sábado, 4 de febrero de 2012

En la casa habitada



Ayer fue como al principio, como si no hubieran pasado siete años, como si no se hubiera ido. El piso tenía más luz, se ordenaron los libros como por arte de magia, como si hubieran vuelto a sus estanterías en lugar de vagar por las mesas, Ulises y Penélope volvieron a ser felices y nos acurrucamos los cuatro como una pequeña manada de gatos, una familia peluda. Escuchamos música que hacía años que no escuchaba, la cocina se llenó de comida recién hecha, humeante. Fue como si de repente el hogar volviera a mi vida, como si a mi casa alguien le quitara el plástico que la envolvía.

Salimos a pesar del frío, cubiertos como dos terroristas, hablamos más bien poco, no me preguntó nada porque no quería que le preguntara nada. Y no lo he hecho. No he preguntado quién le ha llamado seis o siete veces esta noche, cuando a pesar de tener el teléfono en silencio, éste se iluminaba a través del bolso, no le he preguntado porque estoy viviendo un presente que se desharía contra el muro de las certezas.

Dormimos encajados el uno en el otro como dos piezas de tetris, abrazados en espiral hasta que los pies se le calentaron, llevaba una camiseta mía, un pantalón de pijama sin su otra mitad, y recuperamos aquella humanidad que nos unía, un calor recíproco que nos calentaba a ambos. "No ha pasado el tiempo" pensé, era como si hubiera vuelto al poco de irse.

Por la noche leyó la parte de la novela que tengo impresa. Me dijo "debes acabarla, debes salvar a María, debes salvar al niño... el personaje es como tú eras cuando te conocí" y supongo que hubiera dado lo que fuera porque en ese instante ese "tú eras" fuese "tú eres", pero sé que el tiempo ha pasado lo suficiente y que yo ya no soy el mismo, que tengo cuarenta años y no escribí la novela, que no me hice rico sino todo lo contrario, que he perdido algunos años de esperanza en esperanza, que notaba el hueco que me había dejado como a quien le amputan algo imprescindible de su cuerpo, que no hay mayor fracaso que no haber cumplido ciertas expectativas. Expectativas que no existían cuando nos cogíamos de la mano camino del centro a perdernos la tarde el uno en el otro.

Hubiera madurado de otra forma, supongo, con ella a mi lado, no hubiera sido ese estorbo que imagino creyó ver en mi. El tiempo le da la razón a quien crea las circunstancias... pero ahora... ahora yo empezaba a estar bien dentro de mí, empezaba a ver algo que antes no podía ver. Un día me monté de nuevo en mi vida como si fuera otro tranvía al que no llamara deseo y me levanté y la vida me llevó por otros caminos a los que imaginaba. Me he caído muchas veces, puedes ver las cicatrices, hasta aprender a andar, a nadar, a vivir sin cariño.



Sale a comprar el pan, lo que quiere decir que devolverá las llamadas casi invisibles, y cuando trae el pan, de la panadería de las estrellas de mantecado, vuelve cambiada, más silenciosa, pongo canciones y bailamos como si estuvieramos en la pista de una discoteca, abrimos una botella de vino (la última que me queda) y suena Bohemian like your, me agarra y me besa con desespero, la subo a horcajadas mientras algo se quema en la cocina... me pregunto si se quedará a dormir también esta noche, y pienso que esto es como recordar con los cinco sentidos, que no viene para quedarse, sólo pasa por Barcelona.

Su teléfono se enciende cada vez con más frecuencia. Hay alguien frenético al otro lado que quiere que le den una respuesta. Y ella no la da porque está huyendo, está resguardándose en un lugar seguro y yo soy ese sitio, esa persona, eso que sustituye al osito de peluche de los niños en el corazón de los adultos. No sé si es necesario todo esto pero hoy me importa un poco menos, porque con el tiempo aprendí a sortear la esperanza, a evitarla para poder vivir mejor. Y sé que sólo hay esto.

Una canción de los Dandy Warhols.

El holograma de un amor pasado.

Adrenalina recorriendo un circuito oxidado.

Y ella. Ella haciéndome sentir vivo de nuevo.

4 comentarios:

Fiebre dijo...

¡Ay Toni, Toni...!

No te arriendo las ganancias, pero ya eres mayorcito.

Lo jodido del asunto es que cuentas los momentos, y juntas las letras de una manera... que hasta repetir el error más viejo del mundo suena a paraíso si tú lo cuentas.

Ámber dijo...

No veas cuánto me alegro por ti. MUCHO.
A veces las segundas veces sí son buenas, aunque yo, sinceramente, no creo en ellas, no creo en las segundas partes.

Bona tarda i abriga't, aquí ja està nevant i de debó, patufet!

Espera a la primavera, B... dijo...

Los errores, a nuestra edad, se cometen a conciencia. Pero el mayor error de todos, es no dejar que pasen.

Un cálido beso, Fiebre

Espera a la primavera, B... dijo...

Las segundas partes las carga el diablo, pero el gatillo lo aprieta uno, Amber.

¿Sabes? Tiene gracia, pero este fin de semana no tenía que haber estado en casa. A veces al destino es verdad que le falla la brújula.

Gràcies per la neu, per la part que et toca.

Petons