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lunes, 21 de diciembre de 2015

La verdad sobre moriría por ella.



Supongo que las cosas son como son y que eso es suficiente mientras no tenga dudas. Pero a veces me quedo sin respuestas en cuanto surgen las preguntas, no porque no tenga claro quién soy y hacia dónde voy, sino porque sé de sobras que no soy quien digo ser ni voy hacia donde realmente quiero ir.

Quizá en el proceso de mentir a los demás, en la coartada que construí para justificar la huida hacia adelante en la que he convertido mi vida, acabé por mentirme demasiado bien a mí mismo. 

Y cuando más se miente uno, más difícil es volver atrás. 

Tal vez la edad tenga que ver con todo esto: con plantearme si quiero seguir convertido en este personaje y empezar a desenredarlo todo, reunir a quienes mantengo en esta fantasía que he creado, y tratar de hacer el menor daño posible. Creo que va a ser difícil.

No sé si al final, ese yo que quiere desmantelarlo todo, no es, en realidad, otro personaje que quiere usurpar el lugar del que empieza a ser viejo y a estar cansado; si en realidad, no soy más que una sucesión de personajes que van naciendo dentro de mí a la espera de su oportunidad, de que un día reflexione acerca de quién soy en realidad y qué hago aquí, para aprovechar ese momento de debilidad y destronar al que creí ser, el que quería ser.

En cualquier caso, esos personajes, todos los que he sido o he creído ser, conservan cierta melancolía por no haber sabido mantenerte a mi lado. Y aunque en lo más profundo de mí sé que hubiéramos sido dos animales salvajes compitiendo por un mismo territorio, sigo teniendo la esperanza de que al menos uno de esos que he sido, soy o seré, hubiese tenido la cualidad de encontrar un punto intermedio, un equilibrio, en el que pudiéramos convivir.

Supongo que eso ya no tiene su espacio, que esta sucesión de versiones de mí mismo es como si estuviera mejorando una y otra vez el programa de un ordenador obsoleto, que en el fondo, la oportunidad pasó y lo hizo para siempre. 

Me gustaría creer que un día seré alguien que ya no quiera ser otro alguien, o que por lo menos, no lo desee para retroceder en el tiempo y cambiar aquellos cinco minutos que bastaron para desterrar de mí a aquél a quien querías.

Pero he de ser realista, después de todos estos años, sigo escribiendo todos los días el mismo post en el mismo blog.

Como una profecía autocumplida, otro (que también soy yo) reemplazará a otro yo que pierde poco a poco la esperanza.

Porque este blog va de eso, aunque no lo parezca.

De esperanza.

Como el campesino que espera la lluvia tras meses de sequía.

Y ya van años...



martes, 25 de agosto de 2015

Ya sé que me repito, que soy un idiota, un ñoño, un empalagoso que sólo habla de lo imposible que le resulta vivir sin ti, pero sigue viviendo con sus proyectos, sus medias verdades y todas sus mentiras. Bueno, voy a serte sincero, yo sospecho que lo nuestro es imposible, no porque seamos inconmpatibles, sino porque de algún modo me he acostumbrado a que las cosas se acaben. Y ¿sabes? me cuesta creer que pueda sobrevivir a que lo nuestro se acabara. No en plan "ay, dios mío, ¿qué voy a hacer?" sino más bien a que no seré el mismo. Y me gusta el que soy, entre otras cosas, porque eres posible.


Me gustaría que un día me llegaran las palabras adecuadas, no este desboque de ideas que no saben ser frases, que sólo tienden a algo imposible de explicar, que no saben ser tan humanas como somos tú y yo, que no se cuentan como se cuenta un cuento porque para que salgan por la puerta se le acaban por podar las magias que uno tiene dentro. Supongo que para escribir con mayúsculas se debe tener un talento que no me alcanza con lo que tengo, y luego, claro, está eso de convertirlo todo en un oficio.

Y tener suerte.

Y tener padrinos.

Y algo que contar, crear una obra completa, no sé. Creo que a uno la vida se le pasa tratando de convertir el deseo en su trabajo, y que mientras eso ocurre, uno acaba por trabajar para pagar lo necesario para seguir teniendo sueños a los que recurrir cuando la realidad no le alcance.

Pero he de confesarte un secreto. Hay días en que lo daría todo por saber que algo de lo que escribo consigue emocionarte. A veces sueño que la piel se te eriza sólo con pensar que lo he escrito para ti. No sabría cómo describirlo; quizá sabemos que en otro universo paralelo tú y yo vivimos juntos, dormimos todas las noches en la misma cama, leemos los mismos libros, despertamos sin ganas de ser otros distintos a los que somos.

Y yo no tengo sueños de ser escritor porque yo sólo lo quiero ser para que tú, de algún modo, me quieras.