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lunes, 4 de enero de 2021

Casi, casi nada


 

Bueno, ya sabes, este año va a ser el año. Empecé a escribir la novela y ya llevo unas páginas. Esta vez no la voy a ir publicando en el blog, sólo la voy a ir dejando en borrador y a tratar de pasarla a limpio. Está hecha de escenas y de entrelazar tres generaciones de una misma familia. Supongo que es más de lo mismo y mi forma de escribir no es demasiado efectiva, pero lo estoy intentando y creo que lo estoy logrando a veces. Ahora no me obsesiono con dejarla escena acabada, sólo la dejo ahí y se que crece por sí sola, soy capaz de verla más grande unos días más tarde y la reescribo hasta que crece como la maleza y luego la podo como a un seto.

Y sigue creciendo.

Me gustan los personajes menos el protagonista. Es una búsqueda del origen del malestar interno de alguien y de cómo cambia su percepción de la vida y de la fatalidad, de cómo nos enfrentamos a ella y de cómo las cosas cambian si cambias la forma en la que las enfrentas y de que eso es casi imposible, porque vivimos bajo influencias que ni siquiera somos capaces de imaginar porque no son nuestras, son vivencias de otras personas que absorbemos nada más nacer, de sus odios y sus resquemores, de sus deseos no cumplidos y de algo que nos envuelve y lo transmite. No sé cómo ha nacido esa idea en mí, pero lo cierto es que hace años que mi vida me ha llevado a buscar ahí, en ese recóndito no tiempo ni espacio en el que habitamos en realidad.

Un simulacro de vida el que no somos nadie ni tenemos un futuro y el pasado que creemos tener tampoco es nuestro hasta que un día algo nos hace decantarnos hacia ese otro lado de las cosas, donde la materia es cada vez más ligera hasta desaparecer en el vacío de los átomos, en el que sólo tenemos conciencia de ser y por tanto, de que somos 99,99% un hueco abarrotado de nanocometas en forma de electrones y protones, y del que la mayoría de ellos pertenecen al oxígeno y al hidrógeno del agua. Un agua que no nos pertenece, que se evapora y que nos inunda, que está en equilibrio con el vapor de agua que nos envuelve...

... dicen que el agua llegó de las estrellas a bordo de asteroides y cometas, que es algo así como lo más extraterrestre que existe en este planeta. Dicen también que se comporta de forma poco común y distinta a como debería comportarse, que si diriges malos pensamientos lo sabe y si le aplicas otros más armónicos ella se vuelve más predispuesta a mejorar su entorno, como un gato que ronronea cuando lo acaricias y que huye de ti si te molesta.

Supongo que la historia no tendrá mucho sentido al principio e irá tomando forma. Me hubiera gustado subirla al blog para que fueras leyéndola, pero no sé si sigues entrando. Sé que que todo ha cambiado y me resisto a saberme una molestia e intentar ser lo que no soy. He llegado a una edad en la que lo que se me da mejor es meter la pata. Falta de reflejos o perdido en un rol que ya no me corresponde, qué se yo, pero el caso es que no quiero resultar patético, aunque a veces pienso que ya es demasiado tarde, porque el caso es que los últimos diez años no he dejado ni un solo día de pensar en que llegaría el día en el que todo se acabaría y que lo haría precisamente como imagino que acabará sucediendo. Siempre he tenido la sensación de que he gastado mis siete vidas en esperar trenes en la estación equivocada, en la que no paraba el expreso a Boulder, o que si, maldita sea, por casualidad parase no tenía el billete adecuado.

¿Sabes? Estuve tentado de llamar Arturo a mi personaje principal, y convertirlo en un antihéroe, pero luego pensé que quizá debía salir de eso, y escribir algo serio, algo a lo que Bandini hubiera aspirado escribir algún día.

A veces me da la sensación de que sólo soy yo cuando te escribo y que todo esto me ha salvado la vida al tiempo que la ha dejado sin tiempo, y que en el fondo, lo que espero no es que el tren se detenga y yo pueda subirme, si no que pare y tu bajes, aunque luego vuelvas a subir y te vayas a California y yo me quede en Colorado.

Por cierto, mi novela tiene una parte americana, en la que visito Coney Island y pasan cosas.




martes, 8 de diciembre de 2020

Es por ti


 

No sé si sabré escribir en tercera persona. Tengo la sensación de que si no he escrito nunca nada largo es porque sé que no sé escribir como si fuera otro el que lo cuenta. Me pregunto si alguna duda similara a esa me ha confundido algún otro aspecto de mi vida y si eso es lo que me ha llevado a vivir esta vida a medias que vivo, haciendo demasiadas cosas al mismo tiempo y sin acabar de apostarlo todo por alguna en detrimento de las otras.

Creo que algunas veces lo intenté y no pude. Aunque aparentara que lo daba todo por un proyecto siempre tenía en la cabeza otro tan ambicioso o más; cuando he acabado de presentar una patente ya tengo otra que la supera. Y no soy malo en ello. He ganado premios de innovación y he viajado por medio mundo invitado por organizaciones y universidades importantes: Silicon Valley, Zurich... reuniones con UCLA, MIT, proyectos con universidades y grandes empresas europeas... Mi agente de patentes dice que las mías son muy buenas, algunas alcanzaron la máxima valoración por parte de los evaluadores de agencia europea de patentes, e incluso una la catalogaron de estratégica para los intereses de la Unión Europea; pero sigo sintiendo esa voz que me dice que no soy lo suficientemente bueno en nada. 

Me gustaría saber escribir esa historia en la que le doy forma a todo eso que llevo años imaginando. No sé si tendré tiempo, si debí empezar a escribirla hace años, el caso es que sólo hace unos meses que la tengo clara y que necesita salir de mí, de que ésta es la historia de mi vida, el porqué estoy aquí, la razón por la que sobreviví al accidente de coche de hace veinticinco años, la histora que debe ser contada a través de mí.

Y claro, tengo miedo a no saber hacerlo. Como en tantas cosas antes, el fracaso es la opción con más opciones y no me siento preparado. 

Hace un año me propuse leer las novelas con más éxito en los últimos años para aprender cómo se abren y cierran subtramas, qué personajes van a estar y dónde va a transcurrir la historia y me di cuenta que ese no era el problema, que mi problema es otro... que apenas sé escribir de forma literaria. Antes pensaba que eso era algo bueno, porque podía expresar las cosas de forma sencilla y directa; pero luego me he ido dando cuenta de que el placer de leer tiene que ver tanto con el lenguaje como con la historia que cuenta.

Que una novela es un cuento que hay que saber contar, una guía de viajes y no un mapa, un diario íntimo y no un currículum. Y creo que todo eso se me ha ido olvidando mientras la historia crecía en mí, la otra parte que soy (o que era) fue perdiendo el contacto con los contadores de historias... y queriendo ser las dos cosas, ahora tengo la sensación de que no soy ninguna de ellas.

Supongo que sólo lo podré saber en cuanto empiece a escribir.

También tengo la sensación de que tengo que escribirla pronto o alguien se me adelantará.




martes, 24 de noviembre de 2020

La historia de cómo te encontré después de más de cien vidas buscándote.




Algunas noches me despierto porque me llama una información desde alguna parte del universo. Hace unos meses fue Spinoza, anoche fue Tesla. 

Todo conforma una idea que hace tiempo que vengo desarrollando, no sé si alguien más en este planeta lo habrá pensado antes y si es así, si habrá puesto el empeño en llegar a ello. Lo cierto es que lentamente va cuajando en forma de texto y cada vez con más frecuencia tengo la sensación de que ese texto era mi misión para esta vida, que a través de esto todo lo que he hecho hasta ahora cobra sentido: este amor infiel por la literatura de aventuras; Stevenson, Verne, García Márquez (sí, el realismo mágico es otra forma de viajar a mundos improbables), los ingratos años de ingeniería, la escuela de narrativa que hay al lado del cementerio de los libros olvidados, los años de investigar con biosensores, las largas noches de inventos portátiles, mi vida (y la usencia de ésta) social, la extraña (que se convirtió en natural) costumbre de escribirte casi todos los días, dar más importancia a lo simbólico que a lo real, los viajes a los confines del mundo y a las personas que conocí en ellos...

Me pregunto qué más tiene que pasar y si llegaré a tiempo de transmitir esto de lo que, probablemente, no tengo nada mío.

Ahora lo sé.

Somos algo que transmite señales a través nuestro.

Electrolitos de una inteligencia superior que nos envuelve como el agua a los peces.

Meros ladrillos de una construcción infinita.

Habitantes de algo llamado Tierra compuesto prácticamente en su totalidad por Agua.

Balbuceando los primeros sonidos articulados de un lenguaje cósmico, cuántico, infinito... con tantas combinaciones como estrellas hay en todas las galaxias de todos los universos.

Esta noche ha sido otra noche de despertar. Habrá otras. Ahora ya sé para qué estaba preparándome, aunque ya lo intuía, desde hoy lo sé.

Gracias por acompañarme en este camino.