Siempre empiezo con la misma frase y luego la borro. No sé si es una manía o es que estoy obsesionado con ello. Creo que hay un concepto (del que ya te habrás dado cuenta) que me tiene atrapado y a pesar de que sé que no tiene solución, y que nunca entenderé cómo funciona, ahí estará siempre porque lleva mucho tiempo y no se ha ido.
Supongo que todo eso ocurre porque algo pasó y como consecuencia de ello no pude convertirme en alguien normal; y si me preguntaran diría que sólo trato de comprender y sobrevivir, porque en el fondo no soy capaz de crear sinergias con casi nadie. Y lo que yo creo que son equívocos probablente son, en realidad, esa grieta que indica algo roto y que por mucho que quiera imaginar que al estar pegado está entero, no es así.
Es algo partido.
Es algo que no tiene sentido mantener en secreto, porque cualquiera con quien me cruzo lo nota enseguida. También el hecho que sea bilingüe en dos idiomas de dos culturas tan parecidas y tan distantes me tiene desconcertado.
Si pudiera decir algo que describiese lo que pienso o siento, algo que tuviera una o pocas palabras diría que lo que me ocurre es que voy perdido porque no sé sumergirme en la vida. No soy capaz de vivir en alla. Me camuflo bastante bien, observo y he aprendido a dar los buenos días y todo eso, pero la verdad es que me resulta difícil sentir algo por alguien y al mismo tiempo no puedo dejar de empatizar con él hasta extremos ridículos.
A veces pienso que es porque elegí estudiar ciencias en lugar de letras, y por ese motivo me quedé en tierra de nadie. Como lo de la cultura de mis padres y la de mis amigos, que eran distintas, creo que, estar demasiado en esa equidistancia en tantos frentes me ha hecho más observador que activador. Supongo que no se puede estar vivo y no actuar, quizá por eso me muevo por inercias y cuando llego a un punto que debo superar no tengo la energía cinética necesaria para hacerlo. Me gustaría tenerla, ya lo creo.
Otras veces creo que sólo es distimia, una fase que pasará en cuanto las cosas me vayan mejor. La última versión de una melancolía propia de mí o aprendida en todas esas novelas que me atravesaron a través de los ojos, todas las capas de eso que soy y que no conozco.
Nadie se conoce a sí mismo tanto como cree conocer a otra persona.
Ahora, que se van cortando casi todas las historias de los últimos años, que me desprendo de algo que creía para siempre, en lugar de sentirme libre, me siento cansado, como si todo eso, en lugar de darme vida, me hubiera dejado exhausto, y en lugar de tener miedo a seguir sin todo eso que me daba seguridad, me dejara varado en una playa tras un naufragio.
Como en La Vieja Sirena.
Sé que llegan tiempos intereantes, pero que tardaré en recuperarme de lo que está a punto de irse.
Me he pasado casi la mitad de mi vida adulta creyendo en algo que no quería que sucediera.
Y ahora, que estoy en el punto de no retorno, al darme cuenta de eso, creo que necesito algo así como una refundación de mí mismo, y aunque sé por dónde empezar, no sé muy bien hacia dónde quiero ir. O al revés.
Siempre hay un primer paso hacia cualquier parte y siempre habrá un impulso que nos reinicie y nos lleve hacia donde queremos ir.
Haber habitado otros tejados, tratar de buscar la luna llena a través de bosques de antenas.
Creo que anoche soñé contigo. No sé si eso es algo bueno. Últimamente no sé si las cosas que me pasan son buenas o malas, sólo tengo una sensación inmensa de que algo que estaba ahí, de repente ya no está.
Puede que sea eso del fín de una época o puede que, en realidad, sea sólo una aceleración brusca de los hechos que nos acercan a nuestro destino. Dicen que el tiempo se acelera cuando llegas a las estribaciones de un agujero negro, que la percepción de todo se distorsiona.
No sé. Nadie ha estado.
Sólo sé que pase lo que pase lo bueno y lo malo pierden su sentido, ya no queda nada definido dentro del yo que evalúa y juzga qué pasa a mi alrededor.
Puede que esté entrando en un momento oscuro de mi vida, o que lleve ya mucho tiempo en él. El caso es que no entiendo qué está pasando y por qué todo se va destruyendo y alejándose, y aunque me importe no tengo la sensación de que es algo dramático.
Que casi todo desaparezca es algo así como una ley inmutable. Aquello de que el cambio es lo único que permanece. Al final, la filosofía de C.O.U. sí tiene una influencia en la vida real, tal y como me dijo nuestro profesor.
Sólo sé que esto lo voy a echar mucho de menos.
Y que pase lo que pase seguirás ardiendo dentro de mí durante todo el tiempo que viva. Y no porque quiera recordarlo, si no porque va a ser inevitable que no pueda olvidar rutinas que durante un tiempo me salvaron de morir, puede que no físicamente (o sí, nunca se sabe), pero en cualquier caso, de un lugar del que dificilmente se regresa.
Aunque pierda la esperanza, conservaré un mapa que me conduzca a ella.
No importa el tiempo.
A poco que me conozcas, sabrás que controlar el tiempo no está dentro de habilidades.
Escribir tampoco, ya lo ves.
Algún día aprenderé.
A escribir o a entender, lo primero que me encuentre.
Caemos desde un lugar muy alto y acabaremos aplastándonos contra ese día.
Y aunque no tenga sentido eso es en realidad lo que llevo sintiendo los últimos días.
Un caída infinita.
Algo que dura demasiado tiempo.
Esperar al dolor y no darle sentido a nada.
Creo que se acerca un tiempo en el que no podré escribir mucho.
Alguien cree que todo esto tiene sentido y le seguiré la corriente.
Puede que al fin y al cabo entre ese todo y nada haya un lugar intermedio en el que este instante fugaz tenga algo parecido a una razón o sinrazón que la justifique.
Hay personas que tienen cierta asimetría, que miran desde un punto roto del que parten las cosas que merecen la pena hacia un infinito al que, obviamente, no llegará nunca. A veces tienes la suerte de encontrarte en medio de esa trayectoria y te atraviesan como una bala.
Mueres, claro.
Pero no por la herida si no porque sales indemne. Porque a veces sobrevivir a algo que no se va a repetir es en realidad la muerte.
Seguir tratando de hacer ver que no ha pasado nada.
Hablar con con seguridad sobre cosas que ya no importan, que no son tuyas ni antes ni después de haber sido pronunciadas.
Uno ya no es uno.
Es otro.
Es nadie.
A veces tienes la suerte de encontrarte en medio y no sabes aprovecharla.
Y todo se vuelve borroso.
Todo final nace de un principio.
Este era uno de esos finales del que no recordaba dónde estaba el inicio.
Como si esta vez el final hubiera creado todo al revés, como si esta historia se escribiera hacia atrás y no empezara nunca.
Como si yo no te hubiera imaginado hasta ahora, pero te fuera recordando sin saber quién eres.
Como un amnésico recuerda su pasado y aprende quién es al mismo tiempo.
Nunca sé cómo empezar. Bueno, y luego tampoco suelo acabar lo que empiezo.
Supongo que, desde fuera, todo indica que soy un auténtico desastre, pero la verdad es que diría que tengo un plan interno en el que todo encaja más o menos, un plan que pende de algo así como una fórmula divina que ni yo mismo entiendo y que se obsesiona conmigo, como nos obsesionamos con las cosas, y a veces las personas, que no podemos tener.
A veces pienso que la historia de la humanidad no es más que eso: gente obsesionada con cosas y personas y todo lo que hacen para calmar esa obsesión. Eso y vencer el aburrimiento. Callar al bicho y hacer cosas para no oírlo gritar dentro de uno. Como si vivir fuera, en verdad, tratar de escapar de la miserable e insulsa realidad que es estar vivo.
No sé si hacer cosas es lo mejor. A veces he intentado meditar y todo eso, pero me puede la impaciencia. Hay algo que se mueve dentro que no me deja estar quieto, que me impulsa a hacer algo, a lo que sea. Supongo que por eso escribo en este blog y nunca escribiré nada serio por muchos cursos de escritura creativa, novela, o sucedáneos, que busque.
En ocasiones soy capaz de encontrar destellos de luz o de conciencia en algún recóndito e inexplorado rincón de mi cerebro. Han sido pocos, aunque supongo que no creo que los pueda contar todos com tal. Aquella vez que escuché dentro de mi cabeza un grito en medio de la madrugada y por la mañana había diseñado un artilugio con planos y todo y no me acordaba de casi nada. O aquella otra en la que me paré delante de un edificio con el que había soñado meses atrás... a quince mil kilómetros de distancia de mi casa, sin buscarlo.
Me gustaría creer que estamos abocados a seguir un plan moviéndonos a través de infinitos universos posibles, dejando uno para aterrizar en otro, tan igual al que dejamos atrás que no podemos distinguir las diferencias, quizá porque éstas son invisibles, porque en el fondo, la vida no es más que el tejido donde se juntan lo real y lo posible.
Y lo posible lo es porque somos capaces de imaginarlo como algo real.
Si pudiera elegir de nuevo, creo que cambiaría tantas cosas que lo más probable es que llegara al mismo sitio en el que estoy ahora como he llegado esta vez: por casualidad o como consecuencia de ese plan infinito del que a veces creo que tarde o temprano acabaré por entender.
Hace años que persigo una teoría universal de todas las cosas, no desde la física, si no desde lo sensorial. No se lo he contado a casi nadie. Sigo con mis experimentos y sigo con el plan que yo mismo me he establecido.
No sé si llegaré al final o me quedaré a medias.
Quizá acabe por escribir la teoría en forma de novela de ciencia-ficción.
Pero bueno, eso ya es demasiado difícil partiendo de la base de que parezco (y soy) un auténtico desastre y que acabo pocas cosas de la que empiezo.
Pero tú ya lo sabías cuando empezaste a leerme.
Te echaré de menos.
Creo que mi vida es un continuo decir adiós y añorar cosas que fueron diarias durante años. Me va a costar dejar de pensar en ti.
De todas las cosas que siempre empiezo y nunca acabo, tú eras la que más quise acabar.
La más sutil y la más complicada.
A veces nos obsesionamos precisamente por eso mismo: porque son imposibles.
Y no sabríamos qué hacer si lo alcanzáramos.
Creo que hay un síndrome para eso.
Y una terapia.
Y una cura.
Pero es que tampoco, hasta ahora, he acabado ninguna terapia.
Ants pensaba en irme a otra parte, pero ya no quedan lugares remotos a los que huir.
Somos portadores de una infamia hecha de muchas otras antes de ella. Hemos destruido la Historia y la seguiremos destruyendo hasta que sólo sea "lo de antes".
Empiezo a sospechar que es el fin un mundo y que no nacerá otro de él en mucho tiempo.
Bueno, ya sabes, todo esto se va acabando. En realidad todo esto no era más que el final de una era superficial y sin sentido, la parte posible de un sueño imposible, el raro esplendor que sufren las civilizaciones justo antes de su colapso.
Durante los últimos años he creído que podría dominar todo lo que podía imaginar... y a veces parecía todo tan cerca que, bueno, ya sabes; a veces las coincidencias se mezclan con el destino y parece que las cosas cobran sentido.
En algunas ocasiones desafiaba al universo con propuestas imposibles y éste se reía y me las concedía. Siempre con un precio a pagar. Recuerdo el día en la piscina de M. y que antes de entrar hablaba por teléfono con H y hablábamos de que si querías algo con todas tus fuerzas todo conspiraría para que lo consiguieras.
Ese día conocí a la chica de la bicicleta y no nos separamos en casi más de un año. No sé si el precio a pagar fue demasiado alto, sólo sé que durante un tiempo tuve miedo a desear y a obtener lo deseado. Años más tarde eso cambió, y desde entonces tengo la sensación de que ya nada es lo mismo. Ahora todo es más complicado que antes, entre otras cosas porque tengo la percepción de que la vida es más complicada a medida que pasan los años porque casi nada es capaz de sorprenderme.
Y aunque pueda parecer una contradicción, que todo se complica y que casi nada sorprende, la realidad es que creo que se llega a un punto en la vida en que uno se pone algo así como una capa de escepticismo que lo hace invulnerable a lo aparentemente extraordinario, porque hay algo que nos dice que nada es lo que parece y que a la ilusión siempre le sucede la monotonía cuando no la desilusión.
Como si fuera un ciclo infinito al que uno entra sabiendo que nada va a resultar igual o mejor a lo prometido.
Quizá por eso he estado enganchado a todo lo de la innovación, las patentes y a todo eso, porque me ha mantenido con la ilusión de algo mejor iba a ocurrir.
Estos días me he enganchado a una serie (Euphoria) y he sentido esa desesperanza y la ilusión al mismo tiempo. Lo de la vida es una mierda y lo de que encuentras a alguien y joder, todo cambia.
Sólo ha sido una temporada, así que el enganche ha sido breve.
Después de eso, he estado pensando en qué es lo peor que puede llegar a pasar.
Y creo que no he encontrado muchas cosas.
Hace muchos años que juego a un juego en el que perder significa perder y ganar significa no perder. Puede que haya equivocado el sentido de la vida, pero, sinceramente, si nos paramos a observar lo que importa, fríamente, el sentido de la vida es encontrar un sentido para seguir viviendo.
Sólo es eso.
No hay suficientes demonios en el infierno para que cambie ahora de destino.
De todas formas sé que no voy a salir vivo de ésta, ni nadie de los que quiero.
Venir y vivir ha sido un ejercicio interesante y seguiré intentando mejorar la experiencia.
Tengo la sensación de que algo grande está a punto de llegar a mi vida.
Supongo que para M. escribir era poco menos que algo vitar, como el respirar o beber agua; empezó un día y ya no pudor parar. Nunca había pensado en que la fiebre por leer libros adolescentes acabara por empujarla a crear sus propias historias.
Escribía para no dormir, para no perder tiempo, tiempo que por culpa de dormir poco no le cundía, a pesar de que, si era cierto eso lo que dicen los estudios de las universidades más prestigiosas, le iría destruyendo poco a poco por dentro.
Escribía para no vivir, porque le parecía que vivir era tomar la responsabilidad de hacer las cosas que necesitan los sueños para poder llegar a cumplirse.
Pensaba que a veces era mejor buscar una vía de escape, recorrer un camino cuesta abajo siempre iba a ser mejor que enfrentarse a sus expectativa a cómo iba a ser su vida, sobre todo, cuando todo el mundo a su alrededor creían que eran inalcanzables para alguien como ella.
Después de la muerte de N. cayó en una profunda depresión. A los ojos de los demás seguía siendo la misma, sólo que un poco triste, pero dentro de ella empezó a crearse un malestar sordo e implacable que la arrastraba a unas infinitas sesiones de llanto. Poco a poco empezó a surgir la idea, hasta convertirse en una obsesión, de que sólo uno tiene la capacidad de determinar qué es lo que está dispuesto a apostar para vivir su propia vida porque, entre otras muchas cosas, nadie de los que opinaban a su alrededor iban a vivirla por ella iban a poder asegurarle que siguiendo sus consejos todo iba a ser mejor de la que sentía que tenía que vivir.
Supongo que eso es, en principio, el primer paso hacia la madurez, o el primer paso que nos aleja de la infancia, que nos la hace soltar y abandonarla como un juguete más con el que ya no podremos simular historias que nos gustaría vivir y nos enfrentamos al reto y al juego de realizarlas en primera persona. Supongo, también, que pensó en todas las cosas que N. ya no podría hacer y las que nunca llegó a hacer por miedo a lo que pensaran los demás; lo mismo que ella había hecho hasta entonces.
Y puede parecer un difícil de creer, puede sonar a serie adolescente americana, pero un mañana al despertar se supo diferente, sintió esa determinación dentro a ser ella misma, notó que ya no sentía aquel malestar y que tampoco había, en su lugar, un vacío que llenar.
Supongo que es precisamente ahí donde nacen todas las historias.
Donde empieza realmente el viaje, donde acaba un camino y empieza la ruta hacia la persona que no estábamos destinados a ser y empezamos a ser que que somos.
Supongo que es ahí donde está el peligro de perderse, una vez desaparece el destino, nosotros elegimos dentro de las circunstancias que nos rodean.
Quizá si es cierto eso de que el tiempo en realidad no existe y que decisiones del futuro modifican el pasado para poderlas crear. Si es así, en mi futuro, esto que digo ya lo he tomado como una forma de vida. Las acciones de hoy e incluso las de todos los días de mi vida están condicionadas por esa fuerza interior que nos impulsa.
No me gustaría irme de aquí sin haber escrito al menos un libro, haber desarrollado una idea singular, haber amado a alguien de verdad. Empiezo a sospechar que es lo mismo.
Se abren ante mí muchas posibilidades porque algo dentro me impulsó a crear las circunstancias (algunas lo hicieron y otras no) y por alguna razón aposté por ellas.
Por ejemplo, no fui marino porque en el último instante cambié las preferencias en la hoja de selectividad y en lugar de estudiar ingeniería naval, estudié química. Hay momentos en la vida en los que una decisión que dura un milisegundo cambia el rumbo de la línea temporal en la que vives... según la física cuántica eso sucede a cada instante. Mientras escribo y decido qué decir y entre lo que lees o no quieres continuar leyendo... a cada instante se crean millones de infinitas posibilidades y algo en el universo les concede un orden, un relato coherente que nos habla de cordura frente al caos.
He de aprender que todo lo que empiezo tengo que acabarlo.
Dicen las estrellas que vivimos un destino indescifrable, que somos viajeros cambiando de estación a cada instante, sin saber muy bien a dónde vamos, aunque acabaremos llegando al destino que nos está determinado desde el día en que nacemos.
Creo que la vida es la lucha para salir de eso, que cuando Buda se sentó sólo lo hizo por bajarse y no seguir con esa carrera hacia ese destino, detener el tiempo, algo así como un "yo me bajo aquí, vosotros haced lo que queráis".
Luego llegaron los que lo analizan todo para tener algo que hacer con su vida e instauraron algo así como un manual de instrucciones.
Todos los libros sagrados me han parecido una guía, paso por paso, hacia un sinsentido.
Quizá por eso me importan tanto las cosas y al mismo tiempo las abandono, porque en el fondo creo que nada importa del todo, que si no nos bajamos llegaremos a nuestro destino y si nos bajamos, qué aburrimiento. Y así siempre, debo de ser un alma que reencarna muchas veces porque siempre llego a este bucle y bueno, pues eso, entro en bucle.
En ésta lo intenté con lo que estaba de moda, la innovación técnica y todas esas cosas. No sé. Creo que al final es lo mismo siempre, me esforcé y gané y perdí y volví a ganar.
Me ha gustado vivir. A ratos.
He vivido cosas interesantes.
Me hubiera gustado quererte de verdad, pero creo que eso ya va a ser improbable.
Supongo que escribiré el maldito libro desde algún lugar donde se haya parado el tiempo.
Sospecho que el tiempo se va acabando, que todo lo que vamos a hacer es algo que no servirá de nada.
Lo que pasa en este momento me recuerda la escena de la piscina en Lo imposible, cuando llega el tsunami y nadie se mueve. Sólo esperan el golpe ante la ignorancia sobre lo que está pasandoy la sorpresa de lo que llega en unos pocos instantes.
A veces pienso que no hay ningún lugar al que huir.
Antes pensaba en Canadá o Nueva Zelanda. O Estados Unidos, pero ya no.
Susurran las estrellas que esto sólo acaba de empezar.
El otro día recibí un correo de mi contacto en el MIT en el que me decía que habían evaluado mi tecnología y les parecía que podría pasar las pruebas, que había estudios parecidos en sus proyectos y que mi enfoque podía ser complementario, vamos, que sí quería podríamos empezar a trabajar en la posibilidad de incorporar esta tecnología en su programa de investigación. Fue un golpe de autoestima cuando ya me quedaba poco de eso.
Le envié un mensaje de whatsapp a Nati Olsen contándole el correo que había recibido.
"Ya lo sabía" me dijo "Allan me preguntó por ti y por la patente". Que la asesora tecnológica del último presidente inteligente de Estados Unidos le diga eso a un chico de un pueblo al otro lado del mundo es casi un milagro. Y yo no creo en los milagros.
"Tenemos que hablar" dijo.
La tecnología ha sido declarada como estratégica para los intereses de la Unión Europea, que pueda llevármela a otra parte no sé si es correcto, tampoco sé si me harán devolver lo invertido, que no es mucho, ni si me voy de un lugar seguro a otro no tanto. Y ellos lo saben.
La costa Este no era lo que yo esperaba, sinceramente. Siempre había soñado con los Red Wood y la carretera de la costa oeste. Dice mi madre que de niña soñaba con Barcelona porque su padre había estado allí y, aunque no le contaba muchas cosas, ella, tan de pueblo como yo, imaginaba una vida distinta en otro lugar más próspoero e interesante. Supongo que ahora estoy en lo mismo.
Dejar casi todo atrás cuando he decidido quedarme tantas otras veces, me sabe a derrota. Tengo otras propuestas nacionales, pero todas me suenan igual. Las de aquí me darían risa si no fuera porque lo dicen en serio. Nadie entiende casi nada. Sinceramente, creo que esto se hunde porque el modelo de nación se ha basado en el orgullo de los que mandan de no entender nada que suponga desarrollar algo que implique algo técnico.
Me gustaría creer que ahora se plantean una nueva oportunidad para crear industria, conocimiento, como la semilla de un nuevo inicio, pero sospecho que no llegarán ni la mitad de los recursos que se supone que deberían hacerlo.
Sigo sin saber muy bien hacia dónde vamos.
Estoy más confundido que nunca.
Ayer me hicieron una proposición que ya me habían hecho hace dos meses, cuando casi no queda tiempo. Me dicen que van a mover cosas, que tengo que irme con ellos, que van a invertir pero que claro, quieren el control. Vivimos en un país de listillos intentando dar el pelotazo a costa de "cerebritos" y "científicos locos".
Como si el conocimiento no valiera la pena, eso ahora ya no importa.
El mundo se está resquebrajando como la cáscara de un huevo dando paso a otra cosa.
A un nuevo paradigma.
La esperanza es que sea un proceso pacífico y no traumático.
Pero conociendo a los que detentan el poder en todas partes del globo me da la sensación de que no va a ser posible.
Espero equivocarme.
Lo que sí creo que tengo claro es que merecemos que las cosas cambien para bien.
Sigo con la conciencia de que todo puede cambiar pronto. No sé si para bien o para mal. Sigo ahí, tras el cristal de la ventana obedeciendo ese "quédate ahí" interminable a la espera que vuelvas a por mí.
Como cuando era niño.
Los niños creen que pertenecen a sus padres.
A veces los padres no piensan lo mismo.
Viven su propia vida como pueden, echados al mundo para sobrevivir con lo que puedan hacer por sí mismos. Viajeros de una infancia que nunca fue una infancia del todo y que se añora. Todos añoramos el mundo de las primeras veces, la protección y la osadía, la libertad y el amor, todo mezclado como si fuera una sola cosa.
Dice un buen amigo mío que buscamos que nos reconozcan como sea, que vivimos en una constante necesidad de atención.
Con el tiempo he comprendido que era lo que querías, que en el fondo yo era tu forma de no entenderte con el mundo, el no ser del todo niño y el de ser un niño que nunca creció del todo.
Todos somos un poco así: un adulto a medio hacer que no sabe qué hace aquí y aún así sigue adelante.
Me gustaría creer que en el último momento te reconciliaste conmigo y que me liberabas del hechizo.
Porque todo destino es, en realidad, un porqué y un camino por delante que tiene mucho de profecía.
Somos flechas disparadas desde un arco.
Plancton a merced de las olas.
Marionetas en manos de una divinidad de la que nunca comprenderemos qué quiere de nosotros.
Hace tiempo que no le temo a la muerte, quizá porque entiendo que en realidad es la diana, el estómago de la ballena o el fin de la obra que interpretamos sin sabernos el guión. Me gusta creer que, en el fondo, vinimos a eso: a vivir una vida de pega, a existir mientras exista un espectador que se ponga de puntillas para mirar qué hacemos en el escenario.
Gotas de lluvia que condensan y vuelan en caída libre hasta diluirse en el torrente con otras gotas de lluvia hacia un nuevo ciclo que les lleve a ser de nuevo nubes.
Me gusta pensar en lo invisible, y que desde allí aún me recuerdas y te preocupas por mí, que de alguna forma que me facilita las cosas, mientras yo, como tú, busco un reconocimiento por delante de ese lugar en el mundo, sintiendo el amor o el rencor como una forma de sentirme vivo o de explicarme la vida que me sostiene y a la que sostengo.
Mientras sigo buscando todo eso que tiene que ver con el antídoto que, probablemente, no necesite. Tratando de encajar y que me dejen en paz al mismo tiempo.
Y mientras, llueve. Mucho. Truenos y relámpagos.
Y sale el sol al mismo tiempo.
En ese lugar al que tú no querías del todo. Al que no perteneciste nunca...
Bueno, ya sabes. El tiempo se cerró sobre nosotros dejándonos a oscuras; y eso en cuestiones de espacio-tiempo es algo así como una una distancia infinita al cubo.
Necesitaríamos diez universos como éste para abarcarlo.
Y la mentalidad de un niño para comprender que no merece la pena tratar de entenderlo porque es demasiado grande; y aceptarlo sin dramas. Sabiendo que creceremos y algún día, si realmente era necesario, aparecerá ese conocimiento, que la vida lo traerá hacia nosotros.
A mí, que siempre fui tu fan número uno, encontrarme delante de eso fue la chispa que enciende una llama que, descontrolada, puede acabar con todo, pero al mismo tiempo de esas que si la conservas viva te dará el calor para llevarte sano y salvo a cualquier parte por muy frío que sea el camino.
Hace días escribí aquí algo que se borró. Juro que pensaba que era lo mejor que había escrito nunca. Traté de repetirlo, pero ya sabes, todo instante es único, toda frase que te sorprende al leer un libro ya nunca la leerás por primera vez.
Imagino que eso es la esencia de la vida: mantener la esperanza de una primera vez en cualquier cosa que hagas. El tesoro y la búsqueda de él. Creer que hay algo mejor un poco más allá de donde alcanza nuestra vista.
Todo lo demás son mapas que trazamos para convencernos de que controlamos algo que nunca podremos controlar. La idea de que sabremos ir y luego regresar con el botín del recuerdo hacia el centro de nosotros mismos. Hacia eso que creemos que somos y que ahora mismo te dice que eres tú quien está leyendo esto y que me dice a mí que me lees y tienes conciencia de quién soy yo.
Buscar la certeza en todo después de un acto de inconsciente valentía.
Dormir seguro al abrigo de un refugio al calor de ese fuego controlado.
Pero no es eso lo que quería escribir.
En realidad no sabía de qué quería escribir. Sólo quería saber que sigo vivo, porque mientras escribo y me lees sé que aún existe la posibilidad de que en algún lugar remoto de la región menos poblada del mundo exista un chamán al que se le hayamos aparecido en sueños y cree en su realidad un universo que tú y yo podamos compartir sin que ni la distancia ni el tiempo tengan la misma importancia que en éste.
En el que la fuerza de la gravedad no nos encadene los pies a donde creemos que pertenecemos.