viernes, 3 de diciembre de 2010

Nada nuevo bajo el sol


Nada nuevo bajo el sol. Sigo sin poder escribir. Me duele cierta parte del alma que no sabía ni que existía. Aún puedo recordar las palabras exactas con las que el corazón se me hizo añicos.

¿Mantengo la esperanza? Me queda muy poca, me pregunto qué seré si se va toda. Me da miedo que una sola persona se pudiera llevar tanta y con tanta facilidad, sin que además le sirviera a ella de nada.

Ahora es distinto. Ahora soy incapaz de confiar en nadie.

Y duermo por las noches, dormir es lo mejor del día.

Y a veces sueño... pero sé que sólo es un sueño.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Sentado frente a la chimenea, el tacto del gatillo en mis neuronas

Existen días en los que, literalmente, me fundo. Me fundo como la arena en el crisol y si me soplas por el oído me convierto en la figura de vidrio que tú quieras. Casi siempre acabo siendo una botella, una botella que contiene agua salada, es bonito ser mar, es decir, arena de playa y agua de océano al mismo tiempo, y triste; el mar es gris en invierno, es triste el color gris, es el color de la ceniza, de algo que ya está muerto.

Estos días de fiebre y quietud me han devuelto a otro tiempo, a veces pienso en esos otros tiempos, ya sé que no debería, que sólo yo permanezco anclado a aquella guerra, que para otros yo ya ni existo, soy como el cartucho vacío, molesto. Si algo he acabado siendo para las personas por las que pasé por su vida es una molestia. Innecesaria, diría yo.

Hace días que vivo gracias a una inercia más o menos consciente. Hace días que mi vida sólo tiene la vela desplegada sin un puerto al que dirigirse y me caigo y me levanto, me hundo y me refloto esperando a esa vía de agua que me devuelva al fondo. Estas navidades van a ser unas hijas de puta, este año no quiero que haya navidades, este año no voy a ir a ninguna fiesta ni a ninguna cena ni a nada. Este año voy a estar esperando a Papá Noél con una Magnum del 45 justo en frente de la chimenea.

No está en mi mente hacer prisioneros.

martes, 30 de noviembre de 2010

Martes, te llamaré Martes


Me pierdo entre la inercia de la mañana, la fiebre ha remitido pero no el dolor de las articulaciones, tengo mal aspecto cuando me miro en el espejo, la verdad es que hace días que tengo mal aspecto aun a pesar de no estar enfermo. Cuando llega el invierno me deslustro, me vuelvo un ser albino y feo, un ser desmotivado, de alguna forma que no entiendo mi alma migra a otra parte, quizá por eso siempre esté esperando a la primavera...


El caso es que no me reconozco en lo que escribo, es como si lo escribiera otro, otro con otra alma que lo habita, que no tiene un corazón tibio, alguien que lo tiene en la nevera junto a los embutidos o el queso en lonchas, alguien que entiende por qué todos se van yendo de mi lado y que, además no sólo no le importa si no que lo promueve. Me pregunto cuándo y dónde se celebrará el duelo con ese otro y si podré detorrarle y recuperar mi alma, si podré escribir de nuevo como me gusta, si podré volver a hacerte sentir que estás a salvo, que desde toda esta distancia me quieras un poquito, tan poquito que eso no es querer, es otra cosa, es gustar, como le gusta a uno ver amanecer o el silencio de los cantos de los pájaros a esa hora, o la mermelada de naranja amarga, o el tacto del lomo de algunos libros, de algunas personas...


Y yo, aquí en la inercia, devorando los minutos, con los pies fríos, con el alma perdida, con la noche en vela y llena de recuerdos a mi espalda, echándote de menos y dejándome llevar por las luciérnagas que nacen en mi cabeza cuando la fiebre se desboca. Aquí, devorado por cómo me siento cuando el tiempo se detiene y me encuentro solo con todo a mi alrededor desconchándose como las paredes de una casa en decadencia, haciendo balance de en lo que he convertido mi vida y queriendo tener otra...


Esta tarde vuelvo a la oficina, esta tarde vuelvo de nuevo a arrastrar la gran roca, la pesadez de mis días, este trabajo desalmado y feo como yo, triste como yo, me dejo llevar, las 12:50, maldita sea, sigue habiendo cosas que no entiendo.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Fiebre -no debería publicar esto


Hace días que no sé qué decir, un viento helado azota lo poco que soy, lo poco en lo que me voy convirtiendo. He pasado una mala noche, no pude dormir de escalofríos, de estómago embotado, de volver una y otra vez a la misma cantinela cuando me despierto. Me dicen que he cogido frío por ir a votar sin el abrigo, lo que no saben es que el frío lo llevaba yo metido ya muy dentro.

No sé qué hacer con esto que soy, sinceramente, no sé dónde voy... estos días de inercia, estos días de velocidad hacia ninguna parte, estos días han sido extrañamente felices... quizá el que haya aterrizado a la cruda realidad y enfermar ha sido uno, con todo creo que si hay alguien culpable soy yo.

Me doy cuenta de que creo que soy más de lo que soy.



Me doy cuenta de que creo que puedo soportarlo todo y no es así...

Y la fiebre y el dolor de las articulaciones... y estar leyendo esta tarde a Murakami en la cama, sin hacer nada excepto contestar a llamadas y tanto por hacer... y levantarme unos minutos y pensar que hoy ha sido un día perdido, un día que ha sido como chocar contra una pared. Una pared que hoy se me ha hecho insalvable, inamovible, eterna.

Y el tiempo ha sido hoy un enemigo. Es por eso que no sé qué escribir, es por eso que no sé qué hacer, que no sé quién soy ni qué se supone que debo ser.

Debe de ser la fiebre, quizá no debería haber escrito esta entrada. Sólo sirve para que creas que tienes razón.

Y no la tienes.

jueves, 25 de noviembre de 2010

El trueno, la baldosa y la sra. Bellucci (no creo que fuera su verdadero nombre)

Regreso.

Me lo he pasado bien. Resacoso, conocí gente interesante. Todo me pareció un poco raro. En la librería sólo vendían libros de discursos del Papa y no había ni musulmanes ni escandinavos.

Al tercer día me dí cuenta de que estaba en una convención de ultracatólicos. Me dio igual, yo iba todo el día borracho de arriba a abajo, sonriendo y con mis gafitas de cura pasé desapercibido durante casi todo el tiempo.

La noche, salvaje a morir. El martes me quedé dormido en la bañera del hotel, me desperté desnudo, metido en un líquido tibio y a oscuras. Primero pensé: "Por favor que sea mi habitación o en su defecto que sea la habitación de una mujer", luego pensé "ya está, toda tu vida ha sido un sueño, estás a punto de nacer y ya sabes cómo puedes joder tu vida si no obras con conciencia".

Me volví a quedar dormido pero esta vez en una cama. Afortunadamente era mi habitación.


Ahora estoy recomponiendo mi viaje... demasiadas lagunas... entradas de teatro, 37 tickets de bares con bebidas que no recuerdo haber ingerido... 25 números de teléfonos de Sandrine, Helena, Vivianne, que en inglés me dicen que en su vida se lo habían pasado tan bien y 15 números de teléfonos de Mr. Vinorukov, Mr. Paulinsky, Moretti... que me invitan a pasar unos días con su familia y a visitar sus respectivas ciudades. No me acuerdo de nada ni de nadie, excepto de una mujer morena que me invitó a un cocktel en el ambigú de un hotel y... recuerdo su risa y después nada más...

Ahora sólo espero que no tenga que pagar desperfectos en ningún sitio ni que salga en las cámaras de seguridad de ninguna parte desnudo o, en su defecto, haciendo en ganso.

Hace un rato he recibido un mensaje en hotmail que dice que tengo 132 nuevas fotos en facebook...

... cuánto agradezco a la vida que mis padres no sepan que es eso de Facebook.

domingo, 21 de noviembre de 2010

Business travel


Mi primera salida con el nuevo trabajo. Tres días. Por un lado tengo ganas de ir y por otro creo que no voy a hacer demasiado negocio...

No sé, quizá me equivoque.

Sin embargo creo (tengo esa intuición) de que fuera del horario de trabajo, me lo voy a pasar endiabladamente divertido...

¿Qué está pasando?


Me dice que es como si me conociera de toda la vida, que me cuenta cosas al cabo de veinte minutos de hablar conmigo que no le había contado antes a nadie, y eso me asusta, eso siginifica que soy demasiado transparente, que se me nota demasiado que yo, en realidad, no llevo bien eso de la seducción, todo eso del misterio... Hablamos, la hago reír, soy un jodido payaso, un monologuista en busca de escenas imposibles. No sabe que escribo y no sabe la dirección de este blog. No se la pienso dar, no la pienso dar a nadie más que me conozca en persona, nadie más debe saber que escribo y nadie debe decirme qué bien lo hago, nadie me va a confundir nunca más con estas palabras que me son tan necesarias, pero que no soy yo, yo soy eso transparente en lo que ella confía y ese clown que la hacer reír. Nada más.

Nadie más va a pensar que soy un escritor de best-sellers en potencia y se van a decepcionar cuando compruebe que, en realidad, sólo soy un blogger experimentado, nadie más me va a abandonar porque no cumpla sus expectativas, nadie más me va a machacar con eso de que acabe la novela. Nadie más me va a decir que escribir me va a sacar de esta ciénaga cuando lo que me saca es mi trabajo de 8:00 a 18:00 y los proyectos y los productos y ese cansancio... del que sólo me libra este blog, del que sólo me libro abriéndome a un grupo de desconocidos.

A media velada me dice que tiene un novio, un novio que vive fuera y con el que se vé los fines de semana y pasa los puentes y las vacaciones. Me pregunto entonces por qué una mujer como ella ha quedado con un hombre como yo. No digo nada. Ella me dice que su novio sabe que ha salido a cenar con un amigo. "Sí" pienso "un amigo del que no ha oído hablar en los tres años que hace que salen" y eso me lleva a pensar en mis últimos meses y en los silencios y las verdades a medias y en los posts donde me imaginaba cosas y en los fines de semana durante los que me torturaba la idea de que yo siempre soy el otro. A veces hasta me he sentido el otro de la persona con la que estaba cuando encontraba al hombre de su vida. Debe ser que ser demasiado transparente es lo mismo que no existir o a lo sumo, que ser invisible.

Sigo diciendo tonterías, tiene que parar varias veces y dejar los cubiertos en el plato para centrarse en que la risa no le haga perder el control. Me reconforta saber que detecto todas estas cosas a tiempo y que ya no me importa, que hace mucho tiempo que he perdido la capacidad de juzgar a nadie por las contradicciones y las necesidades de cariño y reconocimiento. Supongo que, en el fondo, cuando se llega a los cuarenta los movimientos se complican, y a mí ya me basta con llegar a fin de mes y hacer reír a una mujer inteligente, que mi reto está en dejar pasar el tiempo y hacer que éste pase lo más rápido posible, mi vida se ha convertido en un cajón de sastre donde se mezclan desordenadas un montón de pequeñas cosas... que a veces también se me hacen inalcanzables.

Me lleva a casa. Entro en el portal y ella se queda un rato esperando en el coche, viendo como abro la puerta y entro y le digo adiós con la mano. Mañana recibirá a su novio y hablarán de mí y discutirán por mí. Me cansa todo esto; y mientras subo en el ascensor algo se rompe definitivamente dentro de mí, algo que pendía de un hilo. De repente me pongo a llorar sin saber por qué y no puedo pararlo. Son las dos de la mañana y entro en casa y me quito la ropa entre lágrimas que no sé de dónde salen y no sé hasta dónde van a llegar. Me odio. Me odio porque un hombre no debe llorar... Me meto en la cama y me descubro diciendo palabras de consuelo al niño que fui, de consuelo y de disculpa. Le digo que no se preocupe y él me contesta que nadie nos quiere y que nadie nos querrá nunca. Yo le contesto que eso es algo que él no puede saber y él me grita que qué nos pasa que todo el mundo se acaba yendo.

Le digo que la vida de los mayores es complicada y él me dice que entonces no quiere ser mayor, le digo que yo sí lo quiero y él me contesta que con eso no basta...

Acabo por cerrar los ojos y me duermo. Sueño con E o me despierto y pienso en ella y en la forma tan cínica de despreciarme, en que nadie debería hacerle a nadie lo que ella me hizo y entonces me arde la sangre, me arde como si de repente mis venas fueran un río de ácido que me deshace el alma entre vapores de odio. Ya no puedo dormir más.

El alba tarda en llegar y mi cuerpo se siente incómodo tratando de encontrar una postura en la que pueda respirar con normalidad. Me levanto con la primera claridad y saco la maleta y la pongo encima de la cama. La lleno de cosas con las que podría huír muy lejos si tuviera dinero para ir tan lejos como pudiera.

Me siento en la cama y me abrazo las piernas. Juro que no sé qué hacer ni qué pensar.

viernes, 19 de noviembre de 2010

La decisión


He tomado una decisión. Una decisión que debí tomar hace mucho tiempo. Una decisión de hierro y de hielo, de sombra y de miedo. Hace años que me pregunto y siempre hay una respuesta. Hasta hoy. Hoy me he vuelto a hacer la pregunta y no he hallado respuesta. Al contrario de lo que creía no ha habido ninguna sensación de angustia. Creo que hace tanto tiempo que eso está ahí que es como si me estuviera esperando.

No sabría decir el porqué pero hoy las cosas se han aclarado, ayer supe que las cosas seguirán siempre igual, que todo el dinero y el tiempo que he empleado en tratar de cambiar era sólo otra forma de dejar que el tiempo pasara. Ahora nada de eso importa. Todo el tiempo que he pasado escribiendo sólo era una forma de tratar de ser otro que no soy. Nada de este blog tiene sentido, no está escrito por mí, está escrito por otro que quería otra cosas.

Hoy he entendido qué soy (hasta ahora sólo había intentado entender cómo era y así poder cambiarlo) y esa comprensión me ha arrojado a una playa desierta. No sólo he estado engañando a todos los que me rodean, también me he engañado a mí mismo, buscando ese sucedáneo del cariño que es el reconocimiento.

Dicen que al final, el amor que recibes es igual al que has dado. Yo no sé muy bien si eso es cierto, me da igual ahora... el amor es algo infinitesimal, algo demasiado cuántico para que haya podido alguna vez comprender de qué se trata. Por eso empecé a escribir este blog, para comprender, para dar a entender, para hacerme un mapa del territorio donde debía buscar. Estaba buscando a un animal extinto, un deseo de que algo exista, siempre seré lo que soy y siempre proyectaré una ilusión que nunca se cumplirá. Tomar la decisión ha sido fácil después de todo. Ha sido una mierda después de todo, ha sido lo más lógico al fin y al cabo.

Me alegra saber que la inercia me empujará todavía un tiempo, me consuela saber que este post se quedará en el olvido y lo acabará cubriendo el polvo de las horas y los días. Hay tantos post y tantos blogs que nadie reparará en éste, nadie querrá entender, nadie moverá un dedo.

Creo que es la decisión correcta. El tiempo es un reloj de arena. La luna una piedra redonda, yo soy algo que no debería ser.

Detrás del espejo sólo está la pared

Debo estar hecho de madera, de corcho porque siempre acabo regresando a la superficie, debe ser que estoy hecho de un matarial más denso que los sueños, siempre acabo de nuevo dándome de bruces contra la realidad. La realidad está bien, no engaña, sólo es algo que se puede ver, oír, tocar.

Yo soy más de ambas cosas: de ver, oír, tocar y de sentir... diría que soy práctico a la vez que emocional. Hay gente que no lo entiende, no entiende cómo puedo ser ingeniero y escribir al mismo tiempo, como puedo tener la determinación de realizar un proyecto y luego desesperarme en encontrar durante meses unas letras que nunca acaban de llegar...

He acabado por odiar el mundo, es cierto. El mundo es un gran hijo de puta porque hay gente que es idiota y se empeña en seguir siendo idiota e intenta llevarte a su bando. Yo me rebelo contra eso, no me cuesta mucho rebelarme, tengo unos principios personles propios, entre esos principios personales no están muchos de los que probablemente tú tengas, me muevo por pocas premisas, pocas de ellas me bastan, me jode cuando alguiem me dice que tiene los mismos principios que yo y luego me apuñalan por la espalda.

Antes pensaba que era demasiado susceptible, ahora me doy cuenta de que cualqueira en mi situación y con la de cosas que me han pasado estaría mucho más rabioso que yo. No sé cómo estoy vivo de tanta rabia que he sentido, de tanto engaño que he soportado, de tanta decepción que he sentido.

No quería escribir sobre esto. Da igual. Todavía tardaré un tiempo en que se me pase.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Dicen que han visto a un animal salvaje merodeando por el iris de mis ojos


Sé que no debería quererte. No al menos como lo hago, con el deseo palpitándome en las yemas de los dedos, queriendo meterte en mi cama y hacerte daño, haciéndotelo con fuerza, mordiéndote el alma, demostrándote que el amor es sólo una insana y dulce violencia. Sé que lo deseas y yo... yo estoy... en fin, tú crees que soy mejor de lo que soy.

Porque sé que gritarás y pedirás que pare y siga al mismo tiempo, porque sé que afilarte las uñas no te servirá de nada cuando veas brotar la sangre de mi piel y al bicho que llevo dentro decirte cosas endiablademente tiernas y pasmosamente duras. Sé que no lo creerías y sé que no hay lugar donde esconderse, lo que pasa entre un hombre y una mujer es sólo ciencia ficción, lo que pasaría entre nosotros es lo que sucede cuando encierras a dos alimañas en un habitación cerrada... el amor es eso, el sexo es eso, es caer desde muy alto y muy puro a un lugar muy profundo y muy sucio.

Pero claro, tú no quieres saberlo, no quieres entrar en algo que no entiendes... y yo... yo soy mucho peor de lo que crees, y al mismo tiempo soy infinitamente mejor de lo que crees que puedes soportar.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

El rojo


Me cuesta creer que todo sucediera tal y como sucedió. Me cuesta creerlo porque yo también estuve allí y no lo ví venir. O tal vez sí lo ví pero no era consciente de qué papel estaba jugando en todo aquello. A veces la realidad es un decorado que no concuerda con cómo van vestidos los actores y uno acaba dudando de ambos y/o creyéndose ambos hasta que al final uno decice que está bien así, que alguien ha decidido que eso es lo correcto y no serás tú quien se haga más preguntas. Es pasmosa la facilidad con la que somos capaces de admitir situaciones imposibles.

Que el rojo me confesara que dejaba una tarea inconclusa me sorpendió. Hacía mucho tiempo que dejé de sentir simpatía por los de mi misma calaña pero al rojo le tenía una mezcla de respeto y sincera camaradería. Siempre supe que era un hombre sin conciencia y que era capaz de hacer cualquier cosa sin aparentar arrepentimiento o duda. Yo, en cierta manera, aprendí a mimetizar su formas, a veces pienso que todos aparentamos ser quienes no tenemos ni puta idea de ser. Podría decirse que fue mi maestro. Para ser un asesino es necesario aparentar que no te importa ninguna vida. Eso es lo que sucedía y eso es lo que el rojo nos mostraba a todos. El rojo era la muerte, todos lo sabíamos.

Aquella tarde el rojo se me confesó. No me miró a los ojos mientras me contaba cómo había llegado a ser un apéndice de la muerte. Soltó alguna lágrima, no por las vidas que había quitado, no por la suya perdida de antemano, lo hizo al abrir un baúl cerrado con candado en el que guardaba recuerdos de otra vida, quizá de otro hombre que ya no era; se quedó ahí un instante y lo perdí de vista como si se hundiera en una ciénaga de aguas putrefactas. Luego, probablemente, se dio cuenta de que yo era otro como él y se recordó que no debía mostrarse débil. Entonces me miró a los ojos y trató de indagar qué efecto había hecho en mí sus palabras. No sé qué vio, probablemente vio reflejado el hombre en el que se había convertido aquel otro hombre que fue. No quise engañarlo, le dije que todo aquello ya había pasado y que no se torturara, que el pasado es tan hijo de puta como el destino y que cualquiera hubiera hecho lo mismo en su lugar. Pero he de confesar que pensé que yo no hubiera hecho lo que él hizo. Incluso para mí todo aquello me sonaba demasiado sórdido y, sentí asco hacia él y todos los que se escudan en eso de que cualquiera hubiera hecho lo mismo. No. No es cierto, uno siempre tiene la oportunidad de elegir, uno siempre tiene la oportunidad de sentir dignidad. Y morir por ella.

martes, 16 de noviembre de 2010

Un puñado de hielo


El bicho nunca se fue, estuvo siempre ahí, agazapado entre las mantas del armario, boicoteando la primavera, el verano y este maldito otoño desde su guarida, y yo... yo recordé demasiado tarde que los hombres no lloran, que una mujer que no llora es otro hombre, da igual qué tenga entre las piernas, lo recordé mientras trataba de recordar todo que ocurrió entre ella y yo. Entonces lo supe, supe que detrás de cada lágrima que se reprime hay un océano que se congela.

Se me heló el corazón, se convirtió en algo seco, duro... y frágil, demasiado frágil como para mostrarlo. Me aboné a los bares solitarios a horas a las que no va nadie, a las calles estrechas y a los lugares donde el bullicio hace que pases desaparcibido, resulta curioso que cuanta más gente menos reparan en ti. Y emprendí un camino de silencio y de no querer ver a nadie. Me hubiese hundido del todo si no hubiera aparecido D. el croata errante, al que algunos apodaban el rojo por el color de su pelo. Apareció D. y me invitó a una cerveza, luego me dijo que si me contaba algo y yo no aceptaba tendría que matarme allí mismo porque aquello no era un secreto, era algo más. Acepté porque, sinceramente, me daba igual si luego me mataba. Es más, pensé que era otra forma de suicidio.

Fue así como acepté sustituir a D. y fue así como me convertí en lo que soy. Pero eso es algo que ya sabes, es algo que tienes claro desde el principio. Sabes que no soy trigo limpio, lo que no sabías es que los que acabamos en esta cloaca lo hacemos arrastrados por el amor. Sí, has oído bien, por amor. Un amor que no comprendemos, que nos hace sentir como uno oso en una tienda de porcelana, un amor inasible, intocable, que es como tratar de agarrar la luz de un rayo de sol con la mano y llevárselo al bolsillo.

Si lees esto y te reconoces, entonces, entonces date por perdido, tú ya lo sabías, claro, pero te negabas el hecho de que tú también fueras así. Lo siento, no sé si debí habértelo dicho. Quizás también te habite un bicho o una esfinge, quizá también hayas creído que podrían callarse y dejarte ser normal. Pero sabes que eso no ocurrirá, o por lo menos no del todo, quizá hasta tengas unos años de tranquila y plácida somnolencia... pero todo tiene su fin, todo destino acaba alcanzándole a uno por mucho que corra o se esconda. Sólo eliges una de las dos opciones, el resto, no hace falta que te lo cuente.

Te seguiré viendo por aquí y tú seguirás creyendo que eres distinto a mí. Y yo sonreiré y pensaré que conocer a D. el croata errante me ayudó a admitir muchas cosas y a dejar que mis instintos siguieran su curso. ¿Estoy orgulloso de ello? No, no lo estoy, tampoco me avergüenzo. Al fin y al cabo yo sólo soy el personaje de la novela de toni, no soy toni, sólo soy una invención suya. Una invención que le debería dar miedo porque no se puede escribir acerca de lo que se desconoce y yo... yo soy demasiado visceral incluso para ser imaginado por la mente de un escritorzuelo como él.