La única verdad es que este año ha sido un poco la continuación del infierno. Me pregunto si el que viene va a ser igual o peor y sospecho que, dadas las circunstancias y la salud de las personas que me importan, y todo lo que conlleva la falta de inversor en esta fase de mi proyecto, va a ser un año catastrófico.
Me gustaría que las cosas hubieran cambiado, pero como siempre, en el último momento se torcieron.
Esta mañana me escribieron de la fundación del jeque de Dubai para animarme a que me presentara. Es alucinante, pensé. Pero luego me acordé que sólo soy uno más entre centenares de proyectos y que siempre me pasa algo a última hora.
A veces pienso que es mejor así, que de todos los que triunfan yo puedo ser ese otro porcentaje que no lo logran. Vivimos en la falsa creencia que con esfuerzo y constancia se logra cualquier cosa, pero no es cierto. Hay otros factores, como la suerte y los orígenes sociales de donde partes. La meritocracia es algo real sólo cuando tienes acceso a poder presentarte en ciertos círculos. Eso de la igualdad de oportunidades no es así.
Pero eso ya lo sabía.
El mundo está cambiando y el dinero está en manos de unos pocos que juegan. Para ellos todo esto es sólo un juego. Es como en la edad media, los señores feudales siguen siendo señores, los fondos de inversión son los castillos y las escuelas de negocios órdenes.
Todas las estructuras de poder se repiten.
El pez grande se come al chico.
O eres señor o eres vasallo.
No importa lo que hagas o lo que tengas. Puede que vivas una vida sin sobresaltos, que acabes teniendo algo así como un taller de artesanía que trabaje para un señor, pero todo es lo mismo.
Me gusta conducir. Es lo más parecido que conozco a dejarse llevar, a fluir.
Dicen que cuando sueñas que conduces, en realidad estás imaginando en una vida que te lleva y que si sientes angustia al no poder frenar es que en realidad has perdido con control. Pero, ¿quién cree en los sueños?
Llevo años sin soñar que voy en un coche por una carretera. En realidad lo hago todos los días en la vida real, así que ¿por qué debería hacerlo también mientras duermo?
Diría que las cosas han ido más o menos bien, pero en algún momento se torcieron, pero mentiría si dijera eso. Las cosas ya nacieron torcidas. Uno toma malas decisiones y trata de huír hacia adelante. Supongo que debería empezar en otra parte del mundo. Antes se podía hacer. Ahora es más complicado. Ser extranjero pobre es lo peor que se puede ser en este mundo. Esa es la realidad. No importa lo que pienses, es lo que piensan los demás.
Si pienso a largo plazo creo que este blog, en realidad, ha sido sólo un oráculo; una especie de isla a la que regresar a ratos. Siempre he sabido, desde muy niño, que mi habilidad no valía nada. El mundo es complicado y yo nunca lo he sabido leer ni me he sabido adaptar. Ahora ya casi no importa nada. Llega Navidad y todo va a ser más triste.
No sé qué va a pasar. Puede ocurrir cualquier cosa. Lo único que tengo claro es que por muchos años que viva siempre voy a sentirme así de inadaptado a mi entorno al tiempo que mi entorno no me va a aceptar.
Lo disimulo bien. El otro día fui la estrella de una reunión de ingenieros. Al acabar se me acercaron los organizadores y otros ingenieros a pedirme la tarjeta. Por dentro pensaba "vaya mierda todo. He hecho el ridículo" pero se ve que no, me dijeron literalmente que no se cansarían de escucharme. No lo entiendo.
Improviso a cada instante. Nunca sé lo que voy a escribir cuando empiezo una frase. La voy construyendo mientras pienso en algo. Supongo que es por eso que nunca escribiré esa novela y que nunca llegaré a acabar nada del todo. Me siento como un niño en un mundo de adultos al que todavía no he pillado el truco de cómo funciona, mientras aparento que sí lo sé y trato de imitar a los demás.
Sé que todo esto terminará mal si no encuentro mi lugar en el mundo. Me duele haber dejado tantos sueños atrás, haber involucrado a otras personas e ir decepcionándolas poco a poco. Yo ya sabía que no se podía confiar en mí y creo que lo he ido dejando claro a cada paso que he dado. No dejo de ser el personaje de la novela con la que empecé esto de Moriría por ella y como el mismo personaje también ella se irá en un coche rojo bien lejos.
No sé cuánto tiempo podré aguantar esto, ni cuándo llegará mi final. Intuyo que acabaré mal y probablemente solo.
Podría decir que no me importa, pero la verdad es que sí me importa.
Estudié, me saqué una carrera, inventé inventos increíbles y que despertaron la admiración en la meca de los inventos, pero nada más.
La derrota no es no haberlo intentado. La derrota siempre es haberlo hecho y haber perdido.
No me queda más remedio que seguir hacia adelante. La huída acabará cuando mi cuerpo o mi cabeza ya no aguanten.
Hasta entonces seguiré en la brecha, haciendo honor al poema If de Rudyard Kipling
Porque se trata al fin y al cabo de ser el hombre que siempre he querido ser.
A veces creo que todo acabará pronto. Es decir, que despertaré del sueño y todo se habrá acabado. ¿Habrá otra vida en ésta o tendré que morir y encarnarme de nuevo? ¿Qué habré aprendido de mi paso por este planeta? ¿De qué me arrepentiré? ¿De qué diré ha valido la pena? ¿Podré ver a las personas que quise en el más allá o estaré completamente solo como en un primer día de colegio?
Hace tiempo que hace tiempo de casi todo. Los últimos cuatro años han sido un despropósito. Un viaje hacia donde me llevaba el alma del universo, un lugar desde donde ver la matriz de donde sale y está todo.
¿Crees en la magia?
Yo no creía.
Entonces apareció un hilo de tela de araña. Y en el otro extremo estabas tú.
Todo tan sencillo como eso, pero lo que no me di cuenta es que los hilos de tela de araña están hechos para atrapar. Y ahí estoy. Sin querer escapar. Rezando para que un día escribiera algo que llamara tanto tu atención que me dijeras algo.
Y aquí estoy, a veces me siento como uno de esos perros que ladran y persiguen a los coches que pasan por su calle. Sigo corriendo detrás de la estela de polvo que dejas como el que busca viajar al infinito agarrado a la cola de un cometa. Y la verdad no es que me importe, creo que en realidad nací para esta clase de devociones inalcanzables. Al fin y al cabo qué haría el perro con el coche si este se dejara alcanzar por él ¿acaso sabría cómo actuar ante algo tan inesperado?
Al fin y al cabo todo es buscar hasta el día en que morimos.
Hace días que ya no tengo miedo a la muerte. No sabría decir el porqué. Es algo que en cierta forma diría que me inspira.
Pasar por este planeta no era tan divertido como se podía uno imaginar al leer los anuncios de El autopista galáctico.
En realidad yo sólo vine por la chica.
En el fondo, este planeta es igual de gélido que el resto de la galaxia sin ti.
No comprendo cómo puedo seguir viviendo con la certeza de que lo que soy no es una de las múltiples posibilidades de lo que podía haber sido, que los átomos que se reunieron en mí no son más que una maraña de casualidades, que todo lo que somos es, en realidad, un azar ordenado por unas leyes genéticas ambiguas, pero azar al fin y al cabo.
Y no puedo entender que de todo ese azar elevado a la máxima potencia no haya ningún universo donde podamos estar juntos ni tan siquiera un poco. Me pregunto dónde queda la voluntad en todo esto, qué me impide dejarlo todo e ir a donde estás y mirándote a los ojos, las múltiples decisiones de todos nuestros antepasados hasta Eva y Adán, hablaran por mi boca y dijeran que el final del camino estaba aquí, en este viaje y en este millón de átomos contemplando a ese otro millón de átomos buscando una respuesta.
Que el big bang fue el principio del comienzo, que toda esta multitud de galaxias son sólo el residuo necesario para tener la excusa para crear la Vía Láctea y en ella un sol íntimo que diera el calor suficiente a un planeta donde hacer crecer algo con voluntad de moverse de un lado a otro quién sabe si impulsado por un soplo en el alma y en el que hacer brotar miles de seres, durante miles de años, hasta llegar a ser eso que se parece tanto a ti y a mí en este preciso mismo instante.
Cara a cara, mientras me lees. Porque hasta aquí ha llegado la vida y la civilización, sólo queda el vacío insondable de lo que ha de venir.
Mañana habremos desaparecido sin dejar apenas rastro.
Un universo cuajado de bolas de gas ardiendo en un infinito océano a mil trillones de grados bajo cero.
A veces me pregunto qué hice mal. Y probablemente la respuesta es que casi todo, que en el fondo siempre he saboteado todo lo que hago. Puede que ahora lo esté haciendo también, debería estar haciendo otra cosa, pero aquí estoy. Escribiendo sin saber muy bien a quién ni por qué motivo.
Me pierdo en el día a día. Me dejo llevar hasta el cansancio. Hago mil cosas que me parecen eternas y no doy con la palanca necesaria para que todo vaya un poco más deprisa.
Esta noche me he despertado con la sensación de que se había ido la mejor etapa de mi vida. En realidad, hace tiempo de eso, pero hoy me he dado cuenta. Al mirar hacia atrás (creo que lo he soñado) he visto a personas y momentos que nunca volveré a vivir y que será difícil que pueda encontrar algo o a alguien que me despierte esa misma emoción.
Me gustaría creer que todo esto ha tenido un significado, pero creo que no lo tiene. O es tan grande que debería dejarlo todo e intentar comprenderlo aunque sólo sea un poco.
Entonces me acuerdo que hoy hará diez años de algo. Y hay fotos de aquello.
Me da miedo mirar.
Creo que hoy me he dado cuenta, por lo que haya soñado, que lo único que importa es el amor. Ya sé que puede sonar cursi, pero no sé qué he soñado que ahora lo siento así.
Si pudiera viajar en el tiempo iría hacia atrás hasta encontrarme de nuevo contigo, y esta vez no dejaría que ocurriese esa hecatombe en mi vida, esa en la que tú y yo sólo somos amigos que nos vemos de vez en cuando y hablamos de casi todo y nos reímos de nuestras ocurrencias y en la que tú no sabes que escribo por ti desde hace una infinidad y en la que a veces vuelvo a soñar con que un día todo cambie.
Nunca nada cambia. Es la ley inmutable de la distancia. Lo que está bien permanece así durante años. O sucede desde el principio o se queda todo en igual para siempre.
Siempre es una palabra que no me gusta porque cada vez que la digo en voz alta se escapa algo de mi vida, sale volando para no volver jamás.
El caso es que si pudiera vivir de nuevo aquel tiempo tengo la sensación de que las cosas no hubieran salido bien. Llevo años siendo una barca en una tormenta. Nunca me acabo de hundir, pero sigo sin rumbo.
A veces me pregunto qué hubiera sido de mi si te hubiera olvidado y hubiera conocido a otra mujer con la que vivir en pareja. Si hubiera podido sobrevivir a eso a cambio de un mal llevado orden cotidiano, pero entonces recuerdo que en el fondo yo soy uno de esos aventureros que salen sin muchos recursos en pos de El Dorado y les lleva la vida encontrarlo.
Sé que en el fondo eso ha sido una maldición aunque pensara que era una oportunidad.
Dicen que se puede medir la inconsciencia de una empresa por el tamaño del botín al que se aspira.
Me hubiera gustado creer que las cosas iban a salir bien, pero ya sabía que no sería fácil.
Si pudiera viajar en el tiempo hacia atrás quizá dejaría las cosas como están.
Pero tengo claro que si en mi vida, algún día, existe la posibilidad de encontrarnos, viajaría ahora mismo el tiempo hacia adelante para vivir ese momento ahora.
En un universo de infinitas posibilidades yo elegiría una sola.
Pero siguen siendo infinitas y el tiempo se va diluyendo en todas ellas.
A veces las cosas son como tienen que ser y otras son como las dejamos que sean. Este fin de semana he estado obsesionado con un tema raro. Últimamente me obsesiono con todo. Creo que, en el fondo, todos estamos igual. Nuestros cerebros no pueden con tanta información a su disponibilidad. Es algo así como un apocalipsis zombie donde los zombies no se han dado cuenta de que lo son. Creemos estar vivos, pero ya no lo estamos.
Trabajamos para pagar deudas. El uno de cada mes ya debemos la luz, el agua, el colegio de los niños, la ropa, la hipoteca, el coche, internet, el teléfono... en eso consiste ser esclavo. En el miedo a no poder pagar y estar fuera. Fuera de todo.
Me planteo ir a vivir a un pueblo, recoger mi propia agua y colectar mi propia luz. Cada día estoy más cerca y más lejos de todo eso. Me gustaría ser lo suficientemente valiente como para dejarlo todo antes de que ese todo me funda con su rayo de la muerte.
No vivo, no creo, no soy. No existo.
Reconozco que soy un zombie.
Un maldito zombie en busca de otros a quienes morder.
No ha sido fácil llegar hasta aquí. Creí que la herida era profunda y bueno, pensé que iba a morir cuando vi la sangre, pero al cabo de un rato dejó de sangrar. N sujetaba un trapo contra el agujero. Toda la vida siendo precavido y esta vez no lo vi venir, pero quién si iba a imaginar que el muchacho era de ellos y sabía manejar un cuchillo. Lo único que creo que me ha salvado es que no fuera lo suficiente hábil, aunque si he de ser sincero, cuando nuestras miradas se cruzaron creí ver un "no quiero matarte, pero lo necesito". Me estoy volviendo paranoico.
Ahora necesito un cadáver de mi misma complexión al que hacerle una marca como la del cuchillo y poder tirarlo al río. No será fácil. No voy a morir, pero he perdido mucha sangre. No creo que me recupere pronto, o por lo menos, los suficiente como para poder encontrar ese cuerpo que me sustituya aguas abajo.
N se ha quedado conmigo. No sabría decir el porqué, aunque sospecho que es porque no sabe a dónde ir y teme que los que la estaban reteniendo la encuentren si sale a la calle. En casa, bueno, en esta casa en la que hemos entrado, estaremos a salvo unos días. Estuve controlando el barrio y encontré esta casa. Los dueños pasan largas temporadas en otro país. Dejan las persianas arriba y tienen un temporizador de luces que se encienden y se apagan siempre a la misma hora. Espero que no hayan quedado con nadie que se pase a ver el piso de vez en cuando, o que si lo han hecho, éste no se tome demasiado en serio la tarea.
No hay mucha comida en la despensa. Latas de conserva y botes de fruta en confitada, un par de bolsas de legumbres. Podremos estar una semana sin tener que salir de casa. El botiquín tiene suficientes vendas y alcohol para desinfectar y tapar la herida con frecuencia.
Por la noche me sube la fiebre. Es normal. El cuerpo necesita quejarse de toda esta mierda a la que le someto. Me gustaría tener algún calmante de los míos, pero me tengo que contentar con los del botiquín. Afortunadamente uno de los dos sufre de migrañas y tiene algo fuerte. Muy fuerte. Esta noche dormiré sin dolor. Lo necesito. N revisa los cajones para encontrar cosas que nos puedan servir. Y quizá qué vender. Sospecho que sigue enganchada a algo. Eso significa que he de estar alerta. No existe nada ni nadie que pueda contener al animal enjaulado que lleva dentro; y entonces puede pasar cualquier cosa. Y cuando ocurra yo no tendré toda la fuerza que necesite.
Empiezo a pensar que me he equivocado, que no tendría que habérmela jugado por ella. Y menos, ahora que sé que ella era el cebo de una trampa en la que yo era la pieza a cazar. No me dice nada que pueda servir como explicación de por qué ha hecho lo que ha hecho. Nada. Puede que crea que yo lo sé todo y por eso no habla, puede que en realidad crea que había llegado a un buen trato con aquella gente y yo lo he estropeado todo.
Sus ojos sin vida, metaanfetas, el polvo del diablo. No hay nadie que salga con vida de esa mierda. No es común que a su edad alguien caiga en eso, es la droga de los que se quieren suicidar en vida. algo le habrá ocurrido. O algo la ha llevado a eso. Pero ya no importan los motivos. La N que yo conozco ha muerto y no va a resucitar en estas circunstancias.
Le digo que venga y que se quede a mi lado un rato. Hablamos en voz baja para que los vecinos no nos oigan. N no me mira a la cara. Sentados en el suelo para que nadie nos vea a través de las ventanas. La fiebre me hace sudar y a veces tengo escalofríos. Parece que N no se percata de lo segundo. Está a mi lado pero mantiene cierta distancia y evita tocarme, como si tuviera miedo de que tuviese una enfermedad contagiosa.
Hablamos de cosas banales. Cuando le pregunto que quiénes eran esa gente me dice que unos que conoció en verano. Al principio parecían legales, pero luego se enfadaron con ella y la retuvieron. Dice que me conocían y que sabían que ella me conocía a mí. Que les debía una mercancía y que me había quedado su dinero. "Pero nada más, lo juro".
Miente.
Cuando mientes y no sabes mentir estás perdido en todo lo que hagas. Porque un día dirás la verdad y no podrá compensar todas las falsedades que has ido sembrando en la relación con otra persona. Y entonces, aunque creas que esa verdad vale algo, no valdrá nada.
Estoy demasiado débil para irme de allí cuando esté dormida. Tengo miedo a que intente algo mientras duermo, que llame a esa gente. Antes de entrar en el piso observé que se quedaba con el nombre de la calle y el número. Sigue pensando en entregarme. Aún no sé por qué me siguió cuando salimos del bar por la puerta trasera.
El caso es que N solía ser buena gente, pero todos cambiamos con el tiempo y con lo que nos pasa. Somos barro moldeable que absorbe los golpes pero nunca vuelve a recuperar la forma original. Malditas figuras que nunca tendrán una forma definitiva.
A las ocho y media se encienden las luces y permanecemos sentados en el suelo. A las diez se apagan y quedamos completamente a oscuras. N va a buscar una mantas y nos tumbamos en el suelo de una de las habitaciones a dormir.
Dormimos separados. Creo que la fiebre aumenta por la noche porque me despierto de vez en cuando con escalofríos. Sobre las cinco, por fin, la fiebre remite y consigo dormirme.
A veces intento poner una pizca de cordura en todo esto, pero no puedo. Otra noche sin dormir. Siempre es por lo mismo y ya llevo así tres años. No creo que todo esto tenga muchas posibilidades de llegar a algún lado. Me gustaría creer que un día me despertaré y seré normal, no tendré que sujetar a los demonios que llevo dentro. Creo que es genético. Una malformación en algún gen de mierda que en el paleolítico me llevaría a ser un guerrero excepcional, pero no ahora. En esta época esto es todo lo pero que se puede ser. Todo va bien hasta que un día deja de ir bien y saco al monstruo a darse una vuelta cerca de mí. Sé que hay medicación para eso, pero no hay cura del todo. Todo la vida seré lo que soy y no cambiará. Un 99.999% de vida normal y un 0,001% de descontrol y todo se desvanece y a empezar de nuevo.
N me llama por la mañana. Con N todo era distinto. Hace días que no respondo a sus correos y está enfadada. Me pregunta si existe alguna posibilidad de que se solucione algo, pero le digo que probablemente no. Se enfada más y me manda a la mierda. No sé cómo lo hago, pero logro que se calme. Debe de ser cierto eso de que hay que sonreír incluso al hablar por teléfono, aunque el otro no te vea.
Quedamos para mañana en un bar del centro. Dice que lleve la mercancía y ella traerá el dinero. No sé por qué pero no me gusta ese cambio tan rápido del cabreo a quedar para un negocio. En toda historia siempre se detecta un fallo. Es como en las películas: no puede aparecer un personaje de repente que antes no te hayan presentado. Es de primero de narrativa: cuidado con los fallos de guión. Por lo visto hay un negocio y alguien oculto que lo propone.
La propuesta de N tiene un fallo de guión muy grande. Un agujero del tamaño del sol. Me pregunto si debo quedar o no presentarme. O ir con las manos vacías y no ir a por todo hasta que no tenga claro que no es una trampa. Al fin y al cabo N tiene la habilidad de andar siempre con gente peligrosa. No me extrañaría que se hubiera metido en algún lío, o peor aún, que la haya atrapado la policía y esté negociando un trato con ellos.
Ella es capaz. Es de esa clase de personas que no mira a los ojos. Además oí que no está del todo limpia, que ha vuelto a las andadas. No es de esas personas que se vayan de la lengua a las primeras de cambio, pero eso siempre depende del tamaño del lío en el que te hayas metido y de lo que te pueda llegar a caer de condena.
Me vuelve a llamar media hora más tarde. Me da instrucciones. Ahora ya es seguro que es una trampa. Esa media hora ha sido la que han tenido quienes sean para trazar un plan para prepararme una encerrona. Lo siento N, esta vez no puedo ayudarte. Esta vez se trata de ti o de mí. Y tengo demasiado estima a ir a donde quiera como para caer en algo tan burdo.
Le contesto que no sé de qué me está hablando y ella insiste. Me dice que ya lo habíamos hablado y me grita cada vez más nerviosa hasta que se derrumba. Entre sollozos me dice que no le haga eso, que está mal y noto que está a punto de confesar que está en un lío de los gordos.
Sigo en mi papel de no sé nada mientras ella se ahoga entre sollozos. Se me parte el alma pero hago los imposible para que no se me note. La conversación acaba cuando ella cuelga después de un rato en silencio. Se despide de mi con un adiós que suena muy para siempre.
Recuerdo cuando N y yo éramos algo así como novios. Las noches de fiesta y follar como jaguares, yo llegué a quererla más que a nada ni a nadie en el mundo, sólo que no me daba cuenta. Y ella a mí, de eso tampoco me di cuenta.
Si es la policía la que está detrás de la llamada seguro que pasará un montón de años entre rejas. No está hecha para ello; es una princesa con un mal hábito, demasiado libre y demasiado caprichosa para adaptarse a un agujero lleno de alimañas. Si es alguien a quien le debe dinero será peor. No me puedo imaginar qué le harán.
Salgo a la calle. Empieza a hacer frío. En esta época del año oscurece antes y al sol no le da tiempo a calentar ni el asfalto ni las fachadas de los edificios. Por suerte tengo un buen abrigo, regalo de un amable muchacho demasiado confiado. Bajo hasta el centro buscando las calles menos concurridas. Hay dos tipos de personas: las que evitan las calles solitarias y las que se sienten seguros en ellas. Yo soy de los segundos, no tengo miedo porque todos saben que a quien tienen que temer es a mí.
Antes no era así. Como todos el mundo yo también fui joven e ingenuo. Hay quien lleva la malicia desde que nacen. Yo no. Mi proceso fue otro. Que N se fuera fue parte de ese proceso.
Me cago en la puta. Sé que ahora no puedo permitírmelo, no puedo pensar en eso. N se lo ha buscado solita. Si estuviera conmigo o hubiera seguido mis consejos ahora no estaría así. Creo.
Llego al centro y busco un bar al que solíamos ir hace años. Pregunto por el baño y en el mismo pasillo sigue existiendo una puerta que da a una calle trasera. Intento abrirla y no se abre. Creo que no podría abrirla ni en un millón de años.
Me voy a la barra y le digo al camarero que si sabe quién era el antiguo propietario. Me dice que era su padre. Me gusta como ha cambiado el local, le digo. ¿Sabes? era muy amigo de tu padre, le miento. ¿Qué ha sido de él? le pregunto. Me dice que murió hace un par de años y le digo que lo siento de veras, que era un tío legal y le cuento que a veces nos abría la puerta de atrás cuando nos metíamos en líos cuando éramos chavales para escapar de una banda de otro barrio que bajaba al nuestro en busca de pelea.
Noto que le gusta escuchar cosas buenas de su padre. A todo hijo le gusta que le recuerden algo bueno aunque sólo sea por contrastar la realidad de una relación apestosa. Sólo valoramos a los que no están cuando antes no les hacíamos caso, eso es todo. Supongo que es una forma de luchar contra el olvido. Le pido una cerveza y brindo a la salud de la buena gente. Ya ha mordido el anzuelo.
Salgo del bar despidiéndome del dueño por su nombre de pila. Unos metros más allá agarro el teléfono y llamo a N pero no me lo coge.
Tres minutos después me devuelve la llamada.
- Mañana a las cinco en el bar con el toldo verde de la plaza del ayuntamiento, le digo.
- Mañana son las fiestas. Estará todo abarrotado. ¿No sería mejor en otro sitio más tranquilo? me pregunta.
Le cuelgo sin decirle nada más. Vendrá.
En el último momento le cambiaré de bar y la citaré en el que he estado esta tarde, sólo a unos pocos metros del otro con el toldo verde.
Sé que me estoy metiendo en un lío del que si no salgo bien, acabaré muy, pero que muy mal. Ni tan sólo creo que N se merezca una oportunidad por lo que estaba a punto de hacerme.
Pero recordé que a uno le hacen lo que se deja hacer.
Que en el fondo todos somos culpables del mismo delito.
Otra vez no sé nada qué escribir. Siempre hay un hilo de esperanza en todo lo que está por llegar. Ayer tuve una conversación con una bruja, dice que oye voces, que ve cosas, que hay un lugar en el que las cosas son de otra forma y que desde allí habla con lo ancestral. Hasta hace poco todo eso a mí me sonaba a locura, pero eso cambió el febrero de hace cuatro años. Ahora escucho y creo que, dentro de las infinitas posibilidades algo nos hace elegir una de ellas por encima de todas las demás.
Puede que sea el azar, o puede que sí exista una inteligencia que lo abarca todo. Me gustaría creer que esto no es una moda, si no que estamos llegando a un salto evolutivo donde tomemos conciencia y cambiemos el rumbo de la explotación salvaje del planeta.
Me oigo hablar y oigo hablar al niño que fui. No me preguntes el porqué, pero entonces ya sabía que haría todo "esto" y que me dedicaría a lo que me dedico.
Pero volvamos a la bruja. Me dijo cosas mientras yo sonreía. Acertó casi todo, me dio consejos y apenas me dio esperanzas en algunas cosas.
Me habló de alguien que vivía lejos.
Que esperara unos meses.
Que el año que viene sería mejor que éste porque es mi año ocho, que no sé lo que significa pero debe de ser bueno.
Luego yo le hablé de la teoría científica del desdoblamiento del tiempo y de las cosas que suceden en el mismo instante a cientos o miles de kilómetros de distancia, lo de la eternidad contenida en un segundo, le hablé de Coney Island y de que en unos meses puede que viva cerca.
Nada va a ser sencillo, me dijo. Lo que no sabe es que hace cuatro años aprendí a seducir al destino con su lenguaje.
Y que al destino le gustan los retos aunque estén a lejos y lleguen tarde, mientras pone obstáculos aparentemente insalvables.
Como en las novelas de aventuras de Stevenson o de Julio Verne.
Aprendí eso de niño.
Y pase lo que pase. Tenga lo que tenga que pasar, le doy gracias por vivir todo esto.