leyendo los labios en los corrillos entre actos, asintiendo con la cabeza y sonriendo. Víctor siempre supo de esa merma y nunca le dijo nada al respecto. Le pasaba la mano por el hombro, le acariciaba la mejilla, nunca se había burlado. Hasta hoy.

Y entonces piensa en Roberto, en su frescura estudiada y en sus frases dichas casi como sentencias, en su ropa impecable, en su sí a todo y en su no a nada. En lo cómodos que son para él los jueves por la tarde, en su reírse de los demás y hacerla partícipe de sus burlas, en el juego tramado y en la tela de araña tejida, en la falsa seguridad que le hace sentirse deseada pero no amada. Y entonces le viene a la mente una frase sin saber por qué viene, una frase que dice algo de no es más fuerte quien hace más daño sino el que pudiéndolo hacer no lo hace... o quizá era lo mismo pero en lugar de la fuerza era el mal. Y piensa en Víctor y en lo que le enamoró de él, en su alegría y en sus planes locos que ella acotaba con la realidad.

Y sí, es cierto que en ese momento algo se rompe, algo que hace temblar los cristales de la casa cuando se parte lo invisible, en silencio. Alguien, desde fuera, pensaría que es el ruido que hace el camión de la basura pero ella sabe que lo que se destruye es algo más, algo que no sabe que es porque se durmió a mitad del segundo acto y ni tan siquiera es capaz de leer los labios a quien interpreta el área en ese momento, y no lo sabe pero si le preguntaran respondería que intuye que el amor es, a veces, pasar la mano por el hombro a quien se quiere cuando está fuera de juego, rozarle la mejilla o no dejarle ver nunca que sabe que está perdida.

Nota: donde escribí área debí escribir aria. Nunca he ido a la ópera, quise escribir sobre algo que no entiendo. Gracias por el mail tan delicado y comprensivo que me ha hecho darme cuenta de mi error. Tiene gracia que el mail que me enviaron para (entres otras cosas) decirme que en mi post había un error tuviese también un error.

Nota 2: Después de colgar el post me di cuenta también que los nombres de Víctor, Elena y Roberto coinciden con los nombres de pila de personas que conozco y que leen este blog en ocasiones. Los elegí al azar, los que primero me vinieron. De veras.

6 comentarios:

Aquella chica dijo...

Gracias a Dios que tu blog sigue vivo. Me llevé un buen susto.

Heidi dijo...

...y no lo sabe pero si le preguntaran respondería que intuye que el amor es, a veces, pasar la mano por el hombro a quien se quiere cuando está fuera de juego, rozarle la mejilla o no dejarle ver nunca que sabe que está perdida...
Wow!
Sigo leyéndote.
Cuídate.
Besos.
Ciao.
;-P

Tiklia dijo...

Ufff, como me suena!!

pd.yo también me lleve un buen susto
un besillo

Espera a la primavera, B... dijo...

Todo sigue igual.... No te asustes, no sé cuánto durará pero te acostumbrarás a estas idas y venidas...

Espera a la primavera, B... dijo...

El amor quizá no sólo sea dar sino también saber recibir, estar, a veces incluso en silencio... a veces todo lo que se necesita para amar es guardar un secreto sin que te lo pidan.

Espera a la primavera, B... dijo...

Te suena ¿verdas? Todo se repite...