miércoles, 23 de abril de 2014

Crónica de un amor que necesita fechas a las que aferrarse para no se sabe muy bien qué.


Hoy es Sant Jordi. La tradición dicta que debes regalarle una rosa a tu amada, o un libro, o ambas cosas. Es un gesto amable, es la excusa perfecta para recordarle a esa persona especial lo mucho que significa para ti. No importa que la rosa llegue de muy lejos, del país de las flores, cortada casi de raíz para convertirse en símbolo, ni que tal vez quien las cuidó y vio crecer, quien se tuvo que separar de ellas, apenas vea ni un uno por ciento del beneficio creado. La misma persona que le contaba sus penas en voz baja (es bien sabido que las flores crecen más cuando se les susurra), las dificultades de no llegar a fin de mes, o le daba las gracias por haber conseguido ese trabajo, o algún amor no correspondido, o peor aún: un amor correspondido por la persona equivocada.

Las rosas no son amor.

Mañana los libros más vendidos serán de los que salen en la televisión, en programas de humor, libros escritos para esta fecha en las que se sabe que se comprarán un número concreto de libros y hay que aprovechar la oportunidad para que editoriales y personajes públicos se echen una mano mutuamente. Cuando veo a alguien que lleva bajo el brazo un libro el día de Sant Jordi, uno que está entre los más vendidos, me dan ganas de llorar, no sé muy bien el porqué, quizá por los árboles talados para este espectáculo bochornoso en el día de la palabra escrita.

Los libros no son cultura.

En los días de las pantomimas, detrás de lo que se nos vende, siempre hay algo que se nos oculta, o que no queremos ver. Aunque al final todo es interpretable y hasta hay una bondad en ellos. Las rosas crean puestos de trabajo en los invernaderos y los libros crean empleos en la industria forestal y la del papel impreso. Y supongo que eso es lo que importa. Mi padre, de 80 años, le regalará a mi madre un rosa y ella sonreirá y la pondrá en agua y supongo que celebrarán algo que yo ignoro, y el mundo seguirá dando vueltas y seguirá recurriendo a los ritos para tener un significado con la amalgama de éstos, que entre todos, eso sí, forman nuestra cultura.

Una cultura de la que cada día me siento más lejos.

4 comentarios:

hécuba dijo...

A mí me gustan los libros, las rosas no tanto, soy más de margaritas, pero hoy no he comprado ni lo uno ni lo otro, ni me lo han regalado. Ya hay otros días.

Un beso. Sin rosa. Sin libro. Pero con beso.

G. Bachs dijo...

Però en el fons, tot i el consumisme que impregna la diada, a tots ens agrada. I fins i tot, com diu ma mare, tothom sembla feliç.. ;)

Espera a la primavera, B... dijo...

Tampoco hubo rosa ni libro en mi diada de Sant Jordi.

Un beso sí. El tuyo.

Espero que estés bien, y que tengas muchos días de libros y margaritas, ni que te sobren ni que te falten, los justos para no echar de menos ni que llegue el día en el que puedas sentir la desidia que nace de la abundancia.

Te echaba de menos.

Espera a la primavera, B... dijo...

Jo no vaig sortir de casa, no vaig baixar al centre ni tan sols vaig passar per davant d´una llibreria. Vaig vèncer la temptació, tot i que la temptació no tenia la força d´altres anys.

Potser tampoc vaig voler veure a la gent que sembla feliç.

De fet, ja no vull veure res que se sembli a res.

No sé, suposo que és la primavera.