lunes, 31 de octubre de 2011

Valor


Sin saber qué decir. La lluvia me enmudece, me recluye, empapa de horas muertas las paredes de mi casa, he enterrado la luz como si fuera un tesoro y he hecho un mapa para cuando llegue la primavera sacarla de nuevo. Aunque sé que no será el año que viene, que volveré a dejar pasar dos años, resulta extraño pero mi vida es cíclica pero bianual. Es como si de cada dos años viviera intensamente seis meses y el resto sólo existiera para dar paso a una destrucción masiva. Ya no leo, este invierno va a ser de los más tristes, lo intuyo.

No debería escribir cuando llueve, o cuando esta oscura luz se hace dentro de mí, no debería decir que "no debería" y ya está, dejarlo ahí sin intentar recuperar una parte de la alegría que solía tener, pero es que ya no sé dónde buscarla, el tiempo tiene las esquinas rotas, ya no importa que las cosas se hayan precipitado hasta llegar a este punto. Hace tiempo que no le echo la culpa a nadie de lo que pasa porque la culpa es el escudo de los cobardes, las cosas ocurren y para que ocurran alguien las tiene que ejecutar, eso es todo.

Me arrepiento de algunas de las cosas que hecho. Básicamente me arrepiento de una sola: de haber sido demasiado crédulo, demasiado naive, de haber creído que existe algo que nos une como personas, en el yo gano tu ganas, en haber creído todas las promesas incumplidas, en todos los proyectos a medias, en el "yo estaré a tu lado", si miro hacia atrás y pienso en todo el tiempo que he perdido por creer en que otras personas me duele el pecho. Prefiero mil veces una palabra de ánimo que una promesa. Las promesas se desvanecen como el vaho en los cristales cuando miras por la ventana. Y cuando ya no están vuelves a ver de nuevo claro. De pequeño me ponía en la ventana y jugaba a dibujar en los cristales los días de lluvia, los días oscuros como hoy. Me pregunto qué extraña tela de araña conectarán mis emociones a mis recuerdos y si, en realidad, no somos todos marionetas de la luz, los olores, las temperaturas, la ropa cuando desencadenan recuerdos que ni siquiera somos conscientes de que los teníamos.

Ahora lo veo todo más claro. No me gusta la idea de que las cosas se deben hacer solo, de que hay gente que sólo se acuerda de ti cuando puede sacar algo de ti, no me gusta la sensación de inseguridad, la oportunidad, el tú arriesga que yo te sigo, las horas trabajando en algo para que otro ponga la pieza que falta (la única, joder) y que no llegue.

En unos días cambiará mi suerte. Se editará un artículo científico mío en una revista que llegará a quienes es necesario que llegue. A partir de ahí todo cambiará y encontraré el camino. Han sido muchos meses de promesas, de plazos incumplidos, de decepciones, de traiciones, de mentiras, de mezquindad. Antes de que acabe el año habré encauzado un futuro, distinto al que yo creía que iba a ser, más realista eso sí, menos humano... porque yo nunca he sido un empresario, sólo soy un idealista y me ha costado aceptarlo porque me cuesta, a mis cuarenta años, asumir que hay cosas para las que no sirvo, y yo no sirvo para según que vías de negocio... entre otras cosas porque no sé vender, ni tan siquiera sé venderme a mí.

Tengo cuarenta años y me repatea el hígado tener que convencer a alguien de algo, de que llevo algo mejor que los demás, de que soy mejor que otro, que la lealtad vale más que un escenario.

Asumir no es resignarse. Es empezar por reconocer los puntos fuertes y no darse contra un muro una y otra vez tratando de hacer o ser lo que no se es. Con el tiempo las cosas van encajando... pero yo soy cabezota, y aunque no lo parezca he estado demasiado seguro de unas habilidades que no siempre he tenido.

Ahora ha llegado el momento de tragarme el orgullo y buscar la fórmula que sea la mejor dentro de las posibilidades que tengo. He jugado cartas y tengo una buena mano, creo que al final podré salir de ésta si confío en mí.

En cuanto al hombre que soy, creo que he mantenido mis principios a pesar de lo que otros han tratado de difamarme o hundirme haciendo insinuaciones, me he tragado palabras que debía haber dicho, he intentado dejar pasar el temporal porque soy de los que piensan que, al final, todo se descubre y que nada es blanco o negreo, que está bien que las personas que no te quieren deben pasar como las nubes rumbo a otra parte. De todas formas hay algo que no me perdono. Y es haberme privado de la posibilidad del cariño, de haber cerrado fronteras, de castigarme con esta soledad de piso, internet, gatos y lamentos.

El tiempo nos dará la razón o nos la quitará, nos llevará por caminos fáciles o tortuosos, caminaremos solos o acompañados, libres o con ganas de salir corriendo, pero de lo que sí estoy seguro es que merecerá la pena intentarlo y creer, equivocadamente o no, en que a pesar de que la vida a veces es un absurdo, uno siempre tiene la oportunidad de transformar las circunstancias de esa vida. Eso requiere valentía. El valor es lo que nos convierte en dignos de vivirla.

4 comentarios:

Hoba W. dijo...

Yo creo en tí, toni, creo total y rotundamente en tí.

Marie Olivares dijo...

Porque hay personas que me atraen sin conocerlas, tus palabras me son tan bastas para llenarme de emociones. Simplemente eso provocas, tengo 17 años, a diario leo tus entradas, estoy enamorada de tus palabras, de tu sensibilidad.
Gracias por no dejar de hacerlo.

Espera a la primavera, B... dijo...

No sé, Hoba, cómo eres capaz de leer posts tan largos... gracias por llegar al final... desde el principio. Gracias por creer en alguien que sólo está hecho de palabras.

Espera a la primavera, B... dijo...

Gracias por tu inesperado mensaje. Nunca llegaré a saber cuántas personas leen lo que escribo, porque aunque las estadisticas marcan un número de visitas, apenas nadie deja su huella. Por eso doblemente gracias.

Con tus palabras me devuelves parte de lo que pretendo al escribir: transmitir que, a pesar de que las palabras se desvanecen sólo salir de la boca, el universo, de una forma que me es inexcrutable, las recompone no sólo de forma, sino que vuelve a ser una cajita donde va también lo que no digo, todo lo que escondo de la luz y del viento.

Gracias de nuevo...