lunes, 28 de febrero de 2011

La atracción de los sexos celestes


Esta mañana me he levantado rompiendo mis sábanas como si fueran una fina capa de hielo. Han crujido como si alguien pisara la superficie de un charco helado; en ese sonido he creído sentir todos mis huesos haciéndose de goma, como si al levantarme de la cama estuviera rompiendo una crisálida de cinco grados bajo cero, como si por fin alcanzara a entender qué es lo que sucede cuando rompes esa segunda piel que nos viste y que uno lleva a dos milímetros de la verdadera piel, por si la piel de verdad fuera demasiado preciosa e indefensa como para dejarla al alcance de cualquiera.

He de decir que en seguida he sentido que algo se rompía por dentro, como si al quebrarse el delgado y ponzoños espejo del mar de los sargazos donde navego, y que siempre creí que me protegía, algo me inundara de fuera a dentro al mismo tiempo que un halo que contenía se me escapaba para siempre hacia el espacio, más allá de la ionosfera, como si regresase al lugar donde pertence, muy cerca de las estrellas.

Ignoro el porqué este sentimiento de tristeza me asalta tan de vez en cuando, casi siempre cuando se acerca mi cumpleaños o cuando, después de estar esperándola durante el crudo invierno, la primavera asoma con las primeras flores de almenendro, dejándose ver cada día un poco más en la mortecina luz de la tarde, cansada de dar brochazos de fuego al cielo de nubes violetas, sacudiéndose la perdida y olvidada luz de inviernos de madriguera.

Y hoy, después de ese segundo nacimiento, triste, frío, somnoliento, he querido que alguien me recibiera a esta nueva vida con una manta que me envolviera, como la primera vez, un calor que el hombre que soy hace tiempo que aprendió a encontrar en las hogueras que por la noche prendo en la noche, hogueras de luna de plata, de granito, de líquen, de hierro.

Porque el hombre agreste que soy ya no vive de cazar rinocerontes y aúlla loco por entre los árboles de la espesura, desnudo, sin armas, con la palabra descubierta hace tan sólo un instante quemándole los labios, tembloroso de alegría y fascinado por la sonoridad del viento en las montañas, soñándote deprisa, a zancadas por un lecho de musgo y tu piel de ondina, jugando a que no vamos desnudos, que somos civilizados... tú y yo ¡qué tontería! tú y yo somos el centro del mundo, el centro equivocado por supuesto, atrapados en la gravedad que sentimos el uno frente al otro, como dos cuerpos celestes que orbitan en un universo de palabras que no tienen fin.

Que me digas que te vienes a vivir conmigo a las montañas, que te quedas a dormir hoy y mañana, que me quedo a dormir en tu casa cuando nos vistamos de luz y agua, que me aceptas como soy porque hace tiempo que aprendí a que las sirenas serán siempre escurridizas. Que el único pacto sea que nos miremos a los ojos, que el único anillo sea el que forman nuestros brazos cuando abrazan (aunque a mí siempre las manos se vayan hacia abajo)

5 comentarios:

Heidi dijo...

Empecé a tejer mi primera manta no hace demasiado....La dejé abandonada un tiempo, y es probable que esta noche vuelva a ella...
En cuanto la tenga acabada, en vez de que adorne los pies de mi cama, te la mando por correo...
No puede ser que deseando uy esperando tantpo a la primavera, los primeros rayos de su luz te pueblen de tristeza.
Deja que acabe por despertar del todo. Entonces la tendrás para tí. A toda Ella.
Cuídate.
Ciao.
;-P

Espera a la primavera, B... dijo...

Tu manta debe ser muy cálida, Heidi. Me la mandas por correo o me la das en persona, hagamos intercambio... antes de que termine el invierno.

Heidi dijo...

Esa es una proposición indecente? Ohhhh Dios mío! Y yo con estos pelos!!!!!!!
;-P
Cuídate.
P.D: Te la dejaré sobre un banco de las Ramblas. Coordenadas más adelante.
Ciao.
;-P

Espera a la primavera, B... dijo...

Me la dejarás sobre un banco de las Ramblas???? Entonces va en serio??? Estás tejiendo una manta? jeje ;-P

Mis proposiciones siempre son decentes...

... el indecente soy yo.

Las Espirales de Brígida dijo...

Qué hermoso Tony.

No tengo mas palabras, es precioso...

Abrazo.
Steffie