sábado, 1 de enero de 2022

Quizá teníais razón

Se acaba el tiempo y yo sigo perdiéndolo. No sé si me lo podré perdonar.



martes, 28 de diciembre de 2021

Hasta que el tiempo nos detenga

 


Tengo la sensación de que queda poco tiempo, que la vida es algo que no da segundas oportunidades aunque creamos que sí lo hace. Nunca seremos lo que pudimos haber sido. Ya no.

Tenía tanto miedo de perderte que me pasaba el tiempo sin ser yo mismo a tu lado. Nunca he sabido ser yo en cualquier circunstancia, siempre he sido el que se suponía que debía ser y eso no deja lugar para ser quien eres. Además, soy muy mal actor, no soy capaz de ser creíble para casi nadie. Yo sé qué se supone qué o quién se supone que debo ser ahora y tampoco soy capaz de volver a ese punto en el que retomar quien de verdad era.

Conocerla fue, quizá, el peor de los destinos que tenía por delante, pero quedarme a su lado todos estos años, en realidad fue una decisión que tomé yo. Ahora me arrepiento.

Uno se arrepiente de cosas a las que ya no puede poner remedio. 

Me pregunto si puedo dejar atrás todo y volver a dejar de darle importancia. Borrar su teléfono. Olvidar su nombre como olvido a veces el de las personas que tengo delante. 

No sé si podré hacerlo o tendré la necesidad de conocer a otra persona que ocupe su lugar si alguna vez decido bajarla del pedestal en el que una vez la puse. No imaginaba que pensaría ni que escribiría sobre ella esta noche. No sé porqué lo hago.

Debe de ser que a uno le asaltan las verdades cuando está pensando en otras cosas que no tienen nada que ver.

Iba a colgar una foto suya de cuando a veces quedábamos con otras parejas.

Ha pasado ya mucho tiempo.

Ahora sé que ella me quería a su manera y que no hubiera podido soportar que me quisiera de la forma en que yo quería que me quisiera y que, en el fondo, es mejor así. Lo mejor fue que me conformara con lo que ella me daba y no más.

A veces, lo mejor, está en lo que echamos de menos o lo nunca tuvimos porque no nos lastra con el peso de los hechos que no tienen remedio, si no con los "pudo haber sido" que nunca fueron que son ligeros como las nubes y que cuando se van, dejan ver el sol de nuevo.

En según que circunstancias vivir de esperanzas es vivir siempre con algo nuevo, con algo que empieza. Y así, hasta el final de los días.





lunes, 20 de diciembre de 2021

De gitanos y cobras

Como si pudiera encontrar otro camino al que ya estoy predestinado aunque yo siga creyendo que lo he elegido yo.

Las cosas no son como esperaba que fuesen. 

Ni yo la persona que creía que era.

Si no otro que se parece a mí, pero no yo porque yo no podría vivir sin ti.




Si todo lo que de verdad importa importase de verdad no trataría de recordarte todos los días sin poder hacerlo. ¿Cómo puede ser tan hondo el agujero en el que se quedan los que no se quedaron?

No sé si hay alguna posibilidad de encontrar lo que no se acaba nunca de perder. 

Echar de menos lo que aún no piensas que se ha ido.

Dormir con los ojos abiertos y soñar que estás soñando y que, al despertar, todo volverá a ser como antes.

Sé que estoy a un átomo de distancia de caer.

El tiempo no tendrá la culpa. Sólo sabrá cosas que ni tú ni yo sabemos.

Que venimos de atrás, de otras vidas, que nos volveremos a ver en otro lugar y con otros nombres.

Y todo estará bien.


 

martes, 14 de diciembre de 2021

Nunca te olvides de no olvidar



No supe seguir después de todo aquello. No sé qué me pasó, sólo sé que intentaba pasar el menos tiempo posible en casa. Dicen que huir nunca es la mejor opción, pero no es verdad. A veces es la única. Huir o quedarte y luchar. Y yo no podía luchar contra algo tan invisible e insoportable como el vacío que había dejado mi padre en nuestras vidas. No sólo en la mía, eso podía sobrellevarlo. Lo que no podía era ver el vacío en las persona que más le querían. No soportaba ver llorar a mi madre, no me gustaba verla débil mientras yo me sentía fuerte, mientras no podía soltar ni una lágrima. 

Yo odiaba a mi padre por morirse de aquella manera. Por irse de repente sin avisar. Por ser buena persona y dejar a todos sin esa buena persona en su vida, por dárnoslo todo y dejarnos ante el abismo de perderlo poco a poco. Sólo tenía quince años, los suficientes como para saber lo que es odiar sin sentido a la persona a la que más has querido, los suficientes como para prometerme a mí mismo que ya no querría nadie más en mi vida, y mucho menos depender de nadie.

Ahora sé que odiar a veces es otra manera de huir. Odiamos y huimos hacia cualquier parte que nos recuerde que el amor se acabó y no volverá. Entiéndeme, no utilizaría nunca la palabra amor para describir eso, pero la verdad es que me importa una mierda lo que piensen los demás. No hay nada peor que olvidar de lo que uno se aleja con todas sus fuerzas, si lo haces acabas perdiéndote. Tan importante como odiar es saber a qué o a quién odias aunque no sepas el porqué. Con suerte, con los años acabarás comprendiéndolo si sobrevives a lo que te espera ahí afuera, porque salir corriendo hacia cualquier otra parte es ir a un lugar desde el que quizá no puedas regresar.



domingo, 21 de noviembre de 2021

1800 Te echo de menos

Bueno, ya sabes, las cosas por aquí se complican. No me imaginaba tener que cargar con todo esto. En parte ahora sé qué tenías que llevar tú a cuestas. Nadie está libre de nada, pero esto a veces me supera. 

Daría todo que fuera para que estuvieras aquí y participar de todo esto. 

En febrero iré a Estados Unidos y empezaré algo allí. Me acuerdo de todo lo que planeamos la campaña de Kickstarter en 2018, cuando estuve en Las Vegas hace dos años, en lo que pudimos hacer y no supimos y yo continuo sin saber cómo.

Todo tiene pinta de que irá bien, aunque no para mí. Yo tenía un camino de vida que desvié para hacer otra cosa que tiene sentido, pero no sé si es mi camino. Bueno, supongo que al final el camino es el que tratamos de recorrer con mayor o menor suerte.



domingo, 7 de noviembre de 2021

Señales



 ¿Se puede se escritor después de los cincuenta sin haber estado relacionado con el mundo editorial? Te diría que no, que es imposible y como mucho podría escribir algo y ya está, que la forma de escribir se pierde como se pierde la memoria, la agilidad, la firmeza de la piel y el pelo... que en realidad uno es más un saco de historias que no tienen nada que contar; que el alma se destensa como una cuerda de un instrumento y de vieja, si se quiere volver a tensar, se acabará rompiendo.

Rotos. No lo sabemos aún pero estamos rotos por dentro casi tanto como por fuera, que no sé qué parte de nuestro ADN se deshilacha como las puntas de los cordones de los zapatos, que por eso nos deshacemos en copias peores de nosotros mismos. Somos personajes rotos de historias que se también se rompen en cada persona que abandona nuestro mundo para no volver.

Pronto yo tampoco estaré. No sé si se acabará el blog mucho antes.

En cualquier caso creo que mantuve la llama encendida aunque fuese la de una vela en la ventana. Quiero creer que mientras siga ardiendo aún quedará un escritor en mí, como un huevo gigante de dinosaurio que nunca llegó a abrirse y se quedó ahí, lo que hubiera podido haber sido, perdido para siempre. Algo vivo y algo muerto al mismo tiempo. 

Me gustó leerte aunque nunca te conociera

miércoles, 3 de noviembre de 2021

Cosas



Todo esto de escribirte en el blog me suena a frivolidad. Las cosas que nunca te dije, las cosas que no te diré, aquí, que es el único lugar en el que escribo. La única página en blanco que sé llenar como prólogo a un vídeo.

Supongo que cada día se hace más grande la grieta y no sé hasta dónde va a acabar creciendo. 

Ahora todo es un hubiera dicho, hubiera cambiado esto por lo otro, pero en realidad no sirve de nada seguir por ese camino. Si todo se acaba, quizá debería acabar aquí, pero creo que en realidad escribirte es otra forma de escribirme a mí mismo tratando de hacerlo a la persona que mejor me conocía. Y eso no me gusta, no debería hacer eso. Hay excusas que no tienen excusa.

Te diré que hoy hemos salido en las noticias, los del pueblo. Nunca salimos en la tele por nada bueno. Esta vez ha sido algo que pone los pelos de punta. Parece mentira que haya personas así y que vivan entre nosotros.

Pocas veces creo que algo merezca la pena de muerte, pero esto sí. Dicen que hay un 1% de la población que es psicópata y que en las zonas de guerra acaban siendo un porcentaje más alto. No sé que les puede haber pasado por la cabeza a alguien así. Hace años, cuando hacía A.T. me comentaron cómo detectar a un psicópata. No es difícil. Reconozco que a veces lo hago. En las entrevistas de trabajo, por ejemplo. 

A veces, cuando imagino la novela y escribo capítulos en mi imaginación, busco el manual de estructuras de personalidad para estereotipar a los personajes. Hay algunos que no pueden ser redondos. Nadie puede meterse en el papel de alguien que tiene una estructura límite. Ya lo intentaron en American Psycho, no sé. Creo que no podemos cambiar quienes somos.

Me hubiese gustado haber escrito la novela para que la hubieras leído. No sé si me atrevo a prometerte escribirla. Tú siempre me decías que yo era de letras, que no sabías qué hacía estudiando ingeniería; y tenías razón. Tomamos decisiones y seguimos con ellas hasta que nos llevan a un callejón sin salida. No sé si acaba siendo demasiado tarde.

A veces pienso que para ti lo fue y yo debería aprender de ello.

Últimamente pienso mucho en eso.

En que tu vida debería haber sido otra. Y me pregunto si yo estoy a tiempo de poder cambiar la mía.


miércoles, 27 de octubre de 2021

Re-todo




Las cosas no andaban bien. Todo lo que había que hacer era estar atento y escuchar para saber que había un lugar proscrito del que no podías salir sin pedir ayuda. Pedir ayuda nunca estuvo en nuestros planes. Creo que era porque nos habían educado así o porque lo habíamos visto en las películas. Hemos aprendido que todos los protagonistas pueden con todo, el camino del héroe, ya sabes. La literatura es diferente, uno puede ser y sentir lo que ocurre en la mente del que cuenta la historia y acaba por saber que, en el fondo, todos somos un poquito iguales, que somos lo que somos pero podíamos haber sido otros con otras circunstancias a nuestro alrededor.

Que somos de plastilina en manos de quienes nos crían, y a la vez de los que los criaron a ellos y así hasta no sé cuántas generaciones. Algo así como la uva de abajo del racimo y la semilla que creará otros... el eslabón de una cadena que crece y se oxida al mismo tiempo, que no tiene principio ni fin. Me hubiera gustado estar a tu lado para sujetar el extremo al que estabas sujeta, estar atento cuando se rompió y haber estado ahí para hacer algo.

Llevo días obsesionado imaginando cómo fueron nuestros primeros pasos juntos. Tú tenías seis años cuando nací. De lo que estoy seguro es que si un bebé piensa al verte pensé que había caído en un lugar inmejorable. Me pregunto si pensaste que yo era tu hermanito pequeño y si quisiste cuidarme siempre, en si eso es una decisión que se toma o es algo que le nace a uno sin que se pueda hacer nada en contra. Si hay miedo o sólo ilusión. 

No sé si puedo seguir con esto. Intuyo que sí puedo, pero siento que no. Ya sólo queda mamá y tal y como están yendo las cosas puede que no siga mucho tiempo sin querer verte. Y entonces me quedaré solo (si no me voy antes). No sé llevar bien la soledad. Pensaba que estaríamos mucho tiempo juntos y no me acostumbro a ello. 

Me hubiera gustado haberme despedido de ti como se merecen los que son algo más que hermanos, pero no imaginaba que te irías al día siguiente. 

Entiendo que somos ese algo que tiene un nombre durante un tiempo y luego ya no. El caso es que me cuesta pronunciar tu nombre. Me cuesta imaginar que ese sonido sigue ahí nombrándote sin que tú no estés.

Son demasiadas cosas que no entiendo. 

Y que creo que no voy a entender nunca.



martes, 26 de octubre de 2021

La entrada que nunca quise escribir

 


No podría. Sé que no podría ir a donde estás y volver. No hay camino de vuelta porque cuando dejas de estar aquí ese aquí desaparece.

No creo que tengamos esta vida para gastarla en sobrevivir. Hay que ir a por ese sueño para el que estamos programados ir a descubrir. Me pregunto cuál sería el tuyo. Si alguna vez lo tuviste y si es así, a cambio de qué lo dejaste ir; si yo tuve algo que ver, si yo tuve la oportunidad de acercártelo de alguna forma.

Me gustaría creer que tenemos otras oportunidades y nos veremos en otra vida, que en el fondo esto no ha acabado, que te has ido y yo sigo aquí por un tiempo más, pero que no es definitivo. Yo también me iré y no importa nada el cómo ni el cuándo, porque en el fondo notar tu ausencia es, en realidad, otra forma de notarte imprescindible a lo largo de los años y también de las vidas que llevamos y nos faltan.

Me gustaría (sé que lo haremos) coincidir en toda la eternidad que nos quede tantas veces como sea posible. Ahora lo sé: eres la alegría, la palabra siempre amable. Creo que por eso notamos más tu falta.

Me queda la oportunidad de hacer las cosas que siempre me dijiste que yo era y no me atrevía a ser. No sé si me entendía o lo hacías demasiado bien. 

Nadie sabe casi nada de uno mismo.

A veces pienso que tú sí tenías esa capacidad.

Me siento extraño escribiéndote aquí. 

Aquí sólo le escribía al otro lado de la tela de araña.





lunes, 18 de octubre de 2021

Samira



Samira tenía los ojos negros y tan grandes que parecía que siempre estuviera mirando las cosas con sorpresa. No es que fuera expresiva, es más, diría que en los dos años que pasó con nosotros, no hizo nada parecido a una mueca. Tampoco sonreía, ni siquiera cuando nuestro padre jugaba a hacerle cosquillas, al menos no con la boca; a veces había una amago de alegría detrás de aquellos ojos tan oscuros, un casi imperceptible brillo al tiempo que los entornaba. Duraba poco, lo que un relámpago, pero a toda la familia se nos llenaba de dicha el resto del día, por eso creo que cuando mi padre murió y, pondría la mano en el fuego, todos lo sentimos un poco por Samira, como si supiéramos que se volvía a cerrar la puerta de la que él sólo había abierto una rendija. Creo que ya nunca volvimos a ver aquél atisbo de felicidad en su cara. Mi padre se llevó casi todo con él. Nunca sabes lo bien que estás hasta que desaparece quien lo hace posible. 

Toni y yo teníamos catorce años, y Samira no debía tener más de cinco. Si antes iba siempre a donde estaba Toni, desde ese día no se separaba de él, como si tuviera miedo que al perderlo de vista también se fuera para siempre. No sé qué había vivido esa niña de pequeña, pero si de algo estoy segura es que fuera lo que fuera, no podía olvidarlo, no quería quedarse sola. Y eso también aprendimos a verlo, quizá yo estaba en otra movida, pero cuando estaba en casa, no podía dejar de ir a donde estuviera ella y darle un abrazo y decirle que todo iba a estar bien. A veces me culpo por no haber notado nada en aquellos momentos en los que la apretaba contra mi pecho, un temblor, un suspiro, una sensación, no sé, algo. 

Antes de la muerte de mi padre, cuando salía de casa Samira venía a la puerta conmigo y me daba la mano para que la llevase fuera, le encantaba bajar a la calle e ir de la mano conmigo a caminar por el barrio, no le importaba dónde. Después, cuando salía con mis amigas, ya no la llevaba conmigo. Al principio me seguía a la puerta y yo le decía que no podía venir, que luego vendría y saldríamos las dos, pero casi siempre se me hacía tarde para ello. Durante un tiempo, siguió viniendo a la puerta cuando intuía que yo iba a salir, pero ya no me daba la mano, se quedaba esperando a que le extendiera yo la mía. Con el paso de los días, y para evitar aquella escena, empecé a salir sigilosamente y sin dar explicaciones a nadie. Toni me dijo que cuando oía la puerta cerrarse, Samira iba corriendo hasta el recibidor, luego volvía a allí donde estuviese, cabizbaja. Seguramente Toni se quedaba con ella un rato, o ella se sentaba a su lado mientras él hacía los deberes. La verdad es que hubo un momento en el que no sabía qué hacer con ella. Si al menos hubiera tenido algo por su parte, lo que fuese, una sonido, un... lo que sea. Toni tampoco sabía qué hacer, pero él era diferente a mí, a él le gustaba el silencio y estar solo con sus libros. En el fondo se hacían el mismo tipo de compañía uno al otro. Les bastaba la presencia del otro para no sentirse completamente solos mientras de puertas adentro se sentían cómodos en su mundo. Y aunque de Toni me imaginaba qué podría haber en él, de Samira no podía saber qué cabía en un vida tan pequeña y tan corta. Quizá fue eso lo que me separó de ella, aunque en el fondo sepa que, en realidad, lo que me alejó fue que yo no podía ser la persona que ella necesitaba que fuera y esa responsabilidad me quemaba. Soy más egoísta de lo que aparento, me importo yo más que nadie, hacer lo que me da la gana, que nadie me controle.

Noté que esa última frase iba dirigida a mí. Me estaba advirtiendo de algo a lo que yo apenas me había asomado y no tenía muy claro si la altura de la posible (y probable) caída merecía arriesgarse. Hasta el día del funeral de Toni, Elena había sido su hermana; su hermana gemela. Bueno, en realidad miento, Elena era una mujer atractiva; eso era indiscutible y cualquier hombre la hubiera visto como yo el primer día que la vi en casa de la abuela de ambos, pero si de algo estoy seguro es que Elena no me vio de la misma forma que yo a ella. No al menos ese día, ni los siguientes. 

¿Sabes? Casi nunca somos capaces de ver nada de nadie. Somos translúcidos, a través nuestro sólo dejamos ver sombras que el otro interpreta en función de lo que está preparado o dispuesto a creer. Por eso obviamos lo peor de algunas personas, por que no somos capaces de imaginar hasta donde están dispuestos a llegar. Nos sorprende el no haber intuido una vez las cosas han pasado, porque algo dentro nuestro lo intuía. Hay que escuchar más a la intuición. Es como si las cosas sucedieran antes de que ocurran y pudiéramos saberlo de alguna forma que no llegamos nunca a dominar.



miércoles, 29 de septiembre de 2021

El último sueño


 

No sé si tiene sentido que siga escribiendo aquí. Entré para que esto de escribir me ayudara a encontrar mi historia. Reconozco que años después escribo mucho peor que antes, me he ido perdiendo poco a poco en un murmullo constante con el que no se llega a ninguna parte. Estos párrafos se ha ido convirtiendo en un pasatiempo cada vez más aburrido. Ya no me nacen las grandes historias que me crecían hace trece años. ¿Qué ha pasado? La inercia, supongo. La vida, creo.

Hoy ha sido otro día más. Me gustaría creer que algún día todo cambiará para mejor, pero creo que no va a ser así. La hermandad de la piedra seguirán llevando todo esto hasta el extremo vital para el que han nacido y para lo que se reúnen. 

Pero tengo la sensación de que hoy, ese otro día más, es en realidad un día menos. Hoy hay un antes y un después en muchas cosas que creía inamovibles. Es uno de esos días que cambian destinos y abren puertas. Sé que es un día corriente, pero también sé que hoy es el primer día hacia el primer día de algo que tiene más o menos sentido.

La vida está ahí fuera. Más allá de lo que vemos con los ojos.

No es aquello de lo que lo esencial es invisible.

Es que todo es en realidad el todo, lo único.

Hoy he comprendido que se atrae lo que se es. Y supongo que dejar este blog es dejar un poco de ser ese que era.

La muerte de mi hermana ha dado otro significado a la muerte. Es algo inmenso y absoluto y es lo peor que me ha pasado nunca. Me ha destruido del todo sin que nadie lo note. Antes de que ella muriese yo ya iba mal, como alguien que se tambalea y le dan un empujón brutal y cae irremediablemente contra el suelo.

Convivir con mi madre en este trance se me hace insoportable y sólo el trabajo me distrae.

Otra vez la inercia.

Daría lo que fuera para volver a ser el hombre que era antes...

... que todo fuera como antes.

Ahora sólo queda empezar de nuevo.



viernes, 24 de septiembre de 2021

Ya no, ya nunca


 

No creo que exista nada que se parezca a algo así. Los días pasan como si fueran irreales, como si no fueran con uno. Hay un salto entre la realidad y lo que uno vive. No sabría muy bien cómo explicarlo. Como si un huevo se hubiera roto, se vaciara y luego se recompusiera hasta tal punto que creyeras que no ha pasado nada y la única prueba de que sí ha ocurrido es la yema y la clara esparcida fuera... A veces parece que nada pasa, pero en realidad sí ha pasado y es imposible volver a lo de antes.

Ya nada es lo de antes y nunca volverá a serlo, pero no como todo eso de que el tiempo es lineal y vamos madurando y vamos quemando etapas a medida que crecemos. Es otra cosa, es algo que no tiene nada que ver con nada. Es la constatación de que hay dos verdades igualmente válidas pero distintas, como si uno se diera cuenta de que el amor es en realidad otra forma de odio, pero sigue siendo amor y dulce y bueno, y todo lo que conoces de ello, pero que si lo partes por la mitad y miras su interior, no.