De alguna manera que no puedo entender cómo, sé que hay personas buenas y que muchas veces sólo hay que detenerse a mirar con interés para darse cuenta de quién lo es y quién no. No creo que las personas se dividan entre buenas personas y malas, pero sí que hay buenas.
Dijo Bono en el funeral de Glen Hansard que todos recuerdan el día en el que lo conocieron. Probablemente era de las personas que no dejaban indiferente. Hay personas que son luz por mucha sombra que lleven dentro. Entran en tu vida y zas! crees en la humanidad un poquito más que antes de que lo hicieran.
Y vuelvo a lo de siempre. Al sentido de la vida. A ser quien quieres ser y lo que la vida te deja que seas. Me hubiese gustado ser Glen Hansard, no fisicamente, claro, sino transmitir lo que él transmitía. Este blog llevó puesto sus canciones, pero en realidad quería llevarlo puesto a él.
Desde que me he enterado de su muerte que estoy llorando. Tenía un año más que yo. Tenía la edad con la que murió mi hermana. Dentro de poco hará cinco años que se fue. La echo de menos aunque sé que si viviera sería un problema constante para ella misma y para los demás. Pero también tengo la esperanza de que hubiese podido cambiar, que hubiese podido recuperar su salud y hubiera estado más cerca de sus hijos. Tener buenas personas cerca mejora la vida aunque la vida no sea más fácil.
Te hace creer en la gente. Y a veces con eso basta.
Dejé de escribir en este blog porque tenía miedo que un día M lo pudiese leer. Me hubiese gustado poder escribir sobre M sin miedo a que pudiese sentir ofendida. Lost in translation.
La hija de M es parecida a mi hermana en muchas cosas que me cuenta. A veces se pueden ver patrones. Todos tenemos la certeza de que tenemos razón y los demás no la tienen, que nuestra forma de vivir es mejor. Supongo que se trata de reafirmar nuestra identidad y nuestro camino en la vida por encima de lo que los demás nos quieran imponer. A mi hermana yo la ví caer como probablemente ella me vio caer a mí. Nadie pudo hacer nada como probablemente nadie puede hacer nada por mí.
Ni por la hija de M.
Somos hijos de nuestras creencias. Tenemos un padre y una madre, pero quien nos da la identidad es la fe en que tenemos razón en lo que hacemos y decimos.
Hace unos días murió Glen Hansard en un accidente de moto. Tenía cincuenta y seis años y un hijo de tres.
No sé si mientras moría fue consciente de todo lo que dejaba atrás, si pudo comprender que su hijo crecería sin él, pero sí con su legado. No sé si alcanzó a pensar en su mujer, en sus padres si los tiene aún, en sus compañeros de grupo, en Marketa... y en todas esas cosas que importaban y en realidad no, y en las cosas que sí importan y que nunca volverán a ser invisibles todos los días.
Recuerdo una frase del protagonista de El ocaso del Samurai, cuando le dice a su suegro emocionado lo importante que es ver crecer a sus hijas como crece el arroz en los campos. Y el suegro le responde que se deje de tonterías.
El caso es que antes de acabar de escribir este post me monté en el coche rojo y en medio de Barcelona se me acercó una libélula roja. Primero por delante y luego apareció al lado de mi ventanilla. Yo no tenía que pasar por ahí ni parar en ese semáforo, pero ocurrió y lo primero que pensé fue ¿existen libéluas tan rojas?" Hubiese jurado que era la primera que veía en mi vida.
Luego pensé que Glen Hansard era pelirrojo y que todo eso era una señal.
¿Qué señal? No lo sé.
¿Mi hermana y él están en el mismo sitio? Se divirtieron haciéndome esto.
Ahora suena "Como si fueras a morir mañana" de Leiva...
Se avecina una buena tormenta.

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