martes, 26 de octubre de 2021

La entrada que nunca quise escribir

 


No podría. Sé que no podría ir a donde estás y volver. No hay camino de vuelta porque cuando dejas de estar aquí ese aquí desaparece.

No creo que tengamos esta vida para gastarla en sobrevivir. Hay que ir a por ese sueño para el que estamos programados ir a descubrir. Me pregunto cuál sería el tuyo. Si alguna vez lo tuviste y si es así, a cambio de qué lo dejaste ir; si yo tuve algo que ver, si yo tuve la oportunidad de acercártelo de alguna forma.

Me gustaría creer que tenemos otras oportunidades y nos veremos en otra vida, que en el fondo esto no ha acabado, que te has ido y yo sigo aquí por un tiempo más, pero que no es definitivo. Yo también me iré y no importa nada el cómo ni el cuándo, porque en el fondo notar tu ausencia es, en realidad, otra forma de notarte imprescindible a lo largo de los años y también de las vidas que llevamos y nos faltan.

Me gustaría (sé que lo haremos) coincidir en toda la eternidad que nos quede tantas veces como sea posible. Ahora lo sé: eres la alegría, la palabra siempre amable. Creo que por eso notamos más tu falta.

Me queda la oportunidad de hacer las cosas que siempre me dijiste que yo era y no me atrevía a ser. No sé si me entendía o lo hacías demasiado bien. 

Nadie sabe casi nada de uno mismo.

A veces pienso que tú sí tenías esa capacidad.

Me siento extraño escribiéndote aquí. 

Aquí sólo le escribía al otro lado de la tela de araña.





lunes, 18 de octubre de 2021

Samira



Samira tenía los ojos negros y tan grandes que parecía que siempre estuviera mirando las cosas con sorpresa. No es que fuera expresiva, es más, diría que en los dos años que pasó con nosotros, no hizo nada parecido a una mueca. Tampoco sonreía, ni siquiera cuando nuestro padre jugaba a hacerle cosquillas, al menos no con la boca; a veces había una amago de alegría detrás de aquellos ojos tan oscuros, un casi imperceptible brillo al tiempo que los entornaba. Duraba poco, lo que un relámpago, pero a toda la familia se nos llenaba de dicha el resto del día, por eso creo que cuando mi padre murió y, pondría la mano en el fuego, todos lo sentimos un poco por Samira, como si supiéramos que se volvía a cerrar la puerta de la que él sólo había abierto una rendija. Creo que ya nunca volvimos a ver aquél atisbo de felicidad en su cara. Mi padre se llevó casi todo con él. Nunca sabes lo bien que estás hasta que desaparece quien lo hace posible. 

Toni y yo teníamos catorce años, y Samira no debía tener más de cinco. Si antes iba siempre a donde estaba Toni, desde ese día no se separaba de él, como si tuviera miedo que al perderlo de vista también se fuera para siempre. No sé qué había vivido esa niña de pequeña, pero si de algo estoy segura es que fuera lo que fuera, no podía olvidarlo, no quería quedarse sola. Y eso también aprendimos a verlo, quizá yo estaba en otra movida, pero cuando estaba en casa, no podía dejar de ir a donde estuviera ella y darle un abrazo y decirle que todo iba a estar bien. A veces me culpo por no haber notado nada en aquellos momentos en los que la apretaba contra mi pecho, un temblor, un suspiro, una sensación, no sé, algo. 

Antes de la muerte de mi padre, cuando salía de casa Samira venía a la puerta conmigo y me daba la mano para que la llevase fuera, le encantaba bajar a la calle e ir de la mano conmigo a caminar por el barrio, no le importaba dónde. Después, cuando salía con mis amigas, ya no la llevaba conmigo. Al principio me seguía a la puerta y yo le decía que no podía venir, que luego vendría y saldríamos las dos, pero casi siempre se me hacía tarde para ello. Durante un tiempo, siguió viniendo a la puerta cuando intuía que yo iba a salir, pero ya no me daba la mano, se quedaba esperando a que le extendiera yo la mía. Con el paso de los días, y para evitar aquella escena, empecé a salir sigilosamente y sin dar explicaciones a nadie. Toni me dijo que cuando oía la puerta cerrarse, Samira iba corriendo hasta el recibidor, luego volvía a allí donde estuviese, cabizbaja. Seguramente Toni se quedaba con ella un rato, o ella se sentaba a su lado mientras él hacía los deberes. La verdad es que hubo un momento en el que no sabía qué hacer con ella. Si al menos hubiera tenido algo por su parte, lo que fuese, una sonido, un... lo que sea. Toni tampoco sabía qué hacer, pero él era diferente a mí, a él le gustaba el silencio y estar solo con sus libros. En el fondo se hacían el mismo tipo de compañía uno al otro. Les bastaba la presencia del otro para no sentirse completamente solos mientras de puertas adentro se sentían cómodos en su mundo. Y aunque de Toni me imaginaba qué podría haber en él, de Samira no podía saber qué cabía en un vida tan pequeña y tan corta. Quizá fue eso lo que me separó de ella, aunque en el fondo sepa que, en realidad, lo que me alejó fue que yo no podía ser la persona que ella necesitaba que fuera y esa responsabilidad me quemaba. Soy más egoísta de lo que aparento, me importo yo más que nadie, hacer lo que me da la gana, que nadie me controle.

Noté que esa última frase iba dirigida a mí. Me estaba advirtiendo de algo a lo que yo apenas me había asomado y no tenía muy claro si la altura de la posible (y probable) caída merecía arriesgarse. Hasta el día del funeral de Toni, Elena había sido su hermana; su hermana gemela. Bueno, en realidad miento, Elena era una mujer atractiva; eso era indiscutible y cualquier hombre la hubiera visto como yo el primer día que la vi en casa de la abuela de ambos, pero si de algo estoy seguro es que Elena no me vio de la misma forma que yo a ella. No al menos ese día, ni los siguientes. 

¿Sabes? Casi nunca somos capaces de ver nada de nadie. Somos translúcidos, a través nuestro sólo dejamos ver sombras que el otro interpreta en función de lo que está preparado o dispuesto a creer. Por eso obviamos lo peor de algunas personas, por que no somos capaces de imaginar hasta donde están dispuestos a llegar. Nos sorprende el no haber intuido una vez las cosas han pasado, porque algo dentro nuestro lo intuía. Hay que escuchar más a la intuición. Es como si las cosas sucedieran antes de que ocurran y pudiéramos saberlo de alguna forma que no llegamos nunca a dominar.



miércoles, 29 de septiembre de 2021

El último sueño


 

No sé si tiene sentido que siga escribiendo aquí. Entré para que esto de escribir me ayudara a encontrar mi historia. Reconozco que años después escribo mucho peor que antes, me he ido perdiendo poco a poco en un murmullo constante con el que no se llega a ninguna parte. Estos párrafos se ha ido convirtiendo en un pasatiempo cada vez más aburrido. Ya no me nacen las grandes historias que me crecían hace trece años. ¿Qué ha pasado? La inercia, supongo. La vida, creo.

Hoy ha sido otro día más. Me gustaría creer que algún día todo cambiará para mejor, pero creo que no va a ser así. La hermandad de la piedra seguirán llevando todo esto hasta el extremo vital para el que han nacido y para lo que se reúnen. 

Pero tengo la sensación de que hoy, ese otro día más, es en realidad un día menos. Hoy hay un antes y un después en muchas cosas que creía inamovibles. Es uno de esos días que cambian destinos y abren puertas. Sé que es un día corriente, pero también sé que hoy es el primer día hacia el primer día de algo que tiene más o menos sentido.

La vida está ahí fuera. Más allá de lo que vemos con los ojos.

No es aquello de lo que lo esencial es invisible.

Es que todo es en realidad el todo, lo único.

Hoy he comprendido que se atrae lo que se es. Y supongo que dejar este blog es dejar un poco de ser ese que era.

La muerte de mi hermana ha dado otro significado a la muerte. Es algo inmenso y absoluto y es lo peor que me ha pasado nunca. Me ha destruido del todo sin que nadie lo note. Antes de que ella muriese yo ya iba mal, como alguien que se tambalea y le dan un empujón brutal y cae irremediablemente contra el suelo.

Convivir con mi madre en este trance se me hace insoportable y sólo el trabajo me distrae.

Otra vez la inercia.

Daría lo que fuera para volver a ser el hombre que era antes...

... que todo fuera como antes.

Ahora sólo queda empezar de nuevo.



viernes, 24 de septiembre de 2021

Ya no, ya nunca


 

No creo que exista nada que se parezca a algo así. Los días pasan como si fueran irreales, como si no fueran con uno. Hay un salto entre la realidad y lo que uno vive. No sabría muy bien cómo explicarlo. Como si un huevo se hubiera roto, se vaciara y luego se recompusiera hasta tal punto que creyeras que no ha pasado nada y la única prueba de que sí ha ocurrido es la yema y la clara esparcida fuera... A veces parece que nada pasa, pero en realidad sí ha pasado y es imposible volver a lo de antes.

Ya nada es lo de antes y nunca volverá a serlo, pero no como todo eso de que el tiempo es lineal y vamos madurando y vamos quemando etapas a medida que crecemos. Es otra cosa, es algo que no tiene nada que ver con nada. Es la constatación de que hay dos verdades igualmente válidas pero distintas, como si uno se diera cuenta de que el amor es en realidad otra forma de odio, pero sigue siendo amor y dulce y bueno, y todo lo que conoces de ello, pero que si lo partes por la mitad y miras su interior, no.






lunes, 6 de septiembre de 2021

Si me preguntaras qué es lo que importa

 


Si me preguntaras qué es lo que importa te diría que ya nada; que antes quizá era que te quedaras y volvieras a ser quien eras.

Ya no podré decírtelo.

Lo difícil de todo esto es que me voy a quedar con lo que tú no eras. No deberían dejar ver a los cuerpos inertes. No somos eso. Somos otra cosa que flota y vive para siempre, pero que no se ve y que no se escucha.

Siempre me quedaré con la sensación de que no hice suficiente, que la última vez que me miraste y pudiste mantener la mirada me dijiste algo que sólo tú sabías y que ya nadie más sabrá. Sospecho que sospechabas lo que iba a pasar y me dejaste el encargo de que cuidara de tus hijos.

Y lo haré. Me he dado cuenta de que no sé hacer otra cosa. No renuncio a nada a cambio de ello como sé que tú tampoco lo hiciste. Seguiré abriendo puertas hasta encontrar la buena, la que te lleva a alguna parte, la que guarda el premio grande. 

Seremos felices porque tú lo querrías así.

Seremos lo que tú querrías que fuéramos un día. 

Meritxell acabará la carrera y conseguirá un buen trabajo.

Gerard acabará por ser alguien en algún lugar en el que no exista el miedo.

Te lo prometo y pienso cumplirlo como lo hicimos al llevarte al lugar donde te fundiste con el infinito de nuevo y que tú habías dicho que querías que fuera tu punto final.

Conseguiste irte, no sé si en paz; la coherencia no se te daba demasiado bien, o al menos eso creía. Al final nos sorprendiste a todos. Estoy seguro que no fue tu intención, pero lo hiciste.

Creo que hoy lo voy a dejar aquí. Sé que a partir de ahora voy a escribirte casi todo lo que escriba. Tú decías que yo era de letras y era verdad. Para mí la ciencia es una montaña que escalar y no un sendero por el que disfrutar del bosque mientras se llega a alguna parte. Diría que en eso radica el secreto de casi todo. Creo que tú lo sabías.

Sabías demasiado para seguir entre nosotros y te fuiste antes de tiempo.

Hasta luego, hermanita mía. 

Hasta siempre. Siempre.


martes, 3 de agosto de 2021

Una semana

 



Ya han pasado nueve días. No sé si queda espacio para la esperanza. En realidad no sabemos nada... y en ese caso se aplica aquello de que todo lo que no sean malas noticias son buenas noticias. El caso es que mi hermana murió y resucitó hace nueve días. 

Se le paró el corazón, pero habían llegado los equipos de emergencia cuando pasó y pudieron reanimarla. No sabemos cuánto tiempo duró. El tiempo es el parámetro que mide su recuperación. A mayor tiempo en parada, más secuelas neurológicas. Escribo esto desde el optimismo, pero no puedo dejar de pensar que la vi como se había ido volando hacia el otro lado de las nubes, y que en el último momento regresó.

No sé si era su intención. Las personas tenemos una forma muy eficiente de destruir nuestras vidas. Supongo que romperlas poco a poco es menos siniestro que estrellarlas contra el suelo, pero en el fondo es lo mismo. 

Seguimos esperando. Desde el hospital llaman entre 1 y 3 de la tarde para darnos información y que estemos al corriente de cómo evoluciona. No nos dejan entrar por el protocolo COVID-19. Nada presencial. Todo ahora es a distancia. 

Me pregunto qué responsabilidad tenemos cada uno en las vidas que se destruyen a nuestro alrededor sin que podamos, aparentemente, hacer nada. 



martes, 20 de julio de 2021

Sabiendo cómo llegar

 

Me pregunto si todo esto que estoy haciendo tendrá una mínima oportunidad de llegar a alguna parte y si al final tendré la recompensa que había soñado tener.

La respuesta siempre es sí. 

Yo ya estuve allí y volví sabiendo cómo llegar.



viernes, 16 de julio de 2021

Título

 



Sé que nunca encontraré a alguien con quien compartir esas cosas que compartía contigo, que mi vida a partir de ahora va a ser una cuenta a atrás, como lo fue desde que nací hasta conocerte; y que el resto ha sido y será una espera, aunque esta vez sin esperanza.

Te voy a echar de menos aunque sé que seguirás sobre el planeta Tierra y descolgarás si te llamo, me responderás si te escribo, hasta que dejes de hacerlo y yo deje de volver a intentarlo. Y eso pasará porque tú ya tendrás tu vida y me olvidarás aunque te acuerdes y sepas quien soy y dónde vivo. Pero de otra forma, como se saben las cosas en las que no te va la vida en ellas. 

Como tu libro favorito hasta que llega otro mejor y coja polvo en una biblioteca y me pierdas en una mudanza.

Creo que a mí me va a ser más difícil, no podría asegurarlo, pero si es verdad eso de que atraemos lo que sentimos, yo voy a tener muchas tardes de no saber qué hacer ni qué ni a quién decir que encontré algo extraordinario.

Se me va a morir de pena el niño que vive en mí de tanto echarte de menos.



viernes, 9 de julio de 2021

martes, 6 de julio de 2021

El universo



Somos el lugar en el que convergen millones de eones de tiempo e infinitos lugares a lo largo de miríadas de galaxias. Porque estamos hechos de agua. Todo lo vivo está hecho de agua. Ni en el silicio ni en el carbono serán nunca la base de algo que vive. Quizá será el soporte, pero nunca la vida en sí misma. La luz y el agua  que corren por nuestras venas; los destellos de la corriente eléctrica pasando a través de nuestras neuronas, nuestras células, el ardor en la sangre, el brillo de los ojos cuando nos enamoramos, el llanto cuando perdemos a un ser querido... Somos esa extraña combinación de sol y sal el rayo a través de un océano en el que vive todo lo que nos construye la carcasa en la que habitamos y nos da cuerda al autómata del ser.

Luego todo se vuelve más complicado, porque quizá existimos y no existimos al mismo tiempo para vivir y no vivir en la sorpresa constante del fluir en la inmensidad de un universo que también existe y no existe al mismo tiempo, que es nuestro origen y nuestro punto de no retorno.

A veces pienso que tú y yo nunca deberíamos haber dejado de ser eso.

Pero luego me doy cuenta de que yo no tuve elección.

Y está bien así.


lunes, 5 de julio de 2021

La primera vez que supe quién o qué era



Me pregunto si todo lo caminado hasta aquí termina en aquella escena que escribí hace unos meses. Cada día que pasa estoy más convencido de que una parte de mí se ha salido de los cauces del tiempo y llega antes a los lugares a los que tarde o temprano acabaré desembocando.

No puedo negarlo. Ella me gusta y creo que yo a ella. No lo entiendo, pero creo que es así.

Recuerdo cuando estuve en Los Angeles y seguí la ruta de Arturo Bandini. Por entonces no había visto Drive. Luego se convirtió en mi película favorita de la década. Recuerdo que me quedé en el hotel Figueroa, a sólo unos pocos metros del Stapless Center, que aquella noche jugaban los Clippers y  Mónica me invitó a cenar a un local de por allí cerca. No sé qué ha sido de ella. Creo que acabó en Hong Kong, es lo último que sé. A veces siento el impulso de llamarla y preguntarle que qué tal, pero no sería adecuado.

Podría decir que fue la primera vez que me sentía capaz de muchas cosas por mi cuenta. Recuerdo alquilar un coche y recorrer la costa oeste desde Los Angeles a San Francisco, luego ir por Los Gatos hasta Sant Cruz y cenar en el muelle. Solo. Diría que esa soledad es mi estado natural. Luego lo he repetido varias veces a lo largo de mi vida.

Y es lo mejor.




La teoría de la humedad relativa



Bueno, ya sabes, todo este tiempo intentando encontrar la teoría y llegar hasta ella. Todos los días de mi vida buscando la relación entre lo que veo y lo que intuyo que es y me llega en un sueño. Estoy empezando a pensar que no tenemos ni idea de a cuánto estamos de la realidad y si sabremos llegar a ella, si la comprendemos como los peces son incapaces de comprender el elemento en el que se mueven.

Quizá la respuesta sea esa, que no podemos comprender el medio. Lo que no tengo claro, es cuál es la pregunta. A veces, cuando salgo de la mente, tengo la sensación de que soy consciente de lo que hay ahí fuera, pero sé que en realidad no lo sé porque me lo percibo con los sentidos que tengo y sólo puedo explicarlo con el lenguaje que sé.

Imagino que estamos limitados por todo eso: por lo que podemos percibir y por lo que podemos o no nombrar. Las matemáticas y la física es lo que más nos acercan de una forma limpia, pero no dejan de estar condicionadas por las premisas de lo que podemos imaginar o no. ¿Y si el lenguaje fuera en realidad la gran oportunidad y no el gran barrera? ¿Y si el lenguaje estuviera soportado por el elemento más común?

Somos al menos 71% de agua. ¿Y si todo (la belleza, el arte, el amor...) estuviera supeditado a la cantidad de agua disponible en cada momento? ¿Y si alteráramos artificialmente la cantidad de agua disponible para comunicarnos con los demás? ¿Si la información fuera fotón y onda al mismo tiempo y descompusiera la molécula de agua en hidrógeno y oxígeno como si se tratara de un lenguaje binario universal que se alterara y transmitiera al instante todo lo pensáramos, sintiéramos..., deseáramos, a través del tiempo y del espacio?

Significaría que somos el universo dentro de un universo con el que interactuamos siendo un todo. Todas las moléculas de agua del infinito conectadas entre sí por entrelazamiento cuántico. Todo está ahí, esperando a ese rayo de luz que lo convierta en un destino.

¿Podría nuestra voluntad alterarlo?