lunes, 23 de mayo de 2011

Miedo


Tú no lo sabes pero hay algo casi invisible que nos une, un hilo fino como de tela de araña, que cruza valles y montañas, ríos, arroyos, bosques. Tú rama y yo arbusto, la araña saltó de uno a otro, si de ti o de mí no importa. A veces el viento lo mece y flota en el aire como una hipérbole.

Algunas noches atrapa el rocío y las gotas se juntan y brillan como farolillos de papel en una verbena. Me llamó por teléfono un astronauta el otro día y me dijo que la hebra de araña que nos une y la gran muralla china son las dos únicas invenciones humanas que se ven desde el espacio. Me contó que cuando pasaba por encima nuestro, dejaba los experimentos con ratones y todos (los roedores y él) se asomaban al ojo de buey del skylab para verla. Y luego se miraban unos a otros y se encogían de hombros antes de pasar de nuevo a los ensayos. El astronauta soñaba con un mundo sin guerras, los ratones soñaban con un mundo sin gatos.

Colgó después de estar un buen rato en silencio. Le di las gracias por llamarme. Me preguntó qué clase de hombre es capaz de no sucumbir a semejante locura. No supe qué contestarle, fue entonces cuando se hizo ese silencio antes de colgar.

Desde que sé que existe eso nuestro tengo miedo. Miedo a que se suelte, a que se rompa, a que el peso de las gotas de rocío la venza, a que los rayos del sol la deshaga, a que un excursionista o un pájaro sin querer se la lleven por delante. Tengo miedo, un miedo sin forma, miedo a lo que pasará mañana, miedo a que desaparezca eso que casi no existe.

Y llegan las flores o la primavera, crece el trigo verde bajo el tendido eléctrico, las almendras se arraciman en los almendros, salgo a caminar o a correr (según el día) y evito los salientes, las ramas, las vallas, los perros, me resguardo del viento cuando el viento sopla, te escribo cosas con la boca que nunca oirás de mis letras.

Y duermo enredado como el hilo de nylon de un pescador inexperto duerme en el carrete después de un día de pesca nefasto.

Pero te sueño. Tú no lo sabes pero te sueño casi todas las noches.

Un astronauta se ha vuelto insomne por nuestra culpa. Dicen que adoptó a los ratones del proyecto orbital y salen los domingos por Central Park en bicicleta, compran comida china y comen bajo un árbol tallarines tres delicias y hablan entre ellos del hilo de tela de araña que se ve desde el espacio y elaboran teorías absurdas en un mundo con guerras y gatos.

La noche está en calma, el hilo flota con la brisa, yo me voy a la cama con la esperanza de soñarte... pero claro, tú no lo sabes, no puedes saberlo, ni siquera sabes que es por ti por quien escribo esto.

6 comentarios:

Aquella chica dijo...

Si se ve desde el espacio y no se ha roto durante todo este tiempo, no creo que se rompa ya por un excursionista o un pájaro.

hécuba dijo...

¿Y por qué no se lo dices, Toni? Un besito.

Espera a la primavera, B... dijo...

todo tiene su tiempo, chica. Las cosas que no suceden en el momento ya no suceden nunca.

Ni te imaginas el poder que tienen los excursionistas.

Espera a la primavera, B... dijo...

Por la distancia, Cova, por que intuyo cosas, por que sólo soy una piedra, por que nunca me sale nada bien, por que ha pasado mucho tiempo.

Un beso para ti también.

Filadora dijo...

Que hermosa imagen has creado con tus palabras! :)
Ah! creo que todo tiene su momento, pero el momento lo decidimos nosotros!

Espera a la primavera, B... dijo...

El momento lo decidimos en función de las oportunidades, imagino.

M´agrada que t´agradi.