sábado, 28 de julio de 2012

Dinah Washington...



"Ya no se hacen canciones como las de antes" dijo ella.

"Lo que ocurre es que ya no queda quienes sepan cantarlas así" dije yo.

"Quizá hace tiempo que nadie se atreve" dijo ella mirándome fijamente desde el otro lado de la mesa.

"Yo sí me atrevería" y sonreí.

"¿Ah sí? ¿Con cuál?" me retó con una intensidad que no esperaba.

"Me atrevería contigo" me salió del alma.

"Yo soy mucha mujer" dijo sin soltarme con la mirada.

"No importa, tengo buena voz" le dije.


viernes, 20 de julio de 2012

Alicia en el país de los arquetipos


Hay algo que no creo haber dicho antes en este blog. Si lo hubiera dicho probablemente lo dije en un arrebato, así que no cuenta. O sí cuenta, no sé. El caso es que quizá ahora también lo diga sin ser consciente del todo de que ya no voy a volver a ser el mismo... a veces hablo de casualidades, de intuiciones o simplemente de cosas que imaginaban que pasarían y luego pasaron.

Hace años que juego con los arquetipos, aunque quizá debiera decir que son ellos los que juegan conmigo, y hablan alto y claro cuando les pregunto. Ellos saben y ellos conocen de qué está hecha la masa con la que se hace el pan del universo, cuál es su tiempo de cocción y a qué sabrá cuando se enfríe.

Algunos de mis amigos me hacen preguntas sobre qué les pasará, como a un oráculo de Delfos, y yo digo cosas que me sin palabras llegan a mi cabeza. Luego me olvido y no sé qué he dicho, luego me dicen si se cumplió lo que predije. Generalmente suele ocurrir (parece ser) que acierto.

¿Por qué digo esto? Porque conmigo nunca funciona. Yo no sé nunca qué me va a pasar, los arquetipos me quieren desconcertado, supongo.

Pero algo cambió hace unos meses. Hace unos meses me puse serio con ellos y les pedí que me aclararan al menos algo y ellos me hablaron con desgana. Para recordarlo lo escribí en una libreta. Hace unos días leí lo escrito.

No sabría decir si debería estar aliviado por conocer mi destino o si, en realidad, los arquetipos se burlaron de mí al concederme un sucedáneo de premonición. El caso es que se van cumpliendo los plazos y hay algo que no cuadra. Los arquetipos me dijeron que María estaría ahora conmigo, y no lo está.

Me pregunto si quizá debí luchar más para tratar de convencerla de que se quedara a mi lado. O si el destino, en realidad no es más que un horizonte al que nunca se llega por mucho que se viaje en pos de él. Según ellos María debía seguir ahí muchos más años pero sin embargo ella desaparece nada más tomar forma.

En casa nada me recuerda a ella, no ha dejado nada. No le conté que tenía un blog, apenas sabe a qué me dedico exactamente, como si nunca hubiera tenido interés, como si antes de que pudiera formar parte de algo, ya hubiera decidido que no habría tal algo. He dejado de cogerle el teléfono, le dije que si vivía con otra persona lo lógico es que no jugara conmigo. Me dijo que no quería perderme y yo le dije que lo que no quería perder era la puerta de salida si las cosas le fueran mal.

Demasiadas veces me he sentido así: como una salida de emergencia. También es cierto que en cuento me he dado cuenta he cerrado esa puerta. Esta vez creo que ni siquiera llegué a abrirla. El tiempo, probablemente, me dará o quitará la razón, pero eso me importa poco, hace tiempo que no tengo miedo a tener miedo, hace tiempo que ya no busco un ancla que detenga mi deriva.

Cuanto más me conozco más me doy cuenta de que mi caos forma parte de mí y que no puedo dejar a un lado todo eso que no quiero ser y soy. Cerrar los ojos ante lo que no quieres ser es desperdiciar el potencial que tienes, porque todo es luna; hasta su cara oculta es, si cabe, más luna.

Reconozco que me he ido haciendo menos frágil, que con el tiempo los fracasos en lugar de erosionarme han templado mi carácter. A veces no entiendo ciertas cosas pero ahora ya he dejado de intentar comprenderlas. Aunque la verdad, me es imposible hacerlo del todo. El animal que soy no olvida por mucho que quiera, el bicho sigue llegando tarde a dormir, ha vuelto el insomnio y las palabras se agolpan de nuevo para salir hacia alguna parte que yo aún desconozco.

La tristeza se agolpa detrás de las paredes y yo no quiero dejarla entrar esta vez. Intuyo que, a pesar de lo fuerte que creo ser, no iba a ser capaz de convivir demasiado tiempo junto a ella. Maldita tristeza, maldito duermevela.

Pero hoy al menos soy capaz de mirar de frente a todo lo que ha pasado estos días. Ser valiente consiste en ser capaz de querer comprender y seguir ahí aunque no lo consigas. Ser valiente consiste a veces en no ser lo suficientemente cobarde como para preferir el desdén a la soledad. Elegir.

Puestos a elegir me quedo con lo bueno. Aunque lo bueno no vaya a volver nunca más.

jueves, 19 de julio de 2012

Oigo la rueda del karma girar y veo pasar el tiempo, y me llama por teléfono y yo respondo


Me siento extrañamente bien, mi ánimo y mi percepción del destino ya no dependen de si las cosas van bien o mal. Vivo. Con esperanzas y no de esperanzas. No me aferro al pasado ni al presente, ya no los tengo clavados en el cuerpo como dos anzuelos que tiran en direcciones opuestas. Vivo sin desesperarme, echando de menos a María pero sabiendo que no he podido hacer nada porque las decisiones de los demás siempre nos dejan la duda de si pudimos influir en ellas, pero apenas podemos. Nadie nos impide querer a quien sí queremos y no querer a quien no queremos.

He vuelto a mis noches de estrellas en la terraza y a mi colajet, a mi Minute Maid de limón con hierbabuena y mis noches de casi insomnio, al trabajo diario y a los subterfugios que aparecen durante el día para que lo alargue en el tiempo.

Me voy conformando con pequeñas cosas antes de que el mundo me arrastre como un tsunami hacia la vorágine que se me avecina. Me pregunto si esto es el principio y si existe algo más allá.

Ayer medité de forma natural. Me senté en el suelo y me quedé en paz conmigo mismo, sin pensar y sin hacer nada, el cerebro se me aquietó y no sé cómo explicarlo, me convertí en el verdadero hombre que soy, no el que me empeño en construir ni el que tiene que respetar lo que los demás esperan de él. Fui yo durante unos instantes y me gustó ser yo. A lo máximo a lo que me había acercado es alguna vez que había escrito algo en este blog.

La mente es algo difícil de controlar. Lo habitual es que se destruya y se reconstruya totalmente en milisegundos, como si estuviera forrado de un papel de plata con pequeños microcortes para que respirara desde dentro el verdadero toni.

Hasta mi nombre me suena raro.

Me siento como si no tuviera nombre.

María me llama todos los días. Ha vuelto con su ex y me dice que me echa de menos. Me duele porque en parte es verdad y en parte es mentira, no puede estar echándome de menos todo el día hasta la llamada del día siguiente. Yo sí pienso en ella casi todo el día pero no soy ni fuerte ni débil. Ni digo cosas para que no haya marcha atrás ni me rompo en mil pedazos. Dejo que las cosas sigan su curso.

Iba a poner una canción que por la radio me gusta mucho pero el vídeo es muy sucio... http://youtu.be/kUvUX8RkIfA

PEro no lo voy a poner. Me gusta éste de Lana del Rey... porque es lento y porque me lleva a ese lugar donde las cosas están claras... donde a ella se le ve de muy lejos que no va a ser nada bueno en tu vida. Al final, preferimos a los malos porque no podemos esperar nada bueno de ellos y sabemos que estamos perdidos mientras estemos ahí.

El problema es la buena gente que no sabe lo que quiere. Esos son los que verdaderamente acaban haciéndote añicos el alma.

domingo, 15 de julio de 2012

Hice bien en no contarte que tenía un blog




Hace poco que conozco a María, apenas sé nada de su pasado. No saber el pasado de alguien con quien pasas mucho tiempo (ahora que lo pienso no pasamos tanto tiempo juntos) te sirve para anclarte a una sensación de eterno presente que evita que te hagas preguntas. Pero eso sólo sirve durante un tiempo. Al poco uno empieza a hacerse preguntas y dar información de uno mismo, como si el presente tuviera que estar encerrado de alguna forma entre las cuatro paredes del tiempo. Esta vez lo he alargado todo lo que he podido, pero al final la curiosidad ha sido más fuerte. Empezó preguntando ella y yo le conté cosas recientes, todo empieza como un juego de confidencias, todo es un después sobre las sábanas revueltas, las cortinas ondeando la viento como banderas, el calor de la ciudad fugándose con el sol cuando ya atardece y la caja de colajets se queda vacía...

María me cuenta que sigue viéndose con su ex-, me lo dice con una naturalidad que se me hace difícil de comprender, me dice que las cosas no acaban de terminar nunca, siempre queda algo de lo que hablar y que últimamente se ven más a menudo. Me cuenta que él la dejó por otra chica y que le dice que ahora se arrepiente, que con quien quiere estar es con ella. "¿Quién no querría estar contigo?" le digo tratando de quitarle drama al asunto. "El caso es que aún le quiero, de otra forma a la que lo hacía antes, me da pena que lo tirara todo por la borda. Yo le quería mucho, le perdonaba casi todo, no había nadie como él, lo consentí como se consiente a un niño y acaba por creerse que es invulnerable, acabó pensando que él era quien yo necesitaba que fuera. Y se perdió" me dice. "Se perdió y ahora pide volver a casa" intento resumir la historia que me cuenta. "Sí. Al principio lo hacía de una forma sutil. Ayer me lo pidió. Le conté que estaba saliendo con otra persona y se vino abajo. ¿Qué somos tú y yo, Toni?" pregunta.

Me debato entre el egoísmo de quererla siempre a mi lado y darle la oportunidad de que sea ella quien decida, quiero ser egoísta, quiero que todo cambie, que el pasado cambie y que su presente desaparezca cuando no estoy con ella. "Somos esto" le digo mientras le dibujo con el dedo una luna sobre la piel desnuda de su pecho desnudo "somos tú y yo sin haber construido todavía nada. Sabes que quiero cambiar el mundo y que quiero que lo cambiemos juntos" la verdad es que no sé qué decir, sólo digo tonterías..."sabes todo lo que soy, o casi, cuál es mi situación y cuáles son mis planes. Yo soy eso y me gusta que estés. Me gusta estar, me entiendo bien contigo a pesar de que hace tan poco tiempo que nos conocemos". No sé qué decir, podría haber dicho que quiero pasar toda mi vida con ella, tener hijos, surcar mares, viajar al fin del mundo, pero sé que eso la asustaría, aunque tal vez es lo que esté esperando que diga.

"Lo que más sorprendió de ti es que al cabo de una semana era como si te conociera desde hace mucho tiempo" me dice. "Es todo fácil contigo, imagino que siempre es fácil para ti poder llegar a los demás. Eso me asusta porque quizá sea una característica tuya y no la conexión especial que parece. Te ganas la confianza enseguida". 

"Y de la misma forma la pierdo" pienso.

"Eres transparente. Tanto que puedo ver tu miedo, puedo ver tu alegría y puedo ver cuando desaparece. Como ahora" dice María cambiando de postura, como si se le estuviera durmiendo el brazo derecho.

Sospecho que todo esto se está acabando. A pesar de que los dos sabemos que su ex estará un tiempo tranquilo hasta que vuelva a sentirse seguro. Y ese día ella tendrá una bolsa guardada en el armario cargada de reproches, y él contraatacará con esta historia fugaz conmigo. Y todo volverá a empezar y yo ya estaré muy lejos. Le digo que ambos sabemos que ocurrirá esto si ella decide volver con él. 

Me dice que yo no puedo saberlo todo, que a veces utilizo mi imaginación para crear guiones que no sabemos si alguien los interpretará como yo los escribo en mi mente. Que el mundo es algo más que historias inventadas, que yo viajaré por el mundo mientras ella se queda aquí esperándome y que él tiene un trabajo en Barcelona y que hay una rutina de convivencia y que está hecha un lío. 

Le digo que es lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo.

Me dice que no me han pasado más que cosas malas en mucho tiempo y que es normal que lo vea así. "No sé si cambiarás la vida de muchas personas pero lo que sí sé es que la mía la has cambiado. Pero soy yo quien no quiere que cambie. No sé si te das cuenta de lo difícil que es esto para mí. Porque yo a ti te quiero. Pero ahora mismo quiero a dos personas y no puedo alargarlo por más tiempo. También sé que si vuelvo con él y sale mal no podré volver contigo. Me gustaría que él estuviera con otra para no tener que pasar por esto, pero al mismo tiempo me dolería tanto si estuviera con otra... Más que si lo estuvieras tú".

No sé qué decir. El viento hace sonar las persianas y las cortinas se hinchan y se elevan casi hasta el techo. Mi piel se enfría, como si la sangre no quisiera abandonar los órganos vitales para mantenerlos vivos si ocurriera algo. No tengo miedo, ni tan siquiera siento la rabia que esperaba que tendría si ocurriera algo así. Y pienso que todavía me queda un largo camino hasta llegar a alguna parte, que otra vez he acabado siendo el otro, y que quizá ese sea mi destino si es que existe un destino y se manifiesta mientras vives. 

Le pido que comamos juntos, que vayamos al cine, al parc de la ciutadella, pero ella dice que no y en su no adivino que hoy, todo eso lo hará con otro que no soy yo. Podría quedarme hasta que la proximidad de la hora a la que vendrá él la ponga nerviosa y le haga pedirme que me vaya. Pero no sé por qué no soy así, pienso que si sobro lo mejor es marcharse con toda la dignidad que se pueda. 

Cuando cojo el ascensor le digo que puede llamarme cuando quiera y ella, desde la puerta de su piso, me mira, dibuja una sonrisa de circunstancias sin decir nada. 

Llego al portal de su casa y voy a buscar el coche. Todo esto me trae recuerdos antiguos, de otras calles, otros domingos por la mañana y de otras despedidas en circunstancias similares, dejando la puerta abierta al destino. Al llegar a la esquina de repente me siento muy cansado, me siento muy viejo, se me van las fuerzas de las piernas. Un padre pasa con su hija pequeña cogida de la mano calle arriba. Y al verlos pienso sin saber el porqué que mi vida hasta el día de hoy no ha servido para nada.

Llego al coche, subo, lo pongo en marcha y dejo su barrio con la rapidez que permite el escaso tráfico de un domingo por la mañana. Llego temprano a casa y me como dos donuts de chocolate que guardaba en la nevera. Enciendo el ordenador y empiezo a escribir algo que nunca ha pasado, que el tiempo ha guardado ya en un cajón de un armario que no me pertenece. 

Luego recabo información para el powerpoint de la máquina. Al fin y al cabo mi destino está aún por escribir... pero mientras, qué duro se me está haciendo todo.

sábado, 14 de julio de 2012

Sábado de nubes y claros


Siempre quise escribir un inicio de novela como la primera página de "Lolita" de Nabokov, con demostrar la pasión que uno siente por quien ama, unas palabras que al atravesarme el cuerpo como un rayo transmitieran toda esa electricidad estática a quien tocara el libro con las manos, como ahora me pasa con María cuando le paso el brazo por el hombro, cuando me roza el aura de la punta de sus dedos, cuando la hago prisionera y le hago sentir eso que sólo ella conoce y que yo sólo puedo intuir en la calma después del calor que desprenden nuestros cuerpos cuando el fulgor cegador del deseo ya se ha vuelto a convertir en una luciérnaga que escapa por la ventana.

Siempre quise provocar algo que no sé si existe y en caso de existir, que alguien como yo pudiera desencadenarlo aunque sólo fuera por casualidad. Todos estos días en los que veo toda esa felicidad y esa forma de energía limpia que desprende, solar y eólica, radiante y en torbellino, hace que me pregunte si yo tendré algo que ver con ello o si yo soy, en realidad, la oscuridad que ella ilumina y las ramas del árbol que se mueven con su brisa. A veces me llama para contarme cosas que sé no importan, sólo lo hace para encender la luz de mi habitación en penumbra y ver si sigo ahí, quizá esté abriendo una ventana para que se airee mi casa...

Me pregunto cuánto tiempo tardará en darse cuenta de que soy un hombre empeñado en la tarea de reconstruirse por dentro, que el maduro divertido, el que quiere cambiar el mundo a través del agua es sólo parte del hombre nuevo que quiero ser.

Que deseo con todas mis fuerzas ser.

"Deberías escribir" me dice... "pero deberías hacer llegar tu invento a todo el mundo" y a veces creo que me quiere porque porque admira algún supuesto talento que yo no creo tener. Y me da miedo, porque soy un pequeño ídolo doméstico con pies de cera. Me pregunto cuánto tiempo tardaré en que todo se ponga en marcha y si ese es el tiempo que me ha concedido. Y entonces recuerdo los plazos que no pude cumplir y en las decepciones que generé y en que ser un hombre a veces se me hace demasiado difícil porque necesito creer que todo es posible y eso, eso sólo lo pueden hacer los niños.

Si hay algo a lo que me aferro, si esta vez soy capaz de cubrir esperanzas de que todo es distinto, es que esta vez no hay confusiones, el tiempo y la crisis ha puesto a cada uno en su sitio, a mí el primero, y ya no concedo razones a quienes razón no tienen, he desistido en comprender a los que no me entienden, ni hacer comprender a quienes no tienen ganas de escuchar. Imagino que, en parte, en eso consiste madurar: en no tener miedo a hacer las cosas por uno mismo, a evitar la aprobación de los demás como método para tomar decisiones.

Anoche me decían que espero demasiado de los demás.

Y es cierto. Pero sólo espero lo que estoy dispuesto a dar. Imagino que en el mundo de las expectativas rigen las mismas reglas de los mercados de futuro... cuando la esperanza es algo que sólo le implica a uno, quizá a dos si eres capaz de compartirlas, como se comparte una misma cama o el mismo frigorífico, el mismo sofá, las mismas vacaciones...

Pero lo cierto es que vuelvo a intentar escribir una inicio de novela como la de "Lolita" y sólo me queda la posibilidad de irlo intentando con los retazos de pasión que a veces siento, que me tensan el cuerpo hasta convertirlo en un peso que arrastrar más que en un vehículo.

Ha salido el sol tras las nubes y el calor empieza a adueñarse de la buhardilla en la que soy lo que nadie ve que soy. Me he dejado el teléfono en el piso de abajo y me pregunto si habrá llamado María y si este sol recién aparecido tendrá algo que ver con ello. En si este verano será el mejor verano de mi vida o el último de los veranos que querré olvidar cuando mire hacia atrás. Y no sé por qué tengo la sensación de que todo ya ha cambiado, que yo aún no lo sé pero que mi vida ha tomado otro rumbo que me llevará a lugares que aún no imagino y al pensar esto pienso en todo lo que he escrito en este blog, en todas las rabietas y en todas las veces que no comprendí qué me estaba pasando. Y aunque sigo sin comprenderlo diría que ahora ya no me importa, que en el fondo he dejado de pensar demasiado para seguir caminando en una única dirección, como si de pronto hubiera dejado de nadar contra la corriente porque me he dado cuenta de que a donde quiero llegar me lleva este río en el que se ha convertido mi vida.

sábado, 7 de julio de 2012

Sábado por la mañana


La verdadera libertad tiene que ver con esta brisa que entra por le patio jardín, el rumor de los pájaros entre los árboles del parque cercano, el silencio interior que provocan los techos altos en los viejos edificios, la casi eterna eternidad del sonido que desprende tu sombra al frotarse contra las paredes de ladrillo y el suelo de madera.


La libertad a secas se construye a base de cambiar las puertas por cortinas, de encender velas sin creer que tarde o temprano se consumirán ¿a dónde se llevará el fuego la cera? ¿dónde, al enfriarse de nuevo, volverá a ser roja y volverá a oler a cerezas?  Diría que el tiempo ha pensado en descansar en el banco sobre el césped, esperando a que alguien le ofrezca un mojito mientras enciende las antorchas y pone la música que da relevo a las estridencias del piar de los pájaros. 


Toda esa libertad me esclaviza a ti, a tu forma de pasar por las cosas como si no hubieras pasado por ella, a estos silencios por la mañana y el olor a ropa almidonada, tan blanca como el blanco de tus ojos, cálida como tu piel cálida, desde la que te asomas al mundo a horas imperdonables, cuando yo ya he consumido un cuarto del día, tiempo en el que regreso a la rutina de una casa vacía presente todos estos años.

Si pudiera volver hacia atrás no sé si viviría todo lo que he vivido hasta este momento. Siempre digo que no me arrepiento de nada, pero no es del todo cierto, me arrepiento de lo que me ha hecho más duro y más frágil al mismo tiempo, de los afectos regalados, de los intentos vanos, de todo lo que me llevó a desilusionarme y me convirtió en alguien que nada guardando la ropa, que se pierde a veces en sospechas infundadas y que ante todo, ha dejado de tomarse en serio todo aquello que un día puede desaparecer dejando un rastro que no conviene seguir y que siempre acaba siguiendo. Si pudiera volver hacia atrás intentaría ser otro. Ya sé que eso es imposible, pero lo intentaría; para llegar a este punto y no saber herirte, no saber hacer añicos la libertad de la brisa que entra por el patio jardín o la del silencio interior que provocan los techos altos de los viejos edificios, me volvería, no sé, más confiado y no tendría miedo a perder esto, aunque sospecho que seguiría teniéndolo.

Pero el tiempo llama a tu puerta, al otro lado del océano una selva se agita y vuelve con sus manos de lluvia a mojarte la cara cuando te acaricia; el tiempo dejó de ser el gran enemigo cuando descubrí que el gran enemigo siempre es uno mismo, y la distancia se convirtió en esa eternidad que nunca pudimos cruzar a nado, a pesar de que siempre lo planeamos.

Últimamente habrás observado que me aferro a tu cuerpo a cuerpo por las noches y que compro flores a pesar de que ninguno de los dos está lo suficientemente en casa para poder vivirlas durante el día. Y es que de alguna forma que no entiendo sí estoy cambiando, me estoy volviendo más brisa y menos tormenta y, aunque no lo comprenda del todo, tengo la certeza de que voy llegando a donde estaba destinado a llegar, que empiezo a ser el hombre que siempre tuve que ser.

Y puede que sólo sea otro espejismo, pero ya no me importa porque he aprendido que hasta que no se manifieste como tal, ese engaño es la realidad y que, a veces, es mejor no caminar hacia el horizonte para comprobar con la palma de la mano si el universo miente, porque tampoco sirve de mucho si después de haberlo hecho no se sabe regresar a casa.

lunes, 2 de julio de 2012

Ronda del mig


Podría haberlo evitado. Podría haber pasado por otra calle en lugar de por esa maldita acera, pero entonces no hubiera recordado el locutorio ni que escribí para ella uno de mis mejores posts un mediodía mientras esperaba a que saliera de trabajar y pudiéramos reunirnos en una habitación barata para arrancarnos el envoltorio de plástico que cubría nuestras ansias de animal en celo. Pero no he podido evitarlo, tenía que pasar por delante para llegar hasta donde me habían convocado a una reunión de negocios. Negocios sucios, tan sucios que también me hubieran recordado aquél día si hubiera acudido a otro lugar que no tuviera que ver ella.

La terraza sobre un patio, un jardín interior que simula un bosque tropical y que lo consiguiría si el desorden no estuviera estudiado hasta el mínimo detalle: un desorden demasiado perfecto para esconder una mano metódica y amante de lo espontáneo pero incapaz de soportar una hoja fuera de lugar. Dos viejos conocidos que han dejado de querer conocerse porque hay demasiados lugares ocultos que ni tan siquiera ellos quieren recordar, pedimos sushi por teléfono y hablamos de todo menos de nosotros, preguntamos cosas que se contestan con "bien" y con "ví a M...", creo que si por algún motivo a uno de los dos se nos abriera una rendija por donde asomar el bicho de cada uno sentiríamos vergüenza, una vergüenza infinita que no conocería nunca más un lugar a salvo en el que ocultarla. Me pide que le hable de ella y yo le cuento cosas sin importancia, como si al volver a nombrarla tomara forma de nuevo y tuviera el poder de hundirme hasta las profundidades del abismo del que tanto me costó salir. Sonrío como si la herida estuviera cauterizada dado el tiempo transcurrido y entonces pienso que no importa el tiempo que haya pasado, algo de mí se quedó para siempre entre las cuatro paredes de la habitación en la que nos devorábamos con las manos, donde me hundía en ella hasta volverme grito.

Bebemos algo que tiene el poder de disolverla hasta convertirla en un aroma que aparece sólo cuando me acerco la copa para tomar un sorbo y desaparece en cuanto la alejo. Me pregunto si podría olvidarla con tanta facilidad, aguar su presencia en hielo hasta que se volviera insípida e inolora, al tiempo me respondo que entonces viviría en todas las copas, en todas las bebidas que bebiera el resto de mi vida, como si lo inundara todo con su nueva forma, como si fuera tomando todos los cuerpos, todos los soportes posibles, hasta convertirse en un todo del que sólo pudiera escapar saltando desde muy arriba con la esperanza de que ella no hubiera adoptado también la forma de la muerte.

Cuando estamos acabando me llama María al teléfono. Sonrío al ver su nombre en la pantalla porque no puedo evitar saber que al otro lado, en su auricular, ella esboza esa alegría con la que inunda todo lo que está a su alrededor. Hablamos poco, me da recuerdos para el monstruo y me dice que luego pasará a verme. Me gustaría decirle que a pesar de que yo soy mucho más grande, cogerla de la mano me da más seguridad de la que he tenido en mi vida, que su fuerza es esa inmensa pasión por la vida que a mí se me olvidó hace tiempo, que vivo aterrado a que un día me suelte, pero no lo digo, los hombres no podemos decir esas cosas porque esas cosas no existen en nuestro lenguaje. Somos los fuertes, los que sabemos a dónde ir y cómo hacerlo, los que tenemos el caparazón tan duro que ni el cielo infinito de estrellas podría agujerearlo si chocara contra él. Y lo que no se puede nombrar no existe.

Colgamos. El monstruo hace un comentario que se pierde por el desagüe por donde se olvidan los años vividos. Le sonrío porque me conoce y sabe que en la debilidad es donde radica la fortaleza de los que viven entre el dolor de la soledad y el pánico a que sobrevenga sin avisar.

El monstruo saca un libro que ha escrito y me lo dedica en bolígrafo rojo.

Últimamente los bolígrafos de tinta roja se han adueñado de mi vida.

Y los de gel verde, y de colores que no había visto nunca antes.

Al volver paso de nuevo por delante del locutorio donde un día me convertí en nómada para siempre. Aunque quizá ya lo era y mis pies sólo tuvieron que recordar que no tienen un hogar sobre el que construir un futuro.

Llamo a María sólo para escuchar cómo su boca se ensancha hasta convertir el silencio en una sonrisa infinita. Con eso me basta.

lunes, 25 de junio de 2012

Espejismo de lluvia

Diría que está lloviendo, afuera suena como si cayeran gotas desde el cielo, pero si fuera así mi cuerpo lo sabría. Mi cuerpo se despierta y se adormece con la lluvia, como si cada gota que cae sobre la superficie de la tierra fuera un dedo haciendo un masaje en su piel.

A mí me tranquiliza, puedo estar días enteros nervioso, sin dormir, como si tuviera una corriente eléctrica recorriéndome el cuerpo, y entonces aparece la lluvia y yo me desconecto, como si el agua fuera mi conexión a tierra por donde se va la electricidad estática.

Esta mañana he hecho algo así como una cura de sueño a medias. Me he quedado despierto en la cama, dando vueltas, leyendo a Murakami y esa forma lángida que tiene de dar forma a historias de gente que habla poco. Antes me gustaban las personas que hablaban poco, porque pensaba que su prudencia les hacía hablar sólo lo justo para no decir tonterías. Antes pensaba que la gente que hablaba mucho perdían lo esencial en un mar de consideraciones, prejuicios, como si tanta palabra se volviera un murmullo silencioso, algo que está ahí incluso cuando ya no estás con esa persona. Pero luego cambié de pensamiento. Me di cuenta de que yo era una de esas personas que hablan poco y lo era porque no tenía capacidad para transmitir lo que pensaba o sentía de una forma ordenada, ni emocional ni lógica. Así que cambié de gustos. Ahora me gusta la gente por la luz que emite y me fijo menos en las palabras. No sabría cómo explicarlo, la luz es algo así como la proyección positiva que se genera en los demás. Yo me entiendo.

Respecto a esa luz, no tengo muy claro que clase de ella emito. No sabría decir si las personas que pasan por mi lado tienen una percepción de mí lúgubre o radiante. Supongo que debe ir por días (soy bastante ciclotímico) y también he de admitir que he pasado muchos años solo y eso aísla tus pensamientos, tu forma de enternder el mundo y los demás... aunque quizá la soledad sólo haya sido un consecuencia de esa timidez, no sé. Tampoco quiero darle demasiadas vueltas a todo eso. Creo que no voy a encontrar una explicación razonable...

Definitivamente sí que está lloviendo. Poco, pero llueve, mi cuerpo ha entrado en modo lluvia. Mañana será un día importante por dos motivos, primero porque llegan los ingenieros para evaluar mi trabajo y el trabajo no está del todo acabado. No ha sido culpa mía pero sí es mi responsabilidad no haber sabido leer entre silencios la implicación a medias de quien yo creía que sí lo estaba. Al final creo que lo he logrado a medias y eso me deja en un lugar a medias.

También mañana me reúno con Business Angels para que inviertan en la máquina que potabilizará toda el agua que se necesite en cualquier parte del mundo.

Y el martes se fallan los premios de los que la máquina es finalista.

Miro hacia atrás y reconozco el vacío, veo al bicho agazapado, mudo, con miedo a no volver a tener fuerzas nunca más. Pero me conozco lo suficiente como para saber que un día estaré roto y él aparecerá con sus palabras y sus idas y venidas hacia el infierno. Pero algo ha cambiado. Ahora ya no me da miedo perder el control de las situaciones, ahora estoy casi en paz conmigo mismo.

No voy a caer en el error de pensar que he llegado hasta aquí por mis decisiones. El mundo, la vida y otras personas también tomaron decisiones que me llevaron a un punto casi sin retorno. Lo que hice a partir de entonces sí que forma parte de la decisión que tomé de ir a por todas. Y me salió bien porque tenía el deseo de llevar agua potable al mundo desde hacía muchos años.

Uno siempre tiene la oportunidad de ir hacia adelante, de demostrarse a uno mismo que puede lograr cosas que parecen, a priori, imposibles.

El mundo no tiene sentido si no colaboramos.

Si no estamos dispuestos a levantarnos y crear nuestros propios retos y creer en ellos, si no somos capaces de ir más allá cuando el siguiente paso puede ser un paso hacia el abismo, si no piensas con el corazón cuando la cabeza dice basta pero sigues al corazón sin reparar en peligros, si no nos arriesgamos por amor, entonces ¿qué crees que te va a emocionar el resto de tu vida?

Estos días me he ido acordando de las personas que me dijeron que no lo lograría, los que me aconsejaron que me dedicara a otra cosa, los que me dejaron a un lado. Hay personas para los que la medida de los demás se mide en lo que pueden sacar de ellos. Soy un hombre poco rentable, ¿qué le voy a hacer? He pensado mucho en ellos, lo he escrito en voz alta y lo he pensado abrazado a la almohada en el silencioso crepitar de las estrellas.

Y hoy, mientras remoloneaba en la cama, me he preguntado si cuando me muera habré dejado un mundo mejor. Y me he respondido que por lo menos lo habré intentado.

Porque a pesar de todo, seguimos siendo pequeños, niños en el papel de adultos, capaces de reír y capaces de ilusionarnos, de ser altruistas o de ser codiciosos, pero seguimos siendo insignificantes en comparación con aquello a lo que pertenecemos.



martes, 19 de junio de 2012

gracias por la lluvia

gracias por la lluvia, por los remolinos del agua camino de ninguna parte, gracias insomnio por regalarme selva cuando la selva ya no nos pertenece.

Y aquí también llovió. Poco y desde nubes extrañas.

De veras


De veras que lo intento. Llevo toda la vida intentándolo, pero hace días que no puedo escribir como antes, quizá una parte de mí haya renunciado a todo lo que conlleva sentirse vivo. Como si después de todo, mi cuerpo se hubiera rendido a la evidencia de los años. No sabría decir por qué pero hace días que me siento viejo.

Viejo para sentir pasión por otro ser humano. Como si de repente, me hubiera dado cuenta de que tu piel es sólo tuya y nunca podrá pertenecerme por mucho que intente descifrar su lenguaje ni agarrándola fuerte con las manos, como si ya hubiera perdido la cuenta de las veces que te hubiera arrancado la ropa antes de abrirte en dos como una naranja.

No creo que el mundo me haya vencido. Sé que sólo es una tregua, que muy pronto volveré a ser el hombre que era. No sabría decir ni cómo ni cuándo, sólo sé que tenemos una última oportunidad para desnudarnos por primera vez mil veces más, aprender a ser de nuevo, dos piezas de tetris que encajan perfectamente antes de desaparecer en una espiral de olvido. Pero tú no sabes, ni te imaginas, las veces que he soñado con  la humedad de tu cuerpo, tu espalda arqueada pidiendo más fuerte, más adentro, más allá de todo lo que podamos pensar que pudiera ocurrir.

No te imaginas lo mucho que empiezo a depender de que seas real y de que te entregues, con las manos arriba, desarmada, para que yo pueda llevarte a la cárcel de mi deseo, del que soy prisionero, del que quiero que te empape como una lluvia fina, así, con el tiempo necesario para que ya no quieras ir a ninguna otra parte, para que seamos agua los dos, lejos o cerca, allí o aquí, gotas de un mismo mar, magma expulsado desde el mismo infinito ardor.

domingo, 17 de junio de 2012

La sospecha


Me dice que el tiempo ha pasado, pero que a veces se vuelve loca y busca mi nombre en google, si por casualidad he abierto mi facebook y puede ver qué ha sido de mí, que la foto que sale en imagenes no me favorece, me dice que está bien, que las cosas acabaron por ser distintas a como imaginaba, pero que tampoco se imaginaba mucho. Me dice que ya no me echa de menos, que sólo algún día siente curiosidad.

Le digo que el tiempo ha pasado, que a veces me vuelvo loco y busco su nombre en google, que busco en el facebook de sus amigas por si han colgado una foto en la que sale ella, que no sale ninguna imagen cuando la busco, que sé que ya no me echa de menos, y que en realidad es algo que sí me importa, y que espero que algún día mi proyecto sea lo suficientemente importante como para que me encuentre sin buscarme.

Me dice que es feliz, que las cosas y las personas que la rodean le hacen feliz, que no necesita nada más, que es mejor encontrarse gran parte del camino hecho y que yo no hacía otra cosa que construir futuro, que se vive una sola vez, que es mejor comprarse una casa que hacerla, que es mejor estar con alguien que ha renunciado a tener sueños o que nunca los tuvo, que estar a mi lado la agotaba y la desesperaba, que necesitaba un lugar donde sentirse a salvo.

Le digo que soy feliz, que las cosas y las personas que quedan son pocas, que he creado algo con el que probablemente conoceré más y más personas que sueñan con cambiar el mundo, que de tanto construir futuros, al final, he acabado por conseguir algunos de ellos, que me duele haberlos tenido que perseguir yo solo, que sigo sin comprender qué le llevó a borrarlo todo y con ello a mí, pero que entiendo que estar a mi lado agote, no le digo que, en cambio, estar a su lado, era estar convencido de que era un inútil que no hacía nada bien.

Me dice que podríamos quedar un día.

Le digo que no quiero verla.

Me dice que debería haberlo ya superado.

Le digo que ella sólo quiere que los demás hagan lo que a ella le convendría que hicieran. Y que la gente piensa y siente por sí misma, que la gente es como es y no como ella quieran que sean.

Me dice que así nunca voy a llegar a ninguna parte.

Le digo que para no llegar a ninguna parte ya he llegado a alguna parte, que asuma que cuando la gente hace lo que quiere en lugar de lo que a ella le conviene, llega a donde quiere llegar. Si puede. O le dejan.

Se queja de la crisis. Se queja de que las cosas cambiaron mucho.

Le digo que me dejó tirado cuando peor lo estaba pasando, mientras ella no tenía ningún problema, que las cosas cambian, y cuando ves que alguien lo está pasando mal no es sólo por su estupidez, a veces las cosas son inevitables.

Me dice que soy cruel al recordárselo.

Le pregunto que cómo de cruel le parecería si la persona con la que está ahora le hiciera a ella lo que ella me hizo a mí.

No dice nada.

Le digo que lo siento, que es una mala idea hablar entre nosotros.

Me dice que sí, que somos demasiado diferentes.

Le digo que cuando estábamos juntos decía que yo era la persona con la que más había conectado en su vida.

Dice que eso lo dijo entonces, pero se equivocaba.

Le digo, que cuándo se dio cuenta de que todo lo que sentía, si lo pasaba por el filtro de la mente, era falso.

Me dice que siempre estoy cambiando las cosas. Que ahora es feliz y punto, que sólo quería hacer las paces  conmigo.

Le digo que yo nunca estuve en guerra.

Me dice que sí lo estuve.

Le digo que si hubiera estado en guerra lo habría sabido. Y yo me fui y no supo nunca nada más de mí.

Me dice que soy un imbécil

Y yo le digo que la odio, que es a la única persona en el mundo a quien odio, que antes de conocerla no sabía que era eso. Ahora ya ha pasado todo, que de una forma que no entiendo llegar a comprender que podía sentir eso me hizo recapacitar acerca de lo que estaba dispuesto a apostar y en qué.

Me dice que nunca nos hubiéramos entendido porque ella no odia a nadie, ni cree que nunca podrá hacerlo, que eso es lo fundamental que nos hace diferente.

Le digo que el odio no lo decide uno, que el odio llega como un puñetazo, que el odio no es una elección y que deseo que nunca lo sienta.

Me dice que ha sido una mala ida hablar conmigo

Le digo que la mala idea fue habernos conocido.



miércoles, 13 de junio de 2012

Cuento de hadas en Nueva York



Creo que si pudiera volver hacia atrás haría las mismas cosas con las mismas ganas, quizá hubiera luchado un poco más para quedarme contigo, no sé. Quizá hubiera llamado una vez más al timbre sabiendo que estabas en casa, hubiera insistido más en verte, me hubiera presentado en tu trabajo con una excusa de cien kilómetros, me hubiera hecho ciego, sordo, mudo, más paciente...

... pero me fui con todo lo que ello suponía, me fui porque me tiraste a la basura con las cosas viejas, me fui porque no se puede hacer querer a quien quiere ya a otro.

Anoche estuve dando vueltas a los últimos años de mi vida. De veras que intenté dejar en buen lugar cosas y personas que pasaron por mi tiempo, traté de comprender hasta meterme en su médula lo que se repite hasta la saciedad. De veras que lo intenté, creo que entendí muchas razones, pero al final, me di cuenta de que todos hemos de tomar una decisión y esperar que otro la acepte, que para seguir tenemos que echar de una forma poco elegante a algunas personas que fueron importantes. Y que a veces las cosas son como son y que no tienen remedio.

Supongo que me atraigo a los buscadores de oro por mi forma de entender las cosas, por algo que indica que si se quedan a mi lado el tiempo suficiente las cosas irán a mejor. Resulta curioso que todo haya llegado después del enésimo descarte y que haya tenido que estar solo para lograrlo. No sabría decir si tuve que llegar a esos extremos, a ir en contra de la dirección que todos me indicaban, y si será así siempre: que sólo yo crea en mis propias fuerzas.

Antes sólo ganaba tiempo. Ahora estoy ganando algo más a largo plazo, quizá esté comprando algo que no exista. Llevo días obsesionado con dejarlo todo atado por si me pasara algo. La máquina tiene que llegar a todas partes, rápida y sencillamente. Daría lo que fuera para ver dónde habrá llegado todo esto dentro de diez años, cuánta gente y quienes verán modificadas sus vidas por lo que tengo entre manos. Antes me preguntaba qué sería de mí, ahora me pregunto qué será de los demás. No sé si asustarme o tomarlo como una nueva de ser o de estar en el mundo.

Este blog empezó como el inicio de una novela negra, cuando quería ser escritor y andaba perdido. Reconozco que he pasado la mayor parte de mi vida completamente perdido. A veces uno encuentra su camino tarde, más allá de los cuarenta. Supongo que en algunos aspectos sigo tan perdido como antes pero eso ya casi no me importa. Ya no me importa hacerlo todo solo porque eso me permite una libertad que no hubiera tenido si hubiera tenido a alguien a mi lado. Sí hecho de menos haber tenido hijos, aunque la situación por la que pasé estos últimos años me hubiera roto el corazón verlos en la miseria como yo he estado, supongo que hubiera sacrificado mis tozudeces o hubiera arriesgado menos, no sé. Ahora eso ya no importa.

Ahora que llego ante la puerta de lo que quería, de lo que he estado buscando durante mucho tiempo, no estoy seguro de que cruzarla cambie demasiado mi forma de ser. Mi trabajo no cambia demasiado, y a pesar de vivir en otra ciudad, mis rutinas apenas han cambiado. Me siento bien dentro de esa segunda piel que es la soledad, un poco hecha a medida con retales de recuerdos de las personas que conocí y en quien confié, tampoco estoy tan solo, quiero decir que trabajo con los creadores de la tecnología y me siento bien porque son extraordinariamente amables y valoran mis conocimientos. Trabajo con música clásica y se me pasan las horas en un buen ambiente, escuchan lo que digo y noto que tienen reparos a preguntarme por mi vida personal, lo que agradezco.

El bicho se ha quedado un poco adormilado en un sitio, supongo que las carencias hacían que estuviera más nervioso de lo habitual. Vivir de la caridad de los demás sólo te deja dos caminos: el de la resignación o el de la lucha... y cuando no tienes contra que pelear te pegas con casi todo. Sin el bicho no sé escribir, el bicho vence el miedo con una dosis de inconsciencia de lo que hace, muerde y desgarra todo aquello que encuentra a su paso, inventa palabras y sensaciones que no tienen traducción ni en el mismo lenguaje del infierno. Supongo que cuando se llega a cierta edad te das cuenta de lo cierto que es eso del ardor de la sangre y de que la juventud se acaba acabando. Imagino que es esto; que la juventud se ha ido más tarde de lo que debería haberse ido, como si hasta el último aliento hubiera querido saldar cuentas pendientes, haber vivido un gran amor o tener un ideal perfecto que acabas consiguiendo y así poder entrar en la edad adulta como alguien que fue feliz y no arrastra trabas. Pero supongo que no es así, y que no pertenezco a ese grupo de personas que pueden considerarse a sí mismas como completas.

Quizá por eso sigo escribiendo, a pesar de que casi no tengo tiempo para hacerlo. Desde la ventana delante de la mesa donde trabajo, se ven las montañas y bosques, algunos grupos de casas, el río, un edificio cubierto de placas solares, en la cafetería hay un montón de gente joven y tienen una terraza y un pequeño circuito de running y algo así como un parque de juegos. Me gusta trabajar aquí y no sé si todo esto hace que dentro de mí las preguntas no respondidas quieran salir a flote a través de las novelas que hibernan. Sé que estarán ahí, incubándose de alguna forma silenciosa, y que tal vez algún día desarrolle otra vez esa enfermedad de contar historias. Ahora se me hace bastante improbable. Pero por otra parte me lo propuse no hace mucho y yo... soy de retarme para vencerme a mí a los que me dicen que no podré.

En fin. Cómo me enrollo. El caso es que cuando el bicho duerme hay otro toni al que también le gusta escribir y supongo, que entre los dos, algún día volveré a tomarme la vida más en clave de palabras. Porque cuando la balanza se decanta más hacia el lado de la ciencia más necesito compensarlo con palabras, como si el amor, en caso de existir, sólo pudiera medirse en palabras.



So this is Cristmas, i love you baby...