miércoles, 2 de diciembre de 2009

La niebla


Llevo diez días encerrado en casa. Afuera, en la calle, condensa lentamente una neblina con los vahos de los vecinos y el humo de los coches y que va camino de convertirse en una nube; una nube sucia y pegajosa, inmóvil, ajena al viento que la desharía o se la llevaría. Como esa nube sin su viento, así me siento yo sin tí.

Hace tiempo que la asociación vecinal perdió la esperanza de que el viento airease la calle. Después de más de veinte edificios derribados (los primeros por orden municipical y los últimos a pico y pala enarbolados por la turba desesperada) los vecinos se volvieron huraños y cesaron las reuniones para poder encontrar soluciones (o señalar a un culpable al azar y despellejarlo, o destinar los recursos de las fiestas a la construcción de un ventilador gigante). Cabizbajos y paquidérmicos, los niños van al colegio con la ropa húmeda que sus madres hace tiempo dejaron de tender para que se secara al sol. Los niños juegan en otros barrios, algunos se han ido a vivir con parientes que viven apenas una calle más abajo, por donde sí pasa el viento con la misma irregular regularidad de siempre. Y los adultos miran desde detrás de las ventanas, desalentados, la niebla preguntándose si se trata de un castigo divino o si, simplemente, el fenómeno (más bien la usencia de éste) responde a una causa científica.

Hace un mes ocurrió algo que nos dió esperanza durante un corto espacio de tiempo. Bajó la temperatura bruscamente y la nube se condensó provocando una lluvia fina que alivió momentáneamente el bochorno irrespirable de la calle. La alegría duró poco. El tiempo que tardamos en darnos cuenta de que aquella lluvia espesa venía a empaparlo todo con una consistencia y un olor nauseabundos, que las cloacas desprendían un sonido como a lodo, que aquello más que un alivio suponía la constatación de que si algún día el viento se dignaba a pasar por la calle y llevarse el aire enrarecido, nos quedaría el recuerdo impregnado en las paredes de los edificios, en las aceras, en el brillo asesinado en las carrocerías de los coches.

Diez días llevo escuchando a Camela. Enloquecido y con los ojos vidriosos de ver todos sus vídeos una y otra vez, enferma el alma, enamorado locamente de la Angeles u odiándola a muerte según el momento y el estado de mi corazón. Te echo de menos y todas sus letras me traen tu recuerdo con el repiqueteo de la caja de sonidos del órgano del tío de los tres que ni canta ni actúa ni nada de nada.

Algunas noches cuando consigo dormir te requetesueño y me hundo en las aguas oscuras de tus ojos que en otro tiempo fueron cristalinas. Otras veces sueño que me ahogo y al contrario de lo que pasaría si lo hiciera de verdad, cuanto más me falta el aire menos angustia siento y sólo la idea de que la tranquilidad absoluta me supondría la muerte y con ella la imposibilidad de volver a verte, me devuelve poco a poco la respiración. Sé que tarde o temprano llegaré a la conclusión (supongo que también en sueños) de que es mejor llegar hasta el final pero de momento todavía mantengo el control y siempre vuelvo a la superficie de tu mirada. Y allí permanezco... hasta que vuelvo al ordenador y enloquecido, a la visión compulsiva de los vídeos de Camela.

La vecina del primero primera ya no me odia, ha pasado a la indiferencia. Y si bien todavía algunas veces derrama cubos de agua cuando yo paso y aplica al charco que se forma una corriente eléctica considerable (cualquier día hace caer las líneas de alta tensión una tras otras desde Balsareny hasta Grenoble) ya no lo hace con aquella vivacidad en el rostro y se ve que su maldad se ha tornado en una malicia casi inofensiva empujada por una inercia cada día menos veloz y que, el día menos pensado, dejará de interesarle realmente mi presencia en este mundo. Llegado ese día, no sé si lo soportaré. De momento, estoy tranquilo porque me responde, eso sí, sin aquella voz de ultratumba, a mis buenos días con su clásico y entrañable "hijo de la gran puta".

Pero sigo pensando en tí aún a la una de la madrugada y escuchando "lágrimas de amor" a todo trapo. Te imagino lejos y en compañía de otro que no soy yo, en un hotel quizá, en una residencia campesina tal vez, en cualquier caso, acabo por volver a pensar y escribir. Mañana vuelvo al trabajo. Lo he decidido. El jefe no ha parado de llamarme y no le he cogido el teléfono. Tal vez esté molesto. Tal vez por eso sus mails amenazándome con despedirme al principio y despidiéndome después.

Creo que si le cuento lo de la ausencia del viento, lo entenderá.


7 comentarios:

Tari dijo...

Hola,hace tiempo que te sigo y me gustaria hacerte una pregunta en privado por email,pero tu correo electronico no se si el nombre va separado por un espacio o lleva otro signo,gracias si me respondes

Espera a la primavera, B... dijo...

El signo es May + - (guión) y queda toni_cuevas@hotmail.com

Gata dijo...

Pues no es por nada Toni, pero no es muy normal lo que cuentas eh!, ...me refiero por supuesto a lo de escuchar a Camela. Pero hijo por Dios!! no me extraña que estés bajo, ponte a Nina,...nina nunca falla, pero cuando no estaba depre...algo así como esto:
http://www.youtube.com/watch?v=ZSHfFAJUuDU
Regalito mañanero pa ti cosa guapa ;-)
Toni!! que no somos nadieeee y si a nosotros mismos nos importamos una mierda a veces, imaginate lo q le importamos a los demás q siempre siempre les importamos una mierda y media
muack

Espera a la primavera, B... dijo...

Camela, el Mecano de los suburbios, los Pau Casals de la España de la economía sumergida, de mercadillos y furgonetas de ambulantes prestidigitadores. No observar este fenómeno desde dentro (del corazón) es mirar hacia las estrellas obviando que hay alrededor un submundo de "buscadores de la vida" que se viven una felicidad de subsistencia, una alegría de guitarra y hoguera, eso que subyugó a Bizet, eso que yo he buscado en la tristeza y dignidad de mi propia alma sin encontrarla.

¿Qué hubiese pasado si mis padres, viniendo del campo, hubiesen equivocado sus pasos y hubiesen elegido un barrio limítrofe? ¿Qué hubiese pasado si mi abuelo no hubiese tenido la clarividencia de lo mejor para sus hijas?

Años atrás, cuando mi padre tuvo un negocio en un barrio así, me obligó a mirar y a comprender. Entonces yo no entendí pero hoy sí puedo.

Camela no es sólo un grupo. Es un lugar en el mapa, una referencia, una voz de vocabulario limitado de unos sentimientos que no tienen literatura que los respalde. El "niña, te quiero un güevo" puede ser la manifestación del mismo sentimiento que al director general de General Motors le impide decirle a sus hijos que los quiere.

Es cierto que no todos somos Camela, que puede que represente el canto de la autocomplacencia y la resignación de una parte de este país que se sabe marginada y lo prefiere a realizar un esfuerzo personal de superación, pero han vendido más de diez millones de copias y eso son muchas para no tener en cuenta a quienes las han comprado.

Además, a mí el orgnillo ese me recuerda a cuando pasaban por mi barrio con una cabra, y sólo por aquellas mañanas de domingo que me despertaban con su música, les tengo más que respeto, cierto cariño.

Y que escucho el timbre y me pongo a bailar y a dar palmas, que soy muy simple yo, jeje.

Anónimo dijo...

Camela????? Pues yo creo que se te han aflojado algunos tornillos, eso, o qué estas en plan reivindicativo musical. Como no vuelva el viento y te maree un poco, a ver que va a ser de ti…

Camela… por Dios bendito …

ysele dijo...

Perdón, la de arriba, la "Anónimo", era yo ... cosas del directo.

:-)

Espera a la primavera, B... dijo...

Vaya, ysele, como si a usted le fuese ajeno lo del gitano, el organillo, la escalera y la cabra, base de nuestra cultura popular más arcaica.
Claro que es mucho más chic lo del Pop (que viene de popular)y cantar a gritos "Por qué ya no me quieres? (Güai yu don lobmi)" en inglés de nenes guapitos de cara.

No señora, no (o caballero). Salidos del mercadillo del sábado de a tres pares de bragas a un euro hasta vender más de diez millones de copias. Sí, señor (o señora) Ríase usted del dueño de Zara... y esos vídeos (dios mío, punto y a parte, inicio de un género que ya quiseira haber patentado Almodóvar).

Si las letras de Extremoduro se estudian en las aulas de algunas prestigiosas universidades patrias en clase de poesía, ¿qué decir de esos estribillos pegadizos de Camela?

La cultura popular es un fenómeno del que hay que beber, del que hay que aprender. Yo me río de todos esos que ponían dinero en el Palau para fomentar la cultura y la tradición para salir en la foto o en los anuarios de donantes como "familia tal y pascual" y condenan al infierno de la chabacanería a gente con mucho talento y pocos recursos.

Hay que abrir la mente, Ysele, Camela es y será ya para siempre un icono cultural por mucho que usted escuche a Iggy Pop extasiada en el sofá de su casa o en un club selecto con derecho de admisión en la ciudad o proximidades en la que habite.

Cualquier manifestación de cultura viva debe ser tenida en cuenta porque a través de ella se explica una parte (o la totalidad) de la sociedad en la que usted y yo estamos inmersos. Me pregunto cuánto habrá escuchado con detenimiento las músicas y letras del Mecano de los suburbios. No quisiera creer que habla con prejuicios y desconocimiento de causa.

No será de esos que desconocen un género musical y cuando lo descubren hablan de grupos marginales conocidos por tres o cuatro hipermegaentendidos. A nadie tiene por qué gustarle lo mismo ni todo el tiempo.

¿Quién no ha bailado "El venao" en una boda y no se ha muerto por ello? Y eso sí que da grima.