
No se puede querer a quien no se quiere. No se puede no querer a quien se quiere. Ese es el origen y el sentido del tiempo. Es por eso que morimos. Y es por eso precisamente por lo que nunca hemos de temer a la muerte.
Ella y el tiempo son la misma la misma incógnita, ella y la distancia, la misma cicatriz mal cauterizada, la misma semilla mal enterrada, el mismo paso mal dado, la misma pesadilla todas las noches.
