lunes, 31 de marzo de 2014

Fotografías antiguas


Se nos volvió invisible el rastro de las pisadas en la hierba, la luna lo borró con un manto de tiempo como si quisiera dejarnos en nuestra conciencia la incertidumbre de "un pudiera haber sido". Se ennegreció la maleza hasta volverse casi azul marino, hasta hacernos olvidar nuestros nombres y el tacto de la palma de la mano  leyendo mutuamente y en braille el surco de las líneas del destino de ambos.

Y llegó la luz sin luz y la vida sin vida, como siempre que marzo se extingue entre los últimos y helados estertores invernales. Y recordé lo mucho que yo quería quererte a cientos de miles de millones de átomos de distancia y de lo lejos que quedan los viajes espaciales para la soledad en la espera del astronauta abandonado en el centro de entrenamiento; desde donde no se pueden ver las estrellas porque si se vieran se volvería loco.

Supongo que si pudiera volver a aquel instante, si pudiera pedir, sin parecer un mendigo, una señal inequívoca que me permitiera seguir teniendo esperanzas regresaría, aunque tuviera que construir una máquina del tiempo, a aquella noche de luciérnaga y brisa en la que me sentí tan pleno que casi creí morirme de vida.

jueves, 27 de marzo de 2014

Llegó de nuevo la primavera, y con ella, los muros bajos donde sentarse y dejar colgar los pies...


Ya había perdido completamente la esperanza de volver a Rosa Martini, las calles seguían tan inhóspitas como los últimos años, pero entonces... entonces llegó la primavera y volví a asomar la cabeza por encima de los tejados y a buscar el horizonte más allá de dónde creía que el sol se ponía.

Y ahí estaba ella, con su vestido azul y sus palabras amarillas.



Luces de ciudad es, probablemente, una de las historias más sencillas que se hayan filmado. Pero con los años, sigue siendo de las pocas que me emocionan. Una de dos: o soy muy simple, o es que me permite seguir creyendo en el ser humano.

miércoles, 5 de marzo de 2014

Watching the wheels go round and round


Al principio creía que que todo iba a ser más fácil. Si he de ser sincero, pensaba que una vez llegado a los cuarenta la vida iba a ser una lucha diaria de baja intensidad contra la desidia, que al llegar esta etapa de la vida, sólo me quedaría la sorpresa fingida y de vez en cuando alguna pequeña sorpresa de verdad que me sobresaltara y me descolocara aunque sólo fuera por unos momentos.

Pensé que la vida iba a ser como remar sobre las aguas tranquilas de un estanque y que . Sin embargo, a veces me siento como si navegara en un mar embravecido, ni tan siquiera sin destino marcado, sólo con la idea en la cabeza de salvar la ola siguiente y rezar para que amaine la tormenta.

Supongo que pensaba que mi vida iba a ser como la de la generación de mis padres, que trabajaron treinta años en una misma empresa haciendo casi siempre lo mismo. Sé que los tiempos van cambiando, que la tecnología lo ha cambiado todo y que la sociedad vive acorde a ello. Iba a decir que aunque lo parezca, no me estoy quejando, pero sería demasiado evidente que mentiría. Una de las cosas que últimamente más vigilo es eso de mentirme a mí mismo, porque me he dado cuenta que tal y como a veces se ponen las cosas, la esperanza sólo se sostiene a base de ficciones, de proyectos que se alargan en el tiempo. Me he dado cuenta de que a veces la esperanza se basa en alargar los plazos hasta el siguiente punto de verificación, que lo mejor para no saber en qué estado se encuentra uno, es no preguntárselo.

Pero he de admitir que es una mala estrategia. Porque si bien el destino es algo que uno no puede llegar a controlar, sí que se puede prever con la información suficiente y por adelantado. Supongo que eso forma parte del aprendizaje: no obviar lo que es obvio, no poner a la esperanza como pantalla tras la que ocultar la realidad que se avecina.

Desde hace un tiempo evito escribir en el blog; cuando entro, leo post antiguos y me dejo llevar de unos a otros de una forma caótica. Los leo antes de mirar la fecha en que fueron escritos y casi siempre soy capaz de recordar qué me impulsó a escribir aquello, más allá de las ideas, orbitando alrededor de fuertes emociones... es como si hubiese escrito un mapa que me permitiera viajar a los rincones de mi pasado más inmediato, como si al leerlos pudiera encontrar motivos de cómo soy ahora, de por qué elegí ciertos caminos.

A veces soy capaz de ver que en aquellos escritos anticipaba acontecimientos que luego fueron casi inevitables, que intuía las situaciones y las reacciones que se sucederían con el paso del tiempo. En ellos puedo reconocer eso de lo que hablaba antes: la locura de cerrar los ojos y apostarlo todo a la esperanza en un juego casi de azar en donde las posibilidades de éxito tienen sus propias estadísticas, que nunca sopesé.

Tengo que decir que desde que vuelvo a leer los post antiguos tengo más claro que vivir es apostar por la locura, es jugar cuando no existen unas reglas para el juego. Vivir es eso que nos lleva cuando creemos que seremos eternos, y sólo tenemos el derecho de serlo cuando somos jóvenes. Imagino que uno madura cuando se da cuenta de que el resto de lo que queda por vivir es más corto que lo ya vivido. Me gustaría pensar que empiezo a ser consciente de que los errores del pasado no son tan eternos como yo mismo, que a esta edad la consciencia empieza a tener un peso que evita que siga volando en pos de quimeras. También he de decir que soy consciente de que me tocó vivir un tiempo de incertidumbres, de inseguridades, de olas de diez metros, en lugar de las tranquilas aguas del estanque imaginado.

Todo lo que ocurre por sorpresa ocurre porque hemos aceptado por verdades conceptos de vida que correspondían a épocas que no eran nuestras, sino de los que nos educaron. Supongo que el trabajo no es para siempre, ni la pareja, ni nada de lo que sí fue para nuestros padres. A mí eso me ha costado comprenderlo y el blog contribuyó a mostrar mi perplejidad antes todo los cambiante. No voy a negar que aprendí a base de encontrarme una y otra vez la realidad. Y la realidad es tan cruel como altas ponga uno sus expectativas.

Y supongo que pasó eso: que las expectativas sólo estaban basadas en la esperanza de que todo fuera como yo quería que fuera y cerré los ojos a ello.

Quizá debí abrir más los ojos. Aceptar lo que se me estaba ofreciendo, no apostar al rojo cuando cabía la posibilidad de que saliera el negro.

Pero, ¿y si hubiera salido el rojo?

miércoles, 19 de febrero de 2014

Dicen...

Llámame ñoño pero este tipo de canciones me gustan... como me gusta "Cómo conocí a vuestra madre" o "Big bang theory". Igual estoy envejeciendo identificándome con personajes que tienen 15 años menos que yo.

Dicen que hoy en día la adolescencia dura hasta los 25 años.

Y que viviremos casi cien años.

Y que no tendremos una sola pareja

Ni un sólo trabajo.




viernes, 14 de febrero de 2014

Me he convertido en un fantasma más.


Tres llamadas, y seis whatsapps, yacen en el fondo de la pantalla de mi móvil. Sin abrir y sin contestar. A estas alturas de la noche ya sabes que no quiero contestarlos, sabes que he entrado y a qué hora lo he hecho. Probablemente te preguntarás a qué viene todo eso. Quizá un día recuerdes que escribía en un blog y puede incluso que recuerdes su nombre y lo busques en google; y llegues a este día y descubras esto que estoy escribiendo.

Si es así, lo entenderás todo y me llamarás cobarde. Y te darás cuenta de inmediato que más que cobardía fue cansancio.

Me gustaría creer que dejamos un mundo mejor que el que hubiera habido si tú y yo siguiéramos juntos ahora. No sé si alguien notará la diferencia, espero que yo sí.

Y aunque no lo creas, espero que tú también.

miércoles, 12 de febrero de 2014

No sé si prefiero la libertad a una cómoda ignorancia


Me llama después de mucho tiempo sin hacerlo. El whatsapp es mucho más cómodo y no deja que tiemble la voz aun cuando los dedos sí lo hagan. Nunca antes me había sentido tan conectado y desconectado al mismo tiempo, tantas horas al día, a un fantasma. Si cierro los ojos me cuesta recordar las enredaderas de su pelo o la luna ondeando a media asta en el pozo de aguas cristalinas desde donde solía mirarme. Siempre me gustó el tono con el que habla, su voz cadenciosa y pausada, la solidez de aquello que afirma, como si a cada palabra consultase un compendio de leyes inalterables en el tiempo y de las que ella tiene un conocimiento que nadie más tiene.

Al otro lado del teléfono su imagen se vuelve más nítida, hasta los fantasmas tienen curvas cuando su voz los delata. Apenas escucho lo que me dice porque sólo puedo pensar en cómo hacerle entender que casi lo sé todo. No soy de esa clase de hombres que admiten que las cosas se acaban para siempre y empiezo a sentirme mal por dejar que siga hablando, que siga dando por sentado mi ignorancia. Una ignorancia que terminó cuando el otro vino a esperarme a la salida de la oficina para ver quién era yo, para decirme que dejara de ver a su novia. Al principio creí que era un loco, uno de esos infelices que se creen con patente de corso porque una chica les ha sonreído dos días seguidos en el metro, pero entonces se me ocurrió poner cara de no saber nada (algo que era cierto) y le dije que mejor lo hablábamos en una cafetería (en la que no me conocen). Creo que no tenía planeado que yo reaccionara así, creo que quería encontrase conmigo como una advertencia o una amenaza, decirme que estaba dispuesto a luchar conmigo por ella, pero me vio en forma y con cara de no saber muy bien qué estaba pasando, y ante esa duda, quizá creyó que era mejor hablarlo de forma civilizada.

Resultó que el otro era yo, que la aventura que tienes desde hace meses era el hombre que me mira desde detrás de los espejos. Y entonces comprendí las no llamadas, las no contestaciones, los fines de semana desaparecida, los encuentros furtivos con la excusa de vivir tan lejos el uno del otro. Y el no dormir juntos más de dos noches seguidas, y las sábanas siempre recién planchadas, y los adioses sin remordimientos y ese sentimiento de soledad que no se me iba ni cuando estábamos juntos.

Y entonces sentí algo parecido a la lástima por el hombre que estaba dispuesto a luchar por ti, que estaba dispuesto a cerrar filas entorno a ti. Me pregunté si él seguiría creyendo a esa voz tuya tan segura de sí misma, o si algún día se daría cuenta que sólo la utilizas para esconderte detrás de ella. Y de otra forma, también sentí lástima por mí mismo, porque yo no era distinto a él, y probablemente en sus circunstancias hubiera hecho lo mismo.

Le dije la verdad: que no lo sabía. No le pedí perdón y ni siquiera se me pasó por la cabeza sentir simpatía por él. En realidad, llegó un momento en el que estaba fuera de mí mismo, viendo desde otra mesa a un hijo hablándole a su padre de lo mucho que le hacía sufrir la relación con su novia. Supongo que yo ya empiezo a parecer algo más viejo de lo que soy, o veo a los jóvenes más jóvenes de lo que jamás fueron. Y pensé en si desde fuera también te vería así a pesar de que eres mayor que tu chico real.

Sigues hablando por teléfono, quieres que nos veamos el jueves, susurras que te cuesta vivir sin mi tantos días al mes, y entonces, cuando voy a contártelo todo, te digo simplemente que el jueves no puedo, sabiendo que voy a empezar una cobarde cadena de excusas con las que te iré atando al desengaño, lenta y fieramente, buscando que seas tú quien acabe conectada a un fantasma cuya voz aprendió a mentir para no tener que servir a la verdad, porque la verdad es un veneno mortal que no tiene antídoto una vez se inocula en el otro, porque la verdad no te hace libre, sobre todo cuando uno hubiese preferido tomar la decisión de salir al bosque y huir de los ladridos de los perros.

lunes, 10 de febrero de 2014

Diez de febrero


Supongo que cuando llegue el día en que me muera, cuando mire hacia atrás y me arrepienta de haber perdido el rumbo, de haberte dejado escapar, de haberme dedicado a algo que no me gustaba tanto como para levantarme por las mañanas con la ansiedad de vivir, porque vivir es una fiebre o no es nada; supongo que entonces, cuando haga ese recuento final ya sin remedio, me acordaré de este día y quizá piense que pude haber cambiado las cosas y no quise hacerlo, aunque ahora esté seguro de que me gustaría cambiarlas.

Quizá el bicho no gritó lo suficiente dentro de mí o yo me acostumbré a él como quien se acostumbra a tener de mascota a un perro peligroso. A veces pienso que averiguar su existencia y querer domarlo fueron errores críticos o lo que es lo mismo, ahora siento que siempre necesité esa fiera salvaje para llegar hasta donde no hubiera retorno y no sólo como guía, sino para que me arrastrara hacia el abismo, porque si vivir es una fiebre, los abismos son nuestro destino.

Siempre, desde que tengo uso de memoria, hubo marcha a atrás, siempre pude volver al origen. No sé si la cobardía es precisamente eso: saber que siempre vas a controlarlo todo y a poder volver al punto de partida cuando la cosa se ponga fea. En ese sentido no me ha ido del todo mal.

Pero desde hace días el bicho se remueve dentro de mí. Como cuando un volcán va a entrar en erupción y aparecen columnas de humo nuevas, la montaña tiembla imperceptiblemente y los animales se inquietan y tratan de alejarse. Lo intuyo. No sabría decir el porqué ni el cómo, pero sé que algo va a salir rugiendo y rompiendo las cadenas. Me gustaría creer que esta vez es la definitiva, que esta vez voy a acabar por hacer algo grande.

Y tú no estarás ahí, no estarás porque yo no quiero que estés. No estarás sin más, no quedará nada más que la huella de tu cola lloviendo polvo de estrellas contra la atmósfera, y durará poco, serán esas luces que chisporrotean cuando avivas una hoguera. Sé que tardaré en acostumbrarme a tus no llamadas y a la ausencia de tus excusas poco o nada creíbles. Sé que el mundo será algo más frío y que todo será algo más lento que de costumbre.

Pero un día, probablemente antes del último, cuando piense en lo vivido sin que me apremie la urgencia de la muerte y me arrepienta de cosas que no hice, sé que me arrepentiré de este diez de febrero y sus vientos de cien kilómetros por hora, sabiendo que solté la cuerda con la que sujetaba las pocas esperanzas de que acabáramos juntos.

Como quien suelta una cometa y la ve alejarse envuelta en torbellinos.

miércoles, 29 de enero de 2014

Si los árboles más grandes nacen de una diminuta semilla y los grandes proyectos nacen de un sueño, ¿por qué no lo apostamos todo a sembrar semillas de sueños?



Días sin poder escribir, sin conseguir unir palabras que recuerden a que una vez una frase tuvo un mínimo de coherencia, que quiso decir lo que yo quise expresar cuando la imaginé escrita. Vivo obsesionado con el paso del tiempo, y esa obsesión me paraliza, me ata a un presente continuo que no siento del todo como mío.

Busco razones, argumentos con los que convencerme que lo que empecé tiene un sentido, que los equipos, las nuevas patentes, el meterme de nuevo en la vorágine de los negocios, tiene un objetivo social último, que el agua es el principio de la salida de la pobreza para una gran parte de la población. Sin agua no crecen los cultivos, sin el agua no pueden comer ni beber los animales, por el agua empieza todo y ahí estoy yo, en lugar de intentar paliar mi propio destino, sigo adelante con esta idea, con ese proyecto que casi no interesa a nadie. No vamos a engañarnos, los pobres no interesan a nadie. Craso error.

Los niños no sólo siguen muriendo por falta de atención médica, si no sobre todo por la falta de prevención, por la falta de recursos baratos, por la nula desinfección del agua o de los alimentos. Desinfectar es difícil, virus y bacterias son vida, en realidad tenemos suerte: vivimos en un planeta donde la vida brota en cualquier parte. Sin embargo, nuestra especie está arriba del todo de la pirámide pero no puede con las enfermedades infecciosas. Lo que nos creó hace millones de años es lo que nos destruye, lo que nos da vida es lo que nos mata.


“El planeta no prospera cuando los más enfermos se les permite morir , sino cuando son capaces de mejorar sus vidas”.

Las economías no prosperan cuando se necesita tener seis hijos para que sobrevivan dos, y aunque parezca difícil de creer, en muchos lugares sigue siendo así. Está demostrado que las mujeres que pueden preveer que sus hijos sobrevivirán, planifican mejor sus embarazos y sus vidas. Y que los países con menor mortalidad infantil son los que tienen menor crecimiento demográfico en una o dos generaciones. La información es básica, los centros de planificación no son sólo centros de control de natalidad, son escuelas donde se enseña que la libertad sobre el cuerpo es una prioridad, cómo espaciar los embarazos da calidad de vida y permite ciertas cotas de autorrealización. El mundo que pertenece a los financieros y a los políticos debería pertenecer a las madres.

Y en ese mundo el agua tiene una gran importancia; si el agua es segura, los niños tienen muchas más probabilidades de vivir, y las madres pueden hacer planes para disminuir los embarazos, el crecimiento demográfico es menor, hay más recursos para todos. Menos enfermedades infecciosas supone menor gasto sanitario, menor gasto sanitario supone dedicar más recuros a educación e infraestructuras.

Datos y cifras

  • Las enfermedades diarreicas son la segunda mayor causa de muerte de niños menores de cinco años. Son enfermedades prevenibles y tratables.
  • Las enfermedades diarreicas matan a 760 000 niños menores de cinco años cada año.
  • Una proporción significativa de las enfermedades diarreicas se puede prevenir mediante el acceso al agua potable y a servicios adecuados de saneamiento e higiene.
  • En todo el mundo se producen unos 1 700 millones de casos de enfermedades diarreicas cada año.
  • La diarrea es una de las principales causas de malnutrición de niños menores de cinco años
Las enfermedades diarreicas son una causa principal de mortalidad y morbilidad en la niñez en el mundo, y por lo general son consecuencia de la exposición a alimentos o agua contaminados. En todo el mundo, 780 millones de personas carecen de acceso al agua potable, y 2 500 millones a sistemas de saneamiento apropiados. La diarrea causada por infecciones es frecuente en países en desarrollo.
En países en desarrollo, los niños menores de tres años sufren, de promedio, tres episodios de diarrea al año. Cada episodio priva al niño de nutrientes necesarios para su crecimiento. En consecuencia, la diarrea es una importante causa de malnutrición, y los niños malnutridos son más propensos a enfermar por enfermedades diarreicas.


No sé hacia dónde nos dirigimos. La crisis en el primer mundo es tan sólo una crisis para la clase media y baja de los que vivimos en un mundo seguro, sólo que nos afecta a ti, a mí, a nuestro país. La mayor parte de países del mundo están experimentando un desarrollo poco imaginable hace cuarenta años y existe una bolsa de 4.500 millones de personas que viven en países que mejoran sus condiciones, entre ellas, las sanitarias y de infraestructuras, sólo que lo hacen bajo las premisas de la economía neoliberal en la que sólo el que tiene recursos tiene la posibilidad de incrementarlos proporcianalmente y con ello, su poder social sobre sus conciudadanos. El sistema neoliberal es corrupto por omisión, porque compra todo, incluida la justicia, que no está preparada para todas los ardides legales a disposición de los grandes bufetes y queda bloqueada.


Yo sigo con mi proyecto del agua, después de un tiempo empantanado, vuelvo a ello, con una nueva visión estratégica, con nuevos inventos y patentes. En breve me mudaré a un parque tecnológico. Si miro hacia atrás, si releo este blog, me doy cuenta de que el hombre que lo escribía necesitaba salir de sí mismo, pero he de reconocer que fue una oportunidad para conjurar los demonios que me atormentaban, necesitaba comprender esa angustia ante el vacío, la pobreza, el abandono.

A los miedos sólo se les combate enfrentándose a ellos, sólo se cruza el río nadando, sólo se vence a la muerte viviendo.

Quizá he pecado de ingenuo. Espero conservar el espíritu que hay dentrás de la inocencia, pero con la experiencia acumulada durante estos años.

A veces escribo que no me arrepiendo de nada. Y no es del todo cierto. Me arrepiento de muchas cosas que he hecho, pero acepto los puntos de partida que siguieron a los puntos finales; en parte me han llevado hasta aquí. Y supongo que llegarán otros conflictos que modificarán lo planeado, pero no me arrepiento de haber puesto mi alma en lo que la he puesto.

Todos venimos al mundo a realizar algo para lo que inconscientemente nos preparamos.

Creo que el mío siempre estuvo relacionado con el agua.



lunes, 16 de diciembre de 2013

lunes de oficina (o de cómo si hay que morir en el intento, mejor que lo intente otro)


La mañana ha sido tranquila en términos generales. Álvarez sigue practicando su técnica de dormir con los ojos abiertos hasta las once de la mañana con vagos resultados porque ronca y porque Laura le tiene en gran estima y le consulta constantemente los más mínimos detalles de la reestructuración de plantilla. Creo que aún no saben que se puede despedir a lo bestia, así que de momento sólo han puesto la cafetera en medio de la oficina. Ya verás cuando se den cuenta que el cable no llega, espero que no corra la sangre.

Durante la hora del café (ya sin café) mi amada me ha contado lo mucho que me echa de menos y lo mal que se lo ha pasado el fin de semana conociendo millonarios en el club náutico de Palma. He notado cierta tristeza en sus palabras y casi me han dado ganas de consolarla, pero me he retenido por no hacerla sufrir y por el hecho de que lleva una navaja siempre encima para pelar la fruta. Eso hace que me tome mi generosa emotividad con cautela cuando se trata de la princesa de mis desvelos.

Cuando ha pasado por delante de Álvarez le ha comentado algo así como "Joder, Álvarez, este fin de semana he conocido un negro más grande que ese armario, no voy a poder sentarme en una semana" y luego me ha mirado con fingido rencor. Álvarez le ha contestado con un ronquido y acto seguido se ha desplomado sobre el teclado justo cuando entraba nuestro anciano presidente de la corporación... que ha interpretado el gesto como una reverencia.

A mí todo este jueguecito con mi amada ya me está cansando. Si quiere dejarme, que lo diga de una vez, que con tantas indirectas no hay quien se entere.

Sin embargo la mañana no ha sido del todo improductiva, desde que nuestra amada líder Laura me pillara a semana pasada in fraganti meándome en la cafetera, se ha creado cierto compañerismo entre ella y yo. No sabría decir muy bien el porqué, quizá por aquello que me dijo "yo llevo años haciéndolo", pero el caso es que desde ese día ya no me cae ninguna bronca, y me invita a bajar con ella al bar de abajo para tomar café y una copa de coñac. "Mira niño, olvídate de esa zorra y búscate alguien como tú" se ha sincerado esta mañana después de la segunda copa de coñac "yo tengo una prima solterona que...". Entonces nos hemos puesto sentimentales, me ha contado que vive con dos gatos, en un piso enorme y frío, nos hemos abrazado llorando y hemos cantado una canción de Luz Casal pero una versión que parecía de Los Chicos (porque yo canto siempre dando palamas) y Miley Cyrus (se ha quedado en ropa interior y se ha colgado de la lámpara) y luego nos hemos liado en el lavabo de minusválidos. Cuando hemos salido ya era la hora del vermut y nos hemos pimplado sendos gin-tonics con bravas.

Me gusta este trabajo, nunca sé cómo va a acabar el día, es lo más parecido a una expedición por el Amazonas pero sin selva ni río, lleno de peligros a cada paso y siempre rodeado de salvajes dispuestos a acabar contigo. Al principio no tenía muy claro que acabara adaptándome, pero tres meses después creo que cualquier otro trabajo me resultaría insulso.

A la hora de comer Laura me ha llevado con ella a la reunión con unos japoneses, me ha presentado como el delegado industrial de la empresa. Al vernos entrar, los japoneses nos han recibido con cierta sorpresa, quizá por nuestro aspecto desaliñado, con la ropa por fuera y despeinados, pero después de cuatro botellas de vino hemos acabado cantando la de "libre, libre quiero ser.. quiero ser quiero ser libre". Han firmado todo lo que le hemos puesto delante y ya tenemos contratos hasta que acabe la crisis y más allá. Uno de ellos creo que hasta nos ha regalado su alma, no sé por qué Laura se empeña siempre en intentar comprar el alma de la gente, con los contratos que propone ya uno se queda sin espíritu.

De camino al trabajo, ya en el taxi y con Laura agotada, desparramada y durmiendo a pierna suelta a mi lado, me he dado cuenta de lo orgulloso que debería estar por mi nueva condición de directivo de éxito, y de que lo mucho que me he esforzado haya tenido su recompensa. Me gustaría que mi padre hubiera podido verme hoy, en mi máximo esplendor, llenando la copa de vino de los japoneses hasta que perdieron la dignidad y la conciencia. Si de algo estoy seguro es de que me esperan más días de gloria. He podido ver la luz al final del túnel de mi existencia pasada y no pienso dejar escapar esta oportunidad.


Hace un rato que hemos llegado de nuevo a la oficina. Hemos guardado los contratos en la caja fuerte y lo hemos acabado de celebrar con una botella de Mateus que siempre tengo en mi taquilla, la cual he convertido en nevera a base de robar el compresor de la máquina de refrescos y acoplarle la turbina de un helicóptero tomahawk: congela en diez milisegundos medio kilo de gambas... el día que me la deje abierta puede que llegue una segunda glaciación a este planeta.

En fn, creo que va siendo hora de acabar esta agotadora jornada... qué ganas tengo que llegue el fin de semana ya.

jueves, 12 de diciembre de 2013

Alguna vez tenía que intentarlo, las catástrofes siempre suceden cuando alguien decide que va a cambiar algo que ya estaba bien como estaba


"Nunca antes
había escrito algo
que se pareciera
a un poema.

Los poemas no pagan facturas
Como mucho
el director de mi banco
diría al leerlo
"muy bonito,
¿dónde está mi dinero?"

No le pienso hablar
de ti
y de mí,
de que me quitas
la vida

No le voy a hablar
de la pluma que encontré
ayer
en el lugar en el que había
predicho
la luz de mi sueño.

A veces me pregunto
(ya sé que no es bueno preguntarse)
si no estaré, en realidad,
loco.

No loco de quererte con locura
que de eso sí lo estoy;
y me gusta

sino loco de verdad
de los que imaginan cosas
que no suceden
por mucho que
cierren los ojos
y aprieten los dientes

y trabajen los domingos
en filosofar piedras de hierro
para convertir en oro
todo lo que reluzca.

No sé.
Tengo miedo de estar loco
por si tú me dejas
 un día
por extravagante

Tengo miedo de que
sea imposible que el universo
quepa en un frasco.

Creo que dejaría de soñar
si tú me lo pidieras,
pero no me lo pidas
porque lo haría sin pensar

y dejaría de escribir al menos
este poema.
Se borraría él
y me borraría yo.

Y le devolvería al banco
lo que es suyo
y el director de mi banco
me diría "muy bien, así me gusta"
Y yo ya no sería yo

y no podría quererte como
te quiero ahora,
me faltaría poder creer que
algún día,
pronto
te regalaría un universo que
te cupiera en la palma de tu mano,
en el frasco
de tu vientre".

lunes, 9 de diciembre de 2013

La extinción de los hombres


Recuerdo a mi abuelo. Llevaba siempre la espalda recta y tenía un porte elegante. Tenía mal genio, es decir, se enfadaba cuando algo no le gustaba. Supongo que por eso se fue a la guerra y supongo que quizá por ello volvió y siguió con su vida más o menos donde la dejó. Tenía un sexto sentido: el sentido del honor. Su palabra era compromiso y aceptaba como justo lo pactado, aunque saliera perjudicado a veces. Hablaba con todo el mundo que razonara y se alejaba airado con los que eran incapaces de dar más respuesta que "por que sí" o "porque lo digo yo".

De él aprendí a escuchar historias e imaginar otros tiempos y otros personajes, pero si algo aprendí de verdad es a comprender que la vida que llevamos es también el lenguaje con el que nos expresamos, es nuestro discurso al mundo y no las palabras que salen por nuestra boca, sin embargo uno debe expresarse con corrección y respeto.

A pesar de tener mal genio, mi abuelo era un hombre amable, le gustaba la conversación y hablaba con todo el mundo, sin hacer distinción de clase social alguna...

Tengo la sensación de que aquellos hombres se han ido extinguiendo con el tiempo, que de la misma forma que desaparecieron los Neardenthales, la raza humana ha evolucionado hacia otro estadio de evolución, donde el honor no significa nada, donde un hombre se mide exclusivamente por lo exterior, donde se ha sustituido la vida real por la apariencia. No es lo mismo el valor que la honra.

Uno de los relatos que estos días me ha emocionado, es el del carcelero de Nelson Mandela, cuenta que desde 1978 fue su guardián y se sintió profundamente impresionado por su prisionero. Un día, cuando Mandela era presidente, a este guardia le tocó custodiar el parlamento. El presidente, al verlo, se fue con los brazos abiertos hacia él y lo abrazó, y se lo presentó a todos los parlamentarios y a sus ministros diciéndoles que ese hombre había sido su carcelero, como quien presenta a un viejo amigo, sin rencor.

Creo que el mundo de hoy, la clase política de hoy, los que nos gobiernan en la sombra financiera, han perdido esa perspectiva. Yo diría que estamos creando las bases de un mundo donde la gente no tenga la capacidad ni el espacio, ni el tiempo para cultivar la amistad. Y creo, sinceramente, que la amistad es la puerta por donde entra el progreso, la colaboración tiene más rendimiento que la competencia, aunque la competencia sea también necesaria.

Y no hay amistad sin respeto, y no hay respeto sin educación, y se educa con el ejemplo.

Nos estamos extinguiendo, pero no lo oímos porque no nos deja escuchar el ruido de la muchedumbre.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Conozco tanto eso del miedo a lo desconocido...


Supongo que el destino es muy extraño. Llevo varios días perplejo antes un millón de inverosímiles coincidencias, cosas que pienso y pasan, personas que aparecen como surgidas de la niebla...

Me gustaría creer que todo obedece a un plan, un plan que se ha quedado obsoleto y discurre por su cauce mientras yo me he quedado atrás, en una vía muerta a la espera de que ocurra algo.

A veces me siento así. Como si me hubiera detenido en el camino que tenía que llevar agua allí donde la necesitaran. Lo cierto es que no tengo la sensación de haber abandonado, sino que estoy en un momento de stand by y que dentro de poco volveré a retomar ese camino.

Si lo que está ocurriendo es real y no otra señal más de que me estoy volviendo loco, en breve volveré a mis nuevas obligaciones.

Estoy acabando una segunda patente, también relacionada con el agua. Si me la financian será lo que la electrónica supuso a la aparición de la electricidad: una evolución y un nuevo lenguaje, en química y en la conservación del medioambiente.

Pero esa es otra historia...