miércoles, 7 de julio de 2010

Shangai-París-Barcelona

Me llama y se queda unos segundos en silencio. Al otro lado yo respondo y espero esa respuesta que identifique a quien llama. El silencio me trae la certeza de que es ella. Ella que me quiere llamar pero no se atreve a hablar, quizá no sabe qué decir, sólo necesita saber que existo, que aún le cojo el teléfono, que no todo su pasado es un pasado perdido.

_ Soy yo_ dice.

_ Lo imaginaba_ le digo.

_ Creo que al final no iré a Barcelona. No tiene sentido, mi madre vendrá a Shangai y estará aquí conmigo hasta que nazca en niño.

_ Ya, es lo normal en estos casos.

_ Mi madre me ha preguntado por ti. Me ha dicho que si sé algo y le he dicho que no. Mi madre me ha dicho que qué lástima, que seguramente eras el único hombre que me ha querido de verdad. ¿Es eso cierto?

_ No sé si he sido el único.

_ No, lo de que me querías de verdad. ¿Es cierto?

_ ¿Qué importancia tiene ahora?_ dejo que el tiempo se alargue como el chicle._ Te quise como quieren los niños, sin protegerse, sin esperar nada malo; pero eso ahora no tiene importancia, quiero decir que mejor no se la dés. Ha pasado mucho tiempo, todas las heridas cicatrizan.

_ Yo también te quería. Quizá tuve miedo a esa forma en que yo veía que me querías. Una forma que yo no podía corresponder. Yo soy mucho más práctica que tú. Éramos muy diferentes. Pensé que no funcionaría._ dice ella mientras, seguramente, mira hacia el suelo.

_ Sí, supongo que debía de ser así._ digo convencido de lo contrario.

_ Sí, es mejor así.

_ Sí, ahora estás viviendo en Shangai con un hombre al que tardaste bastantes días en contarle que estabas embarazada, alguien que se pasa más de la mitad del tiempo volando y la otra de reunión en reunión, y yo estoy aquí solo, ocupando el tiempo como puedo, escribiendo durante la noche y haciendo horas en una editorial cochambrosa donde lo único que merece la pena es el alivio de cuando salgo por la puerta. Sí, los dos hemos salido ganando.

_ ¿En serio has vuelto a escribir?

_ Sí, nada que merezca la pena, pero he vuelto a escribir.

_ ¿Escribes sobre lo nuestro?

_ Ya no._ miento_ Ya sólo escribo novela negra.

_ ¿Sabes? me gustaría leer algo tuyo. Algo nuevo. Te echo de menos en esas letras.

_ Nunca te gustó que tuviera mi mundo hecho de palabras. Nunca entendiste que yo vivía de ellas.

_ Yo quería que vivieras en todo, no sólo en palabras.

_ ¿Por eso te ibas con tus amigas y me dejabas solo? Lo hubiese dejado todo por estar contigo.

_ Yo no quería que dejaras nada, no quería que dejaras de ser nada. Quería que fueses tú, sólo eso. Sentía una responsabilidad que yo no quería.

_ Por eso me llamabas luego cuando tenías problemas, supongo._ dije dándome cuenta de inmediato de que aquello era un golpe bajo, algo indigno.

_ ¿Sabes? Yo también te quería de verdad. Me pasé todo el tiempo esperando a que hicieras algo, no sé, algo extraordinario, algo que me dijera que te hacías cargo de tí mismo y de tu vida. ¿Qué importa si yo tenía problemas? Quería a mi lado a alguien lo suficientemente fuerte, o por lo menos que lo aparentara. Necesitaba sentirme segura.

_ ¿Acaso te fallé alguna vez?

_ No, tú siempre estabas allí, es cierto. Pero yo no quería a alguien que estuviese allí, quería a alguien que estuviese conmigo. ¿Lo entiendes?

Callamos. Nos despedimos, le di recuerdos para su madre. Colgó dejando el mismo silencio que evitó que hablara cuando yo descolgué.

No pude dormir. Volví a tener la sensación de que hay algo en mí que no funciona, de que no encaro las relaciones personales como debiera. Luego, a las cinco, me quedé dormido y soñé con un camino que atravesaba una selva hasta la playa. Una playa en un país lejano, de mar azul y arena blanca.

Me desperté con la misma sensación que cuando me fui a dormir. Llevo todo el día dándole vueltas a eso. Tengo que averiguar qué pasa.

Joan Manel Serrat - Helena



A veces, hasta los días que empiezan tristes te sorprenden acabando alegres. Como algunas canciones.

martes, 6 de julio de 2010

Nada más

Sé que no debería hacerlo, que no debería estrellarme contra esa pared que es el destino, no al menos de forma voluntaria, para regresar al punto de partida.

Sé que no debería temblar de ausencia (que es lo mismo que de frío pero desde dentro hacia afuera), sé que no debería encontrar esa salida fácil con la facilidad que la encuentro. Y sin embargo...

Si miro hacia atrás puedo ver un giro de 360º, veo el mar y el sol y la playa pero desde una oscuridad insomne. Veo los días pasados como si los hubiese visto en una película en blanco y negro, como si la realidad fuese en cinemascope, y de golpe, hubieran quedado obsoletas cientos de millones de escenas a las que entregué mi alma.

Mi alma. ¿Cómo estará cuando la encuentre? ¿Dónde la habrán enterrado?

Yo y mi infierno. Este blog y lo perdido. Este infierno en el infierno, estas ganas de vivir pero no hoy sino de aquí a un tiempo.

domingo, 4 de julio de 2010

Trabajo


Buen ritmo. No puedo descansar. Ahora tengo más trabajo que nunca.

- 8 horas y media de trabajo (8:00-13:30h)

- 1:30 horas de trayecto entre mi casa y la oficina

- Curso de Auditor de ISO 9001:2008, tengo hasta el 15 de agosto para presentar los últimos 2 ejercicios. Espero acabarlos ya.

- Implantación ISO 9001:2008 en empresa. Aún me queda definir procedimientos, no creo que acabe antes de septiembre.

- Proyecto de actividades: tengo que hacerlo esta semana.

- Cerrar trimestre, cerrar movimientos bancarios.

- Cerrar la empresa

- Hacer inventario

- Clases de inglés

- Ofertas fuera del ámbito de la nueva empresa, gestión de ofertas antiguas.

- Gestión de la comunidad de vecinos.

Llevo varios días saliendo a caminar y/o correr por los alrededores. Llego agotado. No tengo vacaciones.

¿Agobiado? Pues no, la verdad, bueno, sólo por lo de la comunidad de vecinos. Estoy con energía, tanta que a veces me cuesta estar sentado.

Eso sí, llevo mal el calor de estos días y creo que van a venir más, llevo mal la soledad y llevo mal el ir justo de dinero pero ¿qué le voy a hacer? Trabajo para cambiar las circunstancias.

Antes y durante las vacaciones supongo que lo viejo se irá y aparecerá lo nuevo.

Lo malo: no tengo casi tiempo de actualizar el blog. Ahora lo hago porque está cayendo una tormenta y no puedo salir afuera.

miércoles, 30 de junio de 2010

El nuevo trabajo

Una llamada a media tarde. Le digo que no puedo quedar con ella hoy. Mañana empiezo el nuevo trabajo y quiero llegar bien el primer día. He trabajado mucho, he esperado mucho, he creído mucho, he perseverado demasiado tiempo para dejar una mala impresión el primer día. El primer día de cualquier cosa que emprendas es mucho más importante de lo que parece.

No parece disgustada, como si ya se lo esperara. "Ha mordido el anzuelo pero el pez se ha escapado" debe de estar pensando ahora. De la misma forma que el primer día de trabajo es la culminación de un proyecto, de no bajar los brazos, de desoír sabios consejos, de ser cabezota, de creer en mí mismo (aunque a veces haya perdido el norte), lo mismo ocurre con quedar con ella. Si he esperado treinta y nueve años para conocerla puedo esperar unos días más. Una vez estuve detrás de conocer a alguien durante seis años desde el día que la conocí hasta que la llamé para quedar con ella. El tiempo es una medida inexacta cuando el minutero es impaciente.

Más tarde me envía un mensaje con una foto suya, segura de sí misma; vuelve a lanzar el anzuelo al agua, y esta vez con gusano sabroso. Tentado estoy de enviarle una mía en la que me muerdo las uñas de los pies (es broma, no me llego) pero hoy no estoy para según qué juegos de seducción, hoy sólo quiero vaciar mi ordenador de documentos antiguos para mañana empezar con todo algo más limpio, más capaz de almacenar nuevos datos.

Mañana empiezo algo grande, estoy seguro, y lo estoy porque he sido perseverante, porque he estado ahí, porque he sido todo lo honesto que sé ser, porque nunca me he rendido, ni siquiera cuando bajaba los brazos. Porque ser un hombre para mí significa luchar por aquello que crees.

Uno se puede conformar un trabajo que no le gusta pero que le paga las facturas y llenar el fin de semana para olvidar ese trabajo, pero si no tienes un anhelo, si no tienes la determinación de poder cambiar eso que no te gusta por algo que te llene y haces cosas mientras esperas que llega la oportunidad, entonces... entonces ¿qué sentido tiene vivir? ¿qué verán tus hijos que es lo que deben sentir el día de mañana?

Este trabajo me llevará a poder dar agua potable a gente que la necesita, visitaré lugares que no podría haber visitado nunca, conoceré a personas de culturas más viejas y menos contaminadas; creo que no sólo empiezo un trabajo, sino que emprendo un viaje iniciático hacia el corazón del ser humano y hacia mi propio corazón. Y cobran sentido todos estos años de dedicación al agua.

Y sé que tal vez he perdido más cosas de las que ganaré, algunas todavía me duelen, me duelen tanto que a veces arranacaría a correr y no pararía nunca, pero sé que mi destino era llevar agua a quien lo necesita.

Por eso es importante mi primer día de trabajo, por eso me voy a dormir ahora para estar más descansado.




Quizá la novela necesite que inicie este camino, quizá las historias que nazcan ahora necesitan de estas 702 entradas del blog como práctica para saber, en el momento oportuno, escribir y describir sentimientos que de otra forma, se me escaparían. A veces podemos llegar a creer que la red no es necesaria en el cazamariposas porque está llena de agujeros pero los agujeros son necesarios. ¿Alguien ha tratado de cazar una mariposa con una bolsa de plástico?

Nunca dejes de intentarlo, no te avergüences de perder una y otra vez si aprendes de ello. Ten fe. El éxito no es lo que los demás dicen que es, es lo que tú deseas que sea.

Si esto me sale mal volveré a levantarme, volveré a buscar las oportunidades, no he llegado hasta aquí para dejarlo cuando tan cerca estoy.

martes, 29 de junio de 2010

No soy quien crees que soy



Un número desconocido, una voz de mujer al otro lado; dos, tres, hasta seis frases ingeniosas que despiertan mi curiosidad. Le pregunto que quién le ha dado mi número y me contesta que un email le llevó a otro email y alguien perdió las formas, los papeles, nueve dígitos... Cuando cuelgo me doy cuenta de que no sé su nombre. También me doy cuenta de que por primera vez en varios días estoy sonriendo.

Me llama al día siguiente, esta vez le pregunto su nombre y ella me contesta con uno que se nota a la legua que no es el suyo. No insisto. Sé que no puedes hacer decir alguien algo que no quiere decir y que, en cambio, si no le das importancia el otro acaba pensando igual que tú y te lo acaba diciendo. Ella es lista, lo sabe, lo sabe y calla, se ríe del nombre inventado y cuando cuelga me dice que si quiero saber su verdadero nombre tendré que robarle el carnet.

Tengo un número desconocido grabado en la memoria del teléfono. Llamo. La voz de un hombre me pregunta qué quiero. Le digo que me he equivocado, pido disculpas y cuelgo. Tres horas más tarde ella llama y se burla de mí ingenuidad. "Te pusiste tan nervioso que ni te aventuraste a decir un nombre al azar. El azar es muy poderoso. El azar me llevó hasta tí".

Esa frase me intranquiliza. Hace que no duerma por la noche. Me juré a mí mismo alejarme de mujeres que jugaran con ventaja, que supieran de antemano cuáles eran mis debilidades. Sí, soy ingenuo, y sí, me atraen los volcanes, los cuchillos, las serpientes y los abismos. Sé que al menos tres de esas cosas habitan en el corazón de alguien con nombre falso. Entonces recuerdo que hay muñecas de trapo cosidas con el hilo del diablo. Hago una lista en un papel. Podría decir que son la misma persona fotografiada año a año en carnavales. Cambian los ojos, la estatura, hasta el color de la piel pero siempre el mismo fuego. Siempre ese ardor en la sangre, siempre ese brillo en los ojos y siempre esas expectativas acerca de mí.

Yo no soy como tú. Yo, como mucho, escribo para que me comprendas pero yo no soy lo que escribo. Soy un pobre hombre, mi niña. Un pobre hombre que tiene un blog en lugar de una vida, un hombre herido, un hombre adicto a la peor de las drogas: la esperanza.

Ella se ríe y me pregunta si alguna antes que ella se ha tragado esa tontería. Tal vez, le digo desconcertado. Me dice que hace tiempo que no encontraba lo que ha encontrado en mis palabras, que eso le sorprende y que sabe perfectamente que sólo se conoce a un autor leyendo entre líneas. Me dice que entre líneas soy algo que ni yo mismo comprendo, que creo que transmito algo pero que en realidad lo que hago es expresar otra cosa. Es como un cofre cerrado, es como si yo tuviera la llave, me dice.

Nadie tiene la llave de un cofre que no existe y que de existir estaría vacío. La oigo hablar y me pregunto que si esa lectura entre líneas no será más que un cebo para pescar pececillos de colores para no sentirme tan solo. Y me respondo que sí, que debe de ser así, pececillos que luego vuelven al mar dejándome solo otra vez.

Después de varios días de llamadas en horarios diferentes me dice que nos veamos. Le digo que no, que está confundida, que no soy lo que ella cree que soy, y que yo me acostumbraré a ella y que tarde o temprano se irá y se lo llevará todo salvo el abismo. Me dice que pasear por un parque no es como para abrirse las venas. Le vuelvo a repetir que no. Me cuelga enfadada.

Dos días sin llamar y ya me falta algo. Debe de ser que soy un animal de costumbres. Recibo un correo, un correo con un texto delicioso, si leo entre líneas puedo encontrar a un alma extraordinaria. Sé que detrás de esa lectura entre líneas me esperan un volcán, una serpiente, un cuchillo y el abismo.

Muerdo el anzuelo. Nos vemos mañana

Demasiado tiempo ya

He pasado mala noche. No he dormido casi nada, supongo que a medida que van sucediendo las cosas me voy dando cuenta cada vez más de lo ingenuo que soy y he sido.

Creo que he llegado al límite.

lunes, 28 de junio de 2010

Quién huye de quién


Pensé en dejar de escribir, en dejar de respirar, en ponerme a dormir; estaba tan cansado... A 160 km/h la vida es una emoción sencilla y poderosa, es saber que si das un volantazo todo se irá acabando mientras das vueltas sobre tí mismo y que, probablmente, nadie sospechará nada. El seguro lo cubrirá todo, hasta las marcas que los neumáticos dejarán en la autopista.

No lo he pensado ni por un momento, quizá hace años se me hubiera pasado por la mente pero ahora ya no, ahora soy el hombre débil más fuerte del mundo, ahora soy esa parte de mí que no juega con fuego. Lo aguanto todo, aguanto lo que sea, si Mike Tyson (cuando era Mike Tyson) me diera un puñetado en la cara yo seguiría sonriendo (aunque es probable que incrustado en alguna pared).

Soy fuerte porque sé que no tengo ninguna posibilidad, soy fuerte porque mañana por la mañana cuando me levante seguiré sin tener miedo, no quiero tener miedo, hace tiempo que me planteé que trataría de no temer las cosas que no se pueden evitar.

No pude evitar su llamada. O no quise. Ahora eso da igual. El caso es que descolgué el teléfono y ella estaba de nuevo allí, hablando sin que nadie pudiera hacer nada para impedírselo. Hablaba y yo respondía, como un autómata, como un ser sin alma debajo de la ropa. Hablaba y hablaba y yo me iba deshaciendo poco a poco como si en realidad fuese una escultura de arena a merced de un fuerte viento. Me dijo que quizá viajara a Barcelona el mes que viene, me dijo que vendría con su marido y sus dos perros, me dijo (o tal vez ahora lo imagino) que trataría de darle esquinazo para vernos. Le dije que me gustaría verla (era mentira), le dije que guardaba buenos recuerdos, le dije que todavía la quería.

Y ella dejó que el silencio fuera demasiado elocuente para ambos. Luego, me dijo que habían pasado cinco años y que todo el mundo deja de querer a alguien que le ha tratado como ella me trató a mí en cinco años, que no pensaba ni siquiera, la primera vez que llamó, que le cojería el teléfono.

Quizá no era tan buena idea que nos viéramos, debió pensar. Se despidió rápido, como cuando te estás deshaciendo de una llamada publicitaria.

No creo que vuelva a llamar.


Y la verdad, no sé cómo sentirme.

viernes, 25 de junio de 2010

El camino


Sigo sin saber qué escribir. Hace tiempo que no sé qué escribir, quizá nunca lo supe en realidad, quizá soy demasiado susceptible a ciertas cosas, tal vez el escribir, en mí, sea como una de esas plantas raras que sólo florecen una vez en su vida y luego se mueren para siempre.

Mi profesor de novela me decía que para escribir uno tenía algo que decir. Supongo que es lo que me pasa, que no tengo nada qué decir y sólo soy capaz de vomitar cosas en el blog. Este blog nació para que mi cabeza se centrase en escribir una novela. De eso hace dos años y medio. Si hiciera la media, he escrito una media de un post cada dos días. Dejé la novela, dejé de escribir historias. Al principio creí que era porque todos los problemas laboral-económicos me pesaban demasiado, luego creí que era por vagancia, luego creí que era porque no tenía nada qué decir, luego... porque soy como soy y no tengo remedio.

Si de algo me arrepiento es de haber dicho que estaba escribiendo una novela. Todo el mundo me pregunta que cómo va la novela. Yo digo que no escribo y entonces me enfrento a eso, al hecho de que no soy lo que digo que soy. Pero si miro hacia atrás y veo todo lo que he ido haciendo y el desgaste personal al que me he ido sometiendo. Y digo bien, me he ido sometiendo. Uno puede creer que la vida, las circunstancias, es la que manda. A veces es así, pero a mí me ha perdido la soberbia. La soberbia de pensar que "esto lo tiro yo para adelante solito" obviando que fuera había una recesión mundial, soberbia por creer que puedo hacer un trabajo para el que no tengo formación (y hacer la formación a posteriori, el saber no ocupa lugar), soberbia al pensar de que puedo seguir estando emocionalmente estable a pesar de que los días 5,10,15,23,25 y 30 de cada mes tenía que hacer frente a pagos nada baladíes amén de los extras, soberbia por creer que yo puedo, además, ser el apoyo emocional de otra persona en estas circunstancias, soberbia de querer, al mismo tiempo, labrarme un proyecto para salir de todo esto, soberbia al pensar que puedo escribir una historia en estas circunstancias.

Límites. Todos tenemos límites. Límites físicos, mentales, emocionales, límites para el corazón. Yo no los he visto. Era como una mosca chocando contra el cristal de una ventana. En esta serie de post reflexivos en los que trato, en voz alta, de poner cosas en su sitio, voy poniendo cosas sobre la mesa, cosas que creo que no podría hacer de otra forma. Básicamente porque, todo el mundo, en lugar de escucharte intenta ayudarte con la mejor de las intenciones pero basándose en su forma de pensar, una forma de pensar que tiene unas premisas personales muy claras. Yo estoy construyéndome esas premisas todavía. He llegado a un punto en el que creo voy a tener el espacio físico y emocional necesario para plantearme cómo quiero hacer las cosas a partir de ahora.

No me ata nada ni nadie. No tengo hijos, no tengo pareja, en cuanto consiga vender el piso, no tendré deudas o me quedarán las mínimas. No voy a cometer el mismo error, esta vez no me creeré el más fuerte porque he visto que creerte fuerte te hace débil, creer que puedes con todo no deja que pienses con humildad. A partir de ahora sólo me voy a esforzar en aquello que yo sepa que puedo conseguir, no voy a ponerme diez objetivos simultáneos. Sí, soy consciente que no soy eterno y que muchas de las cosas que creía que haría en mi vida no las acabaré haciendo. Esa es la primera aceptación, puede que haga muchas más cosas sólo por sólo el placer de hacerlas que marcándome objetivos sin crear las circunstancias que los faciliten.

Puede que un día tenga el tiempo y la necesidad de acabar esa novela. Puede que un día esté tranquilamente en casa, o tenga un trabajo de 8 a 3 que me permita hacerlo. Ahora prefiero hacer un agujero en el suelo para construir unos cimientos sólidos. Creí que los tenía pero era así. No importa, no es demasiado tarde.

Con todo estoy no quiero decir que con ello esté renunciando a mis sueños. En absoluto; lo que estoy queriendo decir es que no se puede dormir mientras estás conduciendo. Y tampoco quiere decir que no escriba si siento la necesidad de hacerlo, lo que quiero decir es que lo voy a hacer desde la perspectiva de que para hacer unas cosas hay que renunciar a otras.

Supongo que hay gente que todo esto lo tiene muy claro. Yo no lo tenía. Yo siempre he forzado las cosas y, lo peor de todo, es que lo he ido verbalizando. Al final, he caído en mi propia trampa. Mucha gente tenía unas expectativas sobre mí que yo mismo había creado y que eran de difícil complimiento. A veces es mejor no decir nada.

No quería acabar sin reflexionar sobre la pirámide de las necesidades de Maslow. Es difícil que dos personas se entiendan si están en etapas distintas, es difícil tener las necesidades cuebiertas y entenderte con alguien que no llega a fin de mes, con alguien que está en la fase de realización personal con otro que está en otro escalón distinto.

Durante todo este tiempo me he sentido tremendamente incomprendido y no tiene nada que ver con la capacidad de comprensión de nadie, ni de su bondad, ni de su altruísmo ni de nada de todo eso, es que simplemente, es muy difícil comprender a alguien que está en una situación distinta a tí. Y peor si es empática porque sufre por tí. De la misma forma yo no he comprendido ciertos gestos y desplantes que justo ahora empiezo a comprender los porqués.

Comprender ayuda a soltar lastre.

miércoles, 23 de junio de 2010

Nihil




Hace días que no puedo escribir. Borro todo lo que escribo, es como si no me pasara nada. Es como si alguien con una goma de borrar gigante hubiera hecho desaparecer todas las palabras que antes podían leerse dentro de mí.

No escribir no me pone triste. La tristeza ha quedado desterrada; incluso hoy, que han venido a ver por primera vez mi piso, ha sido un día insulso, blando, como un arcoiris de colores mate pero no triste. Por la tarde he caminado una hora, cuando he llegado a casa he pensado que a partir de mañana voy a salir ahí afuera y voy a tratar de recuperar las ganas por hacer cosas.

Echo de menos las palabras, y sobre todo, echo de menos aquella fiebre que me las provocaba como si fueran un sarpullido de dentro de la piel hacia afuera, me pregunto si mi vida será un constante añorar cosas, que en busca del equilibrio de mi vida, voy quitando cada vez una cosa más en uno de los dos platillos de la balanza.

El domingo llegué a la conclusión (después de andar dos horas) de que es mejor dejar marchar a quienes no quieren estar contigo, dejarlos marchar de dentro de uno, dejar de preguntarse los porqués. Es mejor decir adiós, (5) no tratar como prioridad a quien no te tiene ni como opción.

Estos meses atrás se han ido muchas personas que me acompañaron durante años, siempre pensaba que algo malo tenía yo que tener para que me dejaran con esas formas. Al final pensé que no era nada malo en mí, sino que me pierde el pretender acercarme a personas que quizá no quieran estar conmigo. Todas estas personas, en realidad, nunca me buscaron, siempre fui yo a ellas, era yo quien, por algún motivo, trataba de trabar amistad.

Les deseo suerte, en cualquier caso, les deseo que lleven la vida que han elegido llevar.



viernes, 18 de junio de 2010

Cartas


Hace días que no abro el correo, las cartas se amontonan encima de la mesa con sus sobre intactos, llenos, seguramente, de extractos bancarios y facturas, a la espera de que un día me apiade de ellas y ordene su contenido en alguna carpeta o en una bandeja de entrada o salida.

No me había dado cuenta de que había convertido mi vida en eso: en recibir cartas que no deseaba recibir, en llenar de papeles sin vida mi casa, de no tirar nada, de padecer un síndrome de Diógenes de catálogos y de cosas que me servirían más adelante. No me había dado cuenta de que la tristeza es recibir cartas con balances y requerimientos, que una avalancha así arrasa con todo de una forma silenciosa, de una forma que hastía.

Si hay algo de lo que me alegraré cuando trabaje para otro es que ya no almacenaré esas cosas, que dejaré de llegar a casa y de tener miedo al buzón. A lo mejor hasta me alegrará llegar y dejar de tener algo que hacer que no sea hacer las tareas propias de una casa. Un trabajo fuera será lo mejor para habitar mi casa. Desmantelaré los archivos, tiraré o trasladaré catálogos, revistas técnicas y me quedaré con las novelas, la bicicleta, el mapa de Granada, las varitas de incienso, volverá a ser una casa en la que cuando acabe el curso de la ISO, llegaré y pensaré "es mi casa" aunque sea por poco tiempo.

Y saldré a correr por el barrio o saldré en bicicleta por la montaña, pintaré las paredes del estudio, pondré parket arriba, instalaré la barandilla. Y haré cenas con velitas en la terraza, posiblemente solo, y respiraré hondo y las nubes pasarán por delante de la luna y luego refrescará un poco. Y a lo mejor puedo irme unos días de vacaciones (no demasiado lejos) y puede que las noches sean más cortas y yo no sienta esta intranquilidad perenne en el cuerpo.

A lo mejor podré aprovechar los pedazos de esta eterniad rota, tal vez el punto de partida sea el mejor de todos, no porque remita la invasión de cartas en mi buzón sino porque dejaré de sentir que me defiendo del mundo para salir a vivirlo a lo bestia.

Días que llegan. Días tan largamente esperados que hasta creía que eran una leyenda urbana. Días de verano. Me gustan los días de verano.

jueves, 17 de junio de 2010