miércoles, 16 de febrero de 2011

Todo aquello que no sé hacer


Llevo toda la tarde pensando en este post. Sólo tengo claro el título aunque creo que al escribirlo perdió el sentido que sí tenía cuando pensaba en ello. Quizá era otro originariamente y acabó derivando en éste, como todas esas cosas que uno piensa que le dirá a otra persona en cuanto la tenga delante y cuando está, uno no atina con las palabras y todo le sale como pegado con pegamento, soltando frases lapidarias como si fueran troncos de madera a un fuego que carboniza el significado que uno quería (sabía) darle dentro de la cabeza.

No sé hacer muchas cosas, la lista sería interminable, me pasaría el resto de mi vida escribiendo las cosas que no sé hacer, que no supe hacer. Podría decirse que lo único que sabría hacer sería escribir la lista de las cosas que no sé hacer. No supondría una paradoja, sólo sería un boceto a carboncillo de todo eso que uno se pierde en la vida, como contraste a todo aquello que sí hace y técnicamente, no se pierde.

Me está saliendo un post raro de cojones. Si lo publico acabaré borrándolo tarde o temprano. Nadie se atreverá a comentarlo. Hace mucho tiempo que he tomado los comentarios como una bendición inesperada. Entran, se aburren de que no evolucione, y se van. Siempre se van.

Hace tiempo escribí que sentía que se acababa una etapa de mi vida. Y así está siendo. Si en algo lo noto es que no paro de notar ausencias. ¿Me importa? Me importa de la forma en que se producen esas no-despedidas, el vacío que dejan en el día a día, y el frío que conlleva el silencio. No sé por qué siempre imaginé la palabra cálida y el silencio frío, cuando a veces, es todo lo contrario.

He de confesar que tengo la sensación de que vuelvo diez años atrás y que empiezo de cero, que estos años fueron un espejismo, vivir la vida de otro, creer que los amigos formaban un grupo. Ahí me traicionó el optimismo, las ganas de que todos fuéramos iguales. Me equivoqué, no en que lo fuéramos sino en que nadie quiere serlo.

Todavía recuerdo el día en que empezó todo. Sí. Hubo un día y hacía un sol expléndido, llegué pronto a Passeig de Gràcia y me di una vuelta. Siempre me gustó callejear Barcelona, zambullirme entre la gente que no te conoce. Los que vivimos en pueblos sentimos cierta fascinación por la sensación de sentirnos a salvo de las miradas de los conocidos. La libertad para nosotros es la certeza de que no estamos siendo juzgados. Todo empezó aquel día, y mi forma de ver el mundo cambió, ahora me doy cuenta de que empecé a ver el mundo a través de los ojos de otros.

No me arrepiento. He aprendido muchas cosas durante estos diez años, he perdido muchas oportunidades durante estos diez años. He conocido a personas que se han acabado yendo, he conocido a otras que se acabarán yendo.

A los casi cuarenta me he dado cuenta de que estamos solos en esto, no lo digo con resentimienot o tristeza, he llegado a esa conclusión tardía que algunos llevan al nacer. He tenido que llegar a sentir un odio que es tristeza y una tristeza tan llena de rabia que las lágrimas caían amargas y dulces al mismo tiempo.

Ha acabado un ciclo y ahora soy yo quien tiene que despedirse, tomar la decisión de decir adiós. Nunca se me ha dado bien esto, no sé cómo hacerlo. Quizá sólo consista en dejar pasar el tiempo, en hacer oídos sordos, en no responder cuando pregunten, en morir para el otro.

En desaparecer.

8 comentarios:

hécuba dijo...

A mí no me aburres, te leo y no me aburres, aunque no siempre te comento. Y no quiero que desaparezcas. Ya. Soy egoísta. Lo sé.

Espera a la primavera, B... dijo...

Me cuesta pensar que tú y yo somos parte de un ciclo. Me cuesta creer que seremos estelas de esas que dejan los barcos.
Tú y yo siempre seremos sábados por la mañana y tebeos.

ana dijo...

Yo también te leo aunque no siempre te comente...
De mi larga lista de blogs predilectos al tuyo es al único que entro a diario.
Me encanta tu forma de describir los sentimientos, algo que a mí me resulta realmente complejo.
Aunque no dé señales....te leo...te sigo....sigue ahí.

She Says dijo...

A mí también me gusta es invisibilidad que proporcionan las grandes ciudades.

Y a mí tampoco me gustaría que desaparecieras...

Heidi dijo...

Yo también te leo, aunque haya días ( como hoy), en que te odie porque me hayas robado la primera frase para mi siguiente post....( ;-P)
Es bueno percatarse de los ciclos que acaban. Hay muchas ( me incluyo) personas( ahí no tengo claro si incluirme),que a base de largos espacios de tiempos tenebrosos, sacan la cabeza de vez en cuando por la ventana, ven el sol, y sienten que se acerca la primavera que tanto andaban esperando...
Un saludo.
Ciao.
;-P

Espera a la primavera, B... dijo...

Gracias Ana, por entrar, por leer...
Hace tiempo el que fue mi psicoanalista me puso frente a un dilema: disfrutar de la vida o escribir sobre los sentimientos, vivirlos o mirarlos bajo un microscopio. Imagino que lo hacía para que escogiera lo primero.

Creo que fui un mal paciente. Nunca quise curarme, es por eso que nadie aguanta a mi lado. Me ha costado asumir eso. Asumirlo cierra una etapa.

Espera a la primavera, B... dijo...

She, ¿qué ocurre cuando dos personas invisibles chocan sobre la acera?

Me acabas de regalar una imagen tan inquietante y tan hermosa... dos personas invisibles que colisionan. Ninguno de los dos es capaz de entender qué pasa porque obvia que la naturaleza del fenómeno es su propia esencia.

La gran ciudad es un laberinto.

Hoy compré (estaban de oferta) tigretones y panteras rosas. Y he conseguido comerme sólo uno.

Espera a la primavera, B... dijo...

Te deseo toda la luz una vez has emergido, Heidi. Hace tiempo que te sigo... ¿sabes? algunos posts me los ha inspirado haber leído el tuyo antes. Por eso te robo las frases.