Hace poco que conozco a María, apenas sé nada de su pasado. No saber el pasado de alguien con quien pasas mucho tiempo (ahora que lo pienso no pasamos tanto tiempo juntos) te sirve para anclarte a una sensación de eterno presente que evita que te hagas preguntas. Pero eso sólo sirve durante un tiempo. Al poco uno empieza a hacerse preguntas y dar información de uno mismo, como si el presente tuviera que estar encerrado de alguna forma entre las cuatro paredes del tiempo. Esta vez lo he alargado todo lo que he podido, pero al final la curiosidad ha sido más fuerte. Empezó preguntando ella y yo le conté cosas recientes, todo empieza como un juego de confidencias, todo es un después sobre las sábanas revueltas, las cortinas ondeando la viento como banderas, el calor de la ciudad fugándose con el sol cuando ya atardece y la caja de colajets se queda vacía...
María me cuenta que sigue viéndose con su ex-, me lo dice con una naturalidad que se me hace difícil de comprender, me dice que las cosas no acaban de terminar nunca, siempre queda algo de lo que hablar y que últimamente se ven más a menudo. Me cuenta que él la dejó por otra chica y que le dice que ahora se arrepiente, que con quien quiere estar es con ella. "¿Quién no querría estar contigo?" le digo tratando de quitarle drama al asunto. "El caso es que aún le quiero, de otra forma a la que lo hacía antes, me da pena que lo tirara todo por la borda. Yo le quería mucho, le perdonaba casi todo, no había nadie como él, lo consentí como se consiente a un niño y acaba por creerse que es invulnerable, acabó pensando que él era quien yo necesitaba que fuera. Y se perdió" me dice. "Se perdió y ahora pide volver a casa" intento resumir la historia que me cuenta. "Sí. Al principio lo hacía de una forma sutil. Ayer me lo pidió. Le conté que estaba saliendo con otra persona y se vino abajo. ¿Qué somos tú y yo, Toni?" pregunta.
Me debato entre el egoísmo de quererla siempre a mi lado y darle la oportunidad de que sea ella quien decida, quiero ser egoísta, quiero que todo cambie, que el pasado cambie y que su presente desaparezca cuando no estoy con ella. "Somos esto" le digo mientras le dibujo con el dedo una luna sobre la piel desnuda de su pecho desnudo "somos tú y yo sin haber construido todavía nada. Sabes que quiero cambiar el mundo y que quiero que lo cambiemos juntos" la verdad es que no sé qué decir, sólo digo tonterías..."sabes todo lo que soy, o casi, cuál es mi situación y cuáles son mis planes. Yo soy eso y me gusta que estés. Me gusta estar, me entiendo bien contigo a pesar de que hace tan poco tiempo que nos conocemos". No sé qué decir, podría haber dicho que quiero pasar toda mi vida con ella, tener hijos, surcar mares, viajar al fin del mundo, pero sé que eso la asustaría, aunque tal vez es lo que esté esperando que diga.
"Lo que más sorprendió de ti es que al cabo de una semana era como si te conociera desde hace mucho tiempo" me dice. "Es todo fácil contigo, imagino que siempre es fácil para ti poder llegar a los demás. Eso me asusta porque quizá sea una característica tuya y no la conexión especial que parece. Te ganas la confianza enseguida".
"Y de la misma forma la pierdo" pienso.
"Eres transparente. Tanto que puedo ver tu miedo, puedo ver tu alegría y puedo ver cuando desaparece. Como ahora" dice María cambiando de postura, como si se le estuviera durmiendo el brazo derecho.
Sospecho que todo esto se está acabando. A pesar de que los dos sabemos que su ex estará un tiempo tranquilo hasta que vuelva a sentirse seguro. Y ese día ella tendrá una bolsa guardada en el armario cargada de reproches, y él contraatacará con esta historia fugaz conmigo. Y todo volverá a empezar y yo ya estaré muy lejos. Le digo que ambos sabemos que ocurrirá esto si ella decide volver con él.
Me dice que yo no puedo saberlo todo, que a veces utilizo mi imaginación para crear guiones que no sabemos si alguien los interpretará como yo los escribo en mi mente. Que el mundo es algo más que historias inventadas, que yo viajaré por el mundo mientras ella se queda aquí esperándome y que él tiene un trabajo en Barcelona y que hay una rutina de convivencia y que está hecha un lío.
Le digo que es lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo.
Me dice que no me han pasado más que cosas malas en mucho tiempo y que es normal que lo vea así. "No sé si cambiarás la vida de muchas personas pero lo que sí sé es que la mía la has cambiado. Pero soy yo quien no quiere que cambie. No sé si te das cuenta de lo difícil que es esto para mí. Porque yo a ti te quiero. Pero ahora mismo quiero a dos personas y no puedo alargarlo por más tiempo. También sé que si vuelvo con él y sale mal no podré volver contigo. Me gustaría que él estuviera con otra para no tener que pasar por esto, pero al mismo tiempo me dolería tanto si estuviera con otra... Más que si lo estuvieras tú".
No sé qué decir. El viento hace sonar las persianas y las cortinas se hinchan y se elevan casi hasta el techo. Mi piel se enfría, como si la sangre no quisiera abandonar los órganos vitales para mantenerlos vivos si ocurriera algo. No tengo miedo, ni tan siquiera siento la rabia que esperaba que tendría si ocurriera algo así. Y pienso que todavía me queda un largo camino hasta llegar a alguna parte, que otra vez he acabado siendo el otro, y que quizá ese sea mi destino si es que existe un destino y se manifiesta mientras vives.
Le pido que comamos juntos, que vayamos al cine, al parc de la ciutadella, pero ella dice que no y en su no adivino que hoy, todo eso lo hará con otro que no soy yo. Podría quedarme hasta que la proximidad de la hora a la que vendrá él la ponga nerviosa y le haga pedirme que me vaya. Pero no sé por qué no soy así, pienso que si sobro lo mejor es marcharse con toda la dignidad que se pueda.
Cuando cojo el ascensor le digo que puede llamarme cuando quiera y ella, desde la puerta de su piso, me mira, dibuja una sonrisa de circunstancias sin decir nada.
Llego al portal de su casa y voy a buscar el coche. Todo esto me trae recuerdos antiguos, de otras calles, otros domingos por la mañana y de otras despedidas en circunstancias similares, dejando la puerta abierta al destino. Al llegar a la esquina de repente me siento muy cansado, me siento muy viejo, se me van las fuerzas de las piernas. Un padre pasa con su hija pequeña cogida de la mano calle arriba. Y al verlos pienso sin saber el porqué que mi vida hasta el día de hoy no ha servido para nada.
Llego al coche, subo, lo pongo en marcha y dejo su barrio con la rapidez que permite el escaso tráfico de un domingo por la mañana. Llego temprano a casa y me como dos donuts de chocolate que guardaba en la nevera. Enciendo el ordenador y empiezo a escribir algo que nunca ha pasado, que el tiempo ha guardado ya en un cajón de un armario que no me pertenece.
Luego recabo información para el powerpoint de la máquina. Al fin y al cabo mi destino está aún por escribir... pero mientras, qué duro se me está haciendo todo.