jueves, 2 de febrero de 2012

Cosas de la nieve



Nieva. Ulises y Penélope se embelesan frente a la puerta de la terraza. A veces Penélope se acerca hasta casi pegar sus morros al cristal y persigue el errático caer de los copos. Uno a uno. Luego se cansa y se da una vuelta por la casa; pero vuelve y se embelesa de nuevo... y persigue copos durante un rato y se pregunta con su lógica de gato cuánto durará este espectáculo de salpicaduras de nube. He puesto el calefactor de tal forma que casi les da directamente. Ulises me ha mirado cuando lo he hecho con un entre "ya era hora, tío" o un "pero qué majo que eres".

Nieva. Mi corazón es un charco. Recuerdo la nevada de hace dos años. La nevada de hace dos años es como el hielo que se forma en las paredes de los congeladores, un residuo que se va en verano cuando descongelas la nevera pero que irremediablemente vuelve... supongo que lo mejor en estos casos es tener el corazón no-frost, pero se me hace difícil creer que yo puedo ser así. Al fin y al cabo, llevo cuatro años escribiendo acerca de alguien que es incapaz de iniciar una nueva vida porque aún está anclado a alguien de su pasado... el pasado, a fuerza de recordarlo, se convierte en el futuro más inmediato, como si la costumbre acabara creando el hábito de añorar algo que, con el tiempo, se va convirtiendo en algo intangible, en una sensación de pérdida. Perder ¿quién pierde? ¿verdad, Penélope?

Penélope me mira con sus ojos verde esmeralda, si pudiera me sonreiría levantando los bigotes al mismo tiempo, pero los gatos no sonríen; ronronean. Ulises, envidioso, se encarama a mis piernas... y me mira a los ojos. Es extraño en un gato que mire tan fijamente a los ojos, generalmente lo consideran un reto y se ponen en guardia. Supongo que hemos sido algo así como camaradas todos estos años. Compañeros de cárcel, cuando el desamor es una ventana con barrotes.

Ayer, el agente de patentes me dio muchos ánimos. Le encanta la idea y me aseguró que no tendré ningún problema en encontrar financiación para este proyecto. Me dice que ya puedo empezar a buscarlo, que tenga cuidado con quien elija pero que lo necesito, pero que valore que lo que tengo entre manos porque es algo que puede dar mucho negocio aparte de generar un bien común. "Los inversores verán un buen negocio, lo de que además lo vean como un bien para la sociedad ya es más difícil. Buscar esos business angels será más difícil".

Supongo que en un mundo donde los ricos se han hecho más ricos con la crisis, es difícil no sentir cierto temor a que esto mío caiga en manos codiciosas. Creo que este proyecto va a ocupar muchos años de mi vida, me gustaría compartirlo con gente con la que me sienta a gusto y en quien confiar.

Llevo mucho tiempo invertido en esto, mucha energía y dejar de ganar mucho dinero en trabajos que no tenían "eso" que quiero que tenga mi trabajo: alma. Hasta ahora creer en ello me ha traído muchos dolores de cabeza, ha atraído codicia, menos mal que esto siempre lo mantuve en secreto... y lo esencial lo sigo manteniendo.

Ahora ya puedo hablar, ya puedo salir a buscar el socio que me convenza... me da igual si el negocio tardar tres en lugar de dos años en dar beneficios. Lo que sí quiero es sentirme bien, que esté deseando ir a trabajar todos los días, que no se me peguen las sábanas por las mañanas, que no me importe el frío, el calor, las incomodidades, el desierto... porque quiero desinfectar agua allí donde hace falta.

Sólo eso.

Y todo eso.

Y tal vez la tranquilidad emocional para acabar la novela. Y morir por ti si hiciera falta.


PS: Si miras por la ventana quizás veas como alguien, con un rallador gigante, está rallando nubes.

2 comentarios:

Tulipanes Amarillos dijo...

Buenas noches!

Una vez más me ha gustado tu post.
Con la tinta negra plasmada de la blanca nieve que describes.

Hoy en mi ciudad también ha nevado, algo increíble,pero casi no ha cuajado.

Me asomaré a la ventana aunque no veré nubes sino estrellas que iluminan mis noches oscuras.

saludos y un abrazo=)

Espera a la primavera, B... dijo...

Toneladas de nieve para ti... pero de la que no enfría mucho.

Ah! y un abrazo!