viernes, 21 de enero de 2011

Y en tu estantería estaba Bandini


Aprendí a vivir en el alféizar de algunas promesas, divisando a lo lejos la puesta del sol cada tarde, creyendo que el sol si iba a dormir de verdad, no que la Tierra rotara, sino que el sol se escondía.

Aprendí a soñar en una habitación interior, suscrita a un patio de luces al que ese mismo sol no se asomaba y sin embargo recuerdo que durante los primeros días de primavera una luz blanca que, como un fluorescente nuevo en una habitación recién pintada de blanco, estallaba en un tsunami de fuego líquido y se colaba a través la galería de la cocina, que daba a ese mismo patio de luces. Y yo, con cinco, siete o doce años, sabía que era hora de sacarse de encima el jersey y que mi piel volviera a sentir el aire.

Bandini llegó luego, porque mi nombre es "espera a la primavera, Bandini" como la novela de Fante porque era una historia extraordinariamente sensible, y cómica, y trágica, y dura, y tierna, como todo lo que cabe en uno. Cabe de todo en esto que soy, nunca lo he escondido. Nunca he dicho que fuera fuerte, no porque no lo sea, sino porque cuanto más fuerte te crees más débil eres, y cuanto más débil te sientes, mucho más te sorprendes. No, no es eso, tampoco quiero hablar de eso, lo que uno cree y la realidad son dos planetas de un mismo sistema solar (eso si se tiene suerte).

Es cierto que hay cosas que no concibo, que hay retales de historias dando vueltas alrededor de mis últimos años; se me está haciendo muy difícil convertirme en alguien de cuarenta años porque he llegado hasta aquí y sigo sorprendiéndome de lo difícil que me resulta comprender porqués y cómos, sigo sin adaptarme a las transacciones comerciales, a los albaranes y facturas, a los proyectos... sigo sin adaptarme, dentro de un mes y medio entraré en esa etapa en la que, aunque uno no lo admita, te empizan a llamar señor porque se supone que tienes una vida formada. Y yo, si tengo algo, es un blog, nada más.

... dos gatos pululando por el piso, y una novela que lleva trabada dos años, y una rabia infinita contra alguien y una perplejidad inmesa, y una conversación pendiente y gente que se va y tiempos que no vuelven.

Hablando con mi padre mis dudas, en lugar de despejarse, se vuelven como la madeja de lana con la que a veces jugaban Ulises y Penélope, en un infierno desordenado, muy dado a contemplar la salida del sol en una esquina de la terraza de arriba. Recuerdo que la vida era sencilla, y cálida la superficie de una terraza y que nos tumbábamos los tres uno al lado del otro y mirábamos las estrellas. Reconozco que a veces me quejo pero dentro abono el deseo para que afloren y crezcan recuerdos de lo que fui, de lo que he sido.

Dentro de mí siempre estará vivo el que esperaba a que la luz rompiese los cristales de su ventana sin luz y rebuscará y hará un álbum de recuerdos con olores, sabores, miradas y tactos, siempre habrá alguien que espere a la primavera dentro de mí, es por eso que sigo y es por eso que escribo, es por eso que nunca me rendiré y es por eso por lo que siempre sentiré impaciencia por quitarme el jersey, por que mi piel sienta de nuevo el orgullo de vencer al invierno.


6 comentarios:

Amber dijo...

"Aprendí a vivir en el alféizar de algunas promesas...". Sin duda, la frase más bonita de esta entrada y un estupendo inicio para la misma.

Gracias por este texto tan maravillosamente bonito y triste a la vez.

P. D.: Hoy apesar de las muchas adversidades he decidido que quiero vivir asiendo la felicidad.

Espera a la primavera, B... dijo...

Mi deseo de que la felicidad vaya siempre contigo.

hécuba dijo...

Y en la mía...

Espera a la primavera, B... dijo...

Sí, la ví... y me acordé de la coincidencia y eso desencadenó otra serie de recuerdos, como esos pañuelos de colores atadados unos con otros que los magos sacan de cualquier parte: una luciérnaga, el verano y los botes, los cómics del sábado por la mañana, el mar y sus habitantes... y más cosas de colores oscuros que no destiñen ni con Dixán.

Regalices rojos (or kisses)

hécuba dijo...

Puestos a elegir, no sabría con qué quedarme... ¿no puede ser regalices rojos y kisses? ;)

Espera a la primavera, B... dijo...

Claro que pueden ser, Hé ¿Qué podría negarte Bandini?