
Me dice adiós con la mano. Suelta lastre, le digo. Suéltame a mí se te peso, vuelvo a decirle. Me mira. Me mira y no me suelta. Es por esas cosas por las que sigo aquí, pienso.
Más dura será la caída, me dice una voz a mi espalda. Me doy la vuelta y no veo a nadie. Debe de ser mi imaginación. Me siento en el suelo. Ella se eleva por fin, ya no me dice adiós. Sólo me mira fijamente. Se hace pequeña. Me envía un mensaje por teléfono. La echo de menos. Aún no sé por qué lo hago. Imagino que es porque mi vida es una despedida constante, que en el momento que conozco a alguien, ya sabes, ya he empezado a despedirme de él.
Ahora es un punto en el cielo. Un punto negro sobre un cielo azul oscuro. No entiendo nada peor que sentimre solo de esta forma. No hay nada peor que oír los maullidos de Penélope echando de menos a Ulises que anda por los tejados.
2 comentarios:
Conozco algo peor: la indiferencia. Aunque eso no te haga sentirte mejor.
Le pasa y no sabe por qué. Sin embargo, lo acepta
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