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miércoles, 4 de junio de 2014

Donantes de médula unificados del mundo, siempre hay motivos

Buscaba una canción para completar un texto, uno de esos que ¿sabes? siempre escribo cuando echo de menos echarte de menos. Me había quedado bastante bien, al menos eso creía, y entonces encontré la canción adecuada, pero el vídeo oficial no me gustaba del todo y busqué otro que tuviera más alma.

Y encontré esto.

Y de repente dejé de darle importancia a escribir una y mil veces el mismo post, desde el mismo lugar del corazón del que no quiero salir, o no sé, o no quiero.


miércoles, 19 de febrero de 2014

Dicen...

Llámame ñoño pero este tipo de canciones me gustan... como me gusta "Cómo conocí a vuestra madre" o "Big bang theory". Igual estoy envejeciendo identificándome con personajes que tienen 15 años menos que yo.

Dicen que hoy en día la adolescencia dura hasta los 25 años.

Y que viviremos casi cien años.

Y que no tendremos una sola pareja

Ni un sólo trabajo.




martes, 29 de junio de 2010

Demasiado tiempo ya

He pasado mala noche. No he dormido casi nada, supongo que a medida que van sucediendo las cosas me voy dando cuenta cada vez más de lo ingenuo que soy y he sido.

Creo que he llegado al límite.

martes, 2 de marzo de 2010

No entiendo

Hay días en los que la mejor de las ideas era quedarse en la cama y eso sólo lo sabes casi al final del día. Hay días en los que te sientes como un gusano, en los que te pasan pocas cosas pero tan gordas que no puedes ponerle remedio. Días en los que cuando te preguntan qué tal y respondes para no agobiar a nadie con tus miserias, que bien aún no sabes que eso va a ser el principio de algo devastador.

Menos mal que por la noche siempre puedo hablar tranquilamente, soltar lastre, pensar que el nuevo día va a ser mejor que el que ha pasado. Menos mal que en casa el aullido de los coyotes se oyen lejos y sobre todo, fuera. Menos mal que por la noche se me calma el alma, se siente a salvo, se encuentra protegida.

Ni escribir sabes ya, toni. Ni leer te llama ya.

Antes solía pensar que merecía la vida que llevaba. Ahora sé que no la merezco. Maldita tristeza que te despiertas a medianoche. Deben de ser los medicamentos para el resfriado o este maldito no saber dónde estoy. Lo jodido de todo esto es que esta iba a ser una entrada optimista a pesar de todo, una entrada que dijera que todo iba a ir mejor pero se ha quedado en nube que no va a ninguna parte. Estoy haciendo daño a demasiada gente a mi alrededor y no lo soporto. Mañana no iré a ninguna parte.

viernes, 4 de diciembre de 2009

El silencio


Esta noche he encontrado cierta calma. La calma es como ver pasar las nubes, es como charlar con los amigos más queridos. Es encontrar la novela y sus personajes esperándolo a uno con el regalo de su personalidad mucho más clara. Esta noche mis dedos han investigado teclas y han resuelto viejos y planteado nuevos jeroglíficos.

Esta noche huele a que todo es posible y a que casi todo tiene una continuidad. Pero se me cierran los ojos. Y se me ha gastado la pila. Y me dejaré llevar despacio a través de los sueños hacia el rincón en el que habitas, en el lugar exacto en el que se marca en el mapa tu insólita presencia.

A veces uno se convierte, sin saberlo, en su mejor peor enemigo, en la oveja negra del rebaño de nubes negras. Y algo luminoso crece y crece. Hoy he comprendido algo que no puedo expresar en palabras, algo que mañana seguirá teniendo vigencia, algo que ha madurado en mi interior en el silencio de todos estos días.

martes, 30 de junio de 2009

Mi alma perdida


Te daría mi alma perdida si pudiera pasar sin ella. Pero siempre acabo encontrándola y sabe a noches en blanco, a ojeras y a papeles arrugados en una papelera repleta; y entonces no puedo desprenderme de ella, se enrosca a los pies de mi cama, ronronea, le gusta arañarme las cortinas, tiene mi alma, alma de borrachera. No sé de dónde vino, ni cuánto tiempo estará, ni si un día se subirá a los tejados y no la volveré a ver más. Mi alma perdida se reúne con otras almas como ella en algún lugar que nadie conoce. Lo sé porque a veces ronronea en sueños y se le entiende.

Mi alma puede ser tuya cualquier día de éstos y viceversa, así que cuídamela aunque no vuelva.

miércoles, 27 de mayo de 2009

Todas las paredes


Las tres. No puedo dormir. Me gustaría poder dejarme ir, abandonarme y caer desde muy arriba y muy despacio pero por alguna razón no puedo. Algo permanece encendido dentro de mí, como un disco de vinilo que ya ha acabado y el tocadiscos sigue girando y girando. Me he levantado y casi he acabado una botella que ya estaba abierta, sea lo que sea eso sigue encendido y no le afecta la nocturnidad que contiene el color verde del vidrio. En lugar de hacer algo útil (siempre puedo adelantar el trabajo que mañana no podré empezar hasta que el café inunde de aristas de soja mi torrente sanguíneo pasadas las diez) repito, en lugar de hacer algo útil viajo por blogs recién descubiertos. Escucho canciones. Escucho lamentos. La vida parece mucho más interesante si todo te va de puta pena pero resistes como un héroe cotidiano, me pregunto si quejarse de lo insustancial de la vida es, en realidad, una forma de esconderse de ella, si el ser un verdadero héroe no es aceptar que, en realidad uno está solo. Me pregunto también si los blogs no serán una especie de agujero negro donde las almas en pena encuentran su particular terapia de fracasados anónimos y quién se beneficiará de todas estas horas muertas, palabras hundidas. Topo con uno que me engancha, hurgo en sus entrañas buscando algo a lo que agarrarme. Surgen coincidencias extrañas: algunas canciones repetidas, algún poema, un libro, una ciudad. Decido salir de allí corriendo "No es tu mundo, en ese no hay insomnio ni novelas que nunca acabarás, no hay paredes agrietadas a base de puñetazos. En ese mundo ella no se ha ido, nunca se fue. En ese mundo ella se habría quedado" me digo, pero sé que volveré a pesar de todo. Regreso a las entradas de la tarde. A estas horas tengo ya el alma impermeable, envasada al vacío, la podría tirar al suelo y sonaría como un filete estampándose contra la pared. Intento leer algo ligero, Murakami, Kafka en la orilla, y ni siquiera puedo concentrarme en ello. Cada vez estoy más despierto y me arrepiento de haber sacado a Ulises de la cama para ocuparla yo y luego dejarla desaprovechada. Ulises se habrá ido al sofá. Como a un buen gato le gustan las cajas pero prefiere el sofá. Penélope, en cambio, prefiere la silla del ordenador del piso de arriba, ignoro el porqué. Quizá no exista un porqué.
Poco a poco voy encontrando cierta paz. Es como si al tocadiscos se le fuera acabando las pilas. Una polilla se ha colado por la ventana atraída por la luz. Me duele la espalda. El bicho me susurra al oído que seguirá sin dejarme dormir y se ríe. Me da igual. Me voy a la cama...

Joder, y encima tengo unas ganas terribles de comerme una hamburguesa.

lunes, 25 de mayo de 2009

Ahora que ya no me importa.


A veces escribo sobre algo que ya no siento hasta agotarlo, como una mina a cielo abierto. Vuelo sus paredes, horado pozos insondables, escribo NO PASAR SIN CASCO en cartelones de madera. Y trabajo en turnos de ocho horas... y a base de olvidarla la olvido pero regreso al día siguiente y al levantar una piedra, allí está de nuevo, cada vez en menor cantidad y peso, brillante al sol aunque en bruto, su voz y su nombre que. pulidos con al herramienta palabra, queda lista para soltarla como a un pájaro curado. Cuántas veces habré creído expoliado el mineral de la tierra, cuántas veces habré querido volver de nuevo al hierro y el fuego. Hoy vino el señor ingeniero, han abierto un nuevo pozo en el este y quieren que me traslade allí con la menor brevedad posible. Le he respondido que no puedo aún, que he de acabar este trabajo.
A veces escribo sobre algo que me duele hasta que ya no lo siento, hasta que se me entumecen los dedos de tanto buscarla entre los cubos de basura del alma, como se busca algo valioso tirado por error, antes de que llegue el camión e irremediablemente se pierda para siempre.

A veces sé que crees que aún sangra la herida pero ya no. Tú crees que aún moriría por ella pero ya no. Ahora se ha acabado. Todo tiene su fin. De igual forma que tiene su principio, toda obsesión se diluye con el tiempo.

Ahora sí estoy preparado para terminar la novela.

miércoles, 20 de mayo de 2009

Lo que quise ser


Entonces va y se muere. Yo lo creía eterno. Dicen que a Borges, un día, en una de esas conferencias que a él nunca se supo si le gustaban o le fastidiaban, alguien del público se levantó y le dijo "Vos, maestro, sos inmortal" a lo que Borges le respondió "Vamos, hombre, no sea usted pesimista". Supongo que era ser demasiado optimista que Benedetti venciera a la arena del tiempo, que al acabarse nadie le diera la vuelta y se iniciaran otros ochenta y tantos años de buena y sentida literatura. No voy a decir nada de él. Lo dice todo lo que él escribió, lo que se comprometió, los amigos que frecuentó (por que los amigos se frecuentan como los bares, las plazas, los teatros). Diré sin embargo, que cuando mi tardío amor por la literatura se topó de bruces con él, en la esquina de libros baratos (los llaman de bolsillo porque son para bolsillos con poco fondo) que hay en el segundo piso del FNAC de plaza Cataluña, me cambió la vida. Tal vez me lo encontré al lado de Borges y lo abrí y pensé que valía 5,85 € y que con ese y con otro de Borges de 7,55 € no llegaban en total a los 15,00 €. Nunca supe qué me llevó a comprar "La Tregua" y deshechar a Bryce Echenique que estaba contiguo a Borges aunque sospecho que fueron 1,20 € más o menos. Aquello me cambió la vida, como ya dije. Descubrí a Martín Santomé y cómo no, a Avellaneda. Descubrí que el amor se podía describir en palabras, que el amor es, en realidad, algo extraño que transcurre en el corazón a la vez que entre las sábanas y que lo impregna todo, desde los archivos del primer trimestre al banco del parque donde, quizá, no lo recuerdo, se sentaba a veces Avellaneda. No sabría decir si don Mario era una fuente inagotable de sensibilidad o si utilizaba aquella forma de engarzar palabras con el único fin de seducir a bonitas lectoras. Quise ser él por lo segundo pero quedé hechizado por lo primero. Leerle me situó un poco más en el mundo, es decir, me indujo a pensar que vivir a flor de piel no era ni una elección ni una cruz con la que cargar, leerle dio sentido a mi vida y, por primera vez en mucho tiempo, dejé de sentirme solo.
Durante mucho tiempo he querido ser Benedetti. Pero las palabras son sólo palabras. Muchos me conocéis sólo a través de ellas. Palabras que son como nubes, palabras que se las lleva el viento hasta que se vuelven vapor de agua y dejan de sonar. Durante mucho tiempo el hombre que vive en mí buscó el corazón en el tuyo tratando de reproducir aquel artificio con el que Benedetti se apoderó del mío. Y en esa obsesión he vivido durante todo este tiempo: Queriendo ser Benedetti para poder sentirte dentro de mí y al mismo tiempo detrás de la barrera de mis palabras, de mis miedos. Probablemente este blog no es más que un crímen no premeditado. Un homicidio en primer grado difrazado de diario ¿qué importa eso ahora?
Sé que es mucho pedir pero permitidme que me muera un poquito con la muerte de Benedetti, sólo se puede sentir la alegría más grande si puedes tocar con los dedos la más profunda tristeza. Permítaseme este capricho, luego os dejaré en paz, lo prometo.

"No me avergüenzo de ser sensible" le dijo en cierta ocasión a un amigo. Siempre quise ser Benedetti.

* Y es extraño, porque de pequeño yo quería ser argentino, no uruguayo. Claro, luego llegó Lola de allá (pero esa es otra historia)

lunes, 18 de mayo de 2009

tiempo


Sé que el tiempo no es arena, que no vive encerrado en un reloj de paredes de vidrio, sé que no es un continuo gotear de instantes ni una rueca que gira tejiendo el aire de promesas, y lo sé porque me he dado cuenta de que el tiempo es una distancia; un mar. Sé que tarde o temprano (o más cerca o más lejos) mi cabeza querrá perderse dentro de la niebla, no sé dónde estoy. Naufrago en esta noche. Me hundo despacio, aliviado de ahogarme así, de una vez por todas.

miércoles, 13 de mayo de 2009

El pájaro amnésico


Antes, quiero decir, al principio, viajaba hasta la puerta de su casa. Con Google Earth es fácil volar hasta donde no pueden llegar las manos. Sé que muestra una fotografía hecha hace meses, sé que es plana, impersonal, inanimada, y que es probable que ella no esté allí; pero algo dentro de mí me decía que sí lo estaba. Y yo me acercaba desde arriba con el zoom a las calles que probablemente paseaba, por donde iba a comprar el pan por la mañana, por donde iba de la mano con ese que no soy yo.
Con el tiempo aquella obsesión se fue diluyendo como el azúcar en un té amargo: el terrón de azúcar desaparece pero queda un dulzor que si bien no llega a apagar el sabor áspero del té, lo suaviza. De esa forma dejé de volar hacia su barrio y, quizá fuera casualidad, volví a dormir bien y a pensar en que habían otros lugares hacia los que poder volar. Volé a Anantapur, a Palolem, a Río. Volé mezclándome con las águilas sobre un planeta sin nubes, hice lo que todos hemos hecho alguna vez: busqué mi calle y la encontré limpia, como si la hubiesen maquillado para la foto, ni rastro de papeles por el suelo ni de las cajas que algunos de los vecinos dejan al lado del contenedor. Volar desde mi desordenada habitación fue como abrirle la puerta de su jaula a un pájaro nacido en cautiverio. Extraña libertad aquella con la que no se sabe qué hacer. Hace tiempo que la puerta está abierta y hace tiempo también que no logro reunir el valor para salir. Tengo hambre de las paredes de mi casa, del retumbar de mi voz en las paredes desnudas, de las mil y una noches a las que se han ido acostumbrando a compartir el colchón y las ganas de dormir. Sí, he vuelto a desvelarme por las noches. He vuelto a no querer dormir. Y el bicho ha vuelto a gritar y las botellas vacías a juntarse en un rincón de la cocina. Envejecer debe de ser esto, envejecer es volver siempre al mismo lugar siendo un poco más viejo, un poco más solo.

Si escribiera sólo hasta aquí te estaría engañando. Te haría creer que todo es desesperanza. Pero no es así. Cada día que pasa estoy más cerca de salir volando de la jaula, cada día que pasa siento mucha más curiosidad por lo que hay fuera y planeo una salida negociada al aire que envuelve el mundo, con el aire que es capaz de sostener a esas nubes que no salen en google Earth y que imagino frías en verano y cálidas en invierno. Tal vez mañana, tal vez.

martes, 5 de mayo de 2009

Escorpio


Me pregunto el porqué habrá vuelto el insomnio. A veces pienso que el insomnio es la forma que tiene mi cuerpo de cansarse para que no pueda empezar a la mañana siguiente con la fuerza necesaria para cambiar las cosas. El insomnio que ha vuelto es algo diferente al que había sido. Parece que éste se ha vuelto más estéril y sobre todo, es más fuerte. Es como si el bicho se hubiera fabricado un búnker, como en el cuento de los tres cerditos, ha encontrado el material perfecto para que nada ni nadie derrumbe las paredes que lo protegen. Desde allí, de momento, calla. Trama algo, estoy seguro, adivino su sonrisa sardónica del que sabe que atacará cuando yo esté más débil. Espera el momento; el bicho aguarda con paciencia, se ha vuelto más inteligente. Ahora es mucho más listo que yo. Ahora sabe que tiene todo el tiempo del mundo. Mientras, recibo cartas y destellos, escucho el silencio de una voz que nunca responde y me imagino en sus brazos. Sólo sus brazos me salvan, sólo su voz silenciosa me trae la calma.
Y sueño con ella, me agota no estar a su lado, me trae recuerdos salados y la advertencia de que hay que temer la picadura de los alacranes.

martes, 14 de abril de 2009

El reloj diabólico


A veces me levanto temprano y paseo las aceras. Hoy no ha sido el caso. Hoy me quedé durmiente sin posibilidad de beso que me despertara, ni príncipe ni princesa, ni rueca ni pluma, fue un amanecer deshilachado, turbio, sin sol. Me despertó, eso sí, la voz sin sílabas del despertador, que se había olvidado de cambiar de horario o en su defecto, detener la rotación de la tierra una hora más o menos. Es lo que tienen los ingenios mecánicos, que son más mecánicos que considerados. Me acuerdo del despertador que tenía en casa de mis padres. Antiguo. Tan antiguo que había que darle cuerda cada día. Me acompañó tantos años aquel artilugio que si alguna vez tengo Alzheimer uno de los últimos recuerdos que se borrarán será el de aquel maltrecho mecanismo de relojería que me despertaba por las mañanas con su timbre irritante, con su cara asustada, su bruñido apagado por el mismo tiempo que él contaba. Hoy iré a casa de mis padres y preguntaré por él. A aquel singular reloj lo sustituyó otro más moderno, uno de esos digitales que informan de la hora en medio de la oscuridad, aquel era un ingenio eléctrico, diabólico. Te despertabas en medio de la noche y ahí estaba él, siempre alerta, con la hora al rojo vivo. Desde aquel día que entró en mi vida mi cerebro dejó de dormir plácidamente y empezó a calcular lo que le quedaba aún por dormir y a restar y sumar minutos en medio de la noche. Mi cerebro se convirtió en un obsesivo compulsivo, se volvió celoso, se tornó irascible. Aquel reloj estuvo en la frontera de mi adolescencia y la edad adulta. El tiempo, maldito tiempo, malditos días que faltan y días que quedan, malditos fin de mes y día quince, malditas las siete de la mañana y las 0:00 de la noche. ¿Sabéis qué? Que me cago en el tiempo.

Por cierto, a la una he quedado para comer. Mierda, que llego tarde.

PS: Te echo de menos.

domingo, 5 de abril de 2009

El olvido y otros muebles


Hace días que al cerrar los ojos no puedo recordarla. Se ha desvanecido tal y como había ella había previsto, tal y como lo había planeado. Yo me resistí, claro, y llené las paredes del piso con fotos suyas. Las fotos se fueron cayendo como si un otoño tardío se hubiera apoderado de mi vida, cubriendo el suelo de recuerdos en descomposición. Hasta olvidé que este blog nació para tratar de que perdurase para siempre en el nombre y en la piel de alguien inventado. Ahora ya no queda casi nada, algunas facturas pendientes, algunos resguardos de tarjetas que pasamos en hoteles alguna noche. Se me fueron traspapelando los apuntes del cuento que nunca le escribí y que siempre supe que nunca escribiría para ella. Ella. Ya no moriría por ella.

Si me preguntasen qué es peor, si haberla perdido para siempre o que no la hubiera conocido nunca, no sabría qué contestar. Quizá las dos cosas sean lo peor al mismo tiempo. Quizá si no hubiera entrado por sorpresa en mi vida, me hubiesen ido mejor las cosas, quién sabe. ¿Qué es mejor? Ni siquiera el tiempo lo dirá, se quedará mudo y se encogerá de hombros. No quiero continuar por ahí, sé que me perderé y encontraré su imagen tras una esquina. Y entonces todo volverá a empezar de nuevo y me olvidaré de olvidarla. Mejor dejo a las sirenas sumergirse en las profundidades, será mejor que deje de albergar cualquier esperanza.

Sé que ya no moriría por ella porque no se puede morir dos veces.

jueves, 12 de marzo de 2009

¡Espera a la primavera, Bandini!


Cada día estoy más convencido de que estoy equivocado del todo. Hoy he recibido una carta muy especial de alguien a quien no le mostré el respeto que merecía. Luego Montse me envió el vídeo de Steve Jobs, todo ha empezado a cuadrar pero ante todo me quedo con la idea de que no soy lo bastante valiente como para empezar de nuevo. Empezar de nuevo con la que está cayendo... me dice alguien de otro alguien que ha dejado su trabajo para pensar qué quiere hacer con su vida... con la que está cayendo... pienso. ¿Qué hacer?
Si alguien me preguntara en qué me he estado formando todos estos años le diría que en dos cosas:
¿Depuración de agua? No. He hecho cinco años de escritura en el Ateneu Barcelonès y he cursado siete años de Análisis Transaccional. Me he sometido a cinco años de terapia (análisis transaccional, psicodrama y psicoanálisis) y sigo sin conocerme... o ahora me conozco mejor que nunca y es por eso que las excusas tienen mayor fundamento. No voy a cambiar de tema. Me he formado en dos cosas. ¿Por qué? Por que me gustaban. ¿Soy bueno? Sinceramente, creo que sí lo soy. Quizá no pongo demasiada energía en ello pero no me extraña, estoy agotado, realmente llevo mucho tiempo soportando el fin de la empresa sobre mis hombros. ¿Qué hacer? Buena pregunta. Creo que debería empezar por ganar un poco de descanso. Voy a tomarme unos días libres, libres de verdad, para descansar de todo. Voy a dejar el móvil unos días de lado. Voy a dejar internet unos días desconectado. Luego volveré con decisiones: no sé cuáles, por supuesto, pero serán valientes.
La semana que viene elegiré unos días para estar en soledad. Espero que me echéis de menos.

domingo, 8 de febrero de 2009

Intuiciones de domingo por la mañana antes de coger el coche para ir hacia ninguna parte.


Supongo que al final se acaba haciendo lo que se debía de haber hecho mucho tiempo atrás. Y que todo el tiempo transcurrido es, en realidad, un gran parèntesis en una vida en la que no has sido aquél que estabas destinado a ser. Supongo que hay días en los que tienes la certeza de que tienes que morir para nacer de nuevo y que, tarde o temprano, acabarás haciéndolo y que siempre es mucho mejor temprano.
Supongo que las ganas de empezar de cero son como el 0ºC en el termómetro: puedes estar a cuatro grados y sentir ese frío absoluto que está al otro lado de la línea que marca el cero, puedes intuirlo pero sin cruzar esa tímida frontera.

Supongo que hoy es uno de esos días de intuición. Los domingos por la mañana tienen algo de despertar interior que espera uno que se le pase cuando llegue el lunes. Porque es mucho el desasosiego y mucha la responsabilidad de cambiar aquello que sientes que no forma parte de ti pero que también, por alguna extraña razón, crees que te es imprescindible.

lunes, 15 de diciembre de 2008

Hoy


La una. No puedo dormir. Llevo varios días perdido entre las gotas de lluvia y me deslizo como ellas por los desagües o acabo por ser charco sobre el asfalto. Supongo que perderse es el primer paso para acabar encontrándose. No sé.
La una, no puedo dormir y ha dejado de llover. Tengo frío en los pies pero eso es normal, la calefacción dejó de funcionar hace ya tres horas. Podría ponerme calcetines pero pienso que ponerme calcetines a la una de la mañana es derrochar un par de calcetines. Así que pasaré frío. No es una buena elección, lo sé. Lo mejor sería no pasar frío, lo mejor sería vivir (sentir) el presente pero a veces tengo la sensación de que un prqueño sacrificio evita algo (sin saber qué es ese algo) mañana. Siempre he tenido esa sensación y la he aplicado a a los más simples detalles. Por ejemplo esto de los calcetines.
Quería escribir algo de la novela pero hoy no estoy dentro de mi cuerpo. Hoy (como ya he dicho) estoy en otra parte, como suspendido en el aire, como una nube un día de poco viento, hoy no soy yo del todo. Me falta algo. Algo sencillo y esencial al mismo tiempo. He mirado debajo de la cama por si se me había caído, en un descuido, cualquier cosa que sea mía. He ido a la cocina y he mirado en la nevera por que soy un poco despistado (una vez puse el despertador en el cajón de la fruta y mi psicoanalista me dijo que probablemente quisiera congelar el tiempo, detenerlo). El tío se quedó tan ancho, yo, desde ese día no puedo dejar de sonreír cuando cojo una pieza de fruta o saco las naranjas para hacerme el zumo del desayuno. Luego he entrado en google y he puesto "por favor, que alguien me diga qué estoy buscando" pero no he encontrado nada interesante, sólo la constatación de que hay mucha gente que busca y no encuentra. No sé. Creo que voy a volver a la cama. No creo que encuentre nada pero por lo menos dejaré de buscar.

martes, 2 de diciembre de 2008

Ayer


Anoche la luna era una línea blanca, media circunferencia de luz. Tuve suerte de mirar hacia arriba, tuve suerte de que me guste tanto mirar pasar las nubes en los días de viento y hojarasca. Hoy tengo la suerte de que, entre muchas otras cosas, anoche me llevara la luna en un bolsillo del abrigo.
Hoy es diferente. Hoy la luna es más luna.

Nada de nada

Y sigo sin entender esta tendencia mía de escribir tan sin sentido, de ver juntas palabras que he escrito y que no significan nada, que no son ni mías, que son como abrir un grifo y ver salir el agua sin que sirva ni para lavarse uno las manos. Y sé que no es asunto tuyo pero si por casualidad intuyes que hay una respuesta, que detrás de todo esto hay un sentido, envíame un mensaje dentro de una botella y encomiéndala al viento.

una genuflexión


Me dicen que este blog es triste, que sabe salado, que esconde nubes y puestas de sol por los rincones. Y puede que tengan razón quienes dicen eso, sí, el blog es tan triste como esta tarde de martes que amenaza con precipitarse con rapidez hacia el crepúsculo. A veces me pregunto hasta dónde llegaré, como si este blog fuera un mar y yo lo navegara en un bote a vela y de una sola plaza. Me pregunto si habrá una costa a la que llegar y descansar tranquilo.
Este blog nació de dos acontecimientos: el primero lo dice el título: Moriría por ella, y nace de la desaparición de mi vida de uno de esos pequeños grandes amores a los que luego suelo encadenar un rosario de recuerdos porque, ya lo habréis notado, soy un tipo propenso a la nostalgia; la nostalgia me gusta, me envuelve como una manta, me da calor, me protege del frío día a día, de los hombres-muñecos de nieve, de las estatuas de hielo. Ella llevaba un libro bajo el brazo: la vieja sirena (de José Luís Sampedro). ¿Sabéis? A veces uno se puede enamorar de un personaje de novela. Yo lo hice.
El otro acontecimiento fue ver la película Sin City y su forma de contar la historia. Me acordé de las noches de bares sucios de hace algunos años, cuando aún tenía edad de bordear el peligro sin demasiada conciencia de él. Aquella voz trajo mi otra voz, sacó al bicho de su letargo y el bicho pensó que quizá era el momento de escribir algo juntos. Luego el bicho se durmió en el sofá del tiempo y la historia se fue diluyendo, empecé a tenerle miedo y poco a poco se traspuso entre los papeles que siempre andan por encima de las mesas sobre las que malviven mis objetos cotidianos. El personaje dejó de ser el que era y se convirtió en una sombra; una sombra de la que huyo y que hace que últimamente, pase las noches fuera de casa. Coincidencia, nada rutinario. Cenas, salidas, borracheras inhumanas, esperas, cansancio, dolor de vista, dolor de vida... echando de menos que mis manos exploren una piel desconocida bajo una ropa fastidiosa, ese espacio donde mi alma encuentra su vocación y su condena, ese lugar al que regreso una y otra vez a mi pesar en busca de calor como un heroinómano busca la calma para su sufrimiento en el fondo de una jeringuilla y donde convive con la muerte. A mi vida le hace falta algo que la rasgue y mientras lo espero, se me escurre el tiempo entre los dedos. Soy optimista, espero activamente, saludo al destino con la mano cuando pasa por delante de mí. Soy uno de esos idiotas que creen en la estúpida ley de la atracción y en sus jodidas consecuencias. Bendita ignorancia la mía, las cinco de la tarde, se hace de noche, tengo que hacer planos, mañana voy a Zaragoza.