Hace días que había de haber lanzado la campaña de kickstarter, de hecho hoy debía de ser el primer día. Pero me lo tumbaron porque no son capaces de concebir que mis inventos hagan lo que dicen hacer. Somos mucho de ver para creer. Creemos sólo lo evidente y desconfiamos de todo lo que parece magia, como si no viviéramos en un mundo de prestidigitadores. La realidad se vuelve sospechosa ficción y un buen story telling hace que lo más increíble parezca cierto.
Me ocurrió en Francia hace tres semanas. La gente no creía lo que estaban viendo sus ojos: agua limpia a partir de agua sucia de forma instantánea. Sin sustancias químicas. Los irlandeses fueron los únicos que bebieron, no sé si cuenta, luego por la noche, durante la cena se bebieron también lo que encontraron a su paso. Ya lo sé, eso es un tópico. Buena gente. También es un tópico...
Los ensayos salen bien. Me llaman del laboratorio y me dicen que alucinan con los resultados, que qué hago y les cuento.
Nada nuevo.
Todo nuevo.
Todos me dicen que voy a morir de éxito, pero yo sé que me falla esl story telling y que no es lo mismo que Bill Gates anuncie un supositorio rejuvenecedor que un desconocido como yo anuncie el fin de la contaminación del agua.
Digo "no más botellas de plástico" y me dicen que voy a morir asesinado por las multinacionales de bebidas.
Siempre acaba en lo mismo: en que voy a morir por alguna causa.
Maldita clarividencia...
Me han contactado un montón de empresas de propiedad intelectual. Me miran con decepción. Creo que esperaban a alguien más entusiasta, más joven, más Techcrunch y New York Times y no tan La Gazeta de Villarriba... es lo que tiene ser de las afueras de la civilización.
No cumplo con los estándares del emprendedor. A veces me veo unos años atras, cuando casi sí los cumplía. Han pasado los años. Supongo que el tiempo no tanto hacerse viejo y achacoso sino quedar obsoleto, entendiendo como obsoleto el que dejado de estar a la moda.
Pero sigo en la brecha.
Y a veces leo If, el poema de Rudyard Kipling y pienso que, en el fondo, las cosas son algo así como mantenerse firme en la idea romántica de cómo uno desea ser y que, en el fondo, uno viene al mundo para cumplir una misión y dejarse la piel en ella. No importa si se deja legado o no, sino cuánto influiste en que el mundo fuese un lugar mejor.
Decía Khrisnamurti que el amor era apartar una piedra afilada por donde sabes que van a pasar personas descalzas.
Y supongo que la cultura va en ese sentido: en enseñar eso a otros sin decirlo, mostrándolo.
Como siempre me enrollo demasiado.
A veces necesito justificar por qué hago lo que hago.
Y como no puedo saber cómo hubiera sido contigo sólo puedo escribir cómo fue mi vida sin ti. Estoy convencido de que mi vida hubiera contigo hubiera sido una versión mejorada de mi destino. Aún así me parece una pérdida asumible, ya ves. Supongo que pensar eso me justifica por sí mismo que no llegaramos a más.
Ahora que ha pasado más o menos una eternidad y que sé más de de ti por tus silencios que por los breves instantes en los que coincidimos, me alegra saber que al menos a ti te fue mejor. Aunque eso nunca se sabe del todo. A veces uno cree que a los demás les va mejor por lo que se ve de fuera.
Pero creo que, al menos, no pensaste nunca en suicidarte; o sí, no sé si eso se sabe de otras personas. Lo cierto es que durante años yo tuve que quitarme de la cabeza eso, día tras dia. Con diferente intensidad, es cierto.
Por eso siempre escribo triste, porque estar tan cerca de la tristeza hace que no me coja de improviso cuando viene a por mí para empujarme.
Supongo que con los años uno aprende estrategias para soportar vivir en un mundo al que no le tiene el menor aprecio, ya sabes, a veces las cosas son más fáciles cuanto más difíciles. La inercia de los problemas esconde al verdadero monstruo que nos acecha.
No sé si es bueno escribir un domingo por la noche. Me gustaría creer que, en el fondo, todos los días pueden ser iguales a los otros y que, hoy es un día más dentro de los miles de días que siento que he desperdiciado.
Pero no fue decisión mía, y quizá sí lo fue.
Sólo es que a veces pienso en cómo hubiera sido si hubiéramos estado juntos y si sería todo tan triste como lo es ahora. Y creo que, en verdad, las personas que entran en nuestra vida no la cambian tanto como creemos.
Sólo lo hacen un poco, pero lo suficiente como para que uno cambie su trayectoria para siempre. A veces para mejor y otras para un "pudiera haber sido".
A veces empiezo frases que no sé cómo acabarán, como cuando a veces salgo de casa y no sé exactamente dónde iré. Sólo empiezo algo sin saber cómo acabarlo.
Supongo que tarde o temprano habrá un momento en el que me cruzaré con mi destino y sabré reconocerlo. O puede que no lo haga.
Antes solía salir a caminar durante horas. Me gustaba más que ahora.
Supongo que he cambiado y que no ha sido para bien.
En cierta forma echo de menos cuando tenía aquellas ganas de comerme el mundo. Ahora que estoy a un paso de saltar al vacío, espero haber acertado en preparar este salto.
A veces pienso que las cosas no son como deberían ser.
Que, en algún momento de todos estos años, debí haber buscado la forma de haber compaginado todo esto con una vida que me hubiera permitido ir a tu encuentro.
Pero nunca estuvimos libres al mismo tiempo.
Nunca coincidimos en un mismo ahora ni un aquí al lado.
Por eso creo que llevo tantos años sin saber a dónde voy.
Creo que por eso nunca escribí esa novela que te debo.
En el fondo, sé que nada compensará estos diez últimos años de mi vida, pero tal vez nada de todo esto importe al final.
Siempre he tenido la sensación de que, en el fondo, trato de evitar que las personas a las que quiero, sufran mi compañía. No soy un buen compañero de viaje.
Cada vez menos.
Que vivo desde siempre con la certeza de que no soy nada para nadie.
Echo de menos los viajes en tren lejos de casa, los aeropuertos sin saber muy bien a dónde me llevará el vuelo, los viajes con mochila y los hoteluchos en cualqueir parte, la aventura de pretender ser aventurero sin serlo, el probar casi todo, el conocer gente nueva de los que nunca volví a saber nada.
Echo de menos la libertad de sentirme libre.
Me pregunto si mi cuerpo llegará a tiempo cuando mi alma despierte.
Hace días que le doy vueltas. Lo de no tener tiempo es una excusa, lo de no tener energía para todo empieza a ser una realidad... Estoy pensando en volver a retomar una novela. No la de moriría por ella; otra. No sé qué aún.
Estoy convencido de que si hay algo que me puede salvar es escribir. Escribir me hace ser otra persona, aquella que fui de niño y la que sería ahora si no me hubiera convertido en inventor de inventos.
También quiero empezar a correr otra vez, pero sé que mi cuerpo no me acompaña como antes.
La idea de estar sentado más horas también me echa para atrás.
En cualquier caso, sería algo cómico o histriónico.
A veces me pregunto qué me empuja a seguir adelante y no lo tengo muy claro.
A veces todo es más complejo de lo que parece.
La primavera es siempre lo mismo: tristeza, ánimo, exceso de trabajo, nuevos propósitos...
Entonces leo y sé que sólo es un sueño imperfecto, que nunca sabré escribir porque no conozco la belleza que hay en las cosas, que no sé describir ni domino el léxico, que de haber querido hacerlo tendría que haber empezado hace treinta años y aun así seguiría sin saber nada de nada.
La otra noche soñé con ella. No recuerdo el sueño, sólo sé que hablábamos, que mateníamos un diálogo del que no recuerdo las frases.
A veces siento la tentación de llamarla, ocurre una vez cada tres o cuatro años y dura más o menos dos días.
Supongo que es normal acordarse de vez en cuando de lo que uno fue y vivió. Me ha ido mal, lo reconozco. Podría haber hecho mucho más, pero me rompí. Sé identificar el momento exacto en que sucedió. Oí un chasquido y algo se partió dentro de mí. Algo que había sobrevivido a otros momentos anteriores en los que había podido romperse.
Supongo que sólo espero que los años que me quedan por vivir los pueda vivir con un mínimo de dignidad.
A veces hablo con K.Woo y también tengo una sensación de abandono parecida.
Podría decirse que, en realidad, no he sabido vivir, no he entendido las reglas a las que hay que atenerse. Me gustaría creer que sí pero en realidad no es así. Deduzco que por eso estoy escribiendo esto a las tres de la madrugada.
Hubiera sido todo más fácil si no hubiera sobrevivido a cualquiera de los accidentes que he tenido.
Siempre acabo hablando de lo mismo.
Estaría bien saber escrbir y tener algo que escribir.
A veces me gustaría soltar amarras y perderme, pero luego pienso en que no soy más que un esclavo, y pienso que, en el fondo, todos somos un poco la última esperanza desaprovechada.
Y bueno, nos entretienen cosas, cosas que hacemos y otras nos gustaría hacer, que soñamos hacer algún día.
Supongo que ya he escrito esto. Al fin y al cabo escribir es repetir. Siempre he creído que en la vida de las personas hay un par de momentos en los que se le cambia el destino. Uno no se da cuenta hasta años más tarde, pero en el fondo, esos momentos son los que definen nuestro paso por la vida de una forma u otra. Uno nace con un un carácter pero vive enfundado en un personaje que tiene una personalidad creada por la adpatación al medio de ese carácter.
Pero el medio a veces es demasiado fuerte y nos olvidamos de ser quienes somos.
Imagino que estoy simplificando, y ¿qué voy a hacer si esto es sólo un blog en la periferia de una galaxia de información?, pues eso: un puñado de palabras, una mano blandiendo ideas que ni siquiera son del todo mías, porque en el fondo nada de lo aprendido es del todo nuestro. Opiniones sonbre cosas que ocurren y que justifica nuestro ir pasando días, hojas en el calendario (que ya no pasamos porque viven en nuestro teléfono u ordenador). Días que pasan como quien pasa la noche: inconsciente.
Llevo unos días con una sensación extraña, de cambio de ciclo, de vejez prematura, de cambios corporales y de pérdida de motivación en muchas cosas. Supongo que la astenia primaveral tiene mucho que ver, o simplemente que el tiempo empieza a pasar más deprisa cuanto más cerca está del agujero negro de la muerte.
Pero aquí estoy. No he llegado a casi ningún sitio aún, pero visto lo visto, no hubiera podido estar en esta situación sin transitar por cada uno de los millones de segundos que he vivido consciente o inconscientemente.
Vivir es repetirse. VIVIR es tratar de no hacerlo.
A veces las cosas no salen como uno quiere, y otras salen como en realidad es uno. No sé, es como si todo fuera azar y uno sólo pudiera sortear lo que va viniendo a base de conocimiento y experiencia. Sólo eso: aguantar hasta que llega una ola y te subes en ella y te deja en un lugar distinto al que estabas.
Supongo que últimamente estoy más negativo que de costumbre, y eso ya es mucho decir, me aguantan un puñado de esperanzas, de proyectos a medio terminar, y la aventura americana. Hay quien dice que cada día es un nuevo comienzo, y puede que vivir en ese presente perfecto sea la mejor solución para sobrellevar primaveras como esta.
Estoy convencido de que algo bueno tiene que pasar que me lleve hasta ese otro lugar, esa ola que vengo persiguiendo desde hace tanto tiempo.
Me gustaría creer que alguien en alguna parte se enamorará de lo que estoy haciendo y le dará la visibilidad que necesita todo esto.
Últimamente me da por escribir por las mañanas. No sé el porqué ni creo que si lo acabara sabiendo me importara demasiado. A veces me cambia el ritmo vital y paso de un estado pasivo a uno activo, o viceversa. También me vuelvo nocturno durante semanas enteras y me arrastro el resto del día como consecuencia. O me da por leer durante un mes y no hago otra cosa y luego me da por no tocar un libro en años. Creo que, en el fondo, soy una persona inestable.
Hace ya tiempo que se me hace difícil seguir con todo esto. Cada día debo inventarme una razón para levantarme por las mañanas, llenarme la agenda de reuniones y la vida de objetivos a por los que ir, sin saber muy bien cómo llegar hasta ellos. Supongo que intuyo que mi existencia está cerca de acabar y me doy cuenta de que, en el fondo, desperdicié cada uno de los segundos de mi paso por la experiencia de estar vivo. Si miro hacia atrás no puedo contar ni un sólo instante de alegría que durara más allá de un suspiro. Divago por un presente infeliz aunque intente demostrar lo contrario, sin estridencias que lo hagan evidente, de solterón con gatos y comida artificial para microondas e intentos de dieta cada cierto tiempo, como si al otro lado de la báscula estuviera Camelot.
Decía Steve Jobs que si se levantaba durante unos días sin que se sintiera bien, lo analizaba y cambiaba lo que tenía que cambiar. Y de veras que me gustaría poder hacerlo, pero eso implicaría destruir cosas a mi alrededor. Toda la familia, por ejemplo.
Paradójicamente sostenerlo todo hace que yo esté en caída libre.