miércoles, 9 de junio de 2010

Palabras que son ceniza



No recuerdo si llamó ella o llamé yo, el caso es que Shangai es siempre a cobro revertido, como lo son algunos amores a los que uno se acaba haciendo adicto. Para cuando llamó yo ya había aprendido la lección. Ella no se presentó en el aeropuerto a pesar de enviarme un sms desde Londres en el que decía "Ahora salgo". No iba a ir a esperarla pero sin embargo fui. Ella no.

Al otro lado del teléfono su voz era alegre, una alegría que yo sabía que no tenía demasiado que ver con mi voz, lo intuía, como se intuyen esas cosas de las personas a las que les has pillado en toda clase de mentiras.

Hablamos un rato, llovía en Shangai, se esperaba que bajaran las temperaturas en Barcelona. Al cabo de un rato de hablar de vanidades se quedó en silencio y después de una pausa en la que imagino debió pensar en cómo me lo diría, dijo: "Estoy embarazada". Casi sin dejarle acabar la frase le di la enhorabuena, como si al hacerlo se quedaran, imperfectas y volátiles, sus palabras fuera del alcance de mi alma. Quizá pensé en aquella ilusión (antes de que conociese las siete octavas partes de hielo que escondía bajo su piel) de formar una una familia junto a ella. Por entonces yo era un iluso. Un idiota que aún creía en que lo que se dice y se planea entre dos, tiene algo de inviolable camaradería. Ella me despertó de ese sueño juvenil, de esa inopia de boy scout, y me devolvió a la cruda realidad con un chasquido de dedos, como a un hipnotizado en un número de variedades. Reconozco que desde entonces nunca he vuelto a saltar desde tan alto aun con la certeza de que llevara puesto un paracaídas.

"¿Niño o niña?" pregunté pensando en cuántas veces le había hecho esa pregunta pero en lugar de inquirir por el fututo sexo del bebé la había hecho acerca de sus preferencias cuando lo tuviéramos ambos.

"No lo sé aún. Es demasiado pronto para saberlo. De hecho, eres el primero en saberlo" dijo. Nunca se lo perdonaré. Ni que hiciera esto ahora ni que traicionara nuestro pacto entonces. "¿No se lo has dicho a tu marido aún?" pregunté. "No" dijo seca y dejando colgado en el aire algo no dicho, un secreto que dejaría de serlo si alguno de los dos respirábamos.

Seguimos hablando; no hablamos de nosotros, ni del bebé, ni del futuro, ni de nada que tuviera que ver con el hecho de vivir en este planeta y sentir o amar, o ser libres. Hablamos de cosas que no recuerdo porque al salir de nuestras bocas ya no merecía la pena recordarlas. Sé que estuvo a punto de llorar al otro lado mundo y que si yo hubiese estado allí la hubiese abrazado y que, al salir por la puerta, ya no quedaría nada de ese abrazo que llevarme conmigo.

No sé quien colgó primero ni si llegamos a despedirnos. Vendrá a Barcelona. "Esta vez, sí" fueron sus palabras exactas.

Me pregunté si yo estaría aquí para cuando ella llegara o si estaría cruzándome en el cielo con ella camino de otro destino. Sólo el diablo lo sabe.

Tiene gracia que haya acabado pidiéndole al diablo lo que dios nunca quiso concederme.

10 comentarios:

Gata dijo...

Que bonito Toni.
Me has dejado sin palabras. No sé que decirte. Bueno sí, lo que te dije el otro día: que rara es la vida

Un besito

Espera a la primavera, B... dijo...

Sí, la vida es rara, gata. Muy rara.

Elena dijo...

¿Sabes por qué me gusta leerte Toni? Porque escribes con el corazón en la mano y en la punta de tus dedos...
Te confieso que me ha dejado un poco "pallá" tu entrada. No sé, estos días te leía esperanzado, lleno de vida, no se si resignado. Pero ahora vuelve el dolor y me apena palparlo en cada letra que has escrito.

¿Sabes otra cosa? No me gusta "ella" (no se si es real o un personaje de ficción pero eso da lo mismo). No me gustan los perros del hortelano, esos que ni comen ni dejan comer. No me gustan las femmes fatales que esconden hielo bajo la piel, corrijo, no me gustan las personas que esconden hielo en sus entrañas y juegan a dar limosnitas de su cariño para estar seguras de que no llegará la indiferencia.

Me gustaría contarte que existen muchos hijos esperando y muchos sueños por cumplir ahí fuera. Me gustaría que supieses que la fuerza está contigo, aunque tú no lo sepas o no lo creas (y a la par que te lo digo a tí me lo digo a mí misma, no te creas)

En fin, disculpa por este rollo y por, probablemente, meterme donde no me llaman, no he podido evitarlo.

Un besín de buenas noches.

Li..* dijo...

Me encanta como escribes. Un abrazo.

Espera a la primavera, B... dijo...

Elena, todo es ficción, y nada es ficción. Por desgracia siempre he ido a parar a manos de personas acostumbradas a no tener costumbres, a jugar con los demás. Quizá conmigo se atrevieron a pensar en algo más estable pero por algún motivo siempre acabo decepcionando.
¿Sabes? Vendería mi alma al diablo a cambio de alguien que creyera en mí la mitad lo que yo creo en ella.
Reconozco que soy un optimista, un estúpido optimista, que creo en la gente (cada vez menos, es cierto) y que siempre vivo las decepciones como un niño pequeño.

Tengo casi cuarenta años y no he aprendido a nadar y guardar la ropa. Siempre me hundo en mares turbulentos.

La soledad, Elena, no es estar solo, la soledad es estar rodeado de sombras que no pertenecen a nadie.

Creo que esta es la noche en la que más solo me he sentido en los últimos años. Y mira que he pasado nocheviejas solo... No sé, da igual.

Gracias por tus comentarios.

Espera a la primavera, B... dijo...

Gracias Li, a mí me gusta tu enfoque, tu disparo, tus pies, tu sombra.

Me gusta tu playa y tu abrigo, me gusta es forma que tienes de contarlo todo y cómo me recuerdan algunas de tus frase a los fuegos artificiales.

Gracias. No te imaginas lo mucho que esta noche me llegan tus palabras.

Anónimo dijo...

Bonita e inquietante. Ni estúpido ni tonto, más bien vivo, o es que acaso no prefieres vivir en la confianza que en la desconfianza?. Sí, después las decepciones duelen, pero el durante habrá sido infinitamente más pleno, habrás vivido, cosa que no hace el que está instalado en la desconfianza. Acabo de leer que te encuentras mejor, entonces yo también, ayer sin palabras te estuve acompañando.
Coincido en que la vida es muy rara. A veces te leo y quiero salir corriendo y esconderme no sé dónde porque me siento incómoda, porque vuelve algo que no he terminado o siquiera he empezado a arreglar. Hoy, ahora, no me soporto, me aterra pensar que quizás soy como ella y no lo quiero ver, porque qué puñetas hago aquí en lugar de estar construyendo con quien decidió confiar en mí (nuestros escollos son los tuyos, supongo que en parte por eso me gusta leerte). Y una última frase demoledora. Me gustaría tener una conversación contigo, no aquí pero no sé cómo, querría preguntarte algunas cosas y contarte otras. Toni, un abrazo fuerte, de los que te conectan con la vida y se llevan toda la pena. Angeles.

Espera a la primavera, B... dijo...

Bueno Angeles, no sé, creo que no soy para nada un buen consejero (ni siquiera me aplico las instrucciones básicas de manipulación del fairy) pero si son preguntas fáciles como cuál es la capital de Italia y esas cosas, entonces no saldrás defraudada. En cuanto a lo que me quieras contar te prometo que quedará entre tú, yo, probablemente mi gato Ulises (que es un cotilla) y mi gata Penélope (que pasa de todo).

Contactarme es fácil, sólo tienes que acceder a mi correo electrónico que está en mi perfil. Si quieres hablamos por messenger o por teléfono.

Nunca quedo en persona (los del zoo se ponen histéricos cuando ven mi jaula vacía).

Un abrazo.

toni

Anónimo dijo...

No puedo acceder a la dirección porque el ordenador me obliga a configurar el outlook y no me aclaro. Si quieres darme aquí la dirección ok, si no, también está bien. Abrazo agradecido. Angeles.

Espera a la primavera, B... dijo...

Perdona, creí que era de acceso libre y en todo momento. Mi correo es toni_cuevas@hotmail.com