miércoles, 26 de enero de 2011

Esta niebla


Si pudiera encontrar las palabras, si pudiera atraparlas como con un cazamariposas entre esta niebla... Nunca te lo dije pero hace tiempo que se estropeó la máquina de fabricar niebla, se rompió el botón de paro y entonces pensé "ya parará cuando se le acabe el combustible", pero no caí en que la toda esta niebla está hecha de sueños y los sueños no cesan nunca. En estos momentos en que crees que me estás leyendo, en realidad estás soñando con que me lees.

A veces camino por las calles de Barcelona, llego un par de horas antes de la entrevista de trabajo o la visita a un cliente y paseo con las manos en los bolsillos y pienso en escenas de la novela, en qué o cómo se van a desarrollar los acontecimientos que sucedan en ella. Otras veces no pienso, sólo camino y observo. Nunca preparo la entrevista y dejo en manos del azar las preguntas y sus posibles respuestas. No me va bien el negocio, no sé si mucho o poco, lo que me va bien es la novela, el mundo recreado en ella. A pesar de ello soy consciente de que son malos tiempos para los soñadores.

Me pregunto si detrás de cada escenario, de cada personaje de cualquier historia hay un soñador pertinaz que camina e inventa, si detrás de toda la imaginería que nos llega destilada en forma de historias no habrá una retahíla de ensoñaciones de paseantes que llegan dos horas antes a su cita con el médico, con el desarrollador de negocios, con el inspector de Hacienda...

Esta semana (y estamos a miércoles) he cambiado dos veces de texto sobre el que trabajo. Sobre uno estoy de mejor humor, sobre el otro me vuelvo más duro. No sé qué hacer y sobre todo no sé a cuál dar prioridad. Se me acerca la fecha límite y ante la duda me encuentro que el tiempo pasa.

No sé. Creo que novelas negras hay muchas pero historias delirantes no hay tantas. Supongo que esta semana volveré a cambiar otras dos o tres veces y que el resultado será que ambas avanzarán menos que si me dedicara a una sola y más que si me dedicara exclusivamente a la otra.

Y mientras sigo trabajando, haciendo presupuestos, facturas, proyectos, suministros...

... y sigo haciendo paréntesis para escribir en el blog, que a veces es como mirarse en un espejo. Un espejo distorsionado en donde cada uno ve lo que quiere ver, lo que quiere escribir, lo que desea que los demás vean. Casi siempre sin conseguirlo.

Mañana de miércoles, debo acabar un presupuesto y facturas para mañana.

6 comentarios:

She Says dijo...

Quizá, alguna vez, paseando por Barcelona, te has cruzado con alguien que imaginaba la vida de los demás mientras espera a que su nave venga a buscarla...

Era yo.

Espera a la primavera, B... dijo...

La vida de los demás siempre nos parece más interesante pero no creo que sea así (no en mi caso y después de los últimos tres años) ¿Una nave roja, largada y con letras amarillas? Cuidado con el autobús, si te equivocas de nave te puede llevar al otro lado de la ciudad, querida subsecretaria.

She Says dijo...

No, yo uso una nave color grafito. Biplaza.
Por aquí la llaman moto.

Amber dijo...

¿Dices que no hay historias delirantes en la vida?

DÉU N'HI DÓ que las hay... Recuerda aquello que decía el genial Mark Twain: "La realidad supera a la ficción"...

Creo que sólo tienes que mirar un poco más atentamente a tu alrededor y encontrarás un filón... Y luego dejarte llevar por tu imaginación.

Yo si pudiera escribir ficción lo haría e intuyo que tendría una mina de oro a mi haber...
Suerte tienes que tú si puedes escribir ficción... A mí la ficción se me hace tan real que me duele y de ahí mi bloqueo.

A veces hay que saber ver más allá del sol, de la luna, de las estrellas y saber leer más entre líneas...

En cualquier caso, esta entrada tuya es bonita, si bien la anterior me gustó más, me conquistó...

Besos y ensoñaciones varias,

Amber

Espera a la primavera, B... dijo...

Moto? Creo que una vez vi una.

Espera a la primavera, B... dijo...

Amber, piensa que la ficción no es más que un trocito de realidad con mil capas de maquillaje. Desde los griegos todo está escrito y sólo hace falta escoger un mito griego para profundizar en las miserias del alma humana.

Se me da mal leer entre líneas, Amber. Me gustó que me dijeras que te gutó mi escrito anterior. Estaba escrito con el corazón.

Un abrazo

Toni