miércoles, 6 de abril de 2011

El agujero en la luz que hace tu sombra


Hoy por la mañana me dió la impresión de que al cielo lo iluminaron de repente mediante un interruptor que encendió el sol como se enciende una bombilla. Hoy el cielo es limpio y al cabo de unas horas despierto me acordé de la luz que entraba por primera vez así de intensa por la ventana de mi cuarto, cuando vivía con mis padres, una luz casi tan blanca como el pelo de la barriga de Penélope, una luz descarada, fresca, que no parecía que pudiera salir de un sol amarillo-naranja.

Esta mañana todavía no habían llegado los gorriones a piar donde sea que se posan a piar por las mañanas, esos gorriones que a Ulises le provocan esas ganas de comer pájaros y que a Penélope, no sé el porqué, le hace preguntarse por qué Ulises afila sus uñas al mirar por la ventana.

El hombre del contador del gas vino a mirar los contadores justo al lado de la puerta de la oficina, creando expectación gatuna en sus pisadas, y distrayéndome para empezar a escribir esta entrada; tan destinado estaba a ello que a primera hora ya estaba preparado para soñar las cosas a conciencia y darle al día un solo motivo para que mereciera la pena, entre estos mails de trabajo y estos planos feos, estos estudios de carga de fuego insulsos... yo me voy por la ventana (los bancos lo saben y me esperan abajo) pero no toco el suelo porque salgo volando con los gorriones a pesar de Ulises, y me poso en las ramas de los árboles de donde, de pequeño, creía que crecía la felicidad hasta que me di cuenta que no, que la felicidad no crecía en ninguna parte, ni tan siquiera en días de luz blanca de sol amarillo-naranja, porque la felicidad en sí no existe.

Y hoy también, no sé el porqué me acordé de Benedetti y su bigote cano, y me acordé también de la librería Negra y Criminal de la calle de la Sal, y no sé, me acordé también de todas las cosas que no he hecho y pensé en todas aquellas que no haré este año. Y pensé también en que las cosas son como son... y en las personas que se fueron y las que se irán y entonces... entonces ha dejado de tener sentido todo, absolutamente todo y eso...

... y mientras escribo esto me llama una gran ingeniería que visité ayer para que lidere un proyecto de internacionalización de captación de proyectos... y de repente me acojono porque es algo muy grande y yo me siento muy pequeño y al mismo tiempo no sé qué hacer porque también tengo el compromiso de otra ingeniería también muy grande para empezar a hacer proyectos de agua en África... y yo... yo sólo soy un ingeniero técnico en una buhardilla que tiene dos gatos e infinitas deudas... a veces pienso que me meto en demasiadas cosas o demasiado grandes y que yo lo que necesito es tener tiempo y tranquilidad para escribir...


... en algún rincón de mi corazón conviven la esperanza de que el agua llegue a quien lo necesita y la necesidad de poder dormir tranquilo por las noches... y aunque sé que es demasiado pedirle a un hombre, también querer y que me quieran.

4 comentarios:

Heidi dijo...

No hay hombre pequeño...Sólo grandes miedos.
Me alegra ver que las cosas van hacia adelante ( por más que te cueste tanto darte cuenta...MIOPE).
Un abrazo.
Cuídate.
Ciao

Amber dijo...

Llámale "coincidencia" o "casualidad", lo que quieras, decirte que tu entrada de hoy -- en lo de las luces y las sombras--, tiene que ver con la mía de hoy, también, y con la última novela del gran Javier Marías, que versa sobre las cartografías del amor y sus LUCES y SOMBRAS.

Quizás, esta coincidencia," sea algo tan sencillo como la SINCRONICIDAD de dos ALMAS que escriben con sentimiento y garra, al unísono.

Disfruta del solete y las luces primaverales, Toni, lo mereces, :)

Amber

Espera a la primavera, B... dijo...

Hay hombres pequeños, Heidi, uno debe saber cuáles son sus medidas para poder pedir ayuda cuando lo necesita, lo contrario es una temeridad.

Soy un superviviente nato. Tanto, que a veces vivo demasiado tiempo al borde del precipicio. Tengo experiencia pero cada día me hago más mayor para según qué cosas.

Me gusta el post que has escrito hoy.

Besos

Espera a la primavera, B... dijo...

Jung lo llamó sincronicidad, pero Jung era mucho Jung. También habló de arquetipos y del inconsciente colectivo.

Sé que no crees en psicólogos, lo intuyo a través de tus palabras, sé que hablas tantas lenguas... y sé más cosas de ti de las que crees, Amber. No porque lo haya investigado (no lo hago nunca) sino porque hay algo sincrónico que me une a ti, algo que no sé explicar.

Un día lo sabré y te encontraré entre una multitud y sabré que eres tú. No te quepa la menor duda.

No me preguntes el cómo pero me puede preguntar el porqué.

Un sentido abrazo.