martes, 24 de mayo de 2022

El principio del principio del fin


 No sé si es mejor escribir hoy o dejarlo pasar. Me gustaría creer que si escribo se irá toda la rabia que llevo dentro. Lo peor de todo es que no sé de dónde viene, y que ha explotado por alguna razón que tampoco conozco. 

Lo cierto es que este fin de semana he tenido la sensación de que estaba corriendo en una dirección que no sé si es la que quería y si vale la pena el camino que hay que recorrer y el lugar al que quiero llegar. He llegado a una edad en la que imaginaba que mi situación personal sería diferente. 

Si lo pienso bien, si reflexiono, es el punto ideal para replantearme todo, no digo que en donde empezar de nuevo, porque no sé si a esta edad se puede empezar de nuevo. Lo que sí sé es que lo que vive dentro de mí me pide hacer otra cosa, porque la que he estado haciendo hasta ahora no ha funcionado demasiado bien.

No soy bueno en lo que estoy haciendo. Ni lo soy ni quiero serlo. Sólo es una huida hacia adelante que lleva a situaciones de más huida hacia adelante. 

Estoy preparando tres patentes más. No sé si es lo que quiero hacer, ni los negocios que van a salir de ahí van a ser otra huida paralela a las otras que ya tengo.

Tengo la sensación que es hora de tomar decisiones. Y que debería tomarlas antes de que me quede totalmente solo.

No sé qué va a pasar. Espero que no sea lo de siempre.

Lo de siempre es ir hacia adelante cargando con todas las consecuencias hacia ese mismo lugar al que no deseo ir.

Por otro lado, me da la sensación de que he ido demasiado lejos para volver.

Seguiremos huyendo hasta que muera. 

Habré desperdiciado la vida que me fue concedida?

O sólo era otra oportunidad entre un millones de otras oportunidades?

Debería priorizar lo que me da miedo priorizar?





miércoles, 11 de mayo de 2022

Si yo fuera tú




Ya sabes, las cosas son así. Una carrera hacia un lugar que no existe. No sé si lo que hago tiene sentido. Ahora creo que no, pero eso tú ya lo sabes. Quiero creer que desde allí donde estás se ve todo más claro, que no tienes que hacer nada más que ser tú misma.

Sigo sin saber cómo empezar las frases, mucho menos las historias, Me gustaría tener esa fuerza interior para acabar las cosas, pero por alguna razón no puedo. Creo que ambos sabes el porqué y se me hace difícil salir de eso. Me pregunto que hubiera sido de mí de haber tenido otra oportunidad, aunque no me quejo. Supongo que podría ser peor. No creo que pueda escribir algo interesante con el lenguaje que manejo. Mientras, la vida se va yendo hasta que llegue un día de no retorno. Imagino que tú pasaste por eso y creo también que yo tuve parte de culpa.

No sé que ocurrirá a partir de ahora. No sé si me estoy equivocando de nuevo. Me gustaría cambiar cosas, no sé si estoy a tiempo para ello.

Ojalá yo fuera tú para poder ver las cosas con la claridad con las que tú las veías.

A mí se me da mal según qué cosas.

Pero como ya he dicho antes: eso tú ya lo sabes.


 

domingo, 3 de abril de 2022

El color de su voz

Me dice que el amor es un lenguaje y que las diferentes formas de querer son como los acentos, me dice que no se acostumbra a esa manera mía de quererla, que hablamos idiomas distintos y que un día uno tendrá que aprender el vocabulario del otro, y si yo seré capaz de acostumbrarme a sus costumbres, a susurrarle con mis manos las palabras precisas que su cuerpo necesita escuchar. 

Conocerla a ella, a mi edad, ha sido algo así como un regalo inesperado que ya no esperaba encontrar. Sé que es la oportunidad que se presenta cuando se ha terminado el blíster de las oportunidades, la razón por la que el corazón aún seguía latiendo contra todo pronóstico, eso de que si existe algo o alguien que mueve los hilos, aún se acuerda de mí.

Cuando ya no quedaban motivos y sólo rutinas, cuando las mañanas se hacían trampolines desde los que saltar a una piscina de agua helada, cuando ya no pensaba que podía volver a querer y sentirme querido, y ese idioma del que ella habla había perdido la capacidad de incorporar nuevas y hermosas palabras, apareció ella para transformar toda la prosa en algo que se parece tanto a la poesía que a veces puedo sentirme vivo. Con miedo a que todo vuelva a ser como antes, pero vivo.

Tengo la intuición de que ahora, por fin sí, tendré la fuerza para ser quien siempre he sido y cambié por ese cúmulo de rutinas que me mantenían en una inercia que me ayudaba a malvivir. Me pregunto por qué hacemos esas cosas, por qué nos convertimos en un personaje al que interpretar y dejamos a un lado a quien realmente somos.



jueves, 10 de febrero de 2022

Sábados por la tarde






Hay personas de las que intuyes que hay un alma hibernando dentro, lo puedes ver si les miras a los ojos. Está ahí, agazapada, esperando su momento, sabiendo que aún es demasiado pronto, que ahí fuera es demasiado peligroso; que debe crecer, ganar fuerza y tamaño, saber ser sigilosa hasta que todo se vuelva más seguro. Hay personas que se pasan la vida siendo el envoltorio de lo que realmente son, que no se atreven a ser lo que están destinados a ser, que se encierran en un personaje menor para no tener que demostrar quienes son, almas viejas en un mundo que no tiene interés.

Vidas de paso que se extinguen sin realmente vivirlas, vidas burbuja, ese instante en el que acabamos de expulsar el aire de nuestros pulmones y los abrimos para que entre aire nuevo. 

Hay personas que te miran desde muy adentro, desde el fondo de una caverna a la que nunca podrás acceder y de la que no la sacarás hasta que ellas quieran. 

Creo que ella era una de esa clase de almas, que sólo esperaba a sentirse segura para empezar a vivir con nosotros. La notabas entrar en la habitación aunque lo hiciera en silencio, lo sabías porque notabas como algo dentro de ella se acercaba a ti para acurrucarse a tu lado desprendiendo un halo de cariño inexplicable y con el que sólo querías corresponder con un abrazo que nos curara a los dos de una herida de la que ninguno de los dos éramos conscientes. 

A veces nos sentábamos juntos a ver los dibujos animados de la televisión y estoy seguro de que era más por estar sentados el uno al lado del otro que por los mismos personajes y sus peripecias. Era la oportunidad de reír junto a alguien que intuías que te comprendía. Era estar en casa sintiéndote en casa.

Creo que sólo pude comprenderlo muchos años después, cuando ya era demasiado tarde, porque se hace tarde sin darnos cuenta hasta que se hace imposible volver a ese punto en el que puedes compartir eso que sientes sin parecer un marciano. 

Si hay algo que deseo es que en el cielo haya tanto amor como el que desprendía su mera presencia y que algún día podamos sentarnos el uno al lado del otro para ver dibujos animados con sofá, manta y merienda. Como si no hubiera pasado nada. 

Como si en verdad hubiera segundas oportunidades.







sábado, 1 de enero de 2022

Quizá teníais razón

Se acaba el tiempo y yo sigo perdiéndolo. No sé si me lo podré perdonar.



martes, 28 de diciembre de 2021

Hasta que el tiempo nos detenga

 


Tengo la sensación de que queda poco tiempo, que la vida es algo que no da segundas oportunidades aunque creamos que sí lo hace. Nunca seremos lo que pudimos haber sido. Ya no.

Tenía tanto miedo de perderte que me pasaba el tiempo sin ser yo mismo a tu lado. Nunca he sabido ser yo en cualquier circunstancia, siempre he sido el que se suponía que debía ser y eso no deja lugar para ser quien eres. Además, soy muy mal actor, no soy capaz de ser creíble para casi nadie. Yo sé qué se supone qué o quién se supone que debo ser ahora y tampoco soy capaz de volver a ese punto en el que retomar quien de verdad era.

Conocerla fue, quizá, el peor de los destinos que tenía por delante, pero quedarme a su lado todos estos años, en realidad fue una decisión que tomé yo. Ahora me arrepiento.

Uno se arrepiente de cosas a las que ya no puede poner remedio. 

Me pregunto si puedo dejar atrás todo y volver a dejar de darle importancia. Borrar su teléfono. Olvidar su nombre como olvido a veces el de las personas que tengo delante. 

No sé si podré hacerlo o tendré la necesidad de conocer a otra persona que ocupe su lugar si alguna vez decido bajarla del pedestal en el que una vez la puse. No imaginaba que pensaría ni que escribiría sobre ella esta noche. No sé porqué lo hago.

Debe de ser que a uno le asaltan las verdades cuando está pensando en otras cosas que no tienen nada que ver.

Iba a colgar una foto suya de cuando a veces quedábamos con otras parejas.

Ha pasado ya mucho tiempo.

Ahora sé que ella me quería a su manera y que no hubiera podido soportar que me quisiera de la forma en que yo quería que me quisiera y que, en el fondo, es mejor así. Lo mejor fue que me conformara con lo que ella me daba y no más.

A veces, lo mejor, está en lo que echamos de menos o lo nunca tuvimos porque no nos lastra con el peso de los hechos que no tienen remedio, si no con los "pudo haber sido" que nunca fueron que son ligeros como las nubes y que cuando se van, dejan ver el sol de nuevo.

En según que circunstancias vivir de esperanzas es vivir siempre con algo nuevo, con algo que empieza. Y así, hasta el final de los días.





lunes, 20 de diciembre de 2021

De gitanos y cobras

Como si pudiera encontrar otro camino al que ya estoy predestinado aunque yo siga creyendo que lo he elegido yo.

Las cosas no son como esperaba que fuesen. 

Ni yo la persona que creía que era.

Si no otro que se parece a mí, pero no yo porque yo no podría vivir sin ti.




Si todo lo que de verdad importa importase de verdad no trataría de recordarte todos los días sin poder hacerlo. ¿Cómo puede ser tan hondo el agujero en el que se quedan los que no se quedaron?

No sé si hay alguna posibilidad de encontrar lo que no se acaba nunca de perder. 

Echar de menos lo que aún no piensas que se ha ido.

Dormir con los ojos abiertos y soñar que estás soñando y que, al despertar, todo volverá a ser como antes.

Sé que estoy a un átomo de distancia de caer.

El tiempo no tendrá la culpa. Sólo sabrá cosas que ni tú ni yo sabemos.

Que venimos de atrás, de otras vidas, que nos volveremos a ver en otro lugar y con otros nombres.

Y todo estará bien.


 

martes, 14 de diciembre de 2021

Nunca te olvides de no olvidar



No supe seguir después de todo aquello. No sé qué me pasó, sólo sé que intentaba pasar el menos tiempo posible en casa. Dicen que huir nunca es la mejor opción, pero no es verdad. A veces es la única. Huir o quedarte y luchar. Y yo no podía luchar contra algo tan invisible e insoportable como el vacío que había dejado mi padre en nuestras vidas. No sólo en la mía, eso podía sobrellevarlo. Lo que no podía era ver el vacío en las persona que más le querían. No soportaba ver llorar a mi madre, no me gustaba verla débil mientras yo me sentía fuerte, mientras no podía soltar ni una lágrima. 

Yo odiaba a mi padre por morirse de aquella manera. Por irse de repente sin avisar. Por ser buena persona y dejar a todos sin esa buena persona en su vida, por dárnoslo todo y dejarnos ante el abismo de perderlo poco a poco. Sólo tenía quince años, los suficientes como para saber lo que es odiar sin sentido a la persona a la que más has querido, los suficientes como para prometerme a mí mismo que ya no querría nadie más en mi vida, y mucho menos depender de nadie.

Ahora sé que odiar a veces es otra manera de huir. Odiamos y huimos hacia cualquier parte que nos recuerde que el amor se acabó y no volverá. Entiéndeme, no utilizaría nunca la palabra amor para describir eso, pero la verdad es que me importa una mierda lo que piensen los demás. No hay nada peor que olvidar de lo que uno se aleja con todas sus fuerzas, si lo haces acabas perdiéndote. Tan importante como odiar es saber a qué o a quién odias aunque no sepas el porqué. Con suerte, con los años acabarás comprendiéndolo si sobrevives a lo que te espera ahí afuera, porque salir corriendo hacia cualquier otra parte es ir a un lugar desde el que quizá no puedas regresar.



domingo, 21 de noviembre de 2021

1800 Te echo de menos

Bueno, ya sabes, las cosas por aquí se complican. No me imaginaba tener que cargar con todo esto. En parte ahora sé qué tenías que llevar tú a cuestas. Nadie está libre de nada, pero esto a veces me supera. 

Daría todo que fuera para que estuvieras aquí y participar de todo esto. 

En febrero iré a Estados Unidos y empezaré algo allí. Me acuerdo de todo lo que planeamos la campaña de Kickstarter en 2018, cuando estuve en Las Vegas hace dos años, en lo que pudimos hacer y no supimos y yo continuo sin saber cómo.

Todo tiene pinta de que irá bien, aunque no para mí. Yo tenía un camino de vida que desvié para hacer otra cosa que tiene sentido, pero no sé si es mi camino. Bueno, supongo que al final el camino es el que tratamos de recorrer con mayor o menor suerte.



domingo, 7 de noviembre de 2021

Señales



 ¿Se puede se escritor después de los cincuenta sin haber estado relacionado con el mundo editorial? Te diría que no, que es imposible y como mucho podría escribir algo y ya está, que la forma de escribir se pierde como se pierde la memoria, la agilidad, la firmeza de la piel y el pelo... que en realidad uno es más un saco de historias que no tienen nada que contar; que el alma se destensa como una cuerda de un instrumento y de vieja, si se quiere volver a tensar, se acabará rompiendo.

Rotos. No lo sabemos aún pero estamos rotos por dentro casi tanto como por fuera, que no sé qué parte de nuestro ADN se deshilacha como las puntas de los cordones de los zapatos, que por eso nos deshacemos en copias peores de nosotros mismos. Somos personajes rotos de historias que se también se rompen en cada persona que abandona nuestro mundo para no volver.

Pronto yo tampoco estaré. No sé si se acabará el blog mucho antes.

En cualquier caso creo que mantuve la llama encendida aunque fuese la de una vela en la ventana. Quiero creer que mientras siga ardiendo aún quedará un escritor en mí, como un huevo gigante de dinosaurio que nunca llegó a abrirse y se quedó ahí, lo que hubiera podido haber sido, perdido para siempre. Algo vivo y algo muerto al mismo tiempo. 

Me gustó leerte aunque nunca te conociera

miércoles, 3 de noviembre de 2021

Cosas



Todo esto de escribirte en el blog me suena a frivolidad. Las cosas que nunca te dije, las cosas que no te diré, aquí, que es el único lugar en el que escribo. La única página en blanco que sé llenar como prólogo a un vídeo.

Supongo que cada día se hace más grande la grieta y no sé hasta dónde va a acabar creciendo. 

Ahora todo es un hubiera dicho, hubiera cambiado esto por lo otro, pero en realidad no sirve de nada seguir por ese camino. Si todo se acaba, quizá debería acabar aquí, pero creo que en realidad escribirte es otra forma de escribirme a mí mismo tratando de hacerlo a la persona que mejor me conocía. Y eso no me gusta, no debería hacer eso. Hay excusas que no tienen excusa.

Te diré que hoy hemos salido en las noticias, los del pueblo. Nunca salimos en la tele por nada bueno. Esta vez ha sido algo que pone los pelos de punta. Parece mentira que haya personas así y que vivan entre nosotros.

Pocas veces creo que algo merezca la pena de muerte, pero esto sí. Dicen que hay un 1% de la población que es psicópata y que en las zonas de guerra acaban siendo un porcentaje más alto. No sé que les puede haber pasado por la cabeza a alguien así. Hace años, cuando hacía A.T. me comentaron cómo detectar a un psicópata. No es difícil. Reconozco que a veces lo hago. En las entrevistas de trabajo, por ejemplo. 

A veces, cuando imagino la novela y escribo capítulos en mi imaginación, busco el manual de estructuras de personalidad para estereotipar a los personajes. Hay algunos que no pueden ser redondos. Nadie puede meterse en el papel de alguien que tiene una estructura límite. Ya lo intentaron en American Psycho, no sé. Creo que no podemos cambiar quienes somos.

Me hubiese gustado haber escrito la novela para que la hubieras leído. No sé si me atrevo a prometerte escribirla. Tú siempre me decías que yo era de letras, que no sabías qué hacía estudiando ingeniería; y tenías razón. Tomamos decisiones y seguimos con ellas hasta que nos llevan a un callejón sin salida. No sé si acaba siendo demasiado tarde.

A veces pienso que para ti lo fue y yo debería aprender de ello.

Últimamente pienso mucho en eso.

En que tu vida debería haber sido otra. Y me pregunto si yo estoy a tiempo de poder cambiar la mía.


miércoles, 27 de octubre de 2021

Re-todo




Las cosas no andaban bien. Todo lo que había que hacer era estar atento y escuchar para saber que había un lugar proscrito del que no podías salir sin pedir ayuda. Pedir ayuda nunca estuvo en nuestros planes. Creo que era porque nos habían educado así o porque lo habíamos visto en las películas. Hemos aprendido que todos los protagonistas pueden con todo, el camino del héroe, ya sabes. La literatura es diferente, uno puede ser y sentir lo que ocurre en la mente del que cuenta la historia y acaba por saber que, en el fondo, todos somos un poquito iguales, que somos lo que somos pero podíamos haber sido otros con otras circunstancias a nuestro alrededor.

Que somos de plastilina en manos de quienes nos crían, y a la vez de los que los criaron a ellos y así hasta no sé cuántas generaciones. Algo así como la uva de abajo del racimo y la semilla que creará otros... el eslabón de una cadena que crece y se oxida al mismo tiempo, que no tiene principio ni fin. Me hubiera gustado estar a tu lado para sujetar el extremo al que estabas sujeta, estar atento cuando se rompió y haber estado ahí para hacer algo.

Llevo días obsesionado imaginando cómo fueron nuestros primeros pasos juntos. Tú tenías seis años cuando nací. De lo que estoy seguro es que si un bebé piensa al verte pensé que había caído en un lugar inmejorable. Me pregunto si pensaste que yo era tu hermanito pequeño y si quisiste cuidarme siempre, en si eso es una decisión que se toma o es algo que le nace a uno sin que se pueda hacer nada en contra. Si hay miedo o sólo ilusión. 

No sé si puedo seguir con esto. Intuyo que sí puedo, pero siento que no. Ya sólo queda mamá y tal y como están yendo las cosas puede que no siga mucho tiempo sin querer verte. Y entonces me quedaré solo (si no me voy antes). No sé llevar bien la soledad. Pensaba que estaríamos mucho tiempo juntos y no me acostumbro a ello. 

Me hubiera gustado haberme despedido de ti como se merecen los que son algo más que hermanos, pero no imaginaba que te irías al día siguiente. 

Entiendo que somos ese algo que tiene un nombre durante un tiempo y luego ya no. El caso es que me cuesta pronunciar tu nombre. Me cuesta imaginar que ese sonido sigue ahí nombrándote sin que tú no estés.

Son demasiadas cosas que no entiendo. 

Y que creo que no voy a entender nunca.