miércoles, 30 de octubre de 2024
C.
No sé en qué lugar estás, no sé en qué tiempo vives, y si coincidimos o no en él, o si somos dos personas o cuatro o veinte al mismo tiempo. No sé si somos múltiples personajes en una misma Historia y si podemos coincidir sin que el universo explote. No sé si al hacer el amor contigo lo estoy haciendo en realidad conmigo mismo, en si al estar juntos somos en realidad la unión de piezas de un puzzle que conforman la solución a un misterio o si bien es la formulación de un hechizo que abra otra puerta a otro mundo.
En cualquier caso, me gusta la idea de que tú eres un poco yo y que en mí habitas tú.
No recuerdo donde leí que la combinación de todas las letras y sus números correspondientes del abecedario hebreo forman 15 mil millones de posibilidades y que hay una para convocar la perfección en cualquier ámbito, ya sea salud, amor, trabajo... Me gusta pensar que entre 8 mil millones de personas tú y yo (o sólo yo como parte de ti o sólo tú como parte de mí) hemos coincidido en este metro cuadrado, que estás a un instante a punto de darme un beso o de dártelo a ti a través mío.
Me gusta creer en cosas que sólo son probabilidad. Las probabilidades que la realidad convoca no siempre son estrictamente fruto de una entelequia matemática. A veces todo colapsa en un instante de ínfima probabilidad hecha real. Y cuando eso sucede uno ya no vuelve a ser el mismo. Que algo muy improbable suceda es lo más cercano a la brujería, como que tú y yo nos encontráramos entre 8 mil millones de almas, que decidiéramos nacer o nos nacieran tan cerca el uno del otro y al mismo tiempo tan alejados si hubiésemos nacido un siglo antes, que me mirases y cuadraran en tu subconsciente los criterios para no descartarme de inmediato, que mi tono de voz estuviese dentro de lo que no te es molesto, que te gustaran los hombres con barba, que no hubiera nadie que en tu vida en ese momento, que no estuvieses en ese punto de tu vida en el que no quieres nada con nadie, que yo supiera llegar, que le gustase a tu perro, que tuviese algo interesante que contar en el momento que tú estabas receptiva a escuchar.
La gran trampa es pensar que todo tiene un porqué o un "para qué". La vida es eso que sucede como el paisaje en un viaje en tren, sin que uno pueda pararlo porque está vivo, y mientras uno está vivo uno va hacia adelante mientras le pasan cosas. Es imposible que no te pase nada. Vives y el aire que respiras ya es algo con lo interaccionas, se te pega a la hemoglobina, te oxida poco a poco su apenas veinte por ciento de oxígeno. Vivir es una lucha constante contra el deterioro, tu cuerpo repone tejidos a contrarreloj con alimentos que y agua que atrapas. Trabajas para conseguir estar en el sistema para acopiar más material con el que vencer al gran destructor en el que estamos inmersos como peces.
Y entre todo eso, y a pesar de eso, y contra eso y buscando algo infinitamente inmenso que lo combata durante todo el tiempo que podamos, aquí estoy. Queriéndote. Preguntándome si somos tú y yo o somos sólo tú o sólo yo en dos formas distintas, pero sin poder evitar seguir queriéndote.
No sé si leerás esto algún día.
Yo voy dejando por escrito lo que pienso, sigo ahí, como si alguna vez esto fuese tan importante que evitarlo pudiera ser considerado una catástrofe.
lunes, 28 de octubre de 2024
Por si llegas aquí
Sé que no es así, pero a veces sueño que me lees y que por alguna razón acabas por volver a tener ganas de saber de mí. No sería un buen momento, pero es lo que suele pasar casi siempre: nunca somos la mejor versión, la que nos gustaría ser cuando el pasado regresa para saber cómo nos ha ido.
A veces pienso que me lees y me entiendes. Y siento a veces también que escribo para que me entiendas si alguna vez se te ocurre preguntarte en qué estaré pensando; que lees un poco y luego no puedes parar de hacerlo hasta que te haces una idea de que sigo escribiendo para ti.
Sigo escribiendo como el que echa leña a una hoguera que tarde o temprano se acabará apagando, sigo pensando en ti todos los días, sigo volviendo una y otra vez a la palabra escrita porque de algún modo entiendo que es nuestro lenguaje, el único que hablamos los dos, un idioma secreto escrito en otro idioma, un secreto que ni siquiera somos capaces de entender en qué consiste, pero que está ahí, esperando a que el otro lo lea y lo entienda; que lo sienta como uno siente el relieve de algo que rozan las yemas de sus dedos, pero con la mirada, como si lo invisible tuviese una orografía compartida a la que de una forma incomprensible los dos pertenecemos.
Sé que estás ahí afuera, que la vida te distrae con las cosas que la vida tiene.
Que estás al otro lado y entiendes lo que mis palabras significan en nuestro lenguaje.
Que dudas en si escribir o no hacerlo y en por qué complicar innecesariamente las cosas.
Si vivimos una sola vez, que esa vez la vivamos valientes.
A veces lo valiente es pasar página y otras es querer saber cómo acaba la historia. No creo que haya un manual para entenderlo ni que nos diga qué opción es la correcta.
Si llegaste hasta aquí y no quisiste más, que sepas que no importa aunque me importes, todos somos el pasado de alguien incompatible con nuestro presente.
En cualquier caso, gracias por haberme pasado, por dejarme los recuerdos que me dejaste, por haber logrado que, al contrario de lo que todo parecía indicar, convertirme en mejor hombre.
Acepto este destino aunque no sé si estaba destinado a él.
lunes, 14 de octubre de 2024
En otra vida
En otra vida nos hubiéramos dado una segunda oportunidad y yo la habría vuelto a fastidiar y hubiese pedido otra y otra y otra, porque en el fondo éramos el uno para el otro, o era tú para mí y yo no sé ser.
Es difícil sentirse querido pero nunca amado. Uno se acostumbra. Creo que lo peor de todo es la costumbre. Yo veía a mis padres y pensaba que las cosas eran así de fáciles y de difíciles, y me parecía lo normal. Cuando eres niño y estás aprendiendo uno cree que las cosas son como las que ve.
Me hubiese gustado hacerte reír más. Me gustaba hacer que el mundo fuese algo más feliz cuando yo estaba en él. Pero sólo me querías. Quizá quisiste amarme, pero no pudiste. No soy fácil. Me decías que era algo así como alguien de los bosques, salvaje. Y creo que tenías razón.
Vengo de un lugar oscuro, al que iluminaron bien para que nadie recordara qué fue antes. Uno sabe de dónde viene aunque nadie más lo sepa. Uno sabe a dónde pertenece aunque sepa vivir en otros lugares.
Tú lo sabías. No al principio, claro. Lo supiste más tarde, cuando aún había remedio. Antes de que fuese demasiado tarde, antes de que el caos fuese un nuevo orden.
Siempre supe que merecía aquel final aunque no lo aceptara. Siempre sé que por alguna razón soy querido, sólo eso. Siempre está la distancia, siempre hay un vacío inabarcable entre yo y el resto, algo que es insalvable y que en el fondo es más yo que yo mismo.
Me hubiese gustado no ser así.
Me hubiese gustado ser alguien a quien hubieses sido capaz de amar.
miércoles, 2 de octubre de 2024
En otro contexto
Me preocupa sentir el corazón acelerado con tan poco; pasar de cero a cien y frenar en seco en un solo día. Pensar que algo es para siempre y al cabo de diez minutos intuir que será nunca; no dormir por la emoción y que al día siguiente no me deje la melancolía.
Me gusta creer que no soy el personaje que escribo y que sería diferente si lo escribiese todo en tercera persona. Tal vez sería todo más literario, más formal y se vería que no nací para ser escritor, que me quedé muy por detrás en alguna de esas cosas que le acreditan a uno para contar historias extraordinarias para otro que quiere que se las cuenten.
Uno llega a una edad a la que ya no puede hacer una carrera, a no ser que empiece ahora y viva hasta los noventa años con plena lucidez y salud, y tiempo, y estímulos suficientes para seguir creyendo que lo que uno es y piensa es necesario para el resto del mundo.
Y mientras tanto sigo aquí, exprimiendo un tiempo que dedico a otros asuntos más mundanos, preguntándome qué hubiera pasado si lo hubiera apostado todo a esa otra vida que me planteé hace veinte años.
Me pregunto si esas novelas que hubiese escrito tendrían tanto de mí como hubiese querido, y si me hubiese servido para ser más feliz; si en algún lugar de todo aquello hubiese estado la felicidad que no acabo de asir.
Y si estaríais ahí.
Y si estarías aquí.