Confío en que, en algún universo paralelo exista un toni con el colesterol a niveles normales, con una cuenta corriente sin números rojos, un toni al que no condene a la miseria el lobby de los yakuzas (es decir: los bancos) y en el que pueda ir de vacaciones, un universo paralelo en el que ella no se hubiera ido con otro, en el que no merezca todo esto, en el que acabara mi novela y yo, desde este otro universo, la leyera como si no la hubiera escrito yo y pensara "No escribe mal, este sujeto". Un universo paralelo en el que la gasolina no estuviera a 1, 42 €, ni mis padres hubieran envejecido prematuramente por culpa de la preocupación que, a mis cuarenta años, les supongo.
En ese espacio-tiempo infinito de infinitas posibilidades ahora vivimos juntos, yo escribo en otro blog que se llama igual a éste, palabras con esperanza, y tengo hijos, y Ulises y Penélope corren libres por los tejados y vuelven a casa para la merienda. En otro mundo los vasos siempre están medio llenos y mi invento riega el mundo para darle más vida. Y sueño con la incertidumbre de otros mundos y me levanto por la mañana sabiendo que es un sueño. Y nunca tengo migraña.
Y no me detengo ante nada.
Y hablo más y vivo más y pienso menos.
Y el bicho duerme, se está quieto, se encuentra perdido, drogado hasta las cejas de la morfina que le supone mi sensatez.
Pero te ha tocado vivir en éste. Conmigo. Leerme palabras de desaliento, acompañarme en la pérdida, te ha tocado el toni pobre y solo, que vive bajo la inercia de la esperanza sin alcanzarla nunca, pero piensa que, en otro universo paralelo yo estaría en tu lugar y quizá tú en el mío y yo te seguiría leyendo, porque aunque no lo creas, seas quien seas, estés donde estés, siento que viajamos juntos, que si sacaramos la mano por la ventanilla del vehículo que viajamos, podríamos darnos la mano el uno al otro, habitantes de universos distintos.
Compañeros de viaje infinitos.
Amantes bajo la sábana de las estrellas.



