sábado, 26 de marzo de 2011

Los días sin horas


Después de no poder escribir me está ocurriendo que hace días que tampoco me sale hablar. Sé que es incómodo para quienes tengo a mi alrededor, lo sé porque a pesar de ser muy educados y no decirme nada, los veo mirarme de forma extraña. Y a mí me sobran todas las palabras del mundo. Esta primavera creo que me ha sobrevenido una alergia a las palabras.

Tartamuedo, intento que mis labios reproduzcan lo que pienso sin conseguirlo. Digo cualquier cosa para salir del paso. Parezco idiota. Quizá lo sea y esto es lo que soy en realidad y lo otro una extraña explosión de locuacidad. Nunca he sido parco en palabras y sin embargo, estos días viven en otro lugar que no soy yo, aquí sólo han quedado las justas para informar de lo esencial o para pedir que me pasen el pan.

Llevo días mareado, es decir, me sobrevienen mareos, algo así como vértigo, creo que es la tensión acumulada, los trabajos que no llegan a su fin, los horas perdidas de los días sin tiempo, esto debe ser la cárcel de la que me habló aquél naturópata vidente que me dijo que yo acabaría encerrado. Claro, que también me dijo que había conocido al diablo en México y yo me lo imaginé como a Don Juan o a Saint Germain y no le hice caso. Escucho tanto charlatán que no distingo el bien del mal, la verdad de la mentira.

El caso es que estoy preocupado, porque además, casi todo me da igual y eso, paradójicamente no me da igual (o sí, ahora me he hecho un lío). Porque no me apetece salir de casa, porque tengo cosas que hacer y joder, tampoco me atrae hacerlo, porque no veo una salida, porque tienen razón quienes se fueron, porque me vuelve a morder la idea de dejarme caer y que sea lo que dios quiera, porque miro hacia atrás y veo que han pasado dos años y me quedan cinco, porque quizá el naturópata vidente tenía razón y esto es la cárcel.

Porque la cárcel para alguien como yo es no poder confiar en quienes creía que debía confiar.

Porque quizá lo que ocurra es que esté saturado de palabras y lo que quiera es bailar. Porque quizá lo que me pide el corazón (y el cerebro) es compartir un rato de locura y recorrer las calles... y volver a sentirme vivo.

11 comentarios:

Amber dijo...

Esa sensación, con otros matices, me parece a mí que la mayoría de los mortales hemos pasado por ella. ASí, que tranqui, quw no estás solo ni eres e único.

No en vano eres y somos "humano demasiado humano", que diría el gran filósofo alemán cuyo nombre no quiero, a veces, recordar.

Pinturas dijo...

Anda! eso no lo sé yo, te quedan cinco años para qué?

Bandini, que ya llegó la primavera, tómate un antiestamínico, o un redbull, o lo que te parezca, pero algo, y a correr.

O de lo contrarío, yo de tí me plantearía cambiarme el nombre...

hEto dijo...

Compartamos, pues, esa locura.
Igual hasta nos regalamos un montón de sonrisas... y al final carcajadas varias. Incluso, lo mismo mantenemos una conversación llena de palabras.



Te doy un abrazo, sin mariconadas, por supuesto.

Las Espirales de Brígida dijo...

¿conociste al diablo en México?
Ándale...eso si me llama la atención.
Dime dónde para no ir por allá.

Baila.

Abrazo
S.

Heidi dijo...

Bonito tema. Felíz domingo con menos horas.
Dice Rita, que salgas a pasear con alguien por la ciudad. Requisito indispensable, no decir una sola palabra. Recorrer de cabo a rabo los rincones preferidos y sólo llenarte...
Avisa si no tienes con quién hacerlo.
Un abrazo.
Cuídate.
Ciao.
;-P

Espera a la primavera, B... dijo...

Nunca se es demasiado humano para aquél que no tiene miedo de serlo, Amber.
En cuanto al filósofo... vivió en la locura durante tanto tiempo... a veces me pregunto si nuestra sociedad no estará cimentada en teorías de locos (eso explicaría muchas cosas).

Gracias por tu comentario.

Espera a la primavera, B... dijo...

Me quedan unos cinco años para acabar con la tiranía de un error pasado. En fin, cosas... pero no se termina con Red Bull

Espera a la primavera, B... dijo...

hEto, un abrazo, visto así, ya es una mariconada ¿no?

Gracias por la visita.

Espera a la primavera, B... dijo...

No lo conocí yo, me dijo mi naturòpta chamán que lo conoció é. Pero hay que tomárselo con precaución, también dijo cosas que luego no tenían ni pies ni cabeza.

¿Quién sabe?

Espera a la primavera, B... dijo...

Dále gracias a Rita por el consejo, supongo que lo haría pero mañana tengo que entregar un trabajo... creo que como mucho daré una vuelta a la manzana...

Gracias por el ofrecimiento. Me lo tomo al pie de la letra.

Aquella chica dijo...

Me siento un poco impotente para comentar esta entrada, porque aunque me encantaría poder decir algo coherente y que ayudara en algo, no lo encuentro. Lo único que puedo decir es que no hagas caso de ningún chamán vidente. Nunca, a no ser que sea lo que necesites oír, aunque eso es otra forma de autoengañarse, y eso sí es una cárcel.