Es cierto que llevo días sin escribir. No tengo tiempo. Anoche me dormí cenando, no podía ni masticar de lo cansado que estaba. Llevamos casi diez días trabajando en un respirador de emergencia para cuando las urgencias de los hospitales se queden sin respiradores y los médicos tengan que elegir entre quien tendrá una oportunidad y quién no.
El proyecto lo empezaron otros y yo me añadí al poco. En unas horas ya estaba llevando una parte de proyecto donde íbamos a crear una red de voluntarios por todo el país, añadiendo talleres, particulares, técnicos... con la idea de crear cientos de mini-fábricas donde construir miles de equipos diarios.
Siempre me había preguntado el porqué de que acabara trabajando de ingeniero y haber creado una empresa de tecnologías más o menos futuristas de biosensores. Supongo que mi yo del pasado tenía claro que un día llegaría algo así. No sé.
Esta mañana salíamos en un periódico digital de cierto corte político, con el que ni siquiera me identifico porque yo no me identifico ni con mi DNI, en el que el vídeo que lo acompaña está plagado de voces que, con la euforia, hacían comentarios... alguno haciéndose el graciosillo, que ni siquiera ha estado en el grupo.
En unas horas, los medios del lado contrario acabarán por aprovecharlo, seguramente, para poner otro ladrillo más en el muro de los que dividen unos de otros.
Da igual, seguiremos en marcha. Pondremos al mal tiempo buena cara y aguantaremos el desprestigio, mientras milenials que le dan a un botón para hacer cintas de plástico en una impresora 3D a los que les pega una portada DIN A4 transparente salen en todos los medios como unos tecnólogos de la hostia. Que no le quito mérito, espero que se entienda, todo ponemos nuestro granito de arena.
Así que he decidido que aceptaré la oferta para trabajar con los fondos de Estados Unidos y si al final tengo que irme allí, lo haré... si es que el mundo que quedará lo permite y si sigue en pie la propuesta, claro. Ojalá pueda desarrollar esto cerca de los míos, lo intentaré.
Siento escalofríos al ver la frivolidad y la insustancia de la sociedad en la que vivo, en los medios de entretenimiento y en lo difícil que será cambiar este papel couché eterno, este gran reality en el que somos parte del atrezzo, la gran masa, poco más que carne de cañón. Mi gran decepción de estos tiempos es ver de qué estaba hecho y en la poca importancia que le daba a esa frivolidad.
Me gustaría creer que, tarde o temprano, íbamos a despertar de esa Babel, de aquella Metrópolis de Fritz Lang
Pero no lo íbamos a hacer.
No íbamos a despertar.
Seguramente exagero, como siempre, pero el caso es que ahora mismo me invade el desánimo.
Ayer tuve la reunión que sé que cambiará mi vida para bien.
No ha sido fácil, aunque a veces creo que todo lo ha sido demasiado. Tuve que recorrer medio mundo, cambiar mi forma de ver las cosas, aprender otros idiomas, viajar solo a lugares que nunca antes hubiera imaginado. Que alguien de un pueblo pequeño, hijo y nieto de emigrantes tuviera la oportunidad de llegar a este punto es, sinceramente, mérito de mis antepasados. Que mis padres apostaran por mi educación, que yo tratara de no decepcionarles; que me perdiera y me encontrara, que me dijeran tú no vales y yo lo creyera hasta que dejé de hacerlo porque tuve quien me susurrara al oído "¿y por qué no?".
A veces pienso que la vida es una carrera en la que el público te grita que no puedes, y no es injusto.
No recuerdo dónde leí eso de "la vida no te pregunta si quieres ser fuerte".
Confieso que todos estos años mi concepto de fortaleza ha ido cambiando. Todo empezó con el poema "If" de Rudyard Kipling, hace casi diez años.
Siempre seré débil a los ojos de los que miden la fortaleza por sus métodos. Siempre ofenderá mi forma de ser a quienes quieren que seas de otra forma. Sé que volveré a caerme y que volveré a levantarme más convencido de lo que hago a pesar de ser cada día más viejo y tener menos oportunidades a priori.
No puedo cambiar el mundo, pero puedo seguir mi propio camino.
Ayer, la persona que asesoró a la persona más poderosa del mundo me dijo que me representaría a mí y a mi tecnlogía. Se abren a mí todas las puertas que habían estado cerradas durante todos estos años. Todas las importantes. Es como si el Badalona jugara la seminfinales de Champions o algo parecido.
Sé que todo ahora depende de mi.
Sospecho que todo lo que he hecho hasta ahora me ha hecho más resistente, más consciente, más felxible. Algo así como un entrenamiento para lo que ha de venir.
Todo se hace pequeño, demasiado pequeño para ser verdad.
Si me hubieran dicho hace tan sólo unos meses que estaría haciendo lo que estoy haciendo ahora no sabría exactamente qué decir. Puede que no lo creyera, que mirara hacia otro lado como quien no quiere la cosa. Diría "estás loco".
Diría "¿no lo ves? estás sugestionado".
Pero ahí está todo. A un metro de distancia. Casi tocándolo con la punta de los dedos.
Sabiendo que todo por lo que he soñado estaba ahí, tras la bruma.
Tiene que ser así. No creo que todo esto sea la realidad ni que acabe aquí. El universo tiene demasiados años y demasiado espacio como para que estemos cabalgando sobre la única línea temporal y física de algo con tantos sextillones de posibilidades. Ni tan siquiera sé si existe esa cifra o debería hacer mención ya al infinito, pero en todo caso, son tantas que soy incapaz de imaginar un 10 elevado a tantos unos seguidos de ceros.
En este universo en el que tú y yo estamos sobre la misma piel de este planeta rodeados de agua por todas partes, estoy seguro que el destino es el que nos llama. Que si es verdad eso de que el pasado y el futuro coexisten, ya estamos en otra parte, sintiendo la brisa en la cara en un muelle sobre un océano, oyendo sonar música de carrusel, puede que incluso viendo caer al sol a cámara lenta, quizá buscando el agujero negro que nos absorbe hacia el otro lado de nuestra historia.
Porque si las etapas tienen un final, detrás del agujero negro tiene que haber un océano de luz, con olas y todo, un cementerio de estrellas incandescentes como si de un cementerio de elefantes se tratara, al que van a vivir eternamente en un tiempo sin principio ni fin, en algo tan grande que sólo puede soñarse cuando se está profundamente dormido porque si se pudiera imaginar despierto no podríamos soportar tanta inmensidad.
Increíblemente bien. Todos se acordaban de mí. Natalia me dio un abrazo. Mi cordón umbilical con el destino se alegró sinceramente de verme. Cuando se refería a empresas con potencial me miraba a los ojos y me señalaba a mí. Delante de todos.
Me dijo que debíamos quedar para hacer un café. ¿Quién de mi barrio imaginaría que yo, el hijo de Antonio, un día se tomaría un café con un asesor personal del presidente de los Estados Unidos como si fuéramos amigos?
Y todo cobró sentido. Mi vida, los años de sacrificio, mi modo de ver las cosas, los años rotos y la soledad a conciencia.
Mañana presento el proyecto a la organización de hubs tecnológicos de Estados Unidos. Y eso está bien, porque hace dos semanas lo presenté a los hubs de Pittsburg, Miami, Philadelphia, Atlanta y Toronto y no sólo pasé el corte, si no que el sábado ya tengo la primera reunión con el centro tecnológico de Salt Lake City.
Supongo que estoy en el lugar en el que quería estar desde que empecé todo esto, y eso me hace estar orgulloso y al mismo tiempo me llega en un momento complicado porque tras la muerte de mi padre y mi madre delicada de salud tengo la sensación de que no puedo irme ahora.
Por otro lado, si dejo pasar la oportunidad, ésta no se volverá a presentar.
Son casi las seis de la tarde y no tengo hecha la presentación que haré mañana. ¿Es posible desear algo durante mucho tiempo y cuando llega el momento no tenerlo claro? ¿O sólo es miedo a que las cosas sucedan y que tu vida cambie para siempre?
¿Cuánto tiempo viviré para saber qué hubiera sido si...?
Hace unos días cerré la puerta al fondo de inversión de Nueva York. Se enfadaron mucho conmigo. Ni eran de Nueva York ni eran lo que decían ser. Sé que ahora buscan otro proyecto alternativo al mío. Necesitan tanto un proyecto como yo la inversión. Diría que mas.
El caso es que estos días están siendo para mí algo confusos porque las cosas no son como yo había querido, pero ahora son así.
El martes que viene voy a una reunión con una empresa farmacéutica que tienen un serio problema y con mi tecnología se la solucionamos. Sería un proyecto a dos años y me solucionaría muchas cosas pero al mismo tiempo me impediría irme donde quisiera.
A veces pienso que mi vida es así, y que en parte he boicoteado hasta ahora todo lo que me ha entrado porque no quería dejar a mis padres solos, como si en el fondo, me sintiera responsable de ellos. Dicen que los hijos pequeños tenemos ese rol, estoy empezando a creer que es cierto. A cambio, ellos me han visto fracasar y no se han sentido orgullosos de mí.
Por lo que, en el fondo, todos hemos salido perdiendo.
Supongo que ahora que tengo casi cincuenta años es demasiado tarde para darse cuenta, pero al mismo tiempo tengo los suficientes conocimientos para hacer las cosas bien. Es cierto que empecé tarde. Ahora la gente emprende antes, pero hace veinte años no era igual.
Y bueno, supongo que quería que llegaras a aquí, a éste párrafo que tiene que ver con esa fotografía de un viaje en tren, cuando todavía alguien era capaz de confiar en alguien. No sé, esa imagen me da la sensación del total abandono en el otro, siempre pensé que las cosas iban a ser así. Cuando era niño y bajaba a la calle a jugar con el balón y llegaba exhausto a la puerta del edificio donde vivía. Aquel no poder con el alma de tanto cansancio, la felicidad de las endorfinas recorriendo mi joven cuerpo, llegar a casa y encontrarme a mis padres, sin apenas distracciones.
Imagino que la felicidad es ese estado de ánimo en el que ya no hay que luchar por casi nada. Reconozco que tuve una infancia bonita, en un barrio bonito rodeado de gente no demasiado conflictiva. El colegio fue otra cosa, pero casi todo se lleva mejor cuando no se tiene la personalidad desarrollada del todo. Luego fue más difícil.
Nunca he tenido las cosas claras, como si la vida pudiera tener varios capítulos en los que cada uno es una vida distinta. Es decir, que uno puede vivir muchas veces la misma vida y cuando se acaba se puede subir en otra desde el inicio.
Me hubiera gustado poder estar en esa en la que tú y yo nos conocíamos, en la que el hilo de tela de araña que va desde tu casa a la mía sí existe.
Hoy no voy a hablar de átomos ni moléculas, ni de pensamiento ni de conciencia.
A veces tengo la sensación de que si hubiera tenido la suficiente fuerza de voluntad me hubiera plantado en la puerta de tu casa, pero ahora sé que eso no era posible.
Y ahora, que llegado a este punto de mi vida en el que, bueno, ya sabes, todo va a ser menos esperanza y más pelear contra los achaques de la edad, y tendremos menos fuerza para superarlos todos, me gustaría tener esa última oportunidad en la que las cosas salen bien.
Y saber que todo, en el fondo, fue por algo que mereció la pena.
Hoy he sabido de ti después de mucho tiempo. Creí que habías desaparecido para no volver, que te habías reformado o algo parecido, que tenías un marido e hijos, un trabajo de los que no se toman precauciones por si un día te pegan un balazo, pero imagino que era otra tapadera, que todos somos débiles o nos creemos demasiado listos
¿Recuerdas? Abríamos telediarios, teníamos la puerta abierta en los mejores restaurantes y nos invitaban al set de regatas regadas de champán; teníamos el mundo a nuestros pies y estábamos dispuestos a pisarlo con fuerza, my darling, ¿por qué tuviste que joderlo todo? Pensé que no me harías sentir nunca culpable de haberte dejado entrar en mi mundo.
Había visto morir a muchos, es ley de vida, nunca das lo suficiente para que se te vaya un cliente y no regrese nunca, pero todos tenemos sueños y casi todos están por encima de nuestras posibilidades. Eso duele y yo tengo la medicina.
El día que te vi llegar sabía que te ibas a enganchar fácilmente. Reconozco que lo pensé dos veces, pero yo siempre he sido el malo y eso es lo tengo que ser, uno busca dinero pero también el poder que da tener algo que todos quieren, comprar y vender quimeras que muchos están buscando con toda su alma... y temen perderla cuando creen que la han encontrado. Eso es el poder: prometer que todo va a ir bien y que tú eres el que lo garantiza.
Contigo era distinto. Era con quien compartir la cima, ganar esta vez, tú eras mi alma gemela, mi lugar en el mundo a pesar de saber que no lo eras, la voz que hacía que no apretara el gatillo, la cordura, la luz, la alegría, la fe, el pasaporte para ser alguien normal o al menos sentirlo de vez en cuando.
Se te ha llevado un dolor malo, nunca hubiera dejado que te pasara conmigo. Te reunirás con muchos de los que fueron o aparentaron ser nuestros amigos. No te lloraré porque sabes que no sé llorar, y lo sentiré de la forma que sé sentir, es decir, de ninguna.
Pero hoy he pensado mucho en ti y en mi; en lo que fuimos.
Puede que las cosas no acaben siendo como había predicho la bruja. Las brujas no siempre aciertan. A veces la realidad también se equivoca y acabamos por pertenecer a un destino que no era el nuestro.
A veces un mal menor acaba convirtiéndose en la mejor de las soluciones.
Como si en verdad el futuro no estuviera escrito y tuviéramos la posibilidad de cambiarlo.
Como si existiera una brecha por la que salirse y llegar a otra parte.
A algún lugar en el que nadie nos juzgara y pudiéramos ser siempre nosotros mismos.
Ser cualquiera, estar con quien quieres, vivir como te dé la gana.
Quizá la bruja no tuviera razón intencionadamente. Es decir, que al decir lo que dijo provocara en mí el deseo de escapar a eso a lo que según ella estaba predestinado.
Pero, ¿quién soy yo para desafiar al tiempo?
¿Quién soy yo para modificar el plan maestro de los dioses?
¿Acaso no va de eso, resumiendo, la historia de la humanidad? ¿Un desafío constante a lo que creemos que es ineludible?
Hoy, cuando esa parte de mí que está ligada al polvo de estrellas de esta galaxia, cuando alojado en mi muñeca un átomo sintió el vértigo de su gemelo entrando en contacto, a años luz de aquí, c con la gaseosa superficie de una estrella muerta hace más de una eternidad, supe que siempre morimos antes de tiempo.
Que nos espera un vacío lleno de vacíos.
Que nunca encontraremos nuestro lugar en el universo porque somos universo.
Hace tiempo que entiendo que esta vida está en un momento de cambio, en un abrir las puertas y salir hacia algún lugar distinto al que estoy ahora. Cambiar las cosas no son fáciles, en realidad nada es fácil. Uno no puede recorrer dos caminos al mismo tiempo aunque quiera. A veces, es mejor dejar ir mientras se espera.
Y mientras espero, sé que vivirás en otro lugar, con otro hombre, tendrás esa casa con jardín que tanto deseabas y un perro que será tu mejor amigo. Al fin y al cabo los sueños se cumplen. Los dos lo sabíamos cuando la casualidad en forma de destino nos dejó el uno en la orilla del otro.
Tan diferentes y tan almas gemelas, la media naranja perfecta y la media de otra que se parecía tanto a la original que casi las juntamos.
Imagino que hace mil millones de años de eso, una milésima de segundo en la edad del universo, si en realidad si el tiempo tuviera sentido. Tú no te acuerdas de aquel rincón del tiempo en el que nos conocimos para luego convertimos en pura energía y diluirnos en el cosmos con un hasta luego, pero yo a veces sí que lo hago. Si te he de ser sincero, he hecho de mi vida de ese recordar y esperar a que los átomos vuelvan a juntarse en estas dos conciencias que ahora somos, tan cerca el uno del otro que podríamos tocarnos con sólo suprimir un pedazo de distancia.
Ahora vivimos en el mismo planeta otra vez. Al mismo tiempo. ¿Sabes cuál era la probabilidad de que eso sucediera?
Supongo que tendré que escribir esa novela en la que tú y yo viajamos por mil vidas hasta reencontrarnos. La llevo en la cabeza, o en otra parte del cuerpo (que es casi lo mismo) desde hace tanto tiempo que la podría escribir de mil maneras distintas y siempre sería la misma.
Entiéndelo, ¿qué probabilidad había de que tú fueras tú y yo fuese yo, orbitando alrededor de esta pequeña estrella, tratando de no dejar escapar más átomos de nuestro cuerpo para seguir siendo lo más parecido a nosotros?
Me gustaría creer que algún día nos encontraremos o que estaremos lo suficientemente cerca para que un átomo tuyo se encuentre con otro mío y se entrelacen aunque sea sólo un instante.
Al fin y al cabo en un espacio tiempo de infinitas posibilidades yo quise vivir ésta en la que eres mi certeza.
Me dice un buen amigo escritor que debería dejar lo que hago y ponerme a escribir esa novela que llevo tanto tiempo aplazando, como si eso fuera fácil. Como si yo escribiera bien o pudiera crear algo que mereciese la pena.
Si me hubieran preguntado de pequeño qué me gustaría ser, hubiera contestado sin pensarlo que escritor. Creo que ya lo he explicado alguna que otra vez en el blog, pero Julio Verne era para mí, una especie de semi-dios, porque era capaz de combinar aventuras con avances tecnológicos en sus novelas. De todos las infinitas probabilidades que tenía entonces, hubiera escogido esa, la de hablar sobre un mundo mejor, ciencia-ficción, lugares lejanos... aventuras, centros tecnológicos, hacerme amigo de científicos, visitar ferias de inventores, viajar por medio mundo... vamos, que podría decirse que soy lo que aspiraba a ser un hombre de finales del siglo XIX.
Técnicamente he cumplido mis sueños de niño. Mi vida es la que quería que fuese cuando pasaba horas leyendo a Stevenson, pero sobre todo a Julio Verne durante todas aquellas tardes y noches de mi infancia. Claro que solían ser hombres solteros y sin hijos a edad avanzada, pero siempre tenían un sobrino que era del que se enamoraba la chica y eso también parece ser que se ha cumplido.
Me imagino que dentro de mi realidad he vivido en uno de los universos probables que más se acerca, dentro de mis posibilidades, a la que hubiera querido entonces.
A veces, cuando de vez en cuando, me envían esos vídeos de "tú eres el dueño de tu destino" o "el poder de la mente subconsciente" o "visualiza y conseguirás" que ahora están tan de moda en mi entorno, pienso que son ganas de querer cambiar las cosas sin el esfuerzo necesario para transformar tu realidad, ya sea estudiando o tratando de mejorar cualidades personales, pero he de confesar que, después de descubrir que mi realidad tiene que ver con lo que, probablemente, imaginaba de niño, no sé qué pensar.
Confieso que en los últimos años he intentado indagar sobre ello y, como muchos otros, he intentado "cambiar" mi futuro inmediato con técnicas difícilmente explicables. También he de decir que las coincidencias entre lo que he deseado y lo que ha ocurrido me ha llevado a plantearme si no existirá una fuerza universal que pueda aliarse con nuestros deseos.
Me pregunto qué más deseo el niño y el adolescente, el joven y el adulto que he sido y fui. Y en qué momento se rompe la cadena del deseo, o cuán infelices somos al conquistar nuestros deseos, o qué responsabilidades comporta todo eso, si no hubiera sido más fácil no haber deseado nada o querer sólo ser lo más feliz que pudiera.
Aquella infancia aislada con libros, imaginar mundos, el ir al colegio sin saber muy bien para qué, el tener la sensación de ser más adulto que el resto, la desproporción entre lo que soy y lo que aparento ser, el sentirme extraño y el ser tan normal como saben ser los niños que intentar interpretar un papel que no les corresponde y no atinan a encontrar el tono y medida adecuadas para no sobreactuar.
Mi adolescencia de borracheras y accidentes.
Mi juventud de borracheras y accidentes más graves.
El corazón roto y recompuesto y vuelto a romper, y recompuesto de nuevo y roto otra vez hasta cansarse.
Querer ser alguien y seguir años después en la brecha.
Querer ser nadie.
Andar a pedradas con la luna y llamar a las cosas por su infinito número de nombres que las nombran.
Me pregunto qué querría ser ahora, qué cosa o persona querría ser si pudiera conseguir ser lo que quisiera con sólo imaginarlo, qué tendría mi vida, con quién me gustaría pasar los años de vida que me quedan.
Si cuando me pregunto si valió la pena digo que sí sin dudarlo, si llegar hasta aquí es un sueño hecho realidad, ahora ¿qué?
He encontrado fotos mías de hace veinticinco años. Qué raro todo. Qué tonterías hacía delante de una cámara. Cómo ha cambiado el mundo, Cómo he cambiado yo. Dios mío. Qué ha pasado desde ese entonces. En ese universo de infinitas posibilidades que tenía por delante ¿por qué elegí el camino que estoy transitando?
¿Qué le diría a él si pudiera viajar en el tiempo? No sé, sinceramente. Creo que sería algo así como "no tengas tantos complejos" o "cambia de peinado"o "no te rindas".
Porque si comparo lo que soy con ese que tenía casi todo por delante, no puedo dejar de pensar que en algún momento me rendí frente a una vida que no tenía sentido. Supongo que entonces tenía veinticinco años y cincuenta por delante. Ahora es al revés y tengo la sensación de que he desperdiciado un millón de kilómetros en no llegar a ninguna parte.
Puede que la vida tenga algo de eso: de no tener sentido y no encontrárselo aunque lo busques.
Fue como ver un episodio de Friends. Y yo era un poco como Chendler. El gracioso y el que probablemente se iba a comer el mundo y al final se quedó en nada por su propia neurosis.
El jueves me llamaron para pedirme una cantidad insana de equipos para África. También supe que la semana que viene tendré una reunión con Cruz Roja, parece que esto empieza a funcionar después de tantos años de obcecada terquedad. Ahora sí. Lo sé.
El jueves, mientras todo esto sucedía, un conocido, un buen hombre, con el que había estudiado y con el que no hace mucho había vuelto a encontrarme en un proyecto, murió a causa de las lluvias cuando su coche se lo llevó la corriente. Sigo sin creérmelo.
Vivimos siempre entre la felicidad y la tragedia, a merced de un azar inapelable. Todo lo que vamos a vivir es fruto de un control descontrolado, un querer y un si dejan las circunstancias, miles de planes B dispuestos a ser necesitados en cualquier momento.
Hojas en el viento.
Eso es lo que somos.
La bolsa de plástico bailando en el remolino en la escena de American Beauty.
El hilo de tela de araña que era verdad que unía tu aldea a la mía, pero con otras personas a cada lado.
Otro lugar en el mundo en el que vivimos porque escogimos otra vida y otro destino, que nos llevó sin nosotros quererlo.
Meses después de aquella foto tuve un accidente de tráfico en el que pude haber muerto. A veces creo que me quedé allí y que otro ocupó mi lugar, que alguien dijo que él iba a hacerse cargo de mi vida. Como si hubiera un yo del futuro que se impone al resto de futuros posibles y te maneja como una marioneta.
Los japoneses tienen un nombre para las cosas rotas que se arreglan, sobre todo para las piezas cerámicas. Las unen para que se vea la grieta y la pintan con pinturas que le dan una belleza extrañamente entrañable. Wabi Sabi. La belleza de la imperfección.
Creo que a lo largo de mi vida he sido propenso a apostar por cosas y personajes con cicatrices. Toda historia que merezca la pena amarla tiene un conflicto del que se sale vivo pero sin ser la misma persona de antes de ello. Y a mí me gusta compartir eso, sea lo que sea ese eso. Puede que esté desperdiciando mi vida en buscar lo que no me pertenece, pero soy así. Me gustaría no serlo, creo que le llaman PAS, pero es lo que hay. No voy a cambiar hacia algo que creo peor.
Respecto al Wabi Sabi... supongo que la vida es un poco eso. Reconstruir lo que se rompe tratando de que quede lo más estético posible.
Que si se nota porque no hay más remedio, el otro sepa que se hizo con minuciosidad de relojero. Que cuando no se tiene nada, y sólo quedas tú, tu valor es lo que puedes hacer con lo que eres.
La vida cuesta, pero a veces la belleza te sorprende.
Y lo roto también es bello.
Incluso lo que se rompe sin saber por qué y no tiene explicación.
Todo se puede arreglar dejando un trazo único e irrepetible que nos conmueva