martes, 25 de enero de 2011

El claro del bosque


Nunca llegamos a ese claro del bosque en donde se cazan las mariposas que se meten en un bote de cristal y se guarda en el pecho. No llegamos a rozar con la punta de los dedos las copas de los árboles como Peter Pan y Wendy. Se nos fueron muriendo las palabras, clavadas como clavos en una puerta cerrada, yo no me atreví a llamar, ella no se atrevió a abrir. Es una locura todo esto; una locura que no llega.

Pero aprendimos a caminar por el bosque y también a volar, aprendimos a esperar pacientemente y caminar cientos de kilómetros para detenernos apenas a un metro. Aprendimos tarde, mal y sin remedio. Es culpa del tiempo, que no hace prisioneros. El tiempo que no avisa y por tanto es el gran traidor.

Se fueron marchitando sus plantas, se volvieron artríticos mis gatos, fuimos infelices a conciencia, metódicos en la tarea de tratar de olvidarnos el uno al otro; nos casamos con unos extraños, tuvimos hijos que nunca fueron del todo hijos nuestros, celebramos fiestas en donde siempre esperamos que apareciera el otro por la puerta.

Y fuimos ochenta mil palabras más silenciosos que de haber vivido juntos, y reímos diez mil veces menos, y nos sentimos fatigados seis mil quinientos días más; y nos brillaron menos los ojos, y vivimos más años (o nos lo pareció).

Ella acabó siendo escritora (para olvidarme), yo acabé siendo escritor (para no olvidarla). Me pregunto si valió la pena, si merece la pena, todo esto, esta basura que devorarán las gaviotas.

Anoche no pude dormir, esperaba ver aparecer a Peter Pan en la ventana, y en la penumbra, entre las cortinas de la oscuridad y las formas robadas a mi imaginación, creí que me llamaba de nuevo el bosque y me decía que iban a nacer las mariposas, me preguntó que dónde estaba Wendy.

¿Dónde estabas?

7 comentarios:

Amber dijo...

Y Wendy le pidió que la despertara cuando... llegase el día que leyendo el periódico ya no publicaran malas noticias. 

Cuando el mundo fuera una maravillosa fotografía... 

Cuando la vida aquietara el alma...

Cuando las risas se confundieran entre el silencio del bosque y la luna.

Cuando la lluvia llegase a decorar la primavera...

Cuando la música no afectara ni el más mínimo toque...

Cuando las lágrimas no se acercasen en su hora destinada....

Cuando las letras no se estrellasen más contra su ventana...

Cuando las manos gritasen una vida sin dolor y apasionada…

Cuando la desnudez se quedase guardada entre las sábanas de seda blancas.

Le dijo a Peter Pan todo eso, que la despertase cuando fuera necesario, o sino que la llevase siempre en sus sueños. Ese fue su destino.

Espera a la primavera, B... dijo...

Llegará un día en el que Wendy despertará y encontrará cambiado todo el mundo.

Sé que Peter Pan hará lo posible para que ello suceda.

ana dijo...

Uff...que relato tan maravilloso!
Enhorabuena.

Espera a la primavera, B... dijo...

Gracias. Me gusta que te guste, Ana.

She Says dijo...

A lo mejor Wendy está soñando lo mismo...

Espera a la primavera, B... dijo...

Si Wendy soñara lo mismo estaríamos el uno y el otro a cada lado de un espejo. Y no podríamos tocarnos, sólo hacer lo mismo, soñar lo mismo, ¿se pueden atravesar los espejos? y si se puede ¿yo paso al mundo donde está el otro y el otro pasa al mío? ¿o nos reunimos en uno de los lados?

She Says dijo...

Os reunís en ese punto donde se encuentran las miradas.