miércoles, 21 de mayo de 2014

El instinto es algo así como una alarma de incendios cuando tú estás a mi lado, nunca sé si en realidad es un simulacro o la señal para que uno de los dos salga corriendo hacia la puerta de la habitación porque se nos está prendiendo el alma y sólo nos quedan las manos para apagar el fuego del otro. Pero ya sabes: siempre hay un mañana, siempre me repito que hay un mañana en el que esta vez sí tú y yo dejemos de temer a las llamas, en el que dejemos de evitar vivir aunque sea en el infierno.


No creas que no lo he pensado estos días, quizá porque el mundo se me ha hecho más y más pequeño desde que no te pienso en presente y a cada día que pasa, me voy dando cuenta de que dejo cosas para mañana sin saber si ese mañana merecerá la pena. Y sospecho que no lo merecerá porque a mí me gustan las mañanas junto a ti, oír el agua de la ducha desde la cocina  y saber que tú estás debajo del agua, dejándola correr por tu cuerpo, y las prisas de salir corriendo al trabajo, y el ascensor con su ruido seco de cerrarse las puertas, y el beso apresurado y el verte desaparecer escaleras abajo del metro, y esa forma que me queda luego, de llenar el resto del día con el trabajo (que antes se me hacía insoportable) hasta que vuelves, porque si alguna vez te encontrara y pudiera decirte algo mirándote a los ojos es que vivir contigo, ese pasado presente, me vaciaba el cuerpo y la cabeza de todas las manías de hombre que se mira al espejo y no se reconoce porque el tiempo pasó muy deprisa y le faltan en el álbum de fotografías de su vida, más o menos quince años, te diría que el amor es una cura homeopática que uno se toma todos los días a pequeñas dosis. Y te daría las gracias. Por curarme.

Y sí, ya sé que ha pasado el tiempo, que al final cada uno hizo su vida más o menos, que la llenamos de otros presentes compartidos con otros tú y yo que nunca llegarán a ser lo que tú y yo fuimos, porque nada puede repetirse y porque se me hace difícil olvidar lo inolvidable que era estar contigo, sentir el ser humano que eras, la mujer y el felino, con su capacidad de amar y comprender, con su tristeza inabarcable y su alegría desbordante, con todo eso que significa, ni más ni menos, ser alguien que vive la vida a conciencia, como si le hubiera tocado la lotería sólo por el hecho de estar vivo.

Pero nos perdimos. Y estos días me pregunto qué pensarás que perdiste tú cuando dejamos de ser nosotros, y supongo que me lo pregunto porque yo empiezo a sospechar que dejaras de ser mi presente fue como emigrar a otro país dejando atrás mi lugar en el mundo.

1 comentario:

Chus Álvarez (Madame Vaudeville) dijo...

"Pero nos perdimos. Y estos días me pregunto qué pensarás que perdiste tú cuando dejamos de ser nosotros, y supongo que me lo pregunto porque yo empiezo a sospechar que que dejaras de ser mi presente fue como emigrar a otro país dejando atrás mi lugar en el mundo". Podía haberlo escrito yo misma en estos días, podría ser un sentimiento propio escrito al mundo desde mi corazón ahora mismo. Me da en la nariz que ambos estamos pasando por un momento vital y emocional muy parecido, así que le dejo un abrazo en esta ventanita de comentarios.
Un abrazo empático y lleno desde mi cabaretito.