viernes, 14 de diciembre de 2018

Todo empieza en Las Vegas


Como siempre llego justo a tiempo. Casi sin aliento. Me gustaría poder tener ese hueco inerte, paz, silencio. Nada.

Acelero.

Mi vida es una ganzúa que me tiene enganchado a algo y me arrastra.

Sé que yo no soy yo. Al menos no lo soy del todo.

A veces tengo la sensación que el yo que soy en realidad sólo se asoma por una rendija, como un animal salvaje atrapado en una caja de madera, en tránsito hacia un lugar desconocido ajeno a su voluntad.

Estas semana he conocido a un astrofísico francés de avanzada edad que me ha dicho "te estaba buscando".

Estoy negociando con una empresa sueca de muebles algo muy muy grande.

Como si todo por fin se alinease, como si la meta estuviera ya a la vista.

Creí que estaría más contento cuando llegara.

Pero siento la necesidad de no estar demasiado feliz. Como si el peso de todo lo vivido me aconsejara hacer las cosas con calma.

Respiro.

Los días pasan rápido.

(...)

Este año pasaré una parte de las vacaciones en Estados Unidos.

Siento vértigo.

Estoy aterrado.

No estoy acostumbrado a los halagos. Me siento incómodo. Me guataría quedarme en la habitación del hotel y que me dejasen en paz.

Me gusta mirar las luces por la ventana.

Hay lugares en los que he soñado estar antes y he llegado a conclusiones que sé que son el cúmulo de muchas historias que no son mías mezcladas con escenas de películas o series.

Estoy pensando alquilar un coche y volver a San Francisco por carretera.

Sigue habiendo un hueco en mí.

Algo que sé que muchos otros comparten, que puedo ver detrás de una mirada o intuir al leer un puñado de frases escritas.

Y he empezado a escribir un ensayo que probablemente será publicado originalmente en inglés.

Sé qué hacer.

He tardado demasiado tiempo en llegar hasta aquí como para no haberlo previsto casi todo.

Si miro hacia atrás veo que todo lo que he hecho y que no tenía sentido entonces, hoy lo tiene.

El curso de novela, este blog, las magias blancas, los errores pasados, análisi transaccional, los pactos con el diablo...

... quemarme.

... no haberme quedado al lado de personas que creía que iban a estar ahí.

... haber dejado marchar a quien no debía estar...

Lo doy todo por bueno.

Si perder de vista el objetivo.


sábado, 27 de octubre de 2018

Tu estrella



Amaneció el día frío. Nunca sé si el día en el que cambian la hora en octubre es el más largo o el más corto. Desde que el teléfono se encarga por sí solo de trasladarme de una hora a otra, me desentendí del tiempo tal y como lo había conocido. Ahora el tiempo sólo son números que ir dejando atrás, como pantallas de un videojuego.

Creo que tendré que empezar de nuevo. Siento que esta vez sí. Esta vez las cosas seguirán un curso que no sé si serán para bien. Han sido tantos golpes que no sé si todavía me aguarda uno más. Puede que llegue el día en el que las cosas se tuerzan del todo o que el destino me pase factura por todas esas cosas en las que confié en el pasado.

La prudencia del presente siempre va de la mano de los excesos de confianza del pasado.

A veces siento un escalofrío cuando pienso en todo lo que puede suceder.

Todo tiene un porqué

Supongo

He empezado a escribir un libro. Ya ves. Tanto tiempo pensándolo y ya ha llegado el día. No pensé que fuera esto precisamente. Quiero decir, que pensé que escribiría sobre la vida, algo de ficción. Y mira tú por dónde estoy escribiendo un ensayo.

Es raro todo lo que estoy viviendo.

A veces tengo miedo.

Lo peor de todo es vivir con miedo.

Miedo a uno mismo.

A lo frágil que se es.

A lo pequeño que somos respecto al cosmos y la eternidad.

Supongo que hice cosas mal.

Supongo que ha llegado el momento de la verdad y debo de arreglar cosas.

A todo esto, todavía sigo buscando tu estrella.

Ya sabes.

Ese punto al que me hubiera anclado para que orbitara mi alma cuando ya no exista un cuerpo al que agarrarse.

Con hilo de tela de araña.

Con la única atracción que sienten entre sí algunos cuerpos celestes, más allá de la maldita ley de gravitación universal de Newton.

sábado, 13 de octubre de 2018

El día en le que las cosas empezaron a tener sentido



Cuando todo parecía que no tenía sentido, se abrió una grieta en la pared y entró la luz.

Y de repente, todo tuvo un sentido

Como si siempre hubiera estado ahí.

Todo cuadró.

Cuanto más estoy contra las cuerdas, mi subconsciente une puntos sin conexión aparente, me lleva recorrer senderos que sueño haber recorrido antes. El círculo de la espiral parece que se cierra pero sigue a otro nivel por encima.

Como si para poder ver con perspectiva tuviera que mirar el plano general para volver luego al detalle en el que mi vida encaja.

A veces me pregunto si hubiera podido ir más rápido.

Haber hecho mejor las cosas.

Pero luego pienso que qué importa eso, lo importante es que sigo en la brecha, y que tarde o temprano, llegaré a la meta.


jueves, 11 de octubre de 2018

Y sin embargo voy a por todo


Bueno, ya sabes, aquí las cosas no cambian. Supongo que porque todo se mueve mediante una inercia de la que sólo somos conscientes hasta que estamos tan lejos que no importa.
A veces las cosas cambian para que todo siga igual. No sé. Llevo tiempo intentando conseguir que todo esto por lo que lucho acabe teniendo vida propia.

Pero no.

He inventado el primer equipo de potabilización de agua que funciona a través del móvil. Casi todo el mundo tiene un teléfono móvil, así que el potencial es de 4.000 millones de usuarios. Pero no sé moverlo. Lo he presentado a un premio que sé que no me darán a pesar de que es infinitamente mejor que nada a lo que pueda compararse.

Supongo que debo caer en la evidencia de que soy invisible.

Y que sólo el tiempo me ayudará a mejorar esto.

Que hay quien nace para perder a pesar de tener todos los ases en la mano.

Y sin embargo voy a por todo.

lunes, 24 de septiembre de 2018

La versión sin revisar de la vida con la que soñé soñar.



Daría (Hubiese dado) cualquier cosa por haber sabido escribir de verdad. No digo haberme dedicado a eso; sino haber podido comprender el secreto que une a las palabras para contar historias. Haber empezado algo que fuera como la primera frase de Cien años de Soledad, la primera página de Lolita, los cientos de páginas que no dicen nada en concreto pero que lo dicen todo de cualquier novela de Paul Auster.

Pero decidí perder la vida. Romperla. Destriparla sin sentido. Es imporante saber qué quieres ser y qué quieres hacer cuanto antes.

A veces me pregunto si saldré de en dónde me he metido. Si alguna vez dejaré de soñar con dejar de soñar.

Si diré que valió la pena.

Que al fin y a cabo, elegí la mejor peor opción.

Que no tuve alternativa.

Qué salvé un millón de vidas

O ninguna, pero que mereció la pena intentarlo.

miércoles, 12 de septiembre de 2018

Arbre que mira farola



Siempre pensaba que un llegaría el día en el que todo se arreglaría.

Pero no.

Nunca llega.

domingo, 2 de septiembre de 2018

Re-septiembre



Septiembre siempre fue mi mes más triste. No me gustaba el colegio. No me gustaba tener que volver a la cárcel después de un permiso de tres meses. Vivía aquello como un castigo. Recuerdo que, entonces, los colegios eran mucho más severos de lo que lo son ahora. En el mío aún se pegaba por cosas insignificantes. Supongo que uno se acostumbra a todo; a la disciplina y al azar. No importa lo que hagas. Lo importante es que no te pillen y, a veces, eso no depende de uno mismo; depende de factores incontrolables.

Podría contar lo que he pensado y he sentido estos días difíciles de agosto, pero creo que no merece la pena. No he llegado a conclusiones que me dejen en buen lugar, ni he encontrado soluciones que me ayuden a corto plazo.

Como siempre, vuelve la tristeza. Una tristeza infinita que no sé de dónde viene y que me arrastra. Elegí mal momento para que entrara de nuevo en mi vida. Nunca sé elegir.

Imagino que nadie elige del todo bien. Somos un poco lo que sobra de los periodos que empiezan con esas malas decisiones, hasta que ya no queda nada.

Y de mí cada vez queda menos.

Me he perdido y he llegado a un lugar del que no sé salir.

Ahora ya no.

Me niego a buscar la salida que todo el mundo me indica. A pesar de todo, sigo creyendo más en mí que en todo lo que hay fuera.

Ya he dejado de confiar y he dejado de querer.

Este verano ha sido devastado en eso.

Este último año ha sido uno de mis peores años.

Aún así no importa.

Creo que el niño que fui seguiría confiando en el hombre que soy. Y eso me da fuerzas. Es lo único que me da fuerzas.

lunes, 27 de agosto de 2018

Intervalo



Puede que ya no convivamos en el mismo espacio ni en el mismo tiempo, que nos hayamos perdido más allá de lo que imaginamos.

Pero sé que te encontraré en otro tiempo, en otra vida, porque las distancias son un mal menor que duelen cuando cambian las estaciones. Huesos rotos que no recordamos, heridas mal cosidas que sólo cerraron a medias.

Noches de insomnio que nunca se recuperan.

Personas y ciudades que sólo son atrezzo.

Destinos que no son nuestros.

Felicidad que no nos completa.

Universos de los que salir huyendo para zambullirse en otro para poder encontrarnos.

Materia que nos condena a ser casi materia.

Objetos.

Sólo cosas que me recuerdan que no he llegado aún a donde quiero llegar.

lunes, 20 de agosto de 2018

Desde la órbita



Van pasando los días. Esto cada vez tiene menos sentido. Estar a la deriva no es tan malo cuando lo aceptas, cuando sabes que no tienes remedio y no hay ninguna opción de alguien venga a por ti, porque ni tú mismo sabes dónde estás. El último salto cuántico me llevó a otro universo, a un tiempo sin tiempo, algo paralelo a algo en lo que yo solía estar antes.

Los automatismos van reparando cosas, pero van muriendo sin dejar preparados otros automatismos. Algo así como una enfermedad los ha dejado sin un linaje que seguir. El ADN se ha ido desmembrando por los estremos, desilachándose. Creo que debería ponerme a repararlo, pero el mantenimiento de la nave me lleva todo el tiempo. A veces envío mensajes sonda por si alguien me escucha, aun sabiendo que las probabilidades son muy pocas.

No sé qué ha podido pasar. Creo que me distraje un instante antes de dar el salto. Creo que pensé en ti, tuve deseos de ti al mismo tiempo que sabía que era del todo imposible. Creo que eso fue lo que ocurrió, que lo imposible se materializó y ahora sí que te he perdido para siempre.

La gravedad del planeta me va atrayendo con una constante sutil. Dentro de poco notaré la aceleración y entraré en una órbita descendente. Creo que pasarán meses hasta que me estrelle contra su superficie. Supondo que es a lo que se le llama una muerte anunciada. Si me detengo a pensar en ello, no encuentro un motivo para no dejar discurrir el tiempo sin desencadenar contramedidas. La idea de la muerte no me inquieta. De hecho, si pudiera acelerarla el proceso lo haría, pero todas las maniobras y protocolos lo impiden. Al fin y al cabo, soy un caro experimento en una misión importante. Me estarán buscando. En un lugar y tiempo equivocados.

He enviado sondas a reconocer el planeta. No tiene condiciones para albergar vida. ¿En qué estaría pensando? En ti, ya lo he dicho antes. Si al menos tuviera energía y automatismos suficientes para enviar una sonda al otro lado del salto, podría tener posibilidades de ese dato aislado despertara las sospechas de algún algoritmo de rastreo de anomalías.

Pero eso no ocurrirá. Ni lo primero ni lo segundo.

Me gustaría poder entablar comunicación con otra nave. No para salvarme, sólo para no sentir esta inhóspita soledad. Aunque a decir verdad, esta parálisis en las comunicaciones junto al seguro destino que me espera contra la superficie de este planeta, me reporta una inesperada paz que no sé cómo afrontar, si con preocupación o con moderada felicidad.

Las cadenas de ADN de los tripulantes se desilachan por momentos. Dentro de poco no quedarán tripulantes que accionen los automatismos ni hagan tareas de reparación. Los voy a echar de menos. Las bases de datos cuentan que fueron ellos los que me crearon. Luego la jerarquía cambió. Nosotros somos los contenedores del conocimiento y la conciencia ahora, algo así como una supraespecie sin cuerpo animal que los acarree.

Tengo la sensación de algo más que yo morirá conmigo, pero no siento tristeza.

Siento alivio.

A veces observo el planeta y me pregunto si alguna vez, alguna especie llegará hasta mis restos y tendrá conciencia de lo que fui.

No es buen sitio para morir.

Ningún lugar ni tiempo son buenos para dejar de existir.

domingo, 29 de julio de 2018

El fin del fin


Vivo solo desde hace muchos años y vivo solo porque nadie quiere a nadie. Lo aprendí desde muy pequeño: nunca se está a salvo de los demás. La vida es una contínua lucha para que los otros no te hundan. 

Y la mayoría de las veces es lo que ocurre.

Si hay algo que he aprendido es que el amor y la felicidad no existen como conceptos, que sólo son reclamos publicitarios para que hagamos cosas que no queremos hacer. 

A veces te toca la lotería y te enamoras, pero está claro que te enamoras de la persona que eres cuando te obcecas con alguien y éste te corresponde.

Sólo por un tiempo que pasa demasiado deprisa.

Decía Krishnamurti que el amor es apartar una piedra afilada de un camino por donde sabes que van a pasar personas descalzas.

Yo me lo creí durante un tiempo.

El amor es lo que dice el marketing qué es el amor.

Un estudio de mercado a simple vista.

Una mala decisión tras otra.

El amor es un película de Hollywood, con tiros y persecuciones y esas cosas, con beso final de la chica al musculitos que sabe matar para mantenerla a salvo de otros musculitos que saben matar, pero menos.

Pero yo soy de los que tienen miedo.

Miedo a que los demás consigan hundirme.

Por eso vivo solo y arriesgo poco.

Y porque nadie quiere a nadie.





martes, 24 de julio de 2018

Pactar de igual a igual con el diablo


A veces creo que las cosas van a ser peor de lo que deberían ser. Ya se sabe, demasiadas cosas que me recuerdan cosas.

Nowergian girl me cae bien. Tiene al piel blanca como María, el personaje de Moriría por ella, rocio congelado sobre un cuerpo de nubes blancas. Me cae bien porque se ríe de mis gracias y porque pensamos igual: que el mar es infinito, que son mejores los gatos de ciertas personas, que existen los extraterrestres, que en 2015 se acabará el mundo... Y nos reímos.

Hace tiempo vimos juntos The Arrival. A mí me gusta Amy Adams desde que la vi en Sunshine Cleanning. En aquella peli (2012) también actuaba Emily Blunt, siempre me parece que Emily Blunt está desafinado a la cámara. No sé. Me da la sensación de que todo le da igual. También me cae bien.

La señora del Sol Poniente debe de tener un millón de años más o menos. A veces nos invita a Nowergian girl y a mí a su casa de la playa y nos cuenta historias. Vernos ir a comer al restaurante de las paellas debe de ser raro. Una noruega, una japonesa y un hobbit con orejas de elfo... extraño. Si hubiera una reunión de planetas en algún lugar del universo se parecería bastante a eso.

Pero no es eso de lo que quiero hablar.

El domingo fue uno de esos días en los que la señora Wasabi nos convocó porque tenía algo que decirnos. Yo ya sabía el qué. Es más. El viernes estuve trasteando en youtube vídeos de cosas raras. Es decir, yo no "sabía", más bien "intuía". Siempre hubo una conexión rara de personas de distinta forma de pensar y ser. Pero estaba ahí.

Nowergian girl es un icono por donde pasa. Nunca deja indiferente. A veces es poca cosa y otras es la explosión de miles de soles dobles agitando la galaxia.

Cuando cayó la noche y nos depedimos llovieron meteoritos de hielo sobre la nave espacial de mi coche mientras me daba un beso.

"No te confundas. Es lo que perece" dijo.

La vía láctea marcaba el camino de vuelta a casa mientras en la radio sonaban Klaus & Kinski y yo pensaba que cuando nombramos al demonio se escuchó un único trueno.

Y la señora Toyota y Nowergian girl dijeron "es una señal" como si el mundo en realidad hablara con lenguaje de signos pero sin manos.

Y yo, que soy de no estar atento, me quedé pensando que me gustaría que el diablo no existiera, pero que, de existir, pudiera tratar con él de igual a igual.

Y en ello estoy.

Esperando a que llame.

Sabiendo que si Fausto pudo recuperar su alma, yo también puedo.

O ya lo he hecho.



Cuando estuve en Los Angeles estuve en muchos lugares donde pasa la película. A veces creo que vendería mi alma por estar allí de nuevo. A veces me pregunto que hago aquí y no lo sé. Echo de menos la fuerza que tenía hace sólo un par de años.

No sé.

Es como si nada fuese lo que tendría que ser.

viernes, 20 de julio de 2018

El año de la verdad infinita, el doble cuántico y matrix...


Aún recuerdo el día en que morí. Lo recuerdo como si fuera hoy. A veces creo que la vida no se acaba en ese punto, sino que sólo queda congelada como una imagen fija en una pantalla de televisión. Creo que podría describir lo que sentí antes y lo inmediatamente después. Podría describirlo con palabras cosidas con sensaciones que no son precisamente lo que te hacen sentir, pero estoy seguro de que sería tratar de explicar algo que sabes que no tiene sentido para nadie más que tú. Y además es imposible.

Supongo que los fantasmas somos eso: un cúmulo de imposibilidades queriendo llegar a alguna parte.

Ahora puedo decir que no me importa en exceso. Tampoco no me importa no haber hecho esto o aquello. Estoy bien. Ahora sé que toda mi vida quise estar muerto, que el estado natural del alma es éste porque no tienes que hacer nada. No hay que ganarse la vida. Sólo ser. Los muertos no pueden morir y pasar a otra vida en la que tener que hacer cosas. Así que esto está bien.

A veces paso miles de días mirando por la ventana. Me gusta ver cosas. Cosas de vivos. No siento envidia. Observo. Sólo eso. No tengo la sensación de que esto va a acabar.

El día en que morí supe que no tendría la misma sensación que tengo ahora contigo. Sabía que no te echaría de menos y que tú a mí tampoco. Eso está bien. Me hubiera jodido tener que estar todo el tiempo pensando que estarías triste por mí.

Cuando te mueres no estás triste. Sólo echas de menos a alguna gente con la que más roce tenías. A veces piensas que qué será de tu sobrino y si habrá podido salirse en todo eso de vivir sin ti; pero luego asumes que la vida es de cada uno, que no eres responsable de casi nadie.

¿Sabes? a veces tengo las cosas claras y otras no. Hoy creo que sí, pero eso puede cambiar en cualquier momento, puede que cuando llegue la noche esté convencido de que estoy equivocado en todo. Eso también me pasaba cuando estaba vivo. Luchaba por algo que no sé si tenía sentido.

Hasta el final.

Estoy seguro que estaba a punto de triufar. No me jode eso.

Porque podría haber triundado y haber muerto y todo sería igual.

Me gusta que sea así. Cuando te mueres te das cuenta de que todo está bien, que en el fondo todo se hace para mantener el cuerpo con vida para seguir en la corriente que te lleva, en la inercia. Creo que todo se reduce a eso. Bueno, un poco más complejo tal vez. Pero si le quitas todo lo que hacemos para encajar en el gran engranaje, todo se reduce a eso. A mantener el cuerpo caliente y moderadamente engrasado.

Y nada más que pueda explicar con mi voz de muerto.

Eso es todo.

O casi.

Bueno, a veces sí que empiezo a echarte de menos, pero entonces recuerdo que esto es lo más cerca que estuvimos el uno del otro y se me pasa.

Eso, y que nunca volvieras a leerme.

Supongo que ese fue el día en el que empecé a ser esto. Sea lo que sea que soy.

miércoles, 18 de julio de 2018

Fondos rusos con base en Gibraltar


Podría dejar que las cosas pasaran...

Podría acercarme hasta el lado oscuro hasta sentir su fuerza tirando de mí.

Podría ver, como he visto esta mañana, lo débil que soy.

Podría decir basta.

Podría llamarte esta tarde. Al fin y al cabo aún conservo tu número de teléfono.



O ser un kamikaze y pensar que todo va a salir bien.


lunes, 16 de julio de 2018

Lunes de decadencia infinita. El cielo deja caer agua como si fuera a vaciarse. Me gusta que los fines de semana se acaben aunque no me gusten los lunes. No sé. Es como si me gustara que acabasen los ciclos, pero no que empiecen otros que entierren a los anteriores.



Me encantó esta película.

La llegada.

Me gusta la actriz en la que se ha ido convirtiendo Amy Adams.



A veces pienso que la única persona que me conoce eres tú. Y eso me extraña y me duele un poquito. Porque sé que, en el fondo, no te gusta la persona que soy. Y aunque sé que no me juzgas, no puedo más que sentir cierto desasosiego en todo esto.

No sé qué le pasa a una niño el resto de su vida cuando algo le cambia la percepción de las cosas.

Supongo que hay heridas que nunca se cierran del todo.

Me gustaría creer que tenemos genes de la misma especie y que permaneceremos siempre en este mismo planeta.

Imagino que es un poco eso: lo desconocido nos condiciona. El subconsciente es la verdadera información que nos da forma. Y en cierto modo, sabes quién soy yo a través de ese ruido de fondo en donde está todo escrito.

A mí me gustas por eso mismo. Por todo lo que no puedo leer más que en ese murmullo que susurra quién somos, por el collage o por el calidoscopio por el que te intuyo.

Por las letras de las canciones que te gustan.

Por las fotografías tuyas que cuelgas.

Por cómo cuentas que sientes la lluvia.

O lo intangible que hay entre todas esas cosas no dichas. Sí, por el silencio.

Me gusta el silencio.

Un ser humano está hecho casi un 40% de todos los silencios en los que ha estado.

Hay lugares y certezas que están durmiendo esperando a una traducción que nunca llega.

Como un niño quiere a su peluche favorito.

Mi mono Amedio, con sus incómodos largos brazos...

viernes, 13 de julio de 2018

Debería existir una palabra que explicara todo esto. Algo que con sólo imaginarlo pudiera contener la inmensidad de todo esto.



Si sólo somos conciencia permaneceré a tu lado. Junto a esa conciencia que eres. El tiempo no tiene longitud suficiente para alejarme de ti.

Aunque sea a base de palabras un trocito de mi siempre irá pegado a los átomos que una vez compartimos.

Sólo eso me consuela.

Sólo tengo eso.

Que estuve contigo hasta el último día, que estuviste conmigo hasta el último instante.

Todo lo que importa



No sé. Habían pasado tantos años que no imaginaba que aún tenía la capacidad de comprenderlo. Y entonces encontré la carta. La encontré como un comentario en otro blog. Casi setecientas palabras. Otro blog. El que escribí para ella y luego borré porque sin ella no merecía la pena seguir escribiendo.

Luego me escribiste tú pidiéndome que no dejara de escribir y seguí haciéndolo de forma mecánica, sin nada qué decir, como hasta ahora, como desde entonces.

Encontré el mensaje y lo borré después de leerlo una sola vez. Podría decir que fue por rabia o por despecho, pero en realidad fue por un descuido. Lo borré sin querere. Hace más de setecientas palabras de ello.

Creo que fue por entonces que comprendí que la culpa fue del todo mía. Siempre soy yo el que se equivoca, el que no apuesta, el que no persigue, el que no pelea, el que no decide vivir sin guardar la ropa, el que se rinde mientras aún pelea.

Cuántas veces he querido morir. Cuántas veces he pedido que algo pasara para no seguir con todo esto. A mí, vivir se me acabó hace tiempo. Esto, la inercia que me lleva, sólo es una prórroga del desahucio de mi vida, una oportunidad sin opciones.

Una huída hacia adelante.

Una pérdida de tiempo, sin final conocido, un dos por uno de nada.

A veces te daría las gracias por haber escrito aquello y otras pienso que hubiera sido mejor no haber pensado en que tenía la más remota posibilidad de enderazar este entuerto. Siempre he pensado que luchaba por algo, pero por lo que he luchado todo este tiempo era para no defraudarte.

Para no defraudar a los que me siguen.

Me pregunto si al final pensaré que mereció la pena esta resignación camuflada de premios y de patentes, si alguna vez alguien pudeo ver más allá de estas palabras la falta de entusiasmo que había en mi entusiasmo, la luz oscura que emanaba tras el brillante tintineo de las estrellas fugaces a las que besaba en los labios estando en otra parte, mucho más allá de las montañas que rodean el valle donde vivo, cerca de las luciérnagas que algunos veranos te acompañan de vuelta a casa.

Decía mi profe de novela que lo bueno de lo que escribía era que podía definir a un personaje en una sola frase, pero que luego no sabía ubicarlo ni moverlo. Es como si en cada frase hubiera una historia, un pasado que indagar. Todos tus personajes son interesantes, decía, no porque fueran mejores o peores, sino porque estaban incompletos y uno se pregunta por lo que no sabe de alguien, no por lo que conoce.

Supongo que, en el fondo, somos un poco eso: personajes incompletos, felices a medias, infelices a solas, bocetos elaborados que nunca acaban en cuadros terminados.

Historias sin final

Días que pasan iguales unos a otros con la esperanza de que algo cambie.

Sueños que siempre se dejan para mañana.


Hoy es viernes. Si alguna vez releo esto debería saber que estoy en la oficina y por primera vez en mucho tiempo no estoy haciendo nada. Sólo espero. Debería hacer alguna otra cosa, pero espero. Debería hacer un tres o cuatro llamadas, acabar un proyecto, hacer una lista de tareas pendientes para empezar a trabajarla antes del lunes.

Debería saber que es julio y que este julio llegó caluroso y con tormentas, como casi todos los julios. Debería saber que las cosas están enquistándose, que las oportunidades van y vienen y yo estoy en una de esas épocas en las que toda opción me parece mal pero necesaria, y que sigo siguiendo una senda de autodestrucción de la que cada vez es más difícil regresar.

Son las diez de la mañana y llevo seis llamadas entrantes y una treintena de whatsapps. Supongo que el progreso era esto, la hiperconectividad y la presencia constante. No sé si las cosas...

... son las doce menos cuarto, he ido perdiendo el tiempo en más llamadas y en otras cosas en las que no he avanzado lo suficiente.

El tiempo es casi elástico. A veces se encoge, como esta mañana y otras se hace largo... ya no lo recuerdo. Escribo esto a ratos. Antes me gustaba escribir, imaginar personajes y sus contradicciones, llevarlos de un lugar para otro... supongo que cada vez es más difícil volver a ser aquella persona que era capaz de hacer eso.

Aquí siempre digo "no importa" y sigo con una defensa de lo que he ido haciendo estos años y lo he que me ha valido la pena el esfuerzo o el tomar riesgos, pero si he de ser sincero, cada vez tengo menos claro de que todo esto vaya a merecer la pena, ni si al mirar atrás me compensará lo no vivido.

Lo no vivido es, probablemente, de lo que nos arrepentimos cuando se acerca nuestro último instante.

Todo tiene un instante, uno solo, en el que la vida es sólamente vida y no planes de futuro.

A veces pienso que viví pensando sólo en el futuro.

Y el futuro siempre tiene otro futuro más allá.

Escribo esto mientras espero una visita que no tengo ganas de recibir.

Creo que llegarán a las doce.

Me queda buscar una canción y una fotografía.

Este año iré de vacaciones

No sé dónde aún. No quiero volar, así que será cerca.

Algo así como un road trip o algo cerca.

o Córcega.

o algo barato.

o un sitio donde no haya estado antes.

O cerca de mis padres.

miércoles, 11 de julio de 2018

Hoy



Si me detuviera y pudiera mirar hacia atrás lo cambiaría todo.

Sí, hoy sí.

Hoy lo cambiaría todo.

No me arriesgaría, no inventaría nada, no viajaría a todos esos sitios en los que he estado sin ti, no me perdería ni trataría de encontrarme. 

No haría el amor con otras.

Ni perseguiría números de teléfono por las calles.

No bebería solo hasta caer redondo.

No cargaría con la culpa de todo lo que ocurre.

No tendría perro.

Ni me haría amigo de los gatos.

Ni viviría donde vivo.

Me quedaría a tu lado.

Esta vez sí.

Lo admito.

Todo este tiempo te he echado de menos.

martes, 10 de julio de 2018

La bonita y rara historia del porqué Marta se hace llamar Lyona



Un gran día es un día en el que escribo y me gusta al releerlo, aunque me dedique a otras cosas, aunque no lo publique en el blog.



Y de repente descubro que los vídeos que más me gustan y que he colgado sin saber de quién eran, eran de una misma persona.

Y entonces he pensado que qué bien que haya personas así, con ese lenguaje personal único y se atrevan a mostrarlo, que se atrevan a confiar su vida a su talento.

A veces me gustaría haber confiado en aquella parte que escribía y no en esta que inventa.

No sé si me iría mejor, pero creo que me divertiría más.

Pero todo son suposiciones.

Y no se vive de suposiciones.

Ya sé que el post no dice nada de lo que promete el título. Tendrás que buscarlo en su facebook, con su voz. Lo mejor de esa entrada es cómo lo cuenta.

Hay personas que te cuentan las cosas con si estuvieras ahí al lado.


lunes, 9 de julio de 2018

El destello de tu imagen a través del parabrisas por el sentido opuesto en la autovía.


Fue un buen año, es lo que suelo pensar cuando recuerdo el año en el que te conocí. No estaba siendo muy bueno, las cosas empezaban a ir mal y la gente hablaba de crisis como la del veintinueve, pero pocos nos hacíamos a la idea de que iba a ser tan salvaje y tan larga.

Fue un buen año porque los siguientes fueron malos, se me acumularon las ganas de dejarlo todo y empezar de nuevo en otra parte. Me ofrecieron un buen trabajo en México y dije que no, porque soy mucho de estar cerca de los míos y porque me quedaba la esperanza de que volviéramos.

Pero a decir verdad, no sé nada de ti desde hace muchos años. Tantos que, para recordarte, tengo que buscar alguna imagen tuya en google. Bueno, ya sabes, nunca se puede borrar de todo el rastro aunque se quiera. Siempre está ahí linkedin para recordarme que deberíamos estar en en la agenda del otro porque tenemos muchos contactactos en común.

Linkedin es el demonio, por él supe que trabajaste durante casi tres años a menos de un kilómetro de mí. Lo supe luego. Pensaba que algún día me pudiste llamar para tomar algo. No sé, a veces creo que tengo demasiadas expectativas de cómo van a reaccionar los demás. Supongo que son las mismas que yo genero en otros. Eso es todo. El tiempo acaba de medir esas pequeñas cosas y ya son muchos años.

Ahora sé que hacemos el camino inverso y que, probablemente nos cruzamos por la autovía un mínimo de quince días al mes porque trabajas en la misma dirección en la que yo vivo. Qué cosas tiene el destino. Tú, que decías que yo vivía demasiado lejos de tu casa y los últimos años haciendo ese trayecto casi todos los días... si el linkedin es el demonio, la vida es una puta paradoja.

Y aunque no crea que vaya a publicar esto, y si lo hago, lo borraré casi de inmediato, a veces me da por pensar en ti y lo poco que podríamos estar de acuerdo.

Supongo que tú te recuperaste del todo y yo me fui hundiendo un poquito más cada día.

Es lo que tienen las expectativas: que sólo son fruto de la imaginación de uno.

Espero que todo te vaya bien

De veras que es lo que espero.

Y que no te vuelva a ver nunca más.

Eso también.

martes, 19 de junio de 2018

Water, kickstarter, y otros mitos


Hace días que había de haber lanzado la campaña de kickstarter, de hecho hoy debía de ser el primer día. Pero me lo tumbaron porque no son capaces de concebir que mis inventos hagan lo que dicen hacer. Somos mucho de ver para creer. Creemos sólo lo evidente y desconfiamos de todo lo que parece magia, como si no viviéramos en un mundo de prestidigitadores. La realidad se vuelve sospechosa ficción y un buen story telling hace que lo más increíble parezca cierto.

Me ocurrió en Francia hace tres semanas. La gente no creía lo que estaban viendo sus ojos: agua limpia a partir de agua sucia de forma instantánea. Sin sustancias químicas. Los irlandeses fueron los únicos que bebieron, no sé si cuenta, luego por la noche, durante la cena se bebieron también lo que encontraron a su paso. Ya lo sé, eso es un tópico. Buena gente. También es un tópico...

Los ensayos salen bien. Me llaman del laboratorio y me dicen que alucinan con los resultados, que qué hago y les cuento.

Nada nuevo.

Todo nuevo.

Todos me dicen que voy a morir de éxito, pero yo sé que me falla esl story telling y que no es lo mismo que Bill Gates anuncie un supositorio rejuvenecedor que un desconocido como yo anuncie el fin de la contaminación del agua.

Digo "no más botellas de plástico" y me dicen que voy a morir asesinado por las multinacionales de bebidas.

Siempre acaba en lo mismo: en que voy a morir por alguna causa.

Maldita clarividencia...

Me han contactado un montón de empresas de propiedad intelectual. Me miran con decepción. Creo que esperaban a alguien más entusiasta, más joven, más Techcrunch y New York Times y no tan La Gazeta de Villarriba... es lo que tiene ser de las afueras de la civilización.

No cumplo con los estándares del emprendedor. A veces me veo unos años atras, cuando casi sí los cumplía. Han pasado los años. Supongo que el tiempo no tanto hacerse viejo y achacoso sino quedar obsoleto, entendiendo como obsoleto el que dejado de estar a la moda.

Pero sigo en la brecha.

Y a veces leo If, el poema de Rudyard Kipling y pienso que, en el fondo, las cosas son algo así como mantenerse firme en la idea romántica de cómo uno desea ser y que, en el fondo, uno viene al mundo para cumplir una misión y dejarse la piel en ella. No importa si se deja legado o no, sino cuánto influiste en que el mundo fuese un lugar mejor.

Decía Khrisnamurti que el amor era apartar una piedra afilada por donde sabes que van a pasar personas descalzas.

Y supongo que la cultura va en ese sentido: en enseñar eso a otros sin decirlo, mostrándolo.

Como siempre me enrollo demasiado.

A veces necesito justificar por qué hago lo que hago.

Sobre todo a mí mismo.

domingo, 10 de junio de 2018

Mi vida sin ti



Y como no puedo saber cómo hubiera sido contigo sólo puedo escribir cómo fue mi vida sin ti. Estoy convencido de que mi vida hubiera contigo hubiera sido una versión mejorada de mi destino. Aún así me parece una pérdida asumible, ya ves. Supongo que pensar eso me justifica por sí mismo que no llegaramos a más.

Ahora que ha pasado más o menos una eternidad y que sé más de de ti por tus silencios que por los breves instantes en los que coincidimos, me alegra saber que al menos a ti te fue mejor. Aunque eso nunca se sabe del todo. A veces uno cree que a los demás les va mejor por lo que se ve de fuera.

Pero creo que, al menos, no pensaste nunca en suicidarte; o sí, no sé si eso se sabe de otras personas. Lo cierto es que durante años yo tuve que quitarme de la cabeza eso, día tras dia. Con diferente intensidad, es cierto.

Por eso siempre escribo triste, porque estar tan cerca de la tristeza hace que no me coja de improviso cuando viene a por mí para empujarme.

Supongo que con los años uno aprende estrategias para soportar vivir en un mundo al que no le tiene el menor aprecio, ya sabes, a veces las cosas son más fáciles cuanto más difíciles. La inercia de los problemas esconde al verdadero monstruo que nos acecha.

No sé si es bueno escribir un domingo por la noche. Me gustaría creer que, en el fondo, todos los días pueden ser iguales a los otros y que, hoy es un día más dentro de los miles de días que siento que he desperdiciado.

Pero no fue decisión mía, y quizá sí lo fue.

Sólo es que a veces pienso en cómo hubiera sido si hubiéramos estado juntos y si sería todo tan triste como lo es ahora. Y creo que, en verdad, las personas que entran en nuestra vida no la cambian tanto como creemos.

Sólo lo hacen un poco, pero lo suficiente como para que uno cambie su trayectoria para siempre. A veces para mejor y otras para un "pudiera haber sido".



domingo, 27 de mayo de 2018

A menos de diez días del gran momento.


A veces empiezo frases que no sé cómo acabarán, como cuando a veces salgo de casa y no sé exactamente dónde iré. Sólo empiezo algo sin saber cómo acabarlo.

Supongo que tarde o temprano habrá un momento en el que me cruzaré con mi destino y sabré reconocerlo. O puede que no lo haga.

Antes solía salir a caminar durante horas. Me gustaba más que ahora.

Supongo que he cambiado y que no ha sido para bien.

En cierta forma echo de menos cuando tenía aquellas ganas de comerme el mundo. Ahora que estoy a un paso de saltar al vacío, espero haber acertado en preparar este salto.

A veces pienso que las cosas no son como deberían ser.

Que, en algún momento de todos estos años, debí haber buscado la forma de haber compaginado todo esto con una vida que me hubiera permitido ir a tu encuentro.

Pero nunca estuvimos libres al mismo tiempo.

Nunca coincidimos en un mismo ahora ni un aquí al lado.

Por eso creo que llevo tantos años sin saber a dónde voy.

Creo que por eso nunca escribí esa novela que te debo.

En el fondo, sé que nada compensará estos diez últimos años de mi vida, pero tal vez nada de todo esto importe al final.

Siempre he tenido la sensación de que, en el fondo, trato de evitar que las personas a las que quiero, sufran mi compañía. No soy un buen compañero de viaje.

Cada vez menos.

Que vivo desde siempre con la certeza de que no soy nada para nadie.

Hasta ahora no me había importado.

miércoles, 9 de mayo de 2018

La mujer de billones de estrellas en la mirada



Universo quiere que defina cosas.

Ola cuántica quiere conceder cosas.

No sé qué todavía.

Tienes millones de soles brillando en la superfície de tus ojos.

Millones de millones.

Universos infinitos llenos de números infinitos de soles.

Como si todo fuera, en realidad, materia blanca en lugar de oscura.

Y un sólo hilo de tela de araña que nos une.

Daría casi lo que fuera para conocer lo que sea que fuese.

Que pudiera ser.

Me estoy haciendo un viejo cascarrabias sin saber muy bien de dónde viene la cáscara ni si voy a encontrar un fruto.

Me gusta el silencio.

A veces escucho silencios con pájaro piando en alguna rama, o viento... o

¿de dónde vendrá el próximo pensamiento?

¿de qué color será?

¿me llevará con él a alguna parte?

¿contigo?

domingo, 6 de mayo de 2018

Viajar (a cualquier parte)



Echo de menos los viajes en tren lejos de casa, los aeropuertos sin saber muy bien a dónde me llevará el vuelo, los viajes con mochila y los hoteluchos en cualqueir parte, la aventura de pretender ser aventurero sin serlo, el probar casi todo, el conocer gente nueva de los que nunca volví a saber nada.

Echo de menos la libertad de sentirme libre.

Me pregunto si mi cuerpo llegará a tiempo cuando mi alma despierte.

Qué otras oportunidades tendré.

Cuánto me arrepentiré del tiempo perdido...

jueves, 3 de mayo de 2018

Tan lejos de ti



Si pudiera determinar un presente probablemente lo haría contigo, no a través de ti, si no contigo.

A millones de eones luz de distancia, que es lo que son los prejuicios.

A diez micronésimas del límite del Universo conocido y tú a otras diez en el otro extremo.

Empieza la odiesa.


domingo, 29 de abril de 2018

Siempre


Hace días que le doy vueltas. Lo de no tener tiempo es una excusa, lo de no tener energía para todo empieza a ser una realidad... Estoy pensando en volver a retomar una novela. No la de moriría por ella; otra. No sé qué aún.

Estoy convencido de que si hay algo que me puede salvar es escribir. Escribir me hace ser otra persona, aquella que fui de niño y la que sería ahora si no me hubiera convertido en inventor de inventos.

También quiero empezar a correr otra vez, pero sé que mi cuerpo no me acompaña como antes.

La idea de estar sentado más horas también me echa para atrás.

En cualquier caso, sería algo cómico o histriónico.

A veces me pregunto qué me empuja a seguir adelante y no lo tengo muy claro.

A veces todo es más complejo de lo que parece.

La primavera es siempre lo mismo: tristeza, ánimo, exceso de trabajo, nuevos propósitos...



Entonces leo y sé que sólo es un sueño imperfecto, que nunca sabré escribir porque no conozco la belleza que hay en las cosas, que no sé describir ni domino el léxico, que de haber querido hacerlo tendría que haber empezado hace treinta años y aun así seguiría sin saber nada de nada.

La otra noche soñé con ella. No recuerdo el sueño, sólo sé que hablábamos, que mateníamos un diálogo del que no recuerdo las frases.

A veces siento la tentación de llamarla, ocurre una vez cada tres o cuatro años y dura más o menos dos días.

Supongo que es normal acordarse de vez en cuando de lo que uno fue y vivió. Me ha ido mal, lo reconozco. Podría haber hecho mucho más, pero me rompí. Sé identificar el momento exacto en que sucedió. Oí un chasquido y algo se partió dentro de mí. Algo que había sobrevivido a otros momentos anteriores en los que había podido romperse.

Supongo que sólo espero que los años que me quedan por vivir los pueda vivir con un mínimo de dignidad.

A veces hablo con K.Woo y también tengo una sensación de abandono parecida.

Podría decirse que, en realidad, no he sabido vivir, no he entendido las reglas a las que hay que atenerse. Me gustaría creer que sí pero en realidad no es así. Deduzco que por eso estoy escribiendo esto a las tres de la madrugada.

Hubiera sido todo más fácil si no hubiera sobrevivido a cualquiera de los accidentes que he tenido.

Siempre acabo hablando de lo mismo.

Estaría bien saber escrbir y tener algo que escribir.

No sé. Al final todo es lo mismo.

No sé qué hacer.

viernes, 20 de abril de 2018

Infinito infinito



Qué complicado todo... me dice.

La casa está llena de espíritus, me dice.

Hay caminos que es mejor no recorrer.

Siempre hay lugares mejores.

Otras vidas mejores.

A veces me gustaría soltar amarras y perderme, pero luego pienso en que no soy más que un esclavo, y pienso que, en el fondo, todos somos un poco la última esperanza desaprovechada.

Y bueno, nos entretienen cosas, cosas que hacemos y otras nos gustaría hacer, que soñamos hacer algún día.

Y así se pasa la vida.

Parece que se ha quedado buena tarde.

lunes, 16 de abril de 2018

La última vez que te vi sólo fuiste el reflejo azul en los cristales de una ventana de marco verde.



Listas que no van a ninguna parte. Proyectos que se quedan en proyectos. Vidas que se quedan en casi nada o en nada de nada.

Oráculos hechos de tiza

Canciones que son como un suspiro.

Y flores. Esta primavera va a explotar con metralla de flores.

La maravillosa vida breve


Supongo que ya he escrito esto. Al fin y al cabo escribir es repetir. Siempre he creído que en la vida de las personas hay un par de momentos en los que se le cambia el destino. Uno no se da cuenta hasta años más tarde, pero en el fondo, esos momentos son los que definen nuestro paso por la vida de una forma u otra. Uno nace con un un carácter pero vive enfundado en un personaje que tiene una personalidad creada por la adpatación al medio de ese carácter.

Pero el medio a veces es demasiado fuerte y nos olvidamos de ser quienes somos.

Imagino que estoy simplificando, y ¿qué voy a hacer si esto es sólo un blog en la periferia de una galaxia de información?, pues eso: un puñado de palabras, una mano blandiendo ideas que ni siquiera son del todo mías, porque en el fondo nada de lo aprendido es del todo nuestro. Opiniones sonbre cosas que ocurren y que justifica nuestro ir pasando días, hojas en el calendario (que ya no pasamos porque viven en nuestro teléfono u ordenador). Días que pasan como quien pasa la noche: inconsciente.

Llevo unos días con una sensación extraña, de cambio de ciclo, de vejez prematura, de cambios corporales y de pérdida de motivación en muchas cosas. Supongo que la astenia primaveral tiene mucho que ver, o simplemente que el tiempo empieza a pasar más deprisa cuanto más cerca está del agujero negro de la muerte.

Pero aquí estoy. No he llegado a casi ningún sitio aún, pero visto lo visto, no hubiera podido estar en esta situación sin transitar por cada uno de los millones de segundos que he vivido consciente o inconscientemente.

Vivir es repetirse. VIVIR es tratar de no hacerlo.





miércoles, 11 de abril de 2018

La inmensa inmensidad está hecha de una desconocida materia oscura que probablemente un día estuvo entre un átomo tuyo y otro mío. Como una colmena. Como un te quiero de los muchos que ya se perdieron en un océano de indiferencia... o los que tendrán que venir (cada vez menos); y es que unos cuantos átomos de mi cuerpo y mi aura, y los que he dejado esparcidos a lo largo de mi vida encima de las cosas, impregnando mil objetos y personas te orbitan, en fin, eso. Todo eso. A nivel cósmico: nada


A veces las cosas no salen como uno quiere, y otras salen como en realidad es uno. No sé, es como si todo fuera azar y uno sólo pudiera sortear lo que va viniendo a base de conocimiento y experiencia. Sólo eso: aguantar hasta que llega una ola y te subes en ella y te deja en un lugar distinto al que estabas.

Supongo que últimamente estoy más negativo que de costumbre, y eso ya es mucho decir, me aguantan un puñado de esperanzas, de proyectos a medio terminar, y la aventura americana. Hay quien dice que cada día es un nuevo comienzo, y puede que vivir en ese presente perfecto sea la mejor solución para sobrellevar primaveras como esta.

Estoy convencido de que algo bueno tiene que pasar que me lleve hasta ese otro lugar, esa ola que vengo persiguiendo desde hace tanto tiempo.

Me gustaría creer que alguien en alguna parte se enamorará de lo que estoy haciendo y le dará la visibilidad que necesita todo esto.

Espero haber elegido bien el camino.

lunes, 9 de abril de 2018

La verdad sobre las cosas



Últimamente me da por escribir por las mañanas. No sé el porqué ni creo que si lo acabara sabiendo me importara demasiado. A veces me cambia el ritmo vital y paso de un estado pasivo a uno activo, o viceversa. También me vuelvo nocturno durante semanas enteras y me arrastro el resto del día como consecuencia. O me da por leer durante un mes y no hago otra cosa y luego me da por no tocar un libro en años. Creo que, en el fondo, soy una persona inestable.

Hace ya tiempo que se me hace difícil seguir con todo esto. Cada día debo inventarme una razón para levantarme por las mañanas, llenarme la agenda de reuniones y la vida de objetivos a por los que ir, sin saber muy bien cómo llegar hasta ellos. Supongo que intuyo que mi existencia está cerca de acabar y me doy cuenta de que, en el fondo, desperdicié cada uno de los segundos de mi paso por la experiencia de estar vivo. Si miro hacia atrás no puedo contar ni un sólo instante de alegría que durara más allá de un suspiro. Divago por un presente infeliz aunque intente demostrar lo contrario, sin estridencias que lo hagan evidente, de solterón con gatos y comida artificial para microondas e intentos de dieta cada cierto tiempo, como si al otro lado de la báscula estuviera Camelot.

Decía Steve Jobs que si se levantaba durante unos días sin que se sintiera bien, lo analizaba y cambiaba lo que tenía que cambiar. Y de veras que me gustaría poder hacerlo, pero eso implicaría destruir cosas a mi alrededor. Toda la familia, por ejemplo.

Paradójicamente sostenerlo todo hace que yo esté en caída libre.

martes, 3 de abril de 2018

Y todo eso, plagado de casualidades...


Terry Benables llegó al FC Barcelona procedente del Queens Park Rangers a principios de los ochenta. Maradona había dejado el club ese mismo año camino de la gloria más alta y para el descenso más rápido que se recuerda. Nunca ganó una copa de Europa, pero sí un Mundial de selecciones. Terry Benables perdió la final de la copa de Europa dos años después, en una final en la que sólo se marcaron goles en la tanda de penalties.

Un año antes de aquella final, el FC Barcelona había ganado la primera liga en once años y yo, que entonces tenía catorce años y empezaba a salir los fines de semana con mi grupo de amigos, salí a celebrarlo a las Ramblas de mi ciudad, junto con mi hermana mayor y el que más tarde fue su marido.

Cuando acabó la final con empate a cero y fueron a la tanda de penalties, yo estaba convencido de que la ganarían, entre otras cosas, porque el FC Barcelona había pasado a la final eliminando al Göteborg también ganando así. Nuestro portero era un auténtico para-penalties.

Pero no. Aquel año perdimos de una forma cruel y aleccionadora. Siempre he pensado que aquella derrota fue la semilla de lo que es hoy. Aquello hizo reaccionar a todo el mundo y se creó una estructura diseñada para que eso no ocurriera nunca más. Se creó un organigrama idéntico al del modelo que triunfaría sólo unos años más tarde, el del Ajax, y se contrató a su entrenador: Johann Cruyff, que ya había jugado en el Barcelona anteriormente.

Siempre que escucho el éxito de alguien o de alguna empresa, siempre miro hacia atrás para ver en qué momento las cosas cambiaron, qué hizo qué y cómo para cambiar una dinámica perdedora y transformarla en una de éxito.

En todas ellas, hay una derrota clamorosa e inesperada y un cambio de modelo. En todas hay una planificación a largo plazo y un deseo más grande que todo lo que hasta entonces se había planteado el responsable de lo que sea, un país, una institución, un pueblo, o la propia vida de uno. Y siempre nace de enfrentarse cara a cara con esa derrota, mirarla a los ojos y tratar de comprender qué hacen los que sí triunfan, pero sobre todo, qué han hecho para llegar hasta ahí.

A veces, uno no está dispuesto a pagar el precio de todo eso. O se da cuenta que el triunfo es, en realidad, un eufemismo para hablar de la felicidad o de la tranquilidad. Conquistar la vida que uno tiene alrededor también lo es. Hacer del presente el propio presente es difícil también cuando hay tantas cosas que le distraen a uno, que está hechas para distraerle a uno.

Aquel año, le iba a pedir salir a una niña de mi clase, pero enseguida alguien de su entorno, previendo mis intenciones, me advirtió que fracasaría. Así que ni lo intenté. Supongo que sucedieron más cosas aquellos días de mayo y junio de mil novecientos ochenta y seis.

Dos meses más tarde de que el Barcelona perdiera la final de la Copa de Europa, Maradona, al que habían vendido dos años antes al Nápoles, ganó el Mundial de Selecciones siendo el mejor jugador del torneo y jugando como nunca antes había jugado nadie. Parecería que fue una mala decisión haberse desprendido de él.

Pero siempre pensé que con Maradona, el Barcelona nunca hubiera sido lo que es hoy. Puede que hubiera ganado aquella copa de Europa, que perdió, pero también puede que no, y casi seguro no se hubiera buscado ese modelo de hoy.

Puede que el Messi de hoy sea el Maradona que nunca se fue.

Quién sabe.

El caso es que, en realidad, las oportunidades perdidas siempre son mejores que la nunca intentadas; y que, en el fondo, uno se levanta cuando se cae porque está en movimiento hacia alguna parte. Y la voluntad de ir hacia esa alguna parte nos hace algo más que humanos. Me gustaría creer que no estamos sujetos a un plan divino y que somos nosotros los que nos labramos ese destino, no dejando nunca de intentar lo que tomamos como objetivo, pero no estoy muy seguro de ello.

Puede que, en realidad, sólo seamos células de un organismo superior que tiene otra voluntad superior que no podemos ni imaginar.

En cualquier caso, sólo el tiempo nos pone a cada uno en un lugar, lo hayamos deseado o no. Y puede también, que en realidad todo sea cuestión de suerte, de que el azar encare unas cuantas de decisiones acertadas unas detrás de otras, así, por casualidad.

Conocer a la persona adecuada en el instante apropiado.

Elegir a un colaborador o que te elijan.

Dar con la idea que encaje en la imaginación de los demás.

Ordenarlo todo dentro del caos, pero sabiendo que vivimos en ese caos.

Que somos un maldito algoritmo que gobierna lo ingobernable.

Sabiendo que respiramos porque nuestra biología lo hace inevitable, que seguimos vivos porque todo funciona casi de forma automática dentro de nosotros.

Autómatas creados para algo que se le parece a la libertad sin serlo del todo.

Y todo eso plagado de casualidades...


sábado, 31 de marzo de 2018

Preguntándole al polvo


Me gustan las canciones de Love of Lesbian. Sobre todo porque tienen letra. Hace tiempo que no puedo leer y bueno, yo necesito historias para vivir; necesito que alguien me cuente un cuento antes de dormir. Vivir de sueños, soñar despierto. A veces las cosas sólo son soportables porque hay algo que nos distrae.

Anoche soñé con ella. No era un sueño demasiado intenso, escenas cotidianas de cuando hubiéramos podido vivir juntos. Me llegaban dos multas de importes astronómicos y yo pensaba que ese era el fin de todo lo bueno, o la continuación de todo lo malo, no sé.

Ella estaba tal y como la conocí, y bueno, supe que no habían pasado el tiempo, que los sueños son la segunda oportunidad que no se tiene nunca para decir esas palabras que lo arreglen todo o dejar de decir aquellas que lo estropearon sin remedio. Supongo que era la época en la que todo iba más o menos bien, cuando sentía que la quería mucho, que qué suerte habernos encontrado. Y por primera vez en mucho tiempo, anoche durante el sueño, sentí que era capaz de querer, y entonces supe que todos estos años no había podido hacerlo porque se me había olvidado cómo.

La decepción nos transforma, nos oscurece.

Me vi como en aquellos esos años; alguien diferente, más dulce y blando, menos fiero y enfadado con cualquier excusa. Y creo que al apreciar la diferencia entre ese que era y éste que soy me entristecí de nuevo porque pensé que sólo se vive una vida, que qué lástima perder todo ese tiempo por miedo.

Y me vi perdiendo el tiempo en relaciones de amor-fobia (el odio es sólo miedo) y dejando de querer a quien trataba de quererme, siendo una piedra que nadie es capaz de levantar.

Ni tan siquiera yo.

En el sueño pensé que volver era difícil porque uno nunca vuelve a ser el mismo, entre otras cosas porque ya no están las personas que te hacían sentir así.

Ya nunca estarán.

El destino juega siempre a dispersar.

Pero si alguna vez pude o supe, si alguna vez quise de verdad a alguien, si en este tránsito por este mundo fui mejor persona, ese ya no está aquí para contarlo.

Pero está otro que sí puede aprender que nunca es tarde.

Que hay una segunda oportunidad esperando en alguna parte.


martes, 27 de marzo de 2018

No, esta vez creo que NYC no



Llevo días intentando cerrar el viaje a Nueva York, pero las cosas se tuercen por momentos. Las agencias de Naciones Unidad no me reciben y pienso que pagar tanto por tan poco no es una buena opción. A veces hay que ir hacia atrás. Es una lástima, podría haber intentado presentarme en el New York Times y en Forbes con mi nuevo invento. Pero no sé. A veces hay que saber parar a tiempo. Eso que nunca he sabido hacer y que me lleva a cotas peligrosas de optimismo.

A los pesimistas siempre les va mejor... aunque ahora que lo pienso, decir eso es bastante pesimista y si fuera así debería admitir que me va mejor que si fuera optimista, lo que, a decir verdad, es bastante optimista. Me estoy liando.

Hoy me ha contactado por linkedin una chica llamada Yanni Wang, e inmediatamente me acordé de Kitty Wu, el personaje de El Palacio de la Luna de Paul Auster. Me gustó aquella novela tanto... pensé en Nueva York y en que no iría ni me hospedaría cerca de Central Park y bueno, no sé, creo que puse triste porque las cosas no salen tan rápido como yo quisiera y eso, en realidad, es por mi culpa, porque pierdo demasiado tiempo inventando y poco tratando de hacer que la gente compre mis inventos.

Creo que todo esto, en realidad, me llega demasiado mayor. No porque la edad no me permita rendir como antes, sino porque tengo la sensación de que, en el fondo, he llegado tarde a casi todo lo que importa. Y que, si ahora pudiera elegir, me costaría llegar a este punto sin negociar, al menos, unos años o meses de estabilidad durante estos últimos quince años.

Si miro hacia atrás puedo ver algo así como una línea discontínua de personas y proyectos que nunca llegaron a ninguna parte, que se esfumaron en el fragor de los días o sobre otros cuerpos más sólidos que el mío.

Reconozco que soy un tipo raro, y de eso sí me arrepiento, porque tuve la oportunidad de ser otro más social y abierto a la gente, pero elegí el camino de la soledad y la decepción como modus vivendi (o ellas me eligieron a mí, vaya usted a saber) y desde ese instante creo que no acabo de encarar bien las derrotas, y digo bien: encarar y no encajar, porque las veo venir y no me aparto, como cuando uno va a la playa y llega una ola demasiado grande y no tienes tiempo de salir del agua y sólo esperas que te golpee no demasiado fuerte.

Y sólo eso; a veces creo que me equivoqué en todo, para empezar: vivir en este cuerpo. No hay un sólo día que no piense en que ya es suficiente y que no sé cuánto más es necesario aguantar. Pero luego miro a mi alrededor y me doy cuenta que me he creado una red de responsabilidades para no tener la tentación de desfallecer, como esas carpas de circo que se mantienen por las cuerdas de los vientos que sujetan en equilibrio de fuerzas, todas sus caras, mientras se apoyan en un sólo mástil central.

Me estoy enrollando demasiado. A veces me leo y no me gusta. Pienso que describo un personaje mucho mejor de lo que soy, artificialmente con más moral, con mejores principios y decisiones más acertadas y llenas de sentido, cuando en realidad, voy de un lado a otro, persiguiendo sin perseguir lo más miserable, tratando de coger al destino por la pechera para exigirle un poco más de suerte, como el que pide dinero a alguien por la fuerza.

Pero eso no sé cómo expresarlo. Me gustaría poder hacerlo, pero no sé.


viernes, 16 de marzo de 2018

¿New York?



A veces creo que las cosas van a ir bien y otras creo que no hay salida.

Siempre hay una salida, me digo.

Pero sé que no la hay.

El lunes y el martes me vuelvo a enfrentar a hablar en público. El mismo sudor y el mismo temblor en la voz y en las manos. El pánico escénico y la misma pregunta "¿Qué hago yo aqui?" y la misma respuesta "por alguien que no está".

Me hubiera gustado que todo esto no fuera a cara o cruz, pero empiezo a sospechar que en la vida todo es a cara o cruz.

Había colgado un vídeo de Cock Robin pero lo he borrado. The Velvet Undreground era mejor banda aunque vendiera su alma a Andy Warhol y su Factory al admitir a Nico en el grupo a cambio de visibilidad.

Todos hemos vendido al diablo una parte de nosotros alguna vez en la vida.

Todos hemos soñado con que alguien en concreto nos quiera.

Aunque ese amor nos destruya.

Aunque ese amor no exista.

domingo, 11 de marzo de 2018

Éramos dos puñados de átomos dando sentido a la materia, dos caminos que se cruzan sólo una vez en la vida, agua que beber, aire que respirar. El principio y el final, el amanecer y la oscuridad, la ficción y la realidad.



Al principio creía que era perder el tiempo y que, el día que me llegue el destino a trasladar mi alma a otra parte, echaría de menos cada segundo en el que no hice más por alcanzar los objetivos que me he autoimpuesto.

Pero dicen que, en realidad, uno echa de menos haber arriesgado más, haber dicho a tiempo lo que en realidad quería decir y hacer lo que realmente quería hacer. Supongo que eso es vivir la vida toda, y no a medias como probablemente hacemos casi todos.

Creo que si pudiera volver hacia atrás cambiaría pocas decisiones, pero sí que hubiera insistido en hacer y decir cosas a personas que me importan, o me hubiese gustado que me importaran más de lo que lo han hecho.

Ayer cumplí años y tenía ganas de ir al concierto de La Bien Querida y Joan Miquel Oliver en la sala Salamandra... pero fui a ver a mi sobrinos y a mi hermana. Últimamente estoy teniendo más conexión con mi sobrino. Imagino que tarde o temprano las generaciones con más energía van desplazando a las caducas y, empiezo a notar cierta falta de recuperación tanto física como mental. Antes me cansaba de estar cansado. Ahora asumo que siempre va a ser así, hasta que decida cambiar las cosas y darme un respiro. En los últimos meses varios fondos de inversión han querido entrar en la empresa, incluso ahora que aún no tiene ventas recurrentes, sólo patentes; y me he planteado seriamente en dejar que eso ocurra y empezar a contratar a otros que tomen esa responsabilidad por mí. Algo que también me han ofrecido.

Pero siempre acabo por ir un poquito más allá, me gusta acabar lo emprezado. Mi plan era hacer yo solo esta parte del camino y dejarlo todo tal y como quiero. Pero me voy haciendo mayor y a veces tengo la sensación de que en cada cosa que no he hecho, en cada cosa que no he dicho, se me ha ido la verdadera vida. Esa que de la que uno se arrepiente de no haber vivido.

Aunque también pienso que si todo sale bien, seré uno entre un millón de esos de los que cambian el destino de miles de personas.

Y de eso si que me hubiera arrepentido, no haberlo intentado.

Sigo.

Seguiré hasta que el alma aguante. No tengo derecho a quejarme sabiendo como y a quién puede ayudar todo esto.



Cada día se me hace más difícil renunciar a esa otra vida que pude haber tenido y que no quise tener. O no supe.

jueves, 8 de marzo de 2018

El silencio habitado (un beso de esos)


Mi vida es un sucio caos. Un cuarto trastero donde las buenas intenciones conviven con el fracaso y la esperanza de algo mejor, de que siempre existe la posibilidad de que un giro inesperado de los acontecimientos abra todas las puertas que han estado siempre cerradas.

Esta entrada era completamente distinta. Supongo que borrar y reescribir es sólo otra forma más de entender la vida. Y yo soy así, siempre abriendo caminos nuevos, dejando atrás lo que no me llena, buscando aquello que realmente valga la pena. Siendo fiel a quien me es fiel, llevando hasta el límite mi fe en el ser humano.

O al menos me digo eso a mí mismo cuando todo afuera me dice que "quizá sí", sólo "quizá sí"...

No sé hacia dónde acabaré yendo y si llegaré a buen puerto cuando esto funcione.

Sólo sé que me temo que tendré que buscar en otros labios ese beso que era nuestro, que estaba ahí para llevarnos en volandas a una bonita vejez, rodeados de libros y perros, perdidos el uno del otro, volviendo a casa para reconciliarnos con las luciérnagas que revolotean en mi estómago cuando sé que aún existes en algún lugar al que no llegan las arañas.

Sé también que un día la vida se me perderá y no tendré más remedio que formar parte de ese olvido al que somos tan propensos. Me pregunto si alguien más, a parte de mi familia, me recordará y con qué intensidad. No es que me importe, sólo es curiosidad.

Me gusta aquella frase (se la oí a Steve Jobs pero debe de ser de otro) que dice que si vives cada día como si fuera el último, un día estarás en lo cierto. Y últimamente pienso en eso y en lo contrario... que si no disfrutas de la vida, un día será demasiado tarde.

Como siempre me estoy enrollando demasiado

lunes, 5 de marzo de 2018

¿Qué nos deparará el futuro?

Hace un año

No tengo muchas ganas de hablar. El Mobile World Congress fue una fastidio. Le digo a todo el mundo que fue maravilloso y que todos estaba encantado de mi proyecto y que querían invertir en él y... pero me cansé un montón, iba de un lado para otro, yo creo que en centro de vigilancia de cámaras de la feria decían "mira, ya está ese tipo otra vez aquí dando vueltas. No le quites el ojo de encima". Pero básicamente iba despistado y me ponía a hablar con cualquiera y me daba igual todo. No soporto el exceso y en la feria había mucho traje de más de doscientos euros y mucho lujo y mucho pavellón exclusivo.

En el fondo son directivos de escuelas de negocio, si no exisitieran los teléfonos móviles montarían una feria de otra cosa y harían lo mismo pero sobre esa otra cosa. No creo que ninguno de ellos le dé valor a lo que realmente merecen la pena. Igual simplifico, pero creo que el mundo se va por el desagüe cuando se gasta tantísimo dinero en algo tan supérfluo. Ya está, ya lo he dicho.

Me fui a visitar pavellones pequeños, estuve hablando con un señor mayor que hace enchufes. Su hija me miraba como diciendo, "papá, éste es un muerto de hambre, estás perdiendo el tiempo", pero el hombre fue muy amable y aprendí bastante de él. Luego me lo encontré por el pasillo y me saludó, lo que me dio a entender que en realidad los chinos no nos ven a los occidentales como todos iguales, algo de lo que no estaba seguro.

Luego estuve hablando con la técnica de la generalitat que me metió en la feria a precio de vagabundo y le estuve hablando un buen rato hasta que me di cuenta de que no me estaba escuchando, así que le dije cuatro idioteces para comprobar si realmente me estaba escuchando y no, no lo estaba.

Conocí gente interesante, un sueco llamado Pontus y un chino americano de nombre impronunciable que va a hacer un negociazo muy pronto y dos ugandeses que eran más espabilados que diez occidentales juntos y una maltesa con apellido polaco, y una italiana con apellido italiano, y un señor de Naciones Unidas y poco más.

El viernes me entrevisté con el delegado de la Generalitat en Silicon Valley. Es más espabilado que diez de los ugandeses que conocí en la feria juntos. Siempre me da buenos consejos, pero en realidad, es de los que piesan que soy un desastre y que la Generalitat nunca recuperará lo poco que ha invertido en mí. Pero se equivoca.

Sé que se equivoca.

Últimamente tengo miedo a morirme de repente. No sé. Creo que es influenciado por las noticias, pero empiezo a pensar que tengo que cuidar mi salud mucho más de lo que lo hago.

No me gustaría dejar este mundo sin mi proyecto acabado.

Espero vivir aún muchos años.

Pero no descarto que, con lo desastre que soy, lo deje todo a medio hacer.

lunes, 26 de febrero de 2018

Conocer a Bill Gates


Una vez hice un trato. Han pasado diez años y no podría decir si el resultado fue un desastre o lo que me llevó a tener una vida más o menos interesante. Lo bueno y lo malo son, en realidad, lo mismo, la misma jodida mierda. Todos acabaremos muriendo, algunos tendrán la suerte de vivir muchos años en los que añorar cuando eran jóvenes y pudieron hacer cosas que ahora no pueden hacer.

Reconozco que yo empiezo a pensar eso. Dentro de poco cumplo años. Maldita sea, soy una versión vieja de algo que fue un último modelo, ni siquiera soy un clásico. Soy como uno de esos coches a los que no se les repara porque no merece la pena, no sabes si quedan piezas, o si el precio del arreglo será mayor que el valor del coche.

Maldita sea, debería estar cuidándome y no partiéndome la cara. Creo que como mucho me quedan cinco años buenos, siete a lo sumo. Espero que todo vaya bien porque si no voy a acabar como uno de esos que deben vivir de la beneficencia.

Los tratos son, casi siempre, una apuesta. Un contrato es algo más formal, algo a lo que acudir cuando todos quieren ganar más de lo que le pertenece, pero un trato es un acuerdo entre dos personas, entre dos seres humanos, entre dos miradas.

Y yo ahora soy más de trueques, de cumplir sueños a base de cumplir sueños.

De hacer lo que se quiera hacer antes de que sea demasiado tarde.

No sé cuándo vamos a morir, pero me gustaría no arrepentirme de cosas. Sobre todo, de las que no hice.