No creo que lea esta entrada otro día. Mi día a día ha sido una concatenación de días de trabajo sin descanso. Se me ocurrió hacer respiradores y movilicé a más de cincuenta personas. Luego, no nos homologaron los equipos, pero los seguimos entregando igualmente para uso compasivo.
Hablamos con el colegio de médicos y nos dieron las pautas para entregarlos en residencias y hospitales. A día de hoy hemos entregado cincuenta y seis y esta semana entregaremos otros vientiuno.
Ha sido una ilusión ,y una desilusión, y una responsabilidad y una decepción. En cuanto levantaron el confinamiento desaparecieron todos los voluntarios. Así que he sido solidario forzoso durante casi tres semanas, no sé qué pasa, siempre me meto en líos. Este fin de semana, en una serie de televisión, el protagonista dijo algo así como "no hay una buena acción sin su castigo". Sonreí. Es cierto.
Pero sigo haciendo cosas, no me resigno a casi nada. Cuando empiezo a estar demasiado cansado siempre me chuto algo de optimismo. Ahora hay cuatro empresas distintas interesadas en mis tecnologías. Como siempre. Esta vez podría ir en serio, demasiado en serio. Y eso me asusta en cierto modo, al mismo tiempo estoy convencido de que esta vez sí.
No he vuelto a saber nada de ella. Me gustaría escribirle, pero no lo sé. Creo que debo cerrar el capítulo que quedó colgado hace diez años.
Las cosas son como son. Ahora que había alcanzado un punto de equilibrio, de nuevo, plutón se cruza en mi vida. No sé.
Me gustaría creer que existe algo así como un "no destino", algo que nunca nos sucederá por mucho que lo busquemos en contraposición a ese destino que nos alcanzará aunque hagamos todo lo posible por evitarlo.
Moby, aún tengo el CD 18, en el coche... no recuerdo si esta canción está en él, porque me suelo poner a Moby en el ordenador muchas veces.
Bueno, siempre había fantaseado con ello. Que un día me llamaría. Tenía la sensación de que sería inminente.
Así todos los días durante diez años.
Bueno, vivo en el epicentro mundial del coronavirus. No hay ningún lugar de la Tierra con más fallecidos que estas calles por las que camino. De momento vivo en una zona confinada. No nos dejan salir ni entrar a nadie de fuera para que luego vuelva a salir.
Me llamó con eso, me preguntó por cómo estaba la familia.. Hace una semana. Entonces estaba hablando por teléfono con el coordinador de no sé qué biomédico y vi su llamada. Pensé que se había equivocado.
No se la devolví hasta al cabo de unas horas, ya estando solo.
Fue una conversación banal. Nada del otro mundo. Ha pasado demasiado tiempo de todo.
Tiene una niña de diez años.
Le dijo que le dijera Hola y me dijo "hola". Ya sabes, esas cosas tan simples que se complican.
Resulta que vive a menos de la mitad de la distancia que antes nos separaba, y suelo pasar por delante de donde trabaja a veces desde hace unos meses. Hace veinte años yo trabajaba en ese pequeño pueblo
He de confesar que hago esfuerzos para no llamarla con cualquier excusa. Diez años son muchos, pero para mí son menos porque tardé una eternidad en entender que debía pasar página o me quedaría ahí para siempre.
Su voz y su forma de hablar me devolvieron a algo que no recordaba, a una versión de mí que me gustaba, seguro de que estaba con la persona con la que, probablemente, más me he entendido en toda mi vida y con la que no podía llegar a ninguna parte.
Imagino que está con alguien pero no pregunté.
Tenía que haberlo hecho pero no lo hice por no romperme.
Porque sé que de algún modo u otro me hubiera agrietado hasta partirme un día de éstos.
El aislamiento es mi mejor remedio para todo esto. Trabajo de sol a sol para fabricar unos equipos que nadie me va a agradecer hacerlos.
A veces me gustaría ser otra persona, ser otra clase de hombre capaz de hacer cosas que no soy capaz de hacer.
Me pregunto por qué me llamó y si había algo que esperaba de mí
Siempre se espera algo de alguien, supongo.
Fue como hablar con quien dejaste de hablar hace poco pero consciente que habían sido diez años.
Esta tarde me he mensajeado con mi socia de Philadelphia (que vive en Washington). Sigue todo adelante. Me ha dado por pensar que un día viviríamos allí. Los tres.
En realidad lo había pensado ya antes.
No sé. Supongo que desvarío. Sigo siendo un imbécil.
Dicen que el mundo ya no volverá a ser como antes. Esa es la lección supongo.
Que nada vuelve a ser igual después de una hecatombe.
Recuerdo haber leído El país de las últimas cosas, de Paul Auster en donde un americano sobrevivía en una Europa destruida y empobrecida sin poder volver a Estados Unidos.
Era cuando yo era yo, y leía, y tenía un poco de tranquilidad.
Antes de internet y de la locura de la velocidad de estos últimos años.
Y entonces ella llama y yo no puedo dejar de ser aquél hombre de hace una eternidad.
Como si todo este tiempo que ha pasado desde entonces necesitara este cierre de paréntesis.
Aunque sospecho que esta vez las cosas podían haber sido de otra forma.
Es cierto que llevo días sin escribir. No tengo tiempo. Anoche me dormí cenando, no podía ni masticar de lo cansado que estaba. Llevamos casi diez días trabajando en un respirador de emergencia para cuando las urgencias de los hospitales se queden sin respiradores y los médicos tengan que elegir entre quien tendrá una oportunidad y quién no.
El proyecto lo empezaron otros y yo me añadí al poco. En unas horas ya estaba llevando una parte de proyecto donde íbamos a crear una red de voluntarios por todo el país, añadiendo talleres, particulares, técnicos... con la idea de crear cientos de mini-fábricas donde construir miles de equipos diarios.
Siempre me había preguntado el porqué de que acabara trabajando de ingeniero y haber creado una empresa de tecnologías más o menos futuristas de biosensores. Supongo que mi yo del pasado tenía claro que un día llegaría algo así. No sé.
Esta mañana salíamos en un periódico digital de cierto corte político, con el que ni siquiera me identifico porque yo no me identifico ni con mi DNI, en el que el vídeo que lo acompaña está plagado de voces que, con la euforia, hacían comentarios... alguno haciéndose el graciosillo, que ni siquiera ha estado en el grupo.
En unas horas, los medios del lado contrario acabarán por aprovecharlo, seguramente, para poner otro ladrillo más en el muro de los que dividen unos de otros.
Da igual, seguiremos en marcha. Pondremos al mal tiempo buena cara y aguantaremos el desprestigio, mientras milenials que le dan a un botón para hacer cintas de plástico en una impresora 3D a los que les pega una portada DIN A4 transparente salen en todos los medios como unos tecnólogos de la hostia. Que no le quito mérito, espero que se entienda, todo ponemos nuestro granito de arena.
Así que he decidido que aceptaré la oferta para trabajar con los fondos de Estados Unidos y si al final tengo que irme allí, lo haré... si es que el mundo que quedará lo permite y si sigue en pie la propuesta, claro. Ojalá pueda desarrollar esto cerca de los míos, lo intentaré.
Siento escalofríos al ver la frivolidad y la insustancia de la sociedad en la que vivo, en los medios de entretenimiento y en lo difícil que será cambiar este papel couché eterno, este gran reality en el que somos parte del atrezzo, la gran masa, poco más que carne de cañón. Mi gran decepción de estos tiempos es ver de qué estaba hecho y en la poca importancia que le daba a esa frivolidad.
Me gustaría creer que, tarde o temprano, íbamos a despertar de esa Babel, de aquella Metrópolis de Fritz Lang
Pero no lo íbamos a hacer.
No íbamos a despertar.
Seguramente exagero, como siempre, pero el caso es que ahora mismo me invade el desánimo.
Ayer tuve la reunión que sé que cambiará mi vida para bien.
No ha sido fácil, aunque a veces creo que todo lo ha sido demasiado. Tuve que recorrer medio mundo, cambiar mi forma de ver las cosas, aprender otros idiomas, viajar solo a lugares que nunca antes hubiera imaginado. Que alguien de un pueblo pequeño, hijo y nieto de emigrantes tuviera la oportunidad de llegar a este punto es, sinceramente, mérito de mis antepasados. Que mis padres apostaran por mi educación, que yo tratara de no decepcionarles; que me perdiera y me encontrara, que me dijeran tú no vales y yo lo creyera hasta que dejé de hacerlo porque tuve quien me susurrara al oído "¿y por qué no?".
A veces pienso que la vida es una carrera en la que el público te grita que no puedes, y no es injusto.
No recuerdo dónde leí eso de "la vida no te pregunta si quieres ser fuerte".
Confieso que todos estos años mi concepto de fortaleza ha ido cambiando. Todo empezó con el poema "If" de Rudyard Kipling, hace casi diez años.
Siempre seré débil a los ojos de los que miden la fortaleza por sus métodos. Siempre ofenderá mi forma de ser a quienes quieren que seas de otra forma. Sé que volveré a caerme y que volveré a levantarme más convencido de lo que hago a pesar de ser cada día más viejo y tener menos oportunidades a priori.
No puedo cambiar el mundo, pero puedo seguir mi propio camino.
Ayer, la persona que asesoró a la persona más poderosa del mundo me dijo que me representaría a mí y a mi tecnlogía. Se abren a mí todas las puertas que habían estado cerradas durante todos estos años. Todas las importantes. Es como si el Badalona jugara la seminfinales de Champions o algo parecido.
Sé que todo ahora depende de mi.
Sospecho que todo lo que he hecho hasta ahora me ha hecho más resistente, más consciente, más felxible. Algo así como un entrenamiento para lo que ha de venir.
Todo se hace pequeño, demasiado pequeño para ser verdad.
Si me hubieran dicho hace tan sólo unos meses que estaría haciendo lo que estoy haciendo ahora no sabría exactamente qué decir. Puede que no lo creyera, que mirara hacia otro lado como quien no quiere la cosa. Diría "estás loco".
Diría "¿no lo ves? estás sugestionado".
Pero ahí está todo. A un metro de distancia. Casi tocándolo con la punta de los dedos.
Sabiendo que todo por lo que he soñado estaba ahí, tras la bruma.
Tiene que ser así. No creo que todo esto sea la realidad ni que acabe aquí. El universo tiene demasiados años y demasiado espacio como para que estemos cabalgando sobre la única línea temporal y física de algo con tantos sextillones de posibilidades. Ni tan siquiera sé si existe esa cifra o debería hacer mención ya al infinito, pero en todo caso, son tantas que soy incapaz de imaginar un 10 elevado a tantos unos seguidos de ceros.
En este universo en el que tú y yo estamos sobre la misma piel de este planeta rodeados de agua por todas partes, estoy seguro que el destino es el que nos llama. Que si es verdad eso de que el pasado y el futuro coexisten, ya estamos en otra parte, sintiendo la brisa en la cara en un muelle sobre un océano, oyendo sonar música de carrusel, puede que incluso viendo caer al sol a cámara lenta, quizá buscando el agujero negro que nos absorbe hacia el otro lado de nuestra historia.
Porque si las etapas tienen un final, detrás del agujero negro tiene que haber un océano de luz, con olas y todo, un cementerio de estrellas incandescentes como si de un cementerio de elefantes se tratara, al que van a vivir eternamente en un tiempo sin principio ni fin, en algo tan grande que sólo puede soñarse cuando se está profundamente dormido porque si se pudiera imaginar despierto no podríamos soportar tanta inmensidad.
Increíblemente bien. Todos se acordaban de mí. Natalia me dio un abrazo. Mi cordón umbilical con el destino se alegró sinceramente de verme. Cuando se refería a empresas con potencial me miraba a los ojos y me señalaba a mí. Delante de todos.
Me dijo que debíamos quedar para hacer un café. ¿Quién de mi barrio imaginaría que yo, el hijo de Antonio, un día se tomaría un café con un asesor personal del presidente de los Estados Unidos como si fuéramos amigos?
Y todo cobró sentido. Mi vida, los años de sacrificio, mi modo de ver las cosas, los años rotos y la soledad a conciencia.
Mañana presento el proyecto a la organización de hubs tecnológicos de Estados Unidos. Y eso está bien, porque hace dos semanas lo presenté a los hubs de Pittsburg, Miami, Philadelphia, Atlanta y Toronto y no sólo pasé el corte, si no que el sábado ya tengo la primera reunión con el centro tecnológico de Salt Lake City.
Supongo que estoy en el lugar en el que quería estar desde que empecé todo esto, y eso me hace estar orgulloso y al mismo tiempo me llega en un momento complicado porque tras la muerte de mi padre y mi madre delicada de salud tengo la sensación de que no puedo irme ahora.
Por otro lado, si dejo pasar la oportunidad, ésta no se volverá a presentar.
Son casi las seis de la tarde y no tengo hecha la presentación que haré mañana. ¿Es posible desear algo durante mucho tiempo y cuando llega el momento no tenerlo claro? ¿O sólo es miedo a que las cosas sucedan y que tu vida cambie para siempre?
¿Cuánto tiempo viviré para saber qué hubiera sido si...?
Hace unos días cerré la puerta al fondo de inversión de Nueva York. Se enfadaron mucho conmigo. Ni eran de Nueva York ni eran lo que decían ser. Sé que ahora buscan otro proyecto alternativo al mío. Necesitan tanto un proyecto como yo la inversión. Diría que mas.
El caso es que estos días están siendo para mí algo confusos porque las cosas no son como yo había querido, pero ahora son así.
El martes que viene voy a una reunión con una empresa farmacéutica que tienen un serio problema y con mi tecnología se la solucionamos. Sería un proyecto a dos años y me solucionaría muchas cosas pero al mismo tiempo me impediría irme donde quisiera.
A veces pienso que mi vida es así, y que en parte he boicoteado hasta ahora todo lo que me ha entrado porque no quería dejar a mis padres solos, como si en el fondo, me sintiera responsable de ellos. Dicen que los hijos pequeños tenemos ese rol, estoy empezando a creer que es cierto. A cambio, ellos me han visto fracasar y no se han sentido orgullosos de mí.
Por lo que, en el fondo, todos hemos salido perdiendo.
Supongo que ahora que tengo casi cincuenta años es demasiado tarde para darse cuenta, pero al mismo tiempo tengo los suficientes conocimientos para hacer las cosas bien. Es cierto que empecé tarde. Ahora la gente emprende antes, pero hace veinte años no era igual.
Y bueno, supongo que quería que llegaras a aquí, a éste párrafo que tiene que ver con esa fotografía de un viaje en tren, cuando todavía alguien era capaz de confiar en alguien. No sé, esa imagen me da la sensación del total abandono en el otro, siempre pensé que las cosas iban a ser así. Cuando era niño y bajaba a la calle a jugar con el balón y llegaba exhausto a la puerta del edificio donde vivía. Aquel no poder con el alma de tanto cansancio, la felicidad de las endorfinas recorriendo mi joven cuerpo, llegar a casa y encontrarme a mis padres, sin apenas distracciones.
Imagino que la felicidad es ese estado de ánimo en el que ya no hay que luchar por casi nada. Reconozco que tuve una infancia bonita, en un barrio bonito rodeado de gente no demasiado conflictiva. El colegio fue otra cosa, pero casi todo se lleva mejor cuando no se tiene la personalidad desarrollada del todo. Luego fue más difícil.
Nunca he tenido las cosas claras, como si la vida pudiera tener varios capítulos en los que cada uno es una vida distinta. Es decir, que uno puede vivir muchas veces la misma vida y cuando se acaba se puede subir en otra desde el inicio.
Me hubiera gustado poder estar en esa en la que tú y yo nos conocíamos, en la que el hilo de tela de araña que va desde tu casa a la mía sí existe.
Hoy no voy a hablar de átomos ni moléculas, ni de pensamiento ni de conciencia.
A veces tengo la sensación de que si hubiera tenido la suficiente fuerza de voluntad me hubiera plantado en la puerta de tu casa, pero ahora sé que eso no era posible.
Y ahora, que llegado a este punto de mi vida en el que, bueno, ya sabes, todo va a ser menos esperanza y más pelear contra los achaques de la edad, y tendremos menos fuerza para superarlos todos, me gustaría tener esa última oportunidad en la que las cosas salen bien.
Y saber que todo, en el fondo, fue por algo que mereció la pena.
Hoy he sabido de ti después de mucho tiempo. Creí que habías desaparecido para no volver, que te habías reformado o algo parecido, que tenías un marido e hijos, un trabajo de los que no se toman precauciones por si un día te pegan un balazo, pero imagino que era otra tapadera, que todos somos débiles o nos creemos demasiado listos
¿Recuerdas? Abríamos telediarios, teníamos la puerta abierta en los mejores restaurantes y nos invitaban al set de regatas regadas de champán; teníamos el mundo a nuestros pies y estábamos dispuestos a pisarlo con fuerza, my darling, ¿por qué tuviste que joderlo todo? Pensé que no me harías sentir nunca culpable de haberte dejado entrar en mi mundo.
Había visto morir a muchos, es ley de vida, nunca das lo suficiente para que se te vaya un cliente y no regrese nunca, pero todos tenemos sueños y casi todos están por encima de nuestras posibilidades. Eso duele y yo tengo la medicina.
El día que te vi llegar sabía que te ibas a enganchar fácilmente. Reconozco que lo pensé dos veces, pero yo siempre he sido el malo y eso es lo tengo que ser, uno busca dinero pero también el poder que da tener algo que todos quieren, comprar y vender quimeras que muchos están buscando con toda su alma... y temen perderla cuando creen que la han encontrado. Eso es el poder: prometer que todo va a ir bien y que tú eres el que lo garantiza.
Contigo era distinto. Era con quien compartir la cima, ganar esta vez, tú eras mi alma gemela, mi lugar en el mundo a pesar de saber que no lo eras, la voz que hacía que no apretara el gatillo, la cordura, la luz, la alegría, la fe, el pasaporte para ser alguien normal o al menos sentirlo de vez en cuando.
Se te ha llevado un dolor malo, nunca hubiera dejado que te pasara conmigo. Te reunirás con muchos de los que fueron o aparentaron ser nuestros amigos. No te lloraré porque sabes que no sé llorar, y lo sentiré de la forma que sé sentir, es decir, de ninguna.
Pero hoy he pensado mucho en ti y en mi; en lo que fuimos.
Puede que las cosas no acaben siendo como había predicho la bruja. Las brujas no siempre aciertan. A veces la realidad también se equivoca y acabamos por pertenecer a un destino que no era el nuestro.
A veces un mal menor acaba convirtiéndose en la mejor de las soluciones.
Como si en verdad el futuro no estuviera escrito y tuviéramos la posibilidad de cambiarlo.
Como si existiera una brecha por la que salirse y llegar a otra parte.
A algún lugar en el que nadie nos juzgara y pudiéramos ser siempre nosotros mismos.
Ser cualquiera, estar con quien quieres, vivir como te dé la gana.
Quizá la bruja no tuviera razón intencionadamente. Es decir, que al decir lo que dijo provocara en mí el deseo de escapar a eso a lo que según ella estaba predestinado.
Pero, ¿quién soy yo para desafiar al tiempo?
¿Quién soy yo para modificar el plan maestro de los dioses?
¿Acaso no va de eso, resumiendo, la historia de la humanidad? ¿Un desafío constante a lo que creemos que es ineludible?
Hoy, cuando esa parte de mí que está ligada al polvo de estrellas de esta galaxia, cuando alojado en mi muñeca un átomo sintió el vértigo de su gemelo entrando en contacto, a años luz de aquí, c con la gaseosa superficie de una estrella muerta hace más de una eternidad, supe que siempre morimos antes de tiempo.
Que nos espera un vacío lleno de vacíos.
Que nunca encontraremos nuestro lugar en el universo porque somos universo.
Hace tiempo que entiendo que esta vida está en un momento de cambio, en un abrir las puertas y salir hacia algún lugar distinto al que estoy ahora. Cambiar las cosas no son fáciles, en realidad nada es fácil. Uno no puede recorrer dos caminos al mismo tiempo aunque quiera. A veces, es mejor dejar ir mientras se espera.
Y mientras espero, sé que vivirás en otro lugar, con otro hombre, tendrás esa casa con jardín que tanto deseabas y un perro que será tu mejor amigo. Al fin y al cabo los sueños se cumplen. Los dos lo sabíamos cuando la casualidad en forma de destino nos dejó el uno en la orilla del otro.
Tan diferentes y tan almas gemelas, la media naranja perfecta y la media de otra que se parecía tanto a la original que casi las juntamos.
Imagino que hace mil millones de años de eso, una milésima de segundo en la edad del universo, si en realidad si el tiempo tuviera sentido. Tú no te acuerdas de aquel rincón del tiempo en el que nos conocimos para luego convertimos en pura energía y diluirnos en el cosmos con un hasta luego, pero yo a veces sí que lo hago. Si te he de ser sincero, he hecho de mi vida de ese recordar y esperar a que los átomos vuelvan a juntarse en estas dos conciencias que ahora somos, tan cerca el uno del otro que podríamos tocarnos con sólo suprimir un pedazo de distancia.
Ahora vivimos en el mismo planeta otra vez. Al mismo tiempo. ¿Sabes cuál era la probabilidad de que eso sucediera?
Supongo que tendré que escribir esa novela en la que tú y yo viajamos por mil vidas hasta reencontrarnos. La llevo en la cabeza, o en otra parte del cuerpo (que es casi lo mismo) desde hace tanto tiempo que la podría escribir de mil maneras distintas y siempre sería la misma.
Entiéndelo, ¿qué probabilidad había de que tú fueras tú y yo fuese yo, orbitando alrededor de esta pequeña estrella, tratando de no dejar escapar más átomos de nuestro cuerpo para seguir siendo lo más parecido a nosotros?
Me gustaría creer que algún día nos encontraremos o que estaremos lo suficientemente cerca para que un átomo tuyo se encuentre con otro mío y se entrelacen aunque sea sólo un instante.
Al fin y al cabo en un espacio tiempo de infinitas posibilidades yo quise vivir ésta en la que eres mi certeza.
Me dice un buen amigo escritor que debería dejar lo que hago y ponerme a escribir esa novela que llevo tanto tiempo aplazando, como si eso fuera fácil. Como si yo escribiera bien o pudiera crear algo que mereciese la pena.
Si me hubieran preguntado de pequeño qué me gustaría ser, hubiera contestado sin pensarlo que escritor. Creo que ya lo he explicado alguna que otra vez en el blog, pero Julio Verne era para mí, una especie de semi-dios, porque era capaz de combinar aventuras con avances tecnológicos en sus novelas. De todos las infinitas probabilidades que tenía entonces, hubiera escogido esa, la de hablar sobre un mundo mejor, ciencia-ficción, lugares lejanos... aventuras, centros tecnológicos, hacerme amigo de científicos, visitar ferias de inventores, viajar por medio mundo... vamos, que podría decirse que soy lo que aspiraba a ser un hombre de finales del siglo XIX.
Técnicamente he cumplido mis sueños de niño. Mi vida es la que quería que fuese cuando pasaba horas leyendo a Stevenson, pero sobre todo a Julio Verne durante todas aquellas tardes y noches de mi infancia. Claro que solían ser hombres solteros y sin hijos a edad avanzada, pero siempre tenían un sobrino que era del que se enamoraba la chica y eso también parece ser que se ha cumplido.
Me imagino que dentro de mi realidad he vivido en uno de los universos probables que más se acerca, dentro de mis posibilidades, a la que hubiera querido entonces.
A veces, cuando de vez en cuando, me envían esos vídeos de "tú eres el dueño de tu destino" o "el poder de la mente subconsciente" o "visualiza y conseguirás" que ahora están tan de moda en mi entorno, pienso que son ganas de querer cambiar las cosas sin el esfuerzo necesario para transformar tu realidad, ya sea estudiando o tratando de mejorar cualidades personales, pero he de confesar que, después de descubrir que mi realidad tiene que ver con lo que, probablemente, imaginaba de niño, no sé qué pensar.
Confieso que en los últimos años he intentado indagar sobre ello y, como muchos otros, he intentado "cambiar" mi futuro inmediato con técnicas difícilmente explicables. También he de decir que las coincidencias entre lo que he deseado y lo que ha ocurrido me ha llevado a plantearme si no existirá una fuerza universal que pueda aliarse con nuestros deseos.
Me pregunto qué más deseo el niño y el adolescente, el joven y el adulto que he sido y fui. Y en qué momento se rompe la cadena del deseo, o cuán infelices somos al conquistar nuestros deseos, o qué responsabilidades comporta todo eso, si no hubiera sido más fácil no haber deseado nada o querer sólo ser lo más feliz que pudiera.
Aquella infancia aislada con libros, imaginar mundos, el ir al colegio sin saber muy bien para qué, el tener la sensación de ser más adulto que el resto, la desproporción entre lo que soy y lo que aparento ser, el sentirme extraño y el ser tan normal como saben ser los niños que intentar interpretar un papel que no les corresponde y no atinan a encontrar el tono y medida adecuadas para no sobreactuar.
Mi adolescencia de borracheras y accidentes.
Mi juventud de borracheras y accidentes más graves.
El corazón roto y recompuesto y vuelto a romper, y recompuesto de nuevo y roto otra vez hasta cansarse.
Querer ser alguien y seguir años después en la brecha.
Querer ser nadie.
Andar a pedradas con la luna y llamar a las cosas por su infinito número de nombres que las nombran.
Me pregunto qué querría ser ahora, qué cosa o persona querría ser si pudiera conseguir ser lo que quisiera con sólo imaginarlo, qué tendría mi vida, con quién me gustaría pasar los años de vida que me quedan.
Si cuando me pregunto si valió la pena digo que sí sin dudarlo, si llegar hasta aquí es un sueño hecho realidad, ahora ¿qué?